Once


-¿A dónde irán de luna de miel?- preguntó Mercedes, ayudándome a guardar mi ropa en una maleta.

-Australia y de ahí nos pasamos a Inglaterra.- comenté, como si fuese lo más natural del mundo.

-Suertuda.- murmuró, un poco celosa.

-Prometo que te traeré algo, amiga.- sonreí.

-Esta princesa ya quedó lista.- dijo mi madre, entrando con Sofi al cuarto. Acababa de bañar a la niña y la llevaba envuelta en una toalla.

-Mamá, ponle crema en el cuerpo antes de que la vistas, por favor.- pedí.

-Quinn, mañana es tu boda.- dijo Mercedes de pronto, como si acabara de descubrir algo.

-Ya sé.- reí.

-No, no, no. ¡Mañana te casas!

-Ya lo sé, Mercedes…

-¿Y qué haces aquí?

Mi madre y yo la miramos confundidas.

-¡Deberías estar emborrachándote! Disfrutando tu último día como soltera.- solté una carcajada, aquello era un disparate.- Vamos Quinn, hagamos tu despedida de soltera.

-¿Ahorita? No creo que sea prudente.- y era cierto, pasaban de las 12:00am…

-Mercedes tiene razón.- espetó mi madre de pronto, terminando de vestir a la niña.- Ve y diviértete, ve a tomar, a bailar, ¡qué sé yo! Pero disfruta el momento, hija. Que sólo pasa una vez en la vida.

Suspiré. Probablemente tenían razón y quizás sí me arrepentiría de no hacerlo.

-Pero mañana tengo que levantarme temprano y chequear que…

-¡Ohh basta! Déjame a mí los deberes y ve a disfrutar tu noche.- farfulló mi madre quitándome una blusa que traía en las manos.

-Excelente. ¡Vamos amiga!- Mercedes me jaló del brazo y sólo alcancé a agarrar mi bolso que estaba sobre el peinador al salir.

Me llevó a un bar que se veía decente. Agradecí el hecho de que Sam se hubiera quedado con Mike.

Al entrar un hombre alto y robusto nos pidió nuestros nombres y nos dio dos máscaras que dijo, necesitábamos ponernos para poder pasar. Cubría la mitad de mi rostro.

-Espera…- farfulló Mercedes antes de dirigirnos al bar.

-¿Qué?

-Vamos al baño.

Fuimos allá. El lugar estaba lleno de gente y la fuerte música apenas y nos permitía escuchar lo que se decía casi a gritos.

-Bien, te daré, lo que llamamos en mi ciudad, una mano de gato.- dijo.

Apenas y alcancé a entender cuando me quitó el broche del cabello, dejándolo caer por la espalda. Me quitó la blusa de botones que traía haciéndome quedar sólo en una negra de tirantes y, pidiéndome perdón de antemano, rompió mi falda de manera sorprendente y simétrica haciéndola ver como una minifalda.

Me miré al espejo, parecía una total y completa zorra, y me gustaba.

-Salgamos de aquí.

Fuimos al bar y comencé la noche con una ronda de whiskys. Entre cada trago me iba a bailar un poco.

-Relájate Fabray, es tu noche.- dijo Mercedes al notar que, evidentemente, no me sentía 100% cómoda con lo que estaba haciendo.- Una ronda de tequilas, por favor.- pidió y enseguida nos los sirvieron.

Para la cuarta ronda ya me encontraba, en lo que se conoce como un estado de ebriedad "feliz" en donde no estaba consciente de todo lo que hacía.

-¡Es mi canción!- exclamé al escuchar que comenzaba una versión remix de The time of my life.

-¡A bailar!

-¡Sí!

Ambas, Mercedes y yo, gritamos como locas y moviéndonos al ritmo de la música, nos acercamos a la pista donde empezamos a bailar libremente.

En ese momento todo en lo que podía pensar era en moverme al sentir la canción. Que sé estaba cantando fuertemente también.

De pronto alguien llamó mi atención. Era un hombre, muy alto, a quien todos habían encerrado al centro de un círculo y se movía muy bien. Sin dejar de bailar me acerqué allá y una multitud de personas me aventó, eso, aunado a mi estado de ebriedad, hizo que perdiera el equilibrio y me estampé con aquél bailarín, quien me tomó en sus brazos y siguió con lo suyo.

La gente empezó a corear algo que no entendí bien, pero al parecer querían que bailáramos. Me giré para alejarme y vi a Mercedes haciéndome señas para que me quedara con él. Quien llevaba puesta una máscara cubriendo sus ojos y nariz.

-¡Baile! ¡Baile! ¡Baile!- gritaba todo el mundo.

Se terminó la canción y siguió otra un poco más sensual. Por una extraña razón recordé las palabras de mamá: Disfruta el momento, que sólo pasa una vez en la vida. Y empecé a moverme alrededor de aquél joven, sacudiendo la cadera y la cintura.

Él a su vez no perdió tiempo y ambos iniciamos un baile sensual. En donde cada roce de nuestras manos y otras partes corporales me provocaban sensaciones de placer.

No tengo noción de cuánto tiempo duramos moviéndonos pero sí sé que en algún momento la gente se cansó de vernos y ya todos bailaban a nuestro alrededor. En un punto donde me sentía demasiado excitada por cada roce, lo jalé de un brazo y lo llevé hasta un pasillo que había entre la pista y los baños y lo besé. Devorando con pasión sus labios.

Él no se inmutó ni salió corriendo como esperé que hiciera. Por el contrario me apretó contra su cuerpo y la pared para besarme con más ganas introduciendo su lengua en mi boca. Sentí un calor arder en mi interior y sólo entonces me percaté de que mucha gente que pasaba por ahí nos veía raro.

-Ven.- escuché que él dijo. Salimos del club y caminamos un par de cuadras hasta su carro: un Mustang plateado.

Estaba tan ebria, embriagada por la lujuria y alocadamente divertida que me olvidé de todo en ese momento, dejé que me llevara a un destino no muy lejano de donde estábamos, aparentemente era su departamento. Apenas pusimos un pie en el ascensor volvimos a besarnos para no apagar la pasión. Salimos y por todo el pasillo hasta entrar al lugar nos besamos. Le saqué la camisa dejándola tirada por ahí mientras íbamos a la recámara.

Una vez dentro terminamos de desvestirnos e hice el amor como nunca antes. Aquél hombre me llevó a sentir multiorgasmos y mil cosas que jamás había vivido.


-Mmm…- sentí calor en el rostro, al entreabrir los ojos vi que un rayo de sol se colaba por la persiana de… ¿dónde estaba?

Me giré bruscamente y entonces…

-¡Sam Evans!- grité al verlo dormir a mi lado.

-¿Eh?- apenas y se movió al escucharme.

-¿Qué estás…?- y entonces una película de imágenes cruzó mi mente haciéndome recordar lo que había vivido anoche.

-¿Quinn?- se levantó, tallándose los ojos para despejarse.- ¿Qué…?

Ambos nos miramos sorprendidos sin saber qué decir o cómo comenzar a explicar. Me pareció una locura, ¿podía ser cosa del destino o simple coincidencia? La noche que decidí alocarme, emborracharme y tener sexo con cualquiera había ser resultado la noche que compartiría con mi futuro marido…

-¡Marido!- grité en voz alta.- ¡La boda!

-¿Boda?- preguntó confundido.- ¡Oh no!

-¡Oh sí!- me levanté de un salto y busqué mi ropa para vestirme lo más pronto posible.

-¿Cómo fue que anoche…?

-Creo que, o Mike y Mercedes nos tendieron una trampa, o definitivamente somos el uno para el otro.- dije sin darle mucha importancia a los eventos, lo que me preocupaba ahora era lo que se venía.

-Esa no es una explicación lógica, Quinn.- espetó él, siguiéndome a la sala donde me puse los zapatos.

-Hablaremos más tarde, amor. Tengo una boda a la cual asistir.- sonreí. Me di media vuelta para besarlo y acto seguido, tras dejarlo anonadado y lleno de dudas, me fui del departamento.


Miren, la cosa va así:

No me gusta mucho dejar finales como éste a la imaginación, pero tiendo a ser una mujer predecible y ustedes lo saben bien, mis historias van de lo mismo y creo que muchas veces ya saben lo que va a suceder, por eso me dije: "haré un final impredecible haber si funciona".

Ésto no es lo que esperaba, de hecho la boda era lo que tenía planeado como final pero al venirme la inspiración anoche, luego de un montón de escenas románticas que vi, pensé en éste capi y lo escribí!

En lo personal me pareció divertido, entretenido y un final diferente, como cuando esperas que cierta película o libro termine de una manera y resulta que acaba dejándote muchas dudas e ideas a la imaginación.

Si de plano recibo comentarios de: "PAOLA, ESTÁS LOCA O QUÉ? ESTO ESTÁ HORRIBLE" (jajaja estoy exagerando xD) pues haré de éste capi uno más y escribiré un epílogo como lo que desean. Pero como dije antes, en lo personal me agradó éste para final! :p