12:51 de la noche, y yo aquí, escribiendo, porque cierta personita no me deja dormir… Bien, que ni quería dormir. xD En fin, hace mucho que no actualizo este fic, pues tenía ya las ideas en mi cabeza, pero no sabía como plasmarlas en palabras. Aún así, esto me sigue pareciendo poco en comparación a lo que tenía en mente. Pero ni modo ¿Alguna vez no les ha pasado que dicen o hacen algo que originalmente, cuando lo pensaban, se veía u oía mucho mejor a lo que en realidad era? Porque a mi me pasa muy seguido ultimamente xD
Bueno… Kung Fu Panda no me pertenece. Es propiedad de DreamWorks Bla, bla, bla…
Atrapada
Lía no deja de moverse. Se retuerce, toma su pie derecho y se lo lleva a la boca. Suspiro, ruedo los ojos y por milésima vez, la acomodo en el cambiador para terminar de colocarle el dichoso pañal. Realmente no estoy de humor. Me duele la cabeza, tengo hambre, Lía ha llorado por horas la noche anterior y no he podido dormir más de dos horas, así que no tengo ánimos para atender los jueguitos de la nena, pero tengo que conseguir paciencia de donde sea por el simple hecho de que tan solo es un bebé.
—¿Tigresa?
La puerta se abre. Víbora repta dentro del cuarto de Lía y vuelve a cerrarla, pero no volteo a verla.
—¿Qué sucede? —Pregunto.
Finalmente, consigo acomodarle el pañal a Lía y un poco exasperada ya, la siento sobre el cambiador, que hace un par de semanas he corrido para que quede junto a la cuna, y tomo de entre las sabanas de la cuna la pequeña muñeca en forma de tigresa, aquella que era mía y que no tengo ni idea de cómo llegó a las poco cuidadosas manos de mi hija que ya le ha arrancado una oreja, para luego entregársela para que se entretenga unos momentos.
No escucho respuesta alguna de Víbora, así que decido voltear a verla. La reptil, aún parada junto a la puerta, me observa con una ancha y burlona sonrisa. Gruño, con todas las ganas que me vengo guardando, molesta por aquello.
—¡¿Y ahora qué?!
Se siente tan bien gritar.
—Ya, tranquila —Víbora ríe— Te ves fatal.
—Gracias por el cumplido.
Mi sarcasmo es tan evidente, pero realmente pésimo. Exhalo un suspiro, conteniendo las enormes ganas de destrozar esas mullidas almohadas que están en la cuna de mi adorada nena, y me dejo caer sentada sobre la cama que se encuentra apoyada contra la pared opuesta a la de la cuna. La cabeza me pesa y el estómago me da vueltas. Intento disimularlo.
Víbora me observa, con el entrecejo arrugado, y repta hasta quedar frente a mi.
—Lo digo en serio, te ves fatal —Repite y coloca la punta de su cola en mi frente— ¿No estarás enferma?
Inmediatamente la aparto de mi rostro.
—No, no creo —Murmuro— Estoy bien.
—Tigresa…
—¡Estoy bien, Víbora!
Las risas de Lía cesan, Víbora retrocede unos centímetros de mi y el cuarto queda en silencio. No es hasta entonces, que me doy cuenta de que he gritado.
Murmuro una rápida disculpa y sin esperar respuesta, me dirijo hacia el armario de Lía. Víbora me sigue por el cuarto, hablando a mil por hora sobre mi cambio de actitud estas últimas semanas, especialmente estos días. La ignoro. Busco dentro del armario hasta hallar un pequeño trajecito de bebé rosa, de esos que son de cuerpo completo y me vuelven loca cuando quiero cambiarle el pañal, para luego dirigirme al cambiador y vestir a Lia…
—¿Estas segura?
Po sujeta mis manos por encima de la mesa y levanta la mirada hacia mis ojos. No expresa ninguna emoción, al menos, no abiertamente, pero su mandíbula está tensa y le tiembla el pulso. Está nervioso y sus el verde de sus ojos ha perdido brillo. No puedo evitar agachar la mirada. Me digo que esto es por el bien de ambos y lentamente asiento.
—Si, estoy segura —Murmuro, a la vez que aparto mis manos y coloco el anillo de compromiso sobre la palma de las suyas.
Po estuvo insistiendo una semana con intentarlo y sinceramente, no tuve el valor de decirle que no. Pero había sido suficiente. Yo misma sabía que esto nunca iba a volver a ser igual. No quería seguir jugando de esa manera con sus sentimientos. Así que aquella noche, cuando todos se fueron a dormir, le devolví el anillo de compromiso. Era la única manera de convencerlo. Luego de aquello, no hablamos durante un par de días y realmente, fue más fácil de lo que creía. No me gustaba ver a Po triste, pero las cosas tenían que ser como tenían que ser.
Unos días después, Po ha propuesto que al menos nos llevemos bien, por Lía. No le dije que no. Eramos amigos mucho antes de siquiera comenzar a gustarnos.
—¿Iras hoy?
La voz de Víbora llama mi atención. No contesto de inmediato. Termino de colocarle el trajesito a Lía y la dejo en la cuna, para luego voltear a ver a la reptil.
—No —Contesto, sin dudar.
—¿Por qué? Sabes que Po quiere que tu y Lía…
—¡Pues irá Lía con él! Porque, querida amiga, sinceramente no se me antoja la regalada gana ir a ese festival.
¿Por qué todos quieren que haga lo que a ellos les parece? ¿Por qué no puedo simplemente hacer lo que yo quiero?... Me duele la cabeza, tengo hambre, el estómago revuelto y tan solo puedo pensar en acostarme y dormir toda la noche sin interrupciones. Ya he saludo a Po hoy en la mañana por su día, creo que he sido yo quien se ha acordado que hoy era "Día del Guerrero Dragón", y no creo que se aflija porque no me apetece bajar al valle para el festival. Él sabe que no me agradan esos festivales.
Pero Víbora no parece muy contenta con mi impulsiva respuesta. Estoy por disculparme por ello, cuando ella enrolla su cola en mi muñeca y jala de mi hasta sentarme en la cama.
—¿A ti que demonios te sucede? —Masculla— Has estado de mal humor todo el maldito día, parece que no te soportas ni tu misma, y ahora que te menciono esto que es importante para Po parece que tu humor ha empeorado de repente.
Arqueo una ceja y de un jalón, me suelto de su agarre. Y he ahí, otro motivo de mi mal humor. ¿Por qué creen que todo lo que hago o digo tiene que relacionarse a algo que Po diga o haga?... Esta bien, nos separamos, si. Yo terminé con él. Entiendo que les extrañara un poco al principio, pues supuestamente todo entre nosotros iba bien, y que crean que es tan solo una "pequeña crisis", pero ¡Ya superenlo y consíganse una jodida vida en la que meterse!
Suspiro y sacando paciencia de donde no tengo, me contengo de sacar a empujones a la metiche de Víbora de allí.
—Víbora, Po no tiene nada que ver en esto ¿Entendido? —Hablo, lento y pausado, como quien le enseña algo a un niño pequeño— Solo no estoy de humor. No he dormido en toda la noche, muero de hambre, la cabeza me esta matando y aún tengo que preparar a Lía para que vaya a ese festival con Po. No molestes ¿Si?
Sonrío, una sonrisa forzada y suplicante, y Víbora tan solo asiente.
Sin decir nada mas, me levanto y me dirijo hacia el armario de Lía. Saco del interior el pequeño bolso de bebé, unos pañales, algo de ropa (como un par de baberos y algunos abrigos) y lo dejo todo sobre el cambiador. La mirada de Víbora sigue fija en mi nuca, pero la ignoro. No quiero voltear. Sé que si lo hago, me encontraré con unos entrecerrados ojos celestes escudriñandome de pies a cabeza para averiguar qué es todo lo que le estoy ocultando. A veces, se me ocurre pensar que ya lo saben. Las miradas de Grulla me ponen nerviosa. Sé que él ave no tiene problema en contar lo que sabe en cuanto el lo crea necesario y eso me trar de los nervios estos últimos días, aunque realmente ya no hay mucho que perjudicar.
Exhalo un suspiro y aun con la mirada de Víbora sobre mi, termino de acomodar el bolso de Lía. Miro de reojo a mi pequeña y sonrío al verla durmiendo, acurrucada como todo un felino sobre la mullida almohada y abrazando la muñeca. Se ve tan linda.
—Oye, Tigresa… ¿Hace cuánto que estás así?
Arrugo el entrecejo y un poco confundida, volteo a ver a Víbora.
—Así ¿Como?
La reptil me observa de pies a cabeza y tartamudea varias veces, como si buscara las palabras adecuadas para hablar. Pero antes de eso, la puerta se abre y Po entra al cuarto.
—¿Y dónde está mi linda princesa?
Sonríe y a pasos largos, camina hacia la cuna, donde Lía sigue durmiendo placidamente con el pulgar de su manito derecha en su boca. Sonrío y lo observo tomar a la bebé en brazos y acunarla contra su pecho, mientras le canturrea con voz tonta e infantil que "es la bebé mas linda y tierna de todo el mundo". Me alegra un poco verlo así, contento, aunque sea con su hija. Entonces, cuando Po levanta la mano izquierda para acariciar la mejilla de Lía, veo que aún conserva el anillo de casados. No me había fijado en ello antes y por unos segundos, tengo la urgente necesidad de apartar la mirada.
Víbora parece haber olvidado lo que sea que me fuera a decir y le habla a Po, pero no les presto atención, ni siquiera cuando en determinado momento comienza a murmurar, con bvias intenciones de que no los escuche. De repente, me siento nerviosa y el estómago se me retuerce. Me volteo y comienzo a sacar las cosas del bolso de bebé y las vuelvo a acomodar dentro, solo para ocupar mis manos en algo. Saco la ropa, la tiendo, saco los pañales, el par de mantitias. Tiendo todo sobre el cambiador y uno por uno, lo vuelvo a doblar y acomodar dentro del bolso. Se me ocurre que no he puesto dentro la muñeca de Lía, así que la tomo de dentro de la cuna y le hago espacio dentro.
Me siento nerviosa, intranquila. Las manos me tiemblan y aquella sensacion de… ¿Habre? ¿Acaso es hambre? Bueno, no se, pero es insoportable y me revuelve el estómago.
—¿Tigresa?
—¿Eh? —Apenas si alzo la voz.
—Tigresa…
—¡¿Que?!
Entonces, con el bolso de Lía estrujado entre mis manos, volteo a ver a Po y Víbora. Ambos me miran con los ojos tan abiertos como platos y Po estrecha protectoramente a Lía contra su pecho. Por un momento, no sé porque demonios me miran de esa manera, hasta que quiero aflojar el agarre al bolso y veo que he enterrado las garras.
—Tigresa… ¿Estas bien —Pregunta Po.
Siento mis mejillas arder… ¿Pero que demonios me pasa?
—Si, si… Yo…
—Bueno… Yo tengo… Algo que hacer —Reptando lento, Víbora se acerca a la puerta— Los veo en el valle.
Y sin esperar respuesta, la raptil sale del cuarto y se aleja reptando por el pasillo.
Una especie de tiempo muerto llena el cuarto. Silencioso, donde únicamente puedo escuchar las suaves ronroneos de Lía, que sigue dormida en brazos de su padre, y el latir de mi acelerado corazón. Carajos, esto no me agrada. Po me observa, con cierta precaución en sus ojos, y a paso lento se acerca hasta mi.
—Lo digo enserio, ¿Te encuentras bien?
Su mano derecha se acerca a mi rostro y suavemente me acaricia la mejilla. Me aparto.
—Si, estoy bien —Murmuro, con la mirada gacha— Solo… No sé, no me di cuenta.
Po me sonríe, una sonrisa cálida y sincera, y sus ojos brillan con el mismo cariño que siempre. ¿Es que lo hace a propósito? La culpa me corroe cada vez que veo aquella mirada. Tal vez Po sepa lo que he hecho, porque no me queda duda de que lo sabe, pero no creo que aquella mirada sea la misma si se enterara de con quien fue.
—Has estado rara últimamente —Murmura, demasiado cerca para mi gusto— Me preocupas.
Se ha parado a centímetros de distancia y sus ojos están fijos en los míos, con aquella mirada tan tierna e inocente propia de él. Mi mejillas arden. Retrocedo un paso y cuando mi espalda choca con el cambiador, aferro el bolso a mi pecho con ambos brazos, conteniendo aquel impulso de empujarlo…. Demonios ¿Desde cuando me molesta tanto la cercania de alguien? Porque no, que sea Po quien está al frente no tiene nada que ver, no es ese tipo de incomodidad.
Carraspeo al darme cuenta que tengo la garganta seca y sacando fuerza de voluntad de donde no tengo, levanto la mirada hacia el rostro del panda.
—Solo estoy algo cansada. Lía ha estado muy nerviosa últimamente.
—Bueno, podría levantarme a atenderla yo —Responde, casi a modo de broma, y su sonrisa se ensancha aún más— Claro, si tu me dejaras.
Rie y por un momento, su mirada se desvía hacia la cama en la que duermo desde hace un par de semanas. Si, comparto cuarto con Lía.. Inmediatamente, cualquier nerviosismo o incomodidad es remplazado por cierto enfado y desagrado hacia la broma del panda.
—No, estoy muy bien —Le corto, molesta— Yo estoy más cerca y tu ni la escucha, ahora, si no te importa… —Le entrego el bolso, el cual Po sujeta con su mano derecha, a la vez que intenta sujetar correctamente a Lía con el brazo izquierdo, y camino hacia la puerta. La abro y con un ademán de mi mano, le indico que salga— Que se divierta en el festival, Guerrero Dragón, y no olvide devolverme a mi hija a las doce.
—¿Tu hija?
Po arquea una ceja. Ruedo los ojos y suspiro, exasperada.
—Bien, nuestra hija… ¿Es que acaso se te olvida que tengo que decirlo?
Po rie, una estruendosa carcajada que termina de sacarme de mis casillas. Tengo el "¡Panda!" en la punta de la lengua, picando por retumbar en cada pared del palacio, así como Shifu cuando lo reprende, pero antes de que pueda arrugar el entrecejo siquiera, un ligero beso en mi mejilla me deja congelada en mi lugar.
—Eres graciosa cuando te enfadas ¿Sabias eso?
—¿Po?
Una sonrisa demasiado amable curva mis labios.
—¿Si?
Po sonrie como crío en dulcería.
—Acercate.
Un pequeña seña con mi dedo y el panda se acerca, aún sonriente. Uno… Dos… Tres…. Y mi mano abierta cae con algo de fuerza entre las orejas del atontado panda. Po murmura un exagerado "auch" y riendo a todo pulmón, se soba la cabeza, mientras que yo no puedo hacer más que arrugar el entrecejo. Entonces, sin siquiera quererlo, sonrío y se me escapa una mal disimulada risita.
—Ya, perdón.
—Que bipolar.
—No me provoques, panda.
Entonces, sonríe, una sonrisa pícara y misteriosa, y algo en sus ojos me saca de sí… ¿Y ahora que planea?
—Es como si… —Se corta y de repente, la sonrisita desaparece— No, olvidalo.
—Como si ¿Que?
—No, nada, locuras mias.
Po aparta la mirada de mi y retrocede un par de pasos, con sus mejillas sonrojadas. Lo observo echarse la tira del bolso al hombro y sujetar a Lía con ambos brazos, sin decir nada, ni siquiera cuando me mira y boquea varias veces, como si buscara qué decir. Por un momento, me siento mal de no acompañarle, pero es que realmente no estoy de humor. Po me saluda con un ligero beso en la mejilla y luego de repetirme unas mil veces que no me preocupe por Lía, se va. De repente, parece demasiado desanimado y todo el buen humor se le ha caído por los suelos.
De repente, el lugar me parece extrañamente vacío.
Me apoyo en el marco de la puerta, recargando el hombro en esta, y con los brazos cruzados sobre el pecho, tan sólo observo el lugar. Vacío. Todos han bajado al valle para el festival. Esto me parece tan horriblemente familiar. Me recuerda a aquellos años, cuando la única que andaba por esta habitación era yo. Ninguno de los chicos había llegado aún y yo aún no podía dormir en la noche por las pesadillas o aquella sensación de vacío en mi. Se siente igual. Como si faltara algo, alguien, como si faltara aquello que hace importante el lugar. Falta él. Lo necesito. Necesito sus abrazos, sus besos, sus caricias, sus palabras. Su voz susurrando en mi oído, sus brazos rodeándome protectoramente en la noche y sus labios besando con cariño cada parte de mi.
Exhalo un suspiro y por unos segundos, me permito cerrar los ojos y rememorar aquella noche, hace ya un mes. Pero con los recuerdos, llegan las preocupaciones, las dudas. El palacio está solo, todos están en el festival, el rollo del dragón esta… Abro los ojos y me digo que no, que no es posible. Él se ha ido, me lo ha prometido, él ya no está aquí.
—Tai Lung se ha ido —Murmuro, para calmar aquellas dudas irracionales.
—¿Dijiste algo, hija?
Entonces, la calmada, pero seria, voz de Shifu a mis espaldas me hace pegar un respingo. Tengo que ahogar un grito por el susto y el corazón me late a mil por hora, pero igualmente volteo a ver a mi padre y saludo con una leve reverencia, colocando un puño en la palma de la otra mano. Recuerdo que cuando niña solía molestarme saludar de esta manera, pero bueno, los años una se acostumbra.
—No, nada, padre —Me apresuro a decir, un poco nerviosa— emm… Creí que irías al valle, con los demás.
Shifu me observa de pies a cabeza, con ojos duros y severos, y el entrecejo levemente arrugado. Esto no me gusta. Me escudriña acusatoriamente con la mirada, como cuando era niña y él ya sabía que me había mandado una travesura, pero quería que yo misma la confesara. No puedo evitar tragar grueso.
—Te ves diferente —Dice, luego de un rato. Entonces, le cambia el rostro. Parece más serio— ¿Me acompañas? Tengo que hablarte de algo?
Como única respuesta, asiento y sin preguntar, lo sigo por el camino de salida de las barracas.
Shifu no dice nada y yo menos. Se ve tenso y nervioso, pero por alguna razón, yo estoy tranquila. En el camino, veo a lo lejos el Durazno Sagrado de la Sabiduría Celestial y se me ocurre que hace mucho que no como duraznos. Eran deliciosos en aquella tarta que sabía preparar Víbora. Tal vez le pida que me prepare un poco o le pregunte como se hace, digo, para aprender algo de cocina. Si, no estaría mal. El estómago me gruñe. Quiero duraznos. La ocurrencia me hace sonreír y tengo que contener una risita al recordar que la última vez que Víbora preparó aquella tarta no probé alegando que no me gustaban mucho los duraznos. De hecho, ahora que lo recuerdo, su sabor no era muy agradable. Igual, quiero comer uno.
Finalmente, llegamos al Salón de los Héroes. Inmediatamente aparto aquellos pensamientos absurdos y presto atencion a Shifu, por si dice algo. Pero no. En silencio, camina hacia el pequeño altar donde reposa en bastón de Oogway y se sienta en posición de loto frente a este. Tan solo lo observo, esperando a que hable de lo que sea que tiene que hablar. La espera me impacienta. Entonces, con voz monótona e inexpresiva, me ordena que me siente. Obedezco y me siento a un par de metros detrás de él.
—¿Recuerdas cuando eras una niña? —Pregunta, sin mirarme. No sé muy bien cómo contestarle— Subiste por las mismas escaleras y te detuviste aquí, frente a este lugar. Te pedí que esperaras y cuando regresé, tu observabas como Oogway meditaba en este lugar —Guarda silencio por unos segundos y no sé porqué, tengo la sensación de que sonríe— Fue aquí, donde conociste a Tai Lung, a… tu hermano.
Y en ese preciso momento, el corazón se me estruja en el pecho y el estómago se me revuelve dolorosamente. Hay cierta entonación en aquellas dos palabras, cierto tono de voz y manera en decirlas que no me agradan para nada. Shifu no dice nada más y sé que espera una respuesta. Pero ¿Qué le respondo? Ni siquiera sé a qué viene toda esta charla.
—Si, lo recuerdo —Contesto finalmente, con voz calma— Pero no entiendo ¿A qué viene todo esto?
Sus hombros se elevan, a la vez que exhala un suspiro, y entonces, se voltea a verme. Sus ojos son duros, severos, inflexibles. Nunca me ha mirado así y por alguna razón, aquella mirada me hace sentir atrapada, acorralada. Me pone nerviosa y no puedo evitar tragar grueso.
—¿Por qué lo hiciste, Tigresa?
Continurá…
Uuuuuhhhh… ¿Acaso han atrapado a Tigresa? ¿Que hará ella? ¿La enviaremos a la horca?... Ok, esa última mejor no, porque dejamos huérfana a nuestra querida Lía xD… En fin, espero que les haya gustado y nos leemos en el proximo cap… ¡Saludos y un beso a todos! Pero en la mejilla ¿Eh? ;)
