¿Listas para Leer?

Por que yo estoy Más que Lista para seguir escribiendo, y la verdad es que ya andamos en las ULTIMAS de este Fic, Pero bueno, ya sabemos que me gustan los comentarios y pues Bueno, les dejo leer pero no sin antes comentar algo sobre este CAPITULO.

¡T

Y es todo lo que voy a decir :) Saludos y sin mas muchisimas Gracias.


Azúcar Amargo

Capítulo 10

/Padre e hija /

El sentimiento lo hacía sentirse cómo aquel deforme monstruo que había sido varios años anteriores, con un enorme vació en su interior y sintiendo una infinita ira corriendo por sus venas; se encontraba encabezando la horda oscura, aquel ejercito negro al que dirigía estrictamente, simplemente la palabra dictador se quedaba muy corta para describirlo en aquellos momentos, se encontraba a escasos kilómetros frente a Hogwarts, podía observar su antiguo colegio, aquel mismo lugar donde aprendió a controlar sus poderes y a descubrir quién era realmente, pero ahora, de pie a las orillas de aquel barranco, veía con claridad el escudo que rodeaba al mítico castillo de Hogwarts.

A pesar de que su rostro se encontraba vació de emociones, dentro de él existía una bestia reclamando la sed de venganza, la ansiedad de destruirlo todo ardía arduamente.

Podía sentir la mirada de sus hombres que estaba tras de sí, esperando una orden, fue en ese momento cuando Tom Riddle levantó la mano y apuntó el colegio con su varita ya una vez había estado en aquella situación y no volvería a cometer los mismo errores que años atrás, al menos no si sabía que ella no estaría ahí, pues de lo contrario haría exactamente lo que sucedió varios años antes.

- Acaben con todos… hagan lo que se les venga en gana, torturen, asesinen… ¡PERO POTTER ES MIO! – gritó Tom mientras la oscuridad lo cubría por completo y en su escoba se lanzaba hacia el cielo estrellado.

Aquella noche iba hacer muy larga.

Todo el mundo se asomó por los ventanales del castillo, habían sentido el estremecimiento que provocaron los bombarda máxima al estrellarse y explotar contra el escudo mágico que los sobre guardaba de cualquier peligro, algo había allá a fuera que les puso la piel de gallina, Harry Potter se encontraba observando por el ventanal de la oficina del antiguo director, sabía bien quienes eran los que estaban tras el ataque.

La puerta de la oficina se abrió de un solo golpe, Ronald Weasley se encontraba en la entrada, acercándose a su mejor amigo a grandes zancadas.

- El que no debe ser nombrado se encuentra allá a fuera con cientos de seguidores…- anunció el muchacho mientras intentaba recuperar el aliento, Harry se giró hacia el pelirrojo, sus ojos verdes estaban tristemente apagado.

- Ya viene siendo hora de que Tom y yo nos veamos la cara…de nuevo…- contestó Harry mientras tomaba su varita del bolsillo, la cual había estado descansando durante un buen rato.

- La profesora McGonagall no va a permitírtelo Harry, sabes perfectamente que antes de dejarte salir moriría solamente para hacerte cambiar de idea.

- No me importa… perdí a mis padres por culpa de Voldemort, Sirius también murió por su causa, eh sido desgraciado la mayor parte de mi vida… ¡Ahora mi mejor amiga está muerta! ¡¿Crees que me importa lo que una vieja Bruja piense?! – Ron desvió la mirada de Harry, entendiendo al menos un poco de lo que el muchacho intentaba decirle.

- Entonces deja que yo vaya contigo, nos hemos enfrentado juntos a los peligros que han asechado tu vida Harry… y siempre hemos salido victoriosos…- respondió el pelirrojo mientras se acercaba al niño que vivió y apoyaba su mano en el hombre del joven.

- Olvidas una cosa Ron…- susurró Harry mientras soltaba un suspiro cansino, Ronald simplemente esperó a que su amigo continuara.

- Antes éramos tres… y ahora Hermione ya no está con nosotros.

Ron no dijo nada, solo lamentó todo aquello en silencio, como había hecho los últimos meses de aquella lucha constante, de hecho, Ron había peleado una batalla mental en silencio, sin pedir ayuda de nadie, sin ser rescatado, ahora entendía una cosa, no necesitaba nada más que a sus amigos, tenía a Harry frente a él y sabía que podía contar con él, pero la ausencia de Hermione comenzó a dejar pasar el frío dentro de aquel vació que comenzaba a invadirle el alma por completo.

Draco observa a la pequeña Circe desde la lejanía de la espaciosa habitación, tenía un enorme parecido con la madre a excepción de algunos detalles que seguramente heredó de su oscuro padre, aquellos ojos de color exótico, el color ausente en su piel y su cabellera oscura, era cómo la de Granger pero mucho más domada, en otras palabras, Circe Morgana era la perfecta mescla de lo bueno y lo malo, Draco se puso de pie y con sus ojos fijos en la hija de Hermione, se acercó a ella a pasos lentos, deteniéndose a mitad del camino al saber que sobre uno de los finos sillones, se encontraba el cuerpo de la que alguna vez fue considerada la igual de Bellatrix Lestrange dentro de la orden del fénix, su cuerpo cubierto bajo una blanca sabana; Circe sabía muchas cosas, Circe ignoraba muchas cosas, Circe veía muchas cosas y entendía a la perfección que no todo lo que sus ojos veían era real y una de las cosas que pertenecían a la realidad era aquel hombre de cabello rubio, el tío Draco, y la bella durmiente que descansaba bajo el manto blanco, al mismo tiempo que aquel sentimiento de pérdida que estaba encarnando, la niña no era para nada normal, poseía una inteligencia más allá que las de sus padres, y al igual que las cosas reales y crudas la rodeaban, había un segundo plano en su realidad que nadie más que ella podía observar.

Por ejemplo, aquel hombre que se encontraba de pie a lado del cuerpo de su madre, era el mismo hombre que había levantado ese castillo mágico con la ayuda de tres magos más, él era una de esas cosas reales que solo ella podía ver, y lo irreal, lo que no podía ver no significaba que no estuviera a su alrededor, Circe sabía también que había cosas que iban tras ella, que no se mostraban ante sus ojos, pero podía escucharlos, como las serpientes que vivían bajo el castillo, y los pensamientos de ciertas criaturas oscuras.

Podía ver y escuchar fantasmas, hablar con las serpientes y entender un poco acerca del mundo de los muertos.

Pero lo único que la niña no entendía con exactitud era por qué un extraño había asesinado a su madre ¿es que había hecho algo malo? Si era por alguna cosa que le hizo a Teddy sin querer pediría perdón, porque ahora que todos habían visto a su madre morir sentía aquellas miradas que iban dirigidas a ella, miradas que ya no eran de amistad, de cariño o de amor, cerró sus ojitos y recordó a su abuelo, había sido Severus Snape él único que no había dejado de mirarla de igual manera…

- ¿Dónde está Teddy? – preguntó Circe a su tío Draco, pero él no respondió, estaba mirando los restos de su madre y no prestaba atención a lo que le rodeaba.

- Si alguien me hubiera dicho que ella terminaría así… jamás me hubiera interesado por saber quién es tu padre…- susurró Draco mientras se giraba hacia la niña, sus ojos estaban ajenos a emoción alguna, pero Circe sabía que Draco estaba esforzándose mucho por no llorar.

- ¿Tú querías a mi mami, verdad? – la osada niña soltó la pregunta que dejó sorprendido a Malfoy, este no hizo otra cosa más que dar un par de pasos hacia ella hasta que Circe se vio obligada a levantar el rostro para mirarlo.

- Quise a tu madre desde el primer momento en que la vi y así será hasta el día en que muera…- y con una profunda mirada, Malfoy levantó a Circe entre sus brazos.

- No deberías estar aquí, una niña de cuatro años que es medio normal, tampoco merece ver el cuerpo sin vida de su madre.

- Algo parecido escuché, pero tío Harry dijo que a él no le importaba lo que le sucediera a una niña de mi clase…- contestó Circe al oído de Draco, quien se detuvo en el preciso momento en que escuchó aquellas palabras.

- ¿y según Potter, a qué clase de niños perteneces? – preguntó Draco apretando la quijada, adivinando las frías y crueles palabras de Harry.

- A los niños que nadie quiere…- susurró Circe mientras escondía su rostro en el hombro de Draco, y lloró.

Lloró por qué su madre ya no estaba más a su lado.

Lloró porqué se sentía sola y abandonada.

Y lloró porqué el tío Harry se había llevado a Teddy sin permitirle despedirse de él antes, por qué no la quería por ser la hija de aquel que iba a matarle dentro de poco.

Draco no dijo nada más, simplemente continuó caminando con la niña en brazos, era evidente que ahora que todo el mundo sabía de las malas decisiones de Hermione, se ensañaran con la pobre niña, ya hablaría con cara rajada al respecto, lo que importaba era ponerla en un lugar seguro, porqué sabía quién era la persona que estaba atacando el colegio.

Severus vio a Draco entrar a las mazmorras con Circe en brazos, aparentemente la niña estaba dormida, pero él la conocía a la perfección.

El hombre fue tras su ex alumno cuando una fuerte explosión hizo estremecer los muros del castillo, el antiguo profesor de Pociones se tambaleo hasta golpear su hombro con las frías piedras de las que estaban hechas las paredes, tomó su varita tan rápido cómo pudo y buscó a su ahijado con la mirada, el joven hombre estaba abrazando a Circe con fuerza, aferrando su espalda a la pared para proteger a la niña, quien continuaba cubriendo su rostro entre el hombro del rubio.

- ¡Llévala a las mazmorras Draco, estará a salvo en ese lugar! – gritó el hombre mientras salía corriendo hacia el lado opuesto del muchacho, fue en ese momento cuando escuchó el grito de Circe.

- ¡Abuelito! – llamó la niña mientras extendía su manita hacia la figura de Snape, quien comenzaba a desaparecer conforme se alejaba, Draco suspiró mientras el polvo y algunas pequeñas piedras caían a su alrededor, aquella noche iba a ser demasiado extensa.

Los gritos de Bellatrix y los aullidos de los hombres lobo iban en aumento a cada segundo que pasaba, Minerva los escuchaba desde la puerta de entrada, preparada para cualquier cosa, fue en ese momento cuando Molly Weasley y Ginny, se acercaron a la mujer, seguidas por unos cuantos alumnos del sexto curso.

- Es ella… Es Bellatrix Lestrange…- susurró Ginny mientras veía con preocupación aquella enorme puerta de madera.

- No te preocupes hija, esa maldita bruja no va a pasar de aquí.- contestó la matriarca Weasley mientras levantaba su varita, Minerva la imitó y los demás la siguieron.

Harry y Ron iba a grandes zancadas cuando vieron a Severus Snape ir a varios metros delante de ellos a gran velocidad, sabían lo que iba a suceder a continuación, podían escuchar el siseo de las serpientes, de Riddle penetrando el escudo que momentos antes los había mantenido a salvo.

- ¡POTTER! – Harry se detuvo al escuchar el grito que lo estremeció todo, Ronald vio a su amigo llevarse la mano hacia la marca que poseía en su frente, el muchacho sentía un ligero cosquilleo en la zona.

- Está furioso… - susurró Harry Potter mientras le daba un vistazo a Ron.

- ¿Qué piensas hacer con eso? Voldemort ha sido muy vulnerable cuando su paciencia se extingue…- comentó Ron mientras volteaba a todos lados después de una fuerte sacudida, los gritos y las explosiones no se dejaron esperar, y para el colmo de todos los males, el cielo oscuro se había nublado, la tormenta amenazaba con dejar caer el aguacero que guardaba dentro.

- Vete Ron… Tom no va a dudar en matarte si te ve a mi lado y lo mejor es que ayudes a los demás en lo que se pueda…

- ¡Pero Harry!

- Pero nada…- interrumpió Potter a su amigo, el muchacho simplemente se le quedó observando.

- Está bien, pero no me alejaré demasiado… - y dicho aquello, Harry Potter vio al pelirrojo alejarse rápidamente.

- Ahí va otro de mis mejores amigos…- susurró el joven mientras apretujaba la varita entre sus manos, decidido a acabar con todo aquello de una buena vez.

Draco dejó a Circe dentro de la habitación que había pertenecido a su padrino, la niña lo observaba con sus profundos ojos, preguntándose mentalmente si algo malo había sucedido, el rubio simplemente se dio la media vuelta y la dejó a solas dentro de la recamara, cerrando la puerta y asegurándola para que nada ni nadie entrara a ese lugar.

- "¿Te das cuenta del peligro que corres en este lugar, Circe?" – la masculina voz resonó por toda la habitación, los ojos de la pequeña rápidamente se deslizaron por entre las sombras que la cubrían por completo, encontrándose en una de las esquinas, muy cerca de uno de los ventanales, a un hombre.

- "Maestro, en todos lados la cosa mala abunda…" – dijo la niña mientras giraba su cuerpo para estar justamente frente a aquel al que llamó maestro.

- "Buen punto Circe, pero yo me refiero a que nada va a protegerte de él, vendrá por ti puedo sentirlo" – fue su respuesta.

- "¿Hablas de mi padre?" – preguntó Circe mientras daba un par de pasos al frente, la Luna recién descubierta por las nubes atravesó la ventana y golpeo a la figura adulta con la que Circe Morgana charlaba, era un hombre de edad media, apuesto y vestía elegantes ropas, su oscuro cabello caía ligeramente sobre sus hombros anchos, Circe sabía quién era aquel personaje, aquel mismo que se le había aparecido durante su corta visita en Hogwarts donde su madre la había acompañado.

- "Viene por causa de tu madre…" – contestó Salazar Slytherin, saliendo por fin de las sombras, sus ojos resplandecieron al ver a la niña aún calmada, cada vez que la observaba se sorprendía aún más, era como una oruga actuando como una mariposa cuando realmente estaba muy lejos de serlo, así era su heredera, una niña actuando como un adulto.

Y es que Circe lo era prácticamente, para su sorpresa, la pequeña poseía mucho más poder que nadie nunca tendría, y era su deber cómo su antepasado moldear esa magia que yacía dormida dentro de ella.

Circe Morgana tenía un destino que cumplir.

- "Papá quiere venganza, el abuelo Snape dijo que era mala…" – empezó a contar la niña mientras veía a Salazar Slytherin acuclillarse frente a ella.

- "Todo lo que tu padre busca no es bueno…pero debes entender, que al morir tu madre, Tom Riddle perdió la oportunidad de obtener algo bueno" – fue la respuesta de Lord Slytherin lo que hizo que Circe comprendiera una cosa, un pensamiento que nunca había travesado por su cabeza.

- "¿eso significa que…mi padre amaba a mi mami?" – la pregunta tomó por sorpresa al hombre que debía tener más de mil años de edad de no ser un fantasma, los ojos claros de Slytherin observaban a la niña, era más astuta de lo que creía.

- "eres como una esponja, Circe, absorbes todo lo que se te ponga en frente…tontos aquellos que no nos damos cuenta de tu enorme poder…"

- "No sé qué significa eso…pero podría hacerme un favor Maestro..." – Salazar sonrío ligeramente al entender que aquella no era una petición, sino más bien una afirmación, le encantó la forma en que Circe lo había dicho, era exactamente cómo el exigía las cosas a los demás, en especial al idiota de Godric Griffindor.

- "¿Qué es lo que este humilde servidor puede hacer por usted, Lady Circe?" – preguntó Slytherin con exagerada formalidad, la niña sonrío.

- "¿Podría abrirme la puerta? Además Maestro, no use palabras que no conozca… la humildad no es algo que usted haya usado durante su vida…" – dijo la niña mientras se dirigía hacia la puerta, Slytherin no dijo nada, simplemente le vio caminar hacia la salida y con un movimiento de su majestuosa mano, Circe pudo salir de su escondite.

Las puertas a la enorme sala se abrieron de un solo golpe, el viento penetró en el solitario lugar y al entrar a la habitación pulcramente cuidada, Tom sintió cómo su cuerpo se paralizaba y no por motivos de un hechizo.

Frente a él se encontraba Harry Potter, con sus ojos esmeralda clavados en él, ya no era aquel niño enclenque al que había marcado y culpado por la pérdida de su antiguo cuerpo, no era el bebé de los Potter a los que había asesinado por negarse a seguirle, no, aquel ya no era el niño que vivió, sobre todo porque aquel ya no era más un chiquillo sino un hombre…

Un hombre que había permitido la muerte de Hermione.

- Así que estamos aquí una vez más…- la voz de Harry hizo eco por toda la habitación, guardando unos instantes de silencio en la espera de una respuesta, pero no fue así, Tom no contestó a nada por qué no valía la pena, fue en ese momento cuando Harry comprendió que Riddle no estaba viéndolo.

Sonrío de medio lado.

- Ella está ahí, bajo esa blanca sabana que cubre su frío y muerto cuerpo…- comentó Harry a un ensombrecido Tom quien continuaba sin decir nada, fue en ese momento preciso en que Harry tuvo que agudizar sus sentidos al ver cómo su enemigo levantaba con lentitud su mano, aquella misma con la que sostenía su varita.

- ¡Avada Kedavra! – gritó Riddle sin ton ni son, Harry lanzó la misma maldición, ambos rayos verdosos chocaron entre sí, provocando un escandaloso estruendo que los iluminaba a ambos.

Lo había oído la primera vez, pero él ya lo sabía, lo había sentido desde el primer momento en que le habían arrebatado su vida.

Ambos hombres continuaban debatiéndose entre la vida y la muerte, buscando la victoria sobre el otro y disfrutarla frente a su cuerpo muerto, Harry apretujaba la mandíbula mientras que Tom lo veía esforzarse por mantener el Avada.

A pesar del enorme poder que Harry Potter había obtenido durante todos esos años de luchas constantes en su contra, sabía Riddle la enorme diferencia que aún existía entre ellos dos, Riddle había sido consciente de su poder desde siempre mientras que a Harry, la magia se le presentaba a la tierna edad de once años, ignorante del mundo mágico y de la magia oscura desde su nacimiento, Tom sabía cuáles eran sus debilidades y sus fortalezas además de las suyas propias, incluso la mujer que yacía muerta bajo el manto blanco era un poco de ambas para los dos.

Hermione era su debilidad y su ventaja en aquellos momentos, pero de igual manera lo era para Harry, Tom sonrío al encontrar una manera de debilitar al muchacho.

- ¿la mataste, Potter? ¿le quitaste la vida a tu propia amiga después de que te enteraste de lo que le hice? - lo decía en un tono de burla, el efecto buscado lo obtuvo casi de inmediato.

- ¡Tú, maldito seas! ¡esto es tú culpa, tú la llevaste a cometer traición! – gritó Harry mientras obligaba a su varita a seguir escupiendo el maleficio asesino, Tom sonrío.

- Yo no lo obligué a nada…- fue su respuesta, en ese momento, cuando Harry escuchó cómo Riddle afirmaba que Hermione había actuado por voluntad propia ante su traición, se vio obligado por la sorpresa a bajar la guardia, Tom deshizo el avada y lanzó un cruciatus que dio de lleno en el pecho de Harry, quien soltó un sórdido grito antes de caer al suelo.

- ¡Tú no ganarás aunque muera! – gritó Harry mientras se doblaba en el suelo, Riddle le observó como si estuviera mirando a cualquier insecto a sus pies.

- Eso no lo decides tú mocoso estúpido… ¡Crucio! – contestó Tom mientras lanzaba una vez más, el maleficio torturador.

Malfoy se detuvo frente a la enorme puerta, los gritos de Potter se escuchaban por todo el castillo y estaba casi seguro que todos los profesores iban en camino hacia ese lugar, sabía quién estaba dañando a cara rajada pero entrar significaba enfrentarse a Voldemort frente a ella.

El pensamiento volvió a su cabeza al colocar a Hermione y a Tom Riddle en la misma oración; ella los había traicionado, se había enredado con el peor enemigo de la humanidad y para colmo le había engendrado una hija a la que adoraba, sabía que Harry y la comadreja no aceptaban a la niña ni siquiera por el respeto de la amistad que habían mantenido con la madre, fuera una farsa o verdadera por parte de ella.

- Granger… ¿por qué no me lo dijiste? – se preguntó el rubio mientras sujetaba la varita entre sus manos, fue en ese momento cuando el frío recorrió su espalda, los gritos de miedo y dolor flotaban a su alrededor y el castillo se estremecía a sus pies, pero la respuesta a su pregunta no pasó desapercibida por Draco, no sabía cómo o él porqué, pero había algo o alguien tras de él, susurrándole al oído.

- Te equivocas Granger… - comenzó a decir Malfoy mientras bajaba la mirada y cerraba los ojos fuertemente...- ¡Yo te hubiera ayudado maldita sea! ¡ahora estás muerta y con una hija al borde del precipicio! – comenzó a decir mientras se giraba violentamente, buscando a la dueña de la solitaria voz, pero ahí no vio a nadie que se llamara Hermione J. Granger, al contrario, era Severus Snape la única persona a la que vio en esos momentos.

- Estoy seguro de que ella está aquí…- comentó el hombre mientras avanzaba a grandes zancadas hacia aquella habitación.

- Jamás voy a perdonárselo, que lo escuche bien si es que deambula por estos pasillos.- dijo el rubio mientras veía a su padrino pasar por su lado.

- Ni tú, ni Potter y mucho menos Weasley son alguien para juzgar a un muerto, Draco, el hecho es que hay una niña huérfana dentro de este castillo que sufre por su madre… ¿de verdad te importa que Circe sea hija de Voldemort? Pero viéndote a los ojos, me parce más creíble qué lo que en realidad te duele e importa, es el hecho de que Granger jamás fue tuya…- el silencio se adueñó del pasillo, y ante un Draco Malfoy con la sorpresa emanando de sus ojos, Severus no encontró otro motivo por el cual quedarse, los chillidos histéricos de Potter estaban torturando sus oídos.

- ¿tú qué sabes de amor, eh? ¡Alguien asesinó a Granger y no sé exactamente si fui yo en realidad! ¡vienes aquí solamente a echarme en cara que le tengo celos a un asqueroso monstruo…! – Draco se vio interrumpido por el fuerte golpe que se dio contra la pared, Snape estaba frente a él, amenazándole con la varita.

- Todos somos sospechosos de la muerte de Granger… aunque no lo creas Draco, sé que no fuiste tú, pero ese asunto lo veremos después…si sobrevivimos a la ira de Voldemort…- y dicho aquello, Severus dejó libre al rubio, Draco ni siquiera se percató que el hombre no respondió a su primera pregunta.

En realidad Severus Snape sabía más sobre el amor, de lo que muchos creían.

Harry logró arrastrarse lejos de los ataques de Tom, aún chillaba por el último cruciatus que había recibido a manos de Riddle.

- Tú, siempre juzgando a las personas, Potter ¡esa maldita arrogancia que Dumbledore te contagió te ha cegado! ¡Mataste a Hermione sin conocer la verdad de tras! ¡mocoso idiota! – continuó gritando Riddle mientras levantaba a Harry con un Levicorpus conjurado a la perfección, el niño que vivió lo veía fijamente.

- Ella… era una traidora, quien sea quien la haya asesinado…tiene mis felicita ¡AAAAAAAAAAAAAH! – Harry cayó al suelo pesadamente solamente para recibir nuevamente un cruciatus, los ojos azules de Riddle se volvieron rojizos de inmaculada ira que brotaba dentro de su cuerpo.

- ¡ERA MIA! ¡y la alejaste de mí! – exclamó Riddle mientras levantaba una vez más la varita.

Circe vio la puerta cerrarse lentamente, pero la pequeña alcanzó a ver a un extraño hombre al que no había visto nunca.

- "Es él… el hombre que perdió la única oportunidad que lo volvería un humano" – la niña levantó la mirada hacia Lord Slytherin, este mantenía la mirada hacia unjo de sus descendientes.

- "Papá está muy enojado… ¿crees que si me ve dejará de golpear al señor Potter?" – preguntó la niña mientras continuaba caminando, el fundador de la casa Slytherin le miró pasar por su lado.

- "Eres lo que más le importa en esos momentos…" – susurró Salazar sin importarle si la niña lo escuchaba o no.

Circe entró a la habitación sin que nadie se percatara de su presencia, Morgana vio a Draco Malfoy y a Severus Snape intentando ayudar a Harry Potter, quien se encontraba inconsciente sobre el suelo.

- ¡Tú la llevaste a la muerte! ¡es tú culpa! ¡Ella estaba perfectamente bien sin tu presencia – los gritos histéricos de Draco Malfoy no cesaban ni un poco, el rubio seguía extraviado en la tristeza de pérdida.

Después de todo, Riddle lo adivinó cuando vio sus ojos, sonrío de medio lado, no iba a permitir que un escuincle le hablara de aquel modo, y menos que le restregara en la cara lo que sentía por su Hermione, Riddle evadió un hechizo que Snape tenía toda la intención de golpearle con él, el hombre simplemente ignoró al traidor que alguna vez había sido de su confianza.

- Vine por la cabeza de Potter y el responsable de la…- Tom se interrumpió así mismo cuando la vio, Draco sintió cómo las fuerzas le abandonaban lentamente, lo mismo sucedía con Snape, quien se había percatado de la presencia de cierta personita.

Severus intentó llegar a Circe pero un fuerte golpe en el cuerpo lo arrojó lo más lejos de Circe, quien se mantenía tranquila en la entrada de la puerta, Draco soltó una maldición e intentó llamar la atención de Tom, pero le fue imposible, en ese momento un mortifago hizo acto de presencia e impidió al rubio atacar a Voldemort.

Tom se quedó imposibilitado para moverse en el preciso momento en que sus ojos se fijaron en ella, dio un paso al frente, sintiendo cómo un par de sus fieles seguidores se aparecían tras él, protegiéndolo de un posible ataque…

Su hija. De Hermione y suya.

Los ojos azules de Tom viajan de arriba abajo sobre el físico de la niña buscando rasgos que los encontraría fácilmente en él, pero lo único que encontró en su búsqueda fue el color de su cabello y la palidez de su piel, sin mencionar el extravagante color de sus ojos, que a pesar de ser diferentes, eran de lo más bonito…

Su hija.

Tom, sin darse cuenta, ya estaba caminando hacia la pequeña, quien lo veía expectantemente, ni uno ni el otro se habían visto nunca, para Riddle ver a la pequeña que Hermione había intentado proteger era el objeto que despertaba en el cientos de sensaciones que no podía describir.

Harry intentó ponerse de pie cuando se dio cuenta de lo que pasaba, la razón del porqué Riddle no lo asesinaba aún, ahí estaba, a unos metros lejos de él…

La razón por la cual él…

- Mi hija…mía…- susurró Riddle mientras se acuclillaba frente a Circe y la observaba con asombro.

Circe lo estudiaba con la misma intensidad con la que su padre lo hacía, se estremeció al sentir en su mejilla la fría mano del hombre, pero no se apartó, al contrario, su madre le había enseñado a comportarse valientemente y enfrentar cara a cara todo lo que se le presentara, él era su padre, no tenía por qué temer…

Y cómo aquel hombre hizo, ella lo imitó, levantó su pequeña y cálida manita hacia el rostro del hombre que le dio la vida, aquel que con su furia y su poder había atravesado un muro mágico para vengar la muerte de su madre.

Su madre…

- ¿sabes quién soy verdad? – preguntó Tom mientras buscaba la mirada de Circe, quien sin sonreír, asintió con un movimiento de cabeza.

- Si… Eres mi papá, el hombre que mi mamá amaba…- decía Circe con una enorme sonrisa en su rostro.

El silencio reinó en el lugar a pesar de la ardua batalla que se luchaba a fuera de esa habitación, Draco se recargó contra la pared y la fuerza abandonó su cuerpo, poco a poco fue resbalándose hasta sentarse sobre el frío, por otro lado, Snape simplemente observada la escena con cuidado, sus penetrantes ojos oscuros lo estudiaban con cuidado, si bien sabía que los ojos eran la ventana del alma de una persona, Tom Riddle, en ese momento estaba mostrando su alma ausente…

Cosa que sorprendió a Snape de sobremanera.

Harry apretujó la mandíbula con mucha fuerza, aquellas palabras retumban dentro de su cabeza una y otra vez "el hombre que mi mamá amaba" el niño que vivió tomó su varita con fuerza y con la misma intensidad soltó el grito, conjugando una bombarda máxima…

- ¡POTTER! – gritó Severus al verlo apuntar hacia la techumbre del lugar, Riddle por instinto se volteó para ver a Harry, cuando se dio cuenta de lo que sucedía, se percató de los trozos de piedra que se desprendieron en el ataque, la niña…

Circe, su hija, carne de su carne…

Había sido en ella el primer pensamiento que le había cruzado por su cabeza cuando se dio cuenta del ataque traicionero de Harry. CONTINUARA.