Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.
N/A: Chicaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas estoy aquí de vuelta, ¿Me echaron de menos? Espero que si: $ Jajajaja bueno, bueno, no he tardado nada, en seguir escribiendo, a penas poca diferencia entre días. Debo de comunicar que estoy muy contenta porque tengo muchísimas, muchísimas ideas nuevas además de muchísimos fics en mente, solo quiero saber si seguirían leyendo otros Edward/Bella que escriba. Bueno, ya os dejo con la historia.
Capítulo doce.
Bella POV.
-¿Qué tu qué? -gritó alguien desde la puerta.
No tenía ni que molestarme en buscar al propietario de la voz pues hubiese reconocido esa sexy en voz en cualquier parte del mundo. Suspiré.
-Sí, me subí a una moto y me caí, ¿Pasa algo? – contesté tan sencillamente.
-Bella, podrías haberte echo realmente daño, mucho más que esa brecha que hay en tu frente... - me informó Alice preocupada mientras pasaba su brazo por mi espalda dándome pequeñas caricias.
-¡Alice, podría haber estado muerta en estos momentos! - gritó Edward dejándome blanca.
Pero que delicado era cuando quería, pero no había exagerado, me podría haber pasado sin ningún problema, pero no sé porqué extraña razón no le tenía miedo a la muerte.
-Edward, compórtate -murmuró Carlisle lanzándole una mirada de advertencia desde la otra punta de la habitación.
-Papá, tú no lo entiendes - dijo Edward entre dientes.
-¿Qué tengo que entender, Edward? - preguntó Carlisle.
-Qué Bella... - me miró y segundos después retiró la cabeza hacia otro lado - nada, déjalo, supongo que no tiene importancia, sólo me preocupaba por la hermana de Emmett, si a ella le pasase algo no sé qué sería de él... además de que es la mejor amiga de Alice y Alice como mi hermana me importa.
Me quedé helada. Así que no lo hacía por mi bien, porque no quería perderme sino porque era la mejor amiga de su hermana y la hermana pequeña de su mejor amigo... esto era mucho más de lo que podía soportar.
Me deslicé en la camilla y fundé los pies en el frío suelo de mármol. Inmediatamente noté unas cuatro manos pálidas y extremadamente bien cuidadas que me sujetaban.
-No va a pasarme nada – les dije a Alice y a Jasper que habían corrido hacia mí a sujetarme.
-Nunca se sabe – suspiró Jasper – creo que ya has tenido suficiente por hoy.
Sonreí.
-Bella, creo que lo mejor será que te quedes al menos hoy en casa, sé que Charlie está de pesca fuera del condado, Emmett no pondrá reparos y así yo podré seguir muy de cerca esa herida y tendrás a Jasper, a Alice y a Edward vigilándote por si necesitas algo… lo que sea, serán tuyos por todos los días que permanezcas en la casa – sonrió Carlisle.
Sí – pensé yo – sobre todo a Edward.
Me abrasé a mí misma intentado entrar en calor. Entre que los hospitales solían tener el aire acondicionado a tope por el tema de los virus, que la estancia tenía un aspecto lúgubre y oscuro y que no tenía sudadera pues la había usado para tapar la sangre de la frente cuando las servilletas que me dio Jake no dieron para más, me estaba congelando.
Una mano apareció delante de mí extendiendo en ella una sudadera que tenía pinta de ser calentita. Levanté la mirada para encontrarme con unos profundos ojos esmeraldas que me miraban con preocupación.
-Coge mi sudadera, yo tengo otra aquí – habló.
Le miré no muy segura. Me había dolido el comentario que había hecho delante de su padre sobre mí, alegando como que no le importaba que no fuera nada más que la mejor amiga de su hermana y por eso se interesaba por mí. Si todos supieran que hacíamos cuando ninguno nos veía… Dios, mejor que no se enterasen nunca aunque presentía que Alice no iba a tardar mucho en enterarse.
Cogí la sudadera de las manos de Edward con un gesto brusco y enfadado. Alice me ayudó a ponérmela teniendo mucho cuidado con mi frente.
-¿Y quién ha sido el irresponsable que te ha dejado montarte en moto? – comentó Edward en voz alta despreciando a Jake.
-Yo – escuché que decía una voz detrás de él.
Edward se giró con una mueca de chulería en la cara. Hacía verse como que era el mejor de todos, pero yo sabía que no era nada más que una máscara. Edward Cullen era totalmente diferente al estúpido hombre que daba aspecto de ser por fuera.
-¿Y en qué coño estabas pensado maldito estúpido? – murmuró Edward un poco más alto de lo normal.
-¿Tú quien mierdas eres para hablarme así capullo? – contestó Jake defendiéndose de la pregunta de Edward.
-Un capullo que te va a partir la cara por gilipollas, niñato – contestó Edward y vi las intensiones que tenía Edward así que me zafé de Alice y Jasper y caminé a su lado lo más rápido que pude para evitar que le soltase una piña a mi amigo.
Agarré a Edward por el brazo como pude.
-Edward – lo nombré y se dio la vuelta – él no tiene que ver, fui yo la que decidió montarse en la moto.
-Él tiene la culpa por dejar que lo hicieras.
-Y si la tengo, ¿Vas a partirme la cara con esas manos de mariquita que tienes?
Edward no lo dudó. Me hizo a un lado y estampó su perfecto puño contra la dura cara de Jacob, pero no se quejó por si el chico estaba más fuerte de lo normal sino que siguió golpeándolo como pudo hasta que Carlisle y Jasper consiguieron separarlos. Edward había salido ileso, Jacob tenía más de una magulladura en la cara.
-¿Estás loco? – le grité mientras corría al lado de Jacob. La cabeza me daba vueltas y un fuerte pitido parecía vibrar dentro de ella.
-Pero, ¿Qué te pasa Edward? – espetó Carlisle verdaderamente enfadado, nunca le había visto así.
-Me provoca – susurró Edward mientras se zafaba del agarre de su cuñado y se tocaba el pelo maniáticamente intentado controlarse. Aún seguía sin entender su reacción.
-Creo que debería irme a casa… no es que me sienta muy bien – susurré apenas con un hilillo de voz, todo parecía dar vueltas a mi alrededor.
Edward se me quedó mirando pero sólo Alice acudió a mi lado y me agarró por un brazo por si a mi patoso organismo le daba por mandarme al suelo.
Le agradecí con una sonrisa.
-Jacob, siéntate en la camilla para que te revise y tú Edward – dijo Carlisle girándose hacia su hijo y mirándolo con una cara asesina – vete a casa y no salgas hasta que yo vaya, tenemos que hablar los dos de hombre a hombre seriamente.
Sí, Carlisle estaba realmente enojado, nunca lo había recordado así, siempre había sido esa persona dulce y paternal que estaba para todo.
Jake obedeció y caminó hacia la camilla. Pasó a mi lado y besó mi mejilla.
-Llámame un día de estos para repetir la experiencia Bells – comentó con una sonrisa el pequeño de los Black.
Sonreí, me encantaba el humor positivo de Jake. Edward bufó y salió por la puerta golpeando lo primero que encontró a su paso.
Alice, Jasper y yo salimos por la puerta – naturalmente con ellos a mis costados por si acaso me caí – mientras Carlisle y Jake se habían quedado dentro de la consulta. Llegamos a el parking de los Cullen en el hospital pero no visualicé el volvo plateado de Edward por ningún lado, seguro había salido a más de doscientos por hora.
Me recosté en la parte trasera del porche amarillo de Alice y miré hacia la ventana durante todo el trayecto de camino a la mansión Cullen.
Cuando aparcamos en la entrada de la casa el volvo de Edward estaba mal aparcado delante de nosotros. Bueno, al menos sabía que había llegado vivo a casa.
Bajé del coche aún con la cabeza retumbando y Alice se bajó conmigo pero Jasper se quedó dentro del coche.
-¿Jazz no se baja? – pregunté curiosa.
-Bells, ¿No recuerdas que día es hoy? – preguntó Alice poniendo los ojos en blanco.
-La verdad no Ali…
Nos paramos en la entrada para abrir la puerta. Alice buscó la llave en su bolso y abrió delicadamente.
-Es veinte.
-Ya… ¿Y? – pregunté aún sin responder.
-Es mi aniversario. Cumplo cinco años ya al lado de Jasper – murmuró emocionada.
Me quedé como una piedra, no me había acordado y eso que Alice lo había repetidos millones y millones de veces. Normalmente solía repetirlo desde que cumplían el año hasta que volvía a cumplirlos así que todos los años lo estaba recordando. Por lo normal solía recordarlo pero este… eso era un claro indicio de que estaba perdiendo la cabeza por Edward Cullen.
-Bueno Bella, quédate en casa. Edward está para lo que necesites, me imagino que Esme no tardará en llegar y Carlisle lo hará más tarde así que estás bien atendida. Yo tengo que coger un avión con destino a Nueva York así que me voy, recordaré tu regalo – mi amiga paró de hablar y se acercó a mí para darme un profundo abrazo de apoyo.
-Pásatelo muy bien Alice, sólo disfruta.
Sonrió y asintió desapareciendo por la puerta emocionada, debería de ser bonito cumplir años con tu pareja y más si seguíais tan enamorados como el primer momento.
-Parece que estamos solos.
Me di la vuelta para encontrarme a un Edward sin camiseta y muy sudoroso. Oh santa madre purísima, que bueno que estaba Edward Cullen. Dios, me ponía caliente con solo mirarlo y las babas amenazaban con salir de mi boca y desparramarse por mis barbilla. Su pecho estaba jodidamente torneado y su estómago eran perfectos cuadritos jodidamente deseables. ¿Es que Edward no tenía ni una sola cosa que no me gustase?
Suspiré y desvié la mirada.
-Déjame en paz, Edward – fue lo que salió de mis labios.
Con mi móvil en las manos pasé al lado de él directa a la habitación de Alice para darme una ducha, ponerme algo que pudiera pillarle del armario y acurrucarme en su cómoda y grande cama.
-¿Qué te ha picado a ti ahora? – escuché gritar a Edward desde la planta baja, no le presté atención y abrí la puerta de la habitación de Alice.
Entrar en alguna de las habitaciones de la casa Cullen era como entrar en una dimensión diferente. Por ejemplo, en la que me encontraba ahora, la habitación de Alice reflejaba exactamente lo que ella era. Los colores, los cuadros, los muebles… eran todo pulo estilo Alice. Caminé hacia su enorme armario que parecía mi cuarto entero y rebusqué un pijama que pudiera quedarme bien. Uno de pantalón y manga larga me vendría bien. Entré al cuarto de baño y en el plato de ducha dejé que el agua me relajase sin tocar mi herida. Una vez que hube terminado me sequé, me coloqué el pijama y me senté en el centro de la cama. Estaba cansada, pero no podría pegar ojo.
Al tiempo de estar allí, tumbada en el centro de la cama mirando al techo unos toques en la puerta me alertaron.
-Bella… - se escuchó detrás de la puerta, era Edward.
-¿Qué quieres? – grité.
-Déjame entrar…
-¡No pienso!
-¡Es mi casa!
-¿Perdona? ¡Es la habitación de Alice!
-¡Pero forma parte de mi casa!
-¡De eso nada es la casa de Esme y Carlisle! – grité cada vez más enfadada con Edward.
-Vale, cómo quieras, de todos modos pienso entrar.
Y maldita en la hora en la que no se me había ocurrido trancar la puerta con pestillo. Edward entró en la habitación de su hermana con una bandeja de madera que contenía comida en sus manos.
-Te he traído la mesa, pensé que no tendrías ganas de bajar…
-¿Por qué haces todo esto? – le pregunté levantándome de la cama demasiado rápido de lo que lo debería de haber hecho pues tuve que volver a sentarme por el grave dolor que me dio en la cabeza al hacerlo. Maldito dolor… después de esto no volvería a montarme en una moto más nunca en mi vida.
Edward dejó la bandeja en la mesilla de noche y se acercó a mí. Sin esperarlo besó mi cabeza y me estrujó contra su pecho. Me rendí y lo abrasé fuerte, tan fuerte que hasta él rió.
-Porqué dijiste que yo no te importaba, que sólo era la hermana de Emmet y la mejor amiga de tu hermana.
-¿Qué podía decir delante de Carlisle, Jasper y Alice? No quiero meterte en problemas – murmuró mientras cogía la sopa que había en un bol y se sentaba a mi lado – abre la boca.
-¿Qué? – pregunté sorprendida.
-¿Qué abras la boca – repitió.
-¿Acaso piensas darme de comer, Edward?
-por supuesto, mi chica tiene que tener todos los mimos hoy – sonrió y yo quise echarme a llorar.
Se había referido a mí como "su chica", me pregunté si también hacia eso con Tanya o por suerte era la única afortunada que tenía ese privilegio. Edward notó la tensión en mí.
-¿Bella?
-¿Mi chica?
Edward sonrió con esa maravillosa sonrisa de dientes extremadamente blancos que me mataba.
-Sí, para mí eres mi chica.
-Si fuera tu chica no me ocultarías ni estarías con otra al mismo tiempo que supuestamente estás conmigo.
-Bella… - suspiró.
-¿Bella qué Edward?
-Eres cabezota – volvió a reír – dejemos este tema y cena, estará abrienta.
-Cambias de tema porque no te interesa… - murmuré bajito.
Edward lo había escuchado, su mirada me lo había dicho todo pero se había intentado hacer el loco obligandome a abrir la boca. No tuve más remedio y le obedecí. Era bastante cómo y sexy – si era Edward Cullen – el que te dieran de comer. Me sentí´ como un bebé al que su madre aún le da las cucharas en la boca pero no me importó, era Edward el que lo estaba haciendo y eso valía más que nada en el mundo.
Terminé el resto de la cena y me acurruqué junto a Edward mientras él me acariciaba el pelo y me hablaba sobre una nueva teoría que había pensado sobre Deburry.
-Amor, ¿Quieres ver una película? – preguntó cuando hubo explicado su teoría.
-Uhm... – me levanté de su pecho pensativo – depende la película.
-¿Shakespeare in love? –preguntó alzando una ceja.
Solté un gritito, había estado esperando años para poder ver esa película pues no la conseguía por ningún lado.
-No me fastidies que la tienes – comenté anonada.
-Solo para ti.
Salté sobre él ignorando el dolor de mi cabeza y lo besé con ternura. Se sentía tan bien volver a tenerlo cerca de mí… Estaba siendo algo realmente malo pues sentía que dependía de él para todo.
-Vamos a mi cuarto.
No me dejó ni responderle afirmativamente. Me cogió y me cargó como en sus brazos hacia su lujosa y hermosa cama. Había tenido la oportunidad de dormir en su cama una vez cuando él estaba fuera y Alice me había invitado en una de las muchas noches para chicas que solíamos hacer y realmente era la mejor cama de la casa con diferencia, además de que era preciosa.
Sonreí cuando el hubo puesto la película y se acercaba a mí mordiéndose el labio y mirándome de arriba abajo. Se tiró encima de mí teniendo cuidado con mi frente y empezó a darme besos por todo el cuerpo haciéndome reír a carcajadas. Cuando hubo finalizado la publicidad lo mandé a callar y me besó antes de ponerse a mi lado y posar con delicadeza mi cabeza contra su pecho.
La película era realmente preciosa, me encanta, me emocionaba hasta la mínima palabra que salía de la boca del actor que encarnaba al mismísimo dramaturgo pero esta vez el cansancio si me venció y en paz en los brazos de la persona en la que amaba me quedé dormida.
Edward POV.
Bella había caído rendida a los quince minutos de empezar la película. No me resultaba extraño, había tenido un día largo y un tanto difícil aunque no había sido la única, era como si sus problemas también fueran míos y como si compartiéramos las mismas angustias, además de que el haber despertado desnudo junto a Tanya me había puesto de mal humor durante todo el día.
No había escuchado a Carlisle entrar en la casa hasta que me lo encontré en el marco de la puerta de mi habitación de brazos cruzados. Mierda, había visto a Bella a mi lado…
No me importaba que mi familia supiera que estaba con Bella, solo que prefería no decir nada para no meterla en un lío. Sinceramente me la traía sin cuidado si a Esme, a Carlisle o a Alice no les parecería bien, yo estaba enamorado de Bella y eso no iba a cambiar, tampoco quería hacerlo, esa chica era demasiado perfecta como para dejarla escapar.
Carlisle echó un vistazo a Bella dormido encima de mi pecho y nuestras manos entrelazadas. Me lanzó una mirada y con la mano me indicó que saliese de la habitación.
Con mucho cuidado de no despertar a Bella salí de mi cuarto apagando la televisión y cerrando la puerta detrás de mía.
Carlisle caminó delante de mí sin decir nada hasta la cocina en donde también se encontraba mi madre con tres tazas humeantes de chocolate en la mesa.
-Siéntate – habló mi padre.
Mi madre suspiró y pasó su mano por mi pelo, una costumbre que había adquirido desde que era un niño.
-¿Por qué hiciste eso en la consulta Edward? – preguntó mi madre.
-¿El qué? – dije haciéndome el loco.
-Golpear a ese pobre muchacho Edward – habló mi padre – tuve que ponerle cuatro puntos en la ceja, dos en el labio y su nariz sufrió leves roses.
-Lo tiene bien merecido.
-¿Es por Bella? – preguntó mi madre agarrando mi mano.
Suspiré. Eran mis padres y no podía ocultarles nada, además, a ellos podría contárselo. Eran Esme y Carlisle, ellos lo entenderían e incluso me ayudarían…
Asentí.
-¿La quieres? – preguntó mi padre.
Le miré.
-Más que eso.
-Cariño… es mejor de edad – murmuró mi madre con suavidad.
-Dentro de unos meses ya no lo será.
-Es la hermana de Emmett, hijo – esta vez fue mi padre el que habló.
-Uno no elige de quien enamorarse – susurré con un hilo de voz.
-Realmente te ha dado fuerte – dijo mi padre.
-Ella es… dios, no hay palabras para describirla, es Bella, simplemente genial – intenté explicar – me encanta en la manera en la que sueña, en la que sus labios me besan, en la que pronuncia mi nombre y solo quiero echarme a temblar, lo preciosa que es, el talento que tiene…
-Cuídala Edward, es un tesoro.
Miré a mi madre.
-¿Eso es que lo apoyas? – pregunté sorprendido.
-Siempre te apoyaría Edward y tú padre igual.
Miré a mi padre y asintió.
-Sólo tienes que hacer las cosas bien hijo, y lo primero es hablando con esa rubia maleducada a la que no quieres y de la que todavía no sé porque seguís juntos, esa chica no me gusta para nada – comentó mi padre dándole un sorbo al chocolate.
-Es una larga historia – comenté.
-Tenemos toda la noche, cariño – comentó mi madre.
Estuve un buen rato hablando con mis padres sobre mi vida en la universidad, sobre todo lo que había pasado estos años atrás, el porqué de la relación con Tanya, cómo me había enamorado de Bella, incluso les conté el primer día que la vi y me pillé una cogorza que no veas y había hecho el amor con ella, naturalmente en esto no estuvieron de acuerdo pero lo pasaron por alto haciendo una gran excepción, también les conté mi miedo ante sobre la reacción de Emmett ya que no podría estar ocultando toda mi vida el amor que tenía por Bella pues era demasiado fuerte.
Cuando los ojillos marrones de mi madre no aguantaban más abiertos subí a las escaleras rumbo a mi habitación. Caminaba tranquilamente por el pasillo cuando escuché unos gritos que provenían de mi habitación. Instintivamente corrí hacia ella encendiendo la luz cuando entré. Bella estaba gritando en la cama mientras se revolvía. De su frente chorreaba frente debido a las vueltas que había dado.
Estuve con ella en poco tiempo.
-Bella, amor, ya está, ya está, todo está bien, estoy contigo – susurré mientras la mantenía entre mis brazos y la consolaba dándole besitos por toda la cara y sujetaba un paño en su frente.
-Edward – suspiró angustiada con lágrimas en los ojos.
-Era una pesadilla… era tan real… - sollozó contra mi pecho.
-¿Qué soñaste Bella? – pregunté alzando su mentón.
Ella me miró pero no dijo nada, seguía sollozando y se volvió a refugiar esta vez en mi cuello. Su respiración me hacía cosquillas y desprendía descargas eléctricas por todo mi cuerpo.
-Bella…
-Emmett se había enterado de todo y no estaba de acuerdo, quería enviarme de vuelta con mamá a Phoenix.
N/A: Bueno, ¿Qué dicen? Quizás no haya sido muy bueno, pero era necesario. Espero que os guste y espero también vuestro reviews con muchas ganas como siempre. Muchísimas gracias por los reviews del capítulo pasado que fueron bastantes. En unos días me tendréis por aquí de nuevo.
