Diabólicas Inspiraciones.
Capítulo 12.
Cuando lo conocí, era joven e insegura; llegó a mi vida como una luz de esperanza a mis estados ocurrentes de depresión y amé por primera vez a alguien, con él aprendí lo que fue amar a alguien de manera desinteresada, aprendí a besar, a crecer y hasta en hacer el amor, porque sí, él fue todas mis primeras veces; la persona con la que soñé casarme y tener una familia.
Cosas tontas, me dirán. Él parecía perfecto, guapo, amable y romántico, así fue hasta la primera mitad de nuestra relación, luego… el lobo se quitó su disfraz, pero no de una manera obvia, claro que no, fue más bien, de una manera sutil, comenzó por cosas pequeñas, como mi manera de vestir o mi manera de hablar, yo seguía sus deseos alegando que, siendo él el de la experiencia, tendría la razón.
Con el tiempo, dejé de ser yo y volverme lo que él quería, fue así por muchos años, claro que las cosas ahora eran peores, vivía deprimida casi todos los días, él siempre encontraba algo malo en mí y me creí terrible, con miedo a que sí no cambiaba, él me dejaría, pero lo hizo aun habiendo cambiado.
Me dejó por alguien más, mi mejor amiga, aquella traición logró que algo cambiara en mí y no creí sus palabras de chantaje por primera vez, le pedí que se fuera, sin llorar, era como si él se hubiera llevado todo de mi interior, como si me hubiera transformado en una cascara vacía sin alma.
Y luego de tantos años siendo su juguete, siendo engañada por su tono dulzón, quedé sola en aquel departamento, solo con un gato negro que me hacía compañía. Era libre, pero no sabía la razón por la cual, aquella libertad me aterraba. Recuerdo que aquella noche dormí en uno de los cuartos de huéspedes y seguí durmiendo ahí por un tiempo, no quería estar en el mismo cuarto donde él estuvo con ella, donde los encontré.
Y ahora, volvía desde el otro lado para decirme un Hola, soy yo, como si no hubiera pasado nada, como si él nunca me hubiera hecho daño y aun sabiéndolo, mi corazón latió por su llegada, como si mi alma volviera a éste cuerpo muerto. Los nervios me mataban y no sabía qué hacer, pensé que se había mudado, pero estaba al frente de mi puerta.
Sus ojos me estudiaban desde arriba, sí que era alto. Quería saber si me generaba alguna emoción, lo disfrutaba, yo lo sabía y mayor fue su goce cuando descubrió que algo en mis ojos le decía que aun pensaba en él. Era una tonta, una mosca cayendo en la telaraña. Cuando por fin pude hablar y preguntarle los motivos de su llegada, él me respondió con una sonrisa amable y con una mirada de falsa inocencia.
Quería saber de ti, como no habías respondido a mis mensajes y dado tu pérdida tan dolorosa, imaginé que te había pasado algo, era una mentira, lo sabía, solo quería atormentarme pero, en un momento creí de sus palabras y hasta hablamos un poco, claro, sin revelarle gran cosa, él no merecía saber nada. Pero si lo que piensan es que me propuso volver, lamento decirles que no fue así, solo me dijo que quería saber de mí y cómo me sentía por mi perdida, como una manera atenta de él, saber si no lo odiaba y era verdad, no lo hacía, nunca lo odié aunque se lo merecía, pero no tenía caso, me pidió que guardara su número telefónico y me pidió que reanudáramos el contacto, que sabía que lo que hizo fue de lo peor, que debió ser mejor conmigo, que fue a terapia e hizo de todo para dejar de ser así, que el terapeuta le había dicho que me pidiera disculpas y yo se las acepté, de la manera más confundida que me podía encontrar, pero lo hice, porque en ese momento, lo vi arrepentido y contrariado, solo lo había visto así cuando en verdad le preocupaba algo.
Hablamos por un rato más hasta que él se despidió, estaba por trabajo en la ciudad y se estaba quedando en la casa de un amigo. Al cerrar la puerta, no sabía cómo sentirme, el departamento lo veía oscuro y lo mejor era irme a me dio la bienvenida, tal vez Pelusa estaba durmiendo ya, me dispuse a abrir la puerta de mi habitación pensando aun en la conversación que tuve con mi ex cuando...
– ¿Cansada de su charla tan amena?–, me sobresalté y vi a la sala que estaba en penumbras, dos puntos rojos se divisaban en la oscuridad, se acercaban con el paso de los segundos.
– Sebastián, me asustaste– dije llevándome la mano al pecho, aquello como que lo había divertido o aparentó ser así, puesto que una carcajada sin ganas salió de su garganta y a pesar de la penumbra, podía verlo, estaba sonriendo, pero su sonrisa no llegaba a sus ojos, quienes me reprochaban en silencio.
– Lo siento por asustarla, no era mi intención– dijo mirando fijamente a mis ojos, esa mirada demoníaca me desarmó por unos segundos, para luego retomar la compostura.
– Tranquilo, no te preocupes–, quería entrar rápido a mi habitación, Sebastián se comportaba extraño, él cerró la puerta de golpe y acercó su rostro al mío.
– Aun así, Señorita–, comenzó a decir perspicaz– tengo una duda en mi cabeza que quiero eliminar– dijo acercándose más a mí.
– ¿En qué puedo ayudar?– susurré sintiendo su mano izquierda tocar mi barbilla mientras que la marca ardía con fuerza.
– Pues, como le venía diciendo…–, miró mis labios entreabiertos y luego volvió a mis ojos – es una pequeña duda que tengo sobre usted–, arregló mi cabello a un lado y tocó la marca de mi cuerpo.
– Dime, soy todo oídos–, entrecerré los ojos y sentí su aliento en mi boca, los recuerdos de la casa del pueblo volvían, Sebastián volvía a ser el mismo de siempre y sin querer admitirlo, me relajaba un poco, con todos estas montañas rusas emocionales, lo que menos quería era tener problemas por él.
– ¿Se encuentra bien?–, escuché su voz alejarse de mí a lo que yo abrí los ojos con rapidez, lo miré interrogante y confundida por su pregunta – no mal interprete, es solo que, noté que luego de la conversación con el Joven Michael, su ritmo cardíaco ha aumentado, como si estuviera acelerada o… extasiada– dijo aquello ultimo con molestia, me separé de él por su pregunta y lo estudié mientras Sebastián esperaba una respuesta.
– No sé a lo que te refieres–, me ponía nerviosa su mirada.
– ¡Oh, claro!, mil disculpas, no me he expresado bien– comentó cínico llevándose la mano a su barbilla, sus uñas resplandecían – desde que Joven Michael llegó, tuve una teoría que he querido compartir con usted y es que, dado el cambio tan repentino en su comportamiento, he deducido que, tal vez, estaría feliz de volver hablar con su ex, después de tanto tiempo. –, ahora su sonrisa era ancha y maliciosa, con sus ojos diabólicos estudiándome, su actitud me lastimaba y enojaba.
– ¡Claro que no!–, sabía a lo que él quería llegar, solo me haría dudar de mi juicio. Le di la espalda y me dispuse entrar en mi habitación.
– Soy un demonio, no un idiota y sé lo que vi– dijo serio desde atrás, era el colmo, me di vuelta y lo encaré.
– Si tanto sabes, ¿Qué viste?–, mi actitud le sorprendió y vi una sonrisa maliciosa en sus labios.
– No es para que se lo tome a mal, Señorita– me miró burlón a lo que yo le di la espalda –, pero digamos que, se veía ilusionada tal vez por la idea de que su príncipe azul, venga por usted a pedirle amor eterno–, quería salir de ahí, huir y esconderme de sus palabras, era mentira todo eso, pero aun así, no sabía la razón por la que me herían tanto.
– Déjame, – dije mirando a la perilla mientras él soltaba un suspiro de cansancio.
–Claro que lo haré, pero le diré una última cosa, – sonó serio a mis espaldas – si usted decide volver con aquel hombre, allá usted, pero luego no venga de la manera más patética, admitiendo que estaba equivocada, porque sabe muy bien que así será.
– Déjame, por favor–, no sé cuándo había comenzado a llorar, pero él era cruel en todo lo que me decía, creo que algo de sorpresa apareció en su rostro cuando me vio en llanto, me dejó de mirar y vio a algún otro punto en el suelo, mientras su cara se contrariaba y me dejara para irse directo a su habitación, no sí antes decirme un descanse, seco. La semana no mejoraría, ya lo sabía bien.
La semana siguiente no cambiaron las cosas, muy poco hablaba con Sebastián y él parecía distante conmigo, eso me dolía, Ciel a su manera, no se metía en nuestros problemas pero unas cuantas veces lo noté viéndonos en la cocina, nos estudiaba en silencio, como un espectador, por otra parte, volví en contacto con Michael, solo hablábamos como amigos, no me insinuaba cosas, creo que el único momento que noté algo raro fue cuando hablé de Sebastián, pero nunca le dije que era un amigo, no era tan tonta, no dejaría que Michael me sacara información.
Posiblemente él no llegaba a nada conmigo, dado que tenía dudas de quien era Sebastián, en lo personal no me molestó, no lo deseaba estando detrás de mí, porque sabía que, muy posiblemente yo no supiera muy bien cómo actuar.
– Quisiera invitarte a almorzar, claro, si tu novio no se molesta – dijo esperando a mi reacción.
– Tranquilo, Sebastián no se molestará–, claro que lo haría, lo vi poner los ojos en blanco mientras que acomodaba los platos, pero no deseó hablar conmigo – además, él sabe que tú y yo éramos muy buenos amigos antes de salir.
Y como prometió, salimos a almorzar mientras eran nuestros horarios libres de trabajo y sé que me odiaran, pero me gustó salir con él, no por ser mi ex, más bien por salir con un viejo amigo, me hacía muy feliz, aunque no puedo evitar que mi corazón palpitaba con fuerza al verlo llegar y más ahora estando siendo tan diferente.
En ningún tocó el tema de la mujer por la cual me dejó y yo, para engañarme a mí misma, no le pregunté, de todos modos, no era mi problema o eso era lo que me decía. Hablamos de todo un poco, le conté que estaba escribiendo un libro y él se alegró mucho, sabiendo que, mi mayor pasión era la escritura.
La tensión que vivía en la casa ya era algo normal, pero hubo un día en que, eso explotó, si bien el almuerzo con Michael había traído más problemas con el demonio mayor, fue un sábado por la mañana, un sábado libre de clases, que todo se derrumbó.
Parecía ser como cualquier otro día, con Pelusa en mi cama y yo con la dicha de poder dormir hasta tarde, revisé mi celular y tenía un mensaje de Michael que decía Llámame cuando puedas, era de la noche anterior, así que lo hice, me respondió con un tono de entre dormido, pero aun así, fue amable y me dijo que, si no existía inconveniente, si me apetecía, podía ir mañana a su casa.
– Me alegra que aceptes, en realidad me alegra que me hayas incluido en tu vida de nuevo, claro, ahora tienes novio pero…–, sus palabras hicieron que un nudo se formara en mi garganta y que dieran ganas de llorar – lo siento querida, no quería hacerte llorar, pero me siento feliz que ahora tengas a alguien que se merezca.
Pensé en los momentos buenos que habíamos tenido, no todo había sido malo en nuestra relación, recordé el viaje que queríamos hacer para París, conocer el mundo, me recordé sus mañas y sus virtudes, su risa y su cabello alborotado en las mañanas, lo extrañé cuando se fue de viaje de negocios en algún punto del pasado y sonaba tan sincero que creí sus palabras.
Nos despedimos e hicimos como si no hubiera pasado nada en la llamada, pero si quise decirle que Sebastián solo era un demonio que me atormentaba… aunque él se hubiera vuelto algo mucho más fuerte, aun así, era imposible, sería entregar mi corazón a un ser que nunca me amaría, en cambio con Michael, si bien cometió errores, se notaba que había cambiado y que ahora era mejor. No sabía qué hacer, comencé a sudar frío y a temblar, pero llegó Pelusa y se acurrucó en mis piernas, gracias a él, me calmé.
Lo siguiente fue darme una ducha y salir a desayunar, sin ganas de ver a Sebastián. Al salir y entrar en la cocina, era Ciel quien cocinaba mi desayuno, el demonio mayor no se encontraba, había acabado de salir y no dijo cuándo volvería, agradecí internamente por aquello, no podía verlo a los ojos.
Les confieso que ese día no fue el mejor, fue lento y muy complicado para mí, me sentía terrible, como si algo malo naciera en la boca de mi estómago, Ciel por otra parte, lo notaba silencioso y sin ganas de hablar, aunque sabía que había algo que me quería decir, no lo hacía, estaba atareado y Sebastián nada que llegaba.
Llegó un punto en que, me acosté en el sofá y comencé a ver la tele, Ciel muy bien podía estar en su habitación, mientras yo, me sentía más clara, más serena, sentí ganas de hablar con Sebastián, como si él fuera la respuesta del millón de dólares, lo quería aquí, conmigo y temí que pudiera estar con alguna otra persona que no fuera yo.
Y como si hubiera sido por arte de magia, llegó a la casa en esos momentos y entró a su habitación, yo lo seguí queriendo hablar con él y no digo que me arrepentí, pero sí me apené por verlo desabrocharse la camiseta, me sonrió pícaro cuando me vio sonrojar y camino a mi dirección, para luego detenerme y tomarme por detrás, hundió su nariz en mi cabello mientras yo lo sentía desabotonar mi blusa, por una razón que yo ya conocía, no lo detuve, solo dejé que hurgara por debajo de mi sostén y acariciara mis pechos desnudos, me volteó y me miró, entre enojado y deseoso, pero no fue él quien rompió la distancia, fui yo quien me lancé a sus dulces besos y a sus caricias, en un momento al otro, quedamos desnudos en la cama, él acariciando mis puntos erógenos y yo tocando su virilidad, deseosa de nuestra unión, se posicionó entre mis piernas y me miró burlón por mi sonrojo y mi humedad naciente entre mis piernas, se acercó más, haciendo lo posible para entrar en mí, poco a poco, hasta que…
Mis ojos se abrieron por el sobresalto de la fantasía que acababa de tener, nunca en ningún momento, había soñado algo así referente a Sebastián, me paré del sofá, sudada y tengo que admitir, algo mojada.
– ¿Teniendo dulces sueños?–, dijo alguien a mi lado, no quería que fuera él, era la persona que menos quería ver, aun así, ahí estaba, recostado a la pared mientras me veía pícaramente.
– Sebastián… ¿Desde cuándo estabas ahí?–, pregunté evitando parecer sobresaltada.
– Desde hace poco, pero respire profundo, que parece alterada–, dijo con falsa preocupación.
– Si, es mejor que vaya al estudio–, me paré de golpe mientras él caminaba hacia mí.
– Una pregunta, ¿Por qué decía mi nombre entre sueños? –, caminó un poco más a donde yo estaba y mientras yo decía que no era lo que parecía, él parecía divertido – Quisiera saber cómo era su sueño, porque aterrada no parecía – intenté escapar pero él me tomó ágilmente de mi cintura y me atrajo a su cuerpo.
– Insisto–, tocaba mi barbilla y sonreía con su mirada burlona, acercaba sigilosamente su cara a la mía y yo no sabía qué hacer, los recuerdos de aquel sueño húmedo se sentían reales con su contacto, pero la incomodidad de mi estómago volvía como si no quisiera verlo, aunque mi cuerpo me delataba. Sin pensarlo dos veces, buscó mis labios y me besó, me creí desmayar con su contacto y le respondí, no era un beso apasionado, pero aun así, causó en mi un sinfín de emociones, pero me confundía, sus besos eran una droga que me adormecía y me dejaba viajar lejos, pero muy posiblemente no era real, lo alejé a unos centímetros y oculté mi cara, para luego ser tomada por su mano y me hubiera besado si yo no hubiera sido tan impulsiva como para decirle un No me confundas más.
– ¡Oh! Y es que la confundo–, soltó separando su cara un poco de la mía –entonces ese amor que tanto cree profesar hacía el Joven Michael, es débil. Los humanos como siempre siendo las víctimas de la tentación -, sonaba ácido y con su sonrisa de superioridad, se burlaba de mí, en mi propia cara, pero no fue ese comentario el que causó que estallara la tensión vivida esos días, fue el siguiente comentario que me volvió un ser iracundo.
Vamos, béseme pensando que soy su querido Michael, eso sí que fue el colmo, tanto que me separé de él y entre lágrimas, lo abofeteé, jugaba con mis sentimientos y se burlaba de mi condición de humana, se creía superior y por ende, creía que podía ser cruel conmigo. No quería verlo y me pareció despiadado como me hacía dudar, solo porque sabía que estaba a punto de perder a su juguete, en ese entonces creía tener las cosas claras, el demonio me quería arrastrar a la oscuridad y si yo me dejaba, muy posiblemente perdería más que la vida.
– No vuelvas a compararte con él, tú nunca serás como él–, soné herida y él me miraba serio.
– Claro que no, yo no terminaría engañándola con su mejor amiga–, fue un golpe bajo que hirió mi corazón.
– No hables como si todo esto te importara, – tenía que soltar todo, no creía conocerme por cómo le hablaba a Sebastián – yo sé muy bien que lo único que te molesta es que si yo vuelvo con él, tendrás que buscar juguete nuevo, porque eso es lo que soy para ti, un maldito juguete con el que quieres pasar tus ratos de ocio, pero ya estoy cansada de eso.
Él no sabía que decir, me miraba sorprendido y quiso decir algo, cosa que no escuché porque tomé impulsivamente mis cosas y antes de salir, cansada de escucharlo decir mi nombre, le dije algo que lo calló.
– Quiero estar sola, es una orden, – no lo miré ni le respondí cuando me preguntó si me iría a ver con Michael, en esos momentos, ir a donde mi ex, por lo menos para calmarme, no me molestaba. Levanté la vista por primera vez en todo lo que llevaba de rato y Sebastián se había ido, muy posiblemente por la orden, mientras que yo cerraba la puerta del apartamento sin saber qué rumbo tomar, solo sabiendo que no quería estar en el mismo lugar que el demonio.
Hola a todas, espero que no me odien por mi desaparición en la página, lo que pasa es que estoy terminando el primer semestre de Contaduría y los profesores nos torturan como no tienen una idea, a parte que estoy escribiendo mi primera novela y haciendo retos diarios de dibujo, así que no tengo tanto tiempo para escribir el fanfic, aun así, lo terminaré.
Aquí está el nuevo capítulo, con más trama y algo emocional, más de lo normal, espero actualizar pronto el otro fanfic, el de Sebastián, tiene cosas que contarles a ustedes sobre lo que Katherine y Ciel guardan entre su ropa.
Veronica, siempre es un placer tenerte aquí, es lindo saber que aun sigues la historia, espero que el tema con tu ex se haya solucionado, te mando un saludo desde Venezuela y espero que estés bien.
A todas las demás que comentan, muchas gracias por su apoyo, las quiero mucho, en serio.
