Katniss chilla cuando Finnick suelta a su hija, permitiéndole que ella pueda nadar. Katniss considera que es demasiado pequeña, está por gritarle a Finnick cuando él vuelve a tomarla entre sus brazos y la saca del agua con una sonrisa.

—No debes alterarte —dice colocando a Alene en los brazos de su madre para que la seque y le coloque ropa seca—. No le hace bien a nuestro hijo.

—Desde que vine al distrito cuatro, hace diez años no has dejado de meterme sustos de muerte —le reprocha, colocándole un vestido a su hija—. Y no quieres que me asuste.

—Siempre has disfrutado de mis bromas —le besa en los labios y él se encarga de pasar la toalla sobre el cabello de su hija para secarlo—. Trataré de disminuir mis bromas hasta que tengas a nuestro pequeño en brazos.

—Agradezco tu comprensión —a Finnick no le pasa desapercibido el tono sarcástico de ella— espero que puedas sobrevivir sin esas bromas tuyas.

—Lo haré.

Katniss peina a su hija con las típicas trenzas que siempre veía en Prim, su pequeña Alene es la viva imagen de su padre, no tiene nada de ella, excepto la nariz y el cabello negro.

Su casa está situada cerca de la playa, con el permiso de la presidenta Paylor al colocarla ahí. No pudo haber sido más feliz que eso, dado que todas las mañanas iniciaban con un buen chapuzón en la playa.

Era una jodida suerte que en todo el tiempo que llevaban juntos, nadie los molestará, nadie volviera a nombrarlos como héroes de la revolución o vencedores de los juegos del hambre, los libros de historia se habían imprimido con esa imagen, mostrando la historia que todos conocían. Pero vivían tranquilos, aunque las pesadillas seguían ahí pero con la llegada de la pequeña Alene habían disminuido.

Aunque su niña ya no era tan pequeña, tenía cuatro años. Y era la niña más consentida, le daban cualquier tipo de regalos, en especial Haymitch quién se había mudado al cuatro sólo para estar cerca de ellos.

—Es hora de tomar la siesta, pequeña —le susurró Finnick a su hija, cuando entraron a la casa.

—Dormir —dijo con una sonrisa.

—Sí, dormir.

Se dirigió con ella al cuarto, abrió la puerta despacio. Y la recostó sobre la cama, después se acercó a la ventana y la abrió para que entrara un poco de aire. Acomodo a su hija en una mejor posición y se recostó al lado de ella.

—Cierra los ojos —Alene sonrió y cerró los ojos con una sonrisa.

Finnick no despegaba la mirada de ella, sabía que en unos segundos más ella los abriría. Unos segundos después lo hizo, y se le quedo viendo.

—Duérmete —Alene hizo el mismo procedimiento que hace unos segundos—, ¿quieres que llame a tu mamá?

—Sí…

—No es necesario —Katniss entró al cuarto y Finnick se movió para hacerle espacio a su esposa e hijo.

—Mamá, canta la del valle.

Katniss nunca se cansaría de cantar esa canción, sabía que siempre la cantaría. Su hija la pedía siempre. Katniss comenzó a tararearla. Escucho a Finnick y Alene suspirar, pronto caerían dormidos.

Todas las tardes admiraba esa imagen de su familia.

Su oscuro pasado fue lo que le llevo a tener un feliz presente. Y no podía estar más agradecida a Finnick por haber ido por ella cuando más lo necesito.

FIN


PrettyLu: Muchas gracias por haber comentado en los capítulos anteriores, espero que te haya gustado la historia, así como a mi me gusto escribirla. Espero seguir leyendote en futuras historias :) ¡Saludos!

Y también gracias a todos los que la leyeron.

¡Nos leemos pronto!