CAPITULO 12 ADVERTENCIAS Y AMENAZAS
"Todo ha sido un sueño" pensó Harry a la mañana siguiente en cuanto se despertó. Se sentía cansado y le pesaban los parpados como si el día anterior hubiera realizado un largo viaje o muchas actividades, pero él sabía que nada de eso había ocurrido.
Aun con los ojos cerrados se movió en la cama hasta quedar boca arriba e hizo una mueca cuando los rayos del sol le dieron en la cara. Seguramente Ron había olvidado cerrar las persianas o del cansancio se quedó dormido en una posición incorrecta. Sintió como algo se deslizó por encima de sus pies, pero no hizo caso alguno. "Déjenme dormir" pensó… Mentalmente trató de adivinar lo que era sin tener que abrir los ojos. "Una, dos, tres, cuatro patas… Otra vez Hermione nos mandó al gato" concluyó y emitió un débil gruñido pensando en que quizá su mejor amiga había dejado a su mascota para que fuera a levantarlos, algo que últimamente solía hacer la castaña cuando los simples llamados para desayunar no funcionaban.
Él no quiso abrir los ojos para enfrentarse a su realidad pues prefería seguir con sus sueños donde Vanessa vivía y era el padre de una niña.
Soltó una risita al pensar en la niña y en la carita tierna y traviesa que debía tener, pero eso era un imposible. Esas cosas no podían pasarle a él.
Su risa trajo consigo otro eco de risas, pero más agudas y cantarinas, esa en definitiva no podía ser su voz. Al mismo tiempo una sombra se interpuso entre él y los rayos del sol que un minuto atrás le habían golpeado la cara y algo pequeño y suave le pellizcó la cara.
Abrió los ojos de golpe para ver como lo que creía un simple sueño estaba encima de su pecho con una radiante sonrisa. Las manitas de Melissa sostenían los cachetes de su padre a fin de que esa sonrisa se prolongara aun más y el ojiverde al entenderlo todo se relajó y puso los ojos en blanco. ¿Por qué su mente aun se negaba a rechazar la verdad?
—Hola bebé —le susurró a la pequeña y la tomó por la cintura para elevarla ligeramente y luego regresarla para poder besar su frente y sus pálidas mejillas.
—¡Papi! —gritó Mel entre risas y agitando sus piececitos en el aire siguiéndole el juego a Harry.
Él volvió a dejarla sobre su pecho y ladeó la cabeza para ver a la mujer que dormía plácidamente a su lado. Al parecer Vanessa estaba tan acostumbrada a los gritos y risas de Mel que ya ni se inmutaba con su vocecita.
—¿Tienes hambre? —le susurró y la niña sonriente asintió con la cabeza —Perfecto, vas a ayudarme a preparar el desayuno.
Con cuidado la bajó de la cama y Melissa salió corriendo de la habitación no sin antes tropezarse con los vaqueros y camisa de Harry que estaban tendidos en el suelo. Harry suspiró y se rio por lo bajo al recordar finalmente que había tenido una muy buena noche. Tan perfecta y maravillosa que esa era la razón por la que prefería pensar que todo era un sueño. Se puso rápidamente los pantalones y la camiseta y abandonó la habitación con sigilo para alcanzar a su hija.
—¡Buu! —gritó Mel que salió repentinamente de su cuarto para intentar espantarlo, pero no funcionó. Él la cargó en brazos y bajaron los escalones yendo directo a la cocina.
—¿Qué quieres comer? —preguntó Harry sentando a la pequeña en la barra.
—¡Ho keis! —contestó de inmediato.
—¿Hot Cakes? —repitió Harry interpretando sus palabras y frunciendo ligeramente el ceño. Le parecía un poco extraño que su hija pidiera comida muggle.
—Ajap… Andy hace ho keis cuando mami no ta y mami no shabe cocinad —aseguró Melissa y se llevó las manitas a la boca para carcajearse —shh, no e digas poque she enoja.
—Guardaremos el secreto —susurró Harry con complicidad, aunque no era necesario que Mel le recordara las pocas habilidades culinarias de Vanessa… él ya lo sabía. —¿Y… quien es Andy? ¿un amigo de tu mamá? —preguntó buscando los ingredientes y un tanto agradecido de no tener que disimular su curiosidad estando frente a Mel.
La bebé se empezó a reír agitando la cabeza de lado a lado.
—Andy no esh un ñiño, esh ñiña como yo —añadió la pequeña entre risas.
—Ahhh… —suspiró Harry aliviado. El solo pensar que otro hombre hubiese estado con Vanessa y al cuidado de su hija lo había puesto un tanto ansioso y… celoso. Menos mal que se trataba de una mujer. —Andy es la vecina de tu mamá y es con quien hablaba por teléfono ¿verdad? —Ella volvió a asentir columpiándose en la barra
—¿Y a quien prefieres más, a Andy o a mí? —preguntó el ojiverde que ya empezaba a preparar la mezcla para los Hot Cakes. La niña no dijo nada al momento y Harry nuevamente se preocupó al pensar que su hija estaba meditando la mejor respuesta. Estaba claro que él no podía esperar un exceso de afecto en las pocas horas que había convivido con ella, pero un silencio tan prolongado no era una buena señal. Volvió a levantar la vista para aclarar sus sospechas y vio que Mel ya no estaba sentada en la barra.
—¿Mel? —susurró el muchacho y la sangre se le fue del rostro.
Él podía jurar que estaba ahí sentadita tranquilamente y no podía haber saltado de la barra sin que él se diera cuenta; sin mencionar que la altura de dicho lugar al piso era de metro y medio, una altura bastante amenazadora para una pequeña apenas mayor del año y medio de edad.
—¿Dónde estás? —recorrió la pequeña habitación con la mirada, pero no la vio por ningún lado. Sin embargo, su risa se escuchó en la cocina, pero no procedía del lugar más esperado por Harry, es decir, un rincón de la alacena o cerca de la puerta. La vocecita procedió del techo.
—¡MEL, BAJATE DE AHÍ! —exclamó Harry asustado en cuanto levantó la vista y la vio colgada de la lámpara. Sus pies se sujetaban del cable mientras que sus bracitos y cabello se balanceaban alegremente como si fuera una trapecista profesional.
—¡QUIEYO A PAPIIII! —gritó Melissa y se soltó de la lámpara dejándose caer al vacío emitiendo un gritó de júbilo.
—¡NO! —gritó al mismo tiempo el ojiverde que se movió rápidamente para atraparla antes de que se impactara fatalmente contra el suelo.
—¡Wiii, divedtido! —exclamó la niña en cuanto estuvo acunada en los brazos de su papá.
—¡Ufff! —resopló Harry con los ojos cerrados, pero seguro de que no había pasado nada malo. Los abrió y se encontró con la mirada de los otros ojos verde esmeralda que brillaban de expectación y alegría —No… vuelvas… a… hacerlo —le susurró con una repentina falta de aire tratando de recordar la última vez que se le había salido el corazón a causa de un susto.
Melissa se revolvió en los brazos de su padre para poder levantar el rostro a la altura del suyo. Colocó sus manitas a ambos lados y le dio un sonoro beso en las mejillas. Harry la abrazó fuertemente y no pudo evitar que una lágrima a causa de la emoción resbalara por su rostro. Esa nenita era suya y se sentía mal por haber estado separado de ella por tanto tiempo. Al fin había llegado la hora de recuperar los momentos perdidos. La cuidaría y no se separaría por nada del mundo.
Luego del susto y del cariño demostrado de padre a hija, volvió a sentarla en la barra y le hizo prometer que mientras terminara el desayuno no haría más travesuras. El tiempo pasó tranquilamente y cuando hubo suficientes para los tres Harry los puso en una charola y con la mano libre tomó la manita de Mel para emprender el camino de regreso a la habitación donde Vanessa seguramente continuaba dormida. Para su sorpresa Vanessa con ojos soñolientos iba bajando las escaleras y Mel en cuanto la vio se soltó de la mano de Harry para correr hasta donde su madre se encontraba.
—Hola mi amor. —saludó Vanessa cargando a la pequeña y dedicándole una sonrisa a Harry. —Humm, ¿Le ayudaste a tu papá con el desayuno?
—Aja
—¿Les parece si comemos en la cama? —preguntó el ojiverde señalando con la cabeza las escaleras y Vanessa asintió ligeramente con la cabeza.
—Pensé que ya te habías escapado… —susurró la bruja cuando Harry estuvo lo suficiente cerca de ella de tal forma que Mel no pudiera escucharlos, aunque la niña estaba demasiado entretenida jugando con el cabello despeinado de su mamá
—Ni loco —fue la contestación de Harry dándole un beso a la chica de los ojos azul zafiro.
Apenas llevaban un par de escalones cuando un ruido extraño llamó su atención. Los dos jóvenes levantaron la mirada para localizar el lugar de donde provenía el sonido y vieron que se trataba de la chimenea de donde salieron llamas en color verde anunciando la llegada de alguien. Se miraron el uno al otro y luego esperaron a que el fuego se disolviera para ver el rostro de su invitado.
Era Ginny.
No era necesario observarla a fondo para darse cuenta de que la chica estaba bastante enojada. Aun portaba los mismos jeans y blusa del día anterior lo que daba a entender que no había pasado la noche ni en la madriguera ni en Grimmauld Place. Tenía el ceño fruncido y los labios curvados hacia abajo. Harry fijo aún más su mirada en el rostro de la pelirroja y pudo ver en su mejilla derecha un moretón bastante grande y lo que parecía ser una pequeña cortada en el labio inferior.
Vanessa emitió un débil gruñido para quejarse de su presencia. Melissa la observó un momento con curiosidad, pero de inmediato volvió a poner más atención a los nudos que accidentalmente le había hecho a su mamá en el cabello; Harry por su parte dio un paso hacia atrás, pero no se dio cuenta de ello. Había estado toda la mañana tan contento y disfrutando a su bebé que olvidó por completo los asuntos pendientes que tenía que arreglar con la pelirroja.
Él le había causado daño, pero aún no podía recordar del todo la situación por la cual la había golpeado o como lo había hecho. Eso era algo que le resultaba casi imposible de creer, pero ahora que la veía estaba seguro de que el daño si se había efectuado, sin embargo, mantenía sus dudas porque ni siquiera en el arranque de furia más grande de su vida sería capaz de golpear a una mujer... Detuvo sus pensamientos y miró a Vanessa una fracción de segundo. Luego cerró los ojos y decidió dejar de buscarse excusas porque algunos años atrás y por un arranque de furia combinado con otro del señor tenebroso él mismo había golpeado a Vanessa de la misma forma en que ahora era acusado. "Soy un monstruo" pensó.
—¿Qué haces aquí? —le recriminó Vanessa al fin.
Ginny la fulminó con la mirada.
—No vine a admirarte si eso es lo que quieres saber —fue su contestación.
Después avanzó para situarse a la mitad de la sala y esperó a que los demás bajaran para poder hablar. Harry colocó la charola de comida en la primera mesita que encontró y Melissa abrió y cerró sus manitas rápidamente, triste de que el alimento era alejado de ella sin razón.
—Ginny, yo… —empezó a disculparse Harry. —Si te hice algo en verdad lo siento.
Ahora fue Vanessa quien fulminó con la mirada al ojiverde.
—No tienes que disculparte de nada Harry, ella se lo buscó —soltó Vanessa con desdén.
—Por primera vez estoy de acuerdo contigo Vanessa… —dijo Ginny en voz baja y Harry abrió mucho la boca al escucharla. ¿Ginny de acuerdo con Vanessa? Algo andaba muy mal como para que la pelirroja dijera eso. —Harry no tiene que disculparse de nada. La que tiene que disculparse eres tú —términó de decir con los dientes apretados.
—¿Qué? —la voz de Harry fue ahogada, en definitiva no podía creerse ese intercambio de diálogos.
—Harry —dijo la pelirroja. —He venido a abrirte los ojos, pero es la última vez que lo hago porque estoy harta de todo este show. Esto que ves aquí —se señaló el rostro —lo hizo tu mano, pero no lo hiciste tú.
Él arqueo una ceja ante lo incoherente que parecía la frase de Ginny.
—¿Qué es lo que intentas decir?
—Que fue Vanessa, esa arpía que tienes a lado tuyo y que crees amar. Ella es la culpable de que me hayas levantado la mano.
Vanessa se rio bajito, aunque se notaban las ganas enormes de carcajearse.
—¿Qué ridiculeces estás diciendo Weasley?... Mel, no oigas nada de lo que hablen los adultos. ¿De acuerdo? — susurró y la niña frunciendo el ceño se encogió de hombros. —Parece que cada día te vuelves más estúpida o más loca de lo que ya eres. Ya supéralo Weasley, yo gano, tú pierdes y Harry es mío.
—Él era mío antes de que salieras de ese maldito hospital.
—¡Ey! Que yo no soy un objeto para que le pertenezca a una de las dos —se quejó el ojiverde.
—¿Por qué no quieres ver que ella es culpable de todas tus desgracias Harry? Tú me golpeaste por culpa de ella —repitió.
—¿Es que acaso yo amenace a Harry para que te golpeara? ¿Le puse la varita en el cuello para que lo hiciera? —preguntó Vanessa y puso los ojos en blanco.
—Hiciste algo mucho peor —dijo Ginny arrastrando las palabras y después se dirigió al muchacho. —Harry, ella aprovechó tu enojo para lanzarte la maldición imperius. Estaba escudada por la niña y por eso nadie se dio cuenta más que yo. Di algo contra eso Vanessa ¡niégalo!
La otra joven entornó los ojos, pero no dijo nada. Sin embargo, esta vez Harry fue el que se rió.
—Ginny, sé que odias a Vanessa y que nunca se han llevado bien, pero no me parece que intentes culparla de algo que yo te hice. No fue mi intención y espero que me perdones… ya basta de que se estén agrediendo la una a la otra. No es necesario que mientas más…
—¡Te estoy diciendo la verdad! —explotó la pelirroja y de nuevo la chispa de enojo apareció en su rostro. —Ella te hechizó. Tienes que creerme.
Harry miró a Vanessa que continuaba con los ojos entornados y sin dejar de abrazar a Mel que daba la espalda a toda la discusión. Eso en parte era bueno, aunque se preguntó qué tanto de la pelea la niña sería capaz de comprender.
—Ginny, aunque quisiera creerte es imposible porque recuerda que soy inmune a la maldición imperius. Voldemort nunca pudo utilizar bien esa maldición conmigo.
—Pues parece que con ella las cosas funcionan diferente y tú estabas demasiado concentrado en insultarme como para prestar atención a otra cosa en tu mente—añadió Ginny quien por la expresión de su rostro pretendía mantener el dedo en el renglón. —Dime una cosa Harry ¿recuerdas bien cómo me golpeaste? Estabas enloquecido ¿Puedes recordarlo bien?
—Pues no, pero es porque… —se detuvo. —La adrenalina… a veces… ya sabes…
No podía decir la razón por la cual no podía recordar bien las cosas. Su viaje en el tiempo había afectado todo, incluidos muchos de sus recuerdos, aunque se dio cuenta de que en su cabeza las últimas memorias de su nueva vida se habían asentado casi por completo. Solamente ese acontecimiento se había quedado inconcluso y si se ponía a recapitular los efectos más comunes de la maldición imperius, el principal era la falta de recuerdos del momento en que el cuerpo era dominado por el hechizo. Harry entreabrió la boca y sus ojos lucieron sorprendidos ¿cabía la posibilidad de que Ginny tuviera la razón? "No" se dijo a si mismo, pero en ese caso ¿Por qué Vanessa no decía nada?
—Lo hizo porque buscaba una razón para que yo te odiara y me alejara de ti por repugnancia o qué sé yo. Hasta que me fui de la casa pude reflexionar bien las cosas y encontrar el rumbo al que ella quería llegar y en parte lo logró porque están aquí muy juntitos los dos y claro… ¿A quién le importa Ginny?
—Vanessa… tu… —empezó a hablar Harry y vio como ambas mujeres echaban fuego por los ojos —Vanessa… ¿es cierto eso?
Ella no volvió a contestar.
—¿Lo ves Harry? ¡Miente!, ella fue y por eso la odio. ¡Te odio Vanessa! —esto último lo dijo recalcando mucho las palabras.
—Tú eres la única mentirosa aquí —rugió la otra.
Ginny la ignoró.
—¿Piensas quedarte con ella a pesar de que en cualquier momento te tratará como su títere? —fue lo que añadió la pelirroja.
—¡Cállate Weasley! —siseó Vanessa apenas moviendo los labios.
—Entonces es cierto… —Harry ya no sabía que pensar, pero a veces decían que el silencio concedía muchas cosas y eso era justamente lo que estaba haciendo Vanessa.
—¿Vas a creerle a ella en lugar que a mí? —Vanessa estaba indignada, tanto que parecía temblar de pies a cabeza a causa de la ira contenida.
—Pues es que suena un poco lógico…
—Largo. —dijo la chica de los ojos azul zafiro tratando de mantener la compostura. —Lárguense los dos de mi casa.
—¿Qué? —exclamó Harry ante sus palabras.
—¡Qué se larguen! ¡Ahora mismo!
—¿Por qué? —se volvió a quejar.
—Porque no confías en mi y porque no quiero que esta pelirroja permanezca un minuto más en mi casa. ¡Vete!
Para ese entonces Melissa ya prestaba atención a lo que sucedía y no dejaba de pasar su mirada asustada de su madre a la de su padre como si buscara encontrar en sus rostros la respuesta a lo que ella no podía entender.
—Vas a espantar a la niña, no grites —dijo Harry al percatarse de la cara de su hija.
—Pues entonces vete ya. No pienso estar contigo si vas a desconfiar de mí, créeme que no regresé para obtener eso. Anda y confía en Weasley al fin que siempre dice la verdad —sus palabras acababan de convertirse en puro sarcasmo.
—Vámonos Harry —dijo Ginny acercándose al muchacho y tratando de tomar su brazo, pero él retiró la mano para impedir su tacto.
—Una cosa es que me sienta mal por haberte golpeado y otra muy diferente que te haya perdonado por ocultarme a Vanessa.
La pelirroja frunció los labios y volvió a dirigirle a Vanessa una mirada llena de rencor.
—Me parece que estás exagerando las cosas —Harry volvió a hablarle a la chica de los ojos azul zafiro —No es que desconfíe de ti, pero es que si te creo capaz de hacer eso.
Su comentario arruinó las cosas. Vanessa emitió un gruñido y sacó la varita mágica de los bolsillos para apuntarle.
—Váyanse… —les repitió
Harry puso los ojos en blanco e inhaló profundamente.
—Voy a dejarte tranquila por un momento para que te calmes… Ginny, tu y yo tenemos que hablar, vámonos.
Se acercó para darle un beso a Melissa, pero la chica que la sostenía se hizo hacia atrás para que no pudiera tocarla.
—Antes eras menos exagerada —aseguró Harry.
—Antes no tenía que proteger a nadie más que a mí misma —contestó ella refiriéndose claramente a Mel.
El ojiverde movió la cabeza de lado a lado desaprobando lo que decía la muchacha y se encaminó rumbo a la chimenea en donde Ginny ya lo estaba esperando.
—Te advierto una cosa Harry. —dijo Vanessa cuando llevaba medio camino recorrido. —Si sales de esta casa no quiero que vuelvas jamás.
—No —se oyó la vocecita de Mel a punto del llanto. Ella comprendía todo lo que estaba pasando.
—Pero… No me voy porque quiera irme. ¡Tú me estás corriendo! —Harry estaba sorprendido. Si comprender a las mujeres era algo complicado, entender a Vanessa y sus repentinos cambios de humor era una misión imposible.
—Te estás yendo con ella y eso es lo que no me gusta —replicó la joven bruja luchando por mantener quieta a Melissa que se estaba revolviendo en sus brazos para zafarse e ir a donde su padre.
—¿Vas a permitir que te chantajee? —preguntó Ginny detrás de Harry.
—¡Que no te metas! —bramó la otra y lanzó un hechizo a la pelirroja quien no se lo esperaba y fue a chocar contra el marco de la chimenea y luego cayó sonoramente al suelo manchándose de hollín las manos
—¡Vanessa! —exclamó Harry sin saber que hacer o a quien defender.
—¡Esto fue lo último que soporté de ustedes! —dijo la pelirroja poniéndose en pie y con la respiración agitada —Es imposible hacerte ver la verdad de las cosas Harry. Te juro que si no voy a ser feliz a tu lado tú tampoco serás feliz a lado de ella.
—¿Es una amenaza? —Vanessa tenía una ceja arqueada y una extraña sonrisa dibujada en el rostro como tratando de demostrar que lo que dijera Ginny era simplemente para reírse.
—Tómalo como quieras. Pero lo que si debes de tener claro es que ustedes dos van a pagarme todo lo que me han hecho y no solo me refiero a esto —volvió a señalar su rostro —Me refiero a la humillación que me han hecho pasar, por su culpa ahora soy infeliz y seré la vergüenza de mi familia. De mi nadie se burla como ustedes; tarde o temprano lo pagaran muy caro y yo me encargaré de ello.
Cada palabra iba cargada de ira y al menos para Harry era muy extraño verla tan furiosa. El rostro de Vanessa permaneció inmutable mientras la pelirroja declaraba aquello como si sus palabras formaran parte de un discurso súper aburrido. Sin embargo, él si se estaba preocupando porque a lo largo de las experiencias de su vida ese tipo de declaraciones no se tomaban a juego.
—Esto Vanessa… SI es una amenaza —concluyó Ginny Weasley, su mirada cargada de odio no fue dirigida ni al muchacho ni a la bruja por la que tanto desprecio sentía. La mirada se concentró en el diminuto rostro de Melissa y por inercia la joven de los ojos azul zafiro abrazó con más fuerza a la niña que aun se mantenía en sus brazos
—Ginny no… —empezó Harry con voz tranquila tratando de apaciguarla al notar por donde iban los pensamientos de la bruja, pero ella no le permitió concluir porque gritó:
—¡LOS ODIO!
Y dicho esto se metió a la chimenea y las llamas verdes la envolvieron por completo para desaparecer.
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Cuando Ginny terminó de girar sobre sí misma, se encontraba en el Caldero Chorreante, se dio cuenta que Tom, el tabernero la siguió con la mirada, pero ella prefirió ignorarlo y seguir su camino hasta llegar una mesa del fondo donde tres personas tomaban hidromiel.
—Vaya, vaya, señorita Weasley… Ha regresado más pronto de lo que esperábamos. —dijo un hombre que a simple vista se veía ya rebasaba los treinta años de edad. Había dos mujeres acompañándolo, la primera de ellas tenía su mano entrelazada a la de él, por los anillos que portaban no era necesario preguntar que eran esposos.
—Toma asiento, hija mía. —dijo amablemente la otra mujer de mediana edad, mientras jugueteaba con su larga melena rubia que caía sobre uno de sus hombros.
Ginny Weasley se mordió el labio antes de sentarse, había llegado hasta ahí cegada por una oleada de repentino odio, pero comenzaba a dudar si es que estaba haciendo lo correcto.
—Pobre criatura, tu rostro se ve más hinchado que anoche… ¿segura que no quieres que te ayudemos a curar eso?
Ginny negó enérgicamente con la cabeza y se puso seria.
—No es que llevemos prisa, pero nos gusta ir directo al grano… —empezó a decir el hombre. —¿Consideró la propuesta que le hicimos anoche? No es necesario recordarle que si se une a nosotros podrá gozar de…
—Cariño, no hay que ser tan formales —le interrumpió su esposa de tez clara y cabello castaño y luego se dirigió a la joven bruja que tenía enfrente. —Ginny, volviste porque vas a aceptar unirte a nosotros ¿verdad? Vas a aprender mucho y te prometo que no te vas a arrepentir.
—Después de lo que pasó ayer ya no tengo nada que perder. No soy capaz de ver a mi familia a los ojos, no tengo a donde ir y sigo muy enojada con ese par. Los odio. —dijo apretando los dientes.
—Tranquila, mi niña… Mi tarea será guiarte para que puedas canalizar todo eso que sientes y usarlo por medio de la magia para lograr tu objetivo —contestó la rubia extendiendo la mano sobre la mesa para alcanzar el brazo de Ginny y reconfortarla. —Eres una bruja con mucho potencial, pero esas personas no han sabido valorarte, únete a nosotros y sabrás lo que es tener una familia de verdad, un lugar donde siempre puedes ser tú misma sin poner máscaras frente a los demás.
—Yo…
—Anda, será divertido… —dijo la mujer castaña que se soltó del brazo de su esposo hay muchos chicos de tu edad que estarán encantados de conocerte y con los que podrás aprender magia que no enseñan en Hogwarts.
—¿Se refiere a las artes oscuras? —Ginny se mordió el labio de nuevo. Si cometía un error bien podría terminar en manos de mortífagos.
—Un buen mago es capaz de manejar y conocer ambos tipos de magia, si tu preocupación es que seamos mortífagos, debes estar tranquila, ninguno de nosotros tiene la marca tenebrosa y nunca apoyamos los ideales de Lord Voldemort. —respondió el hombre. —¿Deshacerse de los nacidos muggles sólo porque si? ¡Patrañas! Hay magos y brujas que nacieron con dones y habilidades excepcionales, sólo un tonto los segregaría por su estatus de nacimiento.
Ginny no pudo evitar abrir los ojos al escucharlo decir el nombre del Señor Tenebroso. La rubia se percató de ello y de nuevo sujetó su brazo para llamar su atención.
—Como lo platicamos anoche, no te puedo afirmar que somos buenas o malas personas, sólo somos un grupo muy unido cuya única prioridad es ser leales unos a los otros y en esforzarnos en ser los mejores y sobre todo, darle la oportunidad a personas como tú, de encontrar su lugar en el mundo mágico… queremos que de nuevo le des sentido a tu vida. —ella sonrió y vio como Ginny le devolvía el gesto. —Así que… ¿aceptas formar parte de nuestro grupo?
—Está bien, iré con ustedes.
La pareja sonrió mirándose con complicidad y la mujer rubia se levantó de su asiento para ir donde Ginny y darle un gran abrazo.
—Será una experiencia inolvidable, ¡Bienvenida a la familia!
Hola chicos!
Espero que les haya gustado el capítulo.
Les digo un secreto? Gran parte de este capítulo no existía, para ser exactos la parte de Mel y Harry, pero lo coloqué porque era necesario explicar un poco más la relación entre esos dos personajes y bueno, explicar también lo traviesa que puede resultar Melissa.
La advertencia de Ginny tendrá grandes repercusiones e influirá mucho en los siguientes capítulos, así como la introducción de ese pequeño grupo al que ha aceptado formar parte.
Muchas gracias a todos por seguir leyendo esta historia y por sus votos y comentarios alentándome a seguir.
Saludos, hasta la próxima.
