Emma salió del despacho más enfadada de lo que había entrado en su mente no para de rondar la misma pregunta, ¿Quién se creía que era Regina Mills para pagar la escuela de su hijo?

Antes de salir de allí se dio cuenta de que la clases no habían terminado por lo que decidió esperar a que Ruby saliese de clase, sabía que Bella no estaba pues había ido unos días a cuidar de su padre que había caído enfermo así que podría hablar un rato con ella y así conseguir liberar algo de tensión acumulada.

-Hola, rubia.- Dijo entonces Ruby acercándose por detrás y sobresaltándola.- ¿Qué haces aquí?- Preguntó sorprendida.

-Hola, he venido a verte.- Soltó pues sabía que no debía contar nada de su enfrentamiento con Regina.

-Interesante….- Soltó sin darle más importancia.- Te invito a un café.- Le dijo cogiendo su brazo y dirigiéndola hacía la cafetería.

-¿No tienes clase?- Preguntó pues vio que era demasiado temprano para estar fuera.

-Sí, no he entrado.- soltó sin darle más importancia.- Es que sin Belle me aburro.- Se justificó al ver la cara de enfado de Emma.

-Claro… eso es muy lógico.- Intentó que sonase en tono desaprobatorio pero acabo riendo al ver la cara pícara de su amiga.

Las dos se sentaron en unas de las mesas que había vacías en la cafetería, por suerte no había mucha gente y las atendieron rápidamente pudiendo también hablar sin problemas.

-¿Cómo esta David?- Preguntó Ruby sonriendo mientras disfrutaba de su café.

-Está bien, hoy estaba feliz porque lo he llevado al colegio.- Contestó la rubia con un halo de tristeza en su voz que no paso desapercibida por la morena.

-Es normal, Ems.- Le dijo cogiendo su mano cariñosamente.- Casi no te ve y te echa de menos, pero entenderá que todo lo haces por su bien.- Sentenció con una sonrisa.

-Supongo que sí.- Contestó entonces Emma pensando en la posibilidad que Regina le estaba dando, no sólo volver a estudiar sino también de pasar más tiempo con su hijo.

-Claro que sí, sabes que el niño te adora. Eres su heroína- Dijo Ruby contenta.

-Es probable que vuelva a la universidad.- Soltó entonces dejando a la morena totalmente impactada por sus palabras.

-¡Qué!- Gritó haciendo que varias personas se girasen para mirarlas.- ¿Cómo?- Preguntó Ruby bajando la voz para no dar más el cante.

-Al final le han dado la beca a David, sólo he tenido que pagar un mes.- Dijo justificando así el pago de Regina.

-Pero eso es genial…- Soltó la morena cogiendo el brazo de su amiga con cara de emoción.

-Sí… aún tengo que mirarlo todo en secretaria, no sé si podré volver a matricularme.- Dijo Emma algo más relajada.

-Claro que sí, es más vas a ir ahora mismo.- Le dijo Ruby levantándose de la mesa y cogiendo a Emma del brazo.- Mándame un Whatsapp después ahora tengo que ir a recoger a Bella al aeropuerto.- Aseguró mirando la hora que era.

-Está bien, cuídate y dale un beso de mi parte a Bella.- Dijo despidiéndose de la morena con un apretón en el brazo.

Emma hizo caso a su amiga y se marchó rápidamente hacía secretaria, quería saber si podría volver lo antes posible, al fin y al cabo Regina le acababa de dar la oportunidad de hacerlo y antes de dejar sus trabajos prefería asegurarse de poder volver.

-Buenas tardes.- Le dijo la mujer mayor que allí estaba sentada.

-Hola, soy Emma Swan, deje la carrera por motivos personales hace unas semanas pero todo se ha solucionado y me gustaría saber si puedo volver.- Dijo Emma mirándola con una sonrisa.

-Sí, la profesora Mills me dijo que la ayudara.- Soltó haciendo que Emma se enrojeciese por esas palabras, no podía entender que podía ganar esa mujer ayudándola.

-¿Eso quiere decir que puedo volver?- Preguntó una vez recuperada.

-Así es. Aquí tiene de nuevo la matrícula y las asignaturas.- Le dijo dándole todos los papeles que necesitaba.

-Muchas gracias.- Emma se giró para marcharse cuando vio que entre sus papeles estaban los del trabajo final de la carrera, asignatura que la rubia no había cogido para ese año.-Creo que debe haber un error.- Se giro y dejo los papeles sobre el escritorio.- Yo no me matriculé en esto.- Aseguró entonces.

-Son los papeles que la señora Mills me ha dejado para usted.- Le dijo la mujer revisándolo todo.

-Pues debe haber un error.- Aseguró mirándolos bastante enfadada.

-Tendrá que hablarlo con ella o con el decano Gold.- Dijo la mujer mirándola.

-Gracias.- Emma se giró sobre sí misma y se marchó.

Al llegar a su apartamento tiró los papeles sobre el sofá y se dejó caer después, había sido un día agotador anímicamente, no entendía porque Regina hacía todo eso pero en el fondo no podía negar que estaba agradecida y alagada por sus palabras y sus hechos aunque eso no evitaba el enfado por meterse de esa manera en su vida. Sus sentimientos era cada vez más contradictorios.

-Hola, cariño. ¿Qué ha pasado?- Preguntó al verla perdida en sus pensamientos.

-Buenas, mama. Pues ya sé quién ha pagado el colegio de David y además he vuelto a la universidad.- Soltó rápidamente haciendo que su madre se sentase a su lado para hablarlo.

-Explícate más despacio.- Dijo Mary Margaret más tranquila.

-Regina Mills ha pagado el colegio de David para darme la opción de volver a la universidad. Los papeles están ahí así que he vuelto a estudiar pero sólo he aceptado ese dinero con la condición de devolvérselo.- Emma había hablado casi sin pensarlo.

-¿Regina? ¿La amiga de David?- Preguntó Mary que cada vez estaba más sorprendida.

-Así es.- Contestó sin más su hija.

-¿Por qué?- Preguntó de nuevo Mary Margaret al ver que su hija no le contaba nada más.

-Dice que porque David merece tener a su madre más tiempo y porque tengo talento en esto.- Dijo señalando entonces los papeles.

-En eso tiene razón.- Aseguró su madre abrazándola.- Es una gran oportunidad, no deberías desperdiciarla, cariño.- Soltó entonces Mary Margaret dejando a su hija totalmente sorprendida.

-Lo sé… es sólo que…- No sabía cómo explicarle todo a su madre ni siquiera sabía si quería explicárselo o guardárselo para ella.

-¿Qué pasa, cariño? ¿Qué te preocupa?- Preguntó entonces la mujer que conocía lo suficiente bien a su hija como para saber que algo no iba bien.

-No lo sé, esa mujer…- Las mejillas de Emma se enrojecieron como cuando tenía 11 años y había cometido alguna trastada.

-¿Qué sucede con esa mujer?- Preguntó entonces cogiendo la mano de su hija.

-No importa.- Dijo levantándose y dirigiéndose a la cocina para comer algo.

Mary Margaret decidió no presionar a su hija, sabía que era mejor darle su espacio y que tarde o temprano se lo acabaría contando todo, como siempre hacía.

Emma por su parte comenzó a picar algo hasta que se dio cuenta la hora que era, iría a recoger a su hijo y después hablaría con August para dejar el trabajo además de con Marco para saber si podría volver a su antiguo horario.

En el colegio, Emma se apoyo contra una farola mirando hacia la puerta de entrada esperando a que su hijo apareciera corriendo para encontrarse con ella. Por su parte vio como David salía rodeado de tres niños más, venía hablando y riendo con ellos, nunca había visto a su hijo socializar de esa forma. Una gran sonrisa nació en su cara cuando lo escuchó despedirse de ellos señalando a su madre con orgullo para después volver a hablar con ellos para quedar el día siguiente ir al parque juntos.

-Hola, renacuajo.- Le dijo Emma cogiendo en brazos a su hijo.

-Hola, mama.- Contestó dándole un beso en la mejilla.

-¿Cómo te ha ido el día?- Le preguntó.

-Muy bien, hemos aprendido mucho.- Soltó.- Además mis amigos y yo vamos a ir al parque de atracciones el domingo, ¿Me dejas? – Preguntó poniendo carita de inocente para convencer a su madre.

-Claro que sí, además me gustaría ir contigo.- Le contestó Emma mientras caminaban hacía su casa.

-¿De verdad?- Preguntó contento abrazando a su madre.

-De verdad.- Soltó correspondiendo al abrazo con una gran sonrisa en la cara.

Emma llevo a David todo el camino en brazos, disfrutaba de esos ratos incluso más de lo que lo hacía el niño. Los dos iban hablando y riendo como si fuesen niños. David estaba emocionado por poder ir al parque de atracciones y Emma por poder acompañarlo.

-Mama.- Gritó Emma dejando al niño en el suelo.

-En la cocina, la comida esta lista.- Aseguró entonces la mujer con una sonrisa.

-¡Guay!- Gritó David dejando su mochila en la mesa y dirigiéndose a la cocina.

-¿Cómo te ha ido el día?- Le preguntó su abuela mirándolo contenta.

-Bien, el domingo iremos al parque de atracciones.- Soltó muy excitado.

-¡Qué bien!- Dijo Mary Margaret dejando un plato de pollo al horno sobre la mesa.

Los tres se sentaron a comer, David fue el que dirigió la conversación durante todo el almuerzo. El niño disfrutaba de volver a comer con su madre además de todas las emociones del día.

Mary Margaret y Emma sonreía al escuchar al niño contar sus historias, verlo tan feliz las hacía sentirse plenas. David hablaba de sus nuevos amigos además de todo lo que hacía en el colegio, también le contaba cosas de Regina, sobre sus clases de dibujo. Emma no paraba de darle vueltas a todo, esa mujer se había colado en todos los aspectos de su vida.

-¿Has hablado ya con tus amigos?- Pregunto Emma una vez que habían terminado de comer.

-Sí, pero mañana en el parque les diré que tú también vienes.- Dijo orgulloso el niño.

-Perfecto, entonces mañana te llevaré al parque para conocer a sus madres.- Aseguró Emma recogiendo los platos.

-Yo me encargo, cariño.- Dijo su madre levantándose pero Emma no la dejo.

-Tranquila, mama. Haces mucho por nosotros, al menos hoy me haré cargo de esto.- Aseguró entonces su hija sonriendo.

-Abuela, me ayudas a coger mi ropa.- Dijo el niño cogiendo la mano de su abuela.

-Claro que sí, es hora de que te quites el uniforme.- Contestó llevándolo al dormitorio.

Emma se quedó limpiándolo todo, al terminar vio que su hijo se había acostado un rato y que su madre había caído rendida también a su lado. Sonrió antes de volver a su dormitorio donde colocó todos sus documentos y los comenzó a revisar, no podía dejar de pensar en que Regina había condicionado su vuelta a que trabajase con ella para su trabajo final.

Tras mandarle un mensaje a Ruby confirmándole la vuelta el lunes y soportar toda la excitación y emoción de su amiga volvió a los papeles que tenía delante de ella.

En un momento de arrebato encendió su ordenador y se metió en el enlace que la propia Regina les había dado el primer día de clase y comenzó a escribir sin pensarlo demasiado.

Ya tengo los papeles para volver a la universidad pero no deja de sorprenderme que no solo hablase con la secretaria sino que además se propusiese como mi correctora del trabajo, creo que esa decisión debería ser solo mía.

Un saludo, Emma Swan.

Emma releyó varias veces el correo pero antes de pesarlo más veces decidió enviarlo, no podía negar que le agradaba la idea de poder trabajar con ella pero le fastidiaba no tener elección, ella no era una alumna más a la que impresionase con su máscara de frialdad y que por eso no iba a protestar, estaba muy equivocada si así lo pensaba.

Unos segundos después Emma se levantó para acostarse un rato a dormir pero escuchó como su ordenador sonaba dando así aviso de que había llegado una notificación.

Me alegro de su vuelta, señorita Swan. Al verla salir así de mi despacho pensé que iba a rechazar esta oportunidad. Sobre el trabajo… No había ningún profesor más dispuesto a corregirlo a estas alturas de curso pues esos trabajos llevan asignados más de un mes, así que por eso aparece mi nombre en él.

Espero que no sea tanta molestia tener que tratar conmigo de vez en cuando aunque tengo que admitir que me sorprende que me haya contactado, pensé que simplemente me mandaría al infierno.

Un saludo, Regina Mills.

Emma se quedó en blanco al recibir la respuesta, realmente no esperaba que le contestase y mucho menos que lo hiciese segundos después de contactar con ella. Tuvo que releer varias veces el mensaje para poder así poner sus cosas en claro aunque realmente sólo consiguió ponerse más nerviosa.

Volvió a abrir la bandeja de entrada, a pesar de la confusión y el nerviosismo estaba dispuesta a contestar, Regina Mills le estaba echando un pulso y no la iba a dejar ganar tan fácilmente.

No se confunda, profesora. Que ese dinero se lo devolveré en cuanto lo reúna, no me gusta deberle nada a nadie.

No se preocupe, creo que no se me da del todo mal tratar con usted, supongo que porque tengo la edad suficiente para no dejarme amedrentar por esa máscara suya.

Emma Swan.

Emma envió entonces el correo, ya no se levantó, realmente esperaba deseosa la respuesta de su profesora. No pasaron más de 5 minutos antes de que una nueva notificación llegara a su ordenador.

El dinero es sólo material, estoy segura de que David estará contento de volver a tener a su madre cerca. Aunque acepto que quiera devolvérmelo no tenga prisa. Podría darme simplemente las gracias y todo estaría saldado.

Consigue sacarme de mis casillas, así que si eso lo considera saber tratarme pues supongo que así es. Y sobre la edad… créame aún le sigo sacando unos cuantos años.

Regina Mills.

Emma sonrió ante la ironía del correo. Aunque tenía que reconocer que era lo suficientemente inteligente como para saber que David era su debilidad y que nunca haría nada que pudiese perjudicarle y por eso había decidió volver principalmente.

La rubia se quedó pensando, ahora quería saber qué edad tenía esa mujer… no entendía como conseguía ese efecto en ella pero lo hacía y la enfadaba hasta más no poder.

No meta a David en esto (es cierto que está feliz de que pueda recogerlo en el colegio)… sé que hay algo más detrás de toda esta generosidad y acabaré descubriéndolo.

No creo que nos llevemos más de cuatro o cinco años así deje de usar ese argumento. Y sobre sacarla de las casillas, creo que todo lo que no puede controlar lo hace.

Emma Swan.


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