Capítulo XI

¡Esto no puede ser cierto…! ¿Cuándo sucedió eso?... – me pregunté cuando vi a Candy abrazar sensualmente a su amigo Thom y él se limitó a abrazarla para luego darle un beso tan apasionado que creo me sentí celoso. Eso debió de suceder entre antier y ayer – digo no creo que hubiera sido posible que no me tomase en cuenta. Me debo sentir bien o mal, no sé si sentirme bien, pero tampoco quiero sentirme mal.

Buenas noches… - me saludó.

¡Buenas noches! Eres malvado, ¿lo sabías? – le reclamo.

¿Por qué? – me cuestiona, pero se ríe. Estuviste pensando en mí todo el día, ¡admítelo! – me pica la curiosidad y otras cosas.

Sí, bueno, no todo el día, solo a las 3:10 y cuando se me hacía tarde – solté haciendo que él me mirase curioso.

Bien, vamos… - me anima, tomándome de la mano.

¿No vamos a cenar aquí? – le pregunto cuando hemos dejado atrás las mesas de la cafetería.

No, para ti es esto y para mí eso, ¿me ayudas? – me pregunta señalando un par de recipientes mientras él se hace con un termo.

Bien… Thom… no se te hace que los recipientes son ¿del siglo pasado? – cuestiono riéndome por los ya conocidos Tuperware.

Díselo a Annie, creo que es porque les recuerda a mis papás… - me sonríe, cierto, sus padres fallecieron recién, bueno como hace tres años, pero ni preguntarle porque me mata y eso que fui al velorio.

Jeremy habló hace años conmigo… él puede cambiar mi estómago por uno más… lujoso… - comento medio riéndome.

¿Más lujoso? ¡Ah…oh! Y eso ¿por qué no lo has hecho Candy? – me pregunta, mi padre me lo pidió más de cien veces y yo lo único que siempre quise fue morir hasta que llegó Thom, pensé que huiría.

¡Tú sabes por qué no lo he hecho! No he tenido ningún motivo para hacerlo, más bien… - suelto sintiendo como soy jalada a su habitación.

¡Si lo haces para que me sienta bien Candy, mejor no lo hagas! Yo te acepto como eres… - me dice abrazándome cuando nos hemos detenido delante de su puerta.

¡Soy una hojalata fría…! – murmuro, siempre he sido así, al menos en los últimos diez años.

No Candy… ¡eres una Robocop! – me bromea, ahorita no estoy para bromas.

¡Thom, no comiences! – le advierto, no quiero burlas, al menos no de él.

Anda vamos, no llores… - me dice cuando sobre mis lagrimas o lo que el piensa que son, me da dos besos para luego tomar mis labios.

No soy una Robocop… - le susurro.

Entonces no digas que eres hojalata fría, si yo puedo cambiarte la temperatura… - me asegura diciéndomelo y rozando mi nariz.

Thom me haces cosquillas, ponte a cenar… - lo obligo mientras tomo un poco de café.

Ven, aún no llegamos a la mesa – me dice, poniéndome un poco ansiosa, ahora qué locura va hacer.

Ahí está la mesa Thom – le aseguro, aunque me refería la que habíamos dejado atrás.

No cenaremos en esa mesa Candy, vamos – vuelve a jalarme y lo que vi…

No me lo esperaba, apenas abrimos su habitación y todo estaba llena de velas y la cama tenía una mesa improvisada sobre las sabanas rojas de satín, creo que a Thom le gusta la idea de la seducción… me he puesto roja, hacia como mucho calor y él me invito a la mesa, extendiéndome la mano. Mi corazón late a mil por hora, bueno quizás no tanto, al sentarme Thom se me queda mirando y me da un beso profundo que hace que mis sentidos se descontrolen.

Candy – me llama cuando mis ojos se obligan a mirarlo.

Mmhh – y respondo o más bien gimo.

¡Toma tu café…! - me obliga a la par de que me he sentado y él se encuentra comiendo.

Sí, ¿qué tal está? – le pregunto y me acuerdo cuando mi espíritu glotón salía a flote, cuando comía, cuando tenía estómago.

Bien… Annie me lo preparó, después del interrogatorio de esta tarde… - me informa divertido.

¿Interrogatorio? – Annie le ha preguntado algo seguramente.

Sí, Annie quiere saber si nos vamos a casar… - me suelta atragantándome con el café.

¡Pe…pero… si apenas nos estamos conociendo! – grito como si me hubieran descubierto con él en una situación prometedora.

Ya nos conocemos Candy, pero no te espantes, aunque no te conocía en el plano sexual y por el momento quiero que disfrutemos de nuestro tiempo juntos, ya sea con o sin sexo… - dice elocuentemente.

Con… de preferencia. – me animo a confesar que es muy bueno en ello.

Bueno, pues con sexo será… ¡le quedó delicioso…! ¡Cuéntame! ¿Te regañaron cuando llegaste a tu oficina? – me preguntó engolosinándose con su comida, si tan solo pudiera hacer lo mismo.

Pues algo así, digamos que el zopenco de mi jefe quiso saber… ¿qué estuve haciendo cuatro horas? -suelto de pronto.

¿Ah sí? Y ¿qué le contestaste? – me preguntó divertido.

Que mi novio me sedujo y me hizo el amor cuatro veces… - respondí devolviéndole la sonrisa, pero de burla, aunque él se notaba extrañado. ¿Dije algo malo?

Candy… ¿novio? – cuestionó como con burla.

Bueno… pareja, amigo, mascota, free… - le di varias posibilidades, que éramos entonces ya que con cada palabra él se molestaba más, creo que eso de llamarle mascota no le agradó mucho.

Espera, espera… no te he pedido que seas mi novia Candy… - me dijo y me dio tristeza cómo me lo dijo. No porque no quiera, sólo que espero que tú me lo pidas – me sonríe, creo que apenas me lo cree.

¿Tan modernos estamos… ahora? – reclamo.

Bueno, no es que seamos modernos, pero sí te lo pido ahorita, me vas a decir que no y esta cena acabaría con decepciones y enojos, ¿me entiendes? No quiero reñir en esta, mi primera noche – me suelta, pero esta no es nuestra primera noche.

¡Eh… si! – acepto dudosa.

Ven – me anima a montarme en su muslo izquierdo.

Quiero que me desees en tu vida, no en tu cama Candy, todo esto es muy nuevo para ti y lo entiendo, te conozco hace diez años y sé cómo eres la mayor parte del tiempo, pero no quiero inmiscuirme en tus cosas del trabajo ni en tus decisiones sobre tu cuerpo, eso debe de provenir de ti, debe ser tu decisión – oh Thom, eso me ha quedado menos claro, para ti es mejor y lo sabes.

Y ¿lo mismo pasa con lo del novio? – cuándo se me iba a quitar lo preguntona.

Lo mismo, te puedo hacer mía las veces que quiera, en donde quiera, es recíproco, aunque en ti sea donde se pueda, trabajas mucho y mi trabajo es demandante, serás mi novia cuando estés preparada, pero… - me sonríe, pero es como si me diera poca información.

Pero… - insisto.

Seremos exclusivos, como si fuéramos novios, aunque no me lo hayas participado – al decírmelo me besa.

¿Puedo tener amigos? – pregunto tanteando el terreno mientras miro esos labios que me hacen desearlo más.

¡Amigas! ¡Conocidos! ¡Compañeros! Entre nosotros debe haber confianza y hablando de eso… hoy tuve un encuentro cercano con Elisa… - me confiesa después de que con cada pregunta me besó.

¿Qué quería la mona esa? – le pregunto enfadada.

Lo mismo que te di a medio día… - me dice cuando ve que mis cejas se juntan. ¡Debes confiar en mí! – me pide.

¡Pero no en esa! – esto es algo muy nuevo, mañana me vengaré, ¡maldita bruja!

Controla los celos, esa mente y ese corazón deben aprender, me gustan los celos, pero no des espectáculos desagradables, sabes que le he echado coca cola en vez de café… - quiere hacerme reír.

Y ¿qué ha hecho? – intento bajarme de su pierna, pero me lo impide, quiere que lo vuelva a besar y me alejo.

Me ha seguido al baño y me enseñó los senos…- esto último lo murmuró.

¿Que hizo qué? – por mas que quisiera esa mondriga me la iba a pagar y además él solo se reía.

¡Estate quieta! Me enseñó los senos, aquí está la cinta de vigilancia, si confías en mí no la verás, si lo haces te daré un premio… - me enseñó una cinta de video para luego extenderla.

Premio, ¿cuál premio? – quería saber, cuál era. Comencé a buscarle, pero no había nada.

No sea curiosa, dije que te daré un premio, pero no te dije cuando, anda bebe – me suelta y anima a seguir tomando mi café que, aunque frío, está bien para mí.

Y… ¿los tiene grandes? – le pregunte cuando se atraganta con su comida.

¡Exuberantes, pero por Dios! ¡Parece loca con tanto maquillaje…! ¿Estás triste? Por lo que te dije – me pregunta tomando café.

No, sólo que parece que se me quitó el apetito – le contesto, estoy que reviento y él que sólo se ríe.

Es porque estás triste, no te lo digo para que se te cambie el humor… - me junta contra su cuerpo.

No me cuentes esas cosas, que me siento poca… - ya no sé ni lo que digo, ya no sé ni que pensar, ¡esa víbora!

No, no, espera Candy no eres poca cosa, pesas más que yo, anda vamos, sigamos en lo que estábamos, cambie esa carita y no llore que se va a arrugar – intenta este hombre hacerme sonreír.

Es más probable que tú te arrugues primero – le contesto haciéndome reír, pero esa es la verdad.

Me haré cirugía plástica… - declara.

Thom, ¿siempre será así? – esto no me está gustando.

Sí Candy, abre tu mente… debes saber platicar y controlarte – me dice, como si fuese tan fácil.

Sigue con lo de Annie, pensé que no le caía muy bien – le digo, al final eso fue siempre lo que pensé.

Le simpatizas, pero creo que mi hermana piensa que me dabas muchas largas y algunas de sus amigas me quieren conocer y yo sí que les huyo – me comenta haciendo muecas de espanto.

¿Por qué nunca tuviste novia? Bueno en diez años nunca te conocí una novia – digo, a menos que la tuviese escondida.

Ah, pero si tuve, solo que no fueron importantes, no quería que me vieras con una posible relación, además estoy contento que me hayas seducido en tu cumpleaños… - me confiesa, echándome la culpa.

Yoooo, tú fuiste el que me emborrachó con coca cola, ¿recuerdas? – le hago hincapié.

Pero tú me dijiste que querías sexo… - me suelta, burlándose. Bien quería que me hiciera el amor, no sexo.

Jajaja y tú ¿no? – a ver que me contesta.

Yo sí, pero quizás había escuchado mal, tenía que dejar que te expresaras – bien, no era eso lo que quería escuchar.

¡Thom! ¿Esperabas que sucediera algún día? – le pregunté sin poder creérmelo.

No todos perdemos la esperanza Candy y diez años fueron pocos… - me aseguró y mi quijada estaba hasta el piso.

¡Thom! - no pude evitarlo, me eché a sus brazos.

Sí preciosa, diez años fueron pocos… - seguía hablando, no quería que siguiera hablando.

¡Hazme el amor! – le pedí animosamente.

Nunca pensé que tener novio fuera así, nos habíamos saltado muchas etapas o quizás ya las habíamos tocado todas, pero ser yo con Thom era muy fácil, nos reíamos de las tonterías y me apoyaba, nunca pensé que Thom estuviese enamorado de lo que era hasta que él me lo dijo. Thom dejó todo lo de la cena en una cómoda y comencé a quitarme la ropa, pero él me lo impidió, tomó mi mano y comenzó a besarla, para luego meter sus manos grandes debajo de mi blusa, buscando mis senos mientras me besaba, sus besos eran suaves, cadenciosos y sin darme cuenta la falda que portaba cuando entré desapareció de su lugar, dejándome en ropa interior, él se quitó la camisa y camiseta dejando su torso desnudo y me deleité con ese cuerpo bien formado por unos segundos cuando me cargó y colocó sobre su pelvis, me despojó de la blusa, deleitándose la vista con mis pezones duros, lo llamaban a perderse en ellos. Fue así que Thom comenzó a besarme más frenéticamente profundizando los besos y me sentía en una especie de éxtasis que mi cuerpo comenzó a desear más su toque, sus labios, su cercanía y mi corazón latía desenfrenado cuando oí a lo lejos una tela que se rompía…

Tengo unos repuestos – confesó pasando sus dedos sobre mi centro.

¡Cielos…eso no se hace!...

Continuará…

P.D. Este fic, sí es de Terry y Candy, pero antes de eso tiene su amorío con Thom, así que niñas no se desesperen… apenas hemos comenzado.

P.D2. Este es el bueno, el otro era un borrador y aùn le faltaban partes de Terry, me confundí al subirlos