Para Damián ir a la escuela ya no era tan molesto. Por alguna razón, ajena a su entendimiento, tenía curiosidad por la docente que le había tocado este año.
Sophie era una maestra extraña y había despertado la curiosidad y el interés en el niño de carácter gruñón y orgulloso.
Cuando llego a la escuela Damián vio a sus compañeros esperando en las escalinatas junto con su maestra y el profesor de arte. El cual era un hombre de unos cuarenta años, pelado y alto. Vestido de traje y llevaba un maletín en su mano. Hablaba animadamente con Sophie y ella sonreía delicadamente.
En ese momento Sophie sintió como alguien tironeaba de su abrigo suavemente. Cuando la docente vio de quien se trataba sonrió ampliamente:
-Buenos días Damián. Me alegro que hayas venido. –saludo con alegría la joven de larga cabellera rubia.
El hijo de Bruce Wayne no sonrió en ningún momento y le respondió a su maestra:
-Buenos días. Niña hippie aquí tienes la tarea y el permiso para la excursión. –dijo seriamente el niño.
Sophie no perdió su sonrisa y tomó entre sus manos los papeles para luego guardarlos en su bolso color chocolate. El cual combinaba con su saco y zapatos.
-Muy bien, ya que hoy es viernes la semana que viene te traeré tus notas Damián. –respondió la docente con amabilidad mientras el niño de ojos azules asentía.
Cuando el profesor de arte vio a Damián se acercó para saludarlo.
-Buenos días joven Wayne. Espero que hoy, en el museo de bellas artes, se comporte como es debido. –dijo seriamente el profesor.
Sophie codeó al austero señor que regañaba a su pequeño consentido.
-Profesor Dupont no es necesario decirle eso a Damián. Él es un niño muy aplicado. –opino la docente inmediatamente.
-Lo se señorita Leblanc. –respondió el profesor con su acento francés. –Pero no nos olvidemos del incidente de hace unos días. –replico mientras miraba seriamente a Sophie.
La joven docente suspiro cansada y negó con un suave movimiento de su cabeza:
-No me olvido. Sin embargo no se olvide usted, profesor Gérard, que la docente que está todos los días con ellos son yo. Conozco a mis niños. Y Damián es uno de mis mejores alumnos. –dijo seriamente Sophie.
"¡Já! Jaque mate pelado. La niña hippie no es tan tonta." –pensó Damián mientras observaba la situación con picardía.
El profesor Dupont miro fijamente a su compañera y finalmente exhalo un largo suspiro y asintió:
-Touché. –respondió con una pícara sonrisa. –La señorita Sophie es muy buena. –opino sonriente el profesor de arte.
Damián fulmino con su mirada al hombre de acento francés, para después mirar a Sophie quien le sonreía al niño de forma maternal.
-Cariño porque no vas subiendo al autobús. El profesor y yo tenemos que terminar de llenar estos formularios. –comentó Sophie con dulzura.
-De acuerdo. –respondió Damián mientras se daba media vuelta y se iba al autobús.
En cuanto Damián subió al vehículo suspiro molesto, todos los asientos eran para sentarse de a dos personas. Él quería estar solo, sin ningún niño o niña molesta a su lado. Por eso se fue al fondo y se sentó sin observar a los compañeros que ya estaban allí. Minutos, casi segundos, después Sophie subió al vehículo con más alumnos y todos tomaron asiento. El profesor de arte se sentó en el primer asiento de todos mientras revisaba unos papeles. Mientras que Sophie caminaba por el pequeño pasillo del vehículo para constatar que estuvieran todos sus alumnos.
Al mismo tiempo que Damián observaba curiosamente a Sophie una niña de larga cabellera castaña y ojos azules se sentó a su lado. Miro dulcemente a Damián y le hablo tímidamente.
-¿Puedo sentarme a tu lado? Es que… tienes el único lugar libre. –comentó mientras jugueteaba con sus dedos de forma nerviosa.
Damián miro fijamente a la niña y en ningún momento le correspondió la sonrisa a la niña.
-Está bien. –respondió seriamente.
En ese instante el autobús arranco a una velocidad moderada, Sophie estaba sentada junto al profesor de arte y ambos hablaban animadamente sobre la visita al museo.
Damián se reclinó en el asiento y miro hacia la ventanilla del autobús mientras sus compañeros y compañeras hablaban animadamente.
-Ey Damián… no pensé que tuvieras el tupe de volver a la escuela después de lo que me hiciste. –dijo una vocecita chillona y conocida.
Damián miro por el rabillo de ojo a su interlocutor y se dio cuenta que era el compañero al cual le había roto la nariz. El pequeño Wayne no le respondió lo cual hizo que el otro niño se enfureciera.
-Oye… te estoy hablando. Seguramente estás aquí por los contactos de tu padre. Pero no te serán de ayuda siempre Damián. –dijo Jack con desdén.
Damián miro iracundo al mocoso frente a él, el cual estaba de rodillas sobre el respaldar del asiento del autobús, molestando a Damián.
-Déjalo en paz. La señorita Sophie dijo que debíamos portarnos bien Jack. –intervino la niña que estaba sentada junto a Damián.
Jack miro a su compañera y comenzó a reír de forma cruel y burlona.
-Vaya… no sabía que tenías novia Damián. Catherine… lo haces muy obvio. Cállate. –respondió de forma burlona.
La niña frunció el ceño enojada e inflo sus mejillas de la rabia. A todo esto Damián solamente miraba desafiante al mocoso pero no le respondía.
-A mí no me callas Jack. ¡Señorita Sophie! –grito la niña a todo pulmón.
En ese instante Sophie se acercó a ellos y puso su mano sobre la espalda de Jack.
-¿Qué estás haciendo Jack? Siéntate el vehículo está en movimiento y podrías lastimarte. –dijo seriamente la joven maestra.
El niño obedeció, pero antes le dedico una cruel mirada a su docente, la cual hizo caso omiso a la ofensa del niño.
-Señorita… Jack está molestando a Damián desde que se sentó aquí. Y me insulto a mí también. –anunció Catherine con voz firme.
Sophie cambió su mirada cuando se dirigió nuevamente a Jack, estaba seria, su expresión austera y sus labios fruncidos.
-Jack… cámbiate de lugar. Ahora. Estoy muy decepcionada. –lo regaño con prudencia.
-Pero… él… –el niño fue a replicar al ver la mirada burlona de Damián pero Sophie no lo dejo terminar.
-Damián no te ha hecho nada. No escuche ni si voz cuando tú lo molestabas. Cámbiate de lugar ahora, ve a sentarte junto al profesor Dupont. –dijo seriamente.
Damián sonrió complacido mientras que Jack ponía cara de niño caprichoso y enojado al cual no le cumplieron su capricho. Y se alejó protestando mientras Sophie lo miraba seriamente. Cuando el niño se sentó junto al profesor de arte, el cual le daba otro sermón, Sophie ocupo su lugar frente a Damián y a la pequeña Catherine.
-Estoy muy orgullosa de ti Damián. Te has sabido comportar. –dijo dulcemente la docente recuperando su cálida expresión.
-No necesitas decirme eso. Además ese niño es muy poca cosa para que yo le responda. –respondió Damián con orgullo.
Catherine miro confundida a su maestra mientras que esta sonreía divertida. Aunque a Damián le había resultado curioso como Sophie había cambiado su expresión cuando había regañado al niño. Casi no parecía la niña dulce y tierna que él conocía.
Cuando llegaron al museo los niños y niñas se reunieron junto a Sophie y al profesor Dupont. En ese momento un guía apareció para llevarlos por el lugar. Era un joven de traje negro y corbata roja, de cabellera y ojos cobrizos.
-Buenos días niños. Señorita… Profesor… –saludo amablemente el joven. –Mi nombre es Arthur y los guiare por el museo mientras les cuento sobre las obras que albergan cada sala que pertenecen a diferentes períodos del arte. –explico amablemente el muchacho.
Los niños y niñas parecían muy entusiasmados, al igual que el profesor Dupont, quien opinaba al respecto sobre cada obra y casi no dejaba hablar al pobre guía.
Sophie sonreía divertida ya que sabía sobre la pasión por el arte que tenía su compañero de trabajo.
Todos los alumnos y alumnas tomaban notas, ya que Sophie les había dicho que tendrían que hacer un pequeño ensayo en cuanto a lo que veían.
Damián observaba y escribía en su cuaderno haciendo caso omiso a los comentarios de sus compañeras y compañeros. Sophie notó como el niño se alejaba del grupo y trataba de no mezclarse con ellos. Por eso se paró a su lado y le acarició los cabellos.
-¿Qué sucede Damián? ¿No quieres acercarte más para ver las pinturas? –pregunto dulcemente la maestra.
Damián miro seriamente a Sophie y sin perder ese ceño fruncido respondió:
-Odio el cubismo. Son imágenes al azar que no tienen ningún orden, ni ninguna lógica. Es estúpido. –respondió mientras evitaba la mirada de su docente.
Sophie soltó una suave risita divertida y se tapó la boca para que aquel sonido no irrumpiera en el silencioso salón.
-No es estúpido Damián. Comprendo que no te guste pero no por eso tienes que llamarlo estúpido. Dime… ¿Qué período del arte es el que más te gusta? –pregunto tranquilamente Sophie.
Damián la observo sin perder aquella seriedad y frialdad que lo caracterizaban.
-El renacimiento. ¿Y a ti? Supongo que como eres una hippie idealista te gustan todos estos cuadros sin lógica alguna. Seguramente tú eres de esas vanguardistas que les gustan el surrealismo y el cubismo. –comentó en un tono despectivo.
Sophie sonrió y negó con un suave movimiento de su cabeza.
-No. No me gusta el cubismo. Prefiero la pintura figurativa y el arte religioso, mi pintor predilecto es Leonardo Da Vinci. –respondió amablemente. –Ven continuemos el recorrido. –dijo mientras lo tomaba del hombro y lo guiaba junto al grupo.
Los niños y niñas pasaron a otro salón en donde se exponían los grandes pintores del barroco.
-A ver niños… ¿Quién de ustedes sabe a quién pertenece está obra? –pregunto el Arthur mientras señalaba una pintura que reflejaba a un hombre entrado en años.
Sophie observó a Damián y lo incentivo a que respondiera. El niño suspiro al ver que sus compañeros pensaban la respuesta y que su profesor de arte los incentivaba.
-Es Rembrandt fue un pintor y grabador holandés. La historia del arte le considera uno de los mayores maestros barrocos de la pintura y el grabado. –respondió el pequeño Wayne mientras sus compañeros lo observaban con interés.
El guía Arthur sonrió al igual que Sophie quien sonrió orgullosa como si Damián fuera su propio hijo. El profesor Dupont prácticamente aplaudió a su alumno.
-Muy bien Damián. Parece ser que alguien si presta atención en clase. –dijo orgulloso.
Damián frunció el ceño y exhalo un largo suspiro. Eso no lo había aprendido con su profesor sino con los tutores que su madre le había puesto cuando era más pequeño. Pero de nada serviría explicar eso.
Los alumnos y alumnas continuaron avanzando por el lugar caminando lentamente y observando todo a su alrededor. El que iba delante de todos era el profesor de arte y Sophie se mantenía detrás observando que ningún niño se perdiera por el lugar.
Por su parte Damián se mantenía junto a Sophie no sabía porque pero le agradaba, aunque después lo negara por completo, aquella calidez que irradiaba la maestra. Esas fugaces sonrisas y dulces miradas que Sophie les dedicaba a cada uno de sus alumnos y alumnas. ¿Por qué ella era tan maternal con ellos? Pero la pregunta más importante era: ¿Por qué se sentía tan bien?
Cuando terminaron la visita al museo los niños subieron al autobús mientras los docentes tomaban asistencia nuevamente para comprobar que estuvieran todos. Todos los niños y niñas se sentaron de la misma manera en que habían llegado, por eso a Damián le toco sentarse con su compañera otra vez, la niña se llamaba Catherine.
Sin embargo en ningún momento, nadie pudo prever lo que ocurrió después. Mientras los niños iban hablando animadamente y los profesores charlaban sobre lo bien que había salido la excursión al museo, un auto chocó el autobús y lo saco del camino. Inmediatamente de aquel coche subieron cuatro hombres armados y encapuchados y tomaron a los pasajeros de rehenes. Tres de ellos inmovilizaron al profesor Dupont, a Sophie y al conductor.
-¡Se quedan todos sentados! ¡Solamente queremos a Michael Morgan! –dijo uno de los secuestradores. Ese niño era el hijo de un famoso juez que llevaba una causa por tráfico de drogas.
Sophie se removió entre los brazos del secuestrador y miro a sus niños, todos asustados y llorando desconsoladamente. Excepto Damián, el hijo de Bruce estaba furioso, apretaba sus dientes con furia y miraba hacia todos lados buscando una solución. Si los atacaba, todos sabrían su identidad. Si no lo hacía lastimarían a Sophie y a los demás. Porque era obvio que ninguno de esos tipos dejaría a sus rehenes con vida. Él podía saberlo, lo presentía, y por alguna razón, ajena a la lógica, no podía dejar que lastimarán a su maestra.
Sophie lo miraba y con su mirada le suplicaba que no hiciera nada. Sin embargo, rápido como el sonido Damián envió un mensaje de texto mediante su celular a Richard. Fue algo rápido, en código, para no perder el tiempo.
Aquel movimiento fue visto por uno de los secuestradores y por eso se dirigió a Damián y lo tomo del brazo.
-¿Qué estás haciendo mocoso? –preguntó el hombre mientras le apretaba el brazo con violencia.
-Nada que te importe. –escupió el orgulloso niño.
El hombre se enfadó ante esa respuesta, que fue la causa de la burla de sus compañeros, y fue a abofetear al niño. Con fuerza arrojó a Damián al suelo del golpe que le dio. Logrando hacer que al niño de ojos azules le sangrara el labio. Al ver eso la joven maestra sintió una punzada en su pecho y se removió entre los brazos del criminal.
-¡No! –grito Sophie. –No toquen a mis niños. –dijo mientras se liberaba del amarre y se interponía entre Damián y el agresor. Como una loba cuando lastiman a sus cachorros la maestra cubrió a Damián entre sus brazos. Dejándolo atónito.
-¡Quítate mujer! ¡Y danos al niño! –dijo el hombre mientras tomaba salvajemente del brazo a Sophie.
-¡No! Estos niños son mi responsabilidad. No te llevarás a ninguno. –respondió la maestra sin mirar a los ojos al sujeto.
Damián observo sorprendido a Sophie, ella se estaba arriesgando sólo por ellos. Y se había arriesgado a que le dispararan solamente para protegerlo a él de la ira de aquel hombre. Evidentemente esa niña estaba loca.
Uno de ellos se acercó a Sophie y sonrió de forma provocativa y ladina. Pasó junto a ella y tomó a Michael del brazo al mismo tiempo que el niño lloraba de forma desconsolada. Al ver que se llevaban a su alumno, Sophie se puso de pie y su primer impulso fue detener al sujeto.
-¡No! –exclamo la joven pero el criminal le apunto con su arma.
Al ver a Sophie en peligro Damián no pudo controlar sus movimientos, la tomo de la mano para evitar que se acercara más al peligroso sujeto.
-Niña hippie no te muevas. –murmuro Damián, por primera vez preocupado.
-Ya tenemos al niño. Mantenlos a todos. –ordeno el líder de los secuestradores a sus compañeros.
Sophie cerró sus ojos con fuerza y abrazó a Damián. Como si con su cuerpo quisiera protegerlo de un inminente final.
Se oyeron unos disparos y cuando los presentes abrieron sus ojos vieron a los cuatro hombres en el suelo, sin vida, y sangrando copiosamente. Al levantar la vista vieron a un hombre de negro, con una capucha roja.
-¡Red Hood! –exclamo Damián con rabia y con ira.
Sophie miro a Jason y bajo su mirada mientras trataba de evitar que Damián se arrojara sobre él.
-Damián cariño… tranquilízate. –murmuro Sophie mientras intentaba que su niño no se arrojara contra Jason.
En ese momento se escucharon las sirenas, la policía estaba llegando al lugar. Red Hood desapareció del vehículo antes de que el comisionado Gordon llegara en compañía de Nigthwing. Los policías se encargaron de poner a salvo a los niños mientras los médicos de las ambulancias los revisaban por si tenían alguna herida.
-¿Quién llego antes que nosotros? ¿Quién mato a los delincuentes? –pregunto Dick a la asustada maestra quien jugueteaba nerviosamente con sus dedos.
-¡Red Hood! –exclamo Damián. –Él llego y los mato Nigthwing. –dijo seriamente.
Sophie miro a su alumno y bajo su mirada tristemente. Al ver esa fugaz reacción Dick frunció el ceño y se sintió mal por la chica. Fue en ese momento que Gordon se acercó a ellos.
-Entonces tenemos que darle caza a Red Hood. Ha vuelto a las andadas. –opino firmemente el experimentado comisionado.
Los ojos de Sophie se abrieron de par en par:
-¡No! –dijo mientras tomaba de los hombros a James Gordon. –No lo hagan, Red Hood nos salvó a mis niños y a mí. Sé que no fue correcto lo que hizo pero no tuvo opción, Nos iban a matar. –opino con energía en su voz.
Damián miro a su maestra anonadado al igual que Nigthwing. Sophie se oía triste y preocupada por Jason. Por eso Dick cubrió los hombros de la joven con sus manos.
-Señorita no se preocupe. Ha pasado por mucho… necesita descansar. –dijo Nigthwing mientras le dedicaba una tierna mirada a la joven maestra.
Sophie bajó su mirada tristemente. Su corazón le dolía, le dolía su pecho, sentía que iba a desfallecer. No sabía porque se sentía tan mal y de repente, sin previo aviso, perdió el conocimiento.
Cuando Sophie despertó se sintió pesada, como si alguien la hubiera golpeado con fuerza, cuando miro hacia un costado vio a Damián y a Dick. El pequeño la observaba con un leve toque de preocupación, la joven pudo notarlo porque el niño estaba sentado con sus codos apoyados sobre la cama y la miraba de cerca. Richard estaba sentado en una silla más atrás mientras leía una revista, el joven estaba vestido con ropa casual y había dejado su traje de Nigthwing. Al verla despierta le sonrió con amabilidad.
-Buenas tardes Sophie. ¿Cómo te sientes? –pregunto Dick con gentileza.
-¿Estás bien niña hippie? Luces terrible. –opino Damián con toda naturalidad, logrando hacer que Richard frunciera el ceño.
-¡Damián! ¡No se le dice eso a una chica! –lo regaño con ternura, logrando hacer que Sophie sonriera.
-Estoy bien. ¿Dónde me encuentro? ¿Estoy en un hospital? –pregunto la joven maestra mientras se enderezaba en la cama y miraba hacia los costados.
Efectivamente Sophie se encontraba en un hospital, al desplomarse de esa forma Damián se había preocupado y, por más que lo hubiera negado con todo fervor, Richard se había percatado. Por eso el primer Robin había abandonado su identidad como Nigthwing para después volver a aparecer como Dick Grayson, el preocupado tutor de Damián que había visto las noticias y llegaba por su pupilo.
El primer Robin se había hecho cargo de Sophie porque el profesor de arte también se había descompensado.
-Estás en un hospital. ¿Qué te paso? Te desplomaste como las fichas de un domino. –pregunto Damián mientras miraba intensamente a su maestra.
La joven suspiro cansada y le acarició los cabellos a su alumno.
-Estoy bien Dami. Simplemente me sentí un poco mareada. –respondió tranquilamente Sophie.
Damián la observo, no muy convencido de aquella respuesta, y Dick se puso de pie y apretó el hombro de su protegido.
-No debemos molestar a Sophie. Imagino que debe ser duro para ti ver lo que viste. –opino comprensivo el joven Grayson.
Sophie bajo su mirada y no respondió un nudo se había formado en su garganta. No quiso admitirlo, pero ver a Jason asesinar a esos hombres no le había hecho gracia. Le costó digerir aquella imagen de los cuatro individuos muertos a manos del hombre que amaba.
En ese momento Jason entro corriendo al lugar, algo despeinado y con un semblante de preocupación.
-¡Sophie! –exclamo mientras entraba a la habitación.
Los presentes se giraron para ver hacia la puerta al recién llegado. Dick le sonrió a su hermano menor pero Damián se arrojó contra el segundo Robin, sin que Richard pudiera evitarlo.
-¡Asesino! –le grito mientras lanzaba un golpe.
-Mira quien habla. –respondió Jason mientras esquivaba el ataque de su "hermanito menor".
Sophie se levantó de la cama y se ubicó entre su alumno y su novio. Al mismo tiempo que Dick corría a sostener a la joven.
-¡Basta! No peleen. –pidió Sophie tristemente. –Damián… Jason no es un asesino. Él nos salvó la vida. –lo defendió a su amado.
Jason se percató de la tristeza de su niña y por eso pasó junto a Dick y a Damián y la tomó entre sus brazos. La abrazó como si hubiera pasado años sin verla.
-Sophie. –murmuro Jason mientras estrechaba a la niña de bucles rubios entre sus brazos.
-Jason. –susurro Sophie y acarició los cabellos del rebelde joven. Sin embargo la maestra no pudo contenerse por más tiempo y rompió a llorar con tristeza, ocultando su rostro en el pecho de Jason.
Al darse cuenta de la situación, Dick se dirigió hacia la puerta mientras trataba de tironear a Damián para dejar solos a la pareja.
-Pero… Grayson... –se quejó el niño de ojos azules. Y es que dejar a aquella mujer sola con Todd no le agradaba mucho. Especialmente después de ver como Jason había matado a esos delincuentes.
-Debemos dejarlos solos Damián. –opino seriamente Dick. –Jaybird… no lo arruines. –dijo con una sonrisa amable Richard.
Jason no respondió, simplemente asintió con un suave movimiento de su cabeza sin dejar de acariciar la espalda de su niña, en un intento de calmar su llanto ahogado.
En su interior Jason estaba agradecido con Dick por haberle avisado que su novia había sido llevada al hospital. Pero por otro lado el joven Todd se sentía desnudo y desarmado ante la tristeza que le había causado a Sophie.
-Sophie… no llores. –pidió mientras le besaba los cabellos.
-Jason… los mataste. ¿Por qué? –pregunto la joven mientras levantaba su cabeza y miraba a los ojos a su amado.
Jason frunció el ceño y tragó saliva. ¿Por qué rayos ella tenía esa mirada? ¿Por qué le dolía tanto, mucho más que cualquier navaja o bala?
"Oh Sophie… no pongas esa cara… ¿Por qué no puedo?" –pensó al mismo tiempo que le acariciaba el rostro con la yema de los dedos.
-Tuve que hacerlo Sophie. Si no disparaba iban a matarte a ti y a esos niños. Estaban armados con metralletas y… yo… tenía que proteger lo que más quiero en esta vida. –respondió con sinceridad.
Sophie frunció el ceño y se abrazó al joven con tal devoción, con tal cariño, que Jason creyó que nadie podría darle tanto amor como ella.
-Pero no tenías que matarlos. Con la experiencia que tú tienes en el combate imagino que pudiste haber hecho otra cosa antes que matarlos. –opino tristemente la joven.
Jason se sorprendió de aquellas palabras y bruscamente tomó de los hombros a la joven de ojos color café.
-Pero Sophie… iban a matarte… ¿Por qué tú? –pregunto sorprendido.
Entonces ella lo miro una manera tan intensa y profunda que Jason no pudo replicar más.
-Lo sé… sé que iban a matarme. Pero… si tú sigues con esa política de asesinar a los criminales volverás a la cárcel. Gordon te cazará como si fueras uno de ellos… y entonces… voy a perderte. Y no quiero… no quiero que te alejes de mí. –respondió Sophie con tal sinceridad que logro hacer que el recio y rebelde joven frente a ella cayera de rodillas y la abrazara con fuerza, apoyando su cabeza sobre el vientre de Sophie.
-Tienes razón. –murmuro confundido.
Sophie se arrodillo frente a Jason y lo miro profundamente a los ojos.
-Prométeme que no volverás a matar. Por favor… no me importa si los golpeas o si les disparas con tus armas. Pero… prométeme que no matarás. –pidió tristemente.
Jason miro hacia un costado, esa mirada le estaba penetrando el corazón y no lo dejaba responder un no.
-Pero Sophie… no es tan sencillo… no puedo. –respondió el joven.
Sophie tomó el rostro de Jason entre sus manos y lo miro intensamente a los ojos.
-Por favor Jason… por mí. –pidió la niña de bucles rubios.
Un largo suspiro escapo de los labios del segundo Robin. ¿Por qué no podía decirle a ella que no? Recordaba las veces que le habían pedido que dejara de hacer justicia de esa manera y a todos los había rechazado, incluido Bruce.
Pero ella, venía con esa mirada de niña buena e inocente, y con esas manos que lo acariciaban de una manera tan dulce y cálida que había derretido esa coraza de hielo que él había formado con los años. Jason no pudo resistir por mucho tiempo aquellos dulces y bellos ojos cobrizos que lo observaban suplicante. No porque le importarán los criminales o las personas que sucumbirían a sus ataques. Sino por él. Sophie le hacia ese pedido sólo por él, para poder protegerlo.
-De acuerdo. –suspiro rendido. –Lo haré por ti. –respondió cabizbajo.
Sophie abrió sus ojos grandes de la sorpresa y se arrojó a los brazos de Jason de la emoción. Al estar distraído el joven de mechón blanco cayó hacia atrás con su novia entre sus brazos.
A Jason le pareció increíble y muy loca la forma en que Sophie podía pasar de las lágrimas a la risa en un santiamén. Obviamente era por él, la sobrina del padre Roland estaba feliz porque, a pesar de esa actitud rebelde y pendenciera, Jason realmente la amaba y se lo demostraba. Esa promesa significo muchísimo para Sophie, como si le hubieran regalado un tesoro.
-¡Jason! ¡Gracias! –exclamo feliz la maestra mientras llenaba de besos las mejillas del joven.
Eso fue abrumador para Jason, no porque fuera demasiado cariño para él, sino porque nunca lo habían tratado de esa forma tan gentil y alegre.
-Ya… está bien. Es muy injusto de tu parte poner esa cara de cachorro mojado. Sabes que no puedo decirte que no. –opino fingiendo indignación.
Sophie se arrodillo junto a él y lo observo curiosa y sin perder esa sonrisa feliz. Jason suspiro y se puso de pie. Estiro su mano y ayudo a Sophie. La joven tomó la mano de Jason con una confianza ciega mientras él la tomaba de la cintura.
-Vámonos de aquí. –dijo mientras la pegaba a su cuerpo de forma sobreprotectora.
Sophie sonrió y asintió fue a tomar sus cosas pero Jason no la dejo alejarse. Sin previo aviso la besó, de una forma apasionada y sin mesura.
Al separarse de ella, Jason apoyo su frente sobre el hombro de Sophie. Al ver esta acción la joven le acarició los cabellos con ternura, como si se tratara de un niño pequeño.
-Jay. –susurro con cariño la docente.
-Eres rara Sophie… pero… te quiero. –murmuro sonrojado hasta las orejas.
La sobrina del padre Rolando sonrió alegremente mientras sentía como la emoción subía por su pecho. Ella no pretendía cambiar a Jason, solamente deseaba protegerlo.
Holaaaa! ¿Cómo han estado? Primero que nada mil disculpas! Sé que deben querer matarme por tardarme tanto pero les juro que no tenía tiempo, entre los estudios y algunos problemitas familiares no pude actualizar. Espero me disculpen =)
¿Qué les pareció el capitulo? ¿Pongo advertencias de exceso de azúcar? Jajajajaja xD Honestamente espero que les haya gustado.
Antes de irme les quiero agradecer a todas las lectoras y lectores que pasan por aquí, muchísimas gracias por hacerse un tiempito para leer mi fic. Espero que sigan por allí =) Especialmente les envió mis agradecimientos a: Sakura-Selene, a Hinata Jeagerjaques, a dragonazabache y a BatCatForEver (¿cambiaste tu seudonimo? jajaja xD :D)
Ahora si me despido, les mando muchos abrazos para todos, saludos! Hasta el próximo capitulo, que será en menos de dos semanas lo prometo jajaja xD
