Tal vez este capítulo sea algo extraño, es que me pareció un poco agotador todo lo que debió pasar Zuko en el capítulo 12 (El Templo del aire del Oeste) para poder ser parte del Equipo. Decidí hacerlo un poco más relajante y no con tanto barullo como se mostró en la serie original. A mí me gustó mucho ese cap. es sólo que para escribirlo se hace demasiado pesado teniendo en cuenta el incidente de haber quemado a Toph en los pies, la aparición de "Hombre Combustión" y las esquisofrenias de Sokka y Katara.


- ¿Cómo que…? Pero… -Katara la miraba sorprendida, aun haciendo caso omiso a lo que escuchaba-. Toph… ¿Abusó de ti? –gritó eufórica.

- ¡No…! –negó rotundamente la maestra tierra.

- Pero entonces… ¿cómo sucedió? –le preguntó con un tono de preocupación.

- Pues… Yo ya estaba por dormirme hasta que… -Toph arqueó una ceja, dudó por un instante en relatar los hechos tal y como habían sucedido. "¿Qué podría decir?: Estaba por dormirme hasta que él se acercó a mí, intenté detenerlo amenazándolo con una daga pero Zuko logró engatusarme y se me encimó…" Definitivamente no era una buena idea contarlo. Tal vez para la maestra tierra fue un acto que ella dejó que sucediera por voluntad propia pero, tal vez para Katara o para cualquier otro individuo que hubiese estado allí en ese entonces, ese acto de amor hubiese parecido un abuso al ser relatado con detalle de cómo había sucedido realmente-. Sólo sucedió –dijo sosteniendo su cabeza con una de sus manos.

Katara la abrazó, ella estaba segura de que aquel momento dejaría cicatrices de por vida en el cuerpo y alma de Toph.

- Katara, por favor… quiero estar sola un momento…

- Bien, dime cuando tengas hambre y vendré a traerte un buen tazón de alimento –la abrazó nuevamente y se retiró del cuarto.

Katara continuó confundida. Siempre sospechó que el Príncipe Zuko era un malvado tirano capaz de robar el collar de su madre para encontrar a Aang o de engañarla en la cueva de los cristales de Ba Sing Se, haciéndola creer que estaba arrepentido cuando en realidad se unió a la "demente" de su hermana después de unos minutos. Todo aquello parecía ser normal de parte de la personalidad del maestro fuego, pero jamás creyó que fuera capaz de abusar de una joven, y aunque Toph lo desmintiera Katara estaba ensanchada con que había sucedido de esa manera, no importaba cuantas veces lo negara la maestra tierra. Aquel abuso comprobaba lo monstruosos que era en verdad aquel hombre.

Caminó hacia Aang y Sokka, sentándose junto a ellos y sirviéndose un gran tazón de alimento. Juró que si volvía a ver con sus ojos a aquel desquiciado lo mataría con sus propias manos y haría justicia por Toph y por todos a los que les hizo daño alguna vez, incluyéndose a ella misma.

Toph salió del cuarto, sintiéndose un poco mejor, se sentó junto al equipo (que la miró sonriendo y feliz de que haya vuelto con su familia, por así decirlo) y pidió una buena ración de comida sobre un tazón, pero al tenerlo en manos lo arrojó al suelo al sentir esas vibraciones en sus pies, por fin podía ver, observaba todo lo que había a su alrededor y se emocionó eufórica al sentir esos pasos, tan pesados, tan familiares a la vez, que la hacían recordar miles de sensaciones placenteras e inolvidables.

- ¡Zuko! –gritó poniéndose de pie al instante, sorprendida.

Todos miraron hacia un costado. Allí estaba ese monstruo, parado tranquilamente como si nada, con gesto indiferente y mirada penetrante que dirigía hacia Aang. Katara enfureció al verlo.

- ¡¿Qué haces tú aquí?! –gritó despavorida la maestra agua.

- Am… yo… vengo a pedir disculpas –esa voz tranquila y ronca hacían que Toph se meciera en recuerdos, con tan solo oír su voz era suficiente para emocionarla.

- ¡Ja! No me digas… -decía Sokka, en ese momento el joven de la tribu agua vio a la maestra tierra con actitud indecencia y al estar muy cerca de ella aprovechó para tomarla de la mano. Ella no reaccionó, estaba demasiado shokeada por la situación.

- Ah… Mira Avatar, sé que he hecho cosas verdaderamente malvadas en el pasado, pero yo… -vio hacia un lado, ese hombre acariciaba con delicadeza la mano de Toph-. Am…. Eh… yo… -sus ojos enrojecieron de cólera, sus palabras se trababan al observar aquella aberración.

Aang lo observaba arqueando una ceja, el príncipe ni siquiera miraba al niño, solo se quedaba allí de pie, balbuceando palabras incoherentes. "¡Habla ya!" pensaba Aang impaciente.

- Pues… Yo… -Zuko ya no soportaba la ira, lo carcomían los celos, iba a estallar en cualquier instante-. ¡¡Demonios, deja de tocarla con tus asquerosas manos!!

Abrió los ojos como platos, no debió haber dicho eso, l Avatar tenía un gesto desaprobador y en cuanto a Toph, parecía tan distante de toda esa situación.

- ¡Vete de aquí! –gritó Katara-. ¡Jamás te perdonaremos!

Aang agachó la cabeza, comprendía el embrollo en el que se encontraba. Zuko miró a los hermanos de la tribu agua con enojo: "¿Quiénes se creían aquellos dos para juzgarlo de esa manera? Él ni siquiera estaba platicando con ellos, se dirigía únicamente al Avatar, no necesitaba la opinión y la aceptación de nadie más que de Aang, aunque Toph también tenía mucho que ver con su cambio de pensamiento.

- Yo creo que él es bastante autosuficiente como para tomar sus decisiones sólo. La única respuesta en la que estoy interesado en oír es la del Avatar –dijo agriamente.

Toph sintió deseos de llorar al escuchar eso. "¿Él ni siquiera había pensado en ella? ¡Era un egoísta! Después de todo lo que habían pasado juntos... y por lo único por lo que se interesaba él era por salvar su consciencia…" Una lágrima rodó por su mejilla mientras Sokka continuaba acariciando su pequeña mano.

Zuko, por otro lado, no había nombrado a Toph a pesar de ser quién realmente le interesaba más de todo el grupo, pensó que si lo hacía, ella se avergonzaría por completo y con más razón lo rechazarían del grupo.

- Oh, no… -dijo Katara abrazando a la maestra tierra-. ¡Ya viste cómo pusiste a Toph, monstruo insensible! ¿Qué no ves acaso que no te queremos aquí? ¡Vete ya!

Zuko miró a la joven que lloraba en silencio. "Oh no… cariño, lo siento tanto, yo no quise…" pensaba para sí mismo, completamente culpable, debió haber querido disculparse con esas dulces palabras de amor pero cayó para no armar más embrollos y dejar más confundido a los demás, ellos no entenderían sus sentimientos.

- ¡Lárgate de aquí! – gritaron los hermanos al mismo tiempo.

- Será mejor que te vayas… -dijo Aang aunque con la voz muy baja, como si realmente no deseara decir aquellas palabras, estaba confundido, necesitaba tiempo para meditar.

A Zuko sólo le quedó obedecer, la respuesta que esperaba ya había sido dicha. Debió marcharse nuevamente hacia el bosque mientras Katara y Sokka continuaban refunfuñando por la actitud del príncipe.

Luego de unas horas mientras ellos ya dormían las cosas parecían aclararse en la mente de Aang. Katara y Toph estaban ya en sus sueños.

- Tal vez realmente está arrepentido… -decía al joven agua, acomodándose para dormir.

- Oh, por favor Aang, ¿no te habrás creído esa actuación barata de "niño bueno", o si? –dijo Sokka ya cerrando sus ojos.

- No lo sé… no lo sé… -Aang cerró sus párpados. Una vez que Sokka ya estuvo completamente dormido, el Avatar se puso de pie cuidadosamente para no hacer demasiado ruido: no quería que nadie lo descubriera a mitad de la noche.

Caminó por la oscuridad y aunque Toph le había enseñado lo de ver con los pies, al niño se le hacía muy difícil en verdad. Caminó y caminó hasta ver una pequeña fogata, allí debía estar el maestro fuego. Dio pasos más largos hasta estar a centímetro de él, se apoyó sobre un árbol con su planeador apuntando hacia Zuko y con la guardia en alto para atacar.

- ¿Qué es lo que quieres exactamente? –preguntó con seriedad.

Zuko lo miró de reojo.

- ¿Tú qué crees que quiero?

- Piensas hacerte el vivo para engañarme a mí y a mis amigos y luego matarme, ¿no es así?

- Dime… ¿crees que sería tan tonto como para venir hasta aquí solo a enfrentarme con el Avatar, una maestra agua y una maestra tierra que también controla el metal y ve en la oscuridad gracias a sus pies? –preguntó irónicamente

Aang sólo lo miró.

- Pensándolo así, creo que no sería inteligente de tu parte –le dijo reservadamente.

Zuko señaló el suelo con su mirada.

- Anda siéntate. No tienes por qué estar a la defensiva.

- ¿Cuándo me siente me atacarás?

- No, confía en mi ¿quieres?

Aang lo miró por unos segundos.

- Si claro... y luego me tirarás con unos relámpagos...

Zuko rió a carcajadas.

- Te dejaré en claro tres cosas Avatar:

Primero: yo no soy experto en rayos: los desvío, no los creo.

Segundo: formar un relámpago toma tiempo, el suficiente como para que puedas escapar.

Tercero: tú podrías desviarlos sin ningún problema si te pusieras en posición.

- ¿Desviarlos? -preguntó Aang confundido.

- Pues, si. ¿Cómo es que no sabes sobre esas cosas? ¿Qué no eres tú el Avatar, el que "todo lo puede y todo lo sabe"?

Aang lo miró con desagrado. Zuko recordó que jamás había visto al Avatar defenderse con fuego control.

- Yo no sé hacer fuego. Nunca me enseñaron -dijo mientras se sentaba sobre el suelo en frente de Zuko quedando separados sólo por la fogata.

- Oh... pues qué pena.

Un silencio incómodo brotó entre la conversasción, ambos miraban el suelo, nerviosos por la presencia del otro.

- Después de todo lo que has echo, ni siquiera caigo en la realidad de que estés sentado en frente de mí conversando -sonrió-. ¿Por qué elegiste ésto ahora?

- Pues, ahora estoy más seguro que nunca de que ésto es lo correcto.

Aang esta vez puso mirada picarona y le sonrió, intentando ver por detras de los ojos del príncipe, que se impaciento por ésto.

- ¿Qué haces? -preguntó el hombre sonriendo levemente.

- No tienes cara de mentiroso... No lo sé... -comenzó a rozar su dedo índice por su mentón en son de pensamiento-. No sé si confiar en tí... -se puso de pie y dió la espalda a Zuko, alejándose de él con livianos pasos-. Pero lo pensaré... Lo pensaré.

- Dame la respuesta en la mañana.

Aang se alejó hasta perderse en la oscuridad, Zuko observó como el fuego de la fogata se debanecía con cada soplida del viento y una vez que todo estuviera en completa oscuridad se determinaría a descansar. Necesitaba dormir luego de lo sucedido, y al menos tenía el consuelo de que el Avatar pensaría su propuesta, y en cuanto a Toph, esperaba que pudieran estar juntos una vez que se uniera al grupo sin ser mal visto por los hermanos.