¡Hola!
Lamento la tardanza. Aquí el nuevo capítulo.
Espero que les guste.
Saludos
Love-Dreamer-HP
Capítulo 12
Linda bienvenida a Londres
Estaba lista quince minutos antes de hora indicada para la reunión. Caminaba de un lado a otro debatiéndose entre irse sin Lavender y disculparse después o esperar a que apareciera con mucho tiempo de retraso como solía ser costumbre en ella. En un momento tomó su bolso, sus llaves y salió disparada a las escaleras para huir del lugar lo antes posible y asegurándose de esa manera no encontrarse con la rubia en el elevador. ¡Qué le importaba que Lavender se molestara con ella! ¡Qué más daba! Eso no formaba parte de su trabajo.
Se despidió del portero en cuanto estuvo en la planta baja, dispuesta a caminar dos calles más para tomar un taxi, pero al dar un paso fuera del edificio en el que vivía unos ojos verdes y una sonrisa radiante la detuvieron.
—Oh, ya veo que estás lista para irnos —dijo Lavender en cuanto la castaña la vio.
—Eh, sí. Te vi por la ventana y pensé que mientras más rápido nos vayamos, más rápido llegamos —contestó agitada Hermione sintiéndose muy molesta por no haber salido más rápido del departamento.
—Entonces sube, querida —dejó pasar a la ojimarrón a su auto para después entrar ella.
Cuando el chofer cerró la puerta y se metió en el lugar del piloto, preguntó amablemente a Hermione el lugar al que se dirigían. La dirección de Fred era extraña y difícil de pronunciar, así que la chica optó por indicarle cada calle por la que tenía que ir, al final de cuentas no era la primera vez que iba a casa de su amigo.
— ¡Suenas como GPS! —murmuró Lavender burlonamente cada que la castaña indicaba una vuelta.
Hermione le sonrió por cortesía, pero con unas inmensas ganas de tirarla del auto en movimiento. Su propio pensamiento la hizo reír en serio.
Una vez que llegaron a casa del pelirrojo, ambas chicas salieron del auto. La castaña abrió la pequeña reja que siempre estaba abierta aunque nadie lo supiera, atravesaron tranquilamente el jardín y tocaron la puerta una vez frente a ella.
Hermione se lanzó a los brazos de la persona que había abierto, que para su suerte se trataba de Fred, necesitaba que alguien le dijera que todo estaría bien y no había de qué preocuparse. Sin embargo, a pesar de lo reconfortantes que eran los brazos del chico, ella tenía la necesidad de que otro de los pelirrojos fuera quien le brindara esas palabras.
—Qué bueno que llegaste, Herms. Luna está como loca —informó divertidamente el gemelo.
—Bueno pues ya estoy aquí —respondió la castaña con una sonrisa.
Fred volteó la mirada hacia donde la ojimarrón sabía que estaba Lavender, era obvio que la miraba a ella y no exactamente por la extravagante ropa que llevaba. Dirigió su mirada a su amiga interrogativamente, ella sólo se encogió de hombros y entró a la casa.
Ahí estaban todos, casi como la última vez que hicieron una reunión, esa en la que ella les informó de su viaje a Australia.
Luna se acercó y rodeó a Hermione, como si de verdad no la hubiese visto en mucho tiempo. Claro que sólo habían sido unos días.
— ¡Llegaste a tiempo! Un minuto más e iría corriendo hacia tu departamento —dijo Luna mirándola con seriedad.
— ¡Hola a todos! —se anunció Lavender con superioridad.
Todos voltearon la cabeza hacia el lugar donde se había escuchado el agudo sonido y casi al mismo tiempo voltearon a ver a la castaña interrogativamente.
—Voy al baño —le anunció a Luna y caminó fluidamente por la casa, cosa que extrañó a la ojiazul.
Todos comenzaron a saludar a Lavender con cortesía y aún sin creer que estuviera con ellos, lo cierto de todo era que ni siquiera ellos habían mantenido contacto con ella y verla de nuevo era igual de extraño que lo que resultaba para la persona que la había llevado.
OoOoO
Después de intentar sacar los malos pensamientos que albergaban en ella y de lograr ganar su batalla interna para no gritar, salió del baño.
—Debiste decirme que mantenías contacto con Fred —le dijo Luna en cuanto la tuvo enfrente.
Hermione le dedicó una sonrisa tenue, lo que menos quería en esos momentos era un regaño o reclamo de nadie.
—Sin él no estaríamos hablando ahora —informó Hermione—. Él fue quien me dio tus datos cuando regresé. Llevo viéndolo seis meses más que a ti. Trabajamos juntos —explicó con rapidez ante la confundida mirada de su rubia amiga.
— ¿El que la trajeras también fue culpa de Fred? —preguntó la rubia.
Hermione no tuvo que preguntar a quien se refería, el asunto era más que obvio.
—En realidad fue tu culpa —acusó agrandando su sonrisa pero notándose más triste—. Debes dejar que regañar a todo el mundo y aprender a hablar con unos decibeles menos.
— ¿De verdad lo crees? —preguntó algo sonrojada.
— ¿Sinceramente? —Hermione sonrió un poco más—… Escuchó la llamada y no pude decirle que no.
— ¿Corazón de pollo?
—Siempre lo describiste así, ¿no?
—Te afecta demasiado, ¿cierto? —dijo ladeando la cabeza.
—Aprenderé a vivir con ello. Ya lo hice una vez —la castaña trataba de sonar segura.
Su amiga le tomó la mano y la apretó en señal de apoyo. Amabas sonrieron y caminaron hacia la sala en la que se encontraban todos.
Al llegar, Hermione saludó a cada uno de sus amigos, dándoles amistosos abrazos y besos a cada uno. Solo que había una persona faltante en el lugar.
— ¡Qué gusto verte, Hermione! —dijo Harry al saludar a su amiga, él había sido el último en hacerlo.
—Lo mismo digo.
—Me debes una charla —susurró mientras la abrazaba.
—Lo sé —contestó Hermione sonriendo—. ¿En dónde está Ron? —preguntó de inmediato, sabía que con él no había problema con sacar la pregunta, cualquiera de los demás hubiese hecho algún comentario incómodo y eso era lo que menos quería la chica en esos momentos.
—No debe tardar en llegar, no dijo a donde iba, pero mencionó que llegaría antes que tú —informó sonriendo pícaramente a su amiga—. Apuesto que está atrapado en el tráfico.
—Apuesto que está maldiciendo a todo el mundo.
—Ganaríamos los dos —rió el azabache.
Hermione rió con él, aún se preguntaba por qué no había querido hablar con sus amigos antes, ellos de verdad la hacían sentir bien siempre, especialmente Harry, el cual solía conocerla como un hermano.
—Ahí viene Ron —anunció Fred quien miraba por la ventana.
El corazón de la castaña comenzó a latir con fuerza, una boba sonrisa se posó en su rostro, no le importaba lo que los demás pensaran, sólo le importaba que lo volvería a ver, después de su último encuentro, al fin lo volvería a ver. Esperó ansiosamente a que la puerta se abriera y entonces, por ésta, apareció el pelirrojo.
Ron no tardó en encontrar la mirada de la castaña, su castaña. Azul y marrón se conectaron, mar y tierra juntos como siempre habían querido.
Para los ojos de ella él se veía demasiado guapo en esos momentos, esa sonrisa que le dirigía sólo lograba hacerle sentir a su corazón latiendo desenfrenadamente y el cabello despeinado le daba un aire sexy. Pero lo más impresionante era el ramo de rosas que llevaba en su mano, un pequeño y sencillo detalle que sólo hizo que las mejillas de Hermione se enrojecieran y sintiera un agradable cosquilleo en el estómago.
Rompieron el contacto y Ron comenzó a saludar a sus amigos. Comenzó con sus hermanos, pasó con Harry y al encontrarse con Ginny, sacó una de las rosas del pequeño ramo y se la entregó.
—Para ti, hermanita —dijo riendo al entregarla. Ella la aceptó gustosa y él continuó con sus saludos.
El siguiente fue Neville y la siguiente fue Luna, a la cual también le hizo entrega de una rosa.
—Aunque estés loca, creo que lo mereces —Luna le golpeó el brazo y tomó la flor que su amigo le ofrecía.
Estaba ansioso por la siguiente persona, la había dejado al último por una sencilla razón, la castaña sería la dueña del resto del ramo. Lo que no esperó es que al dar la vuelta se encontraría con una rubia de largos rizos frente a él. Ron no supo qué hacer, así que lo único que se ocurrió fue sacar una de las rosas para entregársela. Sin embargo, lo siguiente fue desconcertante para todas las personas del lugar.
—Ay sería fantástico que se la entregaras de inmediato a Hermione —dijo Lavender refiriéndose a la rosa—. Y después me das el ramo a mí. Porque, claro que es para mí, ¿verdad? —miró amenazadoramente al chico.
Hermione no pudo creer lo que había escuchado, pero eso no fue lo peor, porque sorprendiendo a todos con su reacción, Ron, dirigido por Lavender, le entregó la pequeña rosa a la castaña, le dio un pequeño abrazo el cual fue terminado rápida y obligatoriamente por la rubia, la cual prácticamente le arrebató el ramo y lo abrazó con posesión. Hermione no pudo más que recordar aquellos años de su adolescencia en los cuales Lavender siempre lograba tener la atención.
FLASHBACK
Ron y Hermione iban platicando por los pasillos de la escuela y distraídamente habían comenzado un juego en el que habían dejado entrelazadas sus manos. Reían divertidamente mientras subían por las escaleras, justo detrás de sus amigas Luna y Lavender quienes iban platicando animadamente. Justo cuando llegaron al piso correspondiente, Kate, una chica que aparentemente gustaba de Ron, los interceptó antes de que pudieran entrar al salón de clase.
— ¡Ron! —gritó emocionada en cuanto vio al chico. Segundos después centró su atención en las manos entrelazadas de ambos—. ¿¡No me digan que ya son novios!? —dijo exasperada
—Sí —contestó sonriente Ron casi al unísono con Hermione quien sentía que su corazón latía con fuerza al haber escuchado al pelirrojo contestar afirmativamente y deseó que eso fuera verdad.
—Sí, todas somos sus novias —interrumpió de celosamente una rubia con largos rizos abrazando el brazo que el ojiazul tenía desocupado.
— ¿Ah sí? —preguntó burlonamente Kate al ver la cara de sorpresa que había puesto Hermione—. Pues qué bien.
—Sí —se limitó a contestar la castaña con una triste sonrisa. Sabía que su amiga podía haber seguido el juego, ya que Ron había pedido en más de una ocasión ayuda con Kate para que lo dejara en paz; pero tenía que interrumpir y mostrar extraños celos, ¿acaso no se daba cuenta de lo que ella sentía? Bueno probablemente no, pensó Hermione; y ese día su corazón se sintió triste por primera vez.
FIN DEL FLASHBACK
—Me parece que ahora sí estamos todos —dijo Lavender una vez que se soltó de Ron, cosa que pareció una eternidad para el pelirrojo.
—Sí, creo que es hora de que nos apresuremos con todo esto, ¿vienen? —dijo Fred después de un profundo suspiro y tratando de arreglar la situación.
—Mmm… sí, vamos —dijo Ginny aproximándose a la cocina para sacar todas las cosas.
Hermione estaba en estática, en shock. ¿Cómo era posible que su pasado la estuviera persiguiendo como si verdaderamente hubiera hecho algo malo como para merecerlo? Solo había besado a Ron, no había sido la gran cosa, ¿o sí?
Cuando todos estuvieron sentados a la mesa listos para comer lo que Luna había preparado, decidieron hacer un pequeño brindis, el cual había sido parte del plan que Ron había preparado con Hermione apenas unos días antes.
—Y disculpen, ¿por qué estamos haciendo esta reunión? —preguntó Lavender intentando sonar interesada en todo lo que los demás hacían y decían.
—Estamos haciendo esto porque Hermione regresó a Londres —informó Luna tratando de molestar a la rubia y de hacerle saber que ella no era importante para su reunión y especialmente porque había notado a su castaña amiga callada y distraída, cosa que le ponía los pelos de punta.
Luna no había sido la única en notar a Hermione callada y ausente, también lo habían notado Harry y Fred, el último era demasiado cercano a la chica, especialmente después de que regresara a Londres. Sabía que la ojimarrón estaba mal, pero pensó que era mejor guardarse un poco las cosas y hablar con ella más tarde.
—Ay, ¿en serio? —dijo Lavender fingiendo sorpresa—. Yo también acabo de regresar a Londres, ¿no es fantástico? —su ego era notorio en todos lados, sin duda quería convertirse en el centro de atención.
— ¿Y por qué estabas fuera? —preguntó Neville tratando de mostrarse interesado.
—Estuve fuera porque estuve de gira con el teatro. Viajamos alrededor de Reino Unido y regresamos a Londres hace unos días —Ginny y Luna no pudieron evitar poner los ojos en blanco ante la estúpida información que la ojiverde había dado—. ¡Ya sé! ¿Por qué no hacemos que ésta reunión sea especialmente para Hermione y para mí? Digo, amabas regresamos a Londres —los gemelos rieron un poco, mientras Hermione prácticamente mataba a Lavender con la mirada, esa había sido la propuesta más estúpida que habían escuchado en su vida. Decidieron ignorarla y continuaron con lo que estaban.
Comieron con tranquilidad y con mucho menos ruido que con el que suponían que pasarían la tarde. La reunión, fiesta o lo que quiera que eso fuera se había arruinado para Hermione. Ron no se había despegado de la rubia en ningún momento y aunque Hermione no lo notara, eso no hacía muy feliz al pelirrojo. Quizá fue por eso que en cuanto tuvo la oportunidad, Hermione decidió retirarse. Harry intentó retenerla por un rato, sólo lo logró por treinta minutos. La castaña tomó sus cosas y se dirigió a la puerta, ya no podía soportar más estar ahí, había soportado demasiado en el pasado como para querer hacerlo en esos momentos. Se despidió de todos con rapidez con la excusa de que tenía un compromiso con sus padres al día siguiente y prometió llamarles y seguir en contacto con ellos por medio del correo electrónico y el celular. Una vez en la puerta y dispuesta a irse, alguien la detuvo.
— ¿Qué? ¿En serio piensas irte sola, en un taxi y a esta hora? —preguntó un pelirrojo.
—Sí, Fred, eso es exactamente lo que haré —contestó Hermione tratando de sonar divertida.
—No lo creo. Espera un segundo, yo te llevo —se ofreció sonriéndole.
Pero para su sorpresa quien apareció en el jardín en el que esperaba, fue un chico de ojos verdes.
—Tú, yo, charla, ahora —anunció tomándole la mano y dirigiéndola a su auto.
La castaña le dio su dirección y comenzaron el camino, un camino rápido para la suerte de Hermione, corto para no tener que dar explicaciones a nadie, no tenía ganas de hablar del tema, pero sabía para lo que su amigo se había ofrecido a llevarla, incluso ya se lo había dicho y sólo fue cuestión de esperar a ver lo que él tenía que decirle.
— ¿Estás bien?
—Si te digo que sí, te mentiría.
—A veces las cosas no salen como lo planeamos, ¿cierto?
—Creo que ya tuvimos esta charla… hace algunos años —dijo Hermione sonriendo.
—Sí, quizá sí.
—Y, ¿de verdad piensas repetirla? —la castaña alzó una ceja con diversión.
— ¿Es necesario? —el ojiverde volteó la mirada a su amiga por un momento y después volvió a ver al frente.
—Creo que aprenderé a vivir con esto, ya lo hice alguna vez —contestó la chica encogiendo los hombros y repitiendo las mismas palabras que le había dicho a Luna.
El resto del camino Hermione confesó que su llegada a Londres había sido hacía más de un año y que lamentaba mucho el no haberse comunicado con nadie, pidió que no se lo dijera a Ginny y que la perdonara por no buscarlo a él; explicó sus razones y le dio un largo discurso de cómo tenía razón, no quería sufrir de nuevo por su pasado y decidió no abrir la boca y justo cuando lo hacía todo volvía a ser como antes. Harry pareció entenderlo después de un rato y quedaron en llamarse después.
Cuando la castaña entró en su casa se sintió vulnerable, sola, triste. Su pequeño gato naranja la recibió con un ronroneo y se paseo por sus piernas. Hermione se recargó en la pared sintiendo como se debilitaba poco a poco, se deslizó con la espalda pegada a ésta y cuando se dio cuenta estaba sentada en el suelo con las rodillas contra su pecho, se abrazó a ellas y comenzó a llorar desconsoladamente, como no lo había hecho en mucho tiempo. En ese momento lo entendió, la vida no era fácil, no era color de rosa y mucho menos era al lado de Ron.
