Capítulo 12: La espera.

Habían pasado algunos días desde el rescate de Lucius y Rita. Nuevamente se encontraban todos los miembros de la Orden y del Ejército de Dumbledore en la cocina del 12 de Grimmauld Place. Draco, Lucius y Rita también se encontraban presentes.

Ya todos sabían qué era el libro de Thot y para qué servía. Sorprendentemente, McGonagall sabía mucho al respecto, y confesó que, durante años, sintió fascinación por el libro. Habían realizado dos viajes más a la caverna en Escocia para inspeccionar a detalle todo lo que pudieran en busca de pistas. Sin embargo, solo encontraron libros y pergaminos llenos de mitos y encantamientos. Tampoco pudieron encontrar las Reliquias de la Muerte. Parecía que Sebastian se las había llevado con él en su viaje.

Ahora estaban planeando el siguiente paso a tomar. Había algunos que propusieron ir a buscarlo en Egipto. Otros esperaban tenderle una emboscada en su cueva cuando regresara. Los restantes querían seguir adelante con el plan de fingir una batalla campal para atraer a Sebastian a una trampa.

-Creo que tendremos una gran oportunidad si esperamos en su cueva- dijo McGonagall desde su silla. La directora ciertamente había tomado una semana de vacaciones para recuperarse del pesado viaje en traslador. Ahora se encontraba mucho mejor.

-Pero no sabemos cuándo va a regresar. Podríamos pasar años metidos en esa cueva sin nada que hacer- argumentó Hermione desde un rincón, apoyada contra la pared.

-Por eso es mejor irlo a buscar. Jamás se esperará encontrarnos en Egipto. Una maldición por la espalda, y todo este problema se acabó- dijo Neville sentado junto a Luna.

-No podemos empezar a buscarlo por todo Egipto, Grecia, Iraq y China. No lo encontraríamos nunca- también se opuso Ginny a esta idea.

-¿Y qué hacemos entonces? ¿Seguimos con la batalla falsa? Recuerden que, de todas formas, debemos esperar a que regrese- dijo George quien estaba junto a Angelina.

Los demás siguieron debatiendo en qué decisión tomar. Mientras tanto, Harry estaba envuelto en sus propios pensamientos…

El libro de Thot sonaba a ser un arma muy poderosa. Y si a eso se le juntaba la Varita de Sauco, seguramente el mundo mágico no tardaría en caer a los pies de Sebastian. Habría que detenerlo antes de que logre usar ambas armas juntas.

-¿Y si nosotros buscamos también ese libro? Si logramos encontrarlo antes que él, tendremos una gran ventaja- dijo Harry, lanzando sus pensamientos al aire.

-Pero no sabemos dónde buscar. Él sí. Recuerda que pasó varios días invocando a magos venerables y maestros en Transformación con la Piedra de la Resurrección. Seguro tiene muy claro dónde hallarlo- refutó Lucius Malfoy.

-Tienes razón… Escuchen todos, esto es lo que he pensado- anunció Harry, y todos hicieron silencio. El auror respiró hondo antes de continuar:

-El libro y la Varita de Sauco son muy peligrosas. Por eso, el plan de la batalla campal tiene muchas desventajas. Si sólo nos enfrentábamos a la Varita era una cosa, pero si ahora tiene la capacidad de modificar la tierra y el mar a su antojo, seremos presa fácil, sería un suicidio. También es prácticamente imposible ir a buscarlo por el resto del mundo… Creo que la única opción ahora es tenderle una emboscada en su propia caverna…-

-Pero…- intentó interrumpir Neville, pero Harry lo silenció.

-No, Neville. Recuerden que él debe estar completamente seguro de que es imposible encontrar su cueva. Entrará con toda la confianza del mundo. Tendremos el factor sorpresa a nuestro favor.-

Los adultos permanecieron en silencio. Harry tenía un punto importante sobre la mesa. Tras varios minutos, Hermione dijo:

-Deberemos planear muy bien esto. No podemos simplemente desaparecer un año del mundo. Tenemos trabajo, hijos, familia…-

-Hermione tiene razón- apuntó Ginny. –Seguro que Sebastian podría pensar que algo sucede si ve que todos los antiguos miembros del E.D. y la Orden hemos desaparecido.-

-Eso es muy cierto. Habrá que organizarnos en grupos, hacer turnos de vigilancia, un perímetro…- dijo McGonagall.

-¿Y se puede saber cómo vamos a hacer para estar viajando desde Escocia hasta Londres y viceversa a cada momento? Es un viaje muy agotador, si no lo recuerdan- dijo Neville desde su sitio.

-Habrá que organizarnos muchísimo. Necesitaremos varias ideas para resolver estas cuestiones…- aceptó Hermione, pensativa.

-¿Qué esperamos? ¡Manos a la obra!- dijo Harry, sonriendo.

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-¿Qué pasó luego?- preguntó Sebastian, sinceramente conmovido.

-Los mongoles eran demasiados. Y con la prohibición del califa de utilizar el libro, no pudimos hacer mucho para defendernos. La ciudad ya llevaba varios siglos en decadencia, pero este ataque acabó con todo. Ahí perdí la vida… y el libro- concluyó el espectro.

El muchacho se hallaba en la parte inferior de las ruinas de una mezquita en Bagdad. A un lado de él, tenía una cantidad enorme de tumbas, donde se podían leer cientos de nombres árabes. Sin embargo, algunas inscripciones en ellas eran tan antiguas que ya no se podían leer.

El espectro que Sebastian tenía frente a sí era un árabe que vivió en la ciudad en el siglo XIII, durante el asalto de los mongoles a la ciudad. Bagdad jamás regresaría a su anterior gloria a partir de ese instante. Aquel anciano con larga barba y una túnica al estilo persa había poseído, durante años, el Libro de Thot. Sin embargo, debido a una prohibición del califa de la ciudad a seguir usándolo, él jamás llegó ni siquiera a abrir el libro.

-Lamento decirte que no sé qué sucedió a partir de ese momento- se disculpó el espectro.

-No se preocupe. Ha sido de muchísima ayuda, profesor. Buenas noches.- Haciendo una reverencia, ambos se despidieron, y el anciano árabe desapareció.

-Mierda…- dijo Sebastian, pateando el suelo. Empezó a caminar en círculos mientras continuaba con sus cavilaciones.

-Los mongoles quemaron una gran cantidad de textos que robaron de la ciudad. Las hogueras de libros ardieron durante días… Si llegaron a quemar el libro… No… Debe haber otra pista…- Pateó una roca que había en el suelo mientras continuaba pensando.

-Fue el famoso Mongke Kan, nieto de Gengis Kan, el que atacó la ciudad. Pero creo que él moriría más tarde en batalla… Si él llegó a saber de la existencia del libro, y lo tuvo en sus manos… Es muy probable que se lo haya dado a su hermano… Él conquistaría China años más tarde. Y la única manera que se me ocurre de que un grupo de nómadas mongoles sobrepasaran el poder de los magos chinos es con el libro…-

Sebastian suspiró y empezó a salir de aquellas oscuras ruinas. Se tapó con su capa verde oscura y dijo en tono de resignación:

-Debo regresar a China…-

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Dos meses habían pasado desde que diseñaron el plan para emboscar a Sebastian. Durante ese tiempo, habían construido pequeñas casas entre Londres y Escocia donde "parar a descansar" entre traslador y traslador. También Hermione había diseñado un sistema de comunicación mucho más eficiente que los galeones encantados del E.D. Había repartido varios pergaminos encantados a todos los miembros. El pergamino original permanecía en la caverna de Sebastian. Lo que sea que escribieran en este aparecería inmediatamente en los pergaminos de los otros miembros. En caso de una verdadera emergencia, se debía incendiar el pergamino de la caverna. Así, todos los miembros deberían dirigirse inmediatamente a Escocia.

Se habían dividido en dos grupos de quince personas cada uno. Cada miembro del grupo contaba con una misión específica. Por ejemplo, Hermione y McGonagall estaban en grupos distintos, y eran encargadas de que, una vez que Sebastian apareciera en la cueva, debían crear un encantamiento Anti-Aparición, de manera que no pudiera escapar. Harry y Neville, cada uno es su grupo, debían ser los primeros en atacar a Sebastian…

Ese día, Harry y Ginny se encontraban sentados junto a George y Bill en la cueva. Estaban conversando alegremente sobre los últimos sucesos en el mundo mágico. La muerte de Ron había quedado en el pasado, igual que como sucedió con la de Fred, Tonks, Lupin, Sirius, Dumbledore… Seamus hablaba con el señor Weasley y con Ernie Macmillan sobre cosas muggles en un lado de la caverna.

Hermione estaba en el 12 de Grimmauld Place, era el turno de que su grupo descansara. McGonagall, Luna, Fleur y las hermanas Patil estaban conversando afuera de la caverna, a una distancia prudente de la entrada. Todo transcurría como si estuvieran en una tranquila reunión de amigos y no tendiéndole una emboscada al mago más peligroso de los últimos años. Tres aurores del Ministerio charlaban animadamente a unos metros de las mujeres.

Habían arreglado lo que mejor pudieron la caverna para disimular, al menos durante un momento, que no había pasado nada extraordinario ahí. Habían permitido que los animales vivan (y murieran) a su antojo en la habitación de Sebastian. De hecho, el Thestral se había comido a casi todos los animales. Reservaba un par de palomas muertas en un rincón para después. Los demás conejos, serpientes e incluso las salamandras habían sido devoradas por él.

-Ese vestido era realmente horroroso. Incluso si un elfo ebrio hubiera vomitado encima, se hubiera visto mejor…- hablaba la directora, sentada sobre una cómoda silla afuera de la cueva a una prudente distancia de la entrada. Las otras mujeres reían a gusto con el relato de la anciana.

Pero un sonoro crujido silenció cualquier risa. Se apresuraron a esconderse entre las rocas y a mirar por encima de ellas. Era cerca de mediodía, y se podía ver claramente cómo una figura encapuchada apareció en medio de las rocas del acantilado. En una mano llevaba lo que parecía un gran libro envuelto en una funda de piel de dragón. En la otra llevaba la Varita de Sauco.

Con un vago movimiento, el muchacho apartó la piedra de entrada y empezó a descender tranquilamente por las gradas. Cuando lo perdieron de vista, McGonagall reaccionó:

-¡Luna! ¡Quema el pergamino! Las demás, estén listas para el combate. Yo haré mi trabajo.- La anciana sacó su varita y empezó a agitarla, murmurando entre dientes mientras creaba el hechizo Anti-Aparición.

En la estancia bajo tierra, donde Sebastian había tenido atrapados a sus secuestrados, el pergamino de los adultos ahí presentes empezó a arder. Durante un instante, todos se quedaron en silencio, inmóviles. Luego, Harry reaccionó:

-¡Todos! ¡A sus posiciones! Ya saben lo que practicamos- dijo en un susurro apenas audible, pero todos entendieron su mensaje.

Todos, a excepción de Harry, se colocaron en un semicírculo a varios metros de la puerta de entrada. El plan era que, intente lo que intente, una lluvia de encantamientos, hechizos y maldiciones cayera sobre Sebastian desde todos los ángulos en el momento en el que cruzara la puerta.

Harry, por su parte, se colocó a un centímetro de la puerta, con su espalda contra la pared. De esta manera, en el mismo instante en el que Sebastian la abriera, él podría atacarlo. Tenía la varita lista, dirigiéndola hacia adelante.

Escucharon pasos arriba y una voz de un joven hablar. Estaba saludando al Thestral. Harry miró nerviosamente hacia atrás. Ahí estaban sus amigos, su familia, Ginny… Era ahora o nunca, debían lograrlo. Ya cargaba con la muerte de Ron y sus aurores, no permitiría que nadie más muriera a manos de Sebastian.

Escucharon los pasos bajar por las escaleras. El muchacho iba silbando una canción. Antes de que se detuviera junto a la puerta dejó de silbar. Harry contuvo la respiración. Estaba a centímetros de su enemigo. Solo una puerta de roble separaba a Harry Potter de Sebastian.

-¡Lucius! ¡Rita! ¡Lo encontré! ¿Saben dónde? ¡En Berlín! ¡Berlín! Estos alemanes saben esconder sus tesoros muy bien…- Sebastian habló a través de la puerta. Harry escuchó un murmullo, y el encantamiento del muchacho quitó el seguro de la puerta de roble.

Un instante después, la puerta se abrió…