Ohayou~ minna-san~!
Deseando que les haya gustado el capítulo anterior. Asimismo, agradezco porque siguen esta y otras tramas. He unificado dos capítulos para extender un poco más el mismo. (*_*)~
Le Début d' une Nouvelle Vie
XII
~ Flash Back ~
Hermoso atardecer. Las nubes se mueven en ese espacioso cielo tan calmadas. Las aves revolotean en las fuentes de aquel inmenso jardín mientras cantan su peculiar sinfonía. Y los florecientes girasoles brillan bajo la refrescante tarde. Entretanto, sentada en el pasto del jardín, se ubica una sonriente niña de unos seis años. Viste un vestido azul, corte A, unas medias blancas que le llegan a las rodillas y unos zapatos del mismo tono que el vestido, y por encima, un abrigo blanco.
Ella olfatea un girasol sembrado en la tierra. Sonrisa. Su largo cabello de una tonalidad entre plateada y lila, resaltando más el plateado, se mece acorde al viento mientras los flequillos cubren sus ojos, pero de repente una fuerte brisa sopló. Ella se levanta y se queda maravillada al ver que está rodeada de un campo de girasoles. – Onii-chan...– empieza a correr, más el viento sopla fuerte impulsándola. La velocidad en la que corre es impresionante, pareciera no ser normal. Se detiene repentinamente, pues la presencia de ese alguien desapareció. Resopla.
Agacha la cabeza. El viento sopla de nuevo, esta vez desde su espalda, meciendo violentamente sus cabellos hacia delante. Abre sus ojos, dejando al descubierto el color de los mismos, rojos como la sangre. Gira sobre sus talones y allí estaba. Un niño de unos seis años con un delicado pelo entre plateado y lila, le mira tiernamente con esos ojos rojos iguales a los de ella. – ¡Onii-chan! – se lanza a los brazos de su hermano mayor.
Él corresponde el abrazo de su pequeña gemela rodeando los brazos alrededor de la cintura de ella. Le acaricia el cabello plateado. – Himeko...– ella abre los ojos y le mira esperando respuesta. Ríen.
Ella le mira divertirse mientras se cubre la boca, evitando que notara su alegre sonrisa, pero ella ya la había visto. – ¡Onii-chan! – antes de continuar, él le coloca un sombrero blanco sobre su cabeza. Ella sonríe ampliamente, dejando relucir sus blancos dientes. – ¿Sabes, onii-chan? ¡Himeko-chan quiere a onii-chan más que a nada en el mundo! – vuelve a lanzarse sobre él abrazándolo de repente, provocando que él perdiera el equilibrio y cayera de espaldas. Ella sobre él. Aprieta los brazos alrededor de la cintura del chico. – ¡Amo a onii-chan! – sonrisa de felicidad.
– ¿Hi-Himeko-chan? – abre sus ojos desmesuradamente. Apoya los codos en la tierra para verla mejor. Ella estaba sumamente feliz acostada sobre él. Entrecierra los ojos, transmitiéndole calidez. Deja caer su cuerpo por completo en el pasto, entonces la atrae más hacia su regazo, sintiendo el calor de ella. Se acomoda de costado para tener sus rostros frente a frente y poder contemplar su tierno rostro. Ella era linda y tierna a la vez. Podía durar horas contemplando aquel suave rostro. Podría hacerlo y eso haría… Sí, la contemplaría. Poco a poco cierra sus ojos, soñoliento.
Ella posa una mano en la mejilla de su hermano. – Onii-chan...– susurra, cerrando los ojos poco a poco. Parpadea con pesar, pero el ver su rostro apaciguado hizo que el sueño desvaneciera. Acerca el rostro un poco más, necesitaba ver sus largas y hermosas pestañas más de cerca.
Él abre sus ojos y para su sorpresa, sus rostros estaban demasiado cerca, a escasos centímetros uno del otro. El rubor cubrió por completo sus mejillas, pues no se imaginaba que ella se acercara tanto a él. Ella sonríe con timidez. No sólo sus mejillas estaban sonrojadas, también las de ella. Se veía tan inocente. El corazón le palpita fuerte y agitado, no puede deducir el motivo, pero siente un calor estremecer su cuerpo al ver sus grandes ojos rojos.
– ¡Himeko-chan gusta de onii-chan! – él no pudo evitar abrir sus ojos desmesuradamente. – ¿Onii-chan gusta de Himeko-chan? – tampoco, él evitó el intenso rubor que cubrió toda su cara. – ¿Eh? – ella entristece al no obtener respuesta.
Él la aparta y se levanta apresurado, se cubre su boca y nariz con una mano, más desvía la cabeza hacia un lado, evitando que ella notara el rubor. Ella se pone en pie y posiciona delante de él, pero él se da vuelta. Sin embargo, ella vuelve a pararse ante él e intenta apartar su mano del rostro. – Hi-Himeko-chan...– se deja caer encogido y se cubre el rostro con más facilidad. Ella toma asiento frente a él. Él aparta sus manos un poco, lo suficiente como para mirarla. Ella inclina la cabeza. Él posa ambas manos en las mejillas de la pequeña. – También amo a Himeko-chan. – susurra, alegre.
Ella junta sus manos. – Entonces, onii-chan será mi novio. – sonríe feliz. Él asiente, ruborizado. El viento sopla fuerte. Como si todo lo dicho fuera gracioso, apoyan su frente contra la de su gemelo y empiezan a reír. Las risas eran encantadoras y se podía escuchar por todo el jardín de flores. No obstante, debido a la cercanía, la risa cesa y como si estuvieran hipnotizados se toman de las manos y entrelazan sus dedos, mientras aproximan sus labios hasta juntarlos en un torpe beso. Él intensifica la unión de manos y la vuelve a besar en los labios, esta vez con decisión.
– ¡Akihiko-kun! ¡Himeko-chan! ¿Dónde están? – les llama una suave y firme voz.
Ellos ríen y se ponen en pie. Sin soltarse de las manos, corren apresurados hacia aquella mujer que les había llamado. Ella tiene un hermoso y ondulado pelo violeta brillante cual cae como cascada y se mece al compás del viento, al igual que los flequillos dejando entrever sus ojos color miel. Ella frunce las cejas al observar las manos unidas de sus hijos. – Etto... Veo que se aman mucho. – cierra sus ojos en una sonrisa nerviosa. – Me alegro que se lleven bien. – dice, un poco preocupada, pero feliz. Mira hacia atrás, luego a ellos. – Miren quién vino a jugar. – los niños observan al pequeño invitado. Un niño de más o menos su edad. Ella se agacha e iba a separar las manos de sus hijos, pero...
– ¡Himeko-chan es mi novia! ¡Nadie me la quitará porque me casaré con ella! – grita Akihiko, con firmeza y halando a su gemela hacia él. Sorprendida, su madre abre los ojos, pues él está receloso de ver a un chico en su jardín. El pequeño hace un tierno puchero mientras abraza a su hermana con fuerza.
– ¡Yo también me casaré con onii-chan! – grita Himeko, segura de sus palabras.
Su madre ríe nerviosa. – Lo siento Akihiko-kun, pero no puedes casarte con Himeko-chan. Tú tampoco, Himeko-chan. – posa mano derecha sobre la cabeza de Akihiko, la otra mano sobre la cabeza de Himeko. Les acaricia el pelo.
– ¿Por qué? – pregunta él, entristecido.
Ella baja la mirada, resopla. – Son hermanos y los hermanos no pueden casarse. – responde ella, siendo lo más comprensible posible.
– Los vampiros sí pueden. – agrega una segunda voz a espalda de su madre.
– ¿Me estás ayudando o no, Yuuhi-san? – pregunta ella mirando a la mujer de cabellos negros y ojos rojos a su espalda, quien se encoge de hombros. Recupera la postura. – No permitiré que mis hijos experimenten esa situación. No lo permitiré.
– Estás exagerando, Anko. Sólo son niños, olvidarán todo esto. Cuando crezcan no recordarán haber dicho algo tan vergonzoso. – responde Yuuhi, totalmente segura de sus palabras, pero lo que ninguna sabía era que esos niños iban muy enserio.
...
Un año después…
La pequeña Himeko de siete años, atraviesa los corredores de aquella mansión en busca de algo o alguien importante vistiendo una simple pijama de una pieza. Su larga cabellera plateada brilla debido a la luz de la luna que se cola por las ventanas. De pronto, un mareo provoca que se apoye de la fría pared. – Okāsan…– siente unas náuseas horribles. – Otōsan…– Se lleva las manos a la boca, queriendo detener las náuseas y los mareos para evitar el deseo de vomitar, pero no podía controlar esa sed. Una sed insaciable que le secaba la garganta.
Apoyada de la pared, sigue caminando a paso lento. Avanza lentamente, ya sus ojos parecían estar agotados, su alrededor se veía borroso. Sus labios se volvieron blancos y el rostro estaba más pálido que antes. Aún así, distingue una puerta al final del corredor. Extiende el brazo izquierdo en dirección a esa puerta, detrás de ésta se encontraba la recámara de sus padres. Si al menos llegara a ella, aunque sus padres no están en casa, podría buscar entre sus pertenencias las píldoras que usan para calmar su sed. Si tan sólo… llegara.
Cae de rodillas. – Onii-chan…– la garganta le duele de tan seca que está. No produce saliva y ya no siente su lengua. Las palmas de sus manos tocan el suelo. – Onii...– sus ojos se van cerrando, fue entonces que vio la silueta de una mujer de hermoso y ondulado pelo violeta brillante cual cae como cascada y se mece al compás de su caminar. Aunque los flequillos le cubrían los ojos, podía distinguir el rojo intenso de los mismos cuando los mechones se mecían. Cae desmayada.
Esa mujer se detiene, se arrodilla y toma a la pequeña en brazos. La apega contra su regazo y se levanta. Estaba a poco de llevar a Himeko a su recámara, pero siente una presencia a su espalda. Es un hombre palidecido, de cabellos plateados y ojos profundamente rojos, lleva una máscara que oculta la parte inferior del rostro, quien permanece allí sin moverse. Ella vuelve la cabeza, entrecierra los ojos. – No tenemos nada más de que hablar. – dice, voz firme y recelosa. – El hecho de convivir contigo es por los niños, pero...– se muerde el labio inferior, clavando sus colmillos en el labio. Gira sobre sus talones. – ¡No aguanto más ésta situación! – grita con desesperación, sus ojos reflejan dolor. Él desvía la mirada. – ¡Odio verte así como estás! – siente una pequeña mano posarse en su pecho.
– Okāsan…– susurra Himeko, perdiendo la consciencia.
Frunce el entrecejo, mirándole con tristeza. Baja la mirada. – Mami está aquí. – da media vuelta y se aleja con la pequeña en brazos.
– Lamento que escucharas nuestra discusión, Akihiko. – dice el hombre de brillante cabellera plateada, sin despegar la mirada del pasillo por el cual la mujer acababa de atravesar. El chico sale de su escondite, con la cabeza agachada. – Tu hermana estará bien, sólo se deshidrató por falta de "comida". – gira sobre sus talones y se aleja, tomando el camino diferente que tomó la mujer.
– Otōsan…– susurra Akihiko, tanto inquieto. – ¿No irás con okāsan? – entrecierra los ojos.
Detiene sus pasos. – Existen momentos indicados y los no indicados. – responde él muy seguro de sus palabras. – Y éste, no es el mejor momento para conversar con ella. – mira a su pequeño hijo, entonces posa una mano sobre la cabeza del niño. – Ahora se encuentra alterada y es por mi culpa, le hice enfadar. – una trise sonrisa se puede apreciar por debajo de la máscara gracias a la luz de la luna. – No significa que tu madre y yo nos separemos, eso no pasará. Ambos nos queremos mucho y somos felices de tenerlos, a ti y a tu hermana. – cierra los ojos en una sonrisa y se marcha, dejándolo sólo.
Akihiko mantiene los ojos sobre la espalda de su padre, quien se alejaba cada vez más. – Himeko…– empieza a correr apresurado en dirección a la recámara de su pequeña hermana. Atraviesa los corredores de aquella enorme casa hasta divisar una puerta. La abre, arriba angustiado. Se desconcierta al ver a Himeko totalmente pálida acostada en la cama y a su madre, sentada sobre la cama al lado de su estimada hermanita, con el cuerpo inclinado hacia delante mientras apoya su frente contra la de ella. Siente una extraña energía fluir del cuerpo de su madre, la cual envolvía el cuerpo de Himeko.
– Himeko-chan…– susurra ella. Una triste sonrisa adorna sus labios pintados de rojo intenso. La extraña energía deja de emanar de su cuerpo. Una de las sirvientas se aproxima a ella, fue entonces que percibió la presencia de su hijo. – Akihiko-kun…– centra los ojos sobre él. – ¿Qué…? – cierra su ojos.
– ¿Se van a separar?– pregunta Akihiko, como si nada. Su madre abre los ojos como platos. – ¿Ya no se quieren? – entrecierra los ojos.
– ¡NO! ¡NO ES ASÍ! – grita desesperada. Al percatarse de su modo de hablar, agacha la cabeza. – No… yo…– susurra, en voz baja.
– Hime-sama…–susurra la sirvienta, esperando por indicaciones.
– Tu padre me ama, y yo a él. Nadie puede separarnos… Nadie. – unas lágrimas caen de sus ojos y se deslizan por sus pálidas mejillas. – Él no puede dejarme así. – se cubre la boca, evitando dejar escapar un gemido. – L-Lo siento, Akihiko-kun…– se limpia las mejillas y le mira sonriente. – Tu padre y yo tuvimos una conversación calurosa, eso es todo. – extiende una mano hacia él. – Ven. – él la toma. Inhala profundo. – No tienes que preocuparte de nada, ¿Bien? – él asiente. – Una vez que dos vampiros sangre pura deciden unir sus cuerpos aunque no haya amor…– ella frunce las cejas y sus ojos se tornan tristes. –…permanecen juntos para siempre. Sólo la muerte puede separarlos.
– Onii…chan…– musita Himeko, dormitando.
Akihiko suelta la mano de su madre y se aproxima rápidamente hacia ella. – Himeko-chan…– agarra la pálida mano de la chica.
– Está un poco débil, sólo necesita "comer". – dice su madre, poniéndose en pie. – Le daré de mi sangre. – avanza un paso, pero al instante siente un terrible mareo e inmediatamente se balancea perdiendo las fuerzas de sus piernas, y antes de tocar suelo alguien la atrapó.
– Hatake-san, debes tener más cuidado. – dice una mujer dos años mayor que ella, de pelo ondulado color negro y unos ojos profundamente rojos, en tono de burla mientras la sostiene con firmeza.
– Yuuhi-san…– susurra la Hatake, un poco sorprendida. Una leve sonrisa surca sus labios. – Deja de llamarme así, no me gusta. – intenta recuperar la compostura, pero sus piernas no le permite hacerlo. La puerta se abre de golpe. Era él, su esposo. – No lo quiero ver. Yuuhi-san, por favor dile que no…– las fuerzas abandonaron su cuerpo, cae desplomada.
– ¡Anko! – grita Kurenai, atrapándola.
– ¿Por qué me siento…? – sus labios se tornan blancos mientras sus ojos miran desorbitados. – ¿…mareada? – parpadea pesadamente.
El hombre de cabellera plateada camina seguro de sí mismo en dirección a su esposa. Se detiene ante ellas. – Te llevaré a la recámara para que descanses. – su esposa desvía los ojos, a poco de perder la consciencia. Le agarra la mano con firmeza y la hala hacia él, luego rodea sus fuertes brazos alrededor de ella. – Perdóname. – la escucha decir: "Déjame sola, por favor", o eso entendió. En seguida siente el cuerpo de ella desplomarse, más la carga estilo nupcial. – Tonta. – ella cierra los ojos.
– Oh, ¿Es así? – pregunta Kurenai, cubriéndose la boca. – Eso explica el ambiente tenso cuando entré a la residencia. – él le mira de soslayo y empieza a caminar. – Kakashi. – el nombrado se detiene. – No la sigas lastimando. Ella es tu pareja ahora, la elegiste por alguna razón. – entrecierra los ojos. – Olvida a esa otra mujer, ella destruirá tu familia. – Akihiko frunce las cejas, preguntándose quien es esa otra mujer. – Piensa en tu esposa. – inhala. – Recuerda que ella…– observando a la mujer en los brazos del Hatake. –…te entregó su amor incondicional. – Akihiko mira a su padre, quien no dice nada.
–Otōs…– empieza a decir, pero él se retira con su madre en brazos. La Yuuhi sale detrás de ellos cerrando la puerta a su paso. Decidido, decide seguirlos apresurado. Atraviesa el corredor a una velocidad incomparable, pues ellos desaparecieron de su vista, puede que estén en el estudio de su padre aunque sería ilógico pensar que estuvieran allí, ya que su madre necesita atención. Pero no meditó en lo último, sólo corre en esa dirección. Visualiza la puerta, sin embargo, antes de atravesarla escucha un fuerte ruido de algún objeto quebrantándose. Un escalofrío recorre su cuerpo.
– ¡Tienes dos hermosos hijos! ¡No los hagas sufrir por tu estúpida inseguridad! – oye gritar a la mujer de ojos rojos que había ido tras su padre. – ¡Tu esposa esperó por ti durante varios años! ¿No crees que sea suficiente tiempo como para que recapacites y correspondas a sus sentimientos? – se escucha una sonora bofetada. – Eso te mereces o quizás debería haberte golpeado en otra parte. – voz furiosa. – ¿Sabes qué? Ya me cansé de tu arrogancia, al creer que ella esperará por ti toda su vida.
Akihiko apoya la oreja contra la puerta. – ¡Es suficiente! – le escucha decir su padre a la Yuuhi.
– ¡No lo es! ¡No hasta que comprendas la situación! – ella grita, con furia y arrebato. – ¡Puedes vivir libre de preocupaciones, pero tu esposa necesita de ti para sobrevivir! – Akihiko entreabre la puerta sin ellos notarlo debido a la calurosa discusión. – ¡Ella no se ha alimentado de nadie más que no seas tú!– su padre abre sus ojos como platos, entendiendo la gravedad de la situación. – ¿Comprendes ahora? – Kakashi se deja caer en el sillón. – ¡Esa mujer está destruyendo a tu familia! ¡Olvídala! – inhala, exhala lentamente para poder calmarse. – Escucha…– apacigua la voz. – Tu esposa no podrá mantenerse estable comiendo sólo frutas, verduras y tomando esas malditas píldoras. Ella necesita de tu sangre, necesita de ti.
– No puedo hacer más por ella, Kurenai. – responde él, totalmente serio. – Se rehúsa a aceptarme. – suspira, harto de la situación.
Yuuhi se arrodilla frente a él. – Se rehúsa para evitar que te des cuenta que eres el único al que puede tocar. – él agacha la cabeza. – Y porque le duele saber que no la amas. – Kakashi pasa sus manos por el rostro. Yuuhi se pone en pie. – La sangre transmite sentimientos ocultos, Kakashi. Será mejor que aclares tu mente antes de que pierdas a tu compañera.
– No sé qué hacer o decirle. – responde el Hatake, indeciso.
– Sólo intenta amarla. – responde ella, con sinceridad.
Akihiko siente una presencia apenas notable detrás de él. Era su madre, quien débil y dificultosamente se mantiene de pie. – Okās…– ella le indica que se mantenga en silencio y le cubre sus oídos, evitando que siga escuchando, pues es lo mejor para él.
– "No la amo". – Ella le escucha decir a su esposo. Entonces atrae a Akihiko a su regazo, le toca el cabello y le regala una cálida sonrisa. No obstante, ella perdió el balance y cae de rodillas.
– ¡Okāsan! – exclama entre desesperado y sorprendido.
Kakashi sale presuroso del despacho y para su desconcierto, se encuentra a su hijo arrodillado y a su esposa desfallecida en el suelo. – No…– susurra sin poder creer que lo dicho por su amiga ha sido la pura verdad. – ¡Anko! – la toma en brazos y mira a Yuuhi, quien asiente. Rápidamente revisa sus signos vitales. Nada. – No…– la acomoda en el suelo, apoya sus manos en el pecho de ella y empieza a impulsar practicando la reanimación en ella. Nada. Plasma sus labios sobre los de ella, dándole respiración boca a boca. Nada. En un acto impulsivo y violento, corta su muñeca izquierda con las uñas de la derecha provocando que la sangre salpicara.
Akihiko abre sus ojos como platos, desconcertado ante la acción de su padre, quien no meditó lo que haría por salvarla. – Será mejor que regreses a tu recámara, Akihiko-kun. – dice Kurenai, luego acaricia el pelo de él y le voltea para que no vea a Kakashi absorbiendo su propia sangre que brota de la muñeca y depositar sus labios sobre los de la desfallecida con el objetivo de darle a beber de la misma.
Akihiko escucha tres palabras que le dejaron totalmente atónito: "No te mueras". Gira sobre sus talones y lo que vio le dejó sin habla. Su padre le desgarraba la ropa a su madre como si estuviera perdiendo el control, o eso es lo que sus ojos veían. La realidad, Kakashi le desgarró la ropa que cubría el pecho para clavar sus colmillos en él. Sacude su cabeza y sale corriendo como alma que lleva el diablo, dejando atrás a su padre reanimando a su madre. Cierra sus ojos mientras algunas lágrimas escapan de ellos. Dobla a la izquierda, atraviesa el corredor con todas sus fuerzas hasta llegar a una puerta. Se detiene observando la puerta. Inseguro, extiende su mano derecha y la imagen de su madre palidecida e inconsciente volvió a su cabeza. Abre la puerta y entra a la recámara, sin pensarlo subió a la cama, en la cual su hermana está dormida y se acomodó a su lado, abrazándola. – Nadie nos va a separar, Himeko. – susurra, luego toma asiento y cierra sus ojos.
Los abre, fue entonces que contempla a su pequeña gemela dormitando calmamente y ahí se percató de lo hermosa que es cuando duerme. Su respiración acompasada hacía que su pecho suba y baja… Su fino y esbelto cuello era tentador y se veía exquisito, por un momento tuvo el deseo de clavarle sus colmillos, pero no quería hacerlo. Es su hermana. Sacude su cabeza. Observa esas largas pestañas y su fina nariz. Su cabello, olía a mil geranios e irradiaba paz, tranquilidad. Y sus ojos, a pesar de estar cerrados, afirman una serenidad inimaginable. Sentía algo latente en él, como si algún sentimiento fluyera dentro de él en ese momento. ¡Cómo desearía poder tocarla! Y... ¿Por qué no? ¿Qué le impedía tocarla al menos un poco? Pues el verla, era como ver a un ángel indefenso.
¡No! Es su hermana gemela. Pero nadie lo descubriría, sólo están ellos dos en esa recámara. Nadie más que ellos dos sabría lo que ocurriría. Así que, poco a poco acerca su rostro al de ella. No sabía qué estaba pasando, ni tampoco porqué esa sensación le quema el pecho. Sin embargo, no perdería a su pequeña hermana, por supuesto que no. Plasmó sus labios sobre los de Himeko en un torpe beso, quien abre sus ojos atónita mientras sentía sus labios ser aprisionados por los cálidos de su hermano. Más ella no intentó romper esa unión, al contrario, entreabre su boca por instinto. Akihiko también entreabre su boca y, lento y sin prisa, mueve sus labios sobre los de ella. Empiezan a degustar y saborear los labios del otro mientras su mente le pedía a gritos probar más de aquel caliente contacto. Ambos cierran sus ojos y la sensación fue más real y gustosa. Él se posiciona sobre ella, le agarra las muñecas y las eleva, luego entrelazan sus manos sin separar sus labios de los de ella.
Sin darse cuenta, pasa su lengua por el labio inferior de ella. Rompen aquel contacto. – ¿Te gusta? – le pregunta Akihiko, mirándola directamente a los ojos. Las mejillas de Himeko se tornan de un rojo carmesí, ella afirma. – ¿Lo intentamos? – ahora las mejillas de Akihiko son las que ruborizan. Dudosa, ella asiente con la cabeza. Aproxima el rostro y deposita sus labios sobre los de ella, esta vez la besa con suavidad, saboreando de sus labios, atrapándolos con los suyos y apretándolos, así constantemente hasta que ella se acostumbrara. Ella corresponde a conocer el sabor de sus labios tomando posesión de su boca como si su vida dependiera de ello, pero se estremeció al sentir la lengua de él delinearle los labios, pero no se separó, sólo abrió levemente la boca y Akihiko aprovechó para introducir su lengua buscando contacto con la de ella, al encontrarla la acarició e intentó dominarla.
Himeko deshace el beso. – Onii-chan...– susurra, más roja que un tomate. Entendiendo, deja caer su cuerpo encima del cuerpo de ella y esconde el rostro entre el cuello y hueco de ella. Ella deja al descubierto sus finos colmillos y los enterró en el cuello de su gemelo.
Akihiko aprieta la unión de sus manos con las de ella, sintiendo un pequeño ardor en su cuello, pero su pequeña necesitaba comer. – Himeko...– deja escapar un gemido. –...chan. – ella aparta sus colmillos, ahora era su turno. Clavó sus colmillos en el cuello de su gemela, sintiendo un incesante cosquilleo en su estómago, deseando con todo su corazón permanecer así con ella.
...
Sentado de perfil derecho sobre el alféizar de la ventana, el joven ya de ocho años lee cuidadosamente un desarrollado libro. La recámara está iluminada sólo por la luz de la luna llena que brilla tan hermosa. Apoya la cabeza contra el marco de la ventana y flexiona la rodilla derecha. Percibe, la luna está más radiante que nunca. Entonces sus ojos rojos empiezan a brillar con intensidad. Mirada seria. Cierra el libro y se pone de pie dejando el libro sobre el alféizar de la ventana. Toma rumbo hacia la cama tamaño matrimonial y sube sobre ella. Ya sentado, cierra sus ojos.
De repente, la puerta se abre de golpe. – ¡Onii-chan! – grita su pequeña gemela, mientras sus ojos brillan a un intenso rojo. Lleva puesto un vestido blanco de poliéster y jacquard con manga larga y cuello cuadrado al estilo clásico y tradicional, en el pecho tiene un adorno en forma de lazo. Además, usa medias blancas y zapatos negros de tacón de plataforma.
Él cierra sus ojos tres segundos, los abre y los mueve en dirección a la puerta. – ¿Qué pasa, Himeko? – el brillar sangriento de sus ojos desapareció, quedando en ellos sólo el pálido color rojo. Observa los ojos de su hermana brillar insaciablemente. Extiende su mano derecha. – Ven. – ella se aproxima con timidez y la toma. Él aprieta su mano y de un impulso la sube en la cama.
Agacha la mirada. – ¿Puedo? – pregunta jugando con sus dedos. Él le responde sonriendo tiernamente. Feliz, ella se arrodilla sobre él posicionando las piernas a sus costados y, toma asiento encima de su vientre. Enseguida acomoda su cabeza entre el cuello y el hombro del chico. – Onii-chan...– aspira su aroma y mientras lo hace, hunde el rostro en su cuello queriendo más de aquella sensación. Empieza a rozar la nariz en su cuello, luego la lengua. – Onii-chan…– pasa la lengua en su cuello, esta vez con deseo. – Me gustas. – el nombrado se ruboriza. Abre su boca mostrando sus colmillos y hunde el rostro en su cuello clavándole sus colmillos lo que hizo que él se estremeciera brutalmente para abrazarla de la cintura.
Akihiko se arquea. Abre sus manos abiertamente y de sus dedos las uñas empiezan a crecer. La sensación de calidez rodea su cuerpo y no se debe a la succión de sangre, no es la primera vez que lo hacen, pues su sed de sangre no se satisfacía con la de cualquier esclavo, sino probando la de él. Pero ese instinto se debe a algo más… Es como si la deseara. Desliza sus manos hasta posar cada una en las posaderas de la chica. Se arquea nuevamente mientras sus colmillos se hacen visibles. Cierra los ojos. – Hi-Himeko…– abre sus ojos como platos, tornándose al anterior rojo carmesí encendido. Ella continúa succionando su cuello. Otra vez arquea el cuerpo con ella encima, estaba perdiendo el control de todos sus sentidos.
Escucha la respiración de él tornarse rápida y violenta. – Akihiko...– mirada lujuriosa. Lo abraza fuerte mientras cierra sus ojos y los aprieta. – Onii-chan...– su cuerpo empieza a temblar. Sonrisa. Él no lo pensó dos veces y, tomándola de las caderas, dieron vuelta quedando sobre ella, quien pensó que le haría lo mismo y sin saberlo, sus intimidades quedaron pegadas a la otra. Equivocada.
Empieza a besarla suave, saboreando sus labios, atrapándolos con los suyos y apretándolos constantemente hasta que Himeko se deja llevar por el beso, cerrando los ojos y correspondiendo, sintiendo la lengua de Akihiko delinear sus labios, abre su boca y él aprovecha para introducir su lengua, buscó contacto con la de ella, enseguida la encontró, la acarició con la lengua y la intenta dominar. Himeko planea abrazarlo por el cuello, pero Akihiko toma la mano de ella, bajándola hasta su cadera. El beso se hace más intenso, abriendo más la boca para tener un mayor acceso. Decide soltarle la mano cuando ella comprendió lo que debe de hacer y ahora lo hace con ambas manos, lo abraza de la cintura.
– Onii-chan...– susurra Himeko, como pudo.
Akihiko detiene su accionar y le mira profundamente a los ojos. – ¿Mejor? – interroga, respirando forzosamente. De repente, un relámpago se pudo escuchar por toda la mansión. Asustada, Himeko abraza a su hermano, quien corresponde. – Todo estará bien. – acaricia su plateada cabellera. – Onii-chan estará toda la noche con Himeko-chan, ¿Sí? – ella asiente. Una tierna sonrisa surca los labios de él al tenerla entre sus brazos.
...
Día nevado…
Los jardines de aquella tradicional casa estaban cubiertos de aquella blanca y hermosa capa de nieve. El frío se intensificaba y los sirvientes corren de un lado a otro haciendo el menor ruido posible, se preparaban para asear la casa y dejar listo el desayuno. La nieve caía cubriéndolo todo con su manto blanco. En una de las tantas recámaras, Himeko se remueve entre los brazos de Akihiko, quien duerme plácidamente. Debido al frío, la noche anterior ella se encaminó hacia su recámara y decidió dormir junto a él. Definitivamente no le gustaba el frío para nada. No obstante, estar abrazada a su gemelo es cálido y... Mejillas ruborizadas... y se siente bien.
Akihiko abre sus ojos poco a poco. – Es hoy. – susurra lo más bajo posible. Remueve los brazos de su gemela, evitando despertarla, para poder levantarse. – Lo siento, Himeko. – le deposita un tierno beso en la mejilla. Se cambia de ropa y sale de la recámara, con la mirada entristecida.
Himeko se remueve, pero no siente el calor de su gemelo, tan sólo el frío de las sábanas. Abre los ojos y toma asiento en la cama. Busca con la mirada a su hermano, nada. Está completamente sola. – Onii-chan. – desciende de la cama. Lo busca en el cuarto de baño, no está. Sale de la recámara. – ¡Onii-chan! – atraviesa los corredores de aquella enorme casa y de vez en cuando se encontraba con algunos empleados, a quienes le preguntaba por su hermano y sólo evitaban su mirada. Algo andaba mal. Fue entonces que se da cuenta de la situación: su hermano había hablado con sus padres seriamente sobre estudiar en el extranjero. Sacude su cabeza. – ¡Onii-chan! – corre y corre sin parar hacia la recámara de sus padres. Cuando atravesaba el pasillo vio la silueta de Akihiko. – ¡Onii-chan! – exclama con lágrimas en los ojos. – ¡Onii…! – una empleada la agarra, impidiéndole avanzar.
Akihiko camina al lado de un señor mayor de pelo puntiagudo de color plateado con una larga cola de caballo: su abuelo. Ellos se alejaban cada vez más de ella y no podía permitirlo, es lo mismo cuando su padre se marchó al extranjero por negocios y su madre le siguió dejándola en esa casa con su gemelo y ahora él también se aleja. No… ¡No lo permitirá! Forcejea con la empleada y sale huyendo del agarre. – ¡Onii-chan! – Akihiko sube a un coche negro sin mirar atrás. – ¡Onii-chan! – el coche se pone en marcha. Corre, corre y corre sin parar siguiendo al vehículo que no se detiene. Por más que corra no puede alcanzarlo.
Inevitables lágrimas acarician sus sonrojadas mejillas y no puede evitarlo. Los copos de nieve siguen cayendo por toda la ciudad, más constantes. La fría brisa aumenta y sopla más fuerte. – ¡ONII-CHAN! – gritó, con todas sus fuerzas, a pesar de tener un nudo en su garganta. Tropieza y cae de cara al suelo. Con las manos en el blanco suelo, recorre con ellas la nieve. Aprieta sus manos y la nieve se deshace entre sus propios dedos. Sollozos.
Un nudo aparece en su garganta, entretanto las gotas cristalinas caen en el blanco suelo. Ella se rompió en un incontrolable llanto, sin embargo, una fuerte brisa sopló. El frío casi la congela, más no le importa congelarse. El cielo y la brisa que sopla le permiten colegir que una tormenta de nieve se avecina. No obstante, permaneció ahí, en aquel frío tirada sobre la nieve.
Los copos de nieve caen sobre ella, mientras ella no se mueve. Permanece con los ojos cerrados. – Onii-chan…– susurra. Su cuerpo ha sido cubierto por ese blanco manto que cubre la ciudad. Su piel se ve más pálida y los labios morados debido al frío. Tiembla. Tiembla con frecuencia, pero no se pone en pie. – Onii-chan. – vuelve a susurrar, voz temblorosa.
Una figura desde la lejanía se acerca a ella. Las hombreras de su traje negro cubiertas de copos de nieve. Al notar el bulto debajo de ese manto, corre hacia ella. Le retira la nieve de encima con suma rapidez. – Asumi. – dice, mientras retira la nieve. La toma en brazos.
Abre sus ojos lentamente. – Oji-sama, Onii-chan…– sollozo. – Onii-chan se ha ido. – esconde el rostro en el pecho de su abuelo, refugiándose en él y llorando como nunca antes lo había hecho.
~ Flash Back ~
"Querer verla. No importa cuántos años, cuántos días, cuántas horas...
Quererla, amarla...
¡A mí sólo me ha importado Asumi!
Sé... Algún día, cuando se enamore, hará cosas en un lugar que yo desconozco con un hombre que no seré yo.
¡No quiero!
¡No quiero entregar a Himeko a otro hombre!" (Akihiko / Haruki)
La besa suave, saboreando sus labios, atrapándolos con los suyos y apretándolos constantemente hasta que Asumi corresponda, pero ella no se deja llevar por el beso. Aprieta el brazo que rodea el cuello de ella y la atrae más hacia él, entonces delinea sus femeninos labios con su cálida lengua. Ella ni se inmuta, sabe que es por el desconcierto, más no importa. Le muerde el labio inferior. Ella abre su boca gimiendo y él aprovecha para introducir su lengua, buscando contacto con la de ella, enseguida la encontró, la acarició con la lengua, lo que ocasionó que Asumi frunciera el entrecejo.
Ahora lo entiendo...
"Yo estoy enamorado de ella."
Suelta los labios de Asumi, quien se queda inmóvil. No puede creer que ellos se hayan besado. – ¿Onii-chan y yo nos besamos...? – baja la mirada, sin comprender el motivo. – ¿Por qué? Ni yo misma lo entiendo, no hay razón para que esto sucediera. – se cubre la boca. Pues aún siente la calidez de sus labios tocando los suyos. – Si me fijo fue onii-chan quien...– inevitablemente, un rubor carmesí cubrió todo su rostro. El corazón dio un repentino vuelco mientras sus manos temblaban gracias a un incesante nerviosismo. Se lleva las manos al pecho, sintiendo su corazón volverse loco por palpitar cada vez más rápido.
Haruki le mira apretarse las manos al pecho entretanto le mira confundida y preguntándose porqué repetidas veces. Se aproxima a ella y extiende su mano para tocarla, pero Asumi retrocede. – Asumi. – ella sacude su cabeza, indicándole que no se acerque más. Estaba desorientada. Haruki agacha la cabeza mordiéndose el labio inferior. – Asumi, yo...– alza la cabeza, mirándole con una sonrisa cálida. – ¿No me digas que estás siendo paranoica? – Asumi frunce el entrecejo, todavía sonrojada. – Se ve hermosa. – dice para sí mismo, derritiéndose por dentro deseando besarle de nuevo, pero sonriendo por fuera. – Es un beso como todos los que nos hemos dado antes. – se pone en pie. – Sólo quería probar sin que haya una razón. – el sonrojo de Asumi desvanece. – Esta vez no cuenta debido a que el beso fue puramente entre hermanos sin el móvil que lo impulsa. – entrecierra los ojos. – Divertido, ¿No? – mirada seria sin expresar ningún tipo de emoción.
– Onii-chan. – atina a decir Asumi, no convencida de que ese sea la razón del porqué la besó.
– ¿Ya pensaste a dónde quieres ir? – pregunta Haruki, caminando hacia la puerta. – Estaré en mi recámara terminando de acomodar algunas cosas mientras decides. – se apresura en alejarse de ella, no puede tocarla de ese modo porque le incomodaría demasiado. Abre la puerta de su nueva recámara, arriba a la misma y la cierra a su espalda. De pronto, golpea con fuerza la pared. – ¿Hermanos? Eso lo sé. – se lleva la mano derecha a la frente, cierra los ojos. –Lo sé… tanto, que duele...– mueve los ojos hacia la cerradura de la puerta. Ojos melancólicos. – No puedo evitar amarte. – desliza el cuerpo contra la puerta hasta caer sentado. – Asumi...– apega las piernas hacia su cuerpo. – Lo siento. – un intenso rubor cubre sus mejillas. – Te amo. Pude volver a encontrarme contigo, abrazarte, caminar tomados de las manos, besarte... Jamás lo olvidaré. Por eso... debo ponerle fin a este amor mío, ahora. – se lleva las manos al pecho. – Asumi...– se alborota el cabello. – ¿En qué estaba pensando al proponer vivir juntos en esta situación? – se muerde el labio inferior. – Debo calmarme.
Por otro lado...
Asumi continúa sentada en el suelo, tocándose los labios mientras su corazón palpita como la fuerza de un tambor. Su mirada ilusionada y las mejillas sonrojadas, eran evidencias de que pensaba en el beso. – Los labios de onii-chan eran cálidos... cálidos y suaves...– cierra sus ojos. – Onii-chan. – apega las piernas a su cuerpo. – Lo que onii-chan dijo es verdad. ¿Qué debo hacer? – se cubre la boca, evitando dejar escapar un gemido. – Entre hermano y hermana puede que sea algo malo, pero...– su cuerpo empieza a temblar. De repente, siente una pequeña mano sobre su cabeza. Alza la cabeza. – Airi-chan. – susurra.
– Onee-sama llora... ¿duele? – pregunta la pequeña Airi con preocupación en su mirar.
Asumi toma las manos de Airi. – Onee-chan está bien, ¿Sí? Sólo se me entró una basurita en el ojo. – finge una sonrisa. – ¿Terminó la programación? – ella asiente, feliz. – ¿Quieres salir a comer algo rico? – pregunta cerrando los ojos en una sonrisa. Airi afirma. – Busca a onii-chan. – la pequeña sale corriendo. Asumi baja la mirada, entristecida.
...
Una hora después…
Sentados en una de las mesas del restaurante de comida rápida McDonald´s, ubicada en una esquina, Asumi conversa animadamente con la pequeña Airi mientras Haruki, con el codo derecho sobre la mesa y cabeza apoyada en la palma, le sonríe a Airi sin dejar de mirarla. – Airi-chan, ¿Qué quieres comer?– le pregunta a la pequeña, quien ilusionada, le muestra en el menú el Ice Cream Soda, la nueva soda agregada al menú: se trata de una soda de melón en una copa, añadiéndole al refresco una bola de helado de vainilla. – ¿Segura? – ella asiente. Luego mira a Asumi, quien afirma.
– ¿Puedo tomar su pedido? – pregunta una bella joven, amablemente.
Haruki observa a Asumi, quien sonríe nerviosa mientras ve a Airi mecer el cuerpo feliz. – Dos órdenes de hamburguesas con papas fritas y dos sodas tamaño regular. – Asumi afirma. – Para la pequeña, croquetas de pollo. – Airi hace un gracioso puchero, lo cual provocó que la joven sonriera. – Y un Ice Cream Soda. – mira a Airi. – Pero te comerás las croquetas. – le dice, arqueando una ceja.
Airi mueve sus ojos hacia Asumi. – Deberás comerlas. – dice Asumi, sonriéndole.
La joven se retira y, desde el mostrador, los contempla. – Son una linda familia, ¿No lo creen? – le pregunta a sus compañeros, quienes parecen no importarle y continúan trabajando. – Desearía que mi novio me pida matrimonio. – espira. – Los envidio.
– ¿Hm? – atina a decir una de sus compañeras, de cabello rubio y largo recogido en una coleta. – ¿A quién envidias? – pregunta, mirándola con sus verdes ojos.
– Ah, ¡Árika-chan! Pensé que estarías descansando. – sisea la joven, sorprendida.
– Acaba de terminar mi turno. – responde Árika, alegre mientras se coloca la gorra roja. – ¿Qué estabas diciendo hace un momento?
– Esa joven familia sentada en la esquina, al fondo. – responde, mostrándole con la mirada el lugar indicado. – Se ve realmente feliz. Su hija es tan linda, quisiera comérmela a mordidas. – se abraza a sí misma.
Árika entrecierra los ojos. – ¿Eso crees? – voz seria, mirada fría. La joven parpadea. Árika no puedo creer ni pensar en otro motivo que no sea familiar. Esos dos… – Pienso que ambos son bastante jóvenes como para que esa pequeña sea su hija. – alza la mirada, sonrisa feliz. – Podría ser hermanita o prima de ellos.
– No lo creo, son tan íntimos que parecen amantes y esa niña es idéntica a ellos. – responde la joven, analizando los rasgos físicos. En efecto, comparten los mismos ojos negros, la mirada, sus gestos, a excepción del cabello de la pequeña Airi que lo tiene plateado.
Por otro lado…
Haruki ríe mientras hace un pequeño truco de magia. – Airi, extiende tu mano. – ella extiende su mano, emocionada. Él sujeta una moneda entre el índice y el pulgar de su mano derecha. La aprieta contra la mano de Airi sin soltarla de la mano. Eleva la mano por encima de su cabeza, de nuevo aprieta la moneda en la mano de Airi. Eleva la mano por tercera vez y vuelve a presionar en la mano de su hermanita. – Quítame la moneda. – cuando Airi la quita se da cuenta que la moneda ha desaparecido. Le muestra su mano vacía.
Asumi sonríe negando la cabeza. Airi aplaude, emocionada. – ¡Otra! ¡Otra! – exclama sonrosada.
– Mm…– apoya los codos en la mesa y acomoda la cabeza entre sus manos. – Si vienes aquí, te enseño cómo hacerlo. – Airi gatea encima del sillón hasta llegar al lado de Haruki. Él la alza un poco y la sienta encima de sus piernas. – Asumi…– la nombrada extiende su mano derecha. Haruki agarra la mano derecha de Airi, ayudándole a sujetar la mano. – Sujétala así. – le indica la manera correcta, dedo índice y pulgar. La aprieta contra la mano de Asumi sin soltarla. Le levanta la mano por encima de su cabecita, otra vez aprieta la mano en la mano de Asumi. Le alza la mano y en ese instante llega la joven con los pedidos.
– Disculpen la demora. – sisea. – Dos órdenes de hamburguesas con papas fritas y dos sodas tamaño regular para los señores. – mientras coloca las órdenes sobre la mesa. Haruki y Asumi intercambian miradas, él con nerviosismo y ella un poco irritada. – Y para la pequeña, croquetas de pollo y un Ice Cream Soda. – los ojos de Airi se iluminan de satisfacción al tener frente a ella, una soda de melón en una copa con el líquido verde y, sobre la espuma del refresco, dos considerables bolas de helados de vainilla, a un lado tres deliciosas fresas, al otro extremo dos cucharas pequeñas, y encima de las bolas de helado una cereza endulzada, dándole un toque de glamour. – Buen provecho. – leve reverencia, se marcha.
– La verdad es que no es igual a la portada. – atina a decir Asumi, refiriéndose a las fresas y a la segunda bola de helado. – Airi-chan, no podrás comerte todo eso. – le dice a la pequeña, quien aún sentada sobre las piernas de Haruki, empieza a degustar el helado.
Sosteniendo la cuchara amarilla en su pequeña mano derecha, Airi cierra las manos en puños y los levanta a la altura de su pecho. – ¡Airi-chan sí puede! – asiente, decidida. Coge un poco de helado en la cucharita y se lo lleva a la boca.
Asumi observa cómo una gota de helado derretido le desliza por el mentón. Toma una servilleta. – Definitivamente no lo terminarás. – susurra, convencida mientras le limpia el mentón.
– Dejemos que se deleite. – dice Haruki mirando la pequeña sentada en su regazo. Empieza a degustar la deliciosa hamburguesa. Aproxima la bandeja de las croquetas de pollo, con un tenedor apresa un pedazo y se lo lleva a la boca de Airi. Ella niega la cabeza. – Sólo un bocado, ¿Sí? – Airi desvía la cabeza hacia el lado izquierdo. Intenta que ella pruebe al menos un poco. Desvía la cabeza hacia el lado derecho.
Asumi toma un papa frita con el tenedor. – Airi-chan, papas. – extiende el brazo. Airi abre su pequeña boca y degusta. - ¿Deliciosas? – ella afirma con la cabeza.
– Airi. – sisea Haruki, obteniendo su atención. – Croquetas de pollo. – le da de comer con el tenedor y ella degusta. Airi cierra sus ojos, alegre. Ella se veía tan linda ante los ojos de Haruki que rodea los brazos alrededor de su pequeño cuerpo y le deposita un beso en la mejilla. Airi degusta su exquisito helado con una sonrisa en el rostro y sus mejillas sonrosadas. – ¿Sabes, Asumi? – apoya el mentón sobre la cabecita de Airi sin presión. – Verla es como verte a ti cuando tenías su misma edad. – sin dejar de mirar a su gemela, vuelve a besar la mejilla de Airi.
Un leve sonrojo aparece en las mejillas de Asumi. – Onii-chan, estás hablando tonterías. – responde, concentrándose en terminar la hamburguesa.
– Me alegra que hayas hecho amigas. – dice Haruki, sonriendo. – Antes, estabas muy apegada a mí. Ahora, casi no te reconozco. – continúa saboreando de las papas fritas.
Asumi agacha la cabeza. Es cierto, ha cambiado bastante. Cambió por el hecho de que él se marchó dejándola sola y no tenía más que ser fuerte y velar por su propio bienestar. – Onii-chan…– él alza la mirada y posa sus ojos sobre ella. – Te extrañé. – susurra, avergonzada.
– Lo sé. – responde él, siendo "modesto". Asumi levanta el puño a la altura de su pecho mientras una venita palpita en su frente, deseando golpearle en el rostro y tatuar su puño en él. – También he notado…– toma una servilleta y limpia las mejillas de Airi. – Te has vuelto más atractiva, ¿No? – Asumi parpadea. – Me refiero… en los últimos días. – ella toma el vaso de refresco y empieza a sorber el líquido, evitando que perciba el rubor de su rostro. – Eres encantadora. Todos te aprecian. – le arrebata de las manos a Airi, la cucharita amarilla y degusta un poco de helado. – Delicioso, ¿A qué sí, Airi? – la pequeña afirma, feliz.
Desvía la visión de sus ojos hacia un lado. – No en la manera que deseo en estos momentos. – susurra Asumi, melancólica. Para su fortuna, Haruki estaba concentrado tratando con Airi que no logró escuchar. Él se ve tan feliz, con esa cálida sonrisa en el rostro mientras le ayuda a su pequeña hermana terminar con el helado y de paso cerciorarse de que coma sus croquetas de pollo, o al menos que pruebe algunas. Ese es el hermano que conoció. Cálido, amable, responsable y sonriente. El que está ahí cuando lo necesitas y ahora mismo se encuentra sentado frente a ella. Quizás si lo hubiera detenido aquel día nevado, habrían estado juntos. Sacude su cabeza. Ahora mismo está con ella y es lo importante. – Onii-chan. – sisea.
– ¿Hm? – atina a responder mientras le acomoda el sorbete a Airi para que pueda absorber el líquido verde de la copa.
Asumi observa a su pequeña hermana sorber el frío líquido con las mejillas sonrosadas. Se ve tan linda. Entretanto, Haruki le sostiene la copa de cristal para evitar que ésta se caiga y rompa. Realmente parecen padre e hija. – En esta ciudad…– dice para sí misma, echando un vistazo a su alrededor. – Es cierto… Las personas que nos miran no nos conocen, no saben que nosotros somos hermanos. – percibe las parejas enamoradas, tomadas de las manos y otros dándose de comer. – En este lugar hay muchas parejas mirándose uno a uno. – Parejas… Sus ojos se iluminan maravillados.
Haruki percibe la emoción de su gemela. – ¿Pensando en Ukitake? – pregunta, divertido.
Infla las mejillas. – Ba~ka. – musita, decepcionada. Apoya el codo izquierdo contra la mesa y acomoda la mejilla izquierda sobre la palma de su mano. – ¿Sabes, onii-chan? – él le mira de soslayo. – Me gustas. – ojos brillosos.
– También me gustas, Asumi. – dice Haruki, mecánicamente. – También me gustas. – susurra, enseguida bebe un sorbo de su refresco.
Puchero. – Ba~ka. – termina de comer sus papas fritas un poco disgustada porque él no lo tomó en serio, pero ¿realmente iba enserio? Si él estuviera interesado en ella como cree al concluir que el motivo del beso podría ser ello, ya habría respondido de otra manera o evitado aquellas palabras. Cierto es, que sus besos se deben como recompensa por dejarle beber su sangre y una manera para regresar su energía. Pacto de vampiros. Pero fue ella quien le pidió aquello, a veces se pregunta ¿Por qué? Si ahora se avergüenza cada vez que lo tiene demasiado cerca, quizás se deba a que ¿es consciente de él? ¡NO! ¡Claro que no! ¡Es su hermano! ¡Hermano gemelo! ¿Cómo podría ser consciente de él?
Cejas fruncidas, labios apretados. ¿Cómo puede estar pensando en semejante disparate? Desde que llegó no ha hecho más que meterse en su cabeza. Sus gestos, palabras, movimientos, TODO. ¿Qué ha hecho para pensar tanto en él y de manera pervertida? ¿Sus proximidades? ¿Sus besos? ¿O el hecho de cuando succionó su sangre le transmitió alguna clase de sensibilidad por él? ¿? Ella sacude su cabeza, alejando aquellas interrogantes. ¡Cierto! Los vampiros se atraen por instinto. Asiente con su cabeza. ¿Pero sentir atracción por su hermano mayor? ¿? Agacha la cabeza. ¡Definitivamente algo está mal con ella! ¡No puede sonrojarse cada vez que le dice palabras bonitas! ¿Tal vez usa poderes vampíricos cuando las dice? No. Él no haría tal cosa. Aún así…
– Onii-chan, ¿Qué se siente estar con un amante? – pregunta Asumi, interesada.
Haruki se atraganta con el sorbo de soda que estaba tomando. Se golpea el pecho y tose. Empieza a sudar. – Asumi…– tos. – ¿Qué tonterías estás preguntándome? – toma una servilleta y seca su frente. Le mira de reojo, realmente lo tomó por sorpresa. ¿El hecho de verla sacudir, asentir y negar la cabeza, significa que pensaba en ello? – Etto…– su mirada seria le indica que ella no está bromeando. – Una vez te respondí que no he tenido enamorada, así que no tengo respuesta para tu… pregunta. – se aclara la garganta.
Niega la cabeza. – Das lástima. – susurra, defraudada.
Levanta el puño a la altura del pecho. – Tú. – venita palpitando en su frente.
Airi le hala de la camisa. – Onii-sama…– hala un poco más fuerte, obteniendo su atención. – Onii-sama, ¿Qué es un amante? – pregunta con inocencia.
Haruki contempla esos ojitos curiosos por conocer el mundo de hoy en día, saber del amor, de la humanidad y de temas no calificados para su escasa edad. – Airi…– busca con la mirada algún tema que hablar, pero ella le mira con ilusión. Alza la cabeza, vuelve a mirarla. Ahora observa a su gemela en busca de ayuda, ella simplemente le da el último mordisco a la hamburguesa. Espira. ¿En verdad tiene que responder? Suspira por segunda vez. – Airi, un amante es…– fija sus ojos sobre una pareja acaramelada. –…como esos dos. – la pequeña contempla a dicha pareja secretearse y luego besarse. – Sí, como esos dos. – musita no convencido. – Ahora, a mirar hacia acá. – le dice, mientras le mueve la cabeza hacia él para que no continúe mirando a esos acaramelados. – Es cuando las dos personas se quieren mucho, muchísimo y hacen ese tipo de acciones. – ella iba a volver a mirar a la pareja. – P-Pero no debes mirarles. – le vuelve la cabeza a su dirección. – Es cosa de adultos. – sonrisa.
Inocente, Airi mira a Asumi y luego a Haruki. Agacha la cabeza, la levanta comprendiendo la situación y el significado. – ¿Onii-sama y onee-sama son amantes? – pregunta, felizmente.
Haruki se atraganta con su propia saliva y Asumi casi se ahoga con la hamburguesa. – ¿Ah? – atinan a decir, sonrojados. – ¿Eh? – intercambian miradas. – ¿Qué? – sacuden sus cabezas. – ¡No! – espiran. – ¿Por qué preguntas? – fruncen las cejas, desconcertados.
– Hoy, onii-sama y onee-sama hicieron eso. – responde ella, señalando a la pareja que se está besando. Ambos, ruborizados, se quedan perplejos preguntándose en qué momento ella los vio besarse. Se miran entre sí, como diciéndole al otro que uno de los dos debería hablar con ella, pues nadie debe saber que se besan porque en el mundo humano está prohibida semejante situación y no pueden decir que lo hacen porque son vampiros, espantarían a los humanos, en especial a sus amigos. Airi percibe el ambiente tornarse cálido debido a que siente las emociones de esos humanos, entristece. – Papá y mamá también lo hacían, pero ya no están con Airi-chan. – Asumi suaviza la mirada. – Airi-chan extraña a papá y a mamá. – baja la cabeza.
Haruki posa mano derecha encima de su cabecita. – Airi, ya verás que pronto ellos volverán. – le dice, más ella ni se inmuta. Observa a Asumi, quien sonríe entristecida. – Airi, ¿Quieres ir por crayones de colores? – ella alza la cabeza y sonríe con alegría. Carga a Airi y la sienta en el sillón, se levanta encaminándose hacia la cajera para pagar por los aperitivos.
La pequeña Hatake observa a su hermana, quien se quedó contemplando la espalda de su hermano mientras él se distanciaba. Su mirada esperanzada, desbordante de calidez le recordaba a su madre cuando veía a su padre desde la lejanía. – Onee-sama. – musita Airi, con timidez. Obtiene su atención. – ¿Amas a onii-sama? – pregunta, con ilusión. Asumi parpadea, luego suaviza las facciones de su rostro. Le acaricia la mejilla, más no responde. Cuando Haruki regresa, desciende del sillón con ayuda de su hermana mayor. Cada uno le toma de una mano y salen del establecimiento.
Desde su altura ve sus miradas cálidas. Efectivamente es como ir de la mano con sus padres. Les aprieta las manos. Ellos le miran con una sonrisa dibujada en sus rostros, pero a pesar de ello, percibe la tristeza a través de sus ojos. Desearía poder estar con sus padres en este momento, pero no están con ella. No obstante, le prometió a su madre que sería una buena niña mientras la sigue esperando y no romperá esa promesa.
Airi siente un extraño escalofrío recorrer su espalda, entonces empieza a mirar borroso todo a su alrededor. Sabía que no estaba sola, sentía el calor de sus hermanos a su lado. Sin embargo, comienza a sentir su calidez más y más lejos. Un intenso rubor cubre sus delicadas, suaves y pálidas mejillas, mientras las fuerzas de sus piernas iban abandonando su pequeño cuerpo y sus ojos se iban cerrando poco a poco. Levanta la cabeza y no puede evitar ver en las espaldas de Haruki y Asumi un par de alas negras. Más, la visión de ellos se transforma, ahora lo que ve es a sus padres tomándole de las manos y regalándole una sonrisa. De pronto, siente que ellos sueltan su mano. – Papá… mamá…– extiende sus brazos hacia ellos, pero se distancian rápidamente.
Asumi y Haruki sienten debilidad en el agarre por parte de Airi. Es entonces que le miran y se dan cuenta. Airi suelta sus manos. – ¿Airi-chan?/ ¡Airi! – exclaman al unísono, preocupados. Difuso, Airi veía sus rostros intranquilos mientras caía hacia delante. Poco a poco cierra los ojos viendo en Haruki a un Kakashi nervioso y una Anko angustiada, quien era Asumi. Realmente, desearía que ellos fueran sus padres porque sin ellos se siente sola. Cae en los brazos de Haruki.
Haruki la sostiene. La pequeña respira forzosamente mientras las mejillas empiezan a arder. – Se desmayó. Llevémosla a casa. – la carga entre sus varoniles brazos. El calor de ella va en aumento y eso le inquieta. – Es lo mismo cuando el cuerpo de Asumi empezó a exigir sangre. – observa a Asumi detener a un taxi y abrir la puerta trasera, colateral izquierdo del mismo. Ascienden. Él aprieta los brazos que rodean el pequeño cuerpo para tranquilizar su respiración. – Asumi. – la nombrada se estremece. – Desde el accidente, ¿Airi había sufrido alguna recaída? – ella niega la cabeza. – Ella necesita…
Airi frunce las cejas, aprieta sus ojos cerrados. – Mamá…– susurra en sueños. – Papá…– sacude su cabeza violentamente. – Papá…– extiende sus brazos.
La apega más contra su pecho. – Papá está aquí, contigo. – le susurra con ternura. Airi entreabre los ojos, su cuerpo arde con intensidad y su garganta se torna seca y brota un ardor que le provoca toser. – Cariño, todo va a estar bien. – su pequeña hermana se aferra a él volviendo a quedarse dormida, esta vez calmada.
– Airi-chan…– susurra Asumi, sintiéndose impotente y débil ante ella. Al instante, siente una energía florecer del cuerpo de su gemelo que se esparce, arropando a la pequeña en brazos. – Onii-chan, estás…– él asiente. Ella posa una mano sobre la mejilla de su hermanita, suaviza la mirada. – Todo estará bien. – le susurra a Airi.
(^,^)
He decidido actualizar antes de lo esperado, ya que en vista de que la historia ha sido terminada, iré subiendo los capítulos lo más pronto posible.
Nos seguimos leyendo!
Oyasumi nasai!
