Al salir de las instalaciones del colegio, cruzaron hasta topar la primera calle con la patrulla siguiéndolos por detrás. Doblaron a la primera vía transitada y Sinia empezó a elevar la velocidad instigando al motor a que rugiera con más estruendo. Los automóviles fueron poco estorbo para el joven ya que se empezó abrir paso con rapidez.

Se interpuso el primer alto en el semáforo y Sinia aceleró para espanto y sorpresa de Hitomi.

Oyó entonces el rechinar de los autos laterales que frenaron en seco para impedir que se estrellaran sobre ellos.

-¡¿Quieres matarnos?!- Le gritó asustada, viéndose airada por los pelos y con un entronque de autos tras de sí.

Sinia la ignoró y se concentró en afianzar los movimientos de la moto para entrecruzarse a los siguientes autos con brusquedad, provocando que el vértigo se le disparara en las venas a Hitomi.

-¡Baja la velocidad!- Le encajó casi las uñas en el abdomen, viendo aproximarse el siguiente alto con horror.

¿Y se supone que él la iba a mantener segura?

La comisura de los labios de Sinia se crisparon en una sonrisa y se inclinó a la derecha para tomar el carril lateral.

-¿No querías perder al policía?- Le recordó mientras dejaba atrás a otro auto.

Olvidando aquel detalle, Hitomi miró hacia atrás. Era cierto, habían perdido al policía. Ya no había rastro de la patrulla que los seguía y corrían con la suerte de que otras patrullas no los siguieran por el embotellamiento provocado.

-¿No podías advertirme qué harías eso?- Alzó la voz Hitomi contra el retronar del motor.

-Te dije que te sostuvieras bien- Le respondió este

-¡Eso no me advierte del susto!- Replicó ella.

Sin decir nada más, Sinia empezó a bajar la velocidad para que se tranquilizara. Agradecida por eso, Hitomi dejó escapar el aire de sus pulmones con alivio y su semblante se relajó. Nunca se había montado en una motocicleta y para ser la primera vez que lo hacía, no le parecía tan indiferente la sensación. Se descubrió disfrutándolo.

Con lo rápido que estaban sucediendo las cosas, se dio cuenta que terminó casi adherida a Sinia; sus brazos lo rodeaban por el torso con fuerza y sus muslos estaban casi encajados a él. Sintiéndose incomoda, se separó un poco y reacomodó su falda que poca ayuda le hacía para cubrirse. Con precaución, volvió la mirada para ver si el susodicho policía no había encontrado el modo de alcanzarlos.

-No te preocupes… - La miró Sinia desde el retrovisor-, no llegaré a casa de tu amiga hasta cerciorarme que no nos siguen.

Hitomi lo miró en silencio por un momento y luego se atrevió a preguntar.

-¿Desde cuándo te hicieron presidente?- Indagó, acercándose a su oído para no gritar.

-Dos meses…– Habló secamente Sinia, como si el acercamiento de su acompañante lo hubiera incomodado.

-¿Tu trabajas con Yukari en el comité?- continuó Hitomi.

La volvió a mirar por el retrovisor y cruzaron miradas esta vez.

-Ella está a cargo de uno de los sectores, sólo en las reuniones dialogamos.

-Nunca me había hablado de ti….

-No pareces una chica muy atenta, ¿no será por eso?

-No creo que te importe…- frunció el ceño Hitomi un poco ofendida.

Se rió esta vez él.

-¿De qué te burlas?- Lo encaró ella

- No es nada…

Fue entonces que por primera vez Hitomi percibió su olor; era atrayente… cálido. Pero había algo extraño… le era conocido.

Sus recuerdos se dispararon en ese momento como rayo; Se vio así misma casi desnuda junto aquel individuo de cabello negro que la besaba ferviente entre sus brazos… el agua de la regadera caía sobre ellos, obnubilándola por un deseo que la poseyó. Palpando la ferocidad de sus caricias, el contacto tan sutil de su cuerpo, y el embriagante recuerdo de su olor…

Sus ojos se abrieron súbitamente con la respiración agitada. Se encontraba aun abrazando firmemente a Sinia, pero con el semblante lleno de confusión. ¿Por qué había visto eso?

-Llegamos- Lo oyó decir, obligándola a alzar la mirada para ver la casa que tenían delante.

Reconoció al momento la fachada particular de la casa de Yukari, una casa que aun que japonesa tenía sus claros designios americanos.

Un poco aturdida por lo que había visto en su recuerdo, se quitó el casco y bajo de la moto.

-Gracias por traerme… - Le dijo mirándolo de un modo extraño. ¿Podía existir la posibilidad de que dos personas diferentes fueran la misma? ¿Por qué su mente le jugaba tan sucio?

-No salgas esta noche- Le advirtió él interrumpiendo sus pensamientos.

-¿Por qué?- inquirió Hitomi sacudiéndose la cabeza para ponerle atención.

Sinia la miró por un largo momento, provocando en ella un escalofrió que la sonrojó.

-Seguramente habrá otro asesinato – dijo echando andar de nuevo la moto

-¿Qué?- se exaltó Hitomi anclándose a la realidad. Había olvidado por que estaba ahí - ¡Espera! – Se abalanzó al manubrio de la moto para detenerlo.

-¿Tú sabes que está sucediendo?- le exigió saber esta vez Hitomi.

El se mostró impasible ante su reacción pero fue un minucioso momento que relajó su mirada y le pareció ver a Hitomi un destello rojizo en sus ojos.

Alzó una mano y le acarició el rostro, sorprendiéndola.

-No te pasará nada… - La miró fijamente para luego apartarse y vadear la moto a la calle para marcharse. Dejando a una Hitomi aún más confundida de lo que ya estaba.

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La luna estaba en su cuarto creciente y una cálida noche se empezaba a explayar en el cielo.

-Pronto se abrirá de nuevo el portal – susurró una anciana que contemplaba el cielo desde el resquicio del corredor del Doyo.- ¿Conseguiste el Batro para tu amo? – preguntó sin dirigir la mirada en particular.

De entre la oscuridad del jardín que emergía frente a ella, saltó al suelo Merle que estaba oculta entre el follaje de un árbol de cerezo.

-¿Cómo supo que estaba aquí?- Le preguntó sorprendida.

Merle era una experta en pasar desapercibida. Ya ni el amo Van podía presentir sus movimientos cuando se ocultaba para atacar.

-Estoy ciega querida – Sonrió solemne la mujer -, pero mi olfato y mis oídos son casi mejores que los tuyos.

Merle bufó con clara discrepancia a su comentario, pero no quiso debatirla.

-¿No ha llegado el amo? – Preguntó acercándose a ella.

-No… desde la noche anterior.

Merle miró el estanque que bordeaba el límite del jardín.

-Seguramente se quedó con ella… -Afirmó

¡Pock!

Sonó el bambú en el agua.

-Aún la sigue queriendo – Terminó por decir en tono tranquilo.

-¿Y tú a él?- Inquirió la anciana.

Merle guardo silencio como meditando la respuesta.

-¡No! – Se paró de un salto- El nunca ha tenido interés en mí. Además, se ha vuelto más antipático y gruñón.

-¿Y por qué estás aquí arriesgando tu vida?

-Yo siempre estaré al servicio del amo Van no importando que. El siempre se ha hecho cargo de mí desde que era pequeña y siempre le retribuiré.

La mirada de Merle cambió.

-Así sea con mi vida…

¡pock!

Sonó de nuevo el bambú en el estanque. La anciana sonrió.

-Espero sea esa la verdadera razón por la que estás aquí, pues algo me dice que no lo es del todo.

Fue entonces que Merle miró a su acompañante más fijamente; Kayin era una anciana muy atenta y astuta para su edad. Sus arrugas ya eran abundantes y su cabello gris se acicalaba formalmente en su trenza. Su Hakama rojo y sus aditamentos protectores la hacían ver más propia de su posición como sacerdotisa de aquel templo. Pero más que eso, Merle suponía que la vieja entendía más de lo que su propio mundo le permitía saber.

-Iré a dormir anciana… el viaje ha sido duro– evadió Merle dejándole una pequeña bolsa de cuero en su regazo antes de saltar al techo- .Entréguele el "Batro" al amo.

-Así lo haré… – sonrió la mujer que se levantó lentamente del suelo una vez cerciorado que la chica se hubiera ido y se encaminó por al pasillo que se encontraba a oscuras.

-¿Has tenido problema en llegar Rey de dragones?- Habló Kanjin con voz rasposa mientras avanzaba pasivamente hasta toparse con el Joven que se encontraba recargado en la pared, oculto en las sombras.

-hump…- Se alzó una comisura de los labios de Van- Es imposible que alguien pase desapercibido a sus ojos ciegos.

-No mi señor… -Giró su cuerpo a él-, y estoy muy segura que estaba muy atento a la conversación que teníamos –Le dijo entregándole en sus manos el bulto pequeño de cuero.

-Se lo trajo su guardián.

-Ella no es mi guardián… - Respondió Van con lentitud – Siempre ha sido libre.

-Ella no lo ve así – Marcó la mujer despidiéndose con una inclinación antes de desvanecerse en la profundidad del pasillo.

Van se quedó en silencio por un largo momento, cerró el puño alrededor de la bolsa de cuero, y pasó de largo el jardín hasta llegar al otro extremo del pasillo, donde se topó con una puerta corrediza antigua. La abrió y entró a la habitación tranquila que durante casi dos meses había sido suya. Tuvo mucha suerte de que las cosas se facilitarán para llevar a cabo lo planeado.

Para mantenerse en ese mundo, tenía que resguardarse. Y no pudo haber mejor lugar que aquel: Un templo aislado de la ciudad que recorría a la montaña. Aunque seguramente pronto tendría que marcharse de ahí.

Al cerrar la puerta, delante se encontraba la cama donde dormía y un pequeño mueble modesto. No era ni un poco semejante a sus aposentos en el reino, pero la vida en aquel mundo tenía una sencillez que le agradaba. Se acercó a la esquina y tomó la espada que descansaba sobre las mantas. Observó el sello que lo identificaba como rey y sacó el filo de la funda; La espada relució a pesar de la penumbra, y pudo ver su reflejo en ella. Las gafas ya no podían ocultar sus ojos que habían retornado a su natural color rojizo.

-Ya no podré seguir con esta farsa… - Se quitó los lentes arrojándolos a lo lejos con enojo.

La oscuridad pareció inundarlo.

-Las cosas se han complicado más de lo que esperé…. – Se dijo llevándose la mano a la cabeza sin dejar de apretar la empuñadura de su espada con la otra

La imagen de Hitomi pareció materializarse frente a él. Deseaba verla de nuevo...

Desde que había tomado la decisión de ir a su mundo, se prometió a si mismo que guardaría la distancia para que la vida de Hitomi no se viera interrumpida por la desgracia que ella ignoraba. Y las condiciones eran claras, no tenía permitido que ella lo descubriese, ni permitir ningún tipo de acercamiento mientras estuviera oculto bajo el nombre de Okano Sinia. Era previsto mantenerse al margen para poder llevar a cabo el plan que el mismo estaba ceñido a dirigir. Pero no pudo prever que abrieran un portal y enviaran a los Gormuth para cazarla.

-Seguramente aprovecharon que los cambios dimensionales están débiles….- Masculló Van para sí.

Si no fuera porque se vio obligado a intervenir, ya hubieran capturado a Hitomi. Pero con ello perdió las fuerzas para mantenerse lejos de ella. Nunca imaginó que Hitomi lo hiciera perder la cordura como para recordarse que tenía prohibido cualquier contacto con ella. Cerró los ojos y vio su imagen cuando la sostenía entre sus brazos; hermosa y débil bajo la cortina de agua. Con sus delicados senos apegándose a él y sus labios apartándolo de la razón. El sólo recuerdo desató lujuriosos impulsos en su cuerpo que lo hicieron replantarse si seguir con eso.

Respiró hondo y abrió los ojos. No podía quitarse la imagen de la cabeza…. No podía entender como después de estar lejos de ella, le hubieran desatado incontrolables deseos de poseerla. Su cuerpo era más fuerte, alto y mucho más fornido por los combates que se había enfrentado, pero nunca se había visto perdido en un deseo carnal por una chica. Y en cambio Hitomi, desde el primer momento que la vio... lo segaba. Lucia mucho más esbelta y tentadora de lo que podía concebir. Lo dejó sin aliento el día que la vio pasar frente a él cuando logró infiltrarse en el colegio y se rodeaba de su recién comité estudiantil. Pudo mantenerse tranquilo, pero de no verse rodeado...

Y aunque logró mantenerse alejado durante mucho tiempo, todo esa voluntad de distanciamiento se destruyó en aquel callejón a pedazos.

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COMENTARIO:

Agradezco de todo corazón a los que siguen al pie con esta historia, y me motivan a seguir con sus comentarios. Yo suelo perderme por largas temporadas y me olvido de que tengo un fic andando por aquí. De echo suelen ser sus reviews los que me dan el latigazo para escribir X D Así que no dejen de seguir enviándolos para saber qué les parece cada capítulo.

Yo comparto la desilusión del final que todos conocemos de Escaflowne. Una lástima, porque tiene elementos fascinantes para que se creara una continuación. Así que me impulsé a escribir para satisfacer ese pequeño vacío que me dejó tanto la película como en el anime. Poniéndole el toque erótico que bien se merece esta historia.

Seguimos entonces con las revelaciones y los encuentros deseosos. Espero se siga poniendo más apasionante para ustedes como lo fue creerla para mí en mi mente ^^