HOLA CHICAS, HOY LES TRAIGO UN CAPÍTULO NUEVO, ESPERO QUE SEA DE SU AGRADO...
GRACIAS A TODAS POR TODOS SUS COMENTARIOS... ESPERO SEGUIR CONTANDO CON SU APOYO...
El camino a Londres fue muy largo y tedioso para Terry.
Si bien, su humor había mejorado un poco desde que habían salido, no estaba para nada feliz de hacer aquel viaje.
Se pasó casi todo el camino ensimismado en sus pensamientos.
No podía dejar de pensar en Candy y en la manera en que había tenido que irse... Sin poder despedirse y sin poder decirle que... No sabía exactamente que quería decirle... Sólo tenía claro que no quería ni podía estar alejado de ella.
Otra de las cosas que tenía a Terry al borde de perder la paciencia era su hermana...
Susana se pasó todo el trayecto hablando de sus planes para brillar en todos los bailes a los que irían.
También habló de hacer unas cuantas visitas a las tiendas de moda en la ciudad.
Pero a Terry nada de eso podía importarle... El único motivo de alegría que tenía era que por fin, después de tanto tiempo, se reuniría con el capitán Price y conocería a Albert.
Candy ya le había hablado mucho de él y estaba seguro de que se llevarían muy bien.
-¿Quieres prestarme atención?
-le dijo Susana, que había estado hablando sin que él se enterara de una sola palabra.
-Perdón, ¿Qué decías?
-Decía que al parecer tendremos muy grata compañía en los bailes… casi toda la nobleza estará presente…
-Me muero por volver a interactuar con gente civilizada...
Hace tanto que no asistimos a un baile digno.
-¡Qué bien! -dijo Terry con excesivo sarcasmo.
-No entiendo por qué reniegas de tu condición… Eres el hijo de un duque y debes relacionarte con gente de tu nivel…
Terry sólo pudo reír por el absurdo comentario de su hermana.
-Eres un caso perdido, dijo Susana.
Mírate, has estado todo el trayecto con esa cara de pocos amigos...
-¿Podrías al menos mostrar un poco de buen humor? sé que preferirías haberte quedado en Hertfordshire…
Esto último lo dijo en un tono conspirador, cómo si supiera algo que los demás desconocían.
Aquello encendió las alertas de Terry que inmediatamente supo que había algo raro.
Susana sabía más de lo que demostraba.
Era casi seguro que ella conocía el verdadero motivo por el que su padre lo había mandado a Londres.
No era tan tonto cómo para creer que sólo lo había mandado para salvaguardar la integridad de sus hermanas.
Sabía que había algo más, pero no iba a preguntárselo.
Pues era justo lo que su hermana quería, ella siempre había disfrutado sembrando las semillas de la duda y la desesperación.
Y Terry no estaba dispuesto a caer.
Sería más inteligente y la atraparia en su propio juego hasta que fuera ella misma la que confesara lo que sabía.
-por supuesto que me gustaría estar en el campo… nunca me ha gustado permanecer mucho tiempo en la ciudad.
-Siento tanto escuchar eso, porque vas a estar aquí una buena temporada. –dijo ella con cierto sarcasmo en su tono de voz.
Terry comprendió entonces que su hermana sabía mucho más de
Terry se preguntó cómo era posible que su hermana supiera su secreto… Susana nunca parecía estar tan al pendiente de sus actividades, y sin embargo…
En un impulso, Terry quiso saltar sobre su hermana y hacerle confesar lo que sabía, pues estaba seguro de que ella tenía información que él no conocía.
Pero sabía que no podía perder la calma, pues eso era precisamente lo que su querida hermana quería… siempre había disfrutado de tener bajo su control a todo el mundo, pero él no iba a entrar en su juego.
-Y bien… ¿A qué baile asistiremos primero? –dijo Susana cambiando abruptamente de tema, como era su costumbre.
-Supongo que eso no importa, puedes escoger si quieres. –dijo Terry restándole importancia al asunto.
Logrando que Susana arqueara la ceja por el repentino cambio de humor de su hermano.
Finalmente llegaron a la casa que la familia tenía en Londres.
Los sirvientes que habían allí, les dieron la bienvenida, y los recibieron amablemente.
Susana rápidamente se apropió del mejor cuarto de la casa y pidió que le ayudaran a acomodar su equipaje.
La señora Leagan y Annie también se instalaron cada una en una habitación.
Por su parte, Terry tomó el cuarto más alejado posible.
Mientras los criados iban y venían trayendo y llevando cosas por órdenes de su hermana.
Terry solo pidió que le prepararan un baño, tenía planeado visitar al capitán Price ese mismo día, pues no soportaba estar encerrado en aquella casa todo el día.
Así pues, horas más tarde, Terry se encontraba en el recibidor de la casa que el capitán tenía en Londres.
El capitán lo recibió con alegría, expresándole lo contento que se encontraba de verle otra vez.
La casa era modesta, nada parecida a las mansiones que poseían las familias nobles como la de Terry, pero eso era algo que a él no le importaba.
Entraron en el despacho del capitán y hablaron de muchas cosas, entre ellas, la idea que el capitán tenía de mandar a su hijo a la universidad de Londres.
-Al principio Albert se negó, pues deseaba seguir mis pasos y convertirse en un oficial de la marina, pero en nuestro viaje de regreso a Londres ocurrió un accidente…
Un pequeño bote estaba naufragando en alta mar, desde luego prestamos la ayuda pertinente para rescatar a las personas que viajaban en aquella embarcación.
Había un muchacho herido, mi mujer hizo las veces de enfermera, y Albert se ofreció a ayudarle, juntos, lograron mantenerle a salvo hasta que estuvimos en tierra firme, entonces buscamos un médico…
Albert estuvo al pendiente del enfermo, y no paraba de hacer al médico preguntas.
Entonces se convenció de que debía convertirse en médico.
-Eso debe ser una fortuna, puesto que yo también asistiré…
-En tú última carta no comentaste que vendrías a Londres, la verdad es que no esperaba tu visita.
-Confieso que ni yo mismo esperaba venir tan pronto, pero mi padre ha dispuesto que mis hermanas sean presentadas en el palacio, están aquí para acudir a los bailes de la temporada.
-Es verdad, había olvidado que tienes por hermanas a dos señoritas, que deben ser unas beldades.
Estoy seguro que no habrá rival para ellas.
-¿Y qué me dices de ti? -¿Has venido a buscar una prometida?
-No, de ninguna manera...
- Disculpa la indiscreción, pero imagino que estás preparándote para tomar el ducado, y un hombre en una posición como la tuya, necesita de una esposa... Y que mejor oportunidad que la temporada, para hallar a tu compañera de vida.
No hallarás un mejor lugar que el salón de baile del palacio.
Terry sonrió levemente y dijo:
-Aún me falta mucho que aprender no creo estar listo para tomar el ducado.
El capitán comprendió entonces que el matrimonio era un tema delicado para su jóven amigo.
Había llegado a conocerlo tan bien, que se atrevía incluso a pensar que su afecto ya se hallaba comprometido.
Pero no quiso atosigarlo con ese tema, pues sabía que él mismo se lo diría en cuanto estuviera listo.
-Debes quedarte a cenar, quiero presentarte a mi mujer y a mi hijo.
Terry aceptó con mucho gusto.
Cuabdo la hora de la cena llegó, Terry fue presentado a la familia del capitán.
Mary, la esposa del capitán era una mujer casi de la edad del capitán, bastante hermosa, y muy amable.
Y Albert...
A Terry le pareció que era un chico de lo más agradable.
Poseía una capacidad increible para la conversación y era muy inteligente.
Pero lo que realmente le sorprendió fue que entre él y Candy había muchas similitudes de carácter.
Albert, era un muchacho amable y bondadoso, siempre dispuesto a ayudar a los demás, igual que Candy, también le sorprendió que entre ellos había cierto parecido físico también.
Ambos eran rubios, la diferencia entre ellos residía en que Albert tenía los ojos de un azul profundo, mientras que los de Candy eran de un verde indescifrable. A veces adquirían tonos azules que los hacía tan claros cómo l agua más cristalina y otras veces eran tan profundos que podían ser comparados con dos brillantes esmeraldas.
-Así que está aquí para acompañar a sus hermanas... -dijo Albert, sacando a Terry de sus pensamientos.
- Sí, así es, pero por favor sólo llamame Terry, odio las formalidades, y más cuando estoy en compañía de amigos.
Siendo así... ¿Puedo preguntar por Candy?
-Candy no ha venido a la ciudad, respondió Terry.
-Esperaba que... Es decir, después de su última carta... Creí que había posibilidades de que viniera a la ciudad.
-Albert, por favor no seas impertinente. - dijo el capitán.
-descuida, no me parece inoportuno que desee tener noticias de Candy, especialmente cuando han pasado mucho tiempo sin verse.
-Es verdad, la ultima vez, teníamos esperanzas de pasar navidad aquí en Londres, desafortunadamente mi padre demoró su viaje y no pudimos venir.
-¿Y por qué motivo no está aquí ahora?
-Mi madre, no se encuentra bien de salud, y Candy se ha quedado para hacerle compañía... Además cómo he mencionado, mis hermanas están aquí para hacer su presentación en sociedad, y Candy es aún muy joven para ser presentada.
Albert iba a decir que Candy estaba en la edad adecuada, pues pronto cumpliría diecisiete, pero optó por no hacerlo, simplemente asintió.
Además Terry le había parecido un tipo confiable y le habia agradado muchísimo, después de todo había sido por él que había reanudado su amistad con Candy, que sinceramente había dado ya por pérdida.
De repente recordó aquel día en que había recibido la carta de Candy.
Estaba en el comedor en compañía de sus padres, el mayordomo entregó el correo.
Cómo siempre, toda la correspondencia era para su padre...
Albert ya estaba acostumbrado a verlo leer cartas y cartas referentes a su trabajo.
Pero ese día fue diferente, pir primera vez en mucho tiempo, lo había visto sonreír al leer una carta...
-¿son buenas noticias del trabajo? Preguntó su madre.
-No cariño, he recibido carta de un querido amigo.
La sorpresa de su madre fue palpable, pues el capitán no solía hacer amigos fuera del trabajo.
-Se trata de un jóven a quién ayudé en una pelea hace tiempo... Desde entonces nos mantenemos en comunicación...
-Sólo espero que no se trate fe algún maleante.
Su padre se rió con ganas.
-No querida, mi joven amigo pertenece a la nobleza... Se trata nada más y nada menos que del hijo del duque de Grandchester.
Albert no podía creer lo que escuchaba, pues recordaba que Candy había sido adoptada por aquella familia...
Fue entonces cuando su padre se percató de que en el sobre de la carta de su amigo había un sobre más pequeño, y estaba dirigido a él.
Albert lo abrió completamente extrañado, pero al percatarse de lo que se trataba, su alegría fue inmensa.
En su carta Candy le contaba cómo había logrado enviar esa carta.
Desde entonces se escribían tan frecuentemente como podían.
Desde ese día, Albert guardaba alguna clase de afecto por Terry, pues pensaba que si dos de las personas más cercanas a él, le apreciaban, debía ser alguien especial.
Y ahora que finalmente lo conocía, se daba cuenta de que era un joven bastante agradable,y que además tenían la misma edad.
Albert había cumplido veinte ese año, y Terry estaba por cumplirlos también.
-Tu padre me ha comentado que asistiras a la universidad... -dijo Terry a Albert.
-Sí, así es... Me gustaría ser médico.
-Eso es grandioso. - comentó Terry, que ya conocía los planes de Albert.
Los jóvenes estuvieron habando de varios temas, hasta que se hizo tarde, entonces Terry se despidió, no sin antes invitar a cenar a la familia del capitán al día siguiente.
Cuando Terry notificó a sus hermanas que tendrían visitas ese día.
Susana inmefiatamente fue a vestirse y arreglarse lo mejor posible.
A Terry le divirtió que su hermana pensara que recibiría a alguien de la nobleza.
Durante la cena, Susana se comportó excepcionalmente amable, a pesar de que se había enterado de que las visitas no eran de su condición social.
Esto se debió en gran medida a que le pareció que Albert era un jóven bastante atractivo, por lo que trató por todos los medios llamar su atención.
Desafortunadamente para ella, Albert no estaba interesado.
Pero lo que realmente causó un golpe para el elevado ego de la muchacha, fue que Albert se mostró mucho más dispuesto a halagar a su hermana.
Fue tanta la rabia de Susana, que terminó abandonando la reunión sin dar explicación alguna.
Por su parte, Annie estaba muy contenta, pues era la primera vez que un muchacho la distinguía a ella por encima de su hermana.
Aquel acontecimiento, le dio confianza para acudir al primer baile de la temporada sin sentirse un plato de segunda mesa, que era cómo se sentía junto a su hermana.
Pensó en Albert...
Era muy guapo y tenía una conversación muy interesante.
Estaba dotado también de una gran sensibilidad y había descubierto que tenían gustos similares.
Le habló de sus viajes alrededor del mundo.
Además tenía unos modales muy refinados, se notaba que sus padres habían puesto mucho énfasis en su educación.
Pero así cómo había crecido su ilusión, también desapareció.
Valía más que se alejara ahora que podía o Susana se encargaría de arruinarlo.
Siempre sucedía lo mismo... Cada vez que pensaba que había logrado tener la atención de alguien, Susana terminaba quitándoselo de alguna forma.
Annie no dudaba que si decidía continuar su amistad con Albert, Susana se lo diría a su padre, tal como había hecho con Terry.
La hora de marcharse al baile casi había llegado, Terry esperaba con impaciencia a sus hermanas.
La primera en aparecer fue Annie desde luego.
Se veía muy linda con el vestido que había elegido, y de pronto Terry supo por qué había atraído tanto la atención de Albert...
Su cabellera larga y oscura enmarcaba delicadamente su rostro, y sus ojos azules le daban un aire de irrealidad.
Nunca lo había pensado, pero Annie en algún momento Annie se habia convertido en una chica muy bella.
Pero claro que lo había hecho... Se reprendió él... Y al mismo tiempo recordó que Candy y Annie tenían la misma edad, y sintió un poco de vergüenza por sentir interés romántico por una, y pretender que la otra era una niña.
-Estás muy linda ésta noche Annie, seguro tendrás una fila de caballeros rogando pir un baile.
Annie le sonrío, y Terry notó que había algo extraño en esa sonrisa...
Horas más tarde, Terry vagaba por el salón de baile, había logrado eludir a varias señoritas, que prácticamente se habían arrojado a sus brazos para que las invitara a bailar.
Y se vio forzado a invitar a otras más, cuidándose de no bailar con la misma chica dos veces, pues sabía de sobra que si lo hacía, comenzarían a correrse rumores de que estaba interesado en cortejar a alguna chica.
Pensó en lo que había dicho a Annie.
Y tal parecía que quién tenía una fila detrás era él mismo.
Aquel pensamiento hizo que un escalofrío le recorriera.
Mientras recorría el salón, vio a Susana, que parecía ser la dueña del lugar.
Era la envidia de la mayoría de las mujeres y el anhelo de muchos caballeros.
La señora Leagan se encontraba en una agradable charla con mujeres qye como ella, estaban allí como acompañantes de las señoritas de buena cuna.
Aquello no le sorprendió, lo que realmente le alarmó fue ver a Annie sentada en un rincón, como si no quisiera ser hallada.
Terry se encaminó hacia ella y la invitó a bailar, para hacer que le confiara el motivo de su actitud.
-¿cuánto tiempo llevas ahí sentada?
Annie sólo se encogió de hombros.
-Annie, sé que no he sido un ejemplo de hermano, pero no soy tan imbécil...
Sé que algo anda mal...
Puedes confiar en mí, te asuguro que haré lo posible por ayudarte.
Annie agachó la cabeza parecía estar a punto de llorar, así que Terry decidió sacarla del salón.
La llevó al jardín y le ayudó a sentarse.
- Me estoy preocupando... Annie, por favor, qué te sucede...
Otra vez reinó el silencio, Terry comenzaba a pensar que era inútil esperar a que Annie hablara, cuando finalmente lo hizo...
-Estoy muy preocupada...
-Ya te he dicho que yo puedo ayudarte a resolver lo que sea que...
-Eres tú quien me preocupa...
-Yo... Musitó él con incredulidad.
-¿Por qué te preocupo?
-Nuestro padre ha descubierto que entre Candy y tú existe algo más que amistad, y te ha mandado aquí con el propósito de que consigas una prometida y te cases cuanto antes...
-Pero ¿cómo? Es decir… ¿cómo sabes que Candy…?
-La señora Leagan se lo dijo a Susana… y ella…
Annie no terminó la frase, pero no fue necesario… ahora Terry sabía con exactitud lo que sucedía… y no pensaba permitir que se le manipulara de esa manera…
