Capitulo 12.
Los primeros partidos del año que se celebraban entre las escuelas regularmente eran las más difíciles, no porque el entrenamiento no había sido eficiente sino porque el reto era acostumbrarse a estos encuentros aún cuando los equipos hubiesen estado preparándose para ello y tuvieran en sus manos -por defecto- a un integrante de la Generación Milagrosa. En el caso de Shutoku, siendo uno de los tantos rivales poderosos, el peso que llevaban a cuestas por formar parte de esta categoría el precio a pagar era de alto voltaje por el cual no importaba tanto el aura fiera que emanaban en cada intervención, influenciaba mucho más el orgullo de pertenecer a los reyes. Como fuera, en su primer enfrentamiento obtuvieron la inminente victoria y ya se encontraban camino a resaltar entre los favoritos además de Seirin y aquellas escuelas conocidas por sus estrellas.
Shintaro miró por última vez las gradas donde yacían los complacidos espectadores, no tardando mucho en identificar a aquella cabellera rubia que le prometió ir a ver su partido; su aliento un tanto agitado se fue controlando a medida que descansaba de los bruscos movimientos que se vio obligado a ejecutar dentro de la cancha. Habían anotado menos canastas esta primera vez ya que la escuela rival había mejorado bastante y se las habían arreglado para impedir que Midorima tomara el balón tantas veces como lo habían planeado, de algún modo distrayendo a Takao y acorralándolos a mitad de cada cuarto, aunque al final los puntos terminaran en 98-45 dentro del marcador cuando sonó la corneta. Después de verificar que sus compañeros partían de vuelta a los vestidores, rodeó su cuello con la húmeda toalla que alguno de los jugadores de reserva le había brindado para secarse el sudor y caminó detrás de ellos sin apartar la mirada del sonriente muchacho que parecía estarle animando con aquella reluciente sonrisa, quizás impaciente porque se encontrasen a la salida
—¿Pasa algo, Shin-chan? ¿Estas cansado?— la risueña interrogante del pelinegro logró que Midorima saliera de sus pensamientos, el chico caminaba a su lado con muchas ganas de molestarlo ahora que la emoción del primer partido se había terminado y podían relajarse. Midorima bufó en respuesta, tan sólo pidiéndole que se dejara de estupideces para luego dirigirse al hombre que terminaba de frotar su cuerpo sudoroso con una toalla
—Capitán— Otsubo reaccionó al llamado de su jugador estrella, una mirada de extrañeza posicionándose sobre sus pupilas —Me retiraré temprano
—¿Tienes planes?
—Si
—Muy bien, solo no olvides que tendremos otro partido mañana
Después de volver a asentir, Midorima cruzó la puerta dejando al equipo y a un curioso Takao atrás, quien no había sido informado por Shin-chan de tal acontecimiento pero decidió por hoy ignorarlo, no tenía ánimos de ir tras el peliverde, mucho menos si resultaba que había ido a verse con Akashi, aunque lo dudaba -como su escuela- Rakuzan también debía estar ocupado en sus propios encuentros con otras escuelas en distintos estadios de baloncesto
—¿Y bien? ¿Cómo van las cosas entre tú y él?— la repentina pregunta de Miyaji hizo que Takao se desentendiera al instante, presa del escepticismo
—¿Eh? ¿Me habla a mi?
—¿Y a quién más, imbécil?— se apresuró en articular, ofendido por la mirada confundida del chico de segundo —Te estoy preguntando cómo van las cosas entre tú y Midorima
—¿"Cómo van"? Yo diría que normal, todo a su tiempo— Takao emitió una risa nerviosa en compañía de sus palabras y un gesto de vergüenza plantado en el rostro, como si estuviesen hablando de algo muy intimo
—Pues a mi me pareció que no estaban en sus mejores condiciones ayer— comentó Kimura desde una orilla, metiéndose a la conversación —¿Midorima te ha estado tratando bien?
—No me gusta la manera en que lo dicen, lo hacen sonar como si fuera una mascota
—¿Eh? ¿Takao-san y Midorima-san están saliendo?— les interrumpió uno de los alumnos de primer año que, inevitablemente, estuvo escuchando la platica. El chico Ojo de Halcón le sonrió con torpeza, no encontrando una buena definición de la palabra "salir"
—Yo no diría que estamos saliendo, ni siquiera estaría muy seguro de llamarlo "mi pareja" dado que Shin-chan no es muy bueno para esta clase de cosas
—Pero si hace un momento dijeron que ustedes dos estaban juntos
—Humm~ ya entiendo— agregó Miyaji después de un momento de tomar una pose pensante —Seguramente a eso se le llama... "sometimiento", ¿no es cierto?
—Oh, asi que Takao es como un "sumiso"— apoyó Kimura, Otsubo Taisuke no hizo más que asentir varias veces
—Que asco— Miyaji miró a Takao de forma sombría, quien finalmente había comprendido todo aquello que estuvieron balbuceando, y lo hizo con lujo de detalle
—¡Nosotros no somos así! Dejen de suponer cosas desagradables— exclamó alterado, mientras que los nuevos se miraron unos a otros sin encontrarle sentido a la conversación de sus superiores.
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Pese a que ese encuentro había sido acordado desde dos días atrás, Midorima se sentía extraño de acompañarse con quien se había detenido ante una maquina expendedora en su recorrido para comprar alguna bebida azucarada, después de que regresó no pudo hacer más que aceptar el ofrecimiento aunque el sabor de aquella colorida lata no fuese de su agrado
—Estuvieron genial, me refiero al partido de hace unos momentos— mencionó Kise nada más por cortesía, buscando un tema de conversación con su callado amigo, el cual apenas respondió con una frase pequeña respecto a la virtud de sus adversarios —Por un momento creí que Shutoku estaría en apuros, mira que cortar sus estrategias tan bien
—No podemos esperar partidos fáciles después de lo que ocurrió el año anterior
—Cierto, también estuvimos a punto de perder orgullo en nuestro partido inicial. Mis senpais me regañaron bastante— dijo y después bebió de la lata de refresco que llevaba en las manos, permitiendo al silencio volver a reinar sobre su atmósfera mientras iban camino a uno de los parques cercanos donde el baloncesto callejero debía estar más que activo a esas horas. El sol del atardecer comenzaba a lanzar sus rayos rojizos contra el firme pavimento, reflejándose en las ventanas de las construcciones comerciales de cada calle y avenida
—¿Hablaste con Kuroko?— cuestionó Midorima de pronto, sorprendiendo a Kise pues no era común que fuese él quien guiara la platica hacia esa dirección, supuso que debía ser culpa de aquella "inquietud" de la que habían hablado la última noche. Sonrió, derrotado, recordando el fatídico día que tuvo el valor de ver al peliceleste de frente luego de todo lo que sucedió entre ellos
—Bueno, no puedo decir que me fue bien con él pero tampoco me fue tan mal, ¿sabes? Kurokocchi podrá comportarse frío pero, para estos casos, es muy sensible
—¿A qué te refieres?
—Me dijo que no estaba molesto por lo que sucedió, incluso me agradeció que le contara mis sentimientos pero, al parecer, es muy tarde para mi lograr algo con él— Midorima lo miró de reojo con atención, percatándose de la mirada aún dolida que emitían los mares dorados que Kise tenía por ojos —Me dijo que le gusta alguien más y, aunque no quiso decirme su nombre, yo ya sé quien es, lo intuyo, quizás lo supe desde siempre por eso buscaba superarle en su deporte favorito
Midorima volvió la mirada al camino sintiendo malestar tan solo por escuchar aquellas palabras pues no había tardado tampoco en dar con la imagen de la persona de quien Kuroko debía estar enamorado, incluso alguien como él lo había intuido desde el principio, cuando la mirada destrozada y anhelante de Kuroko se posaba en la ancha espalda de su As en Teiko, del hombre por quien la determinación de Kuroko por vencerlos había intensificado
—Me sorprende que sabiendo eso aún poseas la mirada de un cazador— Kise miró al peliverde con sorpresa, aunque más específicamente por el sobrenombre que le había dado —Esa noche me dijiste que te habías rendido por completo pero, ahora que te veo, no pareces estar realmente resignado a continuar como un amigo para Kuroko
—Cielos, no sabría si tomarme tus palabras como un halago o insulto, tienes una manera muy especial de decir las cosas, Midorimacchi
—No seas ingenuo, jamas me causaría orgullo ver a un idiota orillarse a la ruina
—Dices eso pero creo que ambos nos encontramos en un peligroso punto de crisis en nuestra vida amorosa— el peliverde apenas consiguió ahogar una replica pues la sonrisa un grado maliciosa de Kise se había aparecido para recordarle su mediana suerte del día —¿Has progresado en tus sentimientos hacia Akashicchi o Takao-kun?
—Como te lo dije, mis ideas al respecto no han podido aclararse. Pensé que saldría de este problema si ponía algunas cosas a prueba pero al final terminé creando un nudo ciego que ya no puedo desatar
—Eso ya lo comprobé. No esperé que aceptaras reunirte conmigo después del partido así que deduzco que ya no puedes hacer nada por tú cuenta, ¿verdad?— pudo haber negado esta verdad, excusarse con cualquier cosa tan sólo para salvar su orgullo pero Midorima no pudo hacer más que acomodar sus anteojos. Era vergonzoso aceptarlo pero necesitaba la ayuda de alguien, no podía seguir entre la oscuridad sin una batería con la cual iluminar el camino de la nítida alcantarilla donde había caído por culpa de su indecisión —Bien, no conozco muy bien a tú compañero Takao pero he notado que es una persona muy liberal, me sorprende que se haya tomado la molestia de acercarse a alguien como tú con intenciones amorosas
—Y no es sólo eso... — Midorima agregó pues, si iba a permitir que el rubio lo ayudara, debía darle los detalles —... él ya sabe que también estoy relacionado con Akashi de esta manera
—¿Eh?— Kise sintió a su sangre helar y su piel erizarse como puercoespin, había esperado que la situación fuera mala pero no a tal grado
—Debido a que ambos lo saben su manera de actuar se vio afectada y parece ser que han tenido un encuentro no hace mucho
—Espera, ¿estas diciéndome que aún en esta situación sigues saliendo con los dos? ¡Pensé que eras mejor que eso, Midorimacchi! Me decepcionas
—¡No te lo dije para que me denigres con tus estúpidos insultos!— la paciencia de Midorima estalló como estalla un globo lleno de agua al chocar contra la superficie dura, algo que no duró demasiados segundos. El joven lanzador de Shutoku empujó sus lentes tragando duro su saliva, afectado por la pequeña liberación, aunque sus emociones actuales eran mucho más caóticas que aquello —No fueron mis intensiones que la relación entre ellos y yo terminara de esta manera
—En serio no tienes remedio, Midorimacchi— exclamó el rubio entonces, liberando un pesado suspiro y dejándose caer sobre un banco de hierro que yacía en la zona del parque donde se detuvieron. Habia demasiadas cosas qué pensar, Kise comprendía que las acciones inocentes de su amigo se habían transformado en un circulo vicioso y sabía perfectamente que este debía disiparse o se convertiría en algo peor sino se propiciaban cambios pues la pasividad de Akashi o templanza de Takao no duraría mucho, era peligroso esperar que se acabara. Fue en ese momento que una conclusión repentina hizo facto en el cerebro del rubio. Levantó la cabeza —Oye, Midorimacchi, cuando uno de ellos quiere besarte, ¿cómo reaccionas?
—No creo que necesites saber eso— dio a saber Midorima evadiendo su mirada, incomodo por la naturaleza del interrogante y tal vez avergonzado
—Supongamos que en estos momentos quiero besarte, ¿de qué manera me corresponderías?
—¿A qué viene eso ahora?— cuestionó claramente alterado bajo una mascara de neutralidad
—He sabido que, dentro del amor, existen quienes necesitan de una segunda persona para darse cuenta de lo que realmente sienten por la otra por eso me preguntaba, si resulta que tus sentimientos por ellos son los mismos, entonces quizás necesites a una tercera
—Eso es absurdo— replicó volviendo a empujar sus lentes, ocultando bajo sus dedos el tinte rosado que había aparecido en sus mejillas a causa de su indecente imaginación. Tenía suficientes conflictos en su vida diaria como para involucrar a alguien más en el triangulo amoroso que se había formado
—Lo será para ti pero, para mi, tiene mucho sentido
—¿Qué clase de sentido torcido le encuentras?
Tras sus palabras, Kise Ryouta se levantó de su asiento logrando un ligero -y casi involuntario- sobresalto de parte del peliverde quien no hizo más que mantener sus ojos encima del chico que acortaba la distancia entre ellos con lentos y cuidadosos pasos, como si temiera cruzar una linea invisible que no debía ser perturbada por alguien que solo trata brindarle una mano al herido
—Un sólo beso no hará que se incline la balanza, ¿cierto?— Midorima no respondió, se había quedado mudo ante la cercanía de aquellos ojos dorados —Es obvio que yo quedaré fuera de la competencia en cuanto entre pero estoy seguro que te ayudará recordar a quien es dueño de tus sentimientos
—Kise, esto no es...— la voz compuesta de Shintaro desapareció y su aliento se cortó justo en el instante que labios ajenos invadieron su zona de confort, el cuerpo entero del peliverde simplemente se paralizó, quedando rígido como roca; tal vez no había creído capaz a Kise de besarlo en pleno sitio publico, quizás jamas lo había considerado suficiente determinado a tomar las riendas de la situación sin consideración o culpa pero ahora había comprobado que era muy diferente a él. Los labios inmóviles de Midorima finalmente respondieron al beso,se acompasaron a estos y a su ritmo sin pensarlo más tiempo, olvidó que esa boca pertenecía a Kise mientras sus manos se movían a profundizar el gesto, plasmando en su mente la imagen de otra persona, sin duda la menos esperada hasta para él mismo y sin darse cuenta de la mirada aterrada de alguien que se había quedado petrificado tras presenciar la manera en que accedía al contacto.
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El exquisito sonar del violín que invadía la quietud del ambiente brotaba con suma pasión, adueñándose de cada sombra, de cada masa contemporánea erguida a nivel del suelo. Notas graves y agudas se combinaban en una sola brindando un armonioso sonido, consecuencia de una melodía envidiable para aquellos otros instrumentos que no alcanzaban el grado de dificultad, despidiendo delicias en cada movimiento bien ensayado de su muñeca. Akashi no se inmutó por la mirada atenta de su padre y siguió tocando a sabiendas que había pedido ver el resultado de todas aquellas noches de practica a solas en la sala de música, buscó concentrarse de la mejor manera en lo que estaba haciendo pues cada idea innecesaria era arrancada de su sistema el mismo instante que se atrevía a invadir su mente, aquello debía verse perfecto, nunca forzado ni tampoco tenso, la música clásica se trataba de transmitir pureza y fusionarse con ella como un ser inmortal además de que Akashi le tenía un desconocido respeto imposible de disipar a estas alturas; inconscientemente las canciones en piano de Shintaro le habían hecho despertar un gusto mayor a las duras practicas que el mismo pelirrojo había intentado abandonar y tomado un sabor distinto cada vez que sus dedos se enlazan a la fina madera del instrumento. Pronto el clímax se fue acercando y Masaomi había visto en las facciones relajadas de su heredero la intensión de ofrecer un toque único a la sonata: el sello inconfundible de un integrante de la familia Akashi, algo indudablemente delicioso para oídos que supieran diferenciar entre caprichos del artista en cuestión y el verdadero arte
—Haz mejorado, Seijurou, te felicito. Continua así— halagó Masaomi apenas frenando el impulso de aplaudir orgulloso pues el niño, que alguna vez fue su hijo, había madurado más rápido de lo que cualquiera esperaría, incluso él que muy profundamente se entristecía de los tantos años que ya habían pasado
—Gracias, padre— asintió el menor con sinceridad ya que al fin se consideraba alguien digno de ello, desde que había vuelto a la superficie estaba orgulloso de tener un padre como el suyo, aunque antes hubiese cuestionado sus métodos ahora se daba cuenta de que estos no fueron del todo incorrectos
—Hace unos momentos mencionaste que el día de mañana irías a Tokyo, ¿no es así?
—Así es
—¿Te importaría comprar un ramo de flores de vuelta? El aniversario mortuorio de tu madre está cerca y me gustaría que tú eligieras el apropiado para ella en esta ocasión
Un corto silencio se apoderó del ambiente que rodeaba a padre e hijo, uno que pareció enmudecer cada zona de los alrededores por eternos instantes en quietud
—Está bien— contestó Seijurou nada más que por simple inercia, siempre había algo que quemaba en su interior cuando alguien daba mención de su difunta madre
—Puedes retirarte
—Con su permiso— Akashi se giró sobre sus talones hacia la salida, surcó los pasillos hasta su recamara y al fin se permitió mirar en la pantalla de su celular una llamada perdida de su compañero Reo, a quien, entre platicas, le había prometido contarle los avances que habían sucumbido en su relación con Midorima. Realmente esta clase de temas no se le daban bien para adjuntar en una conversación pero suponía que era necesario para reducir el estrés que acarreaba la misma y es que le aterraba la idea de perder comunicación con Shintaro sino realizaba un buen trabajo, no lo admitiría nunca pero tenía miedo de que sus esfuerzos no fueran suficientes para llegar a su corazón, temía perder y que -por consecuencia- su otro yo se resolviera aparecer de nuevo para tomar el control de su cuerpo y arrebatarle cuanto pudiera pues jamas habían vuelto a conversar al respecto ni tampoco aclarado las situaciones que dieron lugar a tantos conflictos innecesarios. Ya hacían bastantes días que sentía su presencia y su voz riéndose cuando la imagen de Takao llegaba a su mente, sutil pero rencorosa. ¿Acaso podría evitarse? Actualmente, Shintaro era una persona importante en su vida y no podría renunciar a él con facilidad, se había percatando de que ese amor fue firme desde mucho antes que quisiera darse cuenta, desde mucho antes que sus ideas lo volvieran un completo demente y de que nunca quiso lastimarlo en el pasado. Bajó el estuche donde mantenía protegido su violín, dejándolo sobre un mueble especial para este y se dejó caer sobre la cama de espaldas, cerró ambos ojos como si sus intensiones fuesen tomar una siesta y dejó a una de sus manos acariciar desde su pecho hasta su estomago, sintiendo la necesidad de recordar aquellos besos que había compartido con Shintaro y el dulce sabor de sus labios que solían tornarse agresivos cuando los roces se profundizaban. Seijurou jamás había experimentado sensación similar desde que tenía memoria, ¿sería un síntoma de locura el pensar tantas veces las mismas imágenes y sentimientos una y otra vez? Era absurdo pensar en cuánto quería verlo, aún después de que ya estaba acordada la cita y esos días que hacían falta se harían nada con todas las ocupaciones que tenía
—Shintaro...— pronunció sin darse cuenta, sobresaltándose y sonriendo a la quietud en respuesta, en verdad se estaba volviendo alguien insano, un enfermo sin medicina o curación y se sentía extrañamente feliz. ¿Takao sentiría lo mismo? Despertó de su ensueño apenas puso en mente tal cuestionamiento, de un movimiento se levantó de la cama deshaciendo la cómoda posición en la que pudo incluso haberse dormido, intentando encontrar explicación a tal pensamiento, el cual parecía provenir de otra mente pues, aunque se sintió intimidado por los sentimientos de Takao, jamas había puesto en sus neuronas la idea de cómo Kazunari se sentiría respecto a Shintaro. Su mirada viajó hacia diversas direcciones dentro de su recamara, buscando al culpable como si fuera a verlo manifestado de pie frente a él; se sintió helado, de pronto aterrado de su propia existencia.
Desde el principio habían existido dos Akashi pero jamas alguno había sentido miedo de las acciones que realizaría el otro.
Continuara...
Notas Finales: Siento lo de la penúltima escena, debía sacar el MidoKi de mi sistema a la de ya. Es peligroso ver posibilidades de otras ship (?)
