Brillo

Brillo

Fred mira a George y éste le devuelve la mirada. Asiente con la cabeza, todo está preparado.

Cinco…

Los dedos de la mano izquierda de Fred se extienden y esa es la señal para que George salga de detrás de la armadura donde se han escondido. Silba y el sonido atrae la atención de unos alumnos de quinto vestidos con túnicas verdes y grises.

Cuatro…

El pulgar toca la palma de la mano. Una sonrisa diabólica surge de los labios de Fred que se separa de la pared pero sin abandonar el anonimato. Saca la varita, preparado para cualquier cosa y mira a George quien ha roto la mueca dibujada en su cara y ahora mismo está gritando:

-¡Eh! Serpientes de pacotilla ¡Que me llega hasta aquí el olor a podrido!

Tres…

Fred ríe por lo bajo, no tiene que esperar mucho para notar la reacción de los slytherins. Éstos, que no pueden dejarse insultar por críos de Gryffindor –y encima de primero-, avanzan hacia George. Fred sale a su encuentro varita en mano, pero George es mucho más rápido.

Da un paso atrás y vuelve a gritar, con todas sus fuerzas

-¡¡Señora Norris!!

Dos…

Los slytherins no se han detenido y la gata viene hacia ellos. Están atrapados ¿o puede que no? La mano de George que no sujeta su varita tiene un as guardado en la manga. Dos bolas de color negro tinta que a Fred le suena de algo. Intercambian una nueva mirada y un brillo baila en sus ojos.

-"Zonko"- piensa Fred acordándose de cierto pueblo en el que, en teoría, no debería haber estado.

Uno…

El hechizo del slytherin más alto –y más feo- roza a Fred en la punta de su rojo pelo pero se aparta con prontitud. George apunta y dispara: dos bombas fétidas en plena cara. Una cortina de humo y una niebla que se cuela entre los ojos.

Entrelazan sus manos para no perderse en ella y giran sobre sus talones. Un maullido les sobresalta. La señora Norris ha llegado y con ella, Filch. Los gemelos sonríen y se escapan de la escena por el pasillo que les ha llevado hasta la armadura.

El índice de Fred se mueve como si reprendiera a alguien hasta que finalmente, lo baja.

Cero.

Los dos asoman una última vez la cabeza para ver a los tres estudiantes enfrentarse al conserje.

-… Sois una banda de delincuentes –el repertorio de Filch es ya harto conocido por los gemelos.

Sin embargo cuando ya se encaminan a su sala común se dan cuenta de que el conserje también puede ser original, ¡y hasta tener sentido común! Aún en la lejanía se oyen sus quejidos.

-Encima, oléis a podrido.

Una carcajada inunda las escaleras de la torre norte mientras los cinco dedos de Fred, otra vez estirados, chocan con los de su hermano. Y un brillo en sus ojos demuestra que la primera broma es algo que no se olvida.