Al regresar a Nueva York, Candy y Terry decidieron buscar una casa propia a donde mudarse. Ellos habían recibido muchos regalos en el bautizo de su hija y ciertamente no tenían tanto espacio para acomodarlos en ese departamento. Además, estaban conscientes de la posibilidad de que pronto podrían aumentar la familia y querían estar prevenidos.
Terry compró una casa muy cerca de donde vivía Eleanor, él pagó la mitad del precio total, su madre lo ayudó con la otra mitad. Eleanor estaba sumamente feliz de que ellos se mudaran tan cerca de ella, ya que la actriz adoraba a su nieta e iba a visitarla cada vez que tenía algún tiempo libre.
Un mes después de su boda, Stear y Paty anunciaron que serían papás, esa fue una noticia realmente feliz para todos, sobre todo para Candy, quien sabía que Isabella pronto tendría muchos primitos con los cuales jugar. Dos semanas después de que la pareja hiciera público su embarazo, Annie y Archie quisieron hacerles la competencia, anunciando que otro bebé venía en camino, acrecentando así la felicidad de la familia.
Candy estuvo presente en los dos nacimientos, los cuales ocurrieron con una semana de diferencia, ella ofreció su apoyo incondicional a sus amigos. Paty tuvo un hermoso niño de cabello castaño y ojos color aceituna, Annie tuvo una hermosa niña de cabello dorado y ojos azules. Los orgullosos padres decidieron bautizar a sus primogénitos tres meses después, en el mismo día. Terry, aprovechó que ya había terminado la temporada de Hamlet y que no tenía ninguna obra a la puerta, para acompañar a su esposa al bautizo, que se realizó en su mansión de Lakewood.
Candy tardó más de un año en volver a embarazarse, fue después del cumpleaños número dos de Isabella, que ella se dio cuenta de que estaba esperando de nuevo bebé. Lo primero que hizo fue ir a checarse con el médico, el cual le confirmó sus sospechas. Esa misma noche, cuando Terry regresó del teatro, Candy le dio la noticia. Él no cabía de felicidad, le emocionaba demasiado el saber que sería papá de nuevo.
Candy pasó todo su embarazo en su casa de Nueva York, fue un embarazo bastante tranquilo y sin complicaciones. En ese entonces Terry estaba trabajando en otra obra de Shakespeare: Otelo, pero a pesar de su horario tan inflexible, él siempre trataba de llegar temprano a su casa para estar con Candy y con su pequeña hija.
Ocho meses después, en Lakewood, Candy dio a luz a un hermoso niño de ojos azules y cabello castaño, todos coincidieron en que ese bebé era la viva imagen de Terry, por esa razón decidieron llamarlo Terrence, al igual que su padre. Terry se quedó con su esposa cerca de un mes, después tuvo que regresar a Nueva York para dar inicio a la gira de la obra. Candy permaneció en Lakewood durante el tiempo que su esposo estuvo de gira, al regreso de Terry, los dos decidieron quedarse una larga temporada en el hogar de Pony, disfrutando de la vida tranquila en las montañas.
Durante ese tiempo, Candy, con la ayuda de Albert, hizo muchas mejoras al orfanato. Además, ella mandó a construir un pequeño sanatorio cerca de ahí, para la señorita Pony y la hermana María no tuvieran que trasladarse hasta el pueblo más cercano, cada vez que uno de sus niños estuviera enfermo.
Cuando Terry Jr. cumplió su primer año, la pareja regresó a su ajetreada vida en la gran manzana. Durante los siguientes dos años, Candy viajó todo lo que no había viajado en toda su vida, entre las giras de su esposo y sus visitas a Lakewood, ella casi nunca estaba en su hogar. Para Terry, fueron dos años de mucho éxito, durante los cuales su carrera de actor se consolidó, adquiriendo una gran popularidad. A pesar de tener tanta fama, él nunca perdió el suelo, ya que su esposa y su hija eran sus pilares más fuertes, y ellas lo mantenían con los pies bien puestos en la tierra.
Las buenas noticias siguieron llegando a la familia, más embarazos, mudanzas, nuevos trabajos, viajes y negocios exitosos, fueron las buenas nuevas que Candy leía en las cartas que recibía de sus amados amigos. La carta que más la emocionó fue la que recibió de su querido Albert, en dónde él le informaba que iba a contraer matrimonio con una dulce escocesa que había conocido un año atrás, durante uno de sus viajes a Escocia.
Candy no cabía de felicidad, estaba tan emocionada de saber que el hombre que siempre la había apoyado incondicionalmente, por fin se decidía a hacer su propia vida y ser feliz, que comenzó a brincar por toda la casa mientras su esposo y sus hijos la miraban desconcertados.
- Albert se casa el próximo mes – Gritó Candy, con lágrimas en los ojos.
Fue entonces que Terry comprendió el motivo de su felicidad. Para su buena suerte, él no tenía ningún compromiso con la compañía teatral, así que estaba totalmente libre para acompañar a su esposa a tan emocionante evento.
La boda se realizó en Chicago, personas de todas partes del mundo acompañaron a Albert en esa fecha tan especial. Fue una ceremonia hermosa y la recepción fue sumamente lujosa, fácilmente había unos 400 invitados, entre familiares, amigos, socios y conocidos. La fiesta terminó a altas horas de la madrugada, Candy y Terry bailaron hasta que se les hincharon los pies, recordando esa época, cuando apenas eran novios.
Los años siguieron pasando y Candy tuvo a su tercer bebé, que nació tres años después de la boda de Albert, esta vez fue otra niña, que para asombro de todos, no se parecía a sus padres, si no a su abuela Eleanor, y que al final decidieron nombrar igual que ella.
Cuando Isabella cumplió diez años, Terry decidió que se mudarían a Inglaterra, debido a un proyecto que la compañía teatral tenía en ese país. Para ese entonces, Terry había dejado la actuación y junto con Robert, se encargaba de la producción de las obras.
Ellos compraron una casa cerca del río Avon, Candy se encargó de decorarla personalmente. Cuando terminó con el interior de la casa, ella se dedicó a plantar muchas flores en su gran jardín. Albert se encargó de llevarle unos brotes de Dulce Candy desde Lakewood, que ella plantó con mucho cariño y que con el pasar de los años, ella se dedicó a cuidar personalmente.
Una noche, después de celebrar su treceavo aniversario de bodas, los dos se quedaron platicando frente a la chimenea de su casa, tal y como lo habían hecho muchos años atrás, en aquellas inolvidables vacaciones en Escocia.
- A veces me pregunto qué hubiera pasado si no te hubiera alcanzado ese día en el muelle – Dijo Candy.
- Mientras estuviéramos vivos, estoy seguro de que nos hubiéramos encontrado de nuevo.
- ¿Tú crees?
- Claro, nuestro destino era estar juntos, por siempre.
Candy abrazó a Terry con fuerza
- Te amo, mocoso engreído…
Terry comenzó a reír – Y yo te amo a ti, mi pequeña tarzan pecosa… Te voy a amar siempre, pase lo que pase…
Esa noche los dos hicieron el amor frente a la Chimenea, con la certeza de que, pasara lo que pasara, el destino siempre los mantendría unidos…
FIN
LES AGRADEZCO INFINITAMENTE A QUIENES SE TOMARON LA MOLESTIA DE SEGUIR MI HISTORIA, YA SEA POR PRIMERA O POR SEGUNDA OCASIÓN.
LE AGRADEZCO A SOFÍA, ELI, ALINEAR, BLANCA, AURORA, DIANLEY, GLADYS, AMRICA, MARITZA, MARINA, YESHUA, Y A TODAS LAS GUEST, POR SUS COMENTARIOS. DISCULPEN SI NO LOS CONTESTÉ, PERO REALMENTE NO TENÍA MUCHO TIEMPO PARA COMENTAR CADA CAPÍTULO.
AHORA SI TRATARÉ DE ESCRIBIR UN CAPÍTULO MÁS DE "INALCANZABLE", ESPERO PODER PUBLICARLO LA PRÓXIMA SEMANA.
LES AGRADEZCO SU PACIENCIA, ASÍ COMO EL TIEMPO QUE SE TOMARON EN LEER CADA CAPÍTULO.
GRACIAS, MUCHAS GRACIAS A TODAS, LES MANDO UN GRAN ABRAZO Y UN SALUDO MUY AFECTUOSO A CADA UNA DE USTEDES, NOS LEEMOS PRONTO.
