"Sweet Little Things"
Por Vejibra Momiji (Lady Padme)

"Los destellos de sus ojos inocentes,
El llanto del infante entre sus brazos,
Una criatura ha venido al mundo".

11. Primavera:

Sostenía la carta entre sus manos temblorosas, su vista perdida en el jardín seco frente a ella con los sus hombros descubiertos por la prenda de vestir rojiza hecha de seda que llevaba puesta, mantenía su cabello negro como la noche suelto cayendo como una lisa contra su espalda desnuda. Sus ojos observaban el lugar inerte frente a ella, mientras las primeras flores de la primavera florecían delicadamente en medio del fúnebre lugar.

Sus ojos castaños, casi dorados observaban en la distancia, mientras mantenía la seriedad constante de su rostro contra la luz del nuevo día. La primavera en la nación del fuego no era muy diferente del invierno o alguna otra estación, al ser una nación de vientos cálidos y fuego, usualmente el invierno solo consistía en una disminución pequeña del calor, prologando lluvias constantes y tormentas. Fuera de eso el lugar era bastante agradable.

Por lo que la llegada de la primavera no marcaba diferencia alguna en el cambio de estaciones, solo un pequeño aumento en la temperatura del viento así como la prosperidad de muchas clases de plantas y flores pequeñas.

-"Señorita Mai, ¿se encuentra bien?"- un sirviente pregunto inquieto al observar como la muchacha no dejaba de observar su jardín.

-"Noticias del campo de batalla... Azula fue herida"- miró al sirviente manteniendo su semblante serio –"estará bien, no fue nada grave después de todo, pero al parecer este desafortunado incidente me convierte en la comandante de la nación del fuego durante los próximos meses"-

-"¿Significa...?"-

-"Soy como la nueva soberana... o algo así, al menos durante los próximos meses, hasta que Azula se recupere completamente"- camino delicadamente por su habitación para sentarse a escribir unas cuantas ordenes del día –"Azula y parte de su ejercito están retornando, para que la reina pueda recuperarse al cuidado de médicos de la nación."- cerró sus ojos –"entrega estas cartas a los comandantes en las tierras al norte, este y oeste"- se levanto con cuidado –"serán unos meses muy pacíficos para las otras naciones..."- sonrió –"puedes... ¿traerme mis herramientas de jardinería?"-

-"Como ordene señorita Mai"-

-"Una cosa..."- miró al sirviente con cierta tristeza –"asegurasen que el prisionero tenga todas las comodidades..."-

-"Como ordene"-

-"La primavera..."- miró a la distancia nuevamente el vacío jardín –"veamos si puedes quedarte conmigo un poco más."-

--

Ty Lee recostó con cuidado a su pequeño hijo sobre las pieles cubriéndolo con mantas cálidas para que el pequeño pudiera descansar después de pasar aquellos días intentando huir de la presencia de los soldados de la nación del fuego.

Cerró sus ojos castaños recordando los rostros de los asesinados y de los heridos, el terror en cada uno de ellos, lágrimas recorrieron sus mejillas, se sentía tan avergonzada de lo que había sucedido, del dolor que se regaba a su alrededor, del sufrimiento que su propia sangre podía causar a la gente a su alrededor, de comprender por instantes, el rencor destellante en los ojos de Jet, de venganza, contra los suyos...

Era doloroso pensar que la persona que más amaba, era en el fondo el enemigo de tu gente; con cuidado se aseguro que el niño estuviera completamente dormido, dejando un suave beso sobre su cabeza, se acerco a la otra esquina de la cueva en la cual se encontraban ocultos, miró a Jet tratando de envolver con mantas la herida de su hombro.

-"¿Te ayudo?"- preguntó tímidamente, algo poco característico de ella, pero todo era fuera de lugar en su personalidad desde el momento en que sus labios tocaron los de Jet.

-"¡No!"- gritó molesto mientras sus dientes apretaban la tela, estirando la misma con su otra mano para generar una presión firme sobre la sangrante herida. Los ojos castaños se tornaron tristes. –"lo... lamento..."- murmuro el muchacho mientras reprimía una mueca de dolor –"¿cómo se encuentra Han Lee?"- los ojos de la muchacha lo encontraron.

-"Bien... estaba asustado, pero se encuentra mejor..."- cerró sus ojos –"por un momento... al ver la mirada de Azula, por un momento..."- no podía evitar las lágrimas salir de sus ojos ante la sola idea de perder a su hijo cruelmente en las manos de la soberana de la nación del fuego, la que alguna vez fue una de sus mejores amigas –"ella es capaz de todo... lo hubiera torturado... lo... no quiero ni imaginarlo..."-

-"No lo hagas..."- se acercó lentamente a la joven, colocando su mano sobre la mejilla suavemente, acariciando la piel con delicadeza como si de tratara del pétalo de una rosa, ante tal contacto Ty Lee no pudo reprimir un pequeño gemido de éxtasis.

-"Jet..."- sus ojos brillaron ante la mirada del muchacho, con timidez acorto la distancia entre los dos, rozando sus labios suavemente, aquel tímido contacto activo los sentidos del joven, quién bruscamente la sujeto, girándola contra las pieles debajo de ambos, colocándola bajo su cuerpo. Los ojos castaños se abrieron en sorpresa mientras el rubor comenzaba a subir en sus pálidas mejillas, Jet sostenía con una mano las dos muñecas femeninas extendiéndolas sobre la cabeza de la chica, así mismo una de sus rodillas se encontraban en medio de las piernas de la muchacha, apretó su cuerpo masculino contra el frágil cuerpo mientras escondía su rostro en la intersección de su cuello y hombro, aspirando el deliciosa aroma a fresas de su piel.

-"mhm..."-

-"¿Jet...?"- podía sentir aquellos labios sobre su piel, mientras su mano libre recorría cada una de sus curvas –"no... Jet... no podemos, ah!"- las sensaciones recorrían su cuerpo intensamente –"ah!.."- apretó sus labios ahogando un gemido al sentir la mano cálida de Jet en medio de sus piernas –"detente... Han... esta durmiendo... tus hombres..."- cerro sus ojos mientras el corazón palpitaba furioso contra su pecho.

-"shh..."- susurró mientras sus ojos se encontraban, delicadamente besó sus labios y la muchacha se dejo llevar por la pasión que la embargaba.

--

Durante dos semanas, poco a poco la nieve comenzaba a desaparecer de los grandes bosques alrededor del pueblo y la mansión escondidos entre las montañas, regalando a todos una maravillosa vista de colores verdes, grandes ríos y el sonido de los pájaros cantando todos los días recibiendo así la primavera.

Sus ojos mostraban una calidez infinita al encontrar un mundo como aquel frente a ella, observando con atención los grandes árboles, sintiendo el viento cálido acariciar su rostro, mientras saboreaba en sus labios los olores de la primavera.

-"¿Señorita Guan-Yin?"-

-"¿Si...?"-

-"La señorita Katara"- un hombre anciano miró a la vidente con una sonrisa levemente perceptible en sus ancianos labios –"esta mejorando exitosamente... aún no despierta por la fiebre que padeció, lamentablemente en estas semanas, pero su cuerpo esta mejorando, la cantidad de sangre que perdió pudo provocar que muriera, pero... la joven tiene una voluntad de hierro que no permite que se rinda por nada del mundo."-

-"Me alegra mucho escuchar las noticias"- murmuró la joven con una sonrisa –"¿y sabes algo del príncipe Zuko?"

-"A su lado, como ha permanecido durante las últimas dos semanas"- el anciano parecía meditar –"padecía de un sufrimiento extremo... mucho dolor en sus ojos"-

-"Bueno, es su esposa..."- suspiro –"se encontraba preocupado por ella"-

-"La primera noche, se veía destrozado, especialmente porque la señorita Katara no dejaba de sangrar..."- cerró sus ancianos ojos –"la cantidad de sangre... la desesperación, ni yo mismo puedo creer que la joven sobreviviera, una persona cualquier podía haber muerto de la cantidad de sangre perdida"-

-"No debemos preocuparnos más, ya paso..."- sonrió –"¿y cómo se encuentra?

-"¿Se refiere al recién nacido?"- el anciano coloco su mano contra su barbilla –"mejorando lentamente, esta respirando sin dificultad, su corazón aún es frágil por los latidos, pero la cantidad de calor a su alrededor permiten que poco a poco se mantenga en una temperatura estable..."- el sirviente se mantuvo en silencio –"el príncipe Zuko no ha ido a ver al bebé aún..."- el anciano murmuro débilmente, Guan-Yin cerró sus ojos con tristeza.

-"El padre de la criatura esta pasando por una etapa... aceptando muchas cosas y perdonándose otras más, pero... debemos darle tiempo, después de todo ha pasado por mucho estas últimas semanas, deja que se acostumbre a la idea, que see de cuenta de la realidad y cuando sea el tiempo justo..."- cerró sus ojos –"él irá a verla"-

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Una semana después...

Sus ojos dorados se mantenían en la muchacha que descansaba sobre la cama, su piel se encontraba pálida en el color moreno de la misma, los ojos cerrados mientras su cabello ondulado caía como cascada contra las almohadas sobre las cuales reposaba su cabeza.

Sostenía su mano fría entre las suyas, tratando de brindarle un poco de su calor corporal mientras repetía una y otra vez que lamentaba haberla herido de aquella manera, cerrando sus ojos mientras gruesas lágrimas se desplazaban por sus pálidas mejillas.

-"Ella esta dormida... pero puede escucharte"- una voz suave habló a su espalda. –"lo más seguro es que te haya perdonado... ¿por qué seguir torturándote de esta forma?"

-"Deje muy claro que quería que te mantuvieras alejada de mi"- respondió con cierto rencor.

-"Hice lo que me pediste príncipe Zuko..."- cerró sus ojos –"pero no puedo seguir más tiempo alejada"- con paso lento pero firme caminó hacia el lecho donde descansaba Katara –"necesitaba intervenir cuando veo que eres demasiado injusto"-

-"¿Injusto?"- estrecho sus cejas con indignación –"¿¡a qué te refieres!?"-

-"¿No crees que has abandonado a una criatura inocente las últimas semanas?"- respiró profundamente –"una criatura que lleva tu sangre"-

-"Yo..."- apretó la mano de Katara –"no deseo verlaen este momento"-

-"No creo que sea justo..."-

-"¿¡Y qué mi esposa se encuentre en este estado, lo es!?"- gritó con frustración

-"No, pero recuerda que en un principio... fue la consecuencia de tu error, príncipe Zuko"-

-"No..."- sus ojos encararon los ojos de la muchacha –"¿por qué no me detuviste?"-

-"¿Acaso podría a verlo hecho...?"- suspiro –"las cosas solo pasan, y aunque cometiste un error, has sabido pagarlo, ahora no debes seguir culpándote... ni a la niña..."-

-"Su nacimiento..."- apretó sus puños –"su nacimiento puso en riesgo la vida de mi esposa"-

-"Como puede suceder en todo nacimiento, no eres el único hombre que ha perdido una esposa al dar a luz, son cosas que suceden..."- se arrodillo frente a Zuko –"tampoco puedes culpar a la pequeña de eso"- cerró sus ojos –"no me explico porque ella decidió nacer antes, considerando lo pequeña y frágil que se encuentra... pero esta viva Zuko, ella es la representación de los más profundos sentimientos que tienes hacia tu esposa"- coloco su mano en su corazón –"no es justo que la alejes de ti... porque la estas rechazando"-

-"Yo..."- la sensación de rechazo, el dolor de no sentirse amado por su propio padre, era como siempre se había sentido cuando era pequeño, sus ojos dorados se llenaron de sufrimiento.

-"Sin darte cuenta estas haciendo lo mismo que tu padre..."-

-"¡No soy igual a Ozai!"- grito mientras ahogaba sus lágrimas, con una sonrisa triste se inclinó para depositar un suave beso sobre la frente de Katara –"volveré en unos momentos... tengo que ver a nuestra hija..."- sonrió soltando la mano de Katara para salir de la habitación.

--

Tenía que admitir que se encontraba asustado, durante las últimas tres semanas desde su nacimiento, había procurado permanecer junto a su esposa, sin alejarse ningún instante de ella preocupado por su salud, olvidando completamente a la pequeña, su hija...

Pero en el fondo sabía la realidad, por un instante había culpado a la pequeña del estado frágil en Katara, al llegar a la mansión, había escuchado al médico que el nacimiento de un bebé como el de ambos había puesto en riesgo la vida de su esposa, que sería así con cada nacimiento... pues ambos eran elementos opuestos y sobre todo maestros de aquellos elementos.

Estaba molesto consigo mismo, por sus acciones pecaminosas y haber abandonado a su bebé, estaba adolorido en el fondo de su corazón porque podía a ver perdido a Katara, pero en el fondo de su doliente alma se encontraba feliz porque su hija, aunque pequeña parecía estar fuerte. Al menos eso era lo que había escuchado.

Al entrar en la habitación oscura y pequeña, miro la cantidad de lámparas y velas alrededor de la cuna donde descansaba el bebé, mirando a Guan-Yin, obtuvo de la muchacha una mirada de aprobación para acercarse a la pequeña, sus pasos eran lentos hasta que comenzó a divisar en medio de las mantas, una pequeña cabeza, demasiado pequeña, con un poco de cabello oscuro comenzando a crecer en ella, en la oscuridad de la habitación y la tenue luz de las lámparas no podía distinguir el color del cabello de la bebé. Pero si podía ver que a diferencia de otros bebés, su hija se veía demasiado frágil. Eso lo atemorizó más.

-"¿No...?"- trago saliva –"no se ve muy grande..."- susurró mientras un dolor punzante abrigaba su corazón.

-"Nació dos meses antes de lo previsto... le hemos brindado los cuidados necesarios, pero aún es pequeña, solo esperamos que pase estos dos primeros meses para que obtenga todos los rasgos naturales de un bebé de nueve meses"- miró la palidez en la piel del príncipe y la duda en sus ojos –"puedes cargarla si deseas"-

-"Yo..."- su cuerpo temblaba –"no podría hacerlo..."- tenía miedo que al sostenerla en sus brazos se quebrantara como una muñeca de porcelana, en sus ojos, su hija parecía una.

-"¡Tonterías!"- la muchacha se acercó junto al joven y con cuidado sujeto a la durmiente criatura entre sus brazos con las mantas rodeándola, colocando su cabeza con cuidado entre sus brazos, un leve movimiento alerto a los dos presentes que estaba comenzando a despertar –"mi cuerpo no es tan cálido como el tuyo, tómala..."- entregó a la pequeña a los brazos de su padre, colocando la pequeña cabeza y el cuerpo entre la seguridad de los brazos paternos, aun sorprendido y sin saber que hacer, Zuko sujeto a su hija, confundido miro los pequeños ojos comenzar a abrirse lentamente. En la oscuridad podía distinguir el tenue tono de piel de la pequeña, un color canela.

-"Sus ojos..."- enarco una ceja –"son... ¿plomos?"- miró a Guan-Yin con confusión, mientras sus ojos dorados brillaban con preocupación.

-"Es normal... tiene apenas tres semanas de haber nacido y sus ojos no se han expuesto a la luz solar"- al mirar el rostro confundido del muchacho, Guan-Yin suspiro –"los recién nacidos obtienen su color de ojos después de mirar la luz solar por primera vez, la luz se filtra en su mirada y le da el tinte de ojos que necesitan..."- sonrió –"usualmente los ojos plomos llegan a ser castaños o cafés..."- silencio –"dependiendo del origen de los padres del bebé"-

-"¿Castaños o cafés?"- se encontraba confundido, al menos esperaba los ojos del color de su esposa... pero...

-"Si notas bien su tono de ojos se encuentran entre plomo con un tinte dorado"- enfatizo la muchacha –"tendrá ojos dorados, príncipe Zuko"- sonrió débilmente.

-"El color de mis ojos"- la niña entre sus brazos se movió lentamente, al mirar aquellos pequeños ojos, que pronto reclamarían el color dorado de su mirada, una emoción comenzó a embargar su cuerpo extasiándolo, jamás había sentido una sensación como aquella, un sentimiento puro de felicidad.

Con cuidado tomo una de pequeñas manitas que se escondían entre la manta y la sostuvo contra su dedo... su dedo era bastante grande comparado a los pequeños deditos de su hija, sin embargo lleno su corazón de calor... está era su hija, algo que era suyo... en aquellos momentos sus ojos se llenaron de lágrimas, no de sufrimiento ni de dolor, sino de alegría, una alegría tan intensa que parecía que su corazón fuera a explotar, hacía mucho tiempo que no llevaba en su alma tal emoción; arrullado levemente a la pequeña descendió sus labios hasta besar la suave frente.

-"Pensabamos que sería un niño..."- sonrió mientras las gruesas lágrimas resbalaban por sus mejillas pálidas, una de aquellas lágrimas cayó sobre el rostro de la infante –"supongo que Iroh no es un buen nombre para una niña..."- miro a Guan-Yin mientras mecía a su hija delicadamente –"¿aún conserva todo el cordón umbilical?"-

-"No"- miró el rostro de decepción del muchacho –"pero si guarde el cordón... conozco de aquella tradición príncipe Zuko, así que me asegure de conservar el cordón de tu hija para que puedas hacer el rito tradicional de nombramiento"- sonrió –"supongo que ya tienes pensando un nombre..."-

-"No realmente..."- sonrió mirando a la bebé –"pero ella es mi hija... es mi princesa..."- sus ojos se abrieron de par en par. –"eso es... mi princesa"-

-"¿Eh?"- la joven no comprendía los murmullos del muchacho.

-"No importa..."- apego a la pequeña contra su pecho, brindándole del calor de su cuerpo –"¿qué le han estado alimentando?"- habían pasado tres semanas, en los cuales Katara permanecía inconsciente, por lo tanto la tan preciada leche materna no había alimentado a su hija en aquellos días.

-"Leche de unicornio"-

-"¿Qué?"-

-"El corcel que tiene el cuerno dorado..."- la joven cerró sus ojos –"es la leche más pura y natural que podíamos brindarle, si observas la bebe tiene una boca muy pequeña, pero nos hemos arreglado con la alimentación, sin embargo... esperamos que Katara despierte, la lecha materna es vital para la bebé"-

-"Entonces debo llevarla junto a Katara..."-

-"No creo que se una buena idea..."- suspiro –"al momento no creemos conveniente que la bebé salga de esta habitación, la hemos mantenido caliente... pero... no es seguro, príncipe Zuko"-

-"Lo que ella necesita en este momento es a su madre..."-

-"Katara aún esta inconsciente..."- Guan-Yin, extendió sus brazos, tomando de los brazos de un receloso padre a la pequeña, para colocarla nuevamente en la cuna cálida. –"debe permanecer en este lugar hasta que Katara despierte... no te preocupes..."- sonrió –"¿qué sientes al saber que tu heredera es una niña?"-

-"No creo que sea importante... es mi hija"-

-"Pero eres el príncipe de la nación del fuego... naciste para gobernar, un hijo varón es lo que esperan todos"-

-"No tengo más el título de un príncipe... ni un reino"- miró a la pequeña –"solo tengo a mi familia... y eso es suficiente"-

--

Sokka comenzaba a desesperarse, mientras mecía a su pequeño hijo de siete meses, el cuál lloraba intensamente en busca de la leche materna, sin embargo en aquellos momentos, su padre no podía proveerle de la misma.

Miro a su esposa descansando por la fiebre en la cama, durante un mes completo había estado enferma, casi al borde de la muerte, pero al parecer el mundo espiritual aún no la necesitaba por lo que poco a poco había comenzado a recuperarse.

Con el niño entre brazos se acerco a la ventana, admirando la vista nocturna, pronto ante la quietud de la noche primaveral, el niño comenzó a descansar, cerrando sus ojos y dejando que el sueño lo invadiera, con una sonrisa en sus labios, el joven padre miro el cielo nocturno y infinitas estrellas en el firmamento, recordando mejores épocas, de amistad y grandes batallas, donde todo parecía estar bien.

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"Observó el cielo, cubierto de nubes blancas, sus ojos azules fijaron su vista en el lugar en el cuál se encontraba, la nieve cayendo del cielo como lluvia blanquecina, el campo frente a ella cubierto de nieve...

-"Me gusta mucho la nieve"- susurró una voz a su lado.

-"¿Eh?"- miro a su interlocutora para encontrar a una niña de no más de siete años de edad, cuyos ojos verdes brillaban intensamente.

-"No me tengas miedo..."- sonrió la pequeña –"después de todo una madre no debe temer a sus hijos"-

-"¿!Eres mi hija¡?"- gritó impresionada la muchacha, mientras sus ojos azules brillaban con miedo. Solo puedo escuchar la sonora pero inocente carcajada de la niña.

-"No, claro que no"- sonrió –"pero supongo que no debes temerle miedo a los niños, si ya tienes uno, ¿no?"-

-"¿¡Mi bebé!?"- colocó sus manos contra su vientre, en busca del calor habitual de la vida que llevaba consigo, para encontrar su plano y vació vientre –"mi bebé..."-

-"Esta esperando que despiertes"- murmuro la pequeña.

-"Mi hijo..."- ante las palabras de la muchacha, la niña solo sonrió para ella. –"Dime una cosa... ¿estuve antes aquí... era verano... habían tres niños...?"-

-"¿Cuáles niños, siempre hay muchos niños aquí...?"-

-"El más pequeño tenía tu edad..."- miró a la pequeña, la misma que movió con cuidado su hermoso cabello negro como la noche.

-"Mhm... en este lugar siempre están los niños..."- sonrió.

-"Quisiera verlos... nuevamente, especialmente al de ojos violetas..."-

-"Lo verás... algún día, si es lo que el destino quiere..."-

-"No... entiendo..."-

-"Mira..."- señalo a una distancia prudente, en medio de la nieve se podía divisar la silueta de un gran palacio-"hace muchos años que no cae nieve aquí..."-

-"¿Pero...?"- estaba sorprendida por el dramático cambio en la conversación, la niña era extraña, vivaz, alegre, pero su mirada era diferente, no solo por el color esmeralda de sus ojos, sino por la actitud en su mirada.

-"Hace mucho años que yo recuerde... pero... ahora esta nevando..."- sonrió tristemente, sus ojos verdes apagándose –"nos volveremos a ver..."- la niña sonrió, levantándose, empezó a correr en medio de la nieve, desapareciendo en la distancia.

-"Siempre es así conmigo..."- murmuró una pequeña voz sus espaldas, Katara miró detrás de ella para encontrar un color de ojos grises, entremezclados entre la tristeza y la alegría.

-"Aang..."-"

Cuando abrió sus ojos no podía vislumbrar con claridad el lugar en el cuál se encontraba, estaba mareada y le dolía mucho la cabeza, la luz sobre ella era tenue... lo que la confundía un poco más; su piel quemaba contra las mantas que estaban sobre su cuerpo... poco a poco los recuerdos azotaron su mente con fuerza, llevando la desesperación a su corazón.

-"¡Mi bebé!"- gritó desesperada mientras se incorporaba de la cama con brusquedad, provocando un fuerte mareo en su cuerpo, antes de caer nuevamente sobre las almohadas, un par de brazos fuertes la sostuvieron.

-"No debes agitarte..."- susurró en su oreja una voz masculina, sus ojos azules se abrieron en sorpresa y con toda la fuerza que su cuerpo podía darle, empujo bruscamente al dueño de aquellos brazos, tumbándolo contra el suelo.

-"¡Álejate de mí!"- gritó molesta mientras el sudor recorría su sien, sus ojos azules pronto encontraron los dorados del muchacho, podía vislumbrar la tristeza y el dolor en esa mirada, pero no deseaba volver a ser engañada... era demasiado doloroso.

-"Katara... yo..."-

-"¡Dije que no quería que te me acercarás...!"- trataba de alejar al muchacho de ella... entonces pudo sentir sus brazos envolverla en un fuerte abrazo, con sus puños intento alejarlo de su cuerpo, evitando el contacto con desesperación –"¡te odio!"- repetía continuamente mientras gruesas lágrimas recorrían sus mejillas morenas –"¡te odi…!"- se detuvo al sentir algo líquido y cálido contra la piel de su hombro. Sorprendida inclinó su cabeza un poco para observar al muchacho escondiendo su cabeza contra su cabello mientras gruesas lágrimas recorrían sus mejillas. –"Zuko..."-

-"¡Perdóname...!"- rogó el joven mientras apega su cuerpo a la muchacha, apretando su abrazo y escondiendo mucho más su cabeza contra su cuello. –"¡Yo... cometí un error... un maldito error...!"- sus labios besaron la piel morena –"te amo... te amo con toda mi alma... perdóname por el dolor que te cause..."-

Los ojos azules permanecían perdidos, la habitación en silencio salvo por los leves gemidos del muchacho en sus brazos, cerró sus ojos mientras gruesas lágrimas descendían por su piel, recordando los momentos dolorosos, podía sentir el calor de las lágrimas; sus lágrimas y las de su esposo.

-"Shhhh..."- tomo con cuidado el rostro del muchacho, con una débil sonrisa beso su frente –"todo estará bien"- no sabía que responder, estaba muy cansada para en aquellos instantes discutir todo lo que había sucedido entre los dos.

-"Katara..."- suavemente deposito sus labios sobre los de la muchacha –"mi Katara..."- continuó acariciando su cuerpo con devoción.

-"Disculpen..."- una voz se escucho a sus espaldas, desde la entraba de la habitación, con la mirada un poco seria, Zuko observó a una joven sirviente con un bulto entre sus brazos. –"La señorita Guan-Yin me informo que la señorita Katara estaba despierta, por eso he traído al bebé para que lo alimente"-

-"¿Mi bebé?"- los ojos azules se encendieron con una nueva vida, mientras extendía sus brazos débiles ante la mirada de su esposo. La muchacha se acercó a la pareja con el pequeño bulto entre sus brazos y con delicadeza coloco a la bebé es los brazos expectativos de su madre. –"mi hijo..."-

-"Hija..."- corrigió débilmente Zuko, mientras su esposa lo miraba impresionado.

-"¿Hija...?"-

-"Si... el día que nació quería decírtelo, pero perdiste la conciencia... y luego enfermaste"- sus ojos miraron el suelo, mientras un leve tono rojizo alumbraba sus mejillas. –"¿puedes ya perdonarme?"-

-"En... este momento, no quiero pensarlo Zuko, han pasado demasiadas cosas en tan poco tiempo..."- miró a la bebé entre sus brazos –"es hermosa..."- la pequeña comenzaba a abrir sus ojos, Katara ahogo un gemido de sorpresa ante el brillante color dorado de los ojos de la pequeña –"supongo que los sueños a veces no son como uno lo espera"-

-"En un principio sus ojos eran plomos..."- sonrió débilmente –"no sabía que pensar..."- Katara lo miro con desaprobación pero no dijo nada –"su color de ojos tomo el tono dorado hace unos días, muy pocos realmente"-

-"Es demasiado pequeña"- su cuerpo se encontraba débil pero su instinto materno le dictaba proteger a la bebé entre sus brazos con toda la fuerza que ella podía tener, ser capaz de hacer todo por ella, porque aquella pequeña infante, era suya... llevaba su sangre y la de su pueblo... miro a Zuko –"gracias..."-

-"¿Por qué?"- preguntó tímidamente el muchacho.

-"Por la niña más hermosa que he visto en mi vida"- en su debilidad, sonrió.

-"Katara..."- el tono rojizo se extendió en sus mejillas –"yo..."- sonrió –"fue un trabajo mutuo, ¿no crees?"- fue el turno de la muchacha para sonrojarse.

-"Si..."-

-"Katara..."-

-"Zuko..."-

-"Debes alimentarla..."-

-"¡Si, claro!"- con cierto cuidado removió parte de su vestuario, dejando al descubierto uno de sus pechos morenos, con delicadeza acerco la pequeña boca de la bebé a su pezón, esperando que se alimentara, durante unos minutos la bebé no pudo sostener con fuerza, pero al cabo de unos instantes lo logro, aferrando con sus pequeños labios el seno materno para alimentarse. Zuko mantenía su vista fija en la criatura, extasiado con la belleza que podía cargar un ser tan pequeño, a la vez aquella fragilidad lo llenaba de orgullo y deseo de dar su vida entera por aquella bebé, era su hija... sonrió débilmente. –"tu mirada es diferente..."-

-"¿De verdad?"- acarició la pequeña cabeza de su hija.

-"Esa mirada la he visto antes..."-

-"¿Dónde...?-

-"Siempre me miras de esa forma"-

-"¿Eh?"- se sonrojo con intensidad, desviando su mirada un poco –"están más grandes, demasiado..."-

-"¿A qué te refieres?"-

-"Tus pechos..."- el rojo de sus mejillas brillaba en la oscuridad –"me gustan así también..."-

-"Zuko... eres un pervertido"-

--

Durante la siguiente semana, se mantuvieron juntos, por la presencia de su hija, para protegerla, bañarla por primera vez, darle de comer, cambiarla. Todas aquellas actividades naturales que debían realizar como padres, sin embargo trataban de evadir el tema de lo que había sucedido en el nacimiento de su hija a toda costa; Katara aún se encontraba débil, por lo que dormía sola en la cama mientras Zuko permanecía en un mueble cercano en la misma habitación.

-"No podemos seguir llamándola "la bebé" para siempre"- murmuró la muchacha mientras alimentaba a la pequeña –"debemos pensar un nombre"-

-"Tengo un nombre para ella... es solo que esperaba que te recuperarás por completo para darle su nombre"- sonrió débilmente, impresionada Katara observó al muchacho, pensando como responder ante el mismo.

-"Pense que íbamos a ponerle un nombre juntos..."-

-"No teníamos nada pensado, excepto dos hombres masculinos... que dado el caso, ahora no podemos utilizar"-

-"Es cierto... los nombres de tu tío y mi papá..."- suspiro –"no había pensado en el nombre de una niña, podía ser el nombre de mi madre o el nombre de la tuya..."-

-"No... Ella necesita un nombre fresco, algo... algo que le de significado a su vida"- sonrió con tristeza –"se cuanto amamos los nombres de nuestros padres pero..."-

-"Son una memoria demasiado frágil para continuar manteniendo"- la misma tristeza la invadió –"te comprendo, creo que la bebé necesita un nombre nuevo... algo importante"- sonrió –"así que ponle el nombre que quieras"- respirando profundamente –"¿cuál será?"-

-"Puedo dejarlo como un secreto, al menos hasta el día de la ceremonia..."-

-"¿Cuál ceremonia?"-

-"En mi pueblo... hay una tradición para nombrar a los bebés..."-

-"Nunca había escuchado de ella"-

-"Solo la realiza la familia real"- se sonrojo ligeramente –"se que ya no tengo más ese estatus, pero... quiero que mi hija reciba su nombre como todos los herederos de la nación del fuego... no porque vaya a heredar un trono, sino porque es mi hija... lleva mi sangre..."-

-"Es tu heredera por derecho"-

-"Si..."- sus ojos miraron a la bebe con tristeza –"pero ella no vivirá ese derecho..."- el miedo lo inundo –"si Azula llegara a enterarse por algún motivo que tengo una hija, sería capaz de cualquier cosa por acabarla"-

-"No dejaremos que eso suceda"- beso la frente de su pequeña –"la protegeré con mi vida si es necesario"-

-"Katara"- cuidadosamente sujeto con su mano el mentón de la muchacha para que lo mirara –"sin ustedes, yo moriría"- cerro sus ojos –"yo moriré para protegerlas, mi vida no tiene valor si las pierdo"- las mejillas de Katara se tiñeron de un color rojizo.

-"No deberían hablar de temas tan mórbidos frente a la vida que llevan ahora entre sus manos"- una voz suave se escucho, la joven pareja miró a la muchacha que entraba en la habitación, alejándose incómodamente por la presencia de la misma. –"Yo... necesito llevarme a la bebé, para prepararla para el ritual de nombramiento"-

-"¿Ritual de nombramiento?"- Katara miro algo molesta a su esposo –"¿¡ahora!?"-

-"Si... estaba a punto de contártelo..."- sus mejillas de tiñeron de la vergüenza –"pero de repente cambiamos el tema..."- miro a la bebé –"puedes llevártela Guan-Yin"-

Con cierta inseguridad por la mirada fría de parte de Katara, la muchacha tomo al bebé entre sus brazos saliendo rápidamente de la habitación. Con cierto recelo, Zuko se acercó a su esposa para ayudarla a cambiarse.

-"¡No necesito de tu ayuda!"- empujó su mano –"¡puedo vestirme sola!"- una mueca de dolor se fijo en sus labios.

-"Katara... no quiero seguir discutiendo al menos no en este momento..."- sin pensarlo envolvió sus brazos alrededor de la muchacha apretando su cuerpo fuertemente contra el de ella.

-"¡Suéltame!"- forcejeo durante unos minutos la joven hasta sentir los cálidos labios de su esposo sobre su cuello. –"Zuko..."-

-"Quiero que me perdones por mis errores... yo daría el mundo entero por ti, no me importaría destruir naciones, ciudades enteras, solo por estar contigo..."- sus labios subieron hasta su oreja –"eres mi vida Katara... nunca lo olvides"-

Las lágrimas reprimidas por semanas asomaron en los ojos de la muchacha, apretando sus manos contra los brazos del muchacho, dejo que todo el resentimiento de las últimas semanas se descargara.

-"Eres lo único que tengo, Zuko, eres mi familia... con nuestra hija"- cerró sus ojos mientras el abrazo se estrechaba –"cuando te vi besándola... no importa si fue unos segundos, me sentí perdida... sin ti, no tengo rumbo... sin ti no tengo nada..."- se dio la vuelta para encararlo. El color azul de sus ojos, encontró pronto el color dorado de una mirada que siempre la había cautivado –"te amo..."- susurró apegando sus labios a los del muchacho, pronto sus sentimientos fueron derramados, mientras su cuerpo comenzaba a convulsionarse por las sensaciones en su piel en sus brazos, en sus labios, en su cuello, en sobre sus pechos...-"Zuko..."-

-"¿mhm...?"-

-"Detente"- murmuró la joven con las mejillas coloradas –"sabes que no podemos... al menos hasta dentro de dos meses más... es lo que dijo el médico..."-

-"Si... lo comprendo..."- su vista dorada estaba llena de deseo y lujuria, pero la contuvo en su cuerpo, delicadamente deposito un suave beso sobre los labios de la muchacha –"ven... quiero que comprendas algo importante de mi linaje"- la muchacha solo sonrió.

--

"Las llamas eran poderosas a su alrededor y podía escuchar las voces de las ancianas reclamarle una y otra vez la presencia de un heredero. Molesta gritó a las llamas que se detuvieran y estas obedecieron, con una sonrisa en sus labios, alzo sus hombros con triunfo. Este era su reino... su mundo, nadie ni nada podría arrebatárselo.

-"Te equivocas"- una voz muy familiar se escucho detrás de ella, con cuidado volteo a ver detrás, para encontrarse cara a cara con el rostro desfigurado de su hermano mayor.

-"Zuko..."- murmuro, ocultando la sorpresa que la embargaba, con una sonrisa cruel observo al muchacho, ahora hombre, delante de ella, los ojos dorados brillantes e intensos... el hijo más querido de su madre. –"qué sorpresa..."- caminando a paso lento, rodeo a su hermano mayor con cuidado, con la sonrisa cruel constante en su rostro –"¿puedo saber... en que me estoy equivocando?"-

-"El trono... no siempre será tuyo"-

-"¿A que te refieres?"- enarco molesta sus cejas –"han pasado años desde la última vez que nos vimos... fuiste desherado cuando decidiste ayudar al avatar y sus amigos... no perteneces a nuestra gente, eres un exiliado"- sus ojos dorados brillaron con malicia.

-"En eso te equivocas Azula..."- las llamas hablaron, sus ojos dorados se abrieron por sorpresa –"por mandato de Agni, nuestro pueblo da el favor al primogénito"-

-"¡No es justo!"- grito con furia –"¡yo soy la heredera por derecho de Ozai!"-

-"Bajo su mandato te convertiste en la heredera..."- habló una voz.

-"Bajo el mandato de Agni, Zuko es el verdadero heredero... más aún ahora"-

-"¿¡Qué!?"- grito furiosa –"¡tengo el poder del cometa entre mis manos!"- las llamas se encendieron a su alrededor –"¡el trono es mío ahora!"- sus ojos se encendieron con furia desmedida –"¡nadie puede arrebatármelo!"-

-"Si podemos..."- Zuko levanto sus brazos... entre ellos se encontraba un niño, un recién nacido, los ojos de Azula se aterrorizaron.

-"Te advertimos, un heredero... es lo que necesitabas..."-

-"Ahora es demasiado tarde, Zuko es el verdadero señor del fuego y su hijo nuestro sucesor"-"

-"¡NO!"-

-"Azula, despierta..."- Kanaye sostenía entre sus brazos a la joven soberana de la nación del fuego, mientras sus ojos la miraban preocupados –"¡tienes una pesadilla!"-

-"¡No, él no puede arrebatarme lo que por derecho es mío!"- grito desesperada, en medio de la confusión, Kanaye levanto su mano para colocarlo sobre la frente de la muchacha, con fuerza apegando su cuerpo contra ella... apretando rincones estratégicos para sacarla de su sueño. –"¡detent…!"- los ojos dorados se abrieron en sorpresa para encontrar la mirada de preocupación y desesperación del joven soldado.

-"Azula..."-

-"¿Qué sucedió...?"- estaba confundida... un leve dolor en su cuerpo, trajo a su memoria los recuerdos de lo acontecido en su última batalla. –"espero que haya muerto..."- murmuró para ella que para los presentes.

-"Has permanecido inconsciente por semanas... con fiebre y herida..."-

-"¿Dónde nos encontramos?"-

-"Al inicio de la primavera... y en camino a la nación del fuego"-

-"¡Cómo te atreves!"- gritó furiosa la muchacha –"¡no podemos regresar a la nación del fuego, no ahora!"- se levanto bruscamente de sus aposentos, sin darse cuenta aún de la debilidad de su propio cuerpo, sus piernas tambalearon haciendo que perdiera el control, cayo inconsciente en los brazos siempre abiertos de Kanaye.

-"Mi querida Azula..."- murmuro con dulzura mientras retiraba un cabello negro del rostro de la muchacha –"no te esfuerces... no ahora aún tenemos mucho tiempo..."-

-"Cuidas de la señora del fuego más de lo que podíamos imaginar..."- la voz de la anciana resonó en su mente, sus ojos se abrieron para encarar a la mujer –"serías el mejor prospecto para engendrar un hijo en su vientre"-

-"¿¡Qué!?"- preguntó sorprendido el muchacho –"¿a qué se refieren?"-

-"Solo... píensalo..."- sonrió la otra anciana –"ahora debes dejar dormir a nuestra señora... se acercan largas y penosas batallas"- su sonrisa creció aún más. –"grandes batallas"-

--

La muchacha de los ojos sin vida, permaneció en medio de las sombras, mientras a su alrededor, la piedra y la tierra poco a poco comenzaban a desvanecerse... dejando un mar de sangre a su alrededor, sus manos tan blancas como su propia alma, se encontraban manchadas del color rojizo... a su alrededor los cuerpos inertes de los soldados caían sin causarle ninguna molestia.

Pronto una gran masa de tierra se desplegó delante de ella, con fuerza escupió un cuerpo ensangrentado con sus extremidades completamente despedazadas, irónicamente... el hombre aún estaba con vida.

Era no mucho mayor que ella, sin ninguna expresión en su rostro... la muchacha alzo su mano moviendo la tierra con el cuerpo, crucificándolo y colocando su rostro a la altura de su mirada...

-"¿Por...qué...?"- murmuró en delirio a la muchacha.

-"Por mi hija..."- susurró la muchacha –"por mis padres... por el único hombre que me ha amado..."- cerró sus ojos mientras gruesas lágrimas caían de ellos –"por la inocencia que me quitaron"-

-"Mis hombres..."-

-"Todos y cada uno de ellos... solo faltabas tu... él que ordeno el hecho..."-

-"Lo... lamento..."-

-"Nadie me devolverá a mi familia..."-

-"Así es... la guerra..."-

-"Si... así es la guerra"- su rostro pálido nuevamente fue manchado con sangre cuando la tierra que rodeaba al soldado lo aplasto, triturando su cuerpo a carne y huesos rotos, salpicando el líquido vital contra su piel.

Sus manos dejaron ir, todo lo que se encontraba a su alrededor... finalmente cayó de rodillas en medio de aquel lugar, su obra había terminado... podía descansar en paz, ese era el camino que había escogido...

-"Ahora puedes descansar... mi querida Aiko"- y mientras gruesas lágrimas caían de sus ojos manchando sus mejillas cubiertas de sangre, no podía evitar reír a carcajadas, pensando en la ironía de la vida... después de tanto tiempo, aún podía imaginar la expresión del rostro de Aang ante la crueldad de sus propias obras.

Ya no quedaba nada de lo que ella había sido alguna vez...

--

El fuego encendido en medio de aquel altar le recordó en parte al fuego que siempre permanecía encendido detrás del señor del fuego, y el dolor después de la muerte de Aang, bloqueo su mente de aquellos momentos porque aquel instante lo más importante era su hija.

Zuko mantenía entre sus brazos a la pequeña bebé, mientras con una sonrisa le indico a Katara que se acercara donde ella, con cuidado la joven madre se colocó junto a su esposo, observando detalle a detalle lo que él realizaba.

Mientras acunaba a su pequeña con un abrazo, extendió su otro brazo al fuego, dejando que las llamas lo envolvieran levemente mientras con delicadeza, pasaba el fuego junto al cuerpo de la bebé... Katara abrió los ojos en terror, temiendo que el fuego quemara a la pequeña, sin embargo esto no sucedió y sorprendida observo como el fuego rodeaba a su hija, como si se tratarán de una clase de espiral en llamas.

La pequeña no parecía asustada por ningún motivo, aunque sus pequeños ojos empezaron a tomar un color dorado intenso mientras admiraba el fuego que la rodeaba, de pronto las llamas se retiraron ante la sonrisa tierna que la niña esboza en sus pequeños labios.

Zuko sonrió, mientras el fuego regresaba a su lugar, Guan-Yin se acercó a Zuko sosteniendo una vasija de oro, cuando la abrió en medio se encontraba un pequeño pedazo de carne rojiza y notablemente aún fresca. Los ojos azules de la joven madre se abrieron en sorpresa al darse cuenta de que aquel pedazo de carne era el cordón umbilical de su pequeña.

-"Tomalo..."- susurro Zuko, mientras le enseñaba el contenido de la vasija –"debes lanzarlo con tus manos al fuego..."-

-"Esta bien..."- Katara estaba muy confundida por el ritual, sin embargo hizo lo que debía hacerlo... no sin antes cubrir el cordón umbilical de su hija con algo de agua... congelándolo un poco... en su pueblo, el cordón umbilical de un recién nacido debía ser enterrado en el hielo.

Zuko solo la miro atentamente... y cuando la muchacha lanzó el cordón contra el fuego, se desato una llama intensa seguida de humo por el contacto del objeto congelado contra las intensas llamas... en medio del humo... Zuko sujeto con delicadeza a su hija y tomando el fuego entre sus dedos, lo coloco cerca de sus labios, soplando suavemente sobre ellos, le indico a Katara que hiciera lo mismo, y cuando los dos hubieron soplado sobre el pequeño fuego este lo acercó a la frente de la bebé.

Asustada de que el fuego quemara a su hija, intento detener a su esposo, pero la sonrisa suave y gentil depositada en el rostro del joven la calmo, vio con sus hermosos ojos azules, como el fuego iba desapareciendo hasta solo dejar una leve marca rojiza contra la frente del bebé, la marca del fuego. Entonces Zuko, le pidió a Katara que curará la pequeña quemadura de la frente del bebé, con cierto recelo la joven madre hizo lo que se le dijo, retirando la marca del fuego para colocar la marca del agua sobre la piel de la niña... unos cuantos segundos después se desvaneció en la nada, dejando la piel sin ninguna marca o quemadura.

Entonces la sonrisa de Zuko brillo con alegría, colocando un suave beso sobre la frente de la niña, sus ojos dorados encontraron los ojos azules de Katara.

-"Con el ritual del fuego completo... yo... Zuko, hijo de Ozai y Ursa"- sonrió –"te nombro a ti mi hija, hija del agua..."- sus ojos dorados brillaron intensamente. –"Himeko"-

"Himeko"

Continúa...


Notas: Creo que esta vez me tarde bastante en el siguiente capítulo... más de un mes y tenía planeado escribirlo y terminarlo antes de que acabara julio… XDDD. Estoy haciendo mi tesis, o al menos creo que la estoy haciendo, digo debo entregarla en octubre y no he avanzando mucho... creo que moriré xDD. Bueno finalmente tenemos que enfocarnos en ciertos detalles... jeje ¡es una niña!, desde el primer momento que concebí esta historia en mi cabeza siempre he pensando que Zuko y Katara debían tener una niña... además la pequeña Himeko tiene mucho que ver en la historia, bueno al final creo que a muchos los confundí con el hecho de que el bebé sería un niño... pero quería que así fuera, que no fuera obvio jeje. ¡Bueno ahora son padres!. Es una nueva ruta para ellos... y hay mucho, más que tienen que enfrentarse... En fin muchas gracias a los comentarios constante de todos los que leen esta historia, ¡me hacen muy feli!, realmente les agradezco todo ya que me incentivan a seguir continuando, ¡dejen reviews!... ¡nos vemos a la próxima!. (que espero sea muy pronto.. xDD)

Himeko: Princesa o niña princesa.

Atte:
Vejibra Momiji (Lady Padme)

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, tanto Zuko como Katara, así como otros personajes de la serie "Avatar" pertenecen a Nickelodeon y sus respectivos autores; los personajes inventados aquí, me pertenecerán a mí. La historia no tiene ningún fin de lucro, tan solo es por entretenimiento.