Lo sé, he tardado muchísimo en actualizar. Ni siquiera voy a pedir disculpas porque no serviría de nada. Me ha sido imposible actualizar antes, por una serie de razones y acontecimientos que me han pasado, así que simplemente solo voy a volver a agradecer a quienes tenéis la paciencia de aguantar la espera y seguir leyendo el fic a pesar de eso.

Espero que os guste el capítulo, y no voy a prometer cuándo volveré a actualizar, pero prometo intentar hacerlo pronto.


Entrelaza sus manos con nerviosismo, rodeando su vientre de siete meses mientras esperan al doctor. Martha debe notar su estado de intranquilidad, ya que rápidamente coloca su mano sobre el hombro de Kate, consiguiendo relajarla un poco.

No es que tenga miedo a que algo malo le ocurra al bebé, cada pocos minutos puede sentir cómo se mueve en su interior, y está segura de haber recuperado al menos un poco de peso en estas últimas semanas, gracias a la ayuda de Martha que de vez en cuando intenta hacerles algo de compra. Lo que realmente le asusta es su doctor y, aunque pueda sonar así, no se trata de ningún trauma infantil ni ninguna pataleta. Cada vez que acude a su consulta siente cómo ese hombre trata de atacarla emocionalmente por algún motivo, y sabe que no apoya el hecho de que Kate y Rick vayan a hacerse cargo de su propia hija.

Mira a Martha, quien le dirige una mirada de cariño, acompañada por una pequeña sonrisa que dice "tranquila, todo está bien". Kate asiente y trata de devolverle la sonrisa, tratando de evitar ese pequeño escozor que se acumula en sus ojos cada vez que la madre de Rick le hace recordar a su propia madre.

Cinco minutos más tarde, el doctor finalmente entra en la consulta, echando un rápido vistazo a la acompañante de su paciente. Tras sentarse en su silla, observa con detenimiento los informes sobre su escritorio y se aclara la garganta, antes de levantar la cabeza hacia Kate y Martha.

-¿Has estado siguiendo los consejos que te di la vez pasada, comiendo bien, descansando lo suficiente? – dice en un tono despectivo mientras golpea levemente un bolígrafo sobre su escritorio.

Kate traga saliva con dificultad antes de contestar, pues no quiere sentirse achacada ante la persona que tiene delante, pero siente cierto miedo ante lo que el doctor pueda decir.

-Sí, yo… bueno, he comido lo mejor que he podido y… he descansado…

-Noto cierto tono de duda en usted, por lo que imagino que no ha hecho lo necesario, ¿me equivoco?

Kate se calla de inmediato, agachando la cabeza y sintiéndose totalmente indefensa delante de aquel hombre que solo trata de golpearle una y otra vez mentalmente, haciéndole sentir que no se preocupa lo suficiente por su bebé. Se llega a plantear que quizás tenga razón, sin embargo la cálida mano de Martha se posa sobre la suya e inmediatamente empieza a hablar, haciendo que todos los pensamientos que abordaban su cabeza desaparezcan en cuestión de segundos.

-Creo que hay algo que usted no entiende – comienza la pelirroja – Katherine y mi hijo están haciendo todo lo posible por salir adelante y darle a ese bebé las mejores condiciones posibles.

-¿Las mejores condiciones posibles? – ríe el doctor – Por lo que yo sé, Kate tiene una salud muy por debajo de lo recomendable para una embarazada, mientras que su hijo… bueno, ni siquiera lo he visto aparecer por esta consulta en meses, si eso es a lo que usted llama preocuparse.

-Esto es indignante. Si mi hijo no ha podido venir a las revisiones es porque se pasa el día trabajando para darle un buen futuro a ese bebé. Dejando a un lado eso, dice, agarrando su bolso y levantándose de la silla, la vida privada de sus pacientes es privada y usted no tiene por qué meterse donde no le llaman. Ahora mismo vamos a ir ahí fuera – dice, señalando la puerta a sus espaldas con aires teatrales – y vamos a pedir un cambio de médico.

-Buena suerte con eso – dice él jactándose de las palabras de la mujer e inclinándose hacia atrás en su asiento.

-No le quepa la menor duda que vamos a plantear una queja contra usted, mientras tanto puede guardarse sus malos humos para su casa. Vámonos Kate.

La joven, que hasta entonces se había mantenido al margen, en silencio y estupefacta escuchando cómo la madre de Rick ponía en su sitio al doctor, asiente levemente y se levanta de su silla, siendo agarrada por el brazo por Martha y saliendo juntas de la consulta.

-Lo siento querida – dice ésta en cuanto llegan a la sala de espera del hospital – pero no me podía quedar callada ante semejante patán.

-No sé qué decir… - dice Kate, todavía algo sorprendida – Gracias Martha, eso ha sido… alucinante. Yo nunca me atrevo a decirle nada porque…

-No tienes que preocuparte, es normal que no sintieses las fuerzas de poder enfrentarte a ése gandul por ti misma ante semejantes barbaridades, pero como he dicho, ahora mismo vamos a poner una queja y rellenar los informes que haga falta para que hagan un cambio de doctor, y no tendrás que volver a preocuparte…

Martha se calla de inmediato al ver cómo Kate apoya su mano izquierda contra la pared, presionando sus ojos e intentando regular su respiración.

-¿Querida estás bien?

Kate simplemente asiente, todavía manteniendo los ojos cerrados.

-Siéntate, voy a avisar a una enfermera.

-No Martha, estoy bien, creo que solamente ha sido una bajada de tensión, nada más. ¿Podemos… ir a casa?

-Claro, necesitas descansar, eso es todo. Sin embargo, mañana tengo un rato libre y volveremos a venir para hacer esa queja.

Kate asiente, sabiendo que la actriz tiene razón y ambas se dirigen hacia la salida.


Dos horas más tarde, cansada de estar tumbada sobre su cama decide caminar hasta el sofá, donde por lo menos puede matar las horas viendo la televisión. Sin embargo, antes de encender la tele, un cajón abierto del pequeño mueble del salón llama su atención y se dirige hasta él para cerrarlo, encontrándose por sorpresa unos cuantos papeles con varios números de teléfono. Dado que no son suyos da por hecho que deben ser de Rick y, aunque no sabe de qué se trata o si debería cotillearlo o no, simplemente coge los papeles, leyendo un nombre escrito a bolígrafo en la parte superior de uno de ellos: centros de rehabilitación.

Un nudo comienza a formarse en su estómago, pues probablemente Rick ha estado buscando este tipo de centros para saber dónde se puede encontrar ingresado su padre… Observa detenidamente todos los números de teléfono, sin que ninguno de ellos le diga nada, hasta que uno de ellos llama su atención. Está rodeado en un circulo de color rojo.

Tras dudar unos segundos, Kate coge su teléfono móvil y marca el número, antes de arrepentirse. Al otro lado de la línea le contesta una voz masculina.

-Hola soy… soy la hija de uno de sus pacientes, me gustaría saber si puedo ir a hacer una visita a Jim Beckett.

-Espere unos segundos… Jim Beckett… - dice éste, mientras se le escucha teclear algo rápidamente – Ajá, aquí tengo el informe de su padre… Sí, puede venir a verlo, pero las horas de visita son solamente hasta la una.

Kate mira el reloj del televisor. Eso es dentro de hora y media, si tiene que desplazarse hasta allí apenas tendría unos quince o veinte minutos para hablar con él, sin embargo siente que debe hacerlo.

-Genial, muchas gracias, estaré allí en un rato – dice, antes de colgar el teléfono y apresurarse a coger su bolso.


Siente una pizca de culpabilidad al haber ido hasta allí sin avisar a Rick. Ahora su teléfono está muerto sin batería y no hay forma de que pueda hacérselo saber. Sin embargo, probablemente volverá a casa antes de que él llegue del trabajo y podrá agradecerle lo que ha hecho por ella, buscando el centro donde se encuentra su padre.

Suspira mientras entrelaza sus manos entre sí, por encima de su vientre. Lleva bastante tiempo sin ver a Jim, y, aunque ya ha superado lo que éste le dijo la última vez que se vieron, pues sabe que todo era fruto del estado en el que se encontraba, no sabe muy bien cómo va a reaccionar al volver a verla ahora, al verla realmente embarazada…

De pronto la puerta de la pequeña sala de visitas en la que está esperando se abre, dejando paso a Jim y a un enfermero que lo acompaña. Enseguida puede sentir cómo el rostro de Jim se ablanda al verla, después de tanto tiempo, y cómo, a pesar de estar bien cuidado, su rostro está bastante desmejorado a cómo solía estarlo.

-Los dejo a solas para que puedan hablar –dice el enfermero, con una amable sonrisa.

Kate asiente, siendo consciente de que apenas tienen unos quince minutos para hablar antes de que el tiempo de visitas se acabe. Y observa a su padre, quien se sienta en silencio en la silla que hay frente a ella.

-¿Cómo estás? – dice ella, con un hilo de voz.

-Tengo lo que me merezco – dice él, con una voz ronca – Seguiré aquí hasta que me recupere del todo.

Kate asiente, intentando evitar que sus ojos se llenen de lágrimas.

-Papá yo…

-No – dice él, cortándola, y mirándola directamente a los ojos – Creo que soy yo quien te debe una disculpa.

Ella no lo puede evitar y sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas. Se siente cómo una estúpida ya que no puede ser fuerte cuando quiere serlo, malditas hormonas. Incapaz de decir nada, deja que su padre continúe.

-Después de unos meses aquí dentro sé que no tuve la mejor reacción, y que no has contado con mi apoyo. Pero me he sentido muy decepcionado – dice, poniéndose más serio todavía. Kate traga saliva, pues la conversación comienza a torcerse por un camino que no le gusta – Kate, tu madre y yo queríamos darte el mejor futuro, queríamos que fueras una persona extraordinaria, y lo eras. No entraba en nuestros planes que nuestra hija se quedase embarazada tan pronto, que te quedases sin el futuro que tu madre y yo soñábamos para ti. Criar un bebé es algo que necesita de muchos recursos y tú eres tan joven todavía… ni tú ni Rick contáis con la experiencia que se necesita…

Kate se levanta inmediatamente, incapaz de seguir escuchando a su padre. Se siente completamente estúpida y vulnerable. Por un momento pensaba que su padre por fin había decidido apoyarla, sin embargo parece que se equivocaba. Siente cómo las lágrimas resbalan por sus mejillas, al mismo tiempo que siente la herida ahondar más en su pecho, y sale de allí sin tan siquiera despedirse de él.

Corre hacia la salida del centro, sin tan siquiera pedir disculpas a la enfermera con la que se choca antes de salir a la calle. Necesita salir de allí, necesita desahogarse, dejar de pensar y preocuparse por los demás y comenzar a preocuparse simplemente por ella, Rick y su bebé.

Se apresura a cruzar la calle sin mirar a los lados, cuando todo a su alrededor se paraliza. Solo escucha el sonido de las ruedas de un coche, intentando frenar sobre el asfalto, mientras ella es incapaz de reaccionar, todo lo que siente a su alrededor es un enorme silencio. Cuando trata de reaccionar una milésima de segundo después, ya es demasiado tarde, el vehículo choca contra ella, no demasiado fuerte pero haciendo que su cuerpo golpee contra la carretera, golpeándose la espalda y la cabeza. Todo a su alrededor se oscurece, mientras ella es incapaz de pensar en otra cosa que no sea Rick o su bebé.