Capítulo XII.
Nos distanciamos…
''Estabamos tan vulnerables…''
…teníamos miedo…
''…tan indefensos…''
…no queríamos afrontarlo…
''…no queríamos que sucediera…''
…luchábamos contra esa sensación…
''…pero sabíamos que estábamos perdiendo…''
…la batalla más importante de nuestras vidas.
''…la batalla en contra del amor.''
Y solo veía el tiempo correr, el estrés era aún más constante y se corría un rumor por la casa respecto a una posible revolución…Iván casi no encontraba paz.
El trabajo en la oficina se estancó después de unos días, me comenzaba a aburrir ya que Russland y yo estábamos algo distanciados desde…esa vez, y pues andaba más ocupado con su nuevo pasatiempo; la jardinería se había convertido en un modo de relajación…aunque no se le daba muy bien.
A diario, mientras yo me sentaba en la sala a pintar, si, ese era mi pasatiempo…me gustaba pasar el pincel húmedo por el lienzo, recreando un paisaje, plasmaba las imágenes de mi pasado, los campos de Königsberg y el grandioso castillo…¡oh!, pero de nuevo me estoy saliendo del tema. Decía pues que él a diario salía de su cuarto improvisado, lleno de tierra, con un mal rostro muy decepcionado…y me imaginaba el por que.
- ¿Qué sucede Russland? -
- Hmmm…no es nada… -
- ¿Acaso no has obtenido resultado con tus plantas?. –
- ¿Cómo sabes? –
- En realidad solo tenía la sospecha pero ya me lo has confirmado kesese~. –
- Jum…tramposo. –
- Ksé, solo astuto... ¿entonces? –
- Da…mis girasoles no crecen. –
- ¿Estás sembrando girasoles?.-
- Da da, son tan lindos. Su color es muy cálido y me hace sentir que tendré muchos soles en casa. –
- Je…de seguro algo estás haciendo mal. –
- Nee…pero hice lo que es obvio. Puse la tierra en la maceta, enterré la semilla y le puse mucha agua. –
- Nein…si oprimes la tierra demasiado, no le permitirás hacer raíz, si no colocas la semilla a cierta profundidad, será inestable y si le echas demasiada agua la ahogarás. –
- Oh…¿en serio?..hmm sabes mucho Prussiya. Cada vez me sorprendes más. –
- Es que soy genial kesese. –
- ¡Ah! Da da, si que lo eres. –
- Bueno…entonces déjame ayudarte con eso. –
- Ujum…gracias. –
Yo había aprendido algo de jardinería con Francis en aquellos tiempos que fuimos buenos amigos, especialmente era el cuidado de las rosas pero me imaginaba que sería un trato similar respecto a la delicadeza…después de todo seguían siendo plantas.
Ambos sembramos una sola maceta y decidimos que a ella le dedicaríamos todo nuestro tiempo pues lo requería.
Las noches eran bastante frías, así que cerrábamos todas las ventanas y colocábamos un bombillo para brindarle algo de calor.
Siempre nos cerciorábamos de acomodar bien la maceta en el centro de la única mesa en la habitación deteriorada.
Los días siguieron el curso y una mañana, mientras todos dormíamos, fuimos despertados por un repentino grito.
- ¡PRUSSIYA! –
Casi me caigo de las escaleras por la rapidez con que bajé las mismas, el entrar nos encontramos con una amplia sonrisa y en sus manos, cargando la maceta, pude ver cuando me asomé, un triste brote que apenas se asomaba a la superficie.
- ¿Solo por eso nos has armado tanto alboroto?. –
- ¡Ujum! ... ¿no es hermosa?...crecerá tan alta y fuerte como yo. –
- Hmmm… -
- Nee…¿estás molesto?. –
- Nein nein…solo que me llevé un buen susto…creí que algo te había pasado. –
- … -
Pude ver que sus mejillas se encendían calidamente…del mismo modo las mías lo hicieron.
Aquél girasol iba creciendo al igual que la sonrisa de Russland. Ya podía verse el pequeño y dorado botón luchando por florecer; crecía cada vez más hasta crear un largo tallo, joven con una flor pequeña que pronto se abriría más. En verdad que todo estaba de maravilla hasta aquél día…todos quedamos sorprendidos.
Por la mañana, después del almuerzo, Iván se adelantó para revisar a su bello girasol y de inmediato su grito llamando a Lithuania se escuchó por toda la casa, lleno de ira.
- ¡LITHUANIA! –
- ¿Qué sucede Sr. Russ…¡ah!. –
- ¿Qué pasa?. ¡Russland, suelta a Toris!. –
- ¡¿Qué ha pasado aquí, Lithuania? –
- Ah...y...yo…no se a que se refiere…Sr. Russia. –
El pobre chico apenas si podía formular palabra siendo sujetado por la mandíbula con fuerza, aquella que ya conocía. El miedo le hacía tartamudear y el dolor llenaba sus ojos de lágrimas. Aquél brillo volvió en sus ojos violetas, aquél que me hizo sufrir un escalofrío.
No comprendía que pasaba y al igual que Toris, observamos al suelo detrás de Iván…lo vimos, aquella maceta destrozada al igual que el tallo de la planta…yo sabía que no existía remedio pero necesitaba calmar a Russland.
- Russland, con calma…podemos arreglarlo con…una vara y un lazo…de algún modo po… -
- ¡NYET!, ¡no sabré mucho de plantas pero me doy cuenta de que eso ya no tiene solución, ¡NO QUIERAS MENTIRME!. –
- ¡…! –
- ¡Aaaagh! –
Estaba furioso y sin tentarse, lanzó contra mi a Toris, algo delgado, aún más que yo, salió disparado contra mía pero pude sostenerlo. No dejaba de llorar y temblaba…incluso yo temblé cuando paso por un lado, su aura me congeló y sin más palabras se encerró en su despacho.
- Toris, ¿estás bien?. –
- Yo…s…si… Sr. Gilbert…yo… -
Fue necesario que lo abrazara con fuerza para calmarlo. Mientras intentaba darle mi apoyo me quedé pensando en cómo pudo haber sucedido eso. Pensé y pensé, hasta que me llegó una idea tan loca como cualquiera de mis ocurrencias.
- ¡Toris! –
- ¿S..si Sr. Gilbert? –
- Necesito que te calmes y me consigas pinturas de colores…algo para limpiar la habitación, brochas, rodillos, todo, ¿está bien?. –
- Ah…s…si p…pero, ¿para …? Está bien Sr. Gilbert. –
Lithuania no tardó en conseguirme lo necesario y me encerré en la habitación. Pedí claramente que no me interrumpieran, el trabajo me tomaría todo el día pero haría hasta lo imposible por terminar mi trabajo.
Cuando menos me di cuenta, ya estaba necesitando de la luz del bombillo para poder seguir viendo en la noche. ¿Qué horas habrían sido?, ni lo sé, no me importaba, solo sabía que lo había conseguido.
Dejé las ventanas abiertas y subí las escaleras, cansado, lleno de pintura me dirigí a mi habitación pero antes…deslicé una nota bajo la puerta del despacho de él, la cual leyó, ya que, al día siguiente, por la madrugada, salí de mi cuarto para ver a Russland…bajé los escalones en silencio y al asomarme en la habitación, el estaba ahí sentado en el suelo, con una sonrisa abrazando sus piernas mientras contemplaba el mural que había hecho para él.
La nota decía:
'' Tus girasoles están en flor ''.
