Sakura estaba dolorida. Su cuerpo entero palpitaba, protestando por su desvelo. Los músculos de sus piernas estaban tiesos y ardidos, sus brazos y hasta sus pechos estaban doloridos.
—Abre los ojos, Sakura. Tenemos que quitar el invasor y necesitas un baño caliente. —La voz de Sasuke era firme, no tolerando ningún rechazo.
Sus ojos se abrieron, su cabeza giró hacia él, sus ojos enfocando los rasgos salvajes de su cara.
— ¿Dejaste esa cosa dentro de mí? —dijo ella entre dientes con incredulidad.
Él arqueó una sola ceja.
—Tu trasero era estrecho, Sakura. Necesita acostumbrarse a estirarse antes de que ser capaz de tomar mi polla ahí.
Su corazón latió ruidosamente contra sus costillas.
—Ve al cuarto de baño, luego regresa aquí. Si intentas quitarlo tu misma, te ataré otra vez y te dejaré allí el resto del día.
Él lo pensaba. Ella vio su determinación en las duras líneas de su cara.
—Sácalo primero –dijo ella en cambio.
Él sacudió su cabeza. –Haz como digo, Sakura. Tengo una razón para mis demandas.
Sakura frunció el ceño, pero ella sabía que no quería experimentar la tortura de estar atada y babeando de necesidad. Y ella sabía que él la haría babearse. La torturaría, luego la abandonaría para que sufriera en su excitación. Ella no estaba lista para correr ese riesgo aún, no después de anoche.
Entonces ella se levantó de la cama, y caminó con cautela hacia el cuarto de baño. Después de aliviar su necesidad más apremiante, cepilló sus dientes y lavó su cara, luego regresó al dormitorio. Su estómago era un nudo de nervios, preguntándose como planeaba Sasuke seguir con la sensual tortura que había comenzado la noche anterior.
—Sobre tus rodillas. —Él cabeceó hacia la cama, estaba de pie al lado de ella, desnudo y luciendo una erección que parecía un arma.
Su miembro era el más grande que ella alguna vez hubiera visto, casi tan grueso como su muñeca, con una hinchada y brillante cabeza que hacía su boca agua al verlo.
Sakura fue a la cama, asumiendo la posición que ella sabía que él quería. Ella tembló mientras su mano acariciaba los cachetes de su trasero. Sus dedos recorrieron su ano hasta que él agarró el invasor anal, tirando despacio, con cuidado, liberándolo de su trasero.
—Quédate quieta —le ordenó antes de que ella pudiera moverse. —Bajo tu gabinete hay algunas provisiones personales que compré para ti. De ahora en adelante las usarás siempre que yo te diga de hacerlo. ¿Entendido?
—Sí –susurró ella, sintiendo arder su vagina, humedeciéndose mientras él pasaba sus manos por su trasero.
—No voy a follarte ahora porque para ser honesto, no creo que pueda mantener mi polla fuera de tu trasero. Pero necesito el alivio, nena.
Él se movió alrededor de la cama entonces, girándola para quedar enfrentados, su polla apuntando hacia su boca. Sakura se lamió los labios. Ella los abrió mientras la cabeza púrpura golpeaba contra ellos. Escuchó su fuerte gemido mientras ella cerraba los labios alrededor de su miembro, tomándolo, abriendo su garganta para esos últimos centímetros posibles.
Una de las manos de él agarró su polla, para asegurarse de no darle más de lo que ella podía tomar, la otra retorció su cabello. El agudo borde de dolor le hacía apretar su boca alrededor de su polla, su garganta trabajaba sobre la cabeza en tanto él gritaba de placer. Él no estaba dispuesto a prolongar su propio placer esta mañana. Empujó dentro y fuera de su boca con golpes profundos y duros, manteniéndola quieta mientras él gemía repetidamente ante el placer que ella le daba. Entonces, ella sintió su polla sacudirse, palpitar y luego su esperma llenando su boca mientras él gritaba su liberación.
Sasuke respiraba con fuerza cuando se retiró de ella, su pene todavía estaba erecto, todavía listo para ella, pero él no hizo nada más.
—Ve a bañarte, Sakura, antes de que haga algo para lo cual ningún de los dos está listo. Ven abajo para desayunar cuando hayas terminado.
Sakura se levantó, mirándolo luchar por controlarse.
— ¿Esta Papá en casa? —preguntó.
—No aún —él sacudió su cabeza. —Él regresará la noche antes de la fiesta. Eres mía hasta entonces, Sakura. ¿Puedes manejarlo?
Sus ojos se estrecharon ante su tono de voz, sugiriendo que ella no podría.
—Puedo manejarte cualquier día de la semana —.Condenada su boca,ella gimió ante las palabras que brotaron de sus labios.
Sus labios se torcieron. Ambos se conocían mejor.
—Veremos —. Él asintió con la cabeza. —Ve a bañarte. Te dejaré lo que quiero que lleves esta mañana. Han dado a los criados el resto de la semana libre, así que seremos solamente tú y yo por un tiempo.
Sakura mordió su labio. Ella no estaba segura si eso era algo bueno o no.
—Ve —. Él indicó la puerta del cuarto de baño. — Ven abajo cuando estés lista.
Una hora mas tarde Sakura bajó por la escalera espiral, con los pies desnudos y vistiendo más ropa de la que ella pensó que él le dejaría para ella, pero decididamente menos de lo que ella querría llevar puesto. El negligé largo, de seda la hacía sentir sexy, femenina. Cubría sus pechos, pero estaba cortado lo suficientemente bajo para que si él los quería sacar, no tuviera ningún problema. No había pantis incluidas, pero la seda negra escondía ese hecho. Ella habría estado incómoda vistiendo algo que se trasluciera.
Su nota había dicho que la esperaría en la cocina, y allí estaba él. Vestido con pantalones de gimnasia y nada más, su espeso pelo negro todavía estaba húmedo, y parecía más sexy que lo cualquier hombre tenía derecho a parecer. Y él le estaba sonriendo. Incluso sus ojos estaban llenos de una expresión perezosa, cómoda mientras él colocaba dos platos de huevos, tocino y tostada al lado de tazas llenas de café.
—El desayuno está listo, llegaste justo a tiempo —. Él sacó su silla, indicando que ella debería sentarse.
Sakura tomó su asiento con cautela, el dolor de sus músculos estaba mucho mejor, pero sus muslos y trasero todavía estaban sensibles.
— ¿Dolorida? —. Él posó un beso sobre su hombro desnudo, produciéndole una sacudida de sobresalto.
Ella giró su cabeza, alzando la vista hacia él mientras se enderezaba y se dirigía a su propia silla. —Un poco —. Ella se aclaró la garganta.
—Se volverá más fácil –le prometió. —Ahora come. Hablaremos más tarde, después de que hayas terminado.
El desayuno, a pesar de sus dudas iniciales, estuvo lleno de risas. Sasuke era agradable y su humor fácil comenzó a mostrarse. Su ingenio árido la mantuvo riendo ahogadamente y el malvado brillo en sus ojos mantuvo su cuerpo crepitando, anticipándole lo que vendría, rogando que la follara. Mientras mas tiempo él esperaba, más caliente se ponía ella. No sabía si lo soportaría mucho más tiempo.
Finalmente, después de que los platos estuvieron limpios, él la dirigió por la casa hasta la cómoda sala de estar. Un fuego crepitaba en una esquina del cuarto donde un gran colchón de almohadas había sido puesto.
—Siéntate, tenemos que hablar —. Él la situó sobre el colchón, luego la hizo recostar sobre su espalda mientras él se situaba al lado de ella.
—Mira, no tengo muchas ganas de hablar —ella finalmente dijo frustrada. –Cortemos la persecución aquí, Sasuke. Hay cosas que evidentemente me gustan, que tú disfrutas haciendo. No quiero hablar sobre ello. Solamente hacerlo.
Ella levantó la mirada hacia él, estrechando sus ojos, advirtiéndole que ella también tenía sus límites.
Él apoyó la cabeza en su mano, respetándola con una expresión curiosa.
—Esperaba una pelea –dijo él, un vago tono de pregunta en su voz.
Sakura suspiró, sentándose, mirando fijamente el fuego mientras ella pasaba los dedos de una mano por su pelo.
— ¿Hasta que extremo tienes la intención de llegar? —preguntó ella finalmente, echándole un vistazo mientras él todavía se reclinaba al lado de ella.
Él alcanzó sus dedos que se arrastraban por el pelo. — ¿A qué extremos quieres que yo llegue, Sakura? —preguntó él a cambio. —Puedo darte cualquier cosa que quieras, lo que sea. Pero tengo mis propias necesidades, y ellas tendrán que ser satisfechas también.
— ¿Cómo cuales? —le preguntó, manteniendo su voz baja, aquietando el temblor que amenazaba con sacudirla.
—Me gustan los juguetes, Sakura. Me gusta usarlos, y me muero por usarlos en ti. Me gusta azotarte. Me gusta mirar tu bonito coño y los cachetes redondeados de tu trasero volverse rojos. Me gusta oírte gritar porque no sabes, si es dolor o si es placer, lo que te esta matando. Quiero ver tus ojos llenos de placer, aturdidos, mientras empujo tus límites —. Él lo presentó bastante claro, pensó ella con un toque de silenciosa burla, y aún así no había contestado una maldita cosa.
— ¿Cómo de lejos irás? —ella le preguntó.
— ¿Cómo de lejos me dejarás ir? —le contestó él.
Sakura presentía que ella tendría pocos límites, pero no estaba dispuesta a decirle eso.
—Evidentemente tienes planes. Me gustaría saber cuales son.
Sasuke suspiró. —Algunas cosas son mejores dejarlas al placer del momento. Vamos a esperar y ver que pasa.
Sakura lamió sus labios con nerviosismo. Evidentemente su padre le había contado sobre la catástrofe con los libros que su madre había encontrado. Él no sabría sobre ellos de otra manera. Ella respiró profunda y hondamente.
— ¿Esto concierne a otros hombres? –preguntó ella finalmente.
Los ojos de él se encendieron con excitación. Sakura bajó la cabeza a sus rodillas.Dios, ella no sabía si podría.
—Tu quieres eso, Sakura —. Él se movió detrás de ella, sentándose para tirar de ella contra él mientras susurraba las palabras en su oído. —Lo has deseado durante un largo tiempo, nena, todo lo que he planeado. Solamente tranquilízate, y lo tomaremos paso a paso.
Sakura luchaba por controlar su respiración, su corazón latía frenéticamente. Ella estaba aterrorizada de él, y de ella.
—No puedo, si padre averiguara…
—Sakura, tu padre sabe –dijo él con cuidado. — ¿Por qué piensas que tu madre se divorció de él? Ella no deseaba sexo, mucho menos el que él necesitaba. Tu padre supo, cuando esos libros fueron encontrados, lo que tú necesitabas. Tal como él sabe lo que yo necesito.
