Capitulo doce: Todo día tiene un final
Kayle no sabía en qué momento su chaqueta había terminado en el piso, ni sus manos habían pedido albergue permanente en el cuerpo de Santana. Tampoco midió la habilidad de la latina en desabrochar los botones de su blusa. Ni se permitió dejar constancia de la necesidad mutua en tenerse después de tanto tiempo.
Era una locura. Lo sabía. Pero estaba requiriendo demasiada fuerza de voluntad para detenerse y detenerla.
-San…- Susurró tomando aire-.
La idea era que el aire aspirado lograra darle un segundo de claridad que produjera que la cordura tomara control de sus acciones.
Se miraron, se desearon y suspiraron en conjunto.
-Lo siento- Rompió el silencio Santana tomando una mínima distancia-.
-No tienes porqué disculparte, yo también…-.
-¿Perdiste el control?-Se adelantó a preguntar la diseñadora-.
Kayle se pasó la mano nerviosa por el cabello y tomó una distancia prudente. Recogió su chaqueta del suelo y sacó sus cigarrillos de uno de los bolsillos para encender uno y así comenzar a aclarar sus ideas.
-No soy yo cuando te tengo cerca-Murmuró girándose para verla a los ojos-.
-Kayle…-.
-No pienso, sólo…sólo me dejo llevar por esto que tengo en el pecho y eso no debería pasar… ya no somos un par de adolescentes, Santana-Pronunció con una media sonrisa-.
-Yo no quiero que sufras por mí, no otra vez-Expresó una sincera latina-.
-Ya no tengo 17 años, Santana, tampoco quiero que me trates como una víctima- Le dio la última calada a su cigarro antes de seguir- He actuado mal, no he hecho más que reprocharte desde que nos encontramos y eso no es justo, pero no tuve tiempo de digerir el volverte a verte, no sabía cómo lidiar con tu regreso a mi vida…-.
Santana escuchaba atenta a la Kayle sincera que ella recordaba. Esa conversación la habían pospuesto desde que se habían reencontrado y ella la esperaba. Podría no haberse generado de la manera más adecuada, pero estaba segura que luego de este día, las cosas serían diferentes.
-Puedo entender eso Kay…-.
-¿Puedes? Porque yo aún no lo logro…-Dijo la doctora - Nunca te he podido descifrar Santana, nunca he podido predecir tus acciones para poder mantenerme a salvo…-.
-Nunca quise hacerte daño, no a ti, ni ahora ni hace siete años…-.
-Lo sé-Reconoció sorprendiendo a Santana, también así misma- Lo supe ese día, los siguientes y lo sé justo en este momento, pero quizás hasta ahora no lo había querido reconocer-.
La latina fue dando pequeños pasos hacia Kayle, necesitaba reducir la distancia, hacer físico ese sentimiento íntimo que sentía en las palabras que estaban pronunciando.
-No fuiste sólo tu Santana… estaba pérdida y aferrarme a ti, quizás fue la solución que encontré para darle un orden a mi vida, uno que sintiera de alguna manera mío y, cuando tu decidiste irte con Brittany, sentí que esa burbuja en la que me había metido se rompía, dejándome sola otra vez con mi incertidumbre…-Respiró profundo, lo cierto es que habían sido pocas las veces en que se había detenido a analizar ese periodo de su vida- Lo más fácil fue culparte a ti de todo, pero eso no es justo…No quiero que sigas cargando con una culpa…-.
-Tampoco fui del todo inocente-La interrumpió, necesitada de liberarse de esas palabras que se le agolpaban en el pecho- También fui cobarde, Kay, podría haber detenido eso a tiempo, no el último día…Yo no me arrepiento de haberme ido a París, ni de mi relación con Brittany, pero si me arrepiento de todas esas indecisiones, no sé si decir que si pudiese volver a atrás haría las cosas distintas, porque mi yo adolescente se moría por ti…tú… tú tenías…-.
-¿Tenía?-Preguntó en tono retador-.
Santana sonrió mostrando sus hoyuelos.
-Tú…tienes un extraño efecto en mí y, ¡joder que siempre apareces cuando estoy en medio de una crisis amorosa!-Exclamó histriónica-.
Kayle sonrió ante la expresión de Santana.
-Y tú siempre apareces cuando he tenido que comenzar de nuevo-.
No se podía negar la posibilidad de que algún vínculo universal extraño estuviese a favor de hacerlas coincidir en ciertos momentos en que ambas se necesitaban. Ninguna estaba segura de que tipo de vínculo era, pero ciertamente, negar que algo las llamaba a estar cerca, era absurdo.
-Quiero tenerte en mi vida-Pronunció Kayle con inseguridad-.
Santana no sabía cuánto había querido escuchar esas palabras, hasta ese instante en que salieron de la boca de la doctora.
-¿Aunque nos gritemos y al segundo después estemos a punto de tener sexo en una terraza?- Preguntó con esa ironía tan propia-.
-Supongo que no seríamos nosotras sino fuera todo tan visceral- Respondió alzando los hombros-.
Ambas estaban apoyadas en la baranda y se observaban mutuamente. Nadie podía tener la certeza de lo que pasaría. Si esa era una buena o mala elección. Quizás, ni buena ni mala. Sólo sería. Porque si algo habían reconocido en esa conversación, es que no había existido ni victima ni victimaria. Sólo dos chicas, en un pasado cercano, tomando elecciones en esta vida que es un camino complejo compuesto de tonalidades inexactas.
Francis estaba agotada. Ese día no sólo había tenido que sobrevivir a la siempre intensa reunión con Christine sobre la próxima portada y el contenido, sino que además, su jefa le había recordado una y otra vez lo importante que era que consiguiera la entrevista con Kayle Carpentier. Que no quería a nadie más que a la heredera en la portada del mes subsiguiente.
Lo único que la reconfortaba era que era sábado y tendría el día siguiente libre. No tendría que escuchar a Christine ni a nadie pronunciar el nombre de Kayle.
-¿Rachel?-Expresó llamando a su amiga al entrar-.
-Amor-.
La rubia editora cerró los ojos y suspiró. Odiaba que Thomas llegara a su departamento sin avisar. Lamentaba profundamente el haberse dejado presionar por su ahora prometido y haberle dado una llave.
-¿Dónde está Rachel?-Preguntó-.
Thomas se levantó del sofá donde al parecer estaba cómodamente bebiendo una copa de whisky y viendo deportes en la televisión mientras llegaba su novia.
-Buenas noches amor, que bueno que hayas tenido un buen día, lamentablemente no puedo decirte lo mismo del mío, pero verte siempre me pone de mejor humor-Expresó de manera irónica-.
-Lo siento, he tenido un día agotador- Respondió de manera desinteresada-.
Carrigan se acercó a Francis y la besó, intentando con eso romper el frío recibimiento que le había dado su prometida, pero no logró nada más que un beso medio dado, más por compromiso que por gusto.
-Entonces podemos mejorar nuestro día juntos- Dijo de manera insinuante tomándola posesivamente por la cadera-.
-Estoy cansada, además si Rachel no está en su habitación, no tardará en llegar- Señaló desasiéndose de su abrazo para servirse una copa-.
-Rachel estaba aquí cuando llegue, iba de salida a una cena de trabajo, así que si no quieres estar conmigo podrías ser directa y no poner como excusa a tu amiga- Contradijo molesto-.
Thomas estaba cansado de los rechazos continuos de su prometida a pasar tiempo con él. Francis, siempre parecía encontrar alguna excusa para rechazarlo y eso, estaba agotando su paciencia. Ya ni quería contar todos los meses que habían estado sin tener relaciones sexuales.
-No seas exagerado- Contestó sencillamente-
Y se sentó en el sofá de un cuerpo a beber con tranquilidad su copa de vino. No quería terminar ese día discutiendo con Thomas, aunque sabía que su novio no se la haría fácil. Porque podía asumir que en parte tenía razón, últimamente había estado ocupándose de cualquier cosa menos de él.
-¡¿Exagerado?! ¡Últimamente tengo suerte si contestas mis llamadas!, ni siquiera te esforzaste en explicarme lo de tu ex o muestras algún tipo de interés en hacer los preparativos de nuestra boda ¡Nuestra boda Francis!-Exclamó de pie frente a ella-.
La rubia editora suspiró cansada y levantó la vista. Tenía dos opciones; podía decir algunas palabras condescendientes y bajar el nivel que estaba adquiriendo esa discusión o podía simplemente decir lo que sentía.
-He estado ocupada, al igual que tu tengo un trabajo demandante, yo no me quejo por tus viajes de negocios ni tus horarios- Comenzó intentando mantener la calma- Sobre lo de la boda, creo que si ambos vamos a casarnos, es justo que tengamos las mismas responsabilidades en los preparativos-.
Estaba claro que opción había tomado. También tenía claro que esa conversación no iba a finalizar en los mejores términos.
Thomas, había nacido en una familia donde su padre era la voz de autoridad y el proveedor, mientras que su madre se había dedicado siempre al hogar y a la crianza suya y sus dos hermanos. Él tenía la imagen de que así se conseguía una familia perfecta. Él esperaba que luego de su matrimonio, Francis asumiera el mismo papel que su madre, en la conformación de su futura familia.
Respiró profundo y ordenó las ideas en su cabeza.
-Mi madre y tú, son quieres organizarán la boda-Expresó mirándola fijo- Ya estoy buscando un departamento más grande para que nos mudemos después de nuestro matrimonio, encontraré un lugar adecuado por lo menos hasta que quedes embarazada de nuestro primer hijo, luego de eso buscaré una casa en los suburbios- Agregó ante una perpleja rubia que había visto pasar su vida en esos segundos mientras hablaba su prometido-.
Francis casi no podía respirar de la opresión que sentía en su pecho al imaginar esa vida. Esa vida tan llena de construcciones básicas, como el cinismo y ficticia felicidad. Esa vida tan poco hecha para una mujer como ella.
-Me alegra mucho saber que tienes todo tan bien planeado, es un alivio-Exclamó irónica y levantándose del sofá-.
-No me gusta ese tono-Le advirtió-.
-¿Te gusta algo de mi últimamente? Por qué desde la fiesta de los Kelly, lo único que haces es regañarme e intentar cambiar mi forma de vida- Le reclamo guardando el tono-.
Thomas pasó una mano por su rubio cabello.
-¿Y qué quieres que hagas? ¿Qué aplauda tu error con ese pasado lésbico?-Escupió con gesto de asqueado- ¿Qué me agrade que te ocupes más del trabajo que de mí?, Te recuerdo que voy a ser tu esposo y como tal tu prioridad-.
La rubia editora cerró los ojos y pensó en todas las malas palabras que tenía para decirle a Thomas. Quería decirle que ella jamás podría catalogar su pasado como un error. Que aunque aquello con Kayle no hubiese sido todo lo que ella quería, ella siempre iba a ser alguien importante.
-Esto es lo que soy Thomas y, te aconsejo justo ahora, que te vayas a tu casa, bebas una copa de ese whisky que tanto te gusta y pienses si de verdad te quieres casar con una trabajólica ex lesbiana- Finalizó, dejando la copa en la mesa.
Francis siguió caminando hacia su habitación y cerró con fiereza la puerta como señal de que ya no lo quería ahí. Esos pasos en apariencia calmos estaban llenos de rabia, llenos de arrepentimientos.
¿De verdad se quería casar con ese troglodita? ¿Podría ser feliz con él?.
No estaba segura. Ese sentimiento que había tenido desde el segundo en que ese anillo fuera puesto en su dedo, se acentuaba. Se acentuaba y le hacía bombear la cabeza. La hacía extrañar. Extrañar esos días de adolescente donde llegó a planear una boda imaginaria, con dos hermosas novias, que nunca se llegó a realizar.
Rachel puntual como siempre se disponía a entrar al restaurant al que había sido cordialmente invitada. Lo cierto, es que no sabía mucho al respecto. Sólo que una mujer con mucho dinero, estaba invirtiendo en una producción en Broadway y, la quería para hacerle un ofrecimiento de trabajo. Eso le dijo el representante que la había llamado por teléfono un día antes.
Un atento mozo la llevó hasta donde era esperada. Porque el hombre, le dijo que ya estaban esperando por ella y, a actriz sonrió agradeciendo la puntualidad.
-Buenas noches-Saludó cordial la actriz.
-Buenas noches, señorita Berry, le agradezco que haya aceptado esta reunión- Hablo la mujer- Si bien, no he seguido su carrera en el cine, soy una gran admiradora de sus interpretaciones en Broadway, fui espectadora de todas sus obras-.
La actriz le dio una sonrisa brillante, respondiendo con un gesto que llevaba el toque justo de humildad y orgullo.
-Muchas gracias, ¿Megan?-Finalizó en duda-.
-Megan Rybner, señorita Berry-.
-Puedes decirme Rachel, no me va mucho tanta solemnidad- Expresó bebiendo un sorbo de la exquisita champaña-.
-Rachel-Comenzó con más confianza- Te voy a pedir unos minutos antes de comenzar esta reunión y contarte sobre el proyecto, porque falta quien está ejecutando todo, te darás cuenta durante la cena que yo sólo me preocupo del dinero, mi conocimiento artístico es limitado-Bromeo haciendo sonreír a la castaña-.
Rachel al levantar la vista, observo una cabellera rubia que reconocía.
-¿Brittany?-Dijo en voz alta, levantándose de inmediato-.
-¿Rachel?-Expresó en el mismo tono la rubia bailarina-.
Ambas no tardaron en fundirse en un cariñoso abrazo. No se veían desde ese incómodo día de navidad, donde no habían tenido la oportunidad de hablar demasiado.
Megan las observó atentas, sorprendiéndose nuevamente de que ellas se conocieran.
-No quiero interrumpir el reencuentro, pero puedo preguntar ¿De dónde es que se conocen?-Expresó la castaña con el ceño fruncido-.
-De la escuela-Respondieron al unísono-.
Megan pensó que esa escuela debió haber sido muy particular para albergar tantas personalidades.
-Supongo, que es algo bueno para la reunión que ya se conozcan- Expresó dudosa y en voz baja la empresaria-.
-¡Claro que sí!-Exclamó Brittany dando saltitos de alegría- Rachel es una gran artista, todos los que estuvimos en el Club Glee, lo sabemos, ella es la perfecta protagonista para nuestra obra-.
-Tranquila Brittany, aún no hemos hablado nada-Dijo intentando mesurarla-.
-Rachel, aceptará, le encantará nuestro proyecto-.
Lo cierto es que Rachel, ya con saber que Brittany estaba involucrada en ese proyecto, se sentía confiada para aceptar. Sabía de la carrera que había hecho la rubia en Europa, de todo el prestigio que gozaba no sólo como bailarina, también coreografiando producciones.
-Lo siento, Rachel, ya debes saber que Brittany es muy entusiasta-.
-No tienes que disculparte, Britt, tiene razón, la verdad es que sé el trabajo que hizo en Europa y me siento confiada en que el proyecto para Broadway no va a bajar en su calidad respecto a los anteriores- Comentó la castaña-.
La rubia bailarina sonrió con agradecimiento por las palabras de su ex compañera.
-Gracias Rachel-.
A Megan no le quedó más que cerrar la parte económica de ese trato, ya que, al parecer las artistas a su alrededor confiaban lo suficiente la una en la otra como para comenzar a trabajar desde ya.
Fue observando la interacción de las dos ex compañeras de escuela durante toda la cena, sintiéndose un poco ajena a toda esa expresión tan propia de los artistas. Lo cierto es que, siempre le gustaron las artes. Desde pequeña, sintió esa atracción por la música y, aunque nunca se le dio, si disfrutaba de escucharla mientras pintaba lienzos que eran hechos con verdadera pasión.
No recordaba cuando había sido la última vez que pintó. Quizás antes de salir de la escuela o ya en universidad cuando se daba un pequeño respiro de la facultad de economía. No lo recordaba y eso remeció algo en su interior.
-¿Megan?-La llamó Britt quién notó su pequeña desconcentración-.
-Lo siento, ya sabes, siempre ando con mucho en la cabeza- Excusó volviendo su atención a esa reunión-.
-Le decía a Rachel que el lunes podemos ir al Teatro, para que se vaya familiarizando, con el protagónico definido, ya podemos fijar el comienzo de los ensayo para los actores- Explicó profesionalmente Brittany-.
Megan afirmó con la cabeza fascinada por el brillo que desprendían esos ojos celestes.
-¿Puedes ir con nosotras?-Preguntó-.
La empresaria giró la cabeza para salir de su nube rubia y, quería decir sí. Pero sabía que no podía, el comienzo de semana siempre era ocupado. En realidad, los últimos tres años de su vida habían estado ocupados.
-Lo siento, Brittany, pero tengo reunión con el Consejo el lunes, es un día difícil para mí- Explicó apenada-.
-Entiendo-Aceptó la rubia un tanto decepcionada dándole una media sonrisa-.
El celular de Megan comenzó a sonar y al ver quién llamaba, se disculpó con las presentes para levantarse e ir a contestar con mayor privacidad.
-Me alegra que seas tú y que ya podamos comenzar con los ensayos, estoy muy entusiasmada- Comentó Britt-.
-También lo estoy, necesitaba algo como esto para oficializar mi regreso a Nueva York- Respondió la castaña- Y para ocupar bien mi tiempo, estando en casa pienso demasiado y justo ahora eso no me hace bien- Agregó-.
-Entiendo-.
Brittany sin querer desvió la vista hacía donde estaba Megan. Por sus gestos se veía que era una llamada importante, pero que la estaba exasperando. Estaba aprendiendo a conocerla y sabía que odiaba que la interrumpieran cuando cenaba.
Rachel notó la intensa mirada que le estaba dando la rubia a la encantadora mujer a la que debía estar esa noche ahí. Y no se pudo aguantar la curiosidad.
-Britt…tú y Megan…-Dijo en tono bajito para que nadie más la escuchara-.
-¿Yo y Megan qué?-Interrogó confundida la bailarina, sin entender el tono insinuante de su ex compañera-.
-¿Tienen algo?-Añadió haciendo un gesto con sus manos-.
-¿Algo como qué?-Preguntó frunciendo el ceño-.
-Algo…romántico-Finalizó eligiendo la palabra con precisión-.
Brittany se echó hacia atrás sorprendida por la pregunta de Rachel. Sabía que la actriz era una persona sumamente observadora y, eso produjo que en su interior se preguntara que había visto como para preguntarle eso. ¿Tenían algo?, la respuesta era no, con Megan en el tiempo que llevaban conociéndose habían ido formando una hermosa amistad. ¿Le era atractiva la empresaria?, pues cualquiera persona que no estuviese ciega podría darse cuenta de lo bella que era Megan. ¿Quería tener algo con ella?...
-Sólo trabajamos juntas-Respondió Britt-.
Rachel notó la incomodidad de su amiga y, lamentó haber preguntado.
-Lo siento, no quise ser imprudente-Se disculpó-.
-No hay problema-Expresó bajándole el perfil la rubia y viendo que Megan ya venían hacía la mesa-.
-¿Listas para el postre, señoritas?-Preguntó la empresaria con una magistral sonrisa-.
Recibió un gesto afirmativo de sus dos invitadas y de inmediato le hizo un gesto al mesero para que fuera a recibir sus órdenes. Megan, tenía mucho en su cabeza, pero no iba a permitir que ninguna de sus ocupaciones se apropiara de esa noche. Esa noche la disfrutaría con esas encantadoras chicas que tenía el placer de conocer.
Santana estaba en la cocina con una sonrisa difícil de disimular. La verdad era que el rumbo que había adquirido su vida la traía bastante feliz. Había estado muy inspirada y la colección ya comenzaba a tomar forma, todo el trabajo y la experiencia que había adquirido en esos años se veía reflejada en cada uno de sus diseños. El ímpetu y la necesidad de mostrar quien era ella, se podía observar en todos los modelos ya terminados.
Respiró profundo y se sintió liberada.
Liberada de las culpas del pasado, liberada para comenzar otra etapa de su vida con tranquilidad y sin todo ese drama amoroso tan característico de su adolescencia.
La conversación con Kayle, había servido para quizás sacar esa espina que había conservado en su corazón. Para quedar en paz con el pasado y seguir adelante. Seguir por ella misma, sin condicionamientos de ningún tipo.
-¿Ya están listas las palomitas, tía San?-Preguntó Beth entrando de improviso.
-Sólo un minuto, Beth, pon la película mientras termino de llevar todo al salón-Respondió con amabilidad-.
La pequeña Fabray hizo un gesto de afirmación y corrió hacia el salón a poner Frozen. La historia de aquella rebelde princesa que no se cansaba de ver.
Quinn le había pedido a la latina después de muchos tartamudeos y sonrojos, que si por favor podía cuidar de Beth ese sábado por la noche, para ella estar con Sophie. Santana, sólo para mantener su fachada y entretenerse un poco, se la puso difícil, sin embargo, al cabo de algunos minutos no había aguantado más y soltó una carcajada que hizo que su mejor amiga se diera la vuelta haciéndose la indignada y balbuceando un gracias.
Así que esa noche de sábado, mientras Nueva York seguía su acelerado ritmo y los jóvenes salían de copas, ella iba a disfrutar de su pequeño demonio.
-¿Luego podemos ver otra?-Preguntó Beth bebiendo su soda y aun masticando algunas palomitas-.
-No te puedes dormir muy tarde Beth, tu mamá no quiere alterar tus horarios, luego te cuesta levantarte para ir a la escuela-Respondió-.
-Mamá no llegará esta noche-Dijo agregando un gesto que hizo reír a la latina por la suspicacia de la pequeña-.
-Dijo que si llegaría y, no quiero que me regañe-.
-Cobarde-Balbuceo fingiendo toser-.
Santana le dio la más ofendida de sus miradas.
-No le tengo miedo a Fabray, no se lo tuve en la escuela, menos ahora-Se defendió con convicción-.
-¿Entonces si veremos otra?-Preguntó la pequeña ilusionada-.
-Sí, pero la elegiré yo-Expresó a sabiendas de que la pequeña ya conocía sus puntos débiles y los aprovechaba a su favor-.
-No es justo, fue mi idea-.
-¿O la elijo yo o te vas a dormir?-.
-Está bien-Aceptó a regañadientes-.
Santana sonrió triunfante y se acomodó para ver la película que aunque no reconocería en público había logrado conmoverla. Cuando terminó se iba a levantar para elegir la siguiente, pero algo en la expresión de Beth la hizo detenerse.
-¿Sucede algo pequeña?- Le preguntó con tacto-.
Beth la miró hacia arriba y no se decidía a hablar. No sabía cómo comenzar, era algo que venía preguntándose desde algún tiempo, pero lo cierto era que no se había atrevido por miedo a dañar a Quinn, a que su mamá sintiera que no estaba haciendo las cosas bien y por eso ella necesitaba saber más sobre su origen.
-Vamos Beth, sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea…- La alentó la latina-.
-Tía San…tú… ¿sabes quién es mi papá?- Preguntó tan bajito que si Santana no hubiese estado tan cerca no la habría escuchado-.
-Beth…-.
Santana de las muchas cosas que pensó que podrían pasarla a su pequeña sobrina, esa definitivamente no era una de ellas. No estaba segura que responder, sentía que esa conversación no le correspondía a ella, sino a Quinn.
-Lo sé, debo hablarlo con mamá, yo sólo…no quiero hacerla sentir mal…-Expresó con una madurez que sorprendió y conmovió a la morena por igual-.
Respiró profundo y pensó antes de comenzar a hablar.
-Sí Beth, creo que es algo que debes hablar con Quinn, pero te voy a decir algunas cosas... si conocí a tu papá, Quinn se quedó embarazada de ti cuando estábamos en la escuela, ambos eran demasiado jóvenes, por eso te dieron en adopción a Shelby, porque ella podía criarte mejor…-.
Beth bajó la cabeza unos segundos.
-Él… ¿no me quería?- Preguntó con congoja-.
-Mírame – Le pidió- Tu papá puede no ser un ser humano demasiado inteligente, pero él te quería y mucho, de hecho fue él quien eligió tu nombre…-.
-¿En serio?- Preguntó con emoción en sus ojos-.
-Sí, Noah estaba muy emocionado cuando naciste-.
A Beth le ayudó mucho las palabras de su tía, y aunque habían despertado una curiosidad difícil de aguantar, sabía que debía hablar con su mamá.
-Gracias- Le dijo la pequeña-.
-Prométeme que hablaras sobre esto con Quinn-.
-Lo haré, te lo prometo-.
Santana la abrazó fuerte y la pequeña rubia se acomodó tranquila en los brazos de su tía hasta el sueño finalmente la venció.
Sophie le daba los últimos toques a la cena, mientras Quinn apoyada en la pequeña mesa de la cocina no se cansaba de mirarla. Cada pestañeo parecía innecesario en su aventura de grabar en su memoria cada gesto de su preciosa novia, quién no podía sacar el ceño fruncido de su rostro por el curso que había ido tomando esa noche.
-Sophie, ya cambia esa cara-Le pidió la rubia con un tono dulce-.
-Lo lamento mucho Quinn, de verdad lo siento-Se seguía disculpando la doctora-.
-Ya deja de disculparte, no es necesario-.
-Sí lo es-Afirmaba convencida- Te ves tan hermosa esta noche, o sea, siempre luces hermosa, pero esta noche más aún y, yo no fui capaz de llevarte al restaurant que tenía planeado para cenar…a cambio te traje a mi departamento para cenar pasta, ¡Pasta por el amor de Dios!-Exclamaba-.
-Me gusta la pasta-Susurró Quinn, acercándose a ella, abrazándola por la espalda dándole todo su calor y tranquilidad-.
-Y además de hacer que perdiéramos la reservación, te tuve dos horas esperándome, soy una pésima novia-Se seguía lamentando, apagando la cocina donde había hecho la improvisada cena-.
-Eres una novia maravillosa, Sophie, no quiero que vuelvas a decir eso-Contestó la rubia quien la volteó para que la viera a los ojos y poder aplicar esa dura mirada marca Fabray que nadie se atrevía a contradecir-.
-Pero…-.
-Pero nada, no quiero más disculpas ni lamentaciones por el resto de la noche- Exigió tomándole el mentón- Yo entiendo perfectamente que tu trabajo es así, ¿O me crees tan superficial como para enfadarme por perder una reservación sabiendo que estabas salvando la vida de un niño?-.
La cirujana pediátrica bajó la mirada avergonzada.
-Claro que no creo eso, Quinn-Murmuró desviando la vista-.
-Me parece muy bien que no lo creas, porque eso si me enfadaría y mucho- Agregó- Ahora que ya tenemos todo claro, vamos a cenar porque ese exquisito olor que sale de la cacerola no hace más que aumentar el hambre que tengo-Ordenó en plan Fabray-.
Sophie afirmó dándole la primera sonrisa de la noche a su novia. Se apuró en poner los platos en la mesa y escogió una botella de vino para acompañar. La cena podría no ser la que había planeado con tanto esfuerzo, pero ya dejaría las lamentaciones y se dispondría a disfrutar de cada segundo con esa rubia hermosa que no dejaba de enamorarla.
A medida que la hora avanzaba, también las sillas que en un principio habían estado una frente a la otra, adoptado el movimiento de las manecillas del reloj, terminando a esa hora de la madrugada una junto a la otra. Las piernas de Quinn, descansaban sobre los muslos desnudos de Sophie, quien alternaba caricias suaves con bocados del helado que degustaban de postre.
-¿No ha ido tan mal después de todo?-Inquirió con una sonrisa sensual la rubia-.
Las mejillas de la doctora adquirieron un color rojizo que contrastaba con lo pálida del resto de su piel. La cercanía le estaba afectando, sentir su cálido aliento al darle cada bocado, la suavidad de su piel, esos besos provocadores que le regalaba Quinn, con un toque de sabor a chocolate suizo.
Quinn quería más, esa noche merecía sólo terminar de una manera y ella por primera vez en mucho tiempo sentía esa necesidad de entregarse a alguien. De hacer físicos sus sentimientos. Con una agilidad digna de la ex capitana de las Cheerios, se posicionó sobre una sorprendida doctora, que recibió a Quinn entre sus brazos mientras la rubia envolvía con sus piernas su cadera.
La impulsividad de Quinn, había tomado por sorpresa a Sophie, quien, sin embargo, no tardó en seguirle el ritmo a la rubia, incluso, con el aumento en la intensidad de sus besos, fue agregando caricias por la espalda desnuda de la rubia. La doctora agradeció mentalmente al diseñador de ese vestido que le había dejado toda la espalda libre para ser acariciada.
Sophie acompañaba su falda, con una blusa en tonos verde agua que la rubia no demoró en comenzar a desabrochar. Despacio, intentando no perder detalle del cuerpo descubierto de su compañera, la rubia fue cambiando los besos que daba en su boca, a su cuello, su clavícula, la parte superior de su pecho. La doctora gimió con fuerza al sentir la brisa en sus pechos descubiertos que de inmediato fueron besados en el camino de Quinn, por descubrirla. El incipiente placer no estaba dando lugar para muchos pensamientos coherentes, pero Sophie se esforzó, detuvo a su novia por un segundo y le señalo su habitación. Su primera vez juntas no iba hacer en una linda pero incómoda silla.
La rubia afirmó en silencio. Las palabras sobraban cuando el lenguaje del cuerpo hablaba de manera tan clara.
Quizá sus labios fueron más rápidos que sus manos o tal vez lo contrario. Lo seguro era que no se habían dejado de besar ni un instante y gran parte de la ropa había abandonado su cuerpo. Dos cuerpos danzaban una secreta melodía que nunca había sido tocada antes, los compases eran compuestos de gemidos, roces y algunas palabras no del todo clara que salían al son del ardiente momento.
Las manos de ambas comenzaban a hacerse del protagónico en perfecta escena. Quinn deslizaba su mano derecha en la entrepierna de Sophie, mientras que doctora no perdía el tiempo acariciando ambos pechos de su seductora rubia. Toques perfectos para que el goce que estaban experimentando fuera poco a poco llegando al clímax. Una y otra vez, no se habían conformado con alcanzar el orgasmo una vez, la noche era larga y su necesidad guardada desde hacía tanto tiempo las hizo alargarse hasta el amanecer.
Rachel miraba el escenario y su pecho se llenaba de emoción admirando su grandeza. Como habían acordado, Brittany la había llevado al Teatro para que conociera al resto del elenco y mostrarle el guion de aquella superproducción. Estaba muy entusiasmada, estaba consiguiendo lo que quería, regresar a Broadway a lo grande.
-Creo que alguien extrañaba el teatro- Expresó Britt, al ver la cara de su amiga-.
-Demasiado, me hacía mucha falta volver a estar aquí, no era lo mismo en Los Ángeles-
-¿No?, pensé que ser una estrella de cine mundialmente famosa, era mejor que Broadway- Agregó la rubia bailarina-.
-Tiene sus cosas buenas, pero mi sueño siempre fue este y cuando estaba allá no podía dejar de pensar en que había dejado el teatro demasiado pronto- Confesó- Cuando estoy sobre un escenario como este y veo las reacciones del público al escucharme cantar, vibro, Britt, y eso jamás lo sentí filmando una película-.
-Uno tiene que estar donde el corazón te diga- Expresó Brittany con una media sonrisa-.
-Y mi corazón está por completo aquí- Dijo la pequeña con toda honestidad-.
Se miraron sabiendo que había más en esa pequeña conversación que habían tenido.
-Mira quien vienen ahí- Le dijo Rachel a Brittany haciendo un gesto con su cabeza-.
A Brittany se le iluminaron los ojos.
-Hola señoritas- Saludó Megan-.
-Pensé que ibas a estar ocupada- Expresó la rubia confundida-.
-Si quieres puedo volver a mi oficina- Contestó haciendo el amago de volver-.
-Megan- Pronunció con un tono medio infantil-.
-En realidad vine sólo unos minutos a hablar con mis dos estrellas, para invitarlas a un evento este fin de semana, sé que es con poca anticipación pero lo había olvidado y me lo recordaron esta mañana en la reunión de consejo- Explicó-.
-¿Evento de qué?-Preguntó Rachel-.
-Un evento de Polo que se hace cada año en The Hamptons, es como una obligación social estar ahí, así que ¿me harían el favor de aliviarme tal tortura y acompañarme? – Preguntó con su mejor sonrisa ganadora-.
-Claro-Respondió de inmediato Britt-.
-¿Rachel?- Insistió para presionarla Megan-.
-Claro, será un honor- Respondió finalmente la pequeña diva-.
-Perfecto, entonces nos vemos el viernes, pasaré por ustedes-.
Y así como llegó se fue. Ambas se quedaron mirando, ya un poco acostumbradas al carácter intenso de Megan.
-Parece que ya nos armó el fin de semana- Susurró la pequeña diva-.
Brittany alzó los hombres y juntas caminaron de vuelta al grupo de ensayo. Tenían mucho trabajo por delante.
Algo que odiaba Christine McLaughlin, es que no se hiciera el trabajo que ella ordenaba cuando ordenaba. Francis la habían estado evitando con mucha habilidad y si en su interior no supiera que la rubia era muy buena en su trabajo y valía conservarla en la Revista, ya la habría despedido, porque a ella nadie le negaba lo que quería.
Nadie le iba a ganar la exclusiva, ella ya tenía en su mente cada detalle de esa portada y no quería a nadie más que a Kayle Carpentier, por eso estaba ahí, dispuesta a usar toda su influencia y sus contactos.
-Señora McLaughlin, el señor ha dicho que la deje pasar- Dijo una asustada secretaria-.
-¿Y pensaste que iba a ser de otra manera?-Preguntó con ironía-.
Mientras avanzaba para entrar a esa distinguida oficina pudo escuchar un "lo siento" de la secretaria que la hizo sonreír.
-Christine, querida, lamento que hayas tenido que esperar estaba al teléfono, que sorpresa más agradable- Expresó James levantándose de su silla hasta llegar a ella y saludarla con dos besos en la mejillas-.
-Querido, lamento interrumpirte, sé que eres un hombre ocupado-Dijo con falso lamento para luego sentarse en la cómoda silla al frente del poderoso empresario-.
James hizo un gesto para que no se preocupara, con Christine se conocían hace tiempo, se habían movido en el mismo círculo por años, la mujer además de ser la Directora de Vogue, provenía de una familia amiga.
-Le pediré a mi secretaría uno cafés, se lo mucho que te gusta- Le dijo el hombre-.
-Te agradezco, aunque mi visita no es social, la verdad es que estoy aquí porque necesito de tu ayuda-Se apresuró en aclarar-.
-Claro, dime, sabes que si está en mis manos lo haré-.
-Iré al punto-.
-Como siempre- Expresó James son una media sonrisa-.
-Se trata de tu nieta, Kayle, como sabrás, ella despierta mucho interés en la prensa, hay muchas revistas importantes detrás de la exclusiva, y yo quiero que sea entrevistada por mi revista, puse a alguien de mi confianza a cargo pero no ha logrado que acceda por lo que pensé que tú podrías interferir a nuestro favor-.
-Christine, Kayle, acaba de llegar y no quiero agobiarla…-Expresó dubitativo-.
-Lo sé y, no quiero provocar problemas en tu familia, pero te prometo que Francis será muy profesional, hablamos de Vogue no de una revista del corazón, ella…-.
-¿Francis?- Interrumpió James- ¿Francis Johansen?-.
Christine se dio cuenta de inmediato que había información que ella no manejaba.
-Sí, es una de mis editoras y a quién le encargue hacer la entrevista de Kayle, ¿tú la conoces?- Preguntó sabiendo que efectivamente se conocían y que Francis no se lo había dicho-.
James analizó por un momento la situación. Sabía que Kayle había estado evitando a los medios, y él no la había presionado por miedo a que se fuera otra vez. Pero que fuera Francis, cambiaba todo el escenario.
-Creo que sin saberlo tienes la mejor ficha para lograr esa exclusiva, querida-.
-¿Dé que hablas?- Inquirió interesada-.
-Me extraña que no lo sepas, pero Kayle y Francis fueron novias, ellas se conocen y mucho- Explicó el hombre ante una impresionada Christine- Creo que no lo sabías-.
-No, no lo sabía, pero me cierran algunas cosas- Contestó repasando algunos momentos en su cabeza-.
James no había soltado esa información de manera espontánea como había hecho creer a Christine. Lo cierto es que él, era un hombre que no le debía nada a nadie y que muy pocas veces cometía errores -o aceptaba sus errores-, sin embargo, había alguien a quién le debía y con quien había cometido quizás, el más grande de sus errores. Y aquella inesperada visita, era su posibilidad de comenzar a arreglar lo que nadie más que él, había arruinado hace tiempo atrás.
-Hablaré con Kayle, va a invertir en la industria de la moda, así que tu revista es la mejor opción- Concluyó James-.
Christine se iluminó con esa respuesta, sabía que ya estaba, que Kayle se podía negar hasta el premiado New Yorker, pero no a su abuelo. Tendría esa exclusiva, y podría regodearse con todos los directores de revistas de Nueva York, por haberles pateado el trasero. Otra vez.
-Te lo agradezco-Expresó con su sonrisa ganadora-.
-¿Te parece que comiencen con la entrevista este fin de semana en The Hamptons?- Preguntó armando el plan en su cabeza-.
-Claro, es perfecto, hablaré con Francis al llegar a la oficina- Dijo dándole una sonrisa- Y ahora te dejo seguir con tus ocupaciones, nos vemos el fin de semana, te agradezco por tu ayuda-.
-No tienes nada que agradecer, querida, confío en que cuidaran de Kayle-.
Se despidieron amorosamente y la directora se fue directo a las dependencias de la Revista Vogue, había una rubia no ni se iba a dar cuenta que fue lo que la golpeó.
Francis estaba en su oficina, revisando muestras de lo que sería la próxima publicación de la Revista, cuando sintió el golpe de su puerta al cerrarse. Levantó la vista con miedo, había una sola persona con la autoridad necesaria para entrar así a su oficina.
Christine se mantuvo de pie y la miraba fijo, tanto que la rubia sentía como la quemaba.
-¿Sabes de dónde vengo?-Le preguntó con un tono alto-.
-¿No?- Respondió insegura la rubia-.
-De la oficina de James Carpentier, ¿A que no adivinas que información me dio?- Agregó de brazos cruzados-.
-¿No lo sé?- Dijo cerrando sus ojos, porque si lo sabía, pareciera que los Carpentier se estaban esforzando por no dejarla olvidar el paso por su familia-.
Christine respiró profundo y se sentó al frente de su editora. Vio la inseguridad que tenía Francis, vio lo que le seguía ¿afectando?, por lo que se centró en los ojos azul verdosos de su editora y utilizó el gramo de humanidad que guardaba para casos especiales.
-Sabes que no me gusta que me oculten información, pero a tu favor, puedo decir que no tienes obligación de hablarme de tu vida privada- Comenzó dándole una chance para que Francis se relajara- Cuando te pedí que fueras tu quien consiguiera a Kayle, lo hice porque creía que eras la única que podía conseguirlo, eres muy buena Francis, y confió en ti-.
-Christine, lo siento- Se disculpó la rubia, quien sentía que había dejado que su pasado interfiriera en su trabajo-.
-Estoy molesta contigo, pero puedo entenderlo, eso no quiere decir que vaya a echar pie atrás con lo que te pedí, al contrario, hable con James y hará que Kayle nos de la entrevista, comenzará este fin de semana en The Hamptons, en el evento al que asistimos todos los años y que Carpentier Company patrocina- En su voz no había un signo de pregunta-.
Francis sabía que no tenía muchas opciones. Ante los ojos de Christine ya había fallado una vez y esa segunda oportunidad era algo totalmente extraordinario, algo que la directora de Vogue no daba muy seguido, por lo que se prometió que no dejaría que nada interfiriera en su trabajo. Haría la mejor entrevista de su vida. Y lo haría por ella.
-Haré mi mejor trabajo- Prometió la rubia-.
-Eso espero-.
Christine se levantó satisfecha por lo que había logrado y antes de salir de la oficina exteriorizó un pensamiento que tuvo desde que salió de la oficina de James.
-Eres más interesante de lo que alguna vez pensé, Francis- Expresó con una media sonrisa divertida-.
La rubia no supo que responder a eso, pero no pudo evitar que se le saliera una sonrisa devuelta.
-Ni te imaginas- Susurró para sí misma-.
Kayle estaba agotada y recién eran las dos de la tarde. La noche anterior se había quedado estudiando documentos de la compañía y cuando se estaba preparando para dormir la habían llamado del hospital por una emergencia. Con suerte había dormido un par de horas en la sala de médicos y ya había tenido que levantarse para supervisar sus post operatorios. No sabía cuánto tiempo más iba a poder sobrellevar esa carga de horario.
-Pero que bien se te ve la bata- Le susurraron en el oído-.
Se volteó con una media sonrisa y vio a una sobrecargada Alison, que usaba una gorra de los Knicks de Nueva York y unos lentes oscuros.
-No sé quién es usted, no logro reconocerla, por favor no me secuestre- Jugueteó la doctora fingiendo voz de asustada-.
-Muy graciosa, Carpentier- Respondió- No quería armar un alboroto-.
-Claro, supongo que nadie se dará cuenta de lo extraño que es que alguien use anteojos oscuros en un lugar cerrado, cierto, ¿les enseñan disfraces a todas las estrellas?- Preguntó en claro tono irónico-.
Kayle sonrió y contagió a Alison.
-¿Estás ocupada?- Le preguntó la pelirroja- Podríamos ir a comer algo…-.
-Podríamos- Respondió dubitativa- Pero lo más lejos que puedo ir es la cafetería del Hospital, ¿no te molesta?
-No me molesta, Doctora Carpentier- Aceptó la pelirroja-.
Kayle la siguió mirando sin poder contener la sonrisa. Podía aceptar que Alison en cierta manera tenía razón, que si podría armarse un alboroto. Pero ciertamente no podía mantenerse seria, viendo a su amiga vestida como espía de película de comedia.
-Aunque primero debes quitarte esos estúpidos lentes, prometo que no te atacará una turba de enfermeras en celo-.
-Idiota-.
Caminaron bajo la atenta mirada de una castaña que sintió una punzada de celos al ver a su mejor amiga, hablando tan relajadamente con esa extraña chica de lentes oscuros. Kayle no se daba con mucha gente, por lo que si tenía ese trato tan cercano era porque debía conocer muy bien a la chica. Por lo que cual Scotland yard, en plena ciudad de Londres, les fue siguiendo los pasos.
-¿Y cómo has estado?- Le pregunto Alison-.
-Bien, con muchas cosas, ya sabes el Hospital y la Compañía-.
-Luces agotada, deberías descansar-.
-No puedo, tengo muchas obligaciones, Alison-.
-Sí, lo sé, pero todas las personas tenemos que descansar en algún momento, que te parece que nos tomemos esta noche para relajarnos, tengo entradas para la primera fila del partido de los Knicks-.
-Aaaahhh, ¡era por eso! No es un disfraz les estás haciendo promoción a cambio de entradas…-Se burló la doctora-.
-Te estás pasando Carpentier, no me hagas avergonzarte delante de tus colegas- le advirtió haciéndole cosquillas-.
-¡Hey!-.
-Soy tu mejor amiga, se tus puntos débiles y los usaré a mi favor hasta que me digas que sí-.
-¡Ya! Iré contigo…pero será sólo el partido de basquetbol, nada de fiestas, no puedo dar pasos en falso ahora, Alison, tengo mucha presión-Expresó bufando sonoramente- No sé qué les parece tan atractivo, pero la prensa tiene en la mira cada cosa que hago-.
Alison entendía eso a la perfección.
-En estos años me he vuelto una experta en esquivar a la prensa, así que no tienes nada de qué preocuparte- Aseguró- Iremos a cenar a un lugar pequeño y alejado antes del partido y después, saldremos por alguna vía alternativa- Comentó la pelirroja con autoridad-.
-No habías dicho nada de cenar- Dijo Kayle para molestar un poco-.
-Me debes muchas cenas, Doctora Carpentier, muchas, así que no tienes si quiera la posibilidad de negarte a cenar con tu mejor amiga-.
-No tenía pensado hacerlo, Alison-.
Hablaron el poco tiempo que tuvo la doctora antes que tuviese que atender otra emergencia. Kayle se comprometió que estaría desocupada para su mejor amiga esa noche. Por lo que Alison se fue feliz, pese a los escasos minutos que habían pasado juntas.
La doctora salía de quirófano, y después de notificarle a la familia que todo había salido bien, estaba poniéndose al día con el papeleo. Esperando luego de eso poder ir a casa, para dormir unas horas y luego salir con Alison. Necesitaba eso, necesitaba aunque fuera un par de horas sin responsabilidades.
-Carpentier, me debes horas en pediatría- Le dijo con un tono seco Sophie-.
Las cosas entre ellas estaban congeladas. La inglesa sólo le dirigía la palabra cuando era por un asunto profesional, sentía que Kayle no había insistido lo suficiente, pensó que al ser mejores amiga, se iba a esforzar más por arreglar las cosas entre las dos. Agregándole a eso que había escuchado cuando la entraña chica le había dicho a Kay, que era su mejor amiga. Estaba dolida. Muy dolida.
-Lo sé, he tenido que reducir mis horas en los otros departamentos- Respondió Kayle levantando la vista-.
-Eres residente y aunque estés en Cardio, debes completar horas en todos los departamentos, así que te quedas de turno esta noche-Le ordenó-.
-No puedo esta noche, lo que puedo hacer es organizar mis horas e ir de a poco hasta completar las que te debo-Respondió-.
-No te pregunté, es una orden, soy jefa de departamento y tú residente- Expresó inflexible-.
-Sophie…- Kayle no quería un enfrentamiento, sabía que la inglesa estaba dolida y por eso estaba actuando así-.
-Doctora Clayton- Rectificó-.
Kayle no había dormido lo necesario y aunque no quería entrar en conflictos tampoco iba a permitir que Sophie la tratara de esa manera.
-Doctora Clayton, el director del hospital y el jefe de cirugía están al tanto de la reducción de mis horas en otros departamentos, así que si tiene algún problema, puede hablar con ellos, mi oferta está hecha…- Concluyó la heredera-.
-Tienes razón, había olvidado que quienes son dueños del Hospital pueden hacer lo que se les dé la gana, perdóname por favor, no quise pedirte lo mismo que a los demás residentes- Expresó en un tono totalmente irónico-.
A Kayle le dolieron aquellas palabras, pero sabía que Sophie no le estaba pidiendo nada extraordinario, nada que no hiciera cuando era residente en Boston. Todos habían hecho una excepción con ella, le daban regalías que ningún otro residente tenía y eso era justo lo que se había esforzado por evitar desde que egresó de medicina. El punto era que no podía más, que le daba al Hospital el máximo que podía.
Miró a Sophie y aunque su cuerpo le gritaba exhausto que no, decidió no perder esa batalla.
-Me quedaré esta noche- Expresó y se retiró para tomar su celular y escribirle un mensaje de disculpa a Alison-.
Sophie quiso detenerla, se le había pasado la mano.
Quinn estaba en la sala con su hija, en la oficina le habían dado el día libre y aunque le había parecido extraño, lo necesitaba, así que dejo a Beth faltar a la escuela, para que lo pasaran juntas. Se sentía muy culpable del poco tiempo que le había podido dar en las últimas semanas.
-¿Qué quieres para el almuerzo?-Le peguntó Quinn a su pequeña-.
-¡Pizza!- Exclamó entusiasmada, le había gustado mucho pasar ese día con Quinn-.
Quinn sonrió y tomó el teléfono para llamar al delivery.
-Con tocino-Le dijo la pequeña-.
-Por supuesto-.
Mientras la rubia más grande estaba al teléfono, sonó el timbre del departamento, a lo que Beth corrió a abrir sin tomar en cuenta la advertencia de su madre de que mirara por la mirilla primero.
-¡Rachel!-Gritó alegre la pequeña, grito que Quinn pudo escuchar desde la cocina, produciendo que inmediatamente y de manera casi inconsciente pidiera algo extra-.
La diva después de varias inseguridades había decidido pasar a lo de Quinn, no estaba segura de que iba a encontrarla pero fue con toda la esperanza.
-Hola Quinn, siento no haber avisado antes- Saludó-.
-No te preocupes, llegaste justo a tiempo para almorzar-Respondió la rubia con una media sonrisa-.
-Mamá me dejo faltar hoy a la escuela y hemos pasado todo el día juntas-Le dijo Beth a Rachel-.
-Creo que llego a interrumpir el día madre e hija-.
-Rachel-Le dijo Beth levantando esa ceja marca Fabray- Tú también eres de la familia, junto con tía San y Sophie, también la tía Kayle…- Le explicó con paciencia-.
Y aunque a Rachel le gustaba que la pequeña la considerara no la terminó de convencer un nombre en aquella lista.
-¿Quieres algo de beber, mientras llega la pizza?-Le preguntó Quinn-.
-No, yo sólo vine porque surgió algo del trabajo y no podré llevar a Beth al teatro el fin de semana como habíamos acordado, así que te iba a preguntar si podíamos ir otro día…-.
-¿La vas a llevar a ver una obra?-Le preguntó la rubia interesada interrumpiéndola -.
-No, la voy a llevar al teatro donde estoy trabajando, para que miré los ensayos y conozca a los actores, me lo pidió cuando le conté que voy a protagonizar una obra en Broadway…-.
-Felicitaciones, Rachel- Expresó sinceramente-.
-Mami, puedo ir con Rach…-Le pidió la pequeña Beth-.
-Beth, quizás otro día, tu mamá seguro hizo un esfuerzo para pasar todo este día contigo y no me gustaría interferir…-.
-Pero mami también puede ir- Expresó la pequeña-.
La rubia sonrió nerviosa sin saber que decir ante la petición de su hija, pasar tiempo con Rachel aún era algo incómodo, pero era difícil negarse a algo que le pidiera Beth.
-Beth…-Habló Quinn-.
-Por favor, por favor…-Le rogó la pequeña-.
-No sé si Rachel, quiera que yo también vaya- Respondió pasándole la responsabilidad a la diva-.
-Me encantaría que también vinieras, Quinn- Contestó sin demora Rachel con una gran sonrisa-.
Sé quedaron mirando de una manera hipnótica, como lo hacían antes, conectándose, hablándose sin emitir sonido.
-¡Yay!- Exclamó Beth sacándolas de la nube- Entonces comemos y nos vamos al teatro, este es el mejor día…-Decía feliz la pequeña Fabray-.
-Le diré a Santana que dijiste eso-Bromeó Quinn produciendo de inmediato que la pequeña detuviera su festejo-.
-Mami…-Le dijo haciendo un adorable puchero-.
Quinn rio ante la reacción de su hija y fue a abrir la puerta para recibir la pizza. Rachel se mostró sorprendida cuando la rubia le ofreció una vegetaría y se entretuvo mirando la misma reacción de las rubias al comer la que tenía tocino. Luego de eso, las tres salieron rumbo al teatro.
Mientras Beth estaba entretenida con los bailarines del elenco, Quinn y Rachel estaban sentadas en la tercera fila del lado derecho, en silencio. Rachel alternaba su mirada en entre las dos rubias, pero algo en los ojos de Quinn la capturó. Ellas se conocían, para bien o para mal, siempre sabían con solo mirarse a los ojos cuando algo le pasaba a la otra.
-¿Está todo bien, Quinn?- Le preguntó la diva rompiendo el silencio-.
Quinn se giró hacia ella y le dio una media sonrisa que no convenció a Rachel.
-Si-.
-¿Qué te preocupa?- Inquirió-.
-Rachel, estoy bien, yo sólo…-.
-Dímelo…sabes que puedes confiar en mí…-Le dijo con una voz suave, apoyando inconscientemente su mano derecha sobre la rodilla de Quinn-.
-Es el trabajo, yo…yo creo que me van a despedir…-Susurró la rubia con angustia-.
-¿Qué?- Expresó sorprendida- Quinn, tu eres excelente en tu trabajo, ellos tienen suerte en tenerte, no….-Hablaba gesticulando aireadamente-.
-Yo ya no soy lo que ellos contrataron…-Comenzó a hablar la rubia- Cuando entré era una ejecutiva que tenía todo el tiempo para dedicarle a su trabajo, cuando tú y yo rompimos…-Hizo una pausa para mirarla- Yo era la primera en llegar y la última en irme, trabajaba hasta los domingo, gané cuentas importantes, pero ahora, soy madre…-.
-Ellos no pueden despedirte por eso…-Dijo indignada-.
-Lo sé, pero aunque trato de darle la misma importancia, ya no puedo, trabajo lo justo para darle tiempo a Beth, Santana me ayuda y mucho, pero Beth es mi responsabilidad, me gusta poder ir a dejar al colegio y llegar a tiempo para cenar con ella y ayudarla con la tarea, mis prioridades cambiaron, la vida me dio una segunda oportunidad para ser madre y yo estoy dando todo de mi para no volver a fallarle a mi hija, es mi hija, Rachel…-.
-Yo sé, Quinn, y deben entenderte-.
-Cada vez tengo menos responsabilidades, me han quitado cuentas grandes y si eso no significa que me van a despedir…-Suspiró profundo- Necesito el trabajo, ya no sólo por mí, sino por Beth, quiero que tenga la mejor educación, las mejores oportunidades y siento que no lo estoy haciendo bien, que no le logrado reorganizar mi vida para ser una buena madre y buena en mi trabajo- Se lamentó la rubia con sus ojos brillosos-.
-Eso no es cierto- Le dijo una segura Rachel- No voy a permitir que pienses eso, eres una excelente madre, no sólo buena, excelente, has tenido poco tiempo para adaptarte, todo pasó tan rápido, Quinn, y yo estuve ahí cuando tuviste la fortaleza de enfrentarte a todo…tu fortaleza en admirable y estoy segura que Beth, es una niña feliz otra vez gracias a ti…-Le dijo dándole una sonrisa y sin dejar de mirarla fijo de compenetrar sus miradas- Quizás no eres lo ellos contrataron, pero eso no te hace menos buena, y si no se dan cuenta de tu valor, de lo inteligente y apasionada que eres en tu trabajo, no te merecen, ellos se lo van a perder…-.
Quinn sonrió. Sonrió verdaderamente por todas esas palabras que le hacía tan bien escuchar.
-Y no estás sola en esto, sabes que me tienes a mí, que yo jamás las dejaré solas, Beth tendrá todas las oportunidades que merece, yo estaré a tu lado y juntas la apoyaremos, se lo prometí a Shelby y te lo prometo a ti ahora- Expresó convencida, sincera, tal y como era esa Rachel de la que Quinn se había enamorado-.
-Rachel…-Le dijo tomando la mano que tenía la diva sobre su rodilla, entrelazando sus dedos, manteniendo su mirada en esos hermosos ojos cafés -No es tu responsabilidad…-.
-Quinn, Beth no es una responsabilidad, es una bendición…-.
-Lo sé- Dijo sonriendo-.
No se habían dado cuenta pero una pequeña rubia se había cansado de dar brincos y se había acercado a ellas. Las miraba con su ceja alzada, intuyendo que algo pasaba ahí y no quería interrumpir el momento.
Unas horas tarde dos rubias llegaban a casa.
-Hola, tía San-Saludó la pequeña-.
-Hola, ya estaba preocupada, tuve que cenar sola ¿Dónde se habían metido?- Preguntó-.
-Pasamos la tarde con Rachel, nos llevó al teatro y luego a cenar, fue un día genial- Le contó entusiasmada-.
Santana se giró para mirar a Quinn, a lo que la rubia le rehuyó la mirada.
-Beth, tienes que ir a ordenar tus cosas para la escuela y a dormir, no hay más días libres-.
Beth le miró de mala gana, repartió los besos correspondientes y se fue a su habitación a dormir.
-¿Una copa?-Le ofreció Santana a Quinn, a lo que la rubia afirmó con su cabeza y se sentó al lado de la morena-.
-Así que con Rachel, toda la tarde…-Enfatizó-.
-Vino por Beth y fui con ellas…Beth insistió…-.
-Claro, seguro fue así…Quinn…-.
-No me digas nada, Santana, ya lo sé- Dijo interrumpiéndola- No se me olvida que estoy con Sophie, me encanta estar con Sophie, ella es maravillosa, el sexo es maravilloso con ella…-Quinn miró a Santana al darse cuenta lo que había dicho y tuvo un sorbo de vino- La quiero mucho…-.
-Pero…-Se adelantó la latina-.
-No hay ningún pero, sólo fue una tarde con Rachel…una hermosa tarde con Rachel-Agregó susurrando-.
-¡Ay Quinn!-Exclamó sonriendo- No diré nada, no tengo moral para decir nada, así que sólo te llenaré la copa otra vez y seguiremos hablando sobre cosas sin importancia…-.
Quinn sonrió agradecida, eso era justo lo que necesitaba. Santana escuchó sonar su celular y con un gesto le pidió un momento a su amiga para contestar.
-Hola…-.
-Hola Santana, soy Britt, ¿estás ocupada?-Le preguntó la rubia-.
-No Britt, dime, ¿Sucede algo?-.
-Sólo llamaba para decirte que llegaron nuestras cosas desde Paris y te avisaba porque hay cosas tuyas, si te interesa conservarlas…yo sólo…-.
-Me interesa Britt…-.
-Ok, tengo un nuevo departamento y están acá, ¿te pasó la dirección?-.
-Claro, dame un minuto para anotar…-.
La rubia le pasó su nueva dirección y se creó un incómodo silencio entre ellas.
-Estaré el fin de semana fuera de la ciudad, los otros días estoy disponible, sólo avísame para estar en el departamento-.
-¿Puedo ir mañana?-Le preguntó la latina-.
-Claro, mañana es excelente-.
-Nos vemos mañana entonces-.
-Ok…mmm…cuídate, nos vemos-.
Santana quedó contrariada con esa despedida tan…¿insípida?.
-También tú, estaré a las ¿18:30?-.
-Perfecto, adiós-.
Santana miró el teléfono y frunció el ceño, eso había sido demasiado impersonal para tratarse de ellas dos.
-¿Todo bien?-Le preguntó Quinn-.
-Sí, era Britt, llegaron nuestras cosas de Paris y me avisó para que vaya por ellas a su departamento-.
-¿Separación de bienes?-Preguntó la rubia-.
-Parece que si…-.
-¿Estás bien?-.
-Supongo que es aquí donde todo se materializa, ya llevamos meses separadas y este es el paso que queda…-Expresó con una media sonrisa que no alcanzaba ni para convencer a Quinn, ni menos para converse a ella misma.
El último paso, pensó. Y la palabra "último" no calzaba ni aunque la forzara a entrar.
Kayle, despertaba asustada por el sonido agudo de su teléfono celular. Había pasado otra noche más en el Hospital, durmiendo otro par de horas que no alcanzaban para que su cuerpo se recuperara por completo. Miró la pantalla de mala gana y se apresuró en contestar.
-Hola, abuelo, lo siento….-.
-Kayle, pase por tu oficina, pero no estabas ahí-Le dijo James-.
-Lo siento, estoy en el Hospital, pero me doy un baño y salgo para allá- Se apresuró en decir la doctora-.
-Kayle ¿has dormido?- Le preguntó preocupado-.
-Sí, un par de horas…yo….lo siento, sé que debería estar allá….-.
-No te preocupes, prefiero que descanses, tu padre y yo podemos ocuparnos, necesitas dormir más horas, no quiero que te vayas a enfermar, te escuchas agotada…-Agregó preocupado-.
-Estoy un poco cansada-.
-Entonces tomate el día libre, recupera fuerzas, yo sólo quería hablarte del fin de semana, ¿recuerdas que este fin de semana es el evento en The Hamptons?-.
-Si abuelo, ya arregle todo, estaré allá como prometí-.
-Maravilloso, entonces no es necesario que vengas a la oficina mañana temprano, nos vemos en la noche allá…-.
-Gracias, te veo mañana por la noche…-.
-Adiós Kayle y descansa-.
-Lo haré-.
La doctora suspiró, por fin podría ir a su departamento. Aunque el lugar aún no pareciese un hogar, puesto que ni siquiera había desempacado aún lo de Boston, era más cómodo que una pequeña y dura cama en una sala de médicos. Se levantó con la espalda contractura y dolor de cabeza. Lo único bueno era que ya se iba.
-Kayle-La llamaron cuando iba saliendo con sus cosas en dirección a su departamento, la doctora suspiró, no otra vez-.
-Doctora Clayton, cumplí con todas las horas que le debía, ahora quiero irme a casa, llevo 36 horas aquí…-Le dijo cansada, sin ánimo de pelear-.
-Lo sé, yo sólo…-Quería hablar, quería disculparse, pero eso nunca había sido fácil para ella- ¿Podemos ir por un café y hablar?-.
Kayle se dio cuenta que Sophie ya no estaba en pie de guerra. Por lo que hizo un gesto afirmativo y la siguió por los pasillos del Hospital hasta la cafetería.
-Te escucho- Expresó Kayle una vez que estaban sentadas con su café en la mano-.
Sophie la miró y luego bajo la mirada. Dudosa comenzó a hablar.
-Estoy dolida, no estoy molesta, estoy dolida, pero aun así no debí ser tan cruel contigo el otro día, lo siento, se me pasó la mano…-.
-Disculpas aceptadas…-Dijo Kayle con una media sonrisa- Yo lamento haber tenido que ocultarte cosas sobre mi vida, cosas importantes, pero necesitaba salir de la burbuja Carpentier, no fue porque creyera que eres una persona interesada, sólo que no era capaz de enfrentar mi pasado, aún me cuesta, ha sido todo un proceso…-.
-Lo entiendo, sobre reaccioné, pero eres mi mejor amiga y me dolió, además pensé que no te rendirías tan fácilmente, que lucharías más por recuperar nuestra amistad, no pensé que simplemente te buscarías otra mejor amiga…-Dijo medio gruñendo con un gesto de disgusto-.
-No me he buscado otra mejor amiga, Sophie- Le negó-.
-El otro día escuché a esa extraña chica pelirroja decir que era tu mejor amiga…-Expresó entre dientes, girando levemente la cara-.
Kayle recordó el día que la había visitado Alison y le cuadraron algunas cosas. En eso el busca personas de Sophie sonó.
-Para terminar porque sé que debes irme, la chica del otro día es mi mejor amiga de la escuela, hace años que no la veía, me gustaría presentártela, estoy segura que se llevarán bien- Expresó la doctora pensando en la sorpresa que se llevaría Sophie- Me gustaría invitarte este fin de semana a un evento que hace mi familia en The Hamptons, puedes llevar a Quinn y Beth, yo llamaré a Santana, estamos haciendo negocios juntas y es una buena oportunidad para que conozco gente, ¿Te parece?- Concluyó Kayle-.
-Está bien, hablaré con Quinn- Aceptó sonriendo-.
-Te llamaré para darte la dirección-.
Se levantaron y se dieron un abrazo como hace tiempo no se daban.
-Te extrañé, Carpentier-.
-También yo, Clayton-.
Santana iba en un taxi camino a la dirección que le había dado Brittany por teléfono. Tenía una sensación extraña en el estómago. Sentía una presión en el pecho difícil de obviar. Es un paso lógico, se dijo una y otra vez, era lo que debía hacer, lo que ambas debían hacer para terminar de cerrar ese capítulo en su vida.
Se bajó del taxi y al frente vio un lindo edificio, de construcción antigua en la que parecía ser una tranquila zona, algo alejada del centro. Tecleó el botón del departamento D en el piso 6 y la tranquila voz de Britt le respondió casi al instante. La esperaba. La puerta se abrió y Santana de manera inconsciente prefirió las escaleras. Quizás para ganar algo de tiempo. Quizás lo necesitaba para convencerse de que todo aquello era real.
Puso su mano en alto, a una parsimoniosa velocidad, pero antes que llegara a la puerta, ésta se abrió.
-Hola Santana- La saludó Brittany con una alegre y verdadera sonrisa que caló hondo en el corazón de la latina-.
-Hola-Dijo bajando la cabeza-.
-Te estaba esperando, pasa, creo que ya tengo todo separado, pero deberías mirar, quizás se me paso algo- Le dijo la rubia con una normalidad que Santana no entendía-.
-Gracias…-.
-No hay porque, sé que hay cosas valiosas para ti y no quería que se perdieran, por eso deje todo ordenado en Paris antes de venir, hace unas semanas, les pedí que me lo enviaran….-.
-Puedo asumir la mitad del costo del envío Britt, son las cosas de ambas…-Le dijo mirando las cajas que estaban dispersas en la sala del acogedor departamento de la bailarina-.
-No es necesario, San, ya está, yo sólo…pensé que podrías tener algunos recuerdos valiosos…-Expresó dubitativa-.
-Los tengo, tengo muchos recuerdos valiosos aquí, te agradezco mucho Britt…- Dijo con toda la confianza que podía tener en ese momento-.
-Esas dos cajas de ahí no supe como…tiene cosas de ambas, puedes llevarte lo que quieras…-.
-¿Tú no las quieres?-Le preguntó interrumpiendo la latina, sin querer reconocer cuanto dolía esa indiferencia, esa naturalidad-.
Brittany la miró sin saber que responder. Porque a veces el "querer" no era suficiente para mantener cosas dentro de la vida. Las podría querer, pero si el precio de mantener ese querer dolía tanto, entonces no estaba tan segura. No quería querer con dolor, ya no quería. Había aceptado el dolor de querer demasiado tiempo.
-Quizás es mejor que te las lleves…es un departamento chiquito…-Argumentó sin convencerse, con tono bajito, con la mirada esquiva-.
-Puedo guardarlas en mi taller, si cambias de opinión me avisas y puedes llevarte lo que quieras…-Le respondió una igual de insegura morena-.
Britt sólo afirmó con la cabeza, ya no le quedaba valor para forzar sus palabras.
-¿Podrías llamarme un taxi?- Le preguntó Santana-.
-Claro…-.
Brittany la ayudó con las cajas. Esperaron el taxi en silencio, y cuando llegó se despidieron entre besos en el lugar equivocado y abrazo que nos las terminó de reconfortar. Quizás Santana pudo pensar que había sido fácil para ella, pero nada ni el más mínimo movimiento lo había sido. La bailarina había estado semanas, con esas cajas en el mismo lugar donde las habían dejado los de las encomiendas. Días es que ni siquiera era capaz de mirarlas, en que llegaba a su casa e iba directamente a su habitación para no tener que lidiar con todos los recuerdos que tenía empacados en la sala de su departamento. Algunas noches, simplemente se sentaba, bebía una botella de vino y soltaba todas las lágrimas que le producía mirar las cajas que ni siquiera había tenido el valor de abrir.
Abrirlas y separar lo que había, fue otro proceso, otro duelo, otros días en que no era capaz de tomar más que un par de cosas, literalmente un par. Había tanto ahí, había siete años de amor, con altos y bajos, pero amor al fin ya cabo.
Suponía que la tranquilidad con que había enfrentado a Santana, se la dieron todos esos días, esos días en que había estrujado su alma, en los que había derramado todas sus lágrimas por cada recuerdo. Si, recuerdos, ya nada más quedaba y no podía seguir de duelo. Se había convencido entre vino tinto, lágrimas y fotografías que ahí debía terminar su duelo, que debía drenarlo todo y guardarlo en esas cajas para poder seguir con su vida. Debía amarse más, debía, aunque a ratos le pareciese imposible. La había amado, ella la había amado, se habían amado y, quizás siempre lo harían…quizás siempre lo harían.
Porque se habían amado tanto. Su amor era una fuerza que había arrasado con todo a su paso, quizá, y sin darse cuenta también había arrasado con ellas. Los amores más grandes, no serían tan grandes sin esa cuota inevitable de tragedia, de drama, de separación. Se habían amado tanto…
Brittany se detuvo a mirar por la ventana de su departamento, el sol se ocultaba despacio. Suspiró pesado y las lágrimas cayeron sin ser llamadas. No podía admitir con seguridad de que tamaño era el pedazo de su corazón que se había ido en aquél taxi.
