Capítulo 12
Después de un largo silencio, Ryoma se aclaró la voz para comenzar, no sabía por dónde empezar, era una historia tan larga que le resultaba complejo relatarla. Pero más aún, le avergonzaba tener que hablarle de ella a su esposa, a quien esperaba decirle algún día, aunque no esperaba que ese día llegara tan pronto.
— ¿T-Tienes otro nombre? —Lo interrumpió nerviosa.
— No te mentí sobre eso y todo lo que te he mostrado de mí hasta ahora no es una mentira…Pero sí mi historia. Todo comenzó en…
Como todos los días, Rinko Takeuchi se dedicaba a trabajar en las tierras que había heredado de sus padres, donde no sólo cuidaba el maíz, sino también podía cultivar todo tipo de plantas que podía vender en su lucha contra la pobreza que la atormentaba. Sin embargo, pese a eso, su vida no era tan gris como se pensaba, debido a que había conocido a un gran hombre de ojos ámbar que le ayudaba cuando podía y estaba siempre ahí para ella. Se habían conocido en circunstancias imposibles, nada menos que una lucha de clases, él quería derribar sus tierras para hacer unos establos y ella se negaba a dejarlos. Eran completamente opuestos, ella era dulce e inteligente, mientras que él era reconocido como un hombre frío y solitario. Pero aún así, sin saber cómo, se enamoraron y todo el odio que sentían por el otro, se convirtió en amor.
Ese hombre era Nanjiro Echizen, el Rey de Ponta, un tipo despreciable y tirano desde el punto de vista de los plebeyos, una persona que no quería ayudar a nadie más que así mismo. Un ser temido por todos y respetado por los de la clase alta. Pero pese a dichas opiniones, Rinko no lo veía así, para ella era más bien un hombre sensible y solitario que tras haber perdido a su esposa, se había cerrado a los demás por miedo a ser lastimado. Y lo entendía, su esposa había muerto dando luz a su único hijo y lo había dejado solo en un momento tan crucial, por lo que había tenido que aprender a sobre niños sin saber demasiado sobre ello.
Tras haber terminado su trabajo, Rinko regresó a su casa. Los últimos meses se sentía extraña y no entendía el motivo, si bien solía estar enferma a menudo, no comprendía la razón por la que se encontraba así. Como era una localidad pobre, no habían grandes médicos que pudieran atenderla, pero si conocía a un buen amigo que podía ayudarla. Por lo mismo, aceptó confiarle sus malestares para entender lo que sucedía.
— ¿No sabes lo qué significa? —Le preguntó su amigo incrédulo, al verla negar con la cabeza suspiró. —Estás embarazada.
— ¡¿Qué?! Eso es imposible.
Estaba embarazada y no lo podía creer ¿Cómo no había podido percatarse de ello? ¿Cómo no notó el atraso que tenía? ¿Cómo no notó que su estómago había crecido notoriamente? Más que feliz, estaba sorprendida. Pero también estaba asustada, porque sabía que no podía tener un hijo en esas condiciones, no tenía dinero para mantenerlo ni mucho menos podría abandonar su trabajo para criarlo, porque entonces se morirían de hambre. Pero aún más ¿Cómo se lo diría a Nanjiro cuando lo viera esa misma tarde?
Se encontraba horneando un queque, cuando escuchó el sonido de un caballo deteniéndose en su pequeña casa y supo que se trataba de él. Sonreía de oreja a oreja comentando el exquisito aroma que había en el aire, pero ella no sólo estaba encantada con ese halago, sino también con las hermosas flores que traía aquella tarde. Las recibió con una sonrisa y le agradeció para luego dejarlas en un florero que había sobre la mesa. El se sentó frente a ellas para apreciarlas, las había visto de camino y le recordaron a ella.
—Nanjiro yo…
— ¿Qué sucede? Mujer. —Sonrió nervioso, viendo que ella también lo estaba.
—Hoy visité al doctor.
— ¿Porqué? ¿Estás enferma?
—No, estoy bien. Es sólo que…estoy embarazada. —Dijo por fin. — No lo vi venir, lo lamento…
Estaba a punto de decirle que no se preocupara por ello, cuando inesperadamente Nanjiro la envolvió en sus brazos para decirle que todo estaría bien. Aún si decía eso, sentía que sus manos temblaban cuando la estrellaba contra sí, creía que sólo estaba asustado, pero no imaginaba que en realidad era algo más.
Como Nanjiro debía hacerse cargo de su hijo mayor, no podía estar presente durante todo su embarazo como esperaba y lo comprendía, además no creía necesitar su ayuda para cuidarse, ya que siempre había sido independiente en eso. Por ello, logró soportar los dolores que sentía, los antojos que iban y venían, los cambios de humor y todo lo demás. Amaba a su bebé, si antes estaba asustada por lo que implicaría tener uno en esas condiciones, ahora sentía todo lo contrario. Porque siempre estaría ahí para él y lo protegería más que a nadie, porque lo quería.
Así fue, como una noche fría de invierno llegó a su vida, no sabía si sería niño o niña, porque no lo había preguntado. Sin embargo, eso no cambió la opinión de él cuando lo vio, era tan pequeño, su escaso cabello negro resaltaba en su cabeza, su nariz perfecta, sus manitos y sus pies. Era lo que siempre había deseado vivir, un hijo a quien cuidar. Como Nanjiro era un hombre ocupado, no había podido asistir al parto aquel día, por lo que había luchado por tenerlo por sí sola. No obstante, cuando tenía tan sólo días de nacer, había llegado a verlo. Sus ojos ámbar lo miraban asustado, incluso cuando lo arrulló en sus brazos, podía ver el miedo que tenía de sostenerlo. Tal vez creía que no sería capaz de criar un bebé otra vez, debe haberle recordado a su primer hijo, eso creía. Lo llamaron "Ryoma". Cuando regresaron a la casa, no pudo estar con ella todo el tiempo, por lo que prometía volver cada día para ver su bienestar. Su hijo mayor Ryo-Sama como le decían, tenía tan sólo cuatro años en ese entonces.
Por un extraño motivo, Nanjiro no quiso que su pequeño hijo se enterara que tenía otra familia en Ponta, imaginaba que era porque se sentiría decepcionado de su padre, pero no sólo a él le ocultó la verdad, sino también a todo el Pueblo. Nanjiro no quería que nadie se enterara de la existencia de ese niño, incluso le pidió a Rinko que inventara algo cuando le preguntaran sobre ello. Al no ser reconocido por el Rey de Ponta, Rinko decidió que su hijo llevaría su mismo apellido que ella "Takeuchi", de ese modo lo protegería más que llevando el legítimo apellido Echizen.
A sus dos años de edad, supo que estaba embarazada otra vez. El nacimiento de Dan no fue tan doloroso como el de Ryoma, quizás porque ya sabía cómo se sentía y estaba preparada para ello. Pero la sensación de soledad fue la misma, Nanjiro nuevamente no estuvo presente en el parto ni tampoco lo estuvo antes en gran parte del embarazo. Siempre intentaba entenderlo, pero no por eso podía sentirse tranquila en su ausencia, ya que necesitaba tener el apoyo de alguien en esos momentos y no lo tenía.
Cuando Dan tenía cerca de 1 año y Ryoma 3, recibió una visita inesperada, de nadie menos que Nanjiro y su hijo mayor. Era la primera vez que lo veía, era la viva imagen de su padre, sus mismos ojos y su cabello rebelde. No creía que alguna vez podría verlo, considerando todas las cosas que decía Nanjiro sobre él, pero ahí estaba el chico de siete años mirándola fijamente.
— ¿Ella es? —Lo escuchó decir y vio como asentía su padre. —Ya veo, es un gusto conocerla.
—Oh, el gusto es mío. Soy Rinko Takeuchi. —Sonrió, sintiendo como su pequeño hijo se sostenía de sus piernas temerosas.
— ¿Él es…? —Preguntó curioso, viendo a un pequeño chico que se escondía tras la mujer de cabello castaño mirándolo fijamente.
—Ryoma-Kun. —Respondió Rinko confusa ¿También le había hablado de él?
—Se parece mucho al viejo. —Comentó burlándose de su padre. —Yo soy tu hermano mayor, chibisuke. —Sonrió el chico, acariciando su cabello. —Mi nombre es Ryoga Echizen.
— ¿Onii-san? —Preguntó a su madre confusa, obteniendo sólo por respuesta un asentimiento.
Jamás imaginaba que ese día sus hijos ganarían un nuevo hermano, porque no creía que Nanjiro le hablaría de ellos a su hijo, si bien los dos comenzaban con las mismas iníciales, no compartían el mismo apellido, así que la gente no tenía que sospechar de ellos. Sin embargo, si los veía detenidamente eran bastante similares.
De pronto los encuentros entre los dos, comenzó a llamar la atención de los aldeanos, ya que solían verse más a menudo que en otros momentos. Muchos rumoreaban el gran parecido que tenían ambos, incluso Ryoga cuando salía a pasear con Ryoma lo hacía notar, claro que su personalidad no era la misma. Ryoga se veía un buen chico, por lo que no podía desconfiar de él cuando se encontraba con Ryoma. Incluso estaba más ahí para él que su propio padre. Pero entonces un día, todo cambió. Rinko se encontraba trabajando en los campos de maíz, cuando escuchó un extraño rumor de que Ryo-Sama quería acabar con esas tierras, debido a que tenían planes de ampliar Ponta para construir un nuevo proyecto. No sabía quien estaba tras de esos rumores, pero no podía creer en ese tipo de cosas, porque conocía a Ryoga y él no sería capaz de hacer algo así, sabiendo que ellos vivían ahí. Quería creer que era mentira y estaban exagerando las cosas, no obstante no pudo seguir haciéndolo cuando lo vio con sus propios ojos recorriendo los campos en compañía de otros guardias.
—No puede ser…— Susurró Rinko cuando se encontraron.
—Oh Rinko-San, creo que ya te has enterado ¿no?
—He oído algunos rumores, pero no puedo creer que sean ciertos. Tú no podrías…
— ¿No podría destruir tus tierras?—Se burló—Si pensabas que no me atrevería a hacerlo, estás muy equivocada porque lo haré. Precisamente para acabar con personas como ustedes.
— ¿Por qué dices eso? Creí que tú y Ryoma se estaban comenzando a llevar bien.
—Lo estábamos haciendo, porque olvidé por completo lo que eran. No son nada más que míseros plebeyos. Que él lleve la misma sangre que mi padre no quiere decir que pueden aprovecharse de su dinero así.
—Nosotros no planeamos hacer eso.
—Quizás no ahora, pero después lo harán. Ya existen sospechas de que él y yo samos parientes. Si alguien de la realeza se entera de ello, lo más seguro es que exigirán que él sea uno de los nuestros y no permitiré que eso ocurra. Deben desaparecer de nuestra vida ahora.
— ¿Por qué piensas en eso ahora? Nunca he estado interesada en el dinero de tu padre, incluso he comprendido cuando no asistió a ninguno de los dos partos ni reconoció a Ryoma y Dan como sus hijos ¿Porqué ahora haría eso?
—Quien sabe, no pienso como ustedes…los plebeyos. Así que te guste o no, voy a destruir tus tierras.
— ¿Q-Qué dice Nanjiro sobre esto?
—Dice que está de acuerdo. Luego de hablar con él, finalmente lo ha comprendido.
Después de todo, los rumores eran ciertos y Ryoga quería acabar con ellos, tenía que tomar una decisión pronto, con el dolor de su corazón debían irse de ahí antes que fuera demasiado tarde.
— ¿Cómo puede ser así?—Intervino Sakuno.
—No lo sé, mi madre jamás lo comprendió cuando me lo contó. Yo tenía tan sólo cinco años y Dan tenía tres. Aunque no entendía lo que estaba pasando, sentí que debía proteger a Dan, porque a partir de ese momento tenía que tomar el rol de hermano mayor.
—Pero no entiendo ¿Qué pasó con él? Digo si no eres el príncipe de Ponta ¿Cómo es que llegaste a hacerlo si tu padre no te reconocía como hijo legitimo?
Tras recibir una fría carta del Rey de Ponta, supo de inmediato que la relación entre ellos había terminado. Pero no por eso, se podía quedar ahí llorando como si nada, tenía que salir adelante por sus hijos. Ellos no comprendían lo que estaba pasando, por un momento creyeron que tenían un hermano mayor que velaba por ellos con un padre que los visitaba a menudo, y ahora lo habían perdido todo. No podía decirles la verdad, algún día lo haría, pero por el momento se guardaría todo.
En ese preciso momento, Japón se encontraba en el Periodo Nara, donde todos los pueblos estaban centrados en eliminar a los emishi (conocidos como bárbaros que vivían al norte del país), ya que habían provocado problemas en el gobierno. Debido a esto, estalló la gran guerra de los treinta y ocho años convocada por los mismos emishi. Esto obligó a todos los hombres a ir a luchar a una serie de guerrillas. Nanjiro envió a sus mejores soldados a la guerra, pero ninguno regresó. Aturdido, miró por la ventana viendo como se hacían fogatas alrededor del castillo, tenían que detener esa guerra. "¡Señor! Ryoga ha escapado" Le anunció un soldado pasmado. Eso no podía estar pasando ¿A dónde había ido su único hijo? Ordenó a todos sus hombres que fueran a buscarlo, pero ninguno sabía su destino, algunos rumoreaban que había ido a la guerra, lo cual era inaudito ese chico no tenía la edad para hacerlo, tan sólo tenía diez años no estaba listo para ir a un campo de batalla.
—Señor…lo encontramos. —Apareció un soldado frente a él a las horas después. —Se había infiltrado en el campo de batalla junto al resto de los soldados.
— ¿Lo han traído?—Gruñó—Me va a oír ese chico.
—P-Pues…
— ¿Qué sucede? ¿Por qué tienes ese rostro? —Lo observó, notando como palidecía— ¡¿Dónde está mi hijo?!
—Él ha muerto…
— ¿Qué…? ¡Estás mintiendo! Él no podría morir. —Lo tomó del cuello para exigirle que se retractara.
—Lo siento señor, pero no es una mentira. Al parecer sucedió durante la batalla, su herida era tan profunda que no pudimos hacer nada.
—Eso…no puede ser posible.
Días después, una repentina lluvia se apoderó de los cielos, lo que era bien recibido por todos los que habían presenciado la guerra, siendo la lluvia quien se encargaría de limpiar el siniestro ambiente que había en Ponta. Pero también era un obstáculo para otras personas. En medio de la neblina, se encontraba Rinko desesperada sosteniendo la mano de Dan, buscando a su hijo mayor que no encontraba por ninguna parte"¡Ryoma-Kun ¿Dónde estás?!" Gritaba su madre angustiada. Ryoma había ido a jugar descuidadamente, olvidando por completo que aunque si bien la guerra había terminado, aún no era seguro salir por ahí y debían permanecer en toque de queda hasta que se declarara zona segura. Por más que gritaba su nombre, él no aparecía.
Ryoma se encontraba alrededor del bosque tratando de recordar el camino a casa, pero llovía tanto que no podía saber dónde se encontraba. "¡Mamá!" Gritaba asustado, pero sólo escuchaba como crujía el cielo de enfado. Caminó por los alrededores asustado, debía recordar dónde se encontraba, si no lo hacía pronto estaría en grandes problemas si un hombre malo lo encontraba, que era cómo llamaba su madre a los enemigos de Ponta.
No obstante, antes de poder seguir avanzando, se detuvo al escuchar el sonido de unos pasos acercándose. Sonrió esperanzado que se trataba de su madre e iba a gritar que se encontraba ahí, no obstante su rostro palideció al percatarse que estaba rodeado de soldados pertenecientes al ejército de Ponta, todos llevaban armaduras que le producían más temores.
— ¿Q-Quienes son ustedes?
—Somos los guardianes del castillo de Ponta. —Habló uno de ellos acercándose hacia él. —Debes acompañarnos.
— ¿Por qué…?
Sin responder si quiera a sus preguntas, lo obligaron a caminar en medio de la oscuridad, para finalmente tomar un carruaje. Su corazón latía frenéticamente, quería regresar con su madre, se arrepentía de no haberla oído sobre los toques de queda, ahora estaba en problemas mayores y no sabía cómo llamarla.
Al llegar al castillo, comenzó a sentir frío por permanecer con su ropa húmeda producto de la lluvia, pero no era el único motivo por el que temblaba, el castillo era aterrador, estaba oscuro y sólo era iluminado por los relámpagos que lo envolvían. Lo condujeron por unas largas escaleras, se preguntaba si en ese lugar se encontraba cierto sujeto que alguna vez había llamado Hermano mayor. Sí bien le había hecho creer a su madre que no lo recordaba, en el fondo siempre se preguntaba qué sería de él. Pero no quería hacer preguntas para no incomodarla.
Entraron a una habitación sombría, flanqueada de cortinas color uva que tenían el escudo de Ponta. Su rostro palideció al identificar la figura de padre sentado en el trono, no lo veía hace años y no creía que volvería a hacerlo luego de haberlos abandonado.
—Hola pequeño, tanto tiempo.
—U-Usted es…
—Soy tu padre ¿Acaso lo has olvidado?
—Quiero volver a casa.
—No podrás hacerlo. Te quedarás aquí conmigo. —Bajó del trono para caminar hacia él.
— ¿Eh? Pero mi madre…
—Olvídate de ella, no la necesitas. Si te quedas, este castillo será tuyo y serás el príncipe de Ponta. —Sonrió extendiendo su mano hacia él.
— ¡No quiero serlo! Yo quiero estar con ella. —Gritó enfadado.
— ¡Escúchame mocoso!—Lo tomó del cuello enfadado. —A partir de ahora tendrás que obedecerme en todo y olvidar tu anterior vida junto a tu madre, porque ahora serás el Príncipe de Ponta y vivirás en este castillo con mis reglas.
—P-Pero…Ryoga era el príncipe. —Sus ojos se nublaron, no quería quedarse ahí.
—Así es, lo era. —Susurró y lo dejó en el suelo. —Pero ha muerto hace unos días en un accidente.
—No puede ser…—Se dejó caer en el suelo sintiéndose confuso.
—Yo pensé lo mismo, pero ha muerto. —Suspiró. —Sin embargo, nadie debe enterarse nunca de eso…porque tú ocuparas su lugar.
—No puedo…
—Recibirás entrenamiento para lucir como él, ya que de todos modos luces igual que yo, por lo que no será complejo. —Tomó unos papeles que estaban sobre una mesa.
—P-Pero…
—Te elegí a ti porque tu hermano es más pequeño, por lo que traería sospechas. Si bien Ryoga era mayor que tú por cuatro años, nadie estaba enterado con exactitud de qué edad tenía. Además todos en el Reino Ponta lo llamaban "Ryo-Sama", así que no habrá problema con tu nombre. —Suspiró—Y una cosa más, si te niegas a hacerlo, voy a retomar el proyecto que teníamos en el tintero de tu localidad…voy a quemar esas tierras y haré que tu familia se vuelva cenizas con ellas. Tengo el poder para hacerlo y lo sabes ¿Verdad? No me hagas ensuciarme las manos.
— Está bien, lo haré. —Susurró triste. —Pero… ¿Puedo verla una vez más?
—Te concederé eso, pero será la última vez.
Su madre se veía triste ese día, no quería asistir al llamado del Rey de Ponta porque había jurado no volver a verlo otra vez, pero cuando mencionó a Ryoma, sintió una extraña opresión en el pecho ¿Porqué estaba con él? ¿Cómo se había atrevido? Cuando fue a su encuentro, el hombre que alguna vez había amado la miró fríamente a los ojos para contarle sus planes, provocando que la castaña transformara todo ese amor en odio puro. Quería llevarse a su hijo con ella, pero los guardias le impedían tocarlo. Ryoma lucía un traje digno de un conde, pero su mirada mostraba temor, quería abrazarlo y llevarlo lejos. Dan se había quedado en casa del doctor aquel día, para protegerlo.
—Ryoma-Kun ya verás que volveremos a casa pronto, no permitiré que este horrible hombre te trate como quiera.
—Dile hijo lo que piensas de ello. —Se burló Nanjiro.
—Madre no puedo volver…—Susurró triste, recordando las amenazas del hombre que estaba a su lado.
— ¿Qué quieres decir? Ryoma-Kun. —Retuvo un sollozo.
—Lo que has oído, Ryoma se quedará a mi lado y se volverá el Príncipe de Ponta. Deberías estar orgulloso de él ¿no? Al fin será reconocido llevando el apellido Echizen y vivirá en el castillo.
—Es verdad, este será mi nuevo hogar. Así que no te preocupes por mí. —Musitó, ahogando su llanto. Si su madre lo veía mal, no querría dejarlo. Y si no se marchaba, Nanjiro acabaría con su vida.
— ¿Cómo me dices semejante cosa? No puedo ignorar esto y no preocuparme por ti. Además este horrible hombre no te dará amor, sólo te daré lujuria y soledad. En cambio, con Dan te daremos mucho más que eso…
—Lo sé, pero esto es lo mejor para todos. Lo siento, madre. Pero no puedo irme contigo.
Dichas palabras rompieron su corazón, sintió como su pecho se estremecía y la angustia se apoderaba de ella. Su hijo mayor prefería quedarse con él, que irse con ella. Era la segunda vez que perdía a alguien, pero más que la partida de Nanjiro, la de Ryoma le dolía mucho más. No pudo decir nada más, porque los guardias la guiaron de regreso a la salida y sólo se atrevió a gritar su nombre por última vez… ¿Cómo le diría a Dan ahora que perdería a otro hermano?
Esa noche no pudo dormir, aunque su padre le dio una habitación lujosa con todas las comodidades que cualquier plebeyo amaría recibir, él no lo disfrutaba. Se hizo un ovillo con las frazadas, tratando de aminorar el frío que lo invadía aquella noche. Hasta que finalmente lloró como nunca antes lo había hecho, deseando con todas sus fuerzas que todo se tratara de un mal sueño, cuando en verdad no podía hacer nada. Cerró los ojos para concentrarse en la oscuridad que había en ellos y dejar de pensar en su madre. No obstante, seguía escuchando su nombre a la distancia, hasta que se volvió inaudible.
Cada mañana era un verdadero infierno, se despertaba con el sonido de unas campanillas que hacía sonar un hombre para despertarlo, junto al radiante sol que entraba por las ventanas cuando abrían el dosel. Luego lo preparaban para lucir como tal, recibía clases de modales con instructores y su padre lo obligaba a actuar como su hermano, torturándolo de diversas maneras. Entonces comprendió que para poder sobrevivir en ese mundo, tenía que ser tal cual querían que fuese. Debía dejar su timidez de lado y actuar con más seguridad. De cierta manera se debía volver un tirano.
—Debió ser duro vivir ese tipo de vida. —Comentó la castaña triste. —Tener que olvidarte de tu familia y negar tu antiguo apellido, para volverte una persona totalmente distinta a ti.
—Era duro al principio, pero con el tiempo me acostumbré.
— ¿Y cómo es que tuviste contacto con tu familia otra vez?
—Honestamente no pensaba volver a buscarlos, porque sabía que si lo hacía estaría en problemas. —Suspiró—Pero Dan llegó a mi sin siquiera imaginarlo. Cuando te mencioné que lo había conocido en el pueblo, no te mentía. Quizás distorsioné la historia un poco, al igual al orden lógico de los acontecimientos, pero en teoría era cierto. Lo vi merodeando por los alrededores, después de casi cuatro años sin verlo.
— ¿Cómo supiste que era él?
—No lo sé, simplemente lo sentí. —Susurró. —Aunque quería hablarle y preguntarle cómo estaba mi madre, no me atreví a hacerlo. Pero él sí lo hizo.
— ¿Qué edad tenía él cuando lo dejaste?
—Alrededor de cinco años.
—Es curioso que siendo tan pequeño, haya podido reconocerte.
—Sí, siempre me he preguntado lo mismo.
—Supongo que después de hablarte, no fuiste capaz de ignorarlo ¿Verdad?
—Es verdad, no pude hacerlo. Me paralicé, más aún cuando corrió a mí y me abrazó. Creí que me odiaba después de todo lo que había hecho. Pero no fue así. —Suspiró—Entonces me atreví a ver a mi madre de nuevo. —Recordó aquel momento en que corrió a abrazarlo y sus ojos se llenaron de lágrimas. Mientras él permanecía sereno, parecía que con el paso de los años se había vuelto más frío o se había acostumbrado a no emocionarse con facilidad.
—Debe haber estado feliz.
—Sí, lo estaba. Entonces decidí ayudarlos sin que mi padre se enterara de todo.
—Eso quiere decir… ¿Te obligó a casarte conmigo aún sabiendo la verdad?
—Sí, cuando me habló sobre ello…creí que serías como las otras chicas que mi padre me presentaba, interesadas y engreídas. Pero cuando te vi, supe que estaba equivocado porque eras completamente distinta a cada una de ellas.
— Sí Ryoga no hubiera muerto… ¿Él sería mi esposo ahora?—Preguntó, desviando su mirada de la suya, se sentía cohibida al encontrarse con sus ojos.
—Es lo más probable. —Se encogió de hombros. —Quizás si él no hubiera muerto…todo sería distinto, yo seguiría con mi familia y no te hubiera conocido.
— ¿Te arrepientes…?
— ¿De qué?
—D-De haberte casado conmigo—Sus mejillas se sonrojaron, no sabía por qué estaba preguntando eso.
—No, al contrario. Eres lo único bueno que me ha pasado en este tiempo…además de reencontrarme con mi familia. En ese sentido, me alegro que él no se haya casado contigo, era tan desagradable como mi padre. —Presionó su mano con resentimiento.
—Lo sé, lo vi en algunas fiestas. Solía ser popular con las chicas y jugaba con sus sentimientos como si no valieran nada. Me sorprendía que pese a que era tan pequeño, podía hacer eso.
—No me sorprende, era así también en Ponta. Por esa misma razón, él no merecía casarte contigo. Tú mereces algo mejor. Y esa persona tampoco soy yo. —Se levantó para darle la espalda. —Bueno, ahora que te he dicho la verdad, cumpliré mi palabra.
— ¿De qué hablas?
—Me marcharé y renunciaré al trono, tal como te lo prometí.
—Espera…no tienes que hacerlo por mí, no le diré a nadie sobre esto. —Lo tomó del brazo.
—Aún así, seguiremos casados si sigo aquí y sé que no soy digno para estar con alguien como tú. —Se separó de ella para caminar a la puerta. —Mereces a alguien de elite, no a alguien como yo…un simple plebeyo.
—No es así.
—Te agradezco por todo, Sakuno. Espero que algún día puedas perdonarme. Qué estés bien.
—No estoy enfadada contigo, entiendo porque lo hiciste…no es necesario que te vayas. Además ¿A dónde irás? Sí tu padre se entera de esto, irá por ti. Y estarás más a salvo en Tenipuri que con tu familia.
—Lo sé, pero conozco algunos lugares donde podría ir. Me las arreglaré, así que descuida. Sé cuidarme solo.
—Pero…
—Adiós, Sakuno.
Al sentir el sonido de la puerta cerrándose, se dejó caer sobre la cama abrumada. Aunque no era quien creía que era y le había mentido, tenía sus razones. Ahora comprendía porque era distinto a como lo había imaginado, porque el chico que había visto en ese baile aquella noche no era él, sino Ryoga. Eran como dos gotas de agua, pero no la misma persona. Sí bien no era de la realeza completamente, por la sangre de su madre, se sentía atraída hacia él de la misma manera que antes. No podía dudar más de eso, porque su corazón se lo decía todo el tiempo y en momentos como esos en que él se iba, era cuando lo sentía aún más.. Por lo mismo, no podía permitir que se marchara, porque ese "simple plebeyo" como solía llamarse, la había cautivado más que cualquier noble que hubiera conocido. Además sabía que se arrepentiría toda su vida, si no iba tras él ahora.
Por ello, sin pensarlo corrió por las escaleras a buscarlo. En el camino, chocó con diversos empleados que no comprendían porque la señorita corría de tal manera, pero se abrieron paso para que siguiera su camino. Incluso Ann y Tomoka lo hicieron, sin saber qué era lo que estaba pasando, sólo habían visto a Ryoma marcharse llevando algunas cosas, pero no entendían que era lo que estaba sucediendo entre ellos. Sakuno se detuvo a la entrada del castillo, donde vio a Ryoma hablando con el chico de ojos violeta.
— ¡Ryoma!—Gritó la castaña, dejando los honoríficos por fin.
Ambos voltearon desconcertados, Momo le susurró algo a su amigo y luego de hacerle una reverencia a la castaña, se marchó sin más. Sakuno lo miraba exhausta, respiraba profundamente tratando de controlar su frenético corazón producto de la adrenalina que desprendía su cuerpo por haber corrido.
—Sakuno…estaba por marcharme.
—No lo hagas. —Susurró entrecortadamente. —Sea quien seas, no puedo permitir que te vayas…Ahora que sé la verdad, entiendo todo.
— ¿Qué quieres decir?
—Entiendo porque eras distinto a como te imaginé y me alegro que sea así. Pienso que por algún motivo el destino concretó nuestro encuentro, porque teníamos que conocernos. Quizás no lo hizo de la mejor manera, destruyéndote de ese modo todos estos años. Pero por algo sucedió.
—No entiendo a qué te refieres.
—Si bien no soporto las mentiras, tuviste tus razones para hacerlo y lo entiendo. Lo que quiero decir es que…mis sentimientos por ti son los mismos que antes, sin importar quien seas. —Sus mejillas se tiñeron de rojo.
—No deberías tomar decisiones apresuradas de esto. Si te quedas conmigo sabiendo la verdad…habrá problemas.
— ¡No me importa! —Se atrevió a decir, viendo su rostro de perplejidad. —Porque…quiero estar contigo.
Sus miradas se encontraron sigilosamente y Sakuno se sintió avergonzada por ello, quizás estaba pensando que había dicho incoherencias o tal vez no se sentía de la misma manera por ella y estaba siendo egoísta.
—Pero quizás esté siendo egoísta y…no quieras hacer lo mismo. —Susurró avergonzada.
—No es así. —La miró con serenidad. —Yo…también quiero permanecer a tu lado.
— ¿Eh?
—No obstante, pensé que si me iba… podrías encontrar a otra persona que estuviera a tu altura y podrías gobernar a su lado. De esa manera, serías feliz. Considerando que nuestra relación fue forzada, ya que nos obligaron a estar juntos sin siquiera preguntarnos por nuestros sentimientos. Pero ahora entiendo que estaba siendo egoísta.
Sus brazos la rodearon para aferrarla hacia él con fuerza y Sakuno se atrevió a corresponder su abrazo. Sintió su aroma desprenderse de su ropa, extrañaba sentir ese delicioso olor que no sentía hace un tiempo. "Anhelaba volver a abrazarte" Le susurró el ambarino, provocando que su corazón latiera aun más, ya que ella también esperaba ansiosa volver a tener ese tipo de reencuentro.
Se separaron para mirarse una vez más, pero a diferencia de cómo lo hacían antes, sue miraban de manera acuciante. Entonces sakuno descubrió que las novelas románticas no mentían acerca de los sentimientos que experimentaban cuando estaban enamorados, sobre sentir como sus corazones se sincronizaban como si fueran uno, mientra sus rostros se acercaban cada vez más, como si estuvieran hipnotizados por una fuerza desconocida que detenía el tiempo. En ese momento en que sus labios se unieron, comprendió que lo que sentían era mutuo y eso lo cambiaba todo. Porque la última vez que se habían besado, lo habían hecho por otras circunstancias, en cambio ahora era todo tan mágico y hermoso que no quería que terminara jamás. Entre la fantasía de una novela y la realidad, creía que era mejor tener el privilegio de vivir esa experiencia maravillosa en la realidad.
Continuará…..
Hola! ¿Cómo están? Espero que bien. He estado ausente, debido a que estoy haciendo un voluntariado (recuerden que ahora soy psicóloga) y no he tenido mucho tiempo para hacer escribir, como se pueden dar cuenta en la actualización de todos los fic. Así que no les voy a generar falsas esperanzas ésta vez, sobre cuándo actualizaré. Por lo que prefiero que sólo estén atentos a mi página de facebook (hinata-sakuno fanfiction), donde les avisaré de las actualizaciones.
Lamento la demora, espero que les guste. Cambié algunas cosas de la edición anterior. Con respecto a la historia, es así de lenta porque como están en otra época, pensé que los acontecimientos tenían que ir de esa manera. No quiero que se transforme en "orgullo y prejuicio" jajaja pero ahora que expresaron lo que sentían (aún no con palabras claramente), las cosas irán mejor.
Qué estén bien!
Saludos
