-No quiero llevarme todo, quizá sólo lo básico, ropa… ¡ah! Y utensilios de cocina. De ahora en adelante yo me ocuparé de hacer la comida.

-Saldremos juntos a cenar de vez en cuando. No se discute.- Sentenció Loki muy serio. Asentí brevemente. Busqué en el patio unas cajas y comencé a guardar algunos platas y cucharas. Alcancé a ver de reojo que Loki estaba frente al closet pero no le di importancia. Al ver que ya había llenado la primera caja regresó a la estancia y la llevó al auto. No cupo en la cajuela y tuvo que acomodarla en los asientos traseros. Mientras tanto, yo me debatía entre entrar al segundo cuarto de la casa o no.

Cuando ella había llegado hacía tres años, guardó todos los objetos que aún conservaba de sus padres muertos y una muñeca que se había roto en el forcejeo la primera vez que la habían violentado. Aquella puerta marcaba el final de la época más hermosa de su vida y el inicio del horror. Si de algo estaba agradecida es de no haber quedado embarazada y de ser lo suficientemente inteligente para haberse hecho acreedora de una beca universitaria completa. Afortunadamente, el fideicomiso se depositaba cada mes automáticamente a su cuenta. Desafortunadamente, su tío debía de firmar cada seis meses un reporte de tutor hasta que se graduara.

Al recobrar la conciencia, Loki me abrazaba mientras yacía de rodillas frente a la puerta, llorando incontrolablemente.

-Jamás te volverá a hacer nada. –Me repetía Loki una y otra vez.

-No puedes imaginar lo feliz que me hace que este muerto.- Mi voz trémula consiguió sisear con odio. Ya no podía seguir conteniendo el hastió y la humillación. Hacía años que cargaba con el horror y por fin se presentaba una oportunidad de vaciarme. Me zafé del abrazo y me dejé caer violentamente contra la puerta quedando de frente a Loki. Sentía la fuerza y la ira contenida poseerme y comencé a desahogarme contra Loki como si él fuese el que me dañó tanto.

-No tienes idea, no… no la tienes… ¡No tienes la más mísera idea de lo que se siente! No puedes imaginar lo que se siente que te desgarren no sólo emocionalmente, ¡sino también físicamente! Y que te dejan hecha pedazos… utilizada, ¡sintiéndote basura! – Se me acababa el aire de los pulmones. Me detuve un instante. El rostro de Loki reflejaba un profundo terror a mi reacción. Parecía que perdería la consciencia en cualquier momento. Me aparté entonces de la puerta y la abrí sin levantarme del suelo, para que Loki se viese reflejado en el espejo que colgaba de ella.

-¡La primer vez yo tenía una expresión similar a la tuya! Pero a diferencia tuya yo si me desmaye.

Lo tomé violentamente de la bufanda y lo jalé dentro del cuarto. Estaba tan impactado que no opuso resistencia. Lo arrastré hasta llevarlo al centro del cuarto.

-¿Ves esas cenizas? Son las cenizas de las once fotos que me tomó ese día. Me las envió por correo hace una semana. Traía una nota que decía: Una por cada año de vida.

No pude resistir mi propio peso y me derrumbe al suelo. Podía ver mi reflejo sollozante en el espejo. Lo detestaba porque me recordaba ese día. Tomé uno de los zapatos y lo lancé intentando romperlo. Uno de los fragmentos rozó mi mejilla haciéndome sangrar. Loki pasó sus dedos por mi sien. En un instante perdí la consciencia.

Desperté escuchando los susurros de Loki. No quería abrir los ojos, quería permanecer siempre entre despierta en los brazos de aquel dios. Envolví mis brazos con fuerza alrededor de su torso. Lo escuché hablarme y acariciar mi mejilla.

-Descansa amada mía. La herida de tu rostro ya la he hecho desaparecer. Descansa.

¿Acaso me había dicho amada mía? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que alguien sinceramente me dirigió una palabra hermosa?

De joven una vez imaginó que jamás podría ser feliz con un hombre porque el contacto le recordaría siempre su desgracia. Le daba gusto ver que se estaba equivocando.

-Lamento que hayas tenido que soportar mi histeria.

-¿Histeria querida? Si crees que eso es histeria es que no sabes que es la histeria. – Respondió jovial tratando de quitar solemnidad al momento.

-¡Ah! No empaqué ropa- dije casi gritando. Si algo me gustaba de mí es que bastaba un segundo para cambiar de humor, me pasase lo que pasase.

-Tranquila, empaqué ropa para ti.

Ahora que por fin podía, quería tomar una ducha.

-¿Qué tal si después de la ducha salimos a comer querida? Aprovechemos la tarde. Quizá podrías mostrarme un poco de la ciudad, después de todo soy un forastero aquí.

La idea de salir a divertirme con Loki por la ciudad parecía prometedora. Le sonreí dándole a entender que me fascinaba la idea.

-¿Me permitirías elegir el vestido que te pongas?

-Supongo que no hay problema.

-¡Perfecto! – dijo. –Entraré en un rato a dejarte el vestido. Sin decir nada más salió de la habitación. Examiné mí alrededor con atención. Era una habitación elegante con alfombra verde. Me gustaba y bastante, era casi como un pequeño palacio. Claro, después de todo, él es un príncipe. Mi príncipe oscuro, si yo quisiese. Seguía sin comprender como unos días me tenía hipnotizada.

Rápidamente me dirigí a la ducha que conectaba ambos cuartos. Cerré con seguro la puerta que daba a la habitación de Loki y me quité la ropa. Temple el agua dejando que suave ruido me calmara. Nunca había visto una regadera que no tuviera una puerta o una cortina, y supuse que como esta era muy amplia, aquellas precauciones resultaban innecesarias. Cuando terminé tome una de las toallas que estaban el estante y me cubrí con ella. Lavé a consciencia mi rostro quitando los restos del maquillaje. Una vez que estuve perfectamente aseada salí al cuarto. Me coloqué frente al espejo pensando de qué forma me peinaría. En el instante en que me quité la toalla para secarme el cabello Loki entró. Me observó un par de segundos, hasta que comprendió que si me cubrí fue porque no quería que me viese desnuda. Un extraño sentimiento me embargaba. Me costó un segundo entender que era deseo, y otro más para entender que el sentimiento no era mío, sino de Loki. Curiosamente… no me hacía sentir incomoda. Me acerqué a la puerta una vez que ya se había marchado.

-¿Loki? ¿Estás ahí?

-Sí, traía el vestido. No era mi intención incomodarte…

-No importa –respondí- ¿me lo podrías dar?

Abrí la puerta lo suficiente para que me diera la prenda. Era un magnífico vestido verde hampón con detalles dorados en la cintura. No tardé en vestirme y quise saber si los zapatos que traía durante la mañana le quedarían bien al vestido. Regresé por ellos al baño cuando me di cuenta que Loki estaba ahí tomando una ducha.

Nunca había visto un cuerpo tan atlético y atractivo. Los músculos de su espalda lo hacían ver robusto, y masculino. Él estaba de espaldas e traté salir de la habitación pero mi nerviosismo me ganó y no pude abrir la puerta al primer intento. En ese instante Loki volteó y comenzó a carcajearse fascinado por la situación. Realicé un nuevo intento por salir, pero el piso estaba resbaloso por la humedad y casi tropiezo. El primer impulso de Loki fue sujetarme, sin importar que estuviera desnudo. Sentía mi corazón galopar e instintivamente llevé mi mano a su pecho. Él estaba igual de alterado que yo.

-¡De… debo terminar de cam… cambiarme!

Rápidamente regresé a mi habitación. Suspiré. Con semejante tentación ese año se volvería una tortura.