RUMOR HAS IT

CAPITULO 4 (Temporada 2)

SI TU ULTIMA PALABRA ES MI NOMBRE

Hace apenas dos años la vida de Rachel parecía ser perfecta.

Aun recuerda cuanto le dolió el saber que Finn la había engañado con Santana en una fiesta organizada por sus amigos. Su corazón se destrozo por unos meses, pero después, alguien vino a juntar los pedazos y unirlos con delicadeza. Jesse había ingresado a Mckinley haciendo que Rachel volviera a sonreír de nuevo.

Solían salir siempre de noche, e incluso cuando los padres de Rachel le prohibían verlo, ellos se ingeniaban una manera de escaparse sin que nadie lo supiera. Ahí empezaron sus secretos. Siempre se contaban todo y era porque usualmente los secretos de Jesse, involucraban a Rachel directamente y viceversa.

Una de las noches que Rachel recuerda con más alegría es aquella en la cual la pareja se fugo de casa para ir a un musical en Nueva York. La idea parecía desquiciada con solo ser mencionada en voz alta, pero todas estas locuras siempre se veían excitantes y emocionantes, tanto así, que era imposible evadirlas.

Nada habría salido tan perfecto aquella noche si no hubiera sido por la ayuda de Ryan, el tío de Jesse, quien un poco antes de que los padres de este murieran, se la pasaba animando a su sobrino a vivir la vida siempre en el carril de la emoción. Había inventado a los padres de Rachel que su compañía estaba organizando un campamento religioso para jóvenes judíos, lo cual resulto totalmente hilarante para Jesse y Rachel, quienes tuvieron que contener las carcajadas al escuchar como Ryan convencía a los padres de dejarla asistir a dicho evento religioso. Les compro un par de boletos para Nueva York y les prestó el departamento que tenía en el centro de Brooklyn. Ryan era el mejor de los tíos, y por esta razón a Rachel le pesaba tanto que su final haya sido tan trágico.

Mientras el sacerdote en la ceremonia religiosa pronunciaba palabras de aliento, Rachel no dejaba de recordar tantas anécdotas que habían pasado a causa de Ryan. Y evitaba a toda medida ver como su caja era sepultada cada vez más rápido por capas de tierra que jamás se volverían a remover.

Al ver como las lagrimas de Rachel salían sinceras de sus ojos, Quinn y Kurt la abrazaron gentilmente antes de que se desmoronara en público.

Los últimos meses habían sido de un total caos, y la causa había sido aquella noche del baile principalmente. Pero ahora, con Ryan en un ataúd cinco metros bajo tierra, Rachel podía sentir una gran responsabilidad dentro de ella. Tenía que hacer algo al respecto. No podían aparecer más personas heridas en su vida. ¿Quién sería el siguiente? ¿Alguno de sus padres? ¿Alguno de sus amigos? No podía quedarse sentada a esperar para averiguarlo.

Tomo una rosa blanca de los arreglos florales a sus costados, y gentilmente la lanzo hacia el ataúd de Ryan, dándole así una despedida definitiva.

- Nada de lo que paso es tu culpa – dijo Kurt a Rachel mientras tomaban un café al término del funeral.

- No lo sabes – respondió Rachel aun con mirada perdida.

- No puedes culparte de cada muerte que ocurre en Lima. – replico Quinn.

- Lo se, pero la de David y Ryan si me dan vueltas como loca. Se que tengo que ver en ellas, algo me dice que se porque todo está pasando. ¡Pero me mata no poder recordar esa estúpida semana! ¿Qué paso esa semana? – decía Rachel haciendo que los demás la vieran compasivamente.

- Debes dejar de atormentarte – le dijo Kurt de nuevo.

- Tu viste esa nota también Kurt, alguien está jugando con nosotros. Ese alguien quiso matarnos y logro hacerlo con Ryan. No puedo no preocuparme.

- ¿Crees que sea Jesse quien esté haciendo todo esto? – pregunto Quinn.

- La nota es algo clara – inquirió Kurt – decía "Esto es por Jesse", creo que hay más personas implicadas.

- Sea o no él el culpable. Sé que tiene más respuestas para mí de las que parece, y ahora estoy segura de que esta en algún lugar no muy lejos de aquí. Tengo que encontrarlo, y juro que lo hare.

Después de unos minutos junto con Rachel y Kurt, Quinn salió apresurada de la cafetería para encontrarse con Lindsay, quien la esperaba en una de las galerías de Lima para que le ayudara a preparar una exposición de la cual estaba a cargo.

Camino hasta el centro de la ciudad con un bolso ligero y tacones altos, su sonrisa era obvia, y hacia que los demás sonrieran también al notarla.

Fue entonces cuando una ligera voz detrás de ella interrumpió su caminar.

- Pensé que las rubias lindas estaban todas en California – dijo esa voz haciendo que Quinn se detuviera. Estuvo a punto de responder con una mala palabra pero pudo notar a tiempo quien era.

- ¡Noah! – grito con alegría corriendo a los brazos de su antiguo amigo.

Ambos parecieron estar contentos de verse. Se miraron a los ojos y al instante regreso su amistad forjada en los últimos meses.

- Sabía que me habías extrañado. – dijo Noah alardeando.

- ¿Por qué no me dijiste que venias? Hablamos por chat hasta de tu almuerzo en la escuela y no pudiste mencionar este pequeño detalle.

- Quería que te sorprendieras.

- ¿Y a que debemos tu visita? – dijo Quinn aun sonriendo.

- Bueno, ya sabes, extrañaba el olor de este lugar – dijo él bromeando.

Hicieron una pausa y se miraron hasta que sus caras fueron serias de nuevo.

- En serio – inquirió Quinn.

Fue entonces cuando Noah vio de frente su razón de volver al otro lado de la calle. Su mirada se ilumino y metiéndose las manos en las bolsas de los pantalones inhalo profundamente.

- Una mirada dice más que mil palabras ¿no? – dijo Quinn al observar a Tina en la acera de enfrente.

- Estuve pensando mucho tiempo en ella, tenía que verla otra vez.

- ¿Y porque no le has hablado? No sé qué esperas, sabemos que ella esta ilusionada contigo desde hace años.

- Eso es lo que pensé, pero cuando la invite a salir simplemente me rechazo.

- ¿En serio? ¿Tina?

- En serio. Creo que mucho cambio desde que me fui.

En ese momento Quinn recordó el pequeño secreto a voces que se rumoraba en el pueblo sobre ella. Todos sabían ahora que Quinn tenía preferencias distintas, pero al parecer Noah no se había enterado del tema. La miro confundido al notar que su cara se había llenado de vergüenza. ¿Cómo decirle a él lo que sentía en realidad? No sabía ni si quiera como poder traer el tema a colación.

Y entonces, como un ángel dispuesto a salvarla, otra vez, Lindsay llego con una caja de charola de cafés y sus ojos brillantes como siempre.

- Iba de camino a verte – dijo Quinn al notar que ella estaba ahí.

- Pensé que llegaría tarde – respondió Lindsay – me alegra no haberte tenido esperando.

Noah las miro intrigado y luego dirigió su mirada hacia Quinn incitándola a presentarlos.

- El es Noah – dijo Quinn al notarlo.

- Hola Noah – respondió la chica – soy Lindsay.

- Mucho gusto – respondió él sonriendo.

De nuevo otra ola de silencio llego al lugar.

- Entonces ¿Te llamo después? – pregunto Quinn despidiéndose de Noah

- Claro – respondió él, viendo como su mejor amiga se alejaba.

Ahora Quinn sabía que tenía que decirle a Noah su secreto, pues no soportaría otra escena incomoda sabiendo que se lo estaba escondiendo.

Kurt llego con a casa con comida cerca de las dos de la tarde, no se sorprendió al ver a Blaine sentado en el sofá, pues sabía que los últimos días había estado saliendo antes de su turno en el trabajo. No había dejado de leer sobre enfermedades mentales en los últimos días, haciendo más difícil para Kurt olvidarse del tema.

- Traje tu favorito – dijo Kurt dejando la comida en la mesa, esperando que Blaine lo mirara.

- Está bien, no tengo hambre. – respondió él sin siquiera quitar los ojos del libro que tenía en las manos.

Kurt avanzo hasta el mirándolo fijamente desde el otro sofá, espero unos minutos, pero no obtuvo ninguna señal de vida. Comenzó a tomar las cartas que estaban en la mesa y empezó a abrirlas una por una. La mayoría era correspondencia publicitaria así que no se molestaba en observarla mucho. Entonces de uno de los sobres cayeron un par de papeles brillantes debido a que ya estaba abierto. Kurt miro el remitente y supo que aquellos pases eran para Blaine.

- ¿Una fiesta de aniversario? – pregunto Kurt al leer la llamativa invitación.

No obtuvo respuesta.

- ¡Blaine! – dijo con voz alta para llamar su atención. Blaine lo miro esta vez algo desorientado - ¿Vas a ir?

- Ah, no, no tengo tiempo, además es esta noche y no prepare nada. Creo que todos mis trajes están en la tintorería – respondió Blaine agachando la mirada de nuevo.

Esta vez Kurt supo que era suficiente. Se puso de pie y con un fuerte golpe tiro el libro de sus manos.

- ¿No te dijo tu padre que es de mala educación hacer eso? – dijo Blaine mirando serio a su novio.

- No me importa. Estoy cansado de que te la pases leyendo. Y te lo digo desde ahora, vas a ir a esa fiesta.

- Ya te dije que no quiero ir. – respondió Blaine. – y lo que hago no es por gusto mío, quiero ayudarte.

- Me estas matando lentamente Blaine – respondió Kurt dándole la espalda al chico en el sofá.

- ¿De qué hablas? – pregunto Blaine.

- Cada vez que llego estás leyendo un libro sobre mi enfermedad y ni siquiera te molestas en preguntar cómo me fue. Tal vez en tu mente de doctor, estas pensando fielmente que me ayudas, pero como tu novio debo decirte que cada vez me haces sentir peor. Siento que estoy condenado a muerte y todo porque ahora lo único que te importa es revertir esto. Yo ya acepte que viviré con esta enfermedad y tratare de sobrellevarlo. Pero eres tu quien no lo entiende.

Blaine se quedo en silencio y lentamente avanzo hacia Kurt para abrazarlo.

- No sabía que te sentías así – dijo Blaine apenado.

- Pues ahora ya lo sabes – respondió Kurt aun algo alterado – y si no quieres verme mas enojado iras a la tintorería a recoger uno de los trajes y te lo pondrás para salir esta noche.

- ¿No me vas a acompañar?

- Algunos tenemos exámenes para la universidad. – respondió Kurt – pero quiero que tú te distraigas por mi ¿Hecho?

Blaine sonrió al ver como Kurt seguía siendo el más valiente y centrado de los dos, a pesar de ser que el que tenia mas presiones.

- Hecho – respondió él después.

Rachel aun seguía algo decaída debido a la muerte de Ryan. Y al parecer al destino le gustaba jugar con ella. Pasaba de largo para dejar un plato en la cocina que se había quedado en su habitación, pero de pronto de su buro una pequeña cajita cayó al piso. Era una pequeña bailarina que Ryan le había regalado cuando él y Jesse la habían ido a ver en su recital de invierno. Se puso en cuclillas y comenzó a mirarla detenidamente. Y entonces, en ese momento, otro pedazo de la noche del baile llego a su cabeza.

Recordó como había ido con Jesse a Sunville para encontrarse con David, sabía que esto ya lo tenía en mente, pero ahora algo en aquel recuerdo había cambiado. Rachel creía que solo Jesse había bajado del auto en ese momento, pero ahora podía recordar como a causa de la desesperación, ella había entrado a la habitación de David también.

- ¿Estás seguro de que funcionara? – preguntaba Jesse a David sonando desconfiado.

- Solamente hay que actuar rápido. – respondió su amigo.

- Aun no sabemos si en realidad están aquí. – dijo Jesse

- Yo se que los vi – decía Brittany, quien también estaba en la habitación esa noche.

Rache había olvidado por completo ese momento crucial. Ni si quiera recordaba que hubiera conocido a Brittany antes, pero ahora sabia que aquella noche estaban planeando algo, y todo había acontecido bajo el techo de aquella habitación en Sunville.

- No tenemos que ir al baile – recordó decir Rachel esa noche.

- No quiero que te pierdas esto, iremos, no importa lo que digas – le respondía Jesse acariciando su mejilla. Mientras Brittany los miraba enojada.

- ¿Entonces esta todo claro? – pregunto David de nuevo.

Jesse asintió con la cabeza tomando una gran bocanada de aire.

En ese momento el recuerdo de Rachel se apago. Y de nuevo estuvo en su habitación mirando la pequeña caja de música que se había caído.

No había sido casualidad que Jesse la llevara al baile esa noche. Algo tramaban ese grupo de amigos, y como Rachel había jurado aquella mañana, descubriría todo sobre dicho plan. ¿Sería que Jesse y sus amigos planeaban algo malo? Si fuera así, Rachel había estado también involucrada.

Al hacerse esa pregunta supo que tenía que hacer. Daría una visita mas a Sunville, y esta vez no se iría sin respuestas.

Lindsay y Quinn habían pasado casi toda la mañana juntas. A Quinn le venía bien distraerse de lo que había sucedido con Ryan, y Lindsay era la mejor manera de lograr esto. Comían en uno de los restaurantes de la ciudad, riendo al recordar cosas de su infancia, cuando un hombre entro agitado al lugar. Tenía un maletín en la mano y un manos libres en la oreja.

Al parecer hablaba con alguien que lo estaba haciendo enfadar.

- Te dije que no volvieras a contratar a nadie en esa agencia – gritaba aquel hombre haciendo que todos lo miraran.

- Al parecer alguien ha tenido un mal día – dijo Lindsay bromeando con Quinn al notar el ajetreo que aquel hombre causaba.

- Alguien debería decirle que no tenemos la culpa de lo que le pase – respondió Quinn.

Lindsay sonrió.

- Te reto a que le digas que se calle por respeto a los que estamos comiendo – dijo después.

- ¿Y que gano si lo hago? – pregunto Quinn sin hablar en serio.

- Yo pago la cena de hoy – respondió Lindsay.

Esto era oficialmente una invitación para cenar esta noche. Quinn estaba ahora interesada en el trato y rápidamente se puso de pie retando a su ahora amiga con la mirada.

Se puso detrás de aquel hombre y toco su espalda gentilmente.

- Disculpe – dijo ella al tener la atención del sujeto – solo quería decirle que debería de bajar un poco su tono de voz. Tratamos de comer.

En ese momento las personas que estaban cerca escuchando a Quinn comenzaron a aplaudir. Se noto entonces que las dos chicas en la mesa cinco no eran las únicas inconformes.

- Espera, hay alguien aquí – dijo el hombre aun hablando con alguien por celular.

Quinn esperaba una grosería por parte de aquel hombre. Pero sorpresivamente, este la comenzó a mirar fijamente, como si tuviera algo especial en el rostro.

- ¿Qué? – pregunto Quinn al notarlo.

- ¿Trabajas para alguna agencia de modelaje? – pregunto aquel hombre.

- No – respondió Quinn. En ese momento Lindsay se había puesto a su lado.

- ¿Te gustaría? – pregunto de nuevo el sujeto causando que Quinn riera.

- ¿Yo? ¿En una agencia de modelos? No lo creo – respondió ella

- Mi compañía tiene un evento para mañana, necesitamos a alguien que pueda fotografiarse para los anuncios hoy y estar en la pasarela para mañana en la noche. tienes facciones muy bonitas, deberías pensarlo.

- No se que decir – respondió Quinn.

- Di que si – inquirió el hombre frente a ella. – me salvarías la vida.

Quinn dirigió su mirada hacia Lindsay, mientras esta la alentaba a asentir con la cabeza.

- Está bien – dijo Quinn algo dudosa.

- Genial, aquí está mi tarjeta – respondió aquel hombre – llámame en una hora y te diré en donde presentarte para la sesión.

Las chicas frente a él comenzaron a mirarlo algo confundidas pero con alegría en sus adentros.

- Si sigo aquí, encontré a la modelo perfecta – decía el hombre saliendo del restaurante.

- Creo que tendremos que posponer la cena. Ahora eres una modelo – dijo Lindsay bromeando.

- No lo puedo creer – respondió Quinn aun mirando la tarjeta del agente que se había marchado unos segundos atrás.

Rachel estaba saliendo de su casa hacia Sunville cuando noto que su neumático estaba ponchado. Sus padres no estaban en casa en ese momento así que tendría que llamar a un mecánico. Comenzó a mirar los daños sin darse cuenta que alguien la observaba desde el otro lado de la acerca. Sam, el nuevo vecino empezó a caminar hacia Rachel hasta llegar justo donde estaba ella.

- ¿Necesitas ayuda? – dijo él haciéndola saltar del susto.

- Hola – respondió después – creo que mi neumático murió.

- Si tienes el repuesto puedo ayudarte a arreglarlo.

- ¿Podrías? Creo que tengo un repuesto en la cochera.

- Claro, no es problema – respondió Sam

Rachel abrió la puerta de la cochera y le indico a Sam donde estaba la llanta y la herramienta. El chico las tomo y comenzó a cambiar el neumático desinflado. Fue entonces cuando Rachel recordó verlo con una caja llena de medicamentos unas noches atrás.

- ¿Eres estudiante de medicina o algo así? – pregunto ella mientras él trabajaba.

- No ¿Por qué lo preguntas?

- Solo tenía curiosidad. Vi que llevabas muchos medicamentos a tu casa.

El cuerpo de Sam se puso rígido.

- Ahh – respondió titubeando – no eran míos, solo los guardaba para un compañero.

- Ya veo – dijo Rachel notando que se había puesto extraño.

- Te he visto algunas veces en los noticieros – dijo Sam después de un breve silencio.

- Creo que todos en Ohio lo han hecho.

- Tal vez eso sea una ventaja. Podrías ser famosa algún día – dijo Sam cuando ya había terminado de poner el neumático.

- No creo que este tipo de fama me favorezcan.

- Lo que la gente busca, aunque parezca tonto, es siempre el dolor ajeno. Te sorprenderías de que tan lejos llegan las personas por verlo – comento Sam haciendo que Rachel lo mirara fijamente.

- ¿De qué hablas? – pregunto ella.

- De nada – dijo él – en fin, tú llanta esta como nueva. Nos vemos pronto vecina.

Después de decir esto él cruzo la calle y cerró su puerta en cuanto llego a casa. Rachel aun no salía de la calle cuando por el retrovisor logro ver a Sam, mirándola a través de la ventana. Había algo extraño en él. Pero ahora no sería más importante que Jesse.

La fiesta de aniversario del hospital más prestigioso de Lima había comenzado desde temprano. La noche comenzaba a caer sobre aquel evento haciendo más interesante estar ahí. Blaine había asistido como consejo de Kurt. No se quedaría por mucho tiempo, así que solamente se había sentado en la barra para matar el tiempo tratando de no pensar en la enfermedad de su novio.

Una mano gentil le toco la espalda.

- No esperaba verte aquí – dijo Santana detrás de él sonriendo.

- ¡Hola! – dijo Blaine al verla – lo mismo pienso ¿Qué haces aquí?

- Mi padre es uno de los médicos de terapia intensiva. Me pidió que lo acompañara y, aquí estoy – respondió ella. - ¿viene Kurt contigo?

- No, el está estudiando para algunos exámenes

- Claro – respondió Santana – él y Quinn siempre han sido así. Rachel solía ser la divertida del grupo.

Blaine sonrió.

- ¿todo va bien en tu embarazo? – pregunto Blaine tratando de sostener la conversación.

- Es lo que me dicen los doctores. Los primeros meses no parecía cambiar nada, pero ahora siento todo y más de lo que las amigas de mi madre me decían. Pienso que me lanzaron una maldición con sus comentarios para infundirme miedo.

- Debes cuidarte de ellas entonces – respondió Blaine riendo.

Una cara conocida comenzó a llamarlo del otro lado del lugar. Era Jeremyha, al parecer quería que lo acompañara en la mesa en donde estaba sentado.

- Si me disculpas – dijo Blaine yendo hacia donde estaba él. – nos vemos en un rato.

- Adiós – respondió Santana mirándolo alejarse.

Santana siempre había sido famosa por su sexto sentido. Y al parecer dicho don no había fallado esa noche. En cuanto vio a Blaine con Jeremyha, supo que algo andaba mal en ese asunto. Y ya que Kurt era su amigo, tomo como misión aquella noche, vigilar a su algo ebrio novio.

Rachel llego a Sunville un poco tarde. Todo estaba como ella lo recordaba desde la última vez que había estado ahí. Se puso frente al escritorio de la recepción y comenzó a llamar con la campanilla que estaba puesta en el lugar. Una chica vino hacia ella y le sonrió amablemente.

- ¿puedo ayudarle en algo? – pregunto dicha joven.

- Si, quería hablar con la dueña del lugar. Es tía de un Joven llamado David Brooks, hable con ella hace unos meses, pero ahora no puedo recordar su nombre.

- La señora Alice no está ahora en el hotel. Salió de viaje. Pero puede venir a buscarla la próxima semana.

Rachel bajo la mirada y comenzó a pensar que hacer. No sería coherente pedir que la dejaran entrar a todas las habitaciones en el lugar hasta encontrar en la que David había estado. Pero sabía también, que no podría dormir esa noche sabiendo que una pista podría estar escondida en el lugar. Fue entonces cuando como un rayo de luz pudo reconocer la puerta de entrada de la habitación que buscaba. Era la alcoba diecisiete al final del corredor principal.

- Disculpe – dijo Rachel de nuevo a la joven - ¿Habría alguna posibilidad de que me dejara entrar a la habitación diecisiete por unos minutos?

- ¿Desea hospedarse por esta noche?

- Solo necesito entrar unos minutos

- Entonces no creo que sea posible – respondió la chica dándole de inmediato la espalda a Rachel.

Ella comenzó a pensar en algún plan para lograr entrar sin ser vista. Pero por más que analizaba no encontraba nada que pudiera funcionar. En ese momento alguien se acerco a ella.

- Disculpa – dijo un hombre de alta estatura – no pude evitar escuchar tu conversación. Parece que te urge mucho entrar a la habitación diecisiete ¿no?

- Si – respondió Rachel confundida.

- Mi nombre es Theo – dijo él al notarlo.

- ¿estás hospedado en esa habitación? – pregunto Rachel emocionada.

- En la dieciséis de hecho, pero está enfrente.

Rachel aun no entendí que estaba pasando.

- Creo que debo hacer mi buena acción del día contigo, así que me gustaría ayudarte a entrar – dijo el sonriendo gentilmente.

Rachel se ruborizo al ver la sonrisa tan tierna que Theo tenía en la mirada. Nadie se había preocupado por ella sin si quiera conocerla. Esto era algo especial.

- ¿Crees poder lograrlo? – pregunto Rachel.

- Hare mi mejor intento. – dijo él. – solo escóndete detrás de esa planta, y cuando la recepcionista se descuide, corre rápido hacia la diecisiete. He visto que tienen una llave bajo el tapete.

Rachel sonrió y camino hasta la planta que Theo le había indicado.

En ese momento el chico tomo un vaso de agua y comenzó a toser fuertemente en la recepción. Luego de repente se dejo caer al piso haciendo que todos lo rodearan para auxiliarlo. En ese momento Rachel supo que tenía que correr. Tomo la llave debajo del tapete al estar frente a la puerta del diecisiete y abrió rápidamente para entrar.

La habitación estaba tal y como la recordaba. Había una antesala antes del dormitorio principal y todos los muebles parecían ser nuevos. Era como vivir un Deja vu.

Camino hasta la cama y comenzó a cerrar los ojos para recordar mas sobre esa noche. Fue entonces cuando se dio cuenta de que una parte de la habitación faltaba en el lugar. En su recuerdo podía ver un pequeño cuarto en donde estaba solo una mesa y lámparas a los lados. Pero por más que la buscaba en el lugar no lograba encontrarla.

Vio entonces un pequeño hueco en la pared aledaña a la cama. Parecía estar sobrepuesta y fue entonces cuando comprendió que la habitación que buscaba estaba detrás de la madera.

Con toda la fuerza que pudo logro mover la tabla lo suficientemente fuerte para entrar por un agujero. Cuando estuvo adentro reconoció la mesa y al encender la luz pudo recordar un poco más. Sabía que debajo de una de las losetas estaba un hueco en el que Jesse había puesto algo antes de irse. Camino hasta la mesa y vio recargada en una de las paredes una mochila negra. Al abrirla solo encontró algo de ropa masculina y unas cuantas barras de comida que había dejado dentro.

Alzo la mochila y pudo ver el hueco que recordaba. Lo quito con rapidez y saco de aquel agujero un paquete amarillo envuelto en una bolsa negra.

Lo abrió encontrando primero calcomanías de la universidad de California, después saco unas cuantas fotografías y comenzó a mirarlas. Había algunas de Brittany con Jesse y David, parecían estarse divirtiendo en la playa. Pero en ese momento, cuando Rachel estaba comenzando a sentir nostalgia, sus ojos se abrieron a causa de la impresión.

La chica que había muerto en el bar del Salt Lake City unas noches atrás estaba abrazando a los tres amigos anteriores en varias de las fotografías. ¿Era acaso que todas las muertes alrededor de Rachel siempre la llevaban hasta Jesse? Esa respuesta no la sabia, pero si sabía que aquella chica era amiga de su ex novio, y al parecer de David y Brittany también.

Giro la fotografía y observo los nombres en la parte trasera. "Verano en California, Jesse, Britt, David y Giuli "

En ese instante un ruido se escucho en el corredor. Rachel tomo la bolsa negra y salió de la habitación con cautela. Llevaba entonces en las manos una pista más, que con esperanza la conducirían hasta Jesse.

La noche estaba ya avanzada, y santana sabia que esto no podía ser bueno para el bebe. Así que decidió tomar su auto e ir a casa a dormir temprano. Quito la alarma en la acera de la calle y comenzó a guardar su bolso en el asiento del copiloto.

Fue entonces cuando vio algo que no se esperaba.

Blaine estaba en realidad muy ebrio. Parecía ni siquiera poder caminar bien y un chico a su lado lo ayudaba a llegar hasta la calle para tomar un taxi.

La primera impresión que tuvo santana en ese momento fue normal. Al parecer uno de los compañeros de Blaine se preocupaba por que estuviera bien. Pero unos minutos más tarde algo hizo que la alarma interna de Santana se encendiera notando en sus adentros, algo malo.

El chico rubio frente a Blaine lo estaba tomando muy cerca de la cintura mientras Blaine lo miraba de cerca. Se habían comenzado a acercar mucho cuando Santana comenzó a avanzar hacia ellos. Estaban a punto de besarse cuando Jeremyha noto que Santana lo miraba de cerca.

En ese momento un taxi se detuvo enfrente de Blaine y el chico que estaba con él lo subió rápido indicándole al conductor su dirección.

En cuanto el taxi arranco Jeremyha miro a Santana tan fijo como ella lo miraba a él.

Ahora era seguro para Santana, ese chico era una amenaza para su amigo Kurt. Y si, ella había perdido muchas cosas después de su embarazo, pero el coraje que se desataba cuando alguien se metía con sus amigos, no se había desvanecido para nada.

Rachel aun seguía algo sorprendida cuando llego hasta su auto con el paquete en la mano. Lo guardo en su bolsa de mano mientras veía como Theo se acercaba a ella.

- ¿Encontraste lo que buscabas? – pregunto él.

- Algo así – respondió - ¿Cómo sabes que buscaba algo?

- Regularmente cuando te urge tanto entrar a un lugar es por eso – dijo él.

Ella sonrió. Comenzó a abrir la puerta de su auto, cuando con una palabra él la detuvo.

- Espera – dijo Theo. – te ayudo a meterte ilegalmente a un cuarto de hotel y ni siquiera me das tu numero.

De nuevo Rachel se ruborizo.

- No contara como acción buena del día si te doy algo a cambio. – respondió.

- Podría ir a ayudar a ancianitas a cruzar la calle en el centro. Tu no te preocupes por mi – dijo el haciendo reír a Rachel.

En esos momentos logro notar lo bella que era la sonrisa de Theo. Pero como un balde de agua fría Jesse se presento en su cabeza de nuevo. ¿Estaría lista ya para conocer a alguien más? La respuesta más coherente era un retundo no. Pero había algo en este chico que la incitaba a decir que sí.

Comenzó a escribir en un pedazo de papel su número y se lo entrego al chico.

- Te llamo pronto – dijo él antes de que ella se despidiera.

No parecía buena idea aun para Rachel. Pero por alguna razón, estaba ansiosa por recibir esa llamada.

Mientas tanto Quinn estaba terminando su sesión de fotos para los promocionales que el agente en el restaurante le había pedido que hiciera.

Lindsay la había esperado hasta el final de la sesión y cuando había terminado se ofreció a llevarla a casa.

Caminaban por la calle cuando Quinn no pudo contener su emoción un segundo más.

- Creo que me gusto hacer esto – dijo refiriéndose a las fotografías y el modelaje.

- Se nota – respondió Lindsay.

- Sí, pero, en realidad no creo que funcione. Solo las chicas muy lindas aparecen en portadas y todo eso.

- Chicas no tan lindas como tu – dijo Lindsay deteniéndose frente a Quinn.

Ella sonrió al escucharlo.

- ¿Crees que sea tan linda como ellas?

- Mucho más – respondió Lindsay.

En ese momento un silencio se adueño del momento.

Ambas recordaron la noche del cine y se comenzaron a acercar poco a poco. Esta vez, sus labios si se tocaron. Y lo que comenzó como un pequeño roce, se convirtió en un verdadero beso en medio de la calle solitaria.

Quinn la miro después de separarse y sonrió.

Lindsay le abrió la puerta del auto mientras también se notaba su alegría.

En ese momento, cuando Quinn ya estuvo dentro, el celular de Lindsay sonó.

Ella contesto y su mirada cambio rápidamente.

- ¿Tienes ya algo que pueda servirme? – dijo una voz del otro lado de la línea.

- Aun no, pero creo que pronto podre darte más información – dijo ella.

- No debes tardarte mucho. No te envié de vacaciones.

- Lo sé – respondió ella – pero creo que ya gane completamente su confianza – dijo de nuevo mirando a Quinn.

- Espero tu llamada pronto Lind – dijo de nuevo esa voz.

- No desesperes – dijo ella colgando el teléfono y subiendo al auto, como si nada hubiera pasado.

"Se rumora que… Lindsay tiene planes distintos a los que Quinn piensa, en los cuales, podría salir herida"