Capítulo 12: Gusto en conocerte
El silencio llenó la habitación, la luz se filtraba por la ventana mientras Mello, acariciaba el paquete envuelto en papel blanco.
El chico rubio alzó el paquete y lo agitó un poco tratando de adivinar su contenido.
Dios, todo estaba demasiado callado en el ambiente y eso no hacía más que alimentar mi infantil curiosidad. Hay que admitirlo... en ese momento estoy seguro de que Matt pensó que me veía como un mocoso de kinder recibiendo un regalo para navidad. Aún así no pude evitarlo, tenía que hablar.
- ¿Qué crees que sea?- preguntó mientras sus ojos mostraban la pureza del niño que él es.
Me encogí de hombros, ignorando un poco la pregunta, pues mi mente trabajaba en algo más profundo. Mi pensamiento de nuevo me llevó a ese lugar frente a Jasper y T, en el preciso instante en que recibí la bala y me pregunté cuánto tiempo había estado parado él allí, cuánto había podido escuchar. Aunque no parecía molesto, sí había un poco de intriga y curiosidad en su rostro. Tal vez presentarme formalmente, sea una opción. Aclaré un poco mi garganta y estire mi mano.
Matt parece algo ajeno a la situación, veo su rostro y puedo notar con nitidez que es otra cosa la que ocupa su mente ahora y eso no logra otra cosa además de hacerme sentir aún más infantil me dije a mí mismo, pero en ese momento intenté ignorar mis actitudes para poder descifrar un poco mejor qué era lo que distraía sus pensamientos... hasta que lo oí carraspear algo incómodo e intentando tomar valor del aire.
- Mail Jeevas.- dije colocando una gran sonrisa en mis labios. ¿Qué se supone que quiere decir eso? Él me vio como desencajado, así que tuve que aclarar lo que acababa de decir un poco más. - Mi nombre es Mail Jeevas.- El chico me miró de arriba abajo y juraría que en ese preciso instante me golpearía.
¿Qué demonios fue lo que dijo? Pensé al oír un nombre y un apellido pronunciados por su voz decididamente a lo que me estiraba una mano. ¿Acaso está loco? ¿Nadie le explicó las reglas de Wammy's? No se supone que los huérfanos revelen sus verdaderos nombres. Pensé entronando mis ojos en sorpresa y reprimenda a lo que acababa de suceder, él me había confiado su verdadero nombre... quizá... quizá yo debería? Oh! Al diablo.
- Mihael Keehl.- respondió estrechando mi mano, para luego jalarme hacia él y poner su mirada más oscura. ¿Qué diantres acabo de hacer? Demonios, debo arreglarlo.- Pero me llamarás siempre Mello.- la sonrisa se desvaneció de mi rostro y lo único que pude hacer fue asentir. Su mano me liberó lentamente y de nuevo posó su mirada en el paquete que tenia sobre sus piernas. Me imagino que en ese preciso instante se preguntaba, ¿Por qué diablos L me había dejado un paquete?
Acabo de cometer un gran, gran error al decirle mi nombre, pero no me siento para nada mal... No siento miedo de que lo use en mi contra... confío en él, yo... dios, debería dejar de pensar tanto. Hice a un lado el tema de los nombres, sabía que era importante en demasía, pero algo me aseguraba que había hecho lo correcto de alguna manera. Debo pensar en algo que no me distraiga tanto y no darle vueltas al asunto, después de todo sé que quiero que seamos amigos, aunque no quiera admitirlo.
Lentamente y con mucha cautela, me acerqué al chico, que estaba sentado justo frente a mí, en aquella cama de hospital. Mello colocaba el paquete en el medio de esa cama y se arrodillaba para abrir el supuesto regalo. Imaginé que podía ser una nueva consola, pues la que me había comprado Watari, había pasado a mejor vida luego de dejarla en el bunker que era nuestro hogar hace apenas unos cuantos días.
Bien, cambia el tema, cambia el tema, nada salía de mi boca las acciones hablan más que las palabras y quiero saber qué hay en el paquete de todas formas, así que...
Una mano blanca y delgada, suavemente jalaba el listón de la envoltura, para desatar el nudo, mientras que su dueño abría sus ojos de par en par. Sonreí tímidamente, pues casi podía escuchar los gritos de Mello, pidiendo que fuese una caja de chocolates.
CHOCOLATEEEEE! Exclamaba para mis adentros a lo que destruía la envoltura hasta que sentí algo muy extraño y para qué negarlo, incómodo. ¿Soy yo? O mi espacio personal se ve algo invadido.
El papel blanco desapareció bajo las manos maestras de Mello, mientras mi curiosidad aumentaba cada medio segundo. Una caja color café se mostró ante nuestros ojos. ¿Qué será? Me pregunté, tratando de que la curiosidad no me dominara. Me acerqué demasiado, mientras la pregunta me alaba más hacia el frente, inconsciente del gran lío en el que podría estar metiéndome, cuando de repente Mello levantó su rostro.
Decidí ver la expresión de Matt en ese momento, por lo que había levantado mi vista, pero eso no fue lo mejor que pude haber hecho. Estábamos demasiado cerca, DEMASIADO. Ni bien pestañeé vi sus ojos profunda y cristalinamente verdes y noté que más allá de todo lo que había estado pensando, la curiosidad también lo invadía... quizá tanto como a mí. Como sea, no podía concentrarme del todo con su cara tan cerca, era extraño pero sin duda me distraía esta cercanía con él... lo verdaderamente sorprendente, era que no sentí mi cuerpo reaccionar en defensa, simplemente me mantuve allí por unos segundos. Recordé ese terror intenso que sufrí al pensar que había muerto, recordé claramente mis lágrimas, pero ahora al verlo sólo podía sentir un extraño alivio. Sus ojos sin duda me tranquilizaban.
Era una situación, incómodamente agradable, si una situación tal existiera, pues el rostro de Mello y el mío quedaron a menos de un centímetro uno del otro. Sus ojos azules perfectos, cubiertos de aquel cabello extremadamente amarillo. Es extraño que sus ojos reflejen la tranquilidad y la paz de un cielo, y solo se pueda apreciar si se está lo suficientemente cerca como para verlo, eso es un lujo que sólo por este accidente puedo darme, pensé con algo de euforia. Nos quedamos viendo fijo, mientras que yo en silencio daba gracias a dios, aunque yo no fuera muy cristiano, de que él estuviera con vida.
Muévete, muévete, muévete... mi cuerpo se negaba a responder a mis órdenes una vez más pero no había miedo, no había desesperación, no había traumas, sólo una rara y tranquila hipnosis producida por sus orbes. Me sentí exactamente igual a aquella vez en el bunker, mis músculos se relajaban de una manera casi anormal mientras me dedicaba a perderme en el intenso color de esos irises calmos y de alguna manera, felices. Sentí mi propio corazón comenzar a latir con más velocidad al sentir sus exhalaciones tan cerca, pero simplemente no podía moverme y esa pequeña taquicardia no era nada relacionado al temor, era inexplicable, frustrantemente inexplicable, pero supe en ese momento que quería darle las gracias por lo que había hecho por mí... aunque tenía sobreentendido que no lo haría, ya lo había hecho en su momento, no había necesidad de que lo hiciera importante. Yo y mi orgullo...
El roce tibio de su aliento contra mi mejilla, producto de su respiración que comenzaba a agitarse debido a la cercanía, hizo que el calor llenara mi cuerpo y sentí mucha vergüenza. Sabía que era él, Mello y que no estaba bien tentar mucho a la suerte al quedarme viéndolo por mucho rato, pues podría sentirse incomodo, retrocedí sintiendo dolor y agaché mi rostro rojo como mis cabellos.
La sangre se había acumulado en mis mejillas y me sentía algo apenado, como JAMÁS me había sentido, por lo que decidí mantener mi mirada firme donde estaba y no pestañar, pero más allá de crear un intento de desafío de miradas para disipar la incomodidad o más bien atraer otro tipo de ella, no pude ignorar que la blanca piel de su rostro se teñía de tonos rosas y eso me puso aún más nervioso... sí, estaba nervioso, eso explicaría mi pulso acelerado. De la nada Matt se había apartado y podría jurar que había visto algo de desilusión en su gesto. Esto se está volviendo extraño... di algo me ordené.
- Deberías abrirlo es tuyo después de todo.- me dijo Mello intentando quizá desviar el tema otra vez, lanzándome el paquete y sentándose de mala manera en la cama. Sostuve con cuidado la caja, mientras trataba de imaginar qué es lo que se encontraba pensando. Con cuidado levanté las tapas de la caja y vi hacia su interior…
¿Qué diablos? ¿Qué es esto?...
- M… Me…Mello- llamé al chico que ya había sacado una barra de chocolate y comenzaba a comerla. Lentamente levantó la mirada y vio una foto que sostenía en mi mano.
Claramente no era chocolate, pero gracias al cielo yo tenía algo en uno de mis bolsillos y me había dedicado a engullirlo, hasta que Matt me llamó y tuve que observar lo que sostenía con una de sus manos. ¿Qué demonios es eso? ¿A esto se refería L?
- Es del Vaticano.- susurró inclinando un poco su cabeza.
- Sí, es el Vaticano de hecho.- dijo Watari entrando a la habitación, junto a una enfermera- Su Santidad, Juan Pablo II, ha solicitado los servicios de L, pues…- fue interrumpido abruptamente por Mello.
Definitivamente eso es lo que me esperaba. Al parecer es un tema de mayor importancia ahora.
- Pues veinte de sus cardenales han desaparecidos.- dijo Mello levantándose de mi cama y dejándome en blanco.
- En algo que la prensa ha denominado el gran rapto.- completo Watari, tomando asiento en mi cama.
Intentábamos hablar cuando de la nada, una mujer había entrado en la habitación con una charola de comida, justo a tiempo para oír lo que Watari había mencionado. La miré, la analicé... vestía blanco, pero había algo diferente en ella, ese no era el uniforme de las enfermeras y pude distinguir un crucifijo de plata fina colgando en su cuello. Ella está involucrada.
- Muchos dicen que es el fin del mundo.- dijo la enfermera mientras colocaba una charola de alimentos que tenía la peor pinta del mundo. ¿Qué debe hacer un cristiano para poder comer una hamburguesa doble con queso? Pensé mientras veía el plato de algo parecido a un estofado, que para mi estaba vivo, pues la cosa respiraba y era un poco verdosa...
En el momento en que Matt le dio un vistazo a su 'almuerzo', que bajo mi criterio era veneno, hizo un gesto de disgusto que me provocó gracia. ¿Qué esperaba? ¿Comida chatarra en un hospital? Ha! Pensé luchando contra la risa burlona que amenazaba con abandonarme hasta que... ¿Y esa idiota? ¿Qué diablos cree que hace?
La mujer hundió la cuchara en aquel plato y tomó una porción, para luego decir- A ver abre la boca- Mis ojos se abrieron de par en par, estaba lastimado, un poco cansado, pero no era un bebé al cual debían darles papillas de color verde. Retrocedí mi cabeza y apreté mis labios, mientras la enfermera trataba de aplicarme la técnica del avioncito… ¿Esto en una nueva técnica de tortura?, y aunque así fuese no comería una papilla color verde…
¿QUÉ CARAJOS CREE QUE HACE ESTA MALDITA LOCA? Grité en mi fuero interno al ver como este remendo de monja se acercaba a Matt en demasía e intentaba darle de comer como a un maldito infante. Matt se negaba a aceptar el bocado, no sé cómo habría reaccionado yo si él no lo hubiera hecho. No entendía qué diantres me sucedía, ni mucho menos por qué estaba a punto de sufrir una ataque de ira, como los que sufro con Near, lo que tenía en claro es ese mismo momento es que quise estrangular a esa desgraciada al escuchar lo siguiente y con una voz aún más empalagosa.
- Vamos pequeño no te hagas de rogar- Es suficiente, levanté mi mano sana, tomé la suya y le dirigí una mirada fría.
Dios parecía estar de lado de esa estúpida, pues Matt la había alejado rápidamente, de no haber sido así yo la habría matado y lo habría disfrutado mucho.
La mujer se quedó viendo mis ojos, por menos de cinco nanosegundos, pero ese extraño contacto visual, no me incomodaba tanto, como la pesada mirada de Mello que ya traspasaba mi piel.
Y aún no se aleja de él... ¿Es que acaso es retrasada? Dios, la asesinaré.
- Está bien aléjate de él, tú… cosa- demandé con pura rabia y sin saber cómo llamarle, a lo que ella me dirigía una mirada de mártir. Maldita estúpida.
Watari sonrió y con ademán le ordenó a la enfermera que dejara de hacer el papel de madre sustituta… Suspiré mientras dejaba la cuchara en la charola y veía a la enfermera retirarse de la habitación refunfuñando algo.
Que bien, al fin se fue al demonio... ¿Qué diablos murmuró? Condenada pedófila Me dije al oír sus resoplidos.
- ¿Fin del mundo?- pregunté, tratando de recuperar mi poca o nula dignidad...
- Eso es de hecho una estupidez de la sociedad moderna.- adicioné con tono de reproche la gente de hoy en día cree en cualquier cosa.- Dicen que poco antes Jesús retorne, éste vendrá por todos aquellos cuya alma esté libre de pecado- curvé mis labios en una sonrisa de burla, que al parecer se vio como la de algún asesino serial a juzgar por las expresiones de mis interlocutores- ¿Conoces alguno?- decidí tomar asiento de nuevo.
- El punto es que esos veinte cardenales, fueron secuestrados el mismo día a la misma hora, en distintos países.- agregó el anciano intentando que tome algo de conciencia de la situación... cosa que no hice.
Eso hace referencia a una operación a gran escala, tan grande y ambiciosa que llega a ser mundial, pero aun no entiendo la razón por la cual hacen tanto escándalo por el secuestro de veinte ancianos, tanto o más pecadores que todos en la tierra, Cerré mis ojos y comencé a mezclar con la cuchara el asqueroso potaje verdoso al frente.
- Hasta donde sé el rapto, no es un hecho bíblico.- dije un poco asqueado de la situación, pues mi relación con Dios en realidad, se había acabado unos años atrás.
- Estoy de acuerdo, fue una tonta teoría desarrollada por Edward Irving, John Nelson Darby y otros hombres. Lo destacable es que muchos creen que esa es la señal que indicaría el inicio del fin de los tiempos.- respondió Watari.
¿Fin de los tiempos? Todo esto es una mal gastada a los creyentes y supersticiosos. Mordí mi chocolate una vez más, degustando su divino y relajante sabor. Debería echarle un buen vistazo a la evidencia, se me hace familiar lo poco que vi en ella. Tomé la imagen entre mis dedos y comencé a recordar de dónde la conocía. Estoy más que seguro de que vi esta representación en un informe del Vaticano, diablos ¿Cómo era su nombre? Tenía algo que ver con juicios... juicios.
Muy bien, sigo sin entender qué tiene de misterioso este hecho. Además hablar de tanta teología y teorías sobre el fin del mundo, comenzaba a marearme. Levanté la mirada y vi a Mello observando, la fotografía. Alejó un poco la fotografía y automáticamente sus ojos se abrieron, formando esa mirada. Diablos tiene la mirada, esa mirada que me dice que algo descubrió…
- Lo interesante es la foto- comencé por decir no dejaré que me ganen de mano otra vez Watari seguramente querría explicar todo, pero no puedo pasar de ignorante tan fácilmente.- Es una foto de un fresco que se encuentra en el Vaticano, pero no recuerdo su nombre.-
- La obra se llama Juicio de Salomón y se encuentra en la estancia de la signatura, en la bóveda de la misma.- respondió una mujer, entrando a la habitación. Mello arrugó la cara en clara señal de molestia, mientras yo me ponía en estado de alerta, no fuese que esta mujer fuera una T en potencia.- ¿Ellos son Watari?
Una vez más, vi a una mujer entrando interrumpir la conversación que teníamos ¿Qué tienen las mujeres con el oportunismo?Ella también vestía de blanco, pero su uniforme era mucho más elegante... o al menos no parecía un enfermera, la otra más bien parecía su subordinada.
- Si ellos son.- respondió el anciano colocándose automáticamente de pie, caminando hacia ella para detenerse luego justo a su lado.
- Mello, Matt, ella Susie Dupond, la jefa del servicio Vaticano de la policía italiana.- Watari dijo tratando de darle a toda esta situación una aire de solemnidad.
¿Susie? Que nombre más tedioso... Sea quien sea, no se acercará a Matt... quiero decir, a nosotros ¡Estará lejos y punto!
- La fotografía que tiene en sus manos...- se apresuró a decir la mujer- es de hecho una evidencia.-
¡OH! ¡No me digas! Diablos, no podría haberlo descifrado solo! Pensé con falso dramatismo y evidente sarcasmo. Supongo que tendría que haberme esperado que me subestimen de esa manera, al parecer ella no tenía ni la más remota idea de por qué justamente nos llamaban a nosotros.
- ¿Evidencia?- pregunté.Tenía que ser...
- Sí, esta fotografía fue encontrada por todo el Vaticano por la guardia Suiza, sólo dos segundos después de ser secuestrados los príncipes.-
¿Príncipes? ¿Guardia Suiza? ¿Servicio Vaticano? ¿Qué está sucediendo? pensé, mientras le dirigí una mirada cargada de miedo a Mello, quien me miró tratando de darme confianza o entendiendo más que yo lo que sucedía.
Noté a Matt realmente tenso ante las palabras de la tal Susie y al voltear precipitadamente para encontrarse con mis ojos, 'sentí' todos sus temores en ese momento, pero yo estaba decidido a no dejarme vencer esta vez. Algo me decía que sentía que nada cuadraba o bien que todo era otro complot perfectamente armado en contra nuestra una vez más. Me aseguré de transmitirle en mi mirada que no debía preocuparse demasiado, que esta vez, yo lo protegería.
- Seguramente es una reproducción barata del libro de Dan Brown- dije, hablando demás. No, esto en realidad parece...
- De hecho ellos no creen eso- pronuncié notando unas cuantas diferencias en las fotografías con la obra original este es otro desquiciado.- Esto es una imagen real, una representación, con los cuerpos de los cardenales.- definitivamente es otro maldito desquiciado.
- Pero eso es imposible.- respondió la mujer- Los tiempos no coinciden, es imposible que puedan tener a los veinte príncipes, dispuestos y ordenados para tomar esa fotografía.- Mello me extendió la foto y la analicé, no parecía ser falsa o producto de algún montaje. Todo es posible con gente como esta. Decidí darles una segunda opinión, por lo que le di la fotografía a Matt, que hasta ese momento había callado, si bien su silencio era casi habitual, ahora se había vuelto más que denso.
La fotografía y en si la propia pintura, me desagradaba, era una especie de alegoría. Un joven sentado en un trono con una gran corona dorada dictaba sentencia, de tras de él unos sabios de barbas largas parecían discutir sobre la decisión tomada, pero lo que realmente me disgustaba, era que un muchacho blandía un cuchillo dispuesto a cortar por la mitad a un pequeño bebé que colgaba de cabeza. La pintura era para mí horrible y si a eso le añadía que los rostros de todos los presentes, menos de los dos bebés, eran de los ancianos cardenales de la iglesia, la combinación era una especie de tortura.
Matt analizó la fotografía a lo que su rostro denotaba a todas luces lo mucho que le disgustaba la obra. Ver a un hombre a punto de rebanar a un bebé no era nada deleitante para la vista, ni mucho menos para la personalidad de Matt. Le desagradaba y yo lo sabía, pero también teníamos presente que yo no le había dado la imagen para realizarle una crítica artística, teníamos que testar que todo era original... que debíamos actuar rápido.
Mello giró a verme y con un gesto le di a entender que al menos, en un principio, la foto no parecía ser falsa.
- La fotografía no es falsa.- dijo el rubio y Watari asintió. La mujer suspiró y dijo.
- Necesitamos de ustedes, deben ir al Vaticano y tratar de darle sentido a todo esto.
¿Irme? No otra vez, alguien no ha notado que estoy herido y que la palabra 'descanso' existe en el diccionario.
Al parecer tenemos otro caso entre manos y en realidad aprecio las oportunidades que L no está dando, pero... en mi opinión es demasiado apresurado como para tomar otro caso así de repente. No me agradaba a donde se dirigían mis pensamientos nuevamente, pero no pude evitarlo ¿Y qué hay de Near? Me pregunté inconscientemente yfrunciendo el ceño ante la posibilidad de sólo ver a ese enano estúpido. Había comenzado a analizar la situación cuando las palabras de Watari llamaron mi atención, por más que no fueran precisamente dirigidas a mí.
- Señorita Dupond, me temo que eso es decisión de los chicos, si ellos no quieren se les otorgará el caso a otro grupo de chicos, así que si nos permite debo conversar con ellos.- sentenció Watari, mientras yo le daba las infinitas gracias. La mujer salió de la habitación, cerrando lentamente la puerta.
¿Qué diablos cree que dice el anciano? Por supuesto que tomaremos el caso. Me dije a lo que Dupond salía del cuarto y yo fulminaba con la mirada a Watari por la ira que sentí al siquiera imaginarme ese pendejo desteñido tomar algo que L me había ofrecido. Si L quería que nosotros resolviéramos esto, pues yo no me echaría a atrás por nada en este mugroso mundo, esta era otra oportunidad para mí. Una oportunidad que me daría lugar a tener más posibilidades de ser el proximo L, de brillar tanto como él y NO la desperdiciaría. El viejo tendría que haber deducido cual sería mi respuesta, NADIE me quitaría este caso.
- ¿Qué demonios fue eso?- gritó Mello y por primera vez ambos coincidíamos, no podía creer que apenas saliera del primer caso ya me estuviera planteando investigar otro- ¿Cómo que le asignarías el caso a alguien más?- ok hasta allí llegaron las coincidencias- ¡Es que no lo puedo creer!- hablaba Mello más molesto cada vez.
Sí, había comenzado a insultar a Near y joder con eso de la sucesión otra vez, pero lamentablemente cada vez que eso sucedía, yo simplemente perdía conciencia de todo lo decía y hacía, ni siquiera me importaba maldecir ni hacer señas... sólo dejar salir mi ira.
- Mello...- dijo calmadamente Watari- Mello...- lo llamó por segunda vez- Mihael!- gritó con fuerza y el rubio chico guardó silencio- Te recuerdo que Matt y tú son un equipo y que entre ambos deben decidir.- Watari me vio directamente, mostrando nobleza, mientras de los ojos de Mello salían llamas- Joven Matt ¿qué decides?-
Escuchaba bien los llamados de Watari, pero estaba completamente dispuesto a pasarlos por alto... hasta que el anciano se dignó a decir mi verdadero nombre ¿Cómo se atreve? Me grité callando mis sermones de una vez e intentando bajo cualquier circunstancia, no llevar todo a mis puños, eso no sería para nada bueno. Luego tuvo las agallas de decir que Matt también debía dar su opinión en el tema ¡El hace lo que yo digo!... ¿No es así? Fulminé con la mirada a Matt, quien continuaba en silencio y templanza... bien, hasta que lo miré.
NO sabía que responder, quería descansar pero no quería ganarme la ira infinita del hijo del propio Hades, entiéndase Mello. Trataba de pensar rápidamente, hasta que por sí solas mis palabras salieron.
- Está bien- Mello sonrió con suficiencia y creo que estaba convencido de que con su mirada me había dominado, pero la razón por la cual acepté era distinta al temor de sus ojos azules y profundos.
Sí, definitivamente Matt hace lo que YO quiero... buen chico. Tuve impulsos casi incontrolables de darle palmadas en la cabeza como a un buen perro que obedece a su amo, pero lo resistí bastante bien, limitándome solamente a sonreír ante otra batalla ganada.
- Bien.- respondió Watari- Entonces que así sea. Principito, ve por tus cosas por favor, yo iré hablar con la señorita Dupond.- Ambos comenzaban a caminar, Mello se adelantó con gran velocidad y cuando vi que la distancia entre Watari y él era prudencial, llamé a mi anciano amigo.
Bien, a empacar me dije animadamente y corrí hacia la puerta, estaba seguro de que Watari me seguía para hablar con esa mujer y hacer los arreglos para que viajemos al Vaticano esto será genial... pero algo detuvo mi salida, estaba seguro de haber oído la voz de Matt y me detuve tras la puerta entrecerrada para poder escuchar mejor lo que sea que diría.
- Watari...- dije casi como un susurro. EL hombre giró y me vio.
- Sí, Matt.- respondió con una sonrisa.
- Si no aceptaba ¿A quién le habrías dado el caso?- pregunté.
- Posiblemente a Near y Linda.- respondió de forma seca. Yo arqueé mi ceja- Sé lo que estas pensando Matt, pero L es un chico igual de inteligente que tú y aunque en un principio no logres entender las razones por las cuales hace las cosas, no significa que no sean correctas.- el hombre volvió a sonreír y ya se disponía a salir de la habitación cuando yo agregué.
Escuché esos infames nombres... quienes tomarían el caso si nosotros nos negábamos, sabía muy bien que ellos serían nuestros usurpadores de no aceptar. No podía dejar que eso sucediera, no podía permitir que Near gane otra vez... esta vez estaba decidido a ser el mejor.
- Watari, no me gustan las sorpresas.-
- Lo sé joven Matt, lo sé- respondió y salió de la habitación.
Un dolor frío me recorrió por el brazo y de un instante a otro me sentí observado. Mello al parecer había escuchado la mínima conversación con Watari. Él me miraba en forma extraña, parecía estar confundido por mi actitud, mientras yo sentía miedo, miedo de su reacción por mi decisión.
DEMONIOS! Matt me había visto por la ranura que dejaba la puerta semiabierta, no pude ocultar mi mirada aún así, él se mostraba inseguro e indeciso por alguna razón... una razón que yo simplemente no conocía, pero que estaba más que seguro que descubriría tarde o temprano. Watari volteó, se despidió de Matt y salió de la habitación para encontrarse conmigo.
- Watari... ¿Crees que puedes darnos un día para poner en claro unas cuantas cosas?- pregunté intentando no sonar amenazador.
- No creo que sea un problema, por la tarde le darán el alta a Matt y estarán listos para regresar al orfanato. Les daré veinticuatro horas para que se preparen para el viaje al Vaticano ¿Te parece?- dijo el respetuosamente a lo que yo asentía.
- Eso es perfecto.- respondí me dará un buen tiempo para hablar con él, quiero saber qué es lo que le preocupa tanto...
