Regresión

Decir que mi cabeza no se podía encontrar más perdida, es quedarme corta. Sentía las potentes puntadas en mi mente, atacándome sin piedad. Como si quisieran evitar lo que estaba por hacer.

No me importó, no me importaba una merde nada. Lena había desaparecido por mi culpa, eso era lo único importante.

Pateé con tanta furia la puerta principal del cuartel del simio, que terminó tumbada sobre el suelo. De inmediato una alarma empezó a sonar.

Sin perder un segundo, traspasé todas las barreras de seguridad. Nada iba a detenerme.

Una segunda puerta que ya conocía, llamó mi atención.

Es esa...

Había usurpado tantas veces junto a Reaper su cuartel, tal como dijo Lena, que perdí la cuenta. Conocía a la perfección el camino.

Posicioné el rifle, y disparé. Sabía de antemano que ese mural no se iba a abrir con facilidad, así que extendí el largo de mi rifle, y volví a disparar, logrando que este por fin se derrumbara. Al instante el estupefacto simio me recibió, en una clara posición de defensa.

-¡Widowmaker!

Su voz sonaba igual de poderosa y grave que siempre, fastidiosamente grave.

Fruncí el ceño, y apresuré los pasos hacia él, bajando el rifle en el acto. Pero parece ser que mi acción en son de paz no le fue suficiente, ya que se dirigió hacia mí a los saltos, con una obvia intención de atacarme.

Choqué los dientes, impaciente. No había un puto tiempo que perder.

-¡Simio idiota, detente! ¡No he venido a pelear!- esquivé sus ataques en precisas diagonales, para luego saltar por encima de su cabeza -¡Attendez!

-¡A mí no me engañas!- se volvió hacia mí con rapidez y atrapó mi cintura con solo una mano -¡¿Qué es lo que quieres?!

Me retorcí en el agarre -¡S-Salvar a Tracer!

Sus ojos se abrieron de par en par, al mismo tiempo que su aferre se debilitaba -¿Qué... estás diciendo?

-Bájame y te lo explicaré, no hay tiempo que perder.

Lo meditó unos segundos, titubeante. Mis pies, de repente tocaron el suelo. Me sorprendió que accediera tan fácil a mi petición. Ahora estaba más que comprobado que este tipo frente a mí era su mejor amigo. Alguien que no quería perderla.

Aún así, su mirada seguía brillando de una amenazadora forma. Por supuesto se la devolví, desafiante.

Después de que repare el acelerador, lo mataré.

Así es. Nadie puede saber que había caído tan bajo como para terminar pidiéndole ayuda a un agente de Overwatch.

-¿Qué pasa con Lena?

Extendí el brazo y le entregué una pequeña bolsa, sin mutar mi seria expresión -Esto pasa.

Él la sujetó, sin quitarme la vista de encima, para luego abrirla. Sus ojos saltaron de sus órbitas -Esto es...

-El acelerador.

-No... son los restos de él.

-Oui.

Volvió la atención a mí, y debo admitir que el destello rojizo que empezó a inundar sus ojos, me asustó.

-¿Qué le has hecho?- musitó, chocando sus colmillos -¡¿QUÉ LE HAS HECHO?!- Se abalanzó hacia mí y arrebató mi cuello en la acción.

-¡Tú... TÚ!

Apreté la mandíbula. Su aferre me estaba asfixiando -Sí, fui yo... ¡Pero no hay tiempo para vengarte ahora!

-¡Maldita!

Atajé su brazo y lo apreté con rudeza -¡R-Regrésala!

Sus pupilas se ampliaron, desconcertadas -¿Qué...?

Cerré los ojos fuertemente, mientras lograba soltarme del agarre -¡REGRÉSALA!

De la nada misma terminé estampada en el suelo, como si de un milagro se tratara. Me había dejado en libertad. Supongo que mi incoherente petición fue la razón.

Lo observé desde mi posición. Su gesto mostraba una clara confusión.

-¿Por qué tú...? ¡Tú fuiste quién lo destruyó! ¡¿Por qué quieres que lo arregle?!

Impaciente, me puse de pie y atrapé el cuello de su ropa -Escucha, mono imbécile, o la regresas o te mato aquí mismo. No me importa que seas su amiguito.

Se quedó pasmado, observándome. Pero poco pudo mantener su mirada en mí. Esta comenzó a descender, ignorando por completo mi brutal acto.

-Acaso... ¿Eres tú, Amélie?

Mi pecho me golpeó con rudeza, tanta, que juré que iba a salir despedido -¿Q-Qué dices?

-No puede haber otra razón... debes ser tú. ¿Por qué querrías salvarla sino?

Reforcé el agarre, sintiendo una sensación de pánico absoluta, que se filtraba en mi mente -¿Y por qué Amélie querría salvarla?

De verdad... quería saberlo. Él parecía conocer mi pasado, y eso no tenía sentido.

Se silenció unos segundos, inquietándome. Sus parpados comenzaron a apagarse con lentitud, y en el mientras tanto, mi frustración estaba a punto de tocar fondo.

-Porque estoy seguro que Amélie amaba a Lena.

Mi mandíbula decayó, y mi mente se estancó en ese preciso instante -No... -Las rodillas me traicionaron, dejándome asentada en el suelo -No... eso no es cierto.

¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por... qué?

¿Tracer lo sabe? ¿Por eso se fijó en mí? ¿Por mi antiguo yo, y no por el actual? ¿He sido... traicionada?

-... ¿Dónde está Lena?

Fruncí los dedos contra el piso, incapaz de levantar la cabeza -Desapareció luego de que destruí el acelerador.

-Tú... maldita.

-Lo soy, ciertamente... estoy maldita.

-No sabes lo que has hecho, y mira como lo has dejado- lo detallé de reojo. Por un momento pensé que iba a llorar mientras contemplaba el destruido artefacto -Aunque tenga arreglo, no sé dónde ni cuándo, ella...- su voz se entrecortó, provocando que me incorporara un poco.

-¿Simio?

La saliva quedó atragantada en mi garganta, al contemplar como pequeñas lágrimas estaban recorriendo su peludo rostro. No me equivoqué, colapsó.

Eso solo me asustó más. ¿Tan grave era la situación? ¿Jamás iba a poder volver a verla? ¿Arruiné su vida?

Sonreí para mí, con lástima. Por supuesto que la arruiné, desde ese preciso momento en el que puse el ojo en la mira, la arruiné. Las consecuencias de estar a mi lado finalmente estaban saliendo a la luz. Yo... no merecía estar con ella.

-¿No vas a matarme?- susurré, cabizbaja.

Volvió la visión a mí, inexpresivo.

-Básicamente envié a tu amiguita a otra dimensión. ¿No crees que al menos debes desquitarte?

-Lo dices como si desearas la muerte...

- ...

-Pero no puedo hacerlo.

-¿Huh?- Me puse de pie y lo encaré. Mi frente no se podía encontrar más fruncida. ¿Me estaba subestimando?

-¿Pourquoi?

Desvió la mirada, esquivándome -No puedo hacerlo si la persona que tengo frente a mí se parece a Amélie.

En un impulso, atajé su cuello con ambas manos, ahorcándolo -¡Yo no soy ella! ¡Yo no... ya no puedo...!- mi cabeza se derrumbó, afligida -Ya no puedo ser ella...

Mis emociones se encontraban descontroladas, más que nunca. No podía sosegarme.

-Lo sé, no lo eres. Conozco a la perfección lo que te hicieron, no es algo que se vaya con el tiempo, es algo permanente. Pero veo que Tracer aún no lo ha recordado... debí haberlo imaginado.

¿Aún?

Clavé los ojos en él, ansiosa. Estaba perdiendo los estribos. -¿Ella lo sabe? ¿Sabe quién soy?

-Lo sabía, mejor dicho. Ahora ya no.

-¿Qué quieres decir?- aferré más su peludo cuello -Explícate.

Sofocó un sonido. Si no me controlaba iba a terminar matándolo antes de averiguar la verdad, y de que reparara el puto acelerador.

-N-No puedo decirte detalles. Lena me hizo p-prometerlo hace mucho tiempo.

Mis comisuras temblaron, impotentes -No entiendo nada. ¿Ella lo sabe o no lo sabe? ¡Si no está enterada no tiene sentido que te haya hecho prometerlo!

-No diré nada, Widowmaker- atajó mi brazo, generando que lo soltara -No me digas que incluso ahora... siendo lo que eres, ¿Te gusta?

-¿Siendo... lo que soy?

¿Por qué? ¿Por qué todos parecían conocer la verdad detrás de mi historia? ¿Por qué yo nunca quise conocerla? ¿Por qué... todo era tan difícil de repente?

Quisiera... dejar de sentir. Todo era más fácil así.

-Vete, Widowmaker. Tú ya hace mucho que no estás calificada para estar al lado de Lena.

Regresé la visión a él, disgustada -No me digas que hacer, idiote. Podría matarte aquí mismo.

Me dio la espalda, todavía con las partes del acelerador en su mano -No, no lo harás. Quieres que ella regrese, al igual que yo... al igual que todos. No entiendo porque deseas eso... pero no puedes negármelo.

Entreabrí los labios para hablar, pero nada emanó de ellos.

-Si milagrosamente puedo hacer que Tracer vuelva, ni se te ocurra volver a acercarte a ella. Solo le causas dolor, lo hiciste antes y lo haces ahora.

Antes...

Apreté los puños con fuerza, intentado controlar el padecimiento inexplicable que me estaba atacando. No saber que estaba sucediendo, me estaba desquiciando.

-Vete. Qué la próxima vez que te vea sea en el campo de batalla y no aquí. Y cuando ese momento llegue...- se giró hacia mí. Sus ojos otra vez se encontraban rojizos, pero claramente, estaba conteniendo su ira -Allí... te mataré, no permitiré que sigas haciéndole daño.

Le mantuve su iracunda mirada unos largos minutos, para luego soltar un pesado suspiro y regresar los pasos hacia la puerta.

-Arréglalo, simio, o serás tú el que muera- atiné a decir, antes de salir por esta.

La lluvia, que hacía un rato se había calmado, volvió a caer. Esta atravesaba mi piel, fría. No la sentía, ya no sentía nada.

Mis pies apenas podían desplazarse. No tenía ni la energía para lanzar el gancho y desaparecer de allí, que era lo que anhelaba. Los efectos de la inyección estaban desapareciendo, mi cuerpo volvía a retorcerse de dolor, y mi mente no podía estar más detenida.

Solo sentía una profunda tristeza, tanta, que mi pecho me apretaba, sofocándome. Pensé que iba a dejar de respirar.

Pero yo... ¿Realmente estaba respirando? ¿Estaba viva? ¿Quién soy... yo?

Elevé la vista hacia el oscuro cielo, dejándome empapar por aquellas gotas que se fusionaban con mi dolor.

No sé... no lo sé. No sé quién soy, y un lado mío... no quiere saberlo. Nunca quiso saberlo.

Ya no quiero saber... nada.

-/-

No sé cómo llegué a las instalaciones de Talon. Solo sé que me encontraba en mi lúgubre habitación, sentada de espaldas contra la pared y esperando un veredicto por mis acciones. Por ende, esperando a que apareciera mi dueño.

Atajé el hilo que se encontraba sostenido de un trompo de madera, y con la mirada vacía lo enredé en el, para luego soltarlo. Me perdí en el recorrido que hacía, girando casi en el mismo lugar, sin saber qué rumbo tomar.

Así... como este trompo, vivo mi vida. Sin rumbo, sin saber cuándo voy a detenerme, cuando voy a oxidarme.

No recuerdo porqué tengo este juguete, solo sé que cuando desperté hace mucho tiempo en este lugar, ya se encontraba en mi habitación.

Cuando lo sujeté por primera vez en mis manos, una sensación acogedora y familiar me rodeó. Ya era un hecho. No era la primera vez que hacía contacto con ese trompo.

Este, de una titubeante forma se detuvo, hasta terminar tumbado de costado. Lo contemplé, sin energía, sin ganas de siquiera levantarme.

Lena... ella había desaparecido por mi culpa. Y en mi egoísmo, no pude evitar preocuparme primero por si la vería algún día de nuevo, en vez de pensar si se encontraría bien, o en dónde estaría...

Realmente soy... una mala persona.

Nunca me había sentido tan perdida, tan desganada, tan cansada. Estaba harta de todo. Harta de luchar contra ella, contra mí misma, contra todo lo que me rodeaba.

Creo que ni todas las inyecciones del mundo podrían lograr que volviera a ser lo que era.

Lo único que podría hacerlo es...

Ascendí lentamente los ojos, cuando el ruido de la puerta entreabriéndose me despertó. Mi odioso dueño se asomó por ella, cubierto por esa ya conocida y maquiavélica mascara.

Sonreí de soslayo, para luego reír por lo bajo.

Sí... lo único que podría hacerlo es... otro acondicionamiento.

-Amélie...- extendió su mano hacia mí -Es suficiente, pequeña. Ven conmigo, ya no tendrás que sufrir.

Detallé su mano, embelesada y cansada... realmente, muy cansada.

La verdad incompleta que me había enterado... la desaparición de Lena, mi ser retorciéndose de sufrimiento. Todo era inaguantable.

-Has hecho un buen trabajo en desaparecer a Tracer... pero lo que yo te pedí, fue que la mataras. Supongo que eres consciente de lo que conllevará esta falla de tu parte.

Las lágrimas se escaparon de mí sin darme cuenta, y mi susurrante sollozo hizo eco en aquella habitación.

No podía más con esto. No merezco volver al lado de ella... solo la arruinaré aún más. Lo mejor que puedo hacer...

Lo que debo hacer...

-Lo que tienes que hacer es...

Es desaparecer. Es revivir a la vieja Widowmaker.

La sujeté, y me reincorporó con una sutileza poco común en él. Con la cabeza gacha, me dejé llevar por su caminar, que sabía bien a dónde se dirigía. A esa sala que solo me trae aterrorizantes y difusos recuerdos.

A esa sala a la que entró Amélie, y salió de ella siendo Widowmaker.

El odio transitaba por mis venas. Había vuelto aquí para vengarme, pero ahora no solo lo odiaba a él, sino que me odiaba más a mí misma, y eso me paralizaba.

Era yo la que debía ser ejecutada, no solo él. Yo era la persona que más había lastimado a Lena. Y ella... era la única persona que pudo darme felicidad, al menos por escasos períodos.

Siquiera pude devolvérsela como se debe. ¿Pero por qué me sorprende? No estoy hecha para dar felicidad, sino para destruirla. Ese era mi deber.

Basta de esto. No quiero sentir... ¡No quiero sentir más!

Me destruye, me descompensa... no puedo así. Soy un arma, me crearon con ese único cometido.

Un arma no puede amar. Un arma no debe amar.

Pero entonces por qué... ¿Por qué tu sonrisa sigue apareciendo en mis pensamientos? ¿Por qué te extraño tanto? No debería ser capaz de sentir esto.

¡No debería ser capaz de sentir nada!

Mi única misión era matarte, y terminé... enamorándome de ti.

Ascendí un poco la vista, y me topé con una gigantesca espalda -Talon... ¿Por qué puedo sentir esto?

Se detuvo en seco, antes de abrir aquella perilla que definiría mi final.

-¿Por qué puedo sentir amor?

-¿Amor?- rió -El amor no existe, Amélie, es solo una ilusión.

-¿Lo es? Entonces...- desvié la mirada, perdiéndola en un punto invisible -¿Las ilusiones deben doler así? ¿Por qué me siento de esta manera?

-Tu único problema es ese. Estás sintiendo, y eso te está destruyendo. ¿Por qué piensas que decidí opacar esa parte de ti?- se volvió hacia mí y atajó mi mentón -Quise salvarte, pequeña. El dejar de sentir es el mejor regalo que pudiste recibir.

Mentiroso, asquerosamente... mentiroso

Sorprendiéndolo, delineé una tenue sonrisa -Yo fui feliz sintiendo, Talon. No me arrepiento, aunque eso esté por acabarse.

Se silenció, dándome la espalda de nuevo.

-Pero no te voy a negar que ya no puedo soportar el otro lado del sentir.

-Ese es el lado que quise evitarte, Amélie; La tristeza.

Hipócrita. Si no fuera por ti... no padecería esto. Quiero matarte, quiero destruir cada célula de tu repugnante cuerpo. Eres peligroso para Tracer, pero más... lo soy yo. Es urgente que yo sea eliminada.

Aunque suene contradictorio, siendo solo un arma que no siente seré menos amenazante para ella, que quedándome a su lado en un bipolar estado. Confío en este plan de respaldo, en esta última alternativa, ya que sé... que cuando cometa de nuevo una acción imperdonable, su deber le ganará a su corazón y finalmente me destruirá. Sé que lo hará, ella es la única que puede liberarme.

Sonreí para mi, inmersa en mi tristeza.

Tú eres una verdadera heroína, petite. No permitiré que mueras... no permitiré que tu confianza en mi te traicione. No podría perdonarme el matarte mientras duermes, al ser poseía por mi otro yo. ¿No es más fácil solo elegir un camino? Uno que te haga decidirte y eliminarme. Uno que te haga aborrecerme.

Este es mi camino, el camino hacia la destrucción. El tuyo, mi fiel y querida némesis, es el camino del heroísmo.

Aquí... nos separamos.

Entramos en aquella oscura habitación, que estaba solo alumbrada por fosforecéntes y verdosas luces. Varios médicos cubiertos por un ennegrecido ambo la irrumpían.

Los observé de reojo. Ellos ya estaban preparados de antemano. Talon planeó esto a la perfección. Lo sabía todo. Sabía que iba a volver a ser yo, sabía que iba a desmoronarme por lo que hice... el maldito lo sabía todo.

La camilla estaba preparada, los artefactos punzantes y eléctricos a su lado también. Mientras hablaban entre ellos, supongo que preparándose para su misión, me apoyé sobre la pared y me perdí en el techo.

Talon ni se molestó en cerrar la puerta con el cerrojo. Él era consciente de que yo no quería escapar, sabía que solo quería aliviar mi dolor, y que esta era la única forma de hacerlo.

Olvidar todo...

Cerré los ojos y me resbalé por ella hasta quedar sentada en el suelo, cabizbaja. No podía encontrarme más ensimismada, más perdida en mi incógnito ser.

Y como si mi mente me jugase una mala y cruel pasada apropósito, en mi espera, esta me dirigió directamente a uno de esos recuerdos que aún son difusos; Mis principios en este lugar, y la primera vez que vi a Lena.

Aunque ahora que lo pienso, intuyo que ella no lo recuerda. No me sorprende, ya que luego de ese encuentro, yo... cambié, por ende, todo cambió.

Pero yo... no quise hacerlo. De verdad... yo no quería cambiar.

-/-

-¡Ve a la base subterránea y espera ahí hasta recibir nuevas órdenes!- escuché a través de mi intercomunicador.

-Entendido.

Con una impresionante rapidez, corrí... corrí con todas mis fuerzas. No podía utilizar el gancho ya que me encontraba prácticamente en el desierto.

Era una de mis primeras batallas contra Overwatch, luego de que me condicionaran. Aún me encontraba un poco inestable. Mi corazón todavía no había sido expuesto en su totalidad a tal tormentoso experimento, pero mi mente sí ya estaba lo suficientemente fría como para actuar sin remordimientos.

Pero hoy puedo decir... que no tan fría como me gustaría haber estado. Todavía era... demasiado humana.

Me deslicé por un túnel escondido entre el arena, hasta aterrizar en una base secreta abandonada. Esta era una pequeña habitación. La ventana estaba tapada a medias con tableros de madera, la luz del sol apenas se asomaba debido a lo profundo que me encontraba. Sillas destruidas, tazas tiradas en el suelo, eran la única decoración.

-Vaya base secreta- me dije, arqueando una desilusionada ceja.

Me apoyé sobre el único mueble en pie, que se trataba de un escritorio apegado a la ventana, y detallé mi vestimenta grisácea y negra. Mí no tan largo cabello, resguardado en una coleta, se deslizó por mis hombros cuando me incliné.

En mi pierna derecha había un rasguño insignificante, provocado por un bala. Traté de cubrirlo con unos vendajes, pero este continuaba sangrando a través de estos.

Tan insignificante no resultó ser.

-Merde... no pude esquivarlo. Maldita francotiradora- regresé la visión a la ventana y traté de ver por ella -Pero... dudó, no falló apropósito. Yo estaba en la mira, ¿Por qué falló?

Un estruendoso e inesperado sonido proveniente del túnel por donde entré, me hizo alzar la mirada automáticamente.

Abrí los ojos de golpe al contemplar como una desalineada joven que poseía un traje azul y blanco, se deslizaba por este hasta aterrizar de culo en el suelo.

-¡Ouch!- se refregó el trasero, obviando por completo mi presencia. Era menor que yo, de eso no había duda. Si mis cálculos no eran erróneos, tal vez, unos seis o siete años menor -Mataré a Mercy, ¡Me dijo que el aterrizaje iba a ser seguro!

Fruncí el ceño, atajando mi rifle al instante.

La insignia de Overwatch...

No era la primera vez que veía a esa muchacha... estoy segura.

Todas las veces fue a través de mi visor, antes de disparar, pero no podía equivocarme... era ella. La única que me provocaba un incoherente titubeo antes de apretar el gatillo. Mi dedo no era capaz de dejar de temblar en esos encuentros, desquiciándome, y sus ojos... siempre se mostraban vulnerables al notarme a lo lejos. Nunca entendí el porqué, y esa cuestión provocó que mi curiosidad creciera.

Sin embargo, ahora parecían dispersos, diferentes... inocentes. Como si nunca me hubiera visto. En los minutos posteriores, confirmé esa teoría.

Finalmente parece que notó mi presencia, ya que se incorporó de inmediato y estampó la espalda contra la pared -¡Carajo!- se sobresaltó -Me asustaste...

Quedé enmudecida por unos segundos, pero luego, no pude evitar reír por lo bajo debido a su graciosa reacción.

Elevé la mano con inocencia, y la saludé -Salut.

Pestañeó reiteradas veces, algo asombrada. No obstante, poco tardó en dedicarme una sonrisa de oreja a oreja -¡Hiya!

El silencio nos irrumpió mientras continuábamos observándonos de una desconfiada pero al mismo tiempo, divertida manera. Ambas éramos conscientes de que nos encontrábamos en plena guerra. Y no me refiero solo a nuestras mutuas organizaciones. Al menos tres más desconocidas se encontraban ahí afuera, pero solo una se destacaba por ser nuestro fiel némesis.

-¿Escondiéndote del enemigo?- cortó el pesado ambiente.

-Oui, ¿Y tú?

-¡Wow, francesa! ¡Oh, yo también me estoy resguardando! Que agradable coincidencia.

-mmm... ¿Y tu enemigo es...?

Dudó antes de pronunciar aquel nombre que por supuesto, yo ya conocía bien -Talon, ¿Y el tuyo?

Acaricié la punta de mi rifle, para luego sonreír ensombrecida -Overwatch.

El silencio no se apiadó de nosotras de nuevo, no obstante, nuestras sonrisas no desaparecían. Y como si las dos estuviésemos sincronizadas, en un abrir y cerrar de ojos, ambas elevamos al mismo tiempo nuestras armas y nos apuntamos.

-¡Rápida!

-También tú.

-¿Sabes qué esta es la base secreta de Overwatch? ¿No te parece suicida meterte en campo enemigo?

Elevé una ceja, confundida -Non, esta es la base secreta de Talon.

Hizo una mueca bastante graciosa a mi parecer -Estás bromeando.

-Para nada.

En un acto que me desconcertó, bajó las pistolas, llevó una mano a su corto cabello y se lo refregó -¡No podemos ser más idiotas! ¿Qué mierda pasa con el temita de la información?

No sé porqué, pero yo también bajé mi rifle -Me lo dices a mí... estoy en la misma que tú.

-No puedo creer que ambas corporaciones eligieron el mismo lugar como base secreta. Es casi...- cubrió su boca, opacando una carcajada -... gracioso.

Una leve risa se me escapó también, lo cual de por sí, ya era extraño -Lo es, ciertamente.

De verdad, lo era. Esta situación no tenía ni pies ni cabeza.

Volvió sus grandes y marrones ojos a mí. Parecía estar analizándome, al igual que yo a ella.

¿Debo matarla? Supongo que sí, es mi enemiga... vio mi rostro. Debo hacerlo.

Recargué el rifle. El sonido que hizo provocó que me observara penetrantemente.

-Hey, no es que quiera parecer cobarde, pero no creo que pelearnos entre nosotras ahora sea adecuado. No saldrá nada de ello.

Sonreí de lado, arrogante -Tarde. Tus palabras solo reafirman tu cobardía.

-¡Te dije que no es eso!- comenzó a acercar sus pasos, alertándome.

De inmediato me aparté, quedando atascada contra la pared de una esquina. Admito que tal vez reaccioné por puro instinto. No sé porqué, pero algo me decía que me alejara de ella, pero también... había cierto atractivo que no podía evitar notar.

Me miró de reojo, traviesa -No voy a matarte... no es necesario que te alejes.

-Pero yo sí a ti.

-Espera a que termine este lio en el que estamos metidas- trató de visualizar a través de la ventana, perdiendo de vista mis ojos.

¿No tenía miedo de que la eliminara en su distracción?

Esta chica es... extraña.

-Como te dije, no tendría sentido matarnos mutuamente si estamos resguardándonos. La verdadera batalla vendrá después- se volteó hacia mí, desafiante -En la superficie demostraremos quién es la mejor.

Arqueé una ceja, desconfiada -Sabes que te ganaré.

-¿Huh? No me conoces.

-Te he visto a lo lejos, fille relámpago- me animé a acortar la distancia, obedeciendo a su petición.

Noté como se tensaba un poco. Eso solo me drenó de una gratificante sensación. Pasmándola aún más, quedé frente a ella y rodeé con los dedos su acelerador -¿Es este el juguete que hace que te muevas tan rápido?

Clavó la atención en él -Oh, sí. ¿Es genial, no?

-Tan confiada... te borraré esa sonrisa cuando podamos salir de aquí.

-¿Eso significa que estás de acuerdo con mi idea?

-Mí idea. Pensé en esa estrategia desde que te vi caer de culo, ya sabes, tenerte de rehén...

-¡Hey, no sabía que ese túnel tendría tantas vueltas!

-Yo aterricé como toda una bailarina.

Infló los cachetes, en un puchero. Me deleité en demasía con esa imagen, pero poco tardé en derivar la mirada al suelo, con una potente molestia en el pecho acompañándome.

¿Por qué yo estaba actuando así? Tan... amistosa. No tenía sentido. Yo no era amable con nadie, siquiera con mis camaradas.

-Como sea- se cruzó de brazos -Ahora solo resta esperar.

-Eso parece- la imité, apoyándome otra vez contra la pared.

Ella se sentó sobre el escritorio y regresó la visión a mi -¿Tú nombre?

Otra presión para nada bienvenida, me irrumpió. No sé porque esa pregunta siempre me generaba un tedioso malestar.

-Widowmaker.

-Encantada, Widow. Soy Tracer- extendió su mano hacia mí, pero no la tomé. Solo atiné a esquivar su poderosa mirada, inexpresiva.

-¿Acaso los franceses no saludan así?

¿Por qué es tan confianzuda? ¿No se da cuenta de a quién tiene en frente?

La regresé hacia ella, mientras una inadecuada y muy mala idea se asomaba por mi mente. De verdad... esta chica despertaba mi adormecido lado travieso. Era perfecta para divertirme.

-Non.

-¿Y cómo lo hacen entonces?

Me incorporé de la pared, dibujando una seductora sonrisa que sé que captó, porque se achicó en el lugar.

Caminé hacia ella, que atinó a retroceder unos pasos, y atrapé sus pecosos cachetes -Así...

Incliné un poco el rostro, ya que su altura era bastante más baja que la mía, y besé su mejilla, para luego repetir la acción, besando la otra.

Pude sentir como la piel que estaba rozando subía su temperatura, pero también pude percibir como su afrodisíaco aroma se impregnaba en mis sentidos. Mis labios se despegaron de esta, pero fui incapaz de soltarla. Sus ojos, sorprendidos, me tenían hipnotizada

-¡Y-Ya entendí!- se deshizo de mi agarre, nerviosa -Vaya manera de saludar...

-¿No te gustó?

-¿H-Huh?

-Nunca nadie se quejó.

Desvió el semblante, avergonzada -Me imagino el porqué.

En respuesta, sonreí de una fingida e inocente forma -Imaginas bien. Por tu acento intuyo que eres británica.

-Intuyes bien- colocó ambas manos sobre su cintura, orgullosa.

-Una asquerosa británica.

-¡Oi! ¿Cuál es tu problema con mi país?- me señaló.

-¿Guerra de los cien años, te suena?

-No puedo creer que aún haya gente tan anticuada como tú...

-Lamento serlo.

Arrugó la frente, indignada. Acción que solo provocó que riera de nuevo.

-Solo es una broma, tranquilízate- le resté importancia, mientras le daba la espalda y caminaba hacia la pared frente a ella. Me deslicé por esta hasta quedar asentada en el suelo -Pareces bastante fácil de irritar, me tenté.

Siguió con la mirada todos mis movimientos -Ja... resultaste ser más habladora de lo que pensé- Se dio la vuelta. Ahora solo podía vislumbrar su delgada espalda y su...

Abrí los ojos, curiosa.

-Intéressant trasero... para ser tan pequeña- medité en mi mente, incapaz de entender cómo podía estar teniendo ciertas indecorosas ideas.

Como si de un gato me tratase, gateé hasta ella, que aún se encontraba de espaldas, y quedé a la altura de aquella voluptuosa parte que llamó mi atención.

Flexioné las rodillas, quedando asentada sobre estas y llevé la mano a mi mentón, pensante. Lo analicé cuidadosamente.

Parece que notó mi abrumadora energía, ya que volteó su rostro y alzó ambas cejas, asombrada -¿Qué haces?

-Examino.

-¿Mi trasero?

-Oui.

Los colores subieron velozmente por su rostro -¡A-Aléjate!

Eso dijo, pero fue ella la que se apartó varios pasos, dejándome estancada en el lugar.

Elevé un poco la mirada, desconcertada -¿Pourquoi?

No entendía que tenía de incorrecto mi actuar... es decir, no había hecho nada malo, ni le había tocado un pelo.

Me miró, perpleja -¿En serio me lo estás preguntando? ¡Estás...! Agh, que importa. Solo aléjate.

Bufé por lo bajo. Lo suficientemente bajo como para que no me escuchara, y volví a mi posición contra el paredón. Percibía cierta frustración dentro de mí, y no comprendía la razón.

Las horas pasaron, y no dijimos ni una palabra en el medio. Para mi gran sorpresa, ella se durmió, parada.

Oui, parada. Hasta babeaba y todo.

Denominarla extraña ya me quedaba corto. Es decir, ¿Quién en su sano juicio se duerme frente a su enemiga?

De repente, se sobresaltó en el lugar cuando oímos una estridente bomba estrellándose cerca de nosotras. Yo no me moví de mi sitio, pero ella atinó a maldecir y apoyar las manos en el escritorio. Elevó un poco el cuerpo con sus brazos, para visualizar mejor la parte más alta de la ventana, que era la única dentro de todo descubierta.

-Mierda, ¡No puedo ver nada!

Lo que ella no sabía, es que esa posición me dejó en primer plano de nuevo, su bien formado y redondo trasero. Un instinto desconocido se apoderó de mí en ese momento, tanto, que incluso me obligó a ponerme de pie.

Caminé hasta ella, tratando de hacer el menor ruido posible y en un impulso atajé su cintura por detrás.

-¡O-Oi!

-¿Qué pasó ahí afuera?- dije, con inocencia, para luego inclinarme un poco sobre su cuerpo y apegar mis curvas a las suyas, apretando su vientre con suavidad en el acto.

Giró su rostro hacia mí, encontrándose con la picarona mueca que me adornaba. Ella sonrió con un obvio nerviosismo -Me estás... asustando un poquito, luv.

-¿Por qué?- musité, apoyando el mentón en su hombro, y apegándola más contra mí.

-¿C-Cómo qué por qué?

Reí sobre su oído, estremeciéndola -Podría asustarte más si lo deseas...

No entendía para nada mi propia acción, ni mi actuar. No tenía sentido. Pero por alguna extraña razón, no podía parar. Era casi adictivo continuar con ese juego.

-Ooook...- desvió la mirada, mientras una pequeña gota de sudor se resbalaba por su frente -Entendí, ahora suéltame.

-¿Pourquoi?

-¡Deja de preguntarlo así!

-¿Así?

-C-Con ese acento.

Quedé ensimismada en su retraído y sonrojado estado.

Realmente... esta chica...

-Te noto un poco incómoda, chérie.

-¿Chérie?

En un rápido movimiento se dio la vuelta, encarándome. Poco tardó en tratar de escapar, pero de inmediato la acorralé con mis largos brazos, apoyando las manos en el escritorio. Su cuerpo quedó temblante, entre el mío.

-¡Déjame ir! ¡Claro que estoy incómoda!

Me mordí el labio, impaciente. La situación, quién sabe la razón, me estaba entusiasmando en demasía -¿Y puedo saber el porqué?- acerqué peligrosamente mi rostro al suyo.

Abrió los ojos de par en par, para luego señalarme, irritada -¿Cómo qué por qué? ¿Te has visto en un espejo? ¡Eres condenadamente hermosa!- soltó, sin pudor alguno, lo cual provocó que mis ojos la imitaran -Y yo...- derivó la mirada al costado, ruborizada -... Soy condenadamente gay, por eso... es incómodo.

Una arrogante sonrisa se instaló en mis labios en un segundo. Y en un acto que terminó por descolocarla, atajé su mentón y lo levanté, obligándola a mirarme -Así que tiras para el otro lado... interesante. Para mí no existen tales lados, pero está bien.

-¿Q-Qué?

-La atracción es atracción y punto, ¿No crees?

-¿Huh?

-Si te gusta lo que ves enfrente, ¿Por qué negarte?

Frunció el ceño en respuesta -Como se nota que eres francesa...

Reí un poco por su afirmación.

-Como sea, lo más incómodo aquí es que eres mi enemiga, así que si fueras tan amable de soltarme...

Totalmente en contra de su idea, atrapé sus piernas y la alcé, dejándola sentada sobre el escritorio. De inmediato me sumí en medio de ellas, y la apreté más contra mi cuerpo -No lo haré, eres toda una mosquita revoltosa, me agrada.

-¿M-Mosquita? ¿Y tú qué eres entonces, una araña o qué?

Aquel termino provocó que aflojara un poco el agarre. Había dado en el blanco, y en consecuencia, mi mente también quedó en blanco por unos cruciales instantes.

-Sí, lo soy.

-Oi...

Con intenciones de callarla, empecé a acortar la distancia entre nuestros labios, pasmándola. Pero antes de que ella llegara a quejarse por mi intrépido movimiento, otro estruendo se escuchó. Ambas pasamos la vista a lo poco que se podía divisar.

-Falta poco...

-Sí.

De repente, nuestros intercomunicadores sonaron al mismo tiempo. Nos miramos, perplejas. Yo fui la primera en atrapar el mío, seguida por ella.

-¡Widowmaker!

-¡Tracer!

-¡Sube a la superficie, ahora!- dijeron al unísono, aquellas voces.

El recreo se había acabado. Era tiempo de volver a luchar.

Con una titubeante lentitud, penetramos la visión la una en la otra. Pero ahora nuestros ojos no chocaron de forma cómplice, ni traviesos, siquiera expresivos. La seriedad irrumpía nuestros rostros.

De inmediato nos alejamos. Ella atinó a patear la ventana, destruyéndola, y comenzar a disparar hacia la superficie, creando un camino de vuelta a esta. Si podíamos vislumbrar la luz del sol, significaba que no estábamos tan hundidas.

Yo la observaba, meditando el momento adecuado para aprovechar su plan y utilizarlo en su contra. Cuando la luz empezó a hacerse más poderosa, lancé el gancho hacia arriba, esperando a que se adhiriera a alguna superficie, lo cual hizo. Al segundo me dejé llevar por él, no sin antes lanzarle un beso burlón de despedida.

-¡Hey!

Activó su acelerador y me siguió. En el recorrido nuestras miradas se encontraron, mientras nuestras muecas se transformaban en una desafiante.

-Te veré en el campo de batalla, chérie. Fue todo un gusto conocerte.

-Te olvidarás de querer jugar conmigo cuando te haga pedacitos, Widow.

Ambas saltamos hacia la superficie al mismo tiempo, y cada una tomó su propio camino. Yo corrí lo más rápido que pude hacia mi derecha y ella se dirigió velozmente, gracias a ese mágico artefacto, hacia la izquierda.

No pude evitar girarme un poco en medio del trayecto y detallar su huida. Sabía que iba a volver a verla y también era consciente que cuando lo hiciera... yo ya no sería la misma.

Y así fue. Porque ese día, pasado un año, volví encontrarla. Mi rostro ya se encontraba tan pálido y casi azulado como el mar, lo que quedaba de mis emociones se había esfumado, y mi cuerpo tiritaba de entusiasmo, anhelando enfrentarse con un verdadero contrincante.

Ella me contempló desde lo alto de un edificio, con una seria expresión -Has matado a uno de mis compañeros...

-Sí- me limité a decir, observándola desde lo bajo, sonriente.

-Pensé que eras diferente.

Solté un burlón bufido, y estiré el brazo hacia su dirección, dejándome llevar por el gancho, hasta quedar asentada frente a ella. Delineé una macabra mueca, regocijándome con la suya, que se mostraba desilusionada.

-¿Diferente, cómo?

Apagó los párpados con un pesar que pude notar, para luego alzar sus pistolas contra mí -Ya no importa.

La imité, amenazándola con mi rifle -Ven... Chérie.

Vagamente recordaba nuestro encuentro en esa base secreta. El acondicionamiento, el cual continuaron aplicándome durante todo ese año, había sido exitoso. Su rostro apenas se me hacía familiar. Y yo... ya nada quedaba de mí.

Ahora solo era una enemiga más. Una enemiga... que sin saberlo, pronto se convertiría en mi perdición, y de nuevo aflojaría mis emociones.

La prueba fue que con el paso de los años, de forma muy inconsciente... ambas empezamos a limitarnos a jugar la una con la otra. Sonrisas traviesas que iban y venian, comentarios desafiantes que ocultaban un deseo. Miradas que brillaban con un sentimiento que no debíamos tener. Disparos que no llegaban a nada. Lenta y dolorosamente, fuimos desistiendo de terminar con la existencia de la otra. Nunca dijimos nada, no era correcto revelar tal cosa, tal error... y en mi caso, no comprendía que sucedía, solo me parecía divertida la situación.

Pero cuando ella por fin me lo planteó... cuando me dijo que no deseaba matarme, mi interior, confundido y sorprendido, gritó lo mismo. En ese instante, comprendí que la única mosca aquí... era yo.

-/-

Entreabrí los ojos, nostálgica.

Quién iba a decir que en este momento recordaría esas perdidas memorias... el día que te conocí.

Es casi incoherente y malévolo que mi mente me haya llevado hasta ese tiempo. Porque ahora... estoy dudando.

No quiero olvidarte... y no quiero volver a ver la decepción en tus ojos. Me da terror el solo pensar en no volver a verte... y me da pánico pensar que estuve unida a ti cuando todavía era... humana.

Yo... realmente, ya no soy la de antes, no puedo volver a serlo ni me interesa. Pero aunque no lo creas, me encontré a mi misma gustosa con mi propio ser... cuando estaba a tu lado.

Delineé una tenue sonrisa, al pensar aquello.

De repente, dos brazos atajaron los mios y me reincorporaron a la fuerza. Derivé la visión a ambos lados, detallando a los médicos que me estaban poniendo de pie.

-Es hora- escuché con delay, a Talon.

Apreté la mandíbula, con el miedo en ascenso.

No...

-Pónganla en la camilla.

N-No...

Aquellos brazos me dirigieron hacia ella, y yo... no era capaz de reaccionar. Me sentía demasiado debil, mi cuerpo no respondía.

-Amárrenla.

Me tumbaron en esta, sin delicadeza alguna, y al instante ataron mis manos a los costados, al igual que mis pies.

Un asfixiante aferre en mi cuello generado por una correa de cuero, se hizo presente, mientras mis pupilas se ampliaban, aterrorizadas.

-E-Esperen.

Los pasos de talon se acercaron hasta quedar a mi lado. Con una tortuosa lentitud se quitó la máscara, y me detalló sonriente, desde lo alto.

-Ya no hay nada que esperar.

No... no quiero esto. Lena... ¡No quiero olvidarla!

-¡Talon, por favor!- rogué por primera vez en mi vida, clavando mi asustada mirada en él.

Negó con la cabeza, intensificando mis miedos -Shh... pequeña- puso un dedo entre mis labios -Mientras más pelees contra esto, peor será. Ya deberías saberlo.

Esta vez fui yo la que con lágrimas en los ojos, negó con desesperación -¡Por favor!- repetí, tratando de liberar mis muñecas y mis pies -¡No quiero esto! ¡Estoy bien! ¡No lo necesito!

-¿Pero qué estás diciendo?- rió entre dientes -Claro que lo necesitas. Estuviste de acuerdo, ¿Recuerdas?

-¡Me equivoqué! ¡Estoy bien! P-Por favor...

Mi voz se quebró, al contemplar como ciertos cables eran instalados en mi sien, mi cabeza y frente.

Mis ojos terminaron asentados en mis brazos, los cuales estaban siendo palmeados, despertando a mis venas. No tardaron en penetrar unas punzantes agujas en mi piel.

Pasmados, mis labios tiritaron -T-Talon...- derivé la visión a él, iracunda, aún tratando de zafarme -¡Suéltame malnacido! ¡Te mataré!

-No lo haré. Déjate llevar, Amélie, como siempre lo has hecho. Ah... - soltó un placentero jadeo -Esto me recuerda a las viejas épocas... tú y yo, construyendo a una nueva persona... a la gran Widowmaker.

No podía parar de temblar. Prefería morir antes de dejarme someter de nuevo a esta tortura. ¿Cómo se me ocurrió que esto podía solucionar las cosas? ¿En qué merde estaba pensando?

Lena... ella no podrá vencerme si desaparece lo poco que me queda de humanidad. Yo... esta vez de verdad la mataré...

-No, no de nuevo... por favor, ¡No de nuevo!- giré mi rostro de un lado a otro, exasperada.

Era consciente de que era la primera vez que me mostraba tan vulnerable y patética. Pero ya nada me importaba... nada. Estaba a punto de desaparecer, y por primera vez en mi vida no deseaba hacerlo. Había alguien esperando por mí, alguien que me apreciaba a pesar de lo que era...

Alguien que anhelaba con todas mis fuerzas porque regresara.

Como si la vida no me pudiese dar más la espalda, su última petición antes de desvanecerse, apareció en mi mente.

Vive como tú quieras...

Choqué los dientes, intentando controlar la impotencia que me rodeaba.

Lena...

-Enciéndanlo.

No... ese aparato no... ¡Ese maldito aparato no!

Observé de reojo como uno de los médicos bajaba una palanca. Pero sabía de antemano que ese no sería mi peor castigo. Talon me aseguró eso cuando de sus manos descubrió un punzante, largo y filoso elemento, acompañado de un pequeño artefacto que parecía un martillo de metal. Sabía bien lo que eran esas cosas. Mis memorias, horrorizadas, me lo estaban recordando.

-Señor, ¿Lo hará a la antigua también?

-Por supuesto. Si quiero que surja efecto, debe ser así. No dejen de liberar las ondas electromagnéticas y cuando yo lo diga, auméntenlas.

Mis ojos se abrieron, hasta quedar en esa posición por largos minutos. Mi mente estaba en blanco, mis muñecas seguían temblando pero ya no las sentía. El terror me estaba cegando.

-N-No...- apenas pude pronunciar.

-Lobotomía en proceso- oí ya en un eco a uno de los doctores, mientras empezaba a sentir una leve descarga eléctrica que atinaba a subir desde mis pies, en los cuales se encontraban impregnados otros odiosos cables, hasta mi cabeza.

-Amélie, no te preocupes. Sabes que sé hacer esto a la perfección... y pronto, tú también podrás volver a ser perfecta, tal como yo. Pero para eso... es necesario borrar lo que eres ahora mismo, y así... podrás liberarte- acarició mi semblante, que no se dignaba a reaccionar -Mi perfecto juguete.

Apuntó aquel filoso objeto directo a mi frente, mientras sentía como mi pecho se oprimía, asustado, y mis latidos aumentaban, descabellados.

-No...

L-Lena...

-¡No!- mis lágrimas se resbalaron por mis mejillas. Las pude sentir, frías, heladas como la nieve misma.

Lena...

-¡DÉJAM-MMM!- mi boca fue sellada por una cinturón de cuero, imposibilitandome incluso que pudiera emanar los alaridos de dolor que se avecinaban.

-No necesitarás anestesia. Sabes bien que parte del acondicionamiento se trata de las duras experiencias que debes vivir... esto será solo el principio.

Es todo. No puedo escapar... ¡No puedo!

-Vaya, Widowmaker... realmente te pareces mucho a Amélie en este momento. No te preocupes, pronto volverás a ser el arma definitiva que tanto amo.

Mordí con toda mi fuerza el cinturón, gruñendo en la acción.

-Ahora, segundo nivel.

Otras dolorosas ondas eléctricas empezaron a recorrerme con más ímpetu, antes de contemplar como el punzante objeto se dirigía directo hacia mí rápidamente.

Abrí los ojos de par en par, y lo que quedaba de mi corazón, saltó de mi pecho.

¡Lena!

Un seco impacto se plantó en mi frente, adormeciéndome con una agonía indescriptible. Al instante percibí como mis ojos giraban hacia atrás, y algo dentro de mi cabeza se removía.

L-Lena... lo siento. No podré cumplir... mi promesa.

Lo último que llegué a escuchar... fue una tenue conversación, que en mi ahora perdida mente, parecía una alucinación.

-Vías nerviosas destruidas.

-Prosigan.

-Lóbulo temporal intervenido.

-Continuemos con el parietal y frontal. Aumenten las ondas.

-Señor, ¿Está seguro que sobrevivirá? Su cuerpo está muy débil.

-Por supuesto que lo hará, ¿Acaso no ven su relajado semblante?

Sentí una muy vaga sensación sobre mi piel.

-Contemplen esa mirada... ¿No es hermosa?

-Lo es, señor.

¿Lo... es?

-Señor... su ritmo cardíaco disminuye.

-Perfecto.

-No, no me refiero en ese sentido. Está disminuyendo en demasía.

-¿Cómo? No es posible...

¿Hermosa, yo? ¿Quién... soy yo?

-¡Denle oxígeno, ahora!

Yo solo soy... un arma. Un artefacto creado para la destrucción.

-¡Su cuerpo rechaza el oxígeno!

-¡¿Cómo puede ser?! ¡No tiene sentido!

-¡Paro cardíaco avecinándose en aproximadamente dos minutos!

Un arma...

-¡RCP, ahora!

-¡No funciona, señor!

-¡Traigan el desfibrilador externo, ya!

Yo... estoy desapareciendo... por fin.

-¡Primera descarga! ... ¡No reacciona!

-¡Apliquen una segunda!

-... ¡Sigue sin reaccionar!

Por... fin

-¡Tercera!

-¡No está preparada para eso! ¡Apenas respira!

-¡Reinicien el maldito aparato y apliquen una tercera!

Lena... perdóname.

- ... ¡Sin reacción!

-Imposible...

-Señor, creo que...no quiere volver.

-¡Volverá, aunque no quiera hacerlo! ¡Cuarto impulso, ahora!

-¡Es peligroso! ¡Está al borde de la muerte!

-¡Háganlo!

No, no me despierten, solo quiero... dormir.

Quiero dormir para siempre.


Pero la puta madre (disculpen mi vocabulario ?) como me costó escribir este capítulo, sin quebrarme en el medio. No crean que me emocioné por mis propias palabras, ni ahí. El causante fue pensar en todo lo que pudo pasar la pobre de Amélie... y no era mi intención retractarlo en este fic, pero por como va a seguir la historia me di cuenta que era necesario hacerlo.

No sé; crudo, horrible. Me partía en dos mientras escribía. Si ya sé, parezco muy emocional... ¡Pero es que lo soy! ;( Y pensar que este tipo de experimentos existían (y todavía existen en algunos lugares) imperdonable. Una bajeza de la humanidad, como otras tantas.

¡Peeeero! La historia sigue, así que superando este momento de mierda, ¡Vamos para adelante que todavía hay cosas por descubrir!

Muchas gracias gente linda por seguir este pesado (lo admito) fic de nuestras queridas chicas. Perdón por tardar tanto, es que sabía que tenía que escribir un capitulo fulero y tenía resistencia, porque era obvio que de lindo nada iba a tener.

¡Los leo en el próximo! Y prometo un capitulo un poco menos denso.

Malasuerte79: ¡Muchas gracias por leer! Me alegro que ames mi fic, y... ¡No te mueeeras, no te mueeeeras! que esto sigue, al menos un poco más. Lena tuvo sus motivos para no contarle a Widowmaker su penoso secreto, pero de eso te vas a enterar quizás en el próximo capítulo ;) Te leo en el prox, entonces! Besos!

Disarmed96: ¡Muchas gracias por leer! ¡Jamás la voy a abandonar! Admito que tardo un montón en continuarla (peeerdoóón) A veces se me complican los tiempitos. Que bueno que puedas meterte tanto en la historia. Cuando la empecé a escribir no pensé que iba a terminar tan profunda, era un capricho nada más hacerlo, pero básicamente me encariñé con mi propio fic xD jajajaj por ende, la inspiración me drenó (? Gracias de nuevo, y te leo en el prox, besos!

Nacht-Reader: ¡Muchas gracias por leer! jajajajaj tu comentario me estalló xD. Es tal cual como decís. Widow la armó en grande (? Esperemos que Winston puede arreglar esta cagada. Te leo en el prox, besos!

Plagahood: ¡Muchas gracias por leer! Que bueno que te siga gustando, y sí, esperemos que Tracer pueda regresar! Te leo en el prox, besos!

JLucky13: ¡Muchas gracias por leer! Me alegra muchísimo que tu regreso haya sido gratificante gracias a mi fic, de verdad. Estos aplausos siento que no los merezco, porque nada más soy una aspirante a escritora, que escribe básicamente lo que quiere y de la forma que quiere, y muchas veces sale cualquiera de eso jajaja por eso te agradezco mucho los halagos, son un gran incentivo. Voy a tratar de publicar más rápido el prox capítulo, así que te leo en ese! Besos!