Diferencias.
.
.
.
En un abrir y cerrar de ojos, los cinco días ya han pasado.
Cuando quiere acordar, Sakura ya se encuentra en vísperas del primer encuentro que tendría con la marioneta parlante.
Uno esperaría que, dado el nerviosismo por lo particular de su situación, el paso del tiempo se habría percibido lento, tortuosamente lento. Sin embargo, en una estrategia para reducir el peso del paso del tiempo sobre su mente, Sakura decidió ocupar los cuatro días anteriores en redoblar sus esfuerzos en el hospital, para así poder hacerse con el tiempo libre que necesitaría, y le vendría más que bien, para viajar.
Algo positivo a destacar es el hecho de que no recibió noticias de Kakashi. Eso implica que Akino no recordó nada de aquella vez. Otro aspecto alentador de estos días es que, manteniéndose en el trabajo, la médica puede evitar cruzarse en exceso con aquellos a los que conoce. De todos modos, ella sólo se limita a simular que todo es normal.
Aunque claro, al principio esto fue algo totalmente molesto para ella, casi doloroso. Ser reconocida por su trabajo en el hospital contrasta mucho con las reacciones que se darían si la verdad sobre ella llegase a salir a la luz. No obstante, todo esto fue al comienzo. Con el pasar de los días y de las horas, y al tener sus manos totalmente ocupadas con el trabajo… poco a poco el remordimiento fue cediendo terreno, tanto que pasó de ser algo constante en el primer día, a ser algo momentáneo en los siguientes.
Tan radical fue el cambio que, al cabo del cuarto día, esa sensación sólo aparece de forma esporádica en su consciencia. La sola idea de que la incomodidad y la culpa estén abandonando sus pensamientos le parece horrible...
"¿Es que eso es todo? ¿Es sólo cuestión de acostumbrarse?"
Estas dudas le causan un doble sabor amargo una vez que siente regresar al remordimiento. Se siente rabiar, renegar de su propia pasividad, porque, de algún modo, ella está conviviendo con lo que hizo.
No quiere que sea así. No debería ser así. Ella no es así.
"No soy así."
Esa frase logra resonarle en la mente por el resto del día, y durante la noche que le sigue al mismo.
.
.
Un nuevo amanecer es anunciado gracias a la nueva salida, radiante y cálida, del alba por el horizonte. Esto es lo que Sakura estuvo esperando, y, al mismo tiempo, es lo que más repudia: el encuentro con Sasori. Su primera reunión con la marioneta será hoy, y a la vez terminará hoy, dejando tras sí otra espera de cinco días más.
Al momento de despertarse para acudir a su nueva misión, la kunoichi comienza a preguntarse si terminará enloqueciendo por semejante falta de escrúpulos e hipocresía, y por tantas mentiras acumuladas en su historial.
Temprano en la mañana, antes de que sus padres despierten, la muchacha ya se encuentra activa, ataviada de su usual uniforme de servicio y desayunando una taza de té más un emparedado en el comedor.
Luego de su pequeño receso, ocupado por la primera comida del día, la muchacha se mueve por los pasillos de la casa en penumbras, con cautela y sin la intención de despertar a sus progenitores. Mientras busca todo lo necesario para llevarse consigo en la particular travesía, Sakura termina armándose un equipaje ligero, consistente sólo en armamento ninja indispensable, más alimentos empaquetados en un táper de plástico y una cantimplora con agua.
A decir verdad, con todo lo que su cabeza estuvo dando vueltas estos días, ya no sabe si será necesario volver a pelear. Empero, no se permitirá bajar la guardia de una manera tan radical.
"Después de todo, Sasori sigue siendo un criminal."
Ya con su mochila colgada al hombro, Haruno se encuentra oficialmente lista para partir. Como última medida antes de abandonar el umbral de su casa, le dedica una fugaz mirada al reloj colgado en la pared del living para cerciorarse de la hora exacta de su partida.
"Si todo resulta bien, estaré de regreso antes del crepúsculo." Piensa mientras se promete a sí misma que el encuentro no durará mucho tiempo. A continuación, ella deja atrás la residencia, y luego a la aldea, con un nuevo destino en mente.
Por primera vez, Sakura espera que el ex-Akatsuki cumpla lo que le dijo. Aún así, no tarda en caer en cuenta de que está acudiendo a la reunión sin siquiera haber pensado en un verdadero plan de respaldo.
No puede distinguir si se trata de confianza, estupidez, o desinterés. Quiere creer que no es el primer caso. Definitivamente, no es el primer caso… sino una mezcla de los otros dos. Al menos, eso se dice a sí misma, antes de permitir que el tema se terminase convirtiendo en otro motivo de angustia, que se va acrecentando a cada salto que ella efectúa entre árbol y árbol.
Durante el transcurso del viaje, con el Sol ya irradiando en lo alto del cielo despejado, la kunoichi comienza a sentir a su estómago cada vez más inquieto. Por lo tanto, opta por hacer una breve parada, descendiendo al suelo para desempacar las provisiones que viene cargando en su mochila.
Si bien no puede distinguir si se trata del hambre o de un espasmo producto de su nerviosismo, la joven decide tomarse una pausa de unos pocos minutos para almorzar algo ligero e hidratar su organismo.
Pasado el mediodía, Haruno finalmente empieza a acercarse al lugar indicado por su informante. Por suerte, su memoria visual no vacila en recordarlo casi a la perfección.
Con el pasar de los segundos, siente a sus nervios acrecentarse ante la incertidumbre que le genera la idea de volver a verlo. Sin embargo, quiere atribuir este nerviosismo a la desconfianza que todavía le tiene. A pesar de que esta sola teoría no tiene demasiado sentido, correr este riesgo debe merecer la pena de todos modos.
"Si todo sale bien, no tendré que pelear." Piensa para sus adentros como intentando darse seguridad a sí misma.
La marioneta ya pudo matarla en múltiples ocasiones. No lo hará ahora si no lo hizo antes.
Sonríe acatando estas aseveraciones.
"Es cierto, lógicamente no hay razón para temer." Logra serenarse a sí misma, al menos, por un momento. Acto seguido, arriba al sitio y desciende al suelo de forma definitiva.
Ahora, con los pies puestos sobre un nuevo terreno, la joven se abre paso entre los árboles, cada vez más delgados y separados entre sí, que dan camino al supuesto claro y riachuelo de más adelante.
Mientras camina con tranquilidad sobre el fino césped, Sakura empieza a buscar al titiritero con la mirada.
—Has venido—dice de repente su inconfundible voz, lo que la hace detener sus pasos al instante.
Al seguir con la vista la dirección de la que provino el sonido, lo ve recargado contra el tronco de un árbol, a una cierta distancia de ella. El aburrido ninja se halla moviendo impacientemente un senbon entre sus dedos, con ayuda de sus invisibles hilos de chakra.
Por inercia, ella traga saliva al verlo. Es un reflejo que aún no puede suprimir. La sigue intimidando en cierta manera. No cree que sea por miedo, pero ver la túnica negra, más las manchas de tintura roja que resta de las antiguas nubes, le recuerda cuál es la historia de este sujeto. Ese uniforme es el de un asesino, el de un terrorista.
"Y yo estoy trabajando con uno..."
—Voy a suponer que hiciste lo lógico y has venido sola—prosigue el pelirrojo sin emoción alguna en su voz, al tiempo que guarda el senbon dentro de su túnica y lleva su atención a ella.
—Dije que lo haría—contesta Sakura de modo cortante, algo molesta por la falta de cortesía de parte del "anfitrión".
A continuación, se cruza de brazos esperando a que el renegado se dignase a pararse.
—Está bien, confiaré en tu sentido común—se incorpora apartándose del tronco—. Ven conmigo, preferiría hablásemos en un sitio más cómodo.
Sakura guarda silencio ante la invitación, escudriñándolo con cierto recelo en un intento de leer sus intenciones. Empero, el semblante de Sasori no expresa nada, como siempre. Salvo por el hecho de que él tomó la decisión de hablar con ella, claro está. Por ahora, la ninja no tiene motivos para quejarse.
—Guíame entonces… —suspira accediendo a la propuesta del marionetista—. Sasori.
Los ojos ámbar del aludido se abren ligeramente sorprendidos por la mención de su nombre.
—Informalidad... No estoy acostumbrado... Me agrada... —comenta intrigado al oír su propio nombre de pila salir, por primera vez, de los labios de la rosada.
Ahora, sin más intercambio de palabras, el criminal le da la espalda y comienza a caminar, sin notar la expresión de intriga que brota de Sakura ante el enigmático sonido de su voz. No obstante, ella no tarda en recuperar la compostura, decidiéndose a seguirlo en silencio.
Guiada por el ex Akatsuki, la médica camina bosque adentro siguiendo el inconfundible sonido de un arroyo. Aquel ruido le resulta más que familiar. Debe de ser el mismo arroyo que, hace unos días, la despertó con el correr de sus aguas.
Por otro lado, ella no puede dejar de sentirse incómoda con la presencia delante de ella. Procura mantener, al menos, un metro de distancia entre ellos, sin permitirse perder de vista ninguno de los movimientos de su anfitrión.
"El que hasta ahora él no haya mostrado ningún signo de traición, no es motivo para confiarse de más."
Finalmente, la guía de Sasori se detiene frente a la orilla del riachuelo. Sin pensarlo demasiado, la ninja se le adelanta para realizar una mejor inspección del panorama.
La arena ha pasado a reemplazar por completo a la tierra, y al césped en las cercanías del arroyo. Además, unas enormes rocas se encuentran esparcidas por toda la orilla, siendo calentadas por el radiante Sol sobre el cielo.
El marionetista se acerca al agua hasta tomar asiento sobre una de estas piedras.
La kunoichi, por su parte, se sienta con discreción en otra roca, a una distancia prudente de él.
Sasori nota la precaución de Sakura, frunciendo el ceño con molestia por éste hecho.
— ¿Aún crees que te atacaré?
—No pierdo nada con tomar precauciones—se defiende su invitada con voz firme, y con el ceño igualmente fruncido. Casi por inercia, ella aleja su mirada de la de Sasori para desviarla hacia algún punto del paisaje.
—Suena justo. Supongo que querrás que vayamos al grano.
—Ya era hora…—responde sin ocultar su impaciencia—. Tengo curiosidad sobre esos Akatsukis que me mencionaste.
—Tengo unos pergaminos conmigo. Escribí parte de los datos en uno de ellos, y lo codifiqué—le explica sin observarla directamente, pero sintiendo como sus orbes verdosos lo observan con súbito interés—. No te interesa como obtuve los pergaminos o la tinta, y no, la explicación no incluye muerte.
Sasori hace una pausa y le dedica una mirada de regaño por el rabillo del ojo, adelantándose en su discurso a cualquier cosa que ella pudiese pensar o decir.
—Terminado nuestro encuentro, te daré el pergamino. No intentes abrirlo. Tiene polvos que no quieres respirar, y la información está encriptada.
Ella parpadea algo confundida por la última advertencia de su informante.
— ¿Por qué me adviertes de eso?
—Porque no quiero que mueras—le aclara como si la respuesta fuese obvia.
Sakura niega la cabeza, contrariada.
—Entonces ¿Por qué no me dices la información?
— ¿Esperabas que te lo diga en persona? Se nota que eres nueva en esto—el renegado ofende a su orgullo de un modo que baila entre lo burlón y lo sarcástico— ¿Cómo explicarías tus conocimientos? ¿Quién te creería? ¿Con qué fuentes? Cualquier información, que se precie confiable, está protegida por venenos o por claves. Es por eso que cada aldea tiene una unidad de descifrado de mensajes. Haces llegar la información a ellos, y así te creerán.
La rosada le sostiene la mirada con el ceño fruncido por lo altanero de su respuesta. Aun así, debe admitir que ella no había reparado en esto.
— ¿Y por qué debería confiar yo en tu información?
—Porque te quiero viva. Si te doy información falsa y lo notan, serás castigada. En muchas aldeas, la pena sería la muerte. No sé cómo es en Konoha, y no sé cómo le explicarás a tu aldea que adquiriste esta información, pero haré que se vea realista—pronuncia totalmente serio, claro en sus intenciones y sin un ápice de ironía o sarcasmo.
Sakura suspira tranquilizando un poco sus emociones recientes.
El bastardo frente a ella está pensando en todo. Está dos pasos por delante, haciendo que la diferencia entre ellos dos siga siendo notoria. Empero, para ella esto puede atribuirse a que el ex-Akatsuki ha vivido más tiempo, y situaciones más difíciles, más variadas.
—Me parece bien...—acepta esta vez más tranquila e imparcial—. Pero, ¿Por qué estás tan interesado en extender nuestro encuentro? ¿Aún quieres comprobar que no mentí, y vengo sola? ¿Por qué no me das la información, y ya?
Sasori no muestra ningún cambio emocional en su rostro por la pregunta, y tampoco para la respuesta:
—Quiero asegurarme de que no te suicidarás. Conversando, podré saber lo que necesito.
Ella alza una ceja por tal falta de lógica viniendo de él. Sin creerse aquel sinsentido, decide continuar presionándolo para que confiese sus verdaderas intenciones con nada más, ni nada menos, que la lógica que el sujeto frente a ella suele esgrimir:
—No puedes controlarme a mí, ni a lo que hago en la aldea. No hay forma de que puedas impedir mi muerte, si yo decido que debe ocurrir. Ya deberías aceptarlo.
Mientras observa fijamente al arroyo, su compañero de plática afila la mirada, entrecerrando los ojos pensativo, o, más bien, confundido por algo.
—No puedo impedirlo, sólo... quiero saber... pensar... creer que no lo harás.
La kunoichi se impresiona y desconcierta internamente por lo poco elocuente de la oración.
— ¿A qué te refieres? —cuestiona reflejando su desconcierto en la expresión de su rostro—. Esperaba que respondieras con" inmovilizarme" o "sedarme" como la última vez. ¿He de creer que esta vez no harás nada?
Ella inclina su posición ligeramente sobre su costado, de cara al arroyo, para poder ver mejor la expresión del pelirrojo.
—Entonces, ¿Cómo planeas convencerme?
Esta vez, Sasori sí voltea a verla, pero ya sin emoción alguna en su mirada.
—Aún tengo más datos. Mientras tenga más, volverás por más—dice confiado, provocando que la joven bufe de frustración al contemplar aquella idea—. Luego, no tendré nada con qué retenerte. Si entonces aún quieres morir… Habré fracasado.
Este sujeto... está actuando extraño. Sakura quiere creer que es algún tipo de trampa, pero ¿Trampa para qué? No tiene nada de lógica. Incluso suena mucho más paciente a cómo lo había conocido en un principio.
— ¿Qué demonios te traes entre manos? —espeta ya irritada por no poder vislumbrar el sentido de la situación.
—No entiendo la pregunta—musita metódico e indiferente a la alteración de la chica.
La invitada siente su ira crecer por las irritantes respuestas de la marioneta.
—No entiendo por qué haces todo esto ¿Estás planeando jugar con mi mente? ¿Convertirme en una marioneta?
—Quiero que vivas. ¿Es eso jugar con tu mente? —repone como si no entendiese lo que ella está diciéndole.
Esto la irrita aún más.
—No, pero retenerme aquí por nada es demasiado incoherente viniendo de alguien como tú.
—Ya dije que no es sin ningún motivo. Quiero... creer que no te matarás. Por eso me interesa hablar contigo.
— ¿Y de qué es lo quieres hablar? —insiste con los dientes apretados, exasperándose. La situación la exaspera, Sasori la exaspera—. Dímelo al menos.
—Quiero entender por qué—es su seca, concisa y objetiva respuesta.
Sakura lleva una mano a su sien con hartazgo e impaciencia, conteniendo sus emociones para no cometer alguna acción precipitada que pueda comprometer a la razón de su presencia en ese lugar, con este detestable sujeto.
— ¿Por qué, QUÉ?
A diferencia de ella, el ex-Akatsuki no pierde la calma en ningún segundo ante la situación:
—Muchas cosas... Para empezar, por qué insistes en morir.
—Ya te lo dije, no tengo honor. No hice lo que debía hacer cuando debía hacerlo—explica con hartazgo y cansancio de repetirse tanto a sí misma.
—El honor puede recuperarse, la vida no. Aún no entiendo. No es comparable.
Al parecer, ahora es el pelirrojo el que intenta presionarla utilizando la lógica para hacerla cambiar de opinión. Pierde su tiempo, ella no se retractará, sin importar ninguna de las excusas que quiera usar para convencerla.
—No puedo recuperar mi honor. Dejarte vivir es un crimen demasiado grande.
—Yo no puedo traer a la vida al Kazekage, y quizá no pueda ser perdonado por la Arena, pero podría recuperar mi honor. Tus faltas son menores—le dice restándole importancia a sus crímenes.
"¿Quién se cree que es éste arrogante pedazo de cerámica?"
— ¿Cómo puedes decir eso? Cuando encima… ¡Encima, ahora soy tu maldita cómplice! —pierde los estribos la muchacha, bajándose de la roca con brusquedad.
— ¿En qué? ¿En vivir? —vuelve a cuestionar sarcástico, y con una ceja alzada. Él, por su parte, no se mueve de su cómoda posición en la roca.
— ¿No te das cuenta de que estoy encubriendo? Eres un peligro.
—No recuerdo haber matado a nadie—se defiende el hombre, sólo para hacerla enfadar todavía más—. Es más, creo haberte dicho que si alarga tu vida, me privaría de hacerlo siempre que no fuese necesario.
Ésta es más hipocresía de la que la kunoichi puede tolerar.
— ¡Mataste a miles! —le grita fuera de sí—. No habrá justicia para ellos. ¡Quisiste matarme a mi también! ¡A mí, a mi amigo, y a tu propia abuela!
El ninja renegado no responde, ni se inmuta ante ninguna de las acusaciones. Sólo la observa tan apático y aburrido como siempre.
— ¡Eres culpable por matar gente inocente! ¡Eres culpable por matar a tu propio Kage! ¡De traicionar a tu aldea, asociarte con terroristas, y de hacer cosas horribles a otras personas! —continúa recriminándole cada vez más exaltada.
Sakura siente su sangre hervir, siente a su cuerpo temblar, siente a su respiración más profunda que nunca. No obstante, eso le agrada ahora, ya que la hace sentirse mejor consigo misma. Le agrada la idea de estar haciendo esto obligada, sin opciones. Es mucho mejor que pensar que está aceptando la idea por propia voluntad.
Le gusta sentirse disconforme, hasta disgustada con la situación. Para ella, esta súbita explosión de adrenalina es mucho mejor que todos los últimos días juntos.
—No entenderías... —responde el pelirrojo, optando finalmente por abandonar su roca sin demasiada emoción.
— ¡¿Qué?! ¿El qué no entendería? —prosigue la ninja, buscando alivio para su consciencia en su propia ira.
Sasori se acerca con suavidad hasta quedar frente a ella, e intenta apaciguarla tan serio como calmado:
—Mis motivos. El arte. Eres belleza, pero no entiendes por qué...—recita mientras su invitada está prácticamente tratando de asesinarlo con la mirada. Aunque, a este paso, pronto lo intentaría con sus manos—. Eres lo que quisiese crear. Tienes lo que quisiese poseer, incluso. Pero tú destruyes la belleza, y ni siquiera lo notas. Como cuando destruiste al Kazekage.
Encima, el muy bizarro se atreve a decir más cosas sin sentido... Sakura se siente a punto de explotar. La muchacha aprieta sus dientes, contemplando con desagrado la mirada, y expresión, que el autodenominado artista tiene al hablar de su "arte". La enfurece.
— ¿Cómo se sintió destruir esa hermosa marioneta? ¿Lo recuerdas? ¿Qué hiciste al destruirlo? ¿Lo notas?
Ante la descarada interrogante, ella siente a su última barrera emocional desaparecer. En un arrebato de violencia, acorta la poca distancia que los separa con una sola zancada hacia adelante y levanta al titiritero con brusquedad, agarrándolo del cuello de su camisa.
Sin embargo, él no reacciona, ni se intimida ante el movimiento agresivo de su invitada. Al contrario, insiste en obtener una respuesta por parte de ella:
—Responde. ¿Que se sintió? ¿Qué hiciste al destruirlo?
Esa mirada de enfermo mental no cambia, su porte en general sigue inmutable... La indigna. A continuación, el puño que sujeta la ropa del hombre tiembla de ira contenida. Sakura no lo golpea sólo para no iniciar un combate… No, ni siquiera es por eso. Es porque Sasori no sentiría el dolor del golpe. Ni siquiera se molestaría en comprender por qué recibió uno.
— ¿Quieres saber lo que sentí? Se sintió bien acabar con una abominación creada por ti—esboza una sonrisa cargada de resentimiento hacia aquel hombre—. Se sintió bien hacerla pedazos.
—Él fue un oponente digno. Respeté lo que era. Conservé su belleza, su apariencia, sus técnicas, incluso—retoma el pelirrojo haciendo caso omiso a cualquier insulto o provocación hacia su persona—. Él hubiese muerto, sino por mí, por otro. Le di un final digno a su nombre. Le di una oportunidad de pasar a la eternidad. No destruiste una abominación, destruiste lo que quedaba del Kazekage. Destruiste su oportunidad de existir por siempre como algo hermoso y útil. Ahora ¿Qué queda de él? ¿Lo sabes? Yo sí.
Sakura sólo escucha negando, o intentando negar, cualquier tipo de pensamiento a las palabras de este demente.
—De ese hombre sólo queda un nombre en la memoria de algún anciano moribundo. El resto de su aldea sólo lo conocerá como el líder que perdió contra un terrorista mucho más joven que él. Yo lo conocí más que tú, y más que nadie en la Arena. Tú le negaste la eternidad al destruirlo—sentencia con el semblante más serio que la kunoichi ha llegado jamás a ver en él.
—No creo que haya elegido volverse tu marioneta. Tú lo asesinaste, sumergiendo a tu propia aldea en el caos por no tener un líder que la protegiera de los ataques de otras naciones. No era para beneficio de nadie más que de ti. El que tú tuvieras esa marioneta era un insulto para la aldea, y para la familia del tercer Kazekage—rebate indignada y presionando más su agarre.
La médica no puede creer que este mediocre esté justificando lo que hizo. Ella se resiste a comprenderlo, a tomarlo en serio.
—Si yo solo pude hacer eso, imagina lo que pudieron hacer otras naciones. Otro hubiese honrado menos la memoria de ese líder, y eso si le daban siquiera algún honor. Somos muy diferentes, tú y yo.
Ese intento de justificación es lo que termina por convencerla de que él es un caso perdido, que la conversación en sí es un caso perdido.
Ninguno de los dos quiere ceder. Ninguno de los dos comprende el punto del otro.
—Eres un egoísta. No mereces vivir—espeta la joven con veneno en sus palabras, indignada a más no poder por todo lo que acaba de oír.
Dicha esta frase, la mujer finalmente recupera parte de su cordura, y suelta al artista con la misma brusquedad con la que lo capturó. Luego, toma unos pasos de distancia, manteniendo su mirada perdida en algún punto del suelo. Tras comprender lo que acaba de hacer, Sakura parpadea consecutivas veces, sorprendiéndose de la escasa reacción que él presentó ante la presión, por poco inhumana, a la que ella lo sometió.
— ¿Qué esperas que te diga? ¿Qué te dé la razón? —se defiende la orgullosa ninja, volviendo a observarlo con recelo—. Sólo diré que tienes razón en algo; ¡Yo no soy como tú!
De este modo, la iracunda ninja zanja una vez más la diferencia entre ambas posturas.
—Definitivamente, somos diferentes. En cierto punto. es una verdadera lástima—agrega el marionetista riendo por lo bajo.
"¿Qué es lo que le causa tanta gracia?"
—Al menos, yo tengo valores—escupe nuevamente asqueada de él.
—No hablaba de eso... pero puede ser interesante —Sasori vuelve a sonreír como si nada— ¿Qué son esas cosas?
Ella comienza a pensar que él solamente se divierte con morbosidad al hacerla enfadar, pero con algo de voluntad logra ignorar lo que cree otro intento, estúpido e infantil, de conseguir dicho propósito.
— ¿Estás bromeando? —se cruza de brazos— ¿Por qué perdería el tiempo intentando explicarle lo correcto a un criminal?
—Primero: es artista. Segundo: no tienes nada mejor que hacer—sigue corrigiéndola de modo arrogante—. Además, no es que no tenga una idea de justicia u honor. Sólo quiero saber cuáles son esas diferencias de las que hablas.
La kunoichi de Konoha, más que ilustrar a tal petulante sujeto en el tema, intenta insultarlo refregándole sus valores en la cara:
—Para empezar, yo jamás trataría de asesinar a mi propia familia, ni traicionaría a mi hogar, ni asesinaría gente inocente por mera diversión, ni seguiría órdenes de otros criminales ¿En dónde quedó el honor o la justicia en todos esos actos?
—No tengo hogar. Mi familia intentó matarme, así que me defendí. No mato gente por diversión, y seguí órdenes para proteger mi vida. ¿Eso responde? —esboza el marionetista con sarcasmo, obteniendo un gesto de desaprobación de la ninja frente a él.
Ese es un punto sensible de la joven. Burlarse de la propia aldea. Deshonrar así los orígenes… Ahora consigue irritarla aún más.
—La aldea en la que naciste...La Arena, ¿No fue tu hogar acaso? ¿Por qué les fallaste, entonces?
—Define hogar—la respuesta es automática, casi sin pensarla de antemano.
—Un lugar a donde pertenezcas y quieras estar, o, por lo menos, aquel lugar del que provienes, al que indefectiblemente deberías aceptar.
—No pertenezco a la Arena. No decidí nacer ahí, y no quiero estar ahí. Nada me ata a ese sitio.
— ¡Pero si fue la aldea en la que naciste! ¡La que te mantuvo con vida hasta que decidiste darle la espalda! —exclama elevando nuevamente el tono de su voz.
"¿Acaso este insensible no se detendrá ante nada, con tal de reírse de todo lo que yo considero valioso? ¿Cómo puede ser que no tenga ni un solo código moral, o respeto por NADA?" Se pregunta Sakura mientras siente cómo su sangre volver a hervir dentro de sus venas.
—Y si hubiese nacido en otro sitio, entonces dirías lo mismo de ese otro sitio. Entonces, ¿El hogar es algo decidido por el azar? ¿Algo en lo que, ni tú, ni nadie tiene nada que objetar? —vuelve a contra argumentar ajeno a cualquier carga emocional en el tema, e intentando comprender, o quizá contrariarla.
—No dije eso—niega con la cabeza, para luego suspirar con hartazgo— ¿Por qué tenías que traicionarla?
—Si no es mi hogar, ¿En qué consiste la traición?
"¿Cómo se atreve a preguntar eso?"
—En que en algún momento fuiste un shinobi de esa aldea ¿No es así? Utilizaste su uniforme, utilizaste su bandana, con SU emblema, ¡Ellos confiaron en ti, y los apuñalaste por la espalda!
—No les dije que confiaran, ni les pedí su emblema. No tuve ninguna decisión sobre esas cosas. ¿Por qué debería sentir apego a ese sitio? —sin importar las acusaciones que reciba, el marionetista parece empeñado en no asumir ninguna responsabilidad por ninguna de estas acusaciones.
—No te quejaste mientras te mantenían con vida ¿Te crees que es una excusa?
—Quiero seguir vivo. Es obvio que no rechazaré algo que me ayude a seguir vivo. Y no respondiste mi pregunta. ¿Por qué debería sentir apego a ese sitio?
Esta pregunta consigue confundir un poco a la joven, logrando opacar, de esta forma, al enfado adrenérgico de hace unos instantes. A sus ojos, apreciar a la aldea de origen es la única opción que jamás se le ha ocurrido. Claro que la confusión no dura demasiado tiempo en Sakura antes de amalgamarse con su reciente ira. Después de todo, ella sigue sin entender nada de lo que él hace o dice.
— ¿Por qué demonios no sentiste apego por tu aldea? ¿Acaso siempre odiaste a tu abuela? ¿Tan mala fue contigo? ¿Acaso no te crió y te enseñó todo lo que sabes ahora? ¿O tus… padres? —Sakura interrumpe su discurso al recordar lo ocurrido con la familia de la marioneta frente a ella.
—No odio a Suna. Mis padres murieron. Mi abuela me inició en mi camino artístico, y no la odio tampoco. Le agradezco lo que hizo, y ahora sigo ese camino—él responde metódico, robótico.
El tema tampoco lo afectó en nada, o eso es lo que parece a simple vista. Algo se siente distinto, aunque ella no sabe bien qué es, ni tampoco se molesta demasiado en pensar en ello.
—Entonces ¿Por qué la abandonaste? ¿Por qué huiste? ¡¿Por qué no te importó tratar de matarla?! ¡No lo entiendo!
—Ya lo dije: estoy siguiendo mi camino artístico. Si no entiendes la belleza o el arte, no vas a entender. Y no abandoné Chiyo. Todos se independizan de aquellos que los mantienen con vida.
—Pero intentaste matarla. No importa lo que digas, no voy a olvidar ese hecho, ni me dejará de parecer algo imperdonable—ella sigue sin otorgar ninguna credibilidad a sus justificaciones.
—No me importa. Ella me abrió las puertas a mi arte. Yo las crucé. Ella se arrepintió de hacerlo, e intentó matarme. Yo me defendí—repone sin remordimiento, ni pesar alguno, por lo ocurrido dentro de la cueva de Akatsuki en la que los tres combatieron.
Mientras más habla con él, más alienígena lo siente, más lejano a lo "normal" y más incomprensible, como si no compartiesen ni el significado de las palabras que usan. Ella ya no quiere continuar más con la charla. Ver y saber que alguien puede pensar así... es desagradable, y el que detrás de sus retorcidas palabras se asome algo de sentido, francamente la asusta.
—Ya tuve suficiente de esto... Dame lo que vine a buscar—emana la de Konoha en medio de un suspiro de frustración, mientras se pasa una mano por el rostro.
Él no quiere hacerlo, pero su mente no encuentra nada con qué retenerla... Ni motivos para hacerlo ahora.
—Ten. En cinco días tendrás otro pergamino. A menos que la unidad de decodificación de tu aldea apeste, podrán traducirlo—accede arrojando el objeto a los pies de su invitada sin demasiado interés.
Sakura se sorprende de que accediera tan fácil, pero no va a demostrarlo. Sólo se agacha para recoger el pergamino.
—Gracias, supongo. Espero que la información valga la pena—responde mientras observa con detenimiento a la herramienta de espionaje en su posesión. Aún está molesta por la conversación, pero ahora logra mantenerlo para sus adentros.
—La valdrá.
— ¿Cuántas veces más haremos esto? Honestamente, hablar contigo me hace doler la cabeza, y tenerte cerca es bastante desagradable, por no decir peligroso. Es una molestia.
—No sé. No muchas más. Si tardo demasiado, la información llegará después que Akatsuki envíe a su gente contra tu aldea, y ya no tendría sentido. Además, eres una ninja, actúa como tal. Inventa un motivo, un contacto falso para cubrir la información. Eres quien me derrotó, actúa a la altura. No debería ser una molestia.
—No lo decía por los inconvenientes técnicos. Sino, porque quiero dejar involucrarme contigo lo más rápido que pueda. Nada personal—responde de modo ácido al tiempo que toma mayor distancia de él.
—Unas veces más, no demasiadas. Tienes mi palabra, si es que te vale de algo—el pelirrojo también luce un poco cansado, o aburrido, por la discusión que se salió de las manos. Empero, más allá de ello, nada de su semblante parece diferente a su usual indiferencia general, como si lo de hace un rato jamás hubiese pasado.
—Al menos, en todo este tiempo decidiré qué hacer contigo una vez que ya no tenga razones para dejar que vivas. O qué hacer conmigo... Esa es otra opción—musita pensativa, y más para ella misma que para su informante. De repente, su cabeza ha dejado de estar al pendiente de la marioneta.
—Así sea... y no es nada personal, pero ya sabes que me defiendo de quienes intentan ponerme fin. Sólo que a ti te dejaré viva—Sasori interrumpe su discurso de improvisto, escuchándose a sí mismo con más atención—. Un segundo... eso es la definición de "personal"...
El criminal susurra esto último de un modo casi inaudible, ocasionando que Sakura alce una ceja sin comprender a qué se está refiriendo, mas no se pronuncia al respecto. Ella sólo se queda observándolo por unos segundos, en los que el pelirrojo parece estar inmerso en su propio y retorcido mundo.
—Pues, como ya dije, en cinco días tendrás más información—de repente, el marionetista ya no posee el mismo tono. Suena ausente.
—Entonces, me retiraré. No intentes nada—advierte la muchacha.
A continuación, sin quedarse a escuchar una palabra más, la discípula de la Hokage procede a rehuírle a este condenado lugar. Dándole la espalda al renegado, se echa a correr bosque adentro para alejarse de la playa.
—Aun no entiendes ¿No? No hago nada si motivos. Si no tengo un motivo para hacer algo, no lo haré—agrega Sasori hablando solo, pues la presencia de Sakura ya desapareció de sus alrededores.
Eso es lo que él quiere creer. La verdad, es que actualmente la definición de lo que puede llamarse motivo está perdida dentro de su mente.
.
.
.
