- ¡Por fin en casa!
Todos estaban emocionados.
Ya vislumbraban la ciudad.
Su ciudad.
Elsie estaba tan contenta. Después de un mes fuera, ya volvía.
Tenia tantas ganas de volver a ver a...
- ¿Cuanto tiempo sin venir por aquí, verdad? –Dijo Shawn, su hermano, mientras sonreía.
- Si, lo echaba de menos.
- Yo también
- Dime, hermanito... ¿Cuando acabe todo esto, piensas volver al internado?
- No lo se... En este equipo estoy muy a gusto, ¿Sabes? Aunque aún no puedo volver a jugar al fútbol...
- Estoy segura de que pronto volverás a jugar. Aiden te lo permitirá. Ya lo verás.
Se sonrieron muy tiernamente.
Los dos hermanos deseaban poder volver a jugar juntos, como antes.
Shawn tenía problemas para poder jugar.
La personalidad de su hermano aún acechaba en su interior.
Ojalá pudiera dejar de sufrir cada vez que tocaba un balón.
- ¿Y bien? Tienes ganas de ver a ese chico, ¿No?
- ¿Eh? -Sonrojándose- Shawn, ¡No digas nada delante de todos! Nadie sabe que ese chico y yo somos amigos...
- Oh, vale... perdona, hermanita... Pero aun así, ¿Por qué no se lo has dicho a nadie?
- No lo entenderían... pero un día por fin podré contárselo, y no me juzgarán.
- Está bien. ¡Me emociona tanto que por fin te hayas fijado en un chico! Me tenías preocupado.
La delantera giró la cabeza y vio a Axel. Le dedico una sonrisa cariñosa. Le costaba no pensar en lo que habían hablado la noche anterior.
Menos mal que su amigo no quería nada más que eso. Amistad.
Daba gracias a que ahora podía hablar de sus sentimientos con él. Y con su hermano.
Ya estaban entrando en la ciudad.
Estaba todo como lo recordaban.
Llegaron a la ribera, el lugar donde solían entrenar.
- Es agradable volver a este lugar –Dijo Jude.
- Cierto... todo esta como antes –Axel le dio toda la razón.
- Bueno, chicos, informaré al señor Raimon de nuestro regreso –Dijo la entrenadora-. Será mejor que os vayáis a casa. Vuestros padres os echaran de menos.
- ¡Es verdad! ¡Hace mucho que no estamos en casa!
- Si, deberíamos irnos –Dijo Elsie. Aunque sabia perfectamente que sus padres no estarían en casa.
Cuando se disponían a irse, un balón negro con destellos azules cayó del cielo.
Todos se sorprendieron mucho, pero aún más cuando una voz conocida salió del balón.
- Jugadores del equipo del Raimon. Nosotros, el equipo Diamond, os estaremos esperando en el estadio frontier. Si no venís, comenzaremos a tirar balones negros a la ciudad, al azar.
- ¿Al azar? –Dijo Mark confundido- ¿Cómo que al azar?
- ¡Pretenden destruir toda la ciudad! –Dijo Elsie alarmada.
- ¡Bueno, está bien! –Gritó la entrenadora- ¡Todos, subid a la caravana! debemos ir al estadio!
- ¡Si!
En la caravana estaban de lo más nerviosos. Iban a enfrentarse a ese extraño chico, Gazel.
Tardaron un poco en llegar, y cuando lo hicieron, no había nadie.
Se extrañaron bastante de que sus contrincantes no llegaran.
Entonces fue cuando aparecieron.
Once jugadores que desprendían una fuerza arrolladora.
- Mark Evans. Equipo Raimon. Vais a ver como el frío de nuestra niebla helada puede congelarlo todo.
Todos miraron inquietos al chico de pelo blanco.
Desprendía una fuerza extraña, y su sonrisa era capaz de helar la sangre.
Elsie se inquietó cuando Gazel miró a los jugadores en general, pero durante un momento se detuvo en ella.
Ella intentó mirarlo con desdén, a lo que él desvió su atención.
Comenzaron a jugar.
Estaba claro que los subestimaban.
No formaron ninguna defensa. Les estaban desafiando a que lanzaran el balón.
El portero fue capaz de lanzar el balón de su portería hasta la de Mark.
Realmente eran fuertes.
Se notaba que eran de rango maestro. Superaban con creces al Tormenta de Géminis y al Epsilon.
De pronto, mostraron una técnica defensiva realmente impactante.
La llamaban rompehielos. Lesionaron a Sue, y rápidamente Eric fue junto a ella.
Elsie estaba en medio del camino de Gazel, así que este le lanzó un balonazo.
Justo antes de que le diera, alguien se interpuso y paró el balón con una sola mano, a pesar de que tenía muchísima potencia.
- ¿Pero que...?
Un chico con un uniforme de color blanco y azul sostenía el balón.
Tenía el cabello rubio y largo, y unos hermosos ojos carmesí.
No podía ser.
- ¡Byron...!
