Aquí de nuevo con el decimo segundo capitulo (¿se han preguntado por qué no digo simplemente capitulo 12 o algo así? Pues síganselo preguntando porque ni yo misma lo se) ¡Gracias a Mary~chan! Mi primera adaptación, de la Editorial Harlequin, Categoría Bianca, de la serie: "En la cama con el Jefe"

Disclamer: Algunos personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, Chiie Taruma pertenece a Marisol Rodríguez. Historia original de Penny Jordan

Editado por HARLEQUIN IBERICA, S.A

Núñez de Balboa

© 2008 Penny Jordan. Todos los derechos reservados

AMOR EN LA INDIA

Titulo original: Virgin for the Billionaire's talking

Publicada originalmente por Mills & Boon ©, Ltd., Londres


Capitulo 12.

Itachi había tenido razón. Habían pasado días y meses, tres para ser exactos, y habían tenido muchos momentos maravillosos. Había habido muchas noches en que ella se había sentido en el paraíso.

Itachi era un maestro experto y le había enseñado muchas cosas, pensó Chiie.

Había habido una noche en que Itachi le había mostrado un ejemplar del Kama Sutra con ilustraciones en oro que había comprado en un bazar cuando era un muchacho. Había pertenecido a un maharajá cuya biblioteca había sido vendida. Él le había leído el texto con voz sensual y erótica. Al principio Chiie se había mostrado tímida y no se había atrevido a mirar las ilustraciones. Luego, lentamente, había ido ganando confianza y las había estudiado.

Itachi la había animado a elegir una posición que le pareciera erótica para que practicasen juntos, y luego había bromeado con la idea de que tendrían que repasarlas todas, noche a noche, experimentándolas una a una.

Pero algunas noches debían de haber practicado media docena de ellas.

Contrariamente a sus expectativas, y a las de Itachi probablemente, el deseo de él por ella no se había apagado, sino todo lo contrario.

Cuando viajaba por negocios, su regreso normalmente resultaba en la trasgresión de su norma de no tener sexo en su despacho, debido al intenso deseo que sentía por ella.

Pero era deseo físico, se recordó Chiie. Eso era todo lo que él sentía por ella.

Había habido mucho placer en aquellas noches. Pero para ella también había habido dolor. Porque sabía que Itachi jamás iba a corresponder a su amor. A la vez ella sentía culpa, porque no le había dicho la verdad. Pero aquella culpa se mezclaba con tristeza, porque jamás iba a poder ser ella misma con él porque nunca sería aceptada como era. La realidad era que ella estaba viviendo varias mentiras, y eso no podía continuar. Porque la estaba destruyendo.

Ella vivía con temor de que un día se le escapasen sus sentimientos en el calor de su intimidad con él, y que aquello provocase el fin de su relación con él. Y sin embargo una parte de ella añoraba la tranquilidad de saber que ya no tendría que mentir.

Ella no podía soportar la idea de su rechazo y desprecio cuando se enterase de la verdad, tanto de sus sentimientos como de quién era verdaderamente ella. Y lo peor era que a medida que pasaba el tiempo ella añoraba más lo que jamás tendría.

Su trabajo en las casas estaba terminado. Itachi había estado en Mumbai durante los últimos tres días, y en aquellos días ella había estado pensando en su situación y había tomado una decisión por su bien.

Había hecho las maletas y tenía el billete de avión para regresar a su casa. En una hora se marcharía al aeropuerto en el taxi que había pedido.

Lo único que tenía que hacer era escribir una carta para Itachi, diciéndole que había terminado el trabajo, y que había disfrutado del tiempo que habían pasado juntos, pero que era hora de que ella volviera a Londres, a su vida y a su profesión.

Él pronto encontraría a alguien que la remplazara en su cama.


Itachi miró por la ventana de su jet privado mientras aterrizaba.

No sabía por qué había sentido aquella compulsión a acabar su negocio en Mumbai antes de tiempo. Después de todo no era la primera vez que había estado separado de Chiie.

Pero su ausencia había aumentado su deseo entre ellos, y cuando había vuelto habían alcanzado nuevas cimas de placer

Chiie nunca había tenido exigencias ni malos humores durante sus ausencias, ni le había dicho que lo había echado de menos, ni que le habría gustado ir con él…

No había motivo para sentir aquella urgencia de volver a verla.

Ella estaría allí, esperándolo para darle la bienvenida sensual de su cuerpo. Para que la poseyera y para recibir su placer. Chiie era una compañera ideal en la cama: sensual, alegre, y le gustaba dar y recibir placer por igual. Le había sorprendido dado el hecho de que no tenía experiencia. Su aceptación de las condiciones de la relación y de su falta de compromiso le había hecho bajar la guardia con ella y mostrarle su pasión, a salvo, sabiendo que ella sólo estaba allí por su deseo por él y no por el deseo de lo que él pudiera darle.

Tal vez por eso seguía deseándola tanto después de tanto tiempo, cuando había pensado que se cansaría de ella.

Ya no le leía el Kama Sutra porque juntos habían creado un repertorio de íntimos placeres, placeres que ella había recibido con ganas y los había adaptado a sus propias necesidades y a las de él, haciéndolos especiales y personales.

Itachi frunció el ceño.

Su pensamiento lo estaba llevando a algo que le resultaba familiar. Ningún compromiso, había dicho, y lo había dicho en serio. Y todavía seguía pensándolo.

Su coche lo estaba esperando. Prefería conducir él mismo. Se quitó la chaqueta y la tiró en el asiento de atrás junto con su ordenador portátil.

Había visto a Kisame en Mumbai, y el director de arte estaba presionándolo para arreglar una entrevista con Chiie. La publicidad estaba organizada para el lanzamiento del complejo de viviendas, y él había visto las fotos de las interiores y había comprendido por qué la agencia que había contratado para difundir el proyecto había estado tan segura de su éxito.

Chiie se había superado a sí misma y había producido algo con estilo en su concepción y no obstante extremadamente vivo. Mirando las fotografías él se pregunto qué haría ella con su apartamento de Londres, se la había imaginado mentalmente viviendo allí con él…

Apretó el acelerador.

En el bolsillo tenía una caja de una de las joyerías más exclusivas de Mumbai. Con un par de gemelos de diamantes, que era una antigüedad. Había sabido en el momento en que los había visto que a Chiie le iban a encantar. Eran únicos. Como ella.


Era la hora de irse. Podía dejar la nota en el escritorio de Itachi antes de marcharse.

Chiie recogió su bolso y agarró su maleta.

La puerta de su dormitorio se abrió. Se dio la vuelta y se puso pálida. Itachi estaba de pie en la puerta, mirando alternativamente a la maleta y a ella.

— ¿Qué sucede? —preguntó, cortante.

—He terminado mi trabajo aquí —respondió, temblorosa.

—Tu trabajo aquí ha terminado, es posible, pero ¿y nosotros qué?

Aquello era peor de lo que había imaginado, pensó ella.

—Tengo que ganarme la vida.

—No te preocupes, yo lo solucionaré. ¿Cuánto dinero quieres? ¿Diez mil al mes?

Chiie no podía hablar ni moverse. Estaba demasiado dolida. No era bueno decirse que sabía lo que él pensaba de ella. Y que no tenía a nadie que culpar sino a sí misma. Después de todo era hija de su madre, ¿no?

— ¿No es suficiente? Bueno, ¿qué te parece si te doy esto para suavizar las cosas? —Itachi sacó la caja del joyero y la tiró en la silla que había al lado de Chiie.

Ella miró.

—Adelante. Ábrela —le dijo, Chiie no podía reaccionar por el dolor que sentía.

—No estoy en venta, Itachi —respondió cuando pudo hablar.

— ¿No?

— ¡No!

Ella pensó que él la iba a detener para no dejarla marchar, y en parte ella lo deseaba, a pesar de lo que él acababa de decir y hacer.

Pero él se detuvo antes de llegar a ella.

Era evidente que estaba furioso, pensó Chiie. Ella podía sentir el latido de su corazón, enfurecido, ese mismo latido que ella hubiera deseado escuchar como muestra de su amor hacia ella.

Pero no, eso era imposible.


Cuando volvió a casa, Chiie fue al banco y supo que le habían ingresado una gran cantidad de dinero, mucho más de lo que Itachi tenía que pagarle por su trabajo. Ella le escribió un correo electrónico, señalándole su error, y recibió una respuesta diciéndole que esos extras eran por sus servicios, y que no aceptaría el dinero de vuelta.

Chiie había llorado y luego había extendido un cheque por la cantidad de esos extras, y se lo había dado a una obra de caridad, diciéndoles que el dinero era una donación de Itachi. La relación entre ellos se había terminado. Jamás debería haber habido nada. Pero ahora se había terminado definitivamente.


Bueno que este chico no aprenderá nunca. El capítulo siguiente será el final ¿Cómo lo arreglará todo Itachi?