Chapter 12

El Mayor de Todos los Miedos

Habían sido una noche larga, nevó ligeramente en aquella cuenca. Durmieron bien a pesar de todos los obstáculos que les presento el clima, estaban impacientes por la llegada de aquel dragón. Sólo sabían que arribaría en aquel lugar, pero no cuándo, la mañana ya era adulta, habían pasado varias horas de luz solar sin ninguna aparición. Las nubes que se posaban en el sol daban aspecto de que fuesen las primeras horas de la mañana, la nevada ligera sólo fue nocturna, ahora la nieve se derretía arrastrando las hojas y pétalos del suelo. Hikari era la más impaciente caminaba en círculos, iba, venía. Los demás permanecían tranquilos pero impacientes por dentro, recargados en los árboles, o mirando al cielo, esperando la señal de la pelea, estaban impacientes por llevar a cabo aquella pelea, era extraño. Inuyasha se sobresaltó de pronto.

-Está aquí….

Las mujeres giraron la cabeza, los árboles comenzaron a doblarse, el gigantesco dragón que se contaba era negro como la noche, descendía, pero esta vez era de un color grisáceo, triste, se confundía con el cielo. El dragón termino en el centro de la cuenca, miraba a los cuatro, parecía que sonreía. Inuyasha desenvaino a tessaiga.

-¿Están listas?

-¡Sí!- respondieron todas al unísono, preparando sus armas. El dragón se quedó mirando, entonces todos comenzaron el ataque, Sango e Hikari atacaron juntas, Inuyasha saltó tras de ellas y golpeo al dragón, éste retrocedió mientras una flecha se incrustaba en lo que parecía ser su abdomen, era bastante robusto. Yumiko lanzaba sus flechas espirituales sin detenerse. El dragón continuó retrocediendo dando coletazos a sus atacantes. Las flechas seguía su curso, una tras otras penetraban el abdomen de la bestia. Algo extraño sucedía, Yumiko dejó de lanzar las flechas con poder espiritual que hacían retroceder al dragón, se quedó inmóvil un instante. Los demás habían hecho retroceder a aquel dragón hasta el conjunto de árboles más grande. Seguían peleando cuando un impulso Yumiko miró al suelo, luego regreso la vista, pero sus ojos eran de un gris profundo, tenso su arco y lanzó una flecha, está se incrustaba en el hombro de Inuyasha, Sango e Hikari voltearon a ver con horro a Yumiko, que ahora desprendía un aura maligna mientras se reía, Inuyasha permanecía atrapado por la flecha que lo mantenía clavado a un árbol. Inuyasha miró a Yumiko, recordaba a Kikyo, aquella tarde trágica en que la mujer que amaba lo atacaba, y terminaría sellándolo a un árbol por cuarenta y ocho años, pero esto era peor, no había sido sellado, intentaban matarlo, intentó quitarse la flecha con su mano libres, pero la fuerte carga espiritual que tenía la flecha le impedía que esta se acercarse, parecía que se quemaba cuando su otra mano se aproximaba a la flecha. Mientras el grupo permanecía distraído por las acciones de Yumiko, el dragón consiguió golpear con un coletazo a Hikari, que golpeo el cuerpo de Inuyasha y cayó inconsciente a los pies del hanyou, dejando caer a lo lejos el báculo lunar. Tessaiga permanecía tirada muy lejos de su alcance, no sabía qué hacer. Yumiko preparo otra flecha apuntaba a la cabeza de Inuyasha que ya sangraba de la boca. La flecha fue lanzada, pero Sango corrió hacía sus compañeros y los cubrió con hiraikotsu. El poder espiritual de aquella flecha hizo que la transformación entre hiraikotsu y la daga de la furia quedara cancelada. La daga giró hasta quedar clavada entre el pasto y la nieve. Yumiko sonreía mientras tiraba el arco de Amaterasu al suelo.

-¡Despierta Yumiko qué haces! – gritó Sango mientras se levantaba del impacto de la flecha. Yumiko no respondió, el dragón no atacó, observaba. Una risa rompió el silencio, era Naraku, tenía una gema totalmente negra en sus manos, emanaba energía maligna, igual que Yumiko.

-Ella no te hará caso Sango. Lamento decirte que no sabe quién eres. Mi gema de control mental la hace mía hasta que yo lo decida. ¡Yumiko, atacalos!. – Yumiko cogió su viejo arco y lanzo otra flecha, Sango protegió de nuevo a sus amigos, pero hiraikotsu comenzó a agrietarse.

-¡Eres un bastardo Naraku!. Gritó Inuyasha.

Naraku se acercó a tessaiga mientras se reía de Inuyasha, cogió el resto de las armas y guardó la gema de control. Naraku comenzó a sufrir una transformación, parecía más grande, más monstruosos, pero seguía siendo humano. Cogió el báculo de la luna y coloco la daga de la furia en una abertura que tenía en la punta, con su otra mano cogió a tessaiga y se acercó al dragón.

-¿Con que tú eres el heraldo del fin de los tiempos? Ven niños así es como se usan estas armas. Yumiko ataca a ese dragón. – Yumiko levanto el arco de Amaterasu del suelo, Inuyasha miraba la escena impotente, Sango se levantaba aún estaba aturdida por el golpe de la última flecha. Naraku continuó su discurso contra el dragón. – Tu muerte me convertirá por fin en un demonio completo. Y el fin de los tiempos sólo será propiciado por mí. El gran Naraku. – Naraku se precipitó contra el dragón, mientras Yumiko lanzaba una flecha. Naraku creyó que un ataque en conjunto de las cuatro armas daría un fin rápido al dragón, pero su sorpresa fue mayúscula, cuando éste no retrocedió como lo hizo con el ataque del grupo, y fue peor para Naraku mirar que el dragón no sufrió ningún daño. El dragón parecía sonreír de nuevo, éste comenzó a hablar con los presentes, sin mover su boca, sólo escuchaban en sus cabezas las amenazas que dirigía a Naraku.

-¡Idiota! ¿Creíste que sería tan fácil deshacerse de mí? Sólo retrocedía para darte la ilusión de que podrías derrotarme inútil hanyou, sentí tu presencia desde que llegué al lugar. Esperabas en las sombras el momento para atacar. Eres un cobarde. Lamentó decirte que el mito sobre estas armas es una mentira, yo cree ese mito, para que alguien trajera estas armas y quedaran bajo mi poder, y ese alguien has sido tú. ¿De verdad no sabes quién soy? Soy el guardián del Yomi, el dios dragón, me alimento de las almas de los muertos y anuncio la destrucción. Sin la perla de shikon, y ahora con estas armas nadie me dará alcance. ¿Pero dónde están mis modales? Deja recompenso tu generosidad Hanyou.

El dragón se aceró a un Naraku que quedo petrificado por el miedo, la escena era terrible, las flechas que habían impactado al dragón desaparecieron, no había heridas y su tamaño parecía incrementar. Lanzó una enorme energía que se expandía cuando salía de su hocico, dirigida hacia Naraku. La enorme bola de energía lo golpeo. Naraku había desaparecido de la faz de la tierra, un enorme halo de destrucción quedo en la zona que rodeaba a Naraku. La naturaleza, la nieva, la tierra, parecía que algo había quemado todo en el lugar, sólo quedo tessaiga clavada a al tierra negra, y el báculo lunar partido en dos. Hikari miraba aquella escena con horro, corrió hacía el báculo. Yumiko había perdido el arco durante la explosión había salido por los aires hasta quedar a distancia del lugar de la pelea. Sango cogió a Hirakotsu, Hikari tenía su arma , cogió los trozos con cada mano y atacó al dragón. Sango intentó seguir tras Hikari. La pelea se prolongó por unos minutos mientras Inuyasha miraba impotente la escena. El dragón logro golpear a Hikari, y la sostuvo con sus fauces. Golpeó con su cola a Sango que termino tirada en el suelo, estaba mal herida. Quedó bocabajo, se arrastraba con dolor, no podía estirar bien sus brazos, el golpe en la espalda le había sembrado todo el cuerpo, era un dolor descomunal, las lágrimas salían de sus ojos, creía que este era el final, no tenía fuerzas para gritar a Inuyasha. El dragón continuaba con Hikari apresada de un brazo en su boca. El dragón se distrajo mirando a Inuyasha, desafiándolo, sabiéndolo inútil en aquel momento. Hikari aprovecho la distracción y clavo una mitad del báculo de la luna en uno de sus ojos. El dragón la soltó y gritó de forma inusual, había sido lastimado, el dios dragón del Yomi estaba herido, comenzó a retorcerse, el ojo sangraba y no podía quitarse el artefacto del ojo. Intentó huir pero Hikari valientemente corrió y clavo la otra mitad del báculo en una de sus patas, el dragón volvió a chillar, pero está vez regreso hacia Hikari, cogiéndola con su otra pata y arrojándola a los aires, aún más alto que el vuelo de aquel dragón. Hikari llego a un punto bastante alto después de ser arrojado, lo siguiente que vio fue al dragón abrir sus fauces nuevamente y lanzar una esfera de energía similar a la que lanzó a Naraku. Vio todo y a la vez nada, vio a sus amigos que permanecían abajo heridos, los días que ellos la protegieron, a su clan siendo exterminado por demonios, y el paisaje de la primera noche que pasó junto a Sango e Inuyasha, cerró los ojos, una lágrima alcanzo a descender de su rostro antes del impacto. Una enorme explosión hizo brillar el cielo, Inuyasha se cubrió lo ojos mientras miraba la atroz escena, Sango a pesar de sus fuerte dolores hizo lo mismo, Yumiko permanecía desmayada en la lejanía. El cielo volvió poco a poco a su aspecto, a su luz de atardecer, a los nubarrones. Hikari también había desaparecido de la faz de la tierra. El dragón no estaba más, había desaparecido. Sango lloraba en el suelo, Inuyasha lloraba igual, después de mucho tiempo, lloraba por su impotencia, y al igual que Sango lloraba por la pérdida de Hikari, era una de ellos, era como su familia, y la poca felicidad que conocían estaba en ese pequeño grupo. Un montón de cenizas comenzaron a caer desde la zona del impacto, parecía irreal, pero parecían cenizas de luz, acariciaban el rostro de Sango, el de Inuyasha, limpiaban su llanto, despertaban a Yumiko de su sueño, a pesar de todo, también sabía lo que había sucedido. Comenzaba a nevar otra vez, las cenizas de luz hicieron brillas a las flores, hacía brillar sus rostros, el cielo, a pesar de la terrible tristezas, todo brillaba, era hermoso y a la vez trágico, era el último regalo de Hikari para ellos.