ADVERTENCIA: Los personajes aqui mostrados son creacion de Meyer, yo los uso para crear algunas cosas que andas rondando en mi cabeza...
Mi beta es: Mentxu Masen (Beta FFAD) ; www facebook groups / betasffaddiction ... Te agradezco tanto mi nena, enserio no se que haría sin ti
NIÑAS LAS AMO ENSERIO EL APOYO DE UDS. ES EL MOTOR PARA SEGUIR.
Se preguntaran. ¿Porque lo subiste hoy? ... Verán FFAD cumple su primer año y como adoro y amo a las chicas y gracia a ella he tenido tanto apoyo creí que esta también era una buena forma de celebrar... So.. FELIZ FELIZ ANIVERSARIO MIS NIÑAS DE FFAD enserio somos una grande y hermosa familia.
"Nadie puede volver atras y comenzar algo nuevo, pero cualquiera puede comenzar hoy y crear un nuevo futuro. - no juzgarme a mi misma a traves de los ojos de los demas".
Summary: Ella no pensó que su vida cambiaria, ella solo hacia lo mejor para sí o eso creía, bajar de peso no parecía tan malo, ahora todo es un caos, nada tiene sentido, y aquel agujero negro que ella creo la traga viva. Él amor llegara cuando más lo necesita, pero ¿Podrá Edward sacarla del abismo?
CAPITULO 11. PALABRAS QUE PARTEN EL ALMA.
Las dos primeras horas pasan lentamente. Mi cabeza está hecha un lío y no me permito pensar con mucha claridad. Andrew fue importante en su momento, pero es pasado, un pasado que quería enterrar para siempre pero que se empeñaba en no dejarme. Tal vez su llegada significaba no solo que perdonara, si no que afrontara mi pasado y mis decisiones, que no me avergonzara por quién fui. Después de todo, nada podía ser cambiado. Escuché a alguien llamarme repetidas veces, pero mi cabeza no respondió al llamado. Un codazo me despertó de mi ensimismamiento.
—Señorita Swan ¿le importaría responder a mi pregunta? —dice furioso el maestro.
—Puede… repetir la pregunta ¿por favor, maestro? —suplico. Él me mira mal y me ignora.
—Punto negativo por no prestar atención en clase —mierda.
—Bella —dice mi compañera—, ¿qué te pasa? Te noto muy distraída.
—Yo… eh, no sé —miento. Ella me examina minuciosamente y sonríe levemente, entiende que no deseo hablar.
—Sí, claro, entiendo. A veces estamos un poco perdidas —ella tiene lentes y una sonrisa tímida.
—Perdón por no contestar…
—Ángela —sonríe la chica—. No hay problema, pasa muchas veces.
El timbre suena y corro lejos de allí, es hora del receso y no tengo hambre. Tal vez sea buena idea probar el chocolate de nana. Camino rápido sin reparar en nadie, buscando como objetivo un sitio vacío lejos de todos. No me siento bien para estar cerca de mis nuevas amigas, pienso que si empiezan a hacer preguntas aumentará el lío interno. Busco el salón de artes, como siempre, pero alguien se interpone en mi camino casualmente, dándome una enorme sonrisa.
—Hola nueva amiga —sus ojos se muestran apagados.
—Edward —sonrío—. ¿Qué tal?
—Muy bien, Bella —responde casual—, y ¿tu? —se le nota nervioso—. Ese muchacho con quien viniste…
—Mi ex-novio —no sé porqué, pero siento la necesidad de explicarle todo, de aclarar que ni él ni nadie importan para mí. Un sentimiento estúpido, dudo que le importe—. Se apareció en casa temprano. Quería hablarme y pedir disculpas.
—Y lo has disculpado —hay reproche—. Digo, eso supongo, has venido con él.
—Sí, lo he disculpado —puedo ver sus ojos opacándose más—. El rencor no sirve de mucho y si eso necesita para estar tranquilo se lo concedo.
Sus ojos me miran desconcertados, con una pequeña luz creciendo en ellos. Se acerca más a mí, algo que no creí posible y empieza a susurrar.
—Ósea que ¿no volverás con él?
—Claro que no —grito—. Eh… bueno es que, no sé. Yo lo quise, fue mi primer amor, pero sé que no lo amé. Las cosas se rompieron y no hay vuelta de hoja.
Él sonríe enormemente y engancha su brazo al mío, algo que me sorprende nuevamente. Me guía en dirección al bosque, que se veía a lo lejos ayer. No nos perdemos en él, solo nos sentamos en unas bancas. Alejados del mundo. Lo miro embelesada por su belleza deslumbrante, aunque trato de ocultarlo, sonriéndole. Dudo que lo lograra, se me ha de chorrear la baba igual que a todas. Él toma mi mano con temor, se nota en su actitud. Yo tiemblo ligeramente cuando nuestros dedos hacen contacto, su mano tímida acaricia la mía con lentitud y paciencia. Sus toques son suaves pero dejan una huella de calor a su paso.
—Ayer no fue nuestro mejor día, nueva amiga —comenta—, y en la mañana tuve que atender un asunto —trata de excusarte—. Pero ahora no te me escapas —su mano toma con más firmeza la mía, apretándola levemente en el proceso. La retiro aterrada por los sentimientos que carcomen mi alma.
—Claro —mi voz suena patosa y seca—, ¿de qué deseas hablar? —pregunto.
—Sería genial que me contaras un poco de ti —me entrega una hermosa sonrisa.
Es una pregunta que no sé responder del todo, así que como siempre, digo una verdad a medias.
—Bueno soy Isabella Swan, tengo 17 y vivo en Seattle —lo miro divertida—. Me gusta pintar, cantar, amaría aprender a tocar guitarra, es mi sueño frustrado, y emmm… no sé qué más decir. Me siento como una idiota.
—No eres una idiota, Bella —dice sonriente—. Eres inteligente y muy hermosa, por cierto.
— ¿Cómo sabes que soy inteligente? Solo nos hemos visto biología —respondo.
—No hace falta estar en otras clases para saberlo —acaricia mi rostro. Tiemblo—. Tienes mirada de nerd como yo —trata de mofarse, pero se ve nervioso.
—Gracias nuevo amigo —ese será su apodo, no puedo llamarle ángel en la cara.
—Pero, cuéntame más niña.
—La verdad, mi vida es aburrida —abro mis ojos como platos tratando de desviar la conversación—. Cielos, había olvidado el chocolate de nana, me matará.
Él me mira desconcertado.
—Me obsequió un chocolate por mi primer día —sonrío forzadamente, el cambio de tema no me favorece tanto.
—Pues qué esperas, cómelo —me mira con tanta ilusión que me aterra pensar que note las muecas de asco y de terror en mi rostro.
— ¿Compartimos, nuevo amigo? —sugiero. A mi cabeza le gusta la idea de disminuir la cantidad de calorías. Edward me mira extraño, como si estuviera desilusionado por mi pedido, levanta una ceja en mi dirección y le sonrío levemente.
—Si eso quieres —añade él despacio y observando cada uno de mis gestos.
—Claro que sí —respondo con una sonrisa, tratando de animarle.
Tomo la cosa de mi mochila y la saco con un esfuerzo sobrehumano. Tomo el chocolate y siento que se ha derretido un poco. Hago esfuerzos por no vomitar, la envoltura se abre y muestra el contenido. Para muchos sería delicioso, para mí era espeluznante. Edward me sonríe y parte un pedazo pequeño. Con lentitud, lo mete a su boca saboreando cada parte del chocolate, lo miro y me da cierta envidia. Ojalá y yo pudiese hacer lo mismo, él me señala a mí diciéndome silenciosamente que tome mi parte, pero mi cuerpo se niega. El chico de ojos verdes, el ángel, me sorprende como lleva haciéndolo en los últimos dos días cuando parte otro trocito pequeño y lo acerca a mi boca con lentitud, aguardando mi reacción. Lo acepto porque estoy perdida en sus ojos, cuando mis papilas gustativas prueban el dulce, empiezo a ascender al cielo, pero al ver la entrada, caigo en picada y me estampo con el infierno, ardiendo en llamas. Siento la lucha eterna librarse en mi interior. Estoy desesperada por expulsar el dulce, mi mente me lo indica, me obliga.
Una visión llega a mí: Estoy inclinándome en el inodoro del instituto, meto 3 dedos con demencia desesperada por expulsar en chocolate. Sale un líquido color café que empieza a transformarse hasta convertirse en sangre, que sale y sale por mi garganta hasta hacerme caer. Hasta que me acaba por completo.
Cierro fuertemente los ojos, tratando de convertir mi expresión en una de placer para no preocuparlo, pero tal vez no lo consigo.
—Delicioso ¿no?
—Mucho, nuevo amigo.
—Entonces continuemos.
Trozo a trozo logro acabar con el dulce, sintiéndome la peor de las mierdas, componiendo mis muecas de asco y estremeciéndome al sentir la cosa pegajosa pasar por mi garganta. Sé que me observa, su mirada penetrante lo dice, es algo inevitable de notar. Lo miro y le sonrío. Mete su dedo en la boca seguramente humedeciéndolo con la lengua y después pasa su dedo en un extremo de mi mejilla limpiando los residuos del chocolate.
—Hora de irnos —anuncia.
—Sí —trato de decir lo más calmada posible, pero mis piernas tiemblan como gelatina.
Me deja en mi salón y yo empiezo a deprimirme con su partida. Odio no poder controlar los pensamientos aterradores que regresan cada vez más recurrentes y tengo miedo, mucho más del que sentí nunca.
—Hoy chicos la maestra de literatura no podrá asistir así que me ha pedido cuidarlos —su sonrisa me deja deslumbrada. Mierda, ya viene de familia—. Por ahora les entregaré la leyenda de Tristán e Isolda y algunas frases significativas del libro y la película.
Pasa por el asiento de cada uno, que en esta clase específicamente no se comparte con nadie. Cuando llega a mi lado, su sonrisa se hace más ancha, me entrega la hoja con la leyenda y sigue su camino. Empiezo a leer:
Tristán era el hijo del rey de Leonois y Blancaflor, hermano del rey Marco. Fue educado por Gorvenal, que le enseñaba a manejar la lanza y la espada, a socorrer a los débiles y a detestar la felonía. Se hizo poco a poco maestro en tocar el arpa, y en el arte de la montería. Por otra parte, Isolda era hija del Rey de Irlanda.
Cornualles, condado donde reinaba el Rey Marco, tío de Tristán, estaba comprometido por un tratado con Irlanda. En virtud de ese tratado, el condado de Cornualles debía entregar a trescientos jóvenes y a trescientas jóvenes a Irlanda.
El Rey de Irlanda aceptó, sin embargo, que esta obligación no fuera cumplida si un campeón vencía en combate singular al gigante Morholt. Su cuñado Tristán acepta el desafío y vence a Morholt.
Marco decide casarse con Isolda, la de los bucles de oro y envía a Tristán a buscarla al país de Irlanda. El contrato es concluido rápidamente y la Reina deja marchar a su hija.
Pero la maga confía al sirviente Brangien que los acompañe. Prepara un filtro de amor para dar a beber a los esposos la noche de bodas. Brangien, el sirviente, esconde en el barco la copa que contiene el filtro.
Durante el viaje de vuelta, Tristán e Isolda sienten el deseo de beber. Descubren la copa y ambos beben su contenido. Isolda bebió a grandes tragos y se lo dio a Tristán, que lo vació. El conjuro fue hecho: un amor indisoluble los unió.
Quedo asombrada con la pequeña leyenda, no puedo imaginar lo que será el libro. Me prometo salir directo a comprar el libro. Una pequeña nota al final de la página me llama la atención:
Chica de ojos bonitos…
No estés triste, te ves tan hermosa sonriente y con esa aura característica tuya. No hay motivos para llorar, sobre todo cuando se está con vida. Ten un lindo día.
PD: No olvides leer las frases, están después de esta página.
Con cariño.
Robert Masen.
Lo busco entre la multitud y le regalo una sonrisa radiante de agradecimiento, él asiente y sonríe de vuelta, tan rápido que nadie lo nota.
Frases significativas:
— ¿No creéis que hay más cosas en la vida?
— ¿Más cosas?
—Algo más que el deber y la muerte. ¿Por qué tenemos sentimientos y no podemos desarrollarlos? ¿Por qué desear cosas si no pueden ser nuestras?
Tristán, sabemos que lo nuestro es imposible. Lo sabíamos desde un principio. Eso no significa que no sea cierto. Lo es. Es imposible. Quiero saber que estás vivo en alguna parte, que de vez en cuando piensas en mí. Quiero saber que hay algo más en esta vida. Y si te matan, no podré saberlo nunca.
Para qué queremos los sentimientos si no los podemos desarrollar... para qué queremos los sueños, si no los podemos alcanzar
En tus ojos, mi rostro; en los míos, el tuyo. En los rostros descansan los corazones fieles. ¿Dónde podríamos encontrar dos mejores hemisferios sin un norte definido, sin un occidente declinante? Aquello que muere no estaba mezclado con igualdad. Si nuestros corazones son uno, o nuestro amor semejante, ninguno desfallecerá, ninguno morirá.
Tenías razón...no sé si la vida es más grande que la muerte...pero el amor fue mejor que ambas.
—Bueno clase —dice en voz alta Robert sacándome de mi enamoramiento por las frases—. Como supongo, todos leyeron lo que les he dado. Quiero que durante estas dos horas desarrollen un escrito basado en la percepción de cada uno sobre la imposibilidad, el sentir o el amor imposible. ¿Entendido?
—Sí, maestro.
—Así que Uds. deciden, yo recomiendo los amores imposibles, después de todo, es algo familiar para todos.
Escucho bufidos, silbidos y quejas. Todos están enojados con la asignación. Yo predigo una terrible nota, soy terrible escribiendo, ni siquiera puedo o hacer algo coherente con lo que pienso.
Tomo lápiz y papel y ruego al cielo que mi mente funcione lo suficientemente bien para hacer algo decente.
El sentir.
Por: Isabella Swan Dryer
¿Por qué tenemos sentimientos y no podemos desarrollarlos?
Los sentimientos no son algo que se creó en el ser humano para una situación específica. Hay momentos en que los sentimientos están allí aguardando en lo subyacente de nuestra mente. Algunas veces, sin encontrar motivo para aflorar; otras, reprimiéndose como el demonio; y en la última, pero no en la situación de menor importancia, en la imposibilidad. Aquellos sentimientos que sabemos tener y queremos aflorar pero que no pueden porque el mundo ha decidido decirnos que son malos. Pero, ¿qué es lo malo? ¿Quién diablos lo inventó? Deberían suprimir las barreras del sentir. El ser humano es netamente libre, pero algunos osados han decidido cortarnos las alas. ¿Es acaso malo volar? Y si lo es, ¿por qué los pájaros bailan felices en el viento? ¿Por qué es más sencillo para los no humanos el sentir, amar, disfrutar?
Tratando durante milenios mostrarnos superiores, inteligentes y capaces, hemos olvidado aquel hermoso regalo que se nos dio al ser criaturas pensantes. Ahora el pensamiento ha abandonado el sentimiento y se ha unido a la razón para olvidar al corazón y acabar con los hombres. ¿Dónde quedaron aquellos días en que los hombres eran hombres y se permitía dimensionar con claridad la magnitud de su interior?
Debemos ver ese hermoso regalo que es la humanidad. Debemos ver a nuestro alrededor lo pequeño, disfrutar el aroma del aire, escuchar el canto de las hojas secas al ser pisadas, los diálogos de los pájaros y los demás animales. Debemos ser lo que deseamos ser. Lo malo no existe, al menos en lo que al sentir se refiere. Luchar, luchar con todo lo arraigado que tenemos que hacer. Tratan de dimensionar nuestra realidad, salvar la humanidad. Permitirnos amar libremente sin tener miedo del qué dirán, de la norma.
Yo anhelo ese momento con fervor, con ansias. Pero para hacerlo realidad primero debo empezar por mí, algo fácil de decir pero difícil de hacer. ¿Podré y podrás con la tarea?
Finalizo mi odisea cabeza baja, segura de que es un asco y gritándome por mentirosa. Yo nunca me permito sentir, al menos no lo suficiente, no realmente como en realidad me siento.
Robert viene a mi sonriente y toma mi hoja.
—No me digas porqué, pero sé que has acabado —lo hojea—. Me gusta, chica de ojos bonitos —gesticula lo último—. Debo llevar esto a casa de la maestra de literatura, pero he visto que no traes auto, si quieres te llevo.
— ¡Oh! No hay problema R…maestro —corrijo rápidamente—. Alguien vendrá a recogerme.
—Hablaremos ya de eso señorita —reprende divertido.
Él recoge todos los ensayos y nos deja 30 minutos antes. La euforia no se hace esperar. Yo solo observo la naturalidad y espontaneidad de los demás. ¿Alguna vez fui yo espontánea?
La repuesta llega rápidamente: No.
Siento que pierdo el tiempo, que no vivo como debería.
—Niña tonta —grita Alice furiosa—. Nos has ignorado a mí y a Cielo todo el día. ¿Tienes algo que decir al respecto?
—En mi defensa, estaba bastante confundida por lo de Andrew —el semblante de Alice cambia.
— ¿Tu novio?
—Ex–novio —digo exasperada—. ¿Por qué todos dicen que es mi novio?
— ¡Te beso, da! —la voz tras de mí confirma que mi otra amiga ha llegado—. Yo no hubiese tenido lío en ser besada por él. Es un bombón —chilla.
—Les aseguro que no sentí nada, fue como besar una roca. Y ni siquiera lo besé, me tomo por sorpresa.
—Es un alivio —dice Alice.
— ¿Alivio? —pregunto.
—No me hagas caso, Bella. Yo me entiendo solita —nuevamente viene la picardía del día anterior y yo me pregunto qué demonios trama.
—A veces asustas, Alice Cullen.
—Espérate a que te tenga más confianza, cariño —añade Cielo—. Ahí sí da miedo.
El tiempo con ella vuela, por lo que cuando menos pienso, el receso se ha acabado y yo debo entrar nuevamente a clases.
Las dos horas siguientes son monótonas y aburridas en un inicio. Aún no he presentado el supletorio de español por lo que debo asistir a clases de aquella asignatura y es frustrante, añadiendo gran peso al terrible acento de la maestra. Ella trata de impresionarme y hacerme quedar mal con preguntas mal formuladas, yo en cambio me río y le hago saber al resto de mis compañeros lo mala maestra que es. Cansada de luchar con quien no debe, en el momento que no debe, me ignora olímpicamente y yo disfruto viendo como nadie la toma en serio. Mi diversión acaba en menor tiempo del esperado, reemplazando mí diversión por la angustia de saber que Andrew seguramente ya estaría aquí.
Corro por los pasillos esperando que ninguno de los míos me vea, pero para mi mala suerte, Robert y Edward están cerca en lo que parece una gran disputa. Me observan y gruñen al notar al chico rubio y de ojos azules que, como si fuese lo más normal, toma mi mano, la besa y me arrastra hasta su auto.
No le hablo, no sé de qué hablar. Las palabras han abandonado nuevamente mis labios, él se ve enojado, encuentro el motivo de conversación.
— ¿Te ocurre algo?
—Perdón princesa, es que he visto a alguien que no me cae muy bien en tu instituto.
—Oh —murmuro.
—Pero hablemos de algo distinto. ¿Qué tal la escuela?
—Bien, me ha gustado el instituto.
—No sabes cuán feliz me hace, mi hermosa niña.
No me acostumbro a que me trate de aquella manera.
—Te hicieron un trasplante de corazón. Pareces otro —me mofo.
Él junta sus cejas, enojado. — ¿Quién entiende a las mujeres? Malo si eres frio, malo si eres tierno. ¿Qué demonios esperan?
—Andrew, era un simple comentario sin importancia —respondo empezando a enojarme.
—Para todas es siempre lo mismo, comentarios sin importancia.
—A mi tú no me vienes a hablar de esa forma, Andrew —grito—. Para el auto.
— ¿Qué? —dice sin creérselo—. Faltan dos cuadras al menos.
—Hazlo —le ordeno—. Me importa un rábano, puedo caminar.
Lo hace a regañadientes, solo para mirarme directamente a los ojos.
—Perdón princesa, perdón, perdón —dice suplicante—. Fui un idiota al subirte el tono de voz.
—Ya no soy la idiota de antes, Andrew —sonrío petulante—. Acepté hablarte porque siento que es un ciclo que no cerré bien, pero solo eso. Adiós, y espero que todo salga perfecto en su vida.
Él me mira horrorizado y me sigue cuando abandono su auto. Me hala del brazo fuertemente y me estampa con su pecho envolviendo sus fuertes brazos alrededor de mí, aquella fue su técnica antigua para hacerme caer y derretir, pero esta vez no podría. Lo empujo y miro enojada.
—He cerrado el ciclo por completo Andrew, adiós.
—Tú no harás eso, Isabella Swan —dice con fiereza—. No cuando te necesito. Yo no estuve para ti al final de la puta enfermedad, pero estuve cuando caías, me lo debes. Estuve cuando daban asco ver tus huesos.
Siento el crack de mi pecho al romperse, jadeo en busca de aire. Sin poderme creer sus palabras. Nuevamente me ha destruido. Las ansias de llorar son acrecentadas en un mil por ciento, pero él no lo merece, él no me verá rota por sus palabras. Me armo de valor, tragándome el dolor instaurado en mi pecho.
—No te obligué a estar a mi lado —digo cada palabra con una calma que me asombra—. No te debo nada, menos ahora con lo que has dicho. Te digo adiós para siempre, idiota.
Sus ojos se llenan de lágrimas. —Por favor —suplica—. Te necesito, soy un idiota, pero sin ti me muero. Me mataré —amenaza.
— ¿Cómo te atreves? —grito—. ¿Acaso eres un niño? Desaparece de mi vida, no te quiero más.
—Lo puedes hacer, lo hiciste antes —se arrodilla y me toma de la cintura—. Mira, podemos intentar, nada te cuesta, por favor.
—NO —grito fuerte—. Déjame —digo inútilmente intentado zafarme.
—No la haré. No, hasta que aceptes.
—Ella ha dicho que la sueltes, idiota —dice una voz conocida a mis espaldas—. ¿Qué acaso no entiendes? —su tono es amenázate y aterrador.
Andrew se levanta apenado, pero cuando mira al ángel, sonríe con ironía.
— ¡Vaya! —la ironía surca la voz—. ¿Eres un héroe acaso?
—No, pero Bella no te quiere cerca así que te sugiero…
— ¿Ya la llamas Bella? —la rabia es palpable—. Qué rápido Cullen. Lárgate, esto es entre mi novia y yo.
Edward me mira desconcertado.
—No eres mi novio idiota —le grito y me alejo.
—Lo soy —dice furioso.
—Déjame arreglar esto, bonita —Edward me ofrece su mano, me pone a salvo a su lado y se acerca al furioso rubio. No me asusta su expresión asesina.
— ¿Qué edad tienes? —dice con calma.
— ¿Qué mierda te importa?
—Tienes razón, no me importa —sonríe—, pero por lo que veo debes ser mayor de edad.
— ¿Y eso qué putas tiene que ver?
—Bueno, Bella tiene 17 y, traducido en tu idioma, es menor de edad, por lo que si ella no desea tenerte cerca, puede imponer una denuncia por acoso. Puedes ir preso ¿sabías?
— ¿Quéee? —grita.
—Como lo oyes, hijo de puta —el ángel está enojado—. Aléjate de ella o me veré en la penosa labor de llamarte a juicio. Mi familia no solo está llena de médicos, sino también de abogados, aunque eso lo sabes muy bien ¿no?
Andrew se pone rojo y con la dignidad restante se larga. Siento el peso aplastante de sus palabras tomando posesión de mí. Mis manos tiemblan, mis ojos pican y las lágrimas caen finalmente. Empiezo a sollozar con fuerza. El ángel me abraza fuertemente, acariciando mi cabello y diciendo palabras de aliento en el momento.
—Shhh, shh. No llores, me parte verte así —su voz es un susurro roto, al igual que el mío—. Todo estará bien, bonita.
Me lleva a su auto y en menos de 1 minuto llegamos a casa. Madre y padre están juntos y miran aterrados mi estado, asesinando al ángel con la mirada.
— ¿Qué le hiciste? —grita mi padre.
—Pa…pá —digo—. Él no hizo nada, me salvó de Andrew.
La expresión de mi padre cambia totalmente a agradecimiento y luego de nuevo al odio seguramente pensando en Andrew.
—Gracias, muchacho —agradecen ambos.
Yo camino como perdida a Edward lo abrazo fuerte e inesperadamente, beso su mejilla por más tiempo del usual, se paraliza y yo me voy a mi cuarto.
Camino con pasos mecánicos, sintiéndome más perdida que nunca. Si no lo quería, ¿por qué sus palabras se sienten como dagas al corazón? Eran desgargantes por su verdad. Yo misma me asqueaba, me asqueo, puedo entender a medias sus palabras. Tal vez si le deba algo, después de todo.
Mi mente está tan dividida y jodida que no sé qué hacer. Me encierro en el baño desesperada, con ropa me meto entera a la tina y mientras el agua chorrea y mi ropa se adhiere, yo me desgarro, lloro como si la vida se fuera. Pienso en mi pasado, en la chica frágil y rota que soy ahora. No hay diferencia, ambas son un asco, ambas terminarán acabadas por culpa de la puta sociedad.
—Niña —grita nana—. Niña, salga por favor —dice llorando.
Pienso en nana, en su obsequio, en cómo lo odié y en cómo me odio por haberlo odiado. Quiero vomitar, quiero expulsar todo, la vida misma si es preciso. A veces la tortura es tan fuerte que me imagino tomando una navaja y partiendo mis brazos y piernas para morir de una buena vez.
—Déjame nana —grito en respuesta—. Por favor —apenas y murmuro.
—No lo haré. En el pasado la dejé y Ud. acabó mal. Esta vez, todo es diferente.
Empieza a golpear la puerta con tal rudeza y desespero que cansada del ruido salgo empapada.
— ¡Oh mi niña! —un abrazo me envuelve. Yo no sonrió, tengo una expresión muerta.
—Nana —digo ronca—. Quiero dormir.
Ella me quita la ropa, no me da vergüenza, me conoce desde diña. Me pone una pequeña pijama y trata inútilmente de secar un poco mi pelo. Cuando estoy lista, me acuesta en mi cama y se sienta a mi lado, cantando y velando mi sueño.
Tardo en encontrarlo y cuando lo hallo, sonrío a media. Tal vez en mi sueño encuentre un poco de felicidad que compense un poco la pesadilla que ha sido este día.
N/A: Bueno y como no quiero que el regalo pare aquí, pues le doy otro adelanto de lo que verán el capitulo 12 :D.. So no diré como les pareció, solo dire a celebrar carajo, yo estoy emocionada :P xD
La leyenda de Tristan e Isolda que les parecio? Linda no?
Empiezo a leer la última nota desnuda frente al espejo, mirándome. Sollozo más fuerte...
ISABELLA:
Yo sé tú secreto, lo se hace mucho hermosa princesa, he soñado durante mucho con tenerte junto a mí y darte las fuerzas necesarias, nunca te he juzgado ni te juzgare, te conozco en la distancia... Tal vez soy un idiota cobarde por no aceptarlo, algún día tal vez lo descubras, tal vez me veras, es mi sueño, mi ilusión más grande. Tal vez leyendo estas palabras descubras quien soy.
Desde que te vi pensé que había enloquecido, eres demasiado hermosa y perfecta, tus ojos han tenido siempre algo inusual, yo quise alcanzarte, pero alguien gano mi puesto. En un principio tuve rabia, pero he entendido que no era mi momento. Te vi romperte y caer al abismo… Allí estuve como un loco acosador observando, deseando que tus ojos y los míos se unieran. ¿Lo hicieron?
Te dejo la tarea de descubrirlo a ti.
He escrito algo pensando en ti y deseo obsequiártelo…
Espero te guste bonita.
Somos como plumas.
Flotando en este universo,
Quizá todo este escrito,
Pero... ¿porque lo escrito no se puede cambiar?
Cuando la tristeza ataca al momento de la caída,
Solo basta una mirada hacia arriba,
Mirar con fervor la belleza de un día,
De lo que alguien alguna vez llamo Vida.
Ahogo un grito tapándome con la boca ambas manos. No puede ser.
¿Ángel acaso eres tú? ¿Sabías mi secreto?
