Rachel salió envuelta en una toalla y Kurt entró en el baño murmurando un "al fin" casi inaudible. La morocha se dio cuenta de que era muy temprano y que todavía tenía casi tres horas para llegar a la escuela así que sacó su anuario del año pasado y comenzó a hojearlo recordando todo lo que había pasado.
Había ganado amigos, había perdido otros pero sobre todo había cantado por primera vez a dueto con su, en ese entonces, frenemy, ahí se había dado cuenta de los sentimientos que tenía por Quinn.
Después de ver algunas fotos fue directo a los comentarios y vio uno que le llamó la atención porque en medio de varios "te amo" de Finn, "Hobbit, te odio" de Santana y "sé que eres un unicornio" de Brittany; estaba un "Rachel, eres una de las personas más importantes de mi vida, espero que podamos ser amigas siempre" de Quinn antes de que fueran algo, Rachel sonrió; tal vez Quinn había sentido lo mismo que ella antes de que en verdad lo dijera.
— ¿Qué haces, Rach? —en cuanto escuchó a Kurt, cerró el libro y recordó que tenía que llegar a la escuela y se había quedado viendo eso por más de una hora.
—Veo el anuario —le dijo mientras revisaba que ponerse.
— ¿Recuerdas mi dedicatoria? —le preguntó el chico emocionado.
—De memoria —le dijo ella—. ¿Tú recuerdas la mía?
—También.
— ¿Tanto tardaste? —Dijo cuando vio la hora—, faltan dos hora para llegar a la escuela.
—Vamos a cambiarnos, diva —dijo abriendo su closet.
Kurt se la pasó viendo la ropa de la morena mucho tiempo y sacó un vestido negro que parecía ser ceñido al cuerpo; se lo dio a la morena.
—Eso —dijo señalándolo— con estos —tomó unos zapatos negros con muy poco tacón—. ¡Te verás genial —le dijo emocionado!
—No lo sé, Kurt —le dijo sin decidirse—. No creo que sea una buena idea.
—Tienes que hacerlo, diva —le dijo sin quitar la sonrisa—. Porque tu novia tal vez quiera verte bien vestida antes de que la cortes por culpa de unos estúpidos.
De repente todo lo que había estado en la mente de la morocha se esfumó y volvió el recuerdo de Quinn en el hospital y Finn y Jessica y la sonrisa que tenía se desvaneció. Kurt se dio cuenta de eso.
—Lo siento, Rach. Yo no…
—No importa, Kurt
—En serio lo siento —la abrazó y Rachel quería llorar pero ya no podía, ya había sacado todo en el transcurso del día anterior por lo que ya no podía hacerlo.
—No importa —dijo separándose de él—. Me cambiare para ir al hospital pero ahora hay que irnos a la escuela —tomó uno de sus atuendos de siempre y se metió al baño.
Kurt tomó la ropa que tenía ahí y se cambió en el cuarto, varios minutos después los dos aparecían en la cocina, arreglados y listos para irse a la escuela.
— ¿Nos vamos? —preguntó Kurt.
—Claro —dijo Rachel ausente.
Subieron al auto de Kurt que manejó hasta la escuela, al parecer todos se habían dado cuenta o habían escuchado lo que le había pasado a Quinn porque al bajar todos se les quedaron viendo, y mientras caminaban por el pasillo la gente cuchicheaba y apuntaba. Rachel caminaba cabizbaja y trataba de no hacer caso a los murmullos a su alrededor. Ese no iba a ser uno de sus mejores días y no quería que preguntas estúpidas de personas que sabían lo que pasaba lo arruinaran más.
—Rachel, ¿podríamos hablar? —dijo Emma cuando la morocha estaba a punto de llegar a su casillero.
—Tengo clase de español, señorita Pillsbury. Iré con usted en el receso —Rachel en serio no quería hablar con nadie para que le dijeran cosas que ya sabía.
—Ya hable con Will. En serio necesito hablar contigo —le dijo ella y fue caminando hasta su oficina; Rachel la siguió.
Las dos entraron y se sentaron y Emma estuvo varios minutos observándola, sabía que Rachel pasaba por un mal momento porque ni siquiera tenía una sonrisa en la cara.
—Sé que lo que te ha pasado no ha sido nada bueno —dijo con la voz dulce—, pero en serio me preocupas, Rachel. Te ves decaída y no creo que sea bueno —Emma se veía de verdad preocupada.
—Sí, estoy decaída y triste porque ayer unos idiotas golpearon a mi novia y ahora está en el hospital —le gritó—. Así que deje de recordarme lo miserable que es mi vida y déjeme ir a clase.
—No es eso —dijo tomando un folleto.
Rachel se veía confundida porque el folleto decía "Mi exnovio me soborna para que termine con mi actual pareja y vuelva con él" y se preguntó dónde conseguía esas cosas.
—Con todo respeto, no sé a qué se refiere —le dijo como si en serio no supiera que pasaba pero por dentro se preguntaba cómo se había enterado de lo que Finn estaba haciendo "nota mental: matar a Kurt" pensó
—Tus padres me llamaron antes de que llegaras y me contaron lo que te están haciendo y quiero que sepas que si necesitas algo yo voy estar aquí para hablar o si quieres llorar o algo —Emma sonrió compasivamente.
—No quiero hablar de eso —dijo seria.
— ¿Has pensado en denunciarlos?
—No, y no lo haré porque sé que harán más cosas a mí, a mi familia y a Quinn.
—Rachel, deberías hacerlo porque ellos YA te están haciendo daño —le dijo recalcando la palabra.
—Lo sé. Pero no quiero que nos hagan más daño —le dijo decidida.
—Sólo piénsalo, creo que deberías hacerlo. Tienes mi apoyo, el de tus padres, el de Will y probablemente el de todo el Glee club en lo que decidas hacer.
—No voy a denunciarlos, pero tampoco voy a cortar con Quinn. Sólo le voy a decir lo que está pasando y fingiremos que terminamos todo. Así cuando vuelva a la escuela no le pasará nada más —le dijo con una sonrisa. Su plan no podía fallar.
—Entonces… hoy en el club necesito que se lo cuentes a todos para que nada salga mal.
— ¿Y si alguien dice algo?
—Nadie dirá nada, solo cuéntaselos y estoy segura de que te entenderán.
—Claro, gracias —se levantó y abrazó a la pelirroja.
—Siempre que quieras.
—Gracias, ya me voy a clase —Rachel se fue a clase caminando por el pasillo vacío.
Fue a su casillero y cuando lo abrió una nota cayó al piso, la letra era pulcra y escrita en tinta rosa: "creo que todavía no has cortado con Quinn, te quedan 29 días". Obviamente, la letra era de Jessica porque a la de Finn nunca le había entendido. Debajo escribió cuando se dio cuenta de que alguien la miraba "hoy lo haré". Tomó un poco de cinta y lo pegó en su casillero. Retiró sus libros y se fue dando un vistazo para ver a un gran cuerpo salir corriendo rápidamente.
Llegó a su clase y Will la dejó pasar sin ningún problema.
—Gracias, señor Shue —le dijo en un perfecto acento.
Rachel se puso a trabajar con Mark en una investigación de un país donde se hablara español y les tocó México.
Después de estar las primeras dos horas clases investigando desde cuando fue descubierto hasta cuando fue su independencia decidieron que lo dejarían para otro día ya que se entregaba la semana siguiente.
—Adiós, Rachel —dijo el chico mientras se iba junto con el equipo de futbol.
—Adiós, Mark —dijo ella sonriendo.
El día paso tranquilo y sin preocupaciones grandes para la morocha hasta que llegó la hora del Glee club y se dio cuenta de que tenía que contarles a todos sobre lo que estaba pasando y lo que le estaban haciendo.
Entró con su característica sonrisa al salón bajo la mirada sorprendida de todos sus compañeros al no verla tan triste como el día anterior y con un Kurt con la mirada como un poema al ver el cambio de humor que había sufrido la morocha.
Se sentó hasta adelante como todos los días y unos minutos más tarde entró Will con Emma y los padres de Rachel; todos se sorprendieron al ver a los señores Berry ahí y Rachel se puso más nerviosa porque ni siquiera había sido ella la que les había contado sobre lo que había pasado y ahí recordó que debía matarlo.
—Rachel, creo que tienes algo que decir —le dijo Hiram.
—Hola, papi —dijo inocentemente.
Hiram la vio con una cara que pudo haber hecho a cualquiera salir corriendo y Rachel se levantó para empezar a hablar. Hablar en público nunca había sido un problema para ella pero ese día, en ese momento, sentía la boca seca y sentía como no le salían las palabras; se aclaró la garganta y empezó a hablar:
—Bueno… mmm yo…
—Habla —le dijo Hiram serio y sin voltearla a ver y ella volvió a aclararse la garganta.
—Lo que le pasó a Quinn fue malo y en un momento pensé que solo había sido culpa de los del equipo de futbol —decía sin mirar a nadie a la cara sintiendo que su voz comenzaría a cortarse y ya no podría seguir—, pero hay otras personas que colaboraron, o más bien planearon, lo que pasó y bueno… ustedes los conocen —todos comenzaron a cuchichear.
— ¿Quién Hobbit? —le preguntó Santana.
—Mmm Jessica.
—Esa perra, yo la mató —gritó Santana y se levantó pero entre Sam y Brittany la agarraron y la hicieron sentarse. Después la rubia le susurró y la latina se tranquilizó y sonrió pícaramente.
—… y Finn —terminó y todos la vieron confundidos.
— ¿Finn qué? —le preguntó Artie.
—Finn también lo hizo.
Sam, Puck, Mike y Blaine se levantaron y el del mohicano gritó.
—Vamos, yo sé una entrada secreta para entrar a su casa —los otros estaban a punto de seguirlo pero nadie lo logró porque Will se puso entre ellos y la puerta.
—vamos, señor Shue, tiene que dejarnos salir —le dijo el rubio.
—No podemos dejar que él se salga con la suya —le gritó Puck enojado con Finn por hacerle algo a su judía.
—Siéntense, falta más —les dijo LeRoy y ellos asintieron y se fueron a sentar.
—Ellos están diciéndome —continuó Rachel—, que si no corto con Quinn van a lastimarla más y también a mis padres y perdón por no decirles nada —se dirigió a sus papás y comenzó a hablar cada vez más rápido—, pero tenía miedo y no quería que se preocuparan por mí.
Rachel se abalanzó sobre sus padres abrazándolos y ellos casi caen de las sillas donde estaban sentados.
—Tranquila, princesa —le dijo LeRoy mientras le acariciaba el cabello.
—Rachel ¿por qué nos cuentas esto? —Le preguntó Brittany—, ya sabemos que tú amas a Quinn y el amor siempre gana.
—Esto es el mundo real, Britt, no un cuento —le contestó con todo el positivismo que tenía completamente acabado.
—Pero el amor es la fuerza más poderosa de todas —Brittany comenzaba a hacer berrinche porque sabía que tenía razón.
—Está bien, Britt-Britt, pero recuerda que el amor siempre es sometido a grandes pruebas para saber si es verdadero —le dijo Santana con una dulzura inusual en ella, después se dio cuenta de que todos la veían con una cara rara y se acomodó en su silla tratando de conservar su pose de chica mala—. ¿Y qué quieres que hagamos RuPaul?
—Tengo un plan y necesito que todos hagan como que Quinn y yo ya no estamos juntas cada vez que vean a Finn o a Jessica. Hagan como que ella y yo no nos hablamos. Sólo necesito que hagan eso, yo arreglo lo demás.
— ¿Vas a cortar con Quinn? —preguntó Sugar con su particular voz chillona.
—No, voy a hacer que parezca que lo hice —les dijo—, hoy voy a ir al hospital a explicarle todo y…
—Ya no me lo tendrás que explicar —le dijo Quinn a Rachel saliendo de la oficina de Will.
—Quinn yo, iba a decírtelo ayer pero no pude. Perdón por salir corriendo, yo no quería —Rachel la abrazó y Quinn gimió de dolor.
—Rach, mis costillas —le dijo con un hilo de voz y la morena se separó de inmediato.
—Lo siento.
—Está bien —le sonrió—. Así que… ¿quieres "terminar"? —le dijo y la característica ceja levantada Fabray apareció.
—No es de verdad, pero sí.
— ¿Por qué no hacemos esto más real? Finn y Jessica están afuera. ¿Usamos nuestros grandes dotes de actuación y los engañamos? —le dijo con una sonrisa de medio lado.
—Claro, volvemos en unos minutos —les dijo a todos.
La rubia y ella salieron del salón.
— ¿No entiendo por qué quieres hacer esto? ¿Qué no entiendes que te amo? —le gritó Quinn en una muy buena improvisación.
—Claro, Quinn, y yo también; pero no puedo seguir con esto —las lágrimas comenzaban a aparecer en los ojos de la morena; igual que las sonrisas en las bocas de Jessica y Finn que veían todo desde uno de los pasillos escondidos.
— ¿Por qué? —le preguntó "llorando" también.
—Porque no puedo —sacó una hoja de su bolsillo y se la dio—, esto te explicara todo —se la dio.
—Pero aquí dice que ya no me amas y yo sé que lo haces, Rach —lo que en verdad decía era lo que había explicado en el salón pero Quinn no quería que se dieran cuenta de que ella lo sabía y les hicieran daño.
—Por favor, no hagas esto más difícil —dijo y salió corriendo dentro del salón y Quinn la siguió pero Finn y Jessica sabían que no los podían ver ahí así que se fueron convencidos de lo que había pasado.
—Despejado —les dijo Puck viendo desde la puerta como los otros dos se iban.
Rachel y Quinn soltaron una carcajada y los demás rieron también porque habían escuchado los gritos desde el pasillo.
— ¿Cómo salió? —preguntó LeRoy.
—Estoy segura de que se la creyeron —dijo Rachel con una gran sonrisa.
—Se la creyeron, sólo no tenemos que acercarnos en la escuela —dijo Quinn—, justamente después de que todo el mundo lo sabía. Es como volver al principio.
— ¿Cuándo saliste del hospital? —le preguntó Rachel a Quinn en la casa de la morocha ya que Hiram y LeRoy habían dejado que Quinn se quedara ese día ahí porque ya no podían verse en la escuela.
—Hoy en la mañana me dieron de alta, llamé a Santana y me dijo que si había Glee club hoy; así que fui a la escuela y el señor Shue me dijo que me escondiera en su oficina porque si me veías te pondrías más nerviosa de lo que ya estabas y no ibas a contar lo que tenías que contarnos así que eso hice y aquí estamos.
— ¿Acostadas en mi sillón viendo la televisión después de una ruptura falsa? —preguntó mientras la besaba.
—Sí —le correspondió el beso.
— ¿Qué crees que pase si se enteran de que no fue de verdad? —le preguntó Rachel a Quinn mientras se acomodaba en sus piernas.
—No sé, pero en serio no quiero pensar en ello —le dijo besándola—. Tengo mejores cosas que hacer.
Quinn la besó mucho más fuerte que antes y no se le despegó hasta que, por culpa de su nariz rota, se quedó sin aire antes de lo que ella quería hacerlo. Rachel rio un poco y besó su nariz con cuidado.
— ¿Tienes hambre? —le preguntó la morena después de varios minutos de besos y caricias.
—Sí, pero quiero seguir con esto —Quinn hizo un puchero y Rachel sonrió.
—Comamos y te juro que seguimos todo el día —le dijo y se levantó para ir a la cocina; la rubia la siguió.
Rachel sacó comida del refrigerador y la sirvió en dos platos para después ponerlos a calentar bajo la atenta mirada de Quinn que tenía una sonrisa en los labios.
— ¿Qué tienes? —le preguntó extrañada Rachel al ver la mirada de la rubia.
— ¿Te he dicho que te amo? —la rubia se acercó.
—Sí, pero dímelo otra vez.
—Te amo —la besó—, te amo —la volvió a besar—, te amo más que a mí misma.
—Lo sé —le dijo con altanería riendo y la rubia se hizo la enojada aunque sabía que Rachel estaba jugando.
—Que chistosa —le dijo sarcástica.
— ¿Te enojaste?
—No lo sé, ¿debería?
—No te enojes, yo solo estaba jugando. Yo también te amo más que a todo —dijo Rachel abrazando a la rubia por la cintura ya que esta se había volteado para que no viera la sonrisa que tenía en sus labios.
—Lo sé.
Quinn se volteó y cargó a Rachel empezando a darle vueltas en el aire y la morocha empezó a gritar por alguien que la ayudara.
—Quinn, bájame… bájame, no es divertido.
—Claro que lo es —siguió dándole vueltas.
—No, bájame ya —le gritó fuertemente.
—Como quieras —dijo Quinn y la puso en el piso. Rachel se enderezó la ropa y caminó hacia la cocina.
—No sé porque todos creen que es divertido cargarme —dijo sacando los platos del microondas.
—Es que es divertido para nosotros —le dijo abrazándola por la espalda.
—Pero no para mí.
—Y eso lo hace aún más divertido.
—Tonta —la besó.
Las dos comieron en silencio y después volvieron al sillón que parecía que se volvería su nuevo lugar favorito desde que podían pasar tiempo en la casa de la morena.
—Ya comimos, ¿podemos volver a lo que estábamos haciendo?
—No sé —le dijo Rachel sentándose del otro lado del sillón.
—Me lo prometiste —le dijo Quinn sonriendo.
—Está bien, pero tengo un juego —le dijo sonriendo juguetonamente.
— ¿Cuál? —le preguntó curiosa.
—Tú no te puedes mover, ni corresponderme el beso, ni abrazarme, ni moverme, ni nada —le dijo sonriendo.
—Me parece… interesante —le dijo mientras se acercaba a ella.
Rachel la aventó y Quinn cayó de espaldas sonriendo. Rachel se acercó a ella y la besó pasionalmente, Quinn quiso corresponderle pero sabía que si lo hacía la morocha se iba a separar y ella sabía que quería pasar toda su vida así.
De pronto, Rachel bajó al cuello de la rubia y comenzó a besarlo sabiendo que probablemente dejaría una marca mordió y Quinn soltó un grito que más bien sonaba como un gemido y Rachel sonrió con suficiencia. Volvió a besar pero ahora del otro lado y lo mismo pasó aunque la rubia trataba de controlarse.
Siguió así pero escucharon el timbre de la casa sonar por lo que Rachel se levantó y fue a abrir la puerta—no sin antes arreglarse el cabello y esperar a que se le deshincharan los labios— mientras Quinn iba al baño a ponerse maquillaje en las marcas que Rachel le había dejado por si eran los padres de la morocha que habían olvidado las llaves o algo así.
Rachel abrió la puerta y se encontró con alguien al que no esperaba.
— ¿Finn? ¿Qué demonios haces aquí?
