Cap. 11
- Y lo del nombre fue por el gobierno. Están que no comen ni dejan comer con el caso perdido de la familia Pierce, y como provengo de una mafia y todo no fue difícil cambiar mi identidad por algo mejor y fácil: Katerina Petrova.
- Debe ser difícil estar en tu situación – Murmuró Elena. – Sabes que tienes mi apoyo en todo… - intentó comprenderla, a pesar que la ira que sentía Katherine por su hermana le daba pudor. Ella había sido la causante de esa muerte, y estaba claro que Katherine tenía sus motivos por enfadarse y buscar la persona que hizo eso. Katherine la tomaba como a una amiga, y Elena creyó que si pasaba un tiempo y se conocían mejor, después de todo, se lo contaría, y no pasaría nada malo.
El desayuno prosiguió. La verdad es que se llevaba bastante bien con Katherine, era una persona agradable y divertida. Ella terminó de rebañar su taza de chocolate caliente con un trozo de croissant aún humeante, salido del horno. Elena dio un mordisco a un muffin de bizcocho. Katherine la miró, ahora seria.
- ¿Algún problema? – le dijo Elena, limpiándose la boca.
Milena se encendió un cigarro Marlboro Light con toda tranquilidad. Pero su mano, nerviosa, la delató.
- ¿Puedo pedirte un favor?
Elena asintió.
- Ya sabes, lo que sea. Luego soy yo la que decide si hacerlo o no.
Katherine le dedicó una sonrisa cómplice.
- Desde que volví de Rusia, hace unos meses, tengo problemas con la autoridad del gobierno ¿Tú no podrías dejarme quedar unos días en tu casa? Te lo pido como amiga, eres en la única persona en la que puedo confiar…
Elena se quedó pensando por un rato. Tener a la sexy ex novia de Damon, de la cual había creído estar enamorado en su propia casa. Muy, pero que muy mala idea. ¿Pero que le iba a decir? No, soy una puta celosa, no acepto que tu relación con Damon terminó y por ese único motivo, no, no puedes quedarte ni un solo día en mi casa. Miró fijamente a Katherine. Sus ojos marrones fueron sinceros con Elena. Era… Parecía una buena chica. Tanto ella como Damon habrían madurado, y estaba segura de que podrían mantener una relación de amistad. Confiaba en Damon, y al fin y al cabo, en Katherine, en su sincera mirada, en su palabra. Y si por algún motivo pasaba algo, ella vivía el día a día en ese edificio, lo acabaría notando. Como lo de la revista. Apartó esos recuerdos de su mente y asintió a Katherine.
- Claro, entiendo que es complicada tu situación, así que si necesitas un sitio en el que alojarte unas semanas, yo y Damon te acogemos. – sonrió. Katherine le acarició la mano. La tenía fría.
- Gracias, Elena. Eres una tía de puta madre, no me extraña que Damon te ame tanto. Te merece.
A Damon se le encogió el corazón. Si, definitivamente, Katherine no parecía la típica víbora devora hombres que le habían descrito Stefan y Damon hace unos meses atrás.
Pero Elena recordó una cosa.
- Aunque no estaré para estas fiestas, me voy dentro de tres días. – aclaró. – Katherine, si para entonces tu ya estás en mi casa, confío en que no harás ninguna travesura. – le guiñó el ojo.
- Oh, claro que no. – rió Katherine. – Si, la verdad, es que si me das esta oportunidad, no voy a desperdiciarla, así que aprovecharé y trasladaré unas pocas cosas mañana mismo. Y menos voy a decepcionarte… No te merecerías eso, en serio, no sé qué haría. Gracias por ser tan buena conmigo, Elena. Yo intentaré serlo y no, no haré ninguna travesura. – las dos rieron. - ¿Y dónde te vas?
- Damon quiere que vayamos a Polonia, de vacaciones de Navidad.
- Qué bonito. – sonrió Katherine, aun que sus ojos marrones se encendieron. Elena no pudo distinguir muy bien lo que veía allí adentro. Pero dedujo que algo de envidia se escondían tras ellos. Eso la hizo vacilar. ¿Envidia? ¿Le daba envidia que estuviera con Damon? Elena dejó correr esa oportunidad, y decidió optar por otra, que se alegraba por ella. – Cierto, Damon siempre ha sido detallista. – rió – pero solo cuando quiere, para cuando yo lo conocí era un hombre muy frió, parecía hecho de hierro.
- Yo pensé lo mismo. De veras, parecía una persona nula, sin sentimientos.
- Así que a ti y a mí ha sido a las únicas mujeres que les ha abierto el corazón de lado a lado. – dijo con una sonrisa sarcástica. Elena pensó que era cierto. Y le dio algo de rabia que no hubiera sido ella, la única. – pero está bien, espero que aprovechéis las vacaciones. – le devolvió el guiño de ojo y sonrió. - ¿Vamos? Invito yo.
Elena asintió y siguió a Katherine hasta la salida. No pudo evitar mirar las esbeltas piernas a las que se aferraba la ropa. Finas, femeninas y bien, muy bien figuradas, terminando en unos pies completamente de mujer, y esos zapatos que la hacían aun más atractiva. Un culo respingón y bien puesto, y la melena, ahora ya no rubia, si no que de un color precioso, caía por la parte trasera, encima de la chaqueta. Estaba segura que cualquier hombre querría acostarse con ella. Incluso Damon.
Elena llegó a casa.
- Hola. – dijo, haciendo que sonara un eco en la casa. Nadie contestó.
Damon aun no habría llegado. Fantástico; tendría un tiempito para relajarse, ella sola. Dejo el maletín lleno de papeles de la clínica y la chaqueta en el colgador de la entrada. Se fue hacia la cocina y cogió una cerveza. La abrió y dio un trago largo, dejando que el brebaje bajara a toda velocidad, impregnando su garganta de ese sabor agridulce. La volvió a dejar en la encimera. Se sintió mareada. ¿Por qué mierda le había hecho este favor a Katherine? ¡Que se buscara un hotel! ¿Pero en su casa? En fin…
Elena se volvió a repetir las palabras de que ella estaría por la casa, y que Damon y ella estaban enamorados, y que nada podía volver a surgir entre él y Katherine. Aun que tenía miedo. Ella era una amenaza. O no del todo eso, si no… ¿Cómo lo diría? Sabía que tenía buen tipo, buena cara, demasiado. Era ¿Cómo una competencia?
Dios, no sabía que pensar.
Se metió al cuarto de baño y se desnudó, encendiendo la sauna junto con la ducha. Pronto un vapor caliente empañó el cristal. Encendió la estufa de la bañera y se dispuso a entrar. Se relajó, dejando que los largos chorros de agua la mojaran y le recorrieran el cuerpo. Aun que seguía estando tensa. De veras, esas vacaciones que había preparado Damon le vendrían de maravilla. Cielos, él era tan atento. Quería que la pasaran bien juntos, y para nada era aburrido. Era perfecto.
De repente, algo que la rodeó por detrás. Ella gimió al sentir la suave caricia.
- Mmh… hola. – dijo, apoyando su cabeza en el torso de Damon.
- Hola nena… - él se inclinó para besarla - ¿pensabas darte una sauna sin mi? – se quejó.
- No estabas.
- Tuve que quedarme en la oficina de Alaric, no sé qué quería decirme.
- ¿Y qué fue lo que quería decirte?
- Ni idea, me fui. No me gusta esperar. – se inclinó más para besar el cuello de Elena. – además, mira lo que me estaba a punto de perder…
Posó su mano en la barriga de Elena y la empujó hacia atrás, para estar más unidos. Para que ella sintiera su erección.
- Mmh… Damon…
Sintió como la abrazaba por detrás, mientras proseguía con sus tiernos besos.
- Estás tensa, mi vida… - susurró, apartando su húmedo pelo a un lado. – Vamos a ver si puedo hacer algo para desestresarte.
