¡Buenas! Aquí os traigo otro capitulillo, bastante más largo que el anterior, pero creo que será de vuestro agrado. Muchisimas por los reviews, abajo contesto los que son anónimos. Quiero agradecer a Gwen Diasmore por la idea de que Malfoy tenía que ser culpado por el cruciatus. Nunca se me hubiera ocurrido si no llega a ser por ella. Por supuesto, decir que una vez más, lo que reconozcais, pertenece a Rowling y que todo lo demás es mi creación.

Az19:Gracias por los revies, linda, si el otro te gusto teniendo en cuenta como era, creo que este te gustara más. Besos.

Ro:Fueron dos palabritas, pero me emocionaron. Espero que tambien ames este capi, ajajjaxD.

Lali Evans:Vas a poder seguir leyendo mi historia hasta que me harte de ella, ajjaj.El titulo de este capi creo que dice mucho más que el anterior, a ver si tengo razon, jjajaj. Muchos besotes.

A ellas y a todos los demás¡a leer!

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Problemas de no-pareja

-Lo siento Nanna. No puede ser.

La profesora McGonagall estaba distraída en su propia clase. Por primera vez no tenía ni idea de lo que estaba explicando, ni de lo que decía u observaba, y al minuto siguiente sus alumnos escribían algo en sus pergaminos porque supuestamente ella lo había mandado. Pero ¿qué había mandado?

Seis palabritas se necesitaban para que ella dejara de funcionar. Lo siento Nanna. No puede ser. Y automáticamente ella se encontraba desconectada. Como una formulita mágica: seis palabritas más un bibliotecario que las dice, igual a una profesora destrozada.

¡Merlín! No tenía que haber asistido a clases con esos ánimos. Pero nunca había faltado a ninguna y resultaría sospechoso por parte de los demás profesores, y de los propios alumnos. Lo siento Nanna, no puede ser. ¿Dónde quedaba la explicación que necesitaba? Y pensar que se había enamorado de alguien tan insensible que ni le decía porqué cortaba con la relación (extraña) profesora-bibliotecario tan ardiente que habían tenido durante casi dos años.

Y de pronto sonó el timbre que la devolvió a la realidad. Un poco distorsionada, porque por un momento ni se le ocurrió hacer lo que hacía siempre al terminar la clase, solo dijo:

-Hasta mañana, alumnos.

LJ

¿Nada de exámenes sorpresas, trabajos sobre libros de mil páginas, redacciones quilométricas sobre temas que no le importaban a nadie…¡Debía estar realmente mal!

-Por lo visto se había encariñado con su querido bibliotecario –comentó Lily como para sí, mientras recogía el libro "Transformaciones, nivel 7", el tintero y la pluma y lo metía apresuradamente en la mochila para seguir a Ellie, que ya había terminado y la esperaba en la puerta.

-¿De qué hablabas?-le preguntó su amiga mientras le echaba el diente a una chocolatina que Remus le había dado esa mañana.

Salieron del aula de transformaciones, la última clase del día gracias a todos los santos magos, y se encaminaron a la Sala Común. Tenían que terminar una redacción sobre el Apoyo a los Hombros Lobos por parte de los magos en el s.XX de dos pergaminos, leerse las quinientas páginas del libro "Vida doméstica y costumbres sociales de los muggles británicos" y hacer un resumen para dentro de una semana; lograr hacer el Veritaserum si querían un sobresaliente en Pociones y mil cosas más, a pesar de que en transformaciones no le habían mandado nada, porque ese año eran los EXTASIS.

-Ah, nada –se encogió de hombros- Creo que Pince lo dejó con Minnie, porque ya no me persigue agasajándome con libros y Minnie parecía muy distante en clase.

-¿En serio? –Lily asintió. Torcieron a la derecha y dejaron atrás el tapiz de Barrabás el Barbudo-Quizás, pero como yo he estado igual de distante en clase…

-Ya me di cuenta –la interrumpió la pelirroja, mirándola seriamente.-Deberías de hablar con Sirius y decirle que le amas y quieres ser su novia, o que le amas pero quieres que te deje en paz, o yo que sé, pero no entiendo la tontería de no hablarle –pasaron al lado de un gran ventanal cercano a la torre y les llegó una corriente de aire frío, así que Lily sacó la bufanda de su mochila y se la echó por encima.

-Pero si ni siquiera se inmutó cuando dijiste que yo estaba enamorada de él –le contestó la gryffindor con un sabor amargo en la boca-.Así le importó. Pues bien, estoy haciendo todo lo posible para que no me importe a mí.

-Pero te ha estado provocando y buscándote las cosquillas toda la semana. Teniendo en cuenta de que ni aun así le has hablado, ya debería haber desistido, pero sigue insistiendo. Debe significar algo.-aclaró, mientras llegaban al retrato de la Dama Gorda-.Draco Dormiens.

-Correcto –La Dama Gorda les dirigió una sonrisa al tiempo que se apartaba para dejarlas pasar.

-Sí, significa que no tiene a nadie con discutir-Atravesaron el retrato. Ellie sentía la boca seca, pero añadió-: Peter no puede tener conversación alguna, Remus está todo el rato con Genine y Potter por ahí levantando faldas.

-Eso es verdad –ahora era Lily la que sentía un regusto amargo al hablar. Esa última observación le había tocado la fibra sensible, porque últimamente se sentía demasiado estúpida comparándose con los ligues del moreno.

Ambas se dejaron caer en el primer sofá que encontraron y sacaron sus mochilas. Necesitaban distraerse y ni todo el alboroto de la sala común (que como ya habían empezado as lluvias de otoño últimamente siempre estaba llena) lograba ausentarlas de sus pensamientos.

Realmente ambas deseaban amigarse con los merodeadores. Lily había llegado a apreciar la amistad de James en apenas unos meses, a pesar de que él no lo hubiera hecho. Ellie echaba de menos las miradas, las sonrisas, las charlas, todo aquello que había llegado a conseguir con Sirius, si bien no del modo que quería ella.

La lluvia repiqueteaba contra las ventanas, unos niños de primer curso perseguían a otro de segundo que les había quitado una bolsa de grageas de todos los sabores, dos chiquillas de tercero se susurraban sus amores platónicos, cinco muchachos de cuarto curso comentaban la lista de bromas que habían hecho los merodeadores a lo largo de todo el curso pensando en si debían de seguir sus pasos. Los de quinto y sexto no se veían por ningún lado, seguramente andarían en la biblioteca agobiados de deberes como ellas mismas.

Pero ellas no hacían caso de todo el ruido. Bendito orgullo. Quizás si no lo tuvieran seguramente hacía ya tiempo que Ellie se habría arrastrado varias veces ante Sirius suplicando su amor, y Lily hubiera ido a rastras a pedirle perdón a James, aunque no tuviera ella la culpa. Una voz les sacó de sus pensamientos.

-¿Qué hacéis chicas?

Era Remus, que les brindó una sonrisa y les repartió a ambas más chocolatinas. Le hicieron un hueco en el sofá entre ellas para que se sentara.

-Intentábamos reducir el trabajo –le contestó Ellie mientras agradecía el chocolate y rompía la envoltura. Luego dirigió su mirada a la mesa, donde se hallaban los libros y los pergaminos aún sin tocar, cosa de la que ninguno se había percatado –O eso intentábamos.

Lily suspiró y le dirigió una sonrisa culpable.

-Si queréis os puedo ayudar. Yo ya terminé todo hace días…

-Mejor no, creo que ninguna tenemos cabeza para estudios ahora –Lily lo interrumpió y procedió a recogerlo todo.-En fin¿Cómo te va con Genine? –preguntó en un intento de cambiar el tema.

-Es obvio como les va –murmuró Ellie, al ver como Remus ponía sonrisa bobalicona-¡Hiper mega fahsion super guay del paraguay! –Exclamó sonriendo, contenta porque al menos allí había alguien cuya vida amorosa no era un fracaso, aunque en el fondo sintiera algo de envidia –No hay más que verlos.

-Por eso pregunto –aclaró Lily con una sonrisilla burlona-Porque apenas se les ve.

-Eso tiene explicación –comenzó Remus, todo coloradito.

-Para mayores de dieciocho años, sí, así que mejor absténgase, señor –se burló la pelirroja, y después se echó a reír.

-Debes dejar de leer novelas. Ya se te pegó el habla y todo –le dijo Ellie, divertida. Su amiga, en un acto infantil, le sacó la lengua. Ella procedió a devolvérsela.

-Niñas, niñas-las separó Remus-Basta.

-Sí, papa –dijeron a la vez, y luego le abrazaron, recostándose los tres en el sofá. Estuvieron toda la tarde charlando y haciéndose bromas entre ellos.

A Remus le encantaba animarlas, porque lo lograba con más frecuencia que con los chicos. Últimamente cada uno iba a su bola¡y pensar que él había propuesto hacerle una broma a Snivellus, por los viejos tiempos!

Pero Peter ya roncaba como un cerco constipado embutido en su pijamita de ovejitas y James había venido de un humor de perros esa noche y se había encerrado en el baño. Sirius había cerrado las cortinas de su cama adoselada balbuceando apenas que quizás ese ya había tenido de bromas por el resto de su vida, y Remus pensó que seguramente aún estaría arrepentido por lo del sauce, a pesar de que él ya le había perdonado.

El episodio del sauce y la discusión con los slytherin le recordó lo que le había dicho James esa mañana cuando recibió una carta de su padre. Charlus Potter era auror y James le había pedido que le informara de lo que ocurría fuera de Hogwarts, ya que El Profeta no era muy de fiar (posiblemente dentro de nada estaría controlado por Voldemort). Todos los lunes el muchacho recibía informes de lo que su padre lograba escribir a hurtadillas de la madre de James.

-Por cierto Lily¿sabes que Lucius Malfoy está siendo vigilado por el Ministerio muy de cerca? Por lo del cruciatus –Lily abrió mucho los ojos e intentó negar con la cabeza sin que Ellie se diera cuenta para que el muchacho parara, pero éste no la vio-La Señora Pomfrey tuvo que esperar a que Dumbledore regresara de una reunión con el Winzegamot, y por eso a Malfoy no le pasó a nada en Hogwarts, ya había subido al Expresso. Pero lo investigan, gracias a Merlín.

-¿Cruciatus? –preguntó temerosa Gabrielle. Remus miró a Lily con los ojos como platos, sorprendido de que la muchacha no lo supiera.- ¿Malfoy?

-Lo siento –se disculpó la pelirroja-no te conté nada porque no nos hablábamos y eso. Pero ya no importa, de verdad…

-¿No importa?-chilló disgustada la morena-¡Malfoy me buscaba en las fiestas a las que fui con Janey! Merlín¡cruciatus¿Qué más pasó?

Lily y Remus se miraron. Luego suspiraron y procedieron a contárselo omitiendo los detalles del episodio del Sauce Boxeador y de la licantropía de Remus.

El chico lo había decidido así porque no quería que alguien más llevara su secreto a cuestas, pendiente de sus palabras por si se le escapaba algo, no porque no confiara en Gabrielle, además de que tampoco estaba seguro de cómo respondería. A veces la ignorancia era lo mejor. Ellie era a veces muy superficial y quizás lo vería con miedo, o con compasión, o simplemente no le hablaría jamás, aunque Remus deseaba que ése no fuera el caso, porque había llegado a cogerle gran cariño.

Janey tampoco lo sabía a pesar de que estuvo presente aquella vez, ya que aún no había relacionado con Remus todo lo que discutieron Sirius y Snape y el licántropo al que casi ni vio porque estaba más preocupada por el slytherin tendido en la hierba. Remus prefería que tampoco lo supiera porque aún no le tenía mucha confianza y además, ahora que andaba con Snape, Merlín sabía que ideas le había metido sobre los Hombres Lobo. Si Snape no le había contado nada (advertido por el director, seguramente), él tampoco lo haría.

Cuando terminaron de contar todo aquello, ya era la hora de cenar y la Sala Común se había vaciado casi por completo. Había parado de llover pero el sol estaba bajo y ellos se encontraban casi en penumbras.

Ellie subió a dejar las mochilas en su habitación y luego los tres salieron por el retrato rumbo al Gran Comedor.

-¿Te sientas con nosotras, entonces?

-Sí, porque de todas formas James está en el entrenamiento de Quidditch, ya sabes, ahora es el capitán y últimamente su vida se basa en el Quidditch y las chicas, y viceversa. Peter andará admirándolo y Sirius volando también por ahí, así que tardarán.

Pero no tardaron.

Apenas ellos bajaron la Escalinata de mármol, todo el equipo gryffindor (más agregados) se dirigían hacia la torre a ducharse, porque estaban empapados de barro y mojados por todas partes. Las chicas vieron que un reguero de agua los seguía hasta la puerta del castillo, y Lily pensó que tendrían suerte si el conserje no los colgaba de los tobillos por ensuciar su precioso suelo inmaculado.

-¿Nos vemos luego? –les preguntó Remus cuando los vio acercarse. James asintió si mirarlo y Sirius le contestó, burlándose:

-Sí, pero como primero tengo que quitarme toda la porquería de encima, esta noche te dejo con tu Genine si quieres.

-Como que no iba a estar con ella aunque no me dejaras, Canuto –el licántropo puso los ojos en blanco y luego siguió su camino.

LJ

Eso no hacía falta decirlo, pensó sirius mientras se quitaba la túnica sucia, se desnudaba y entraba en la ducha al tiempo que cogía la esponja.

Últimamente siempre era así, se dijo, mientras accionaba el grifo y el agua recorría su cuerpo. Por supuesto que él no tenía derecho a impedirle nada a Lunático¡pero ojala lo tuviera! Unos días más abandonado y se lanzaría de nuevo a la búsqueda de faldas, cosa que no había hecho desde el principio de curso, aunque no sabía muy bien por qué.

Quizás tuviera algo que ver que no había dejado de molestar a una morena expija componente del dormitorio de séptimo curso de Gryffindor. Bah, eso no podía ser. Aunque si tenía que ponerse a perseguir faldas para que su vida fuera un poco más amena¿porqué una de esas faldas no podría pertenecer a Gabrielle Adams? Si hacía algo más que molestarla, quizás ella al fin le hablaría, se arreglarían, se besarían, serían novios… Tuvo un escalofrío. Mejor dejarlo en el se besarían.

Terminó de enjuagarse y cogió una toalla de color azul oscuro que se enrolló a la cintura y salió del cuarto de baño, encontrándose con James tirado en su cama boca abajo y poniéndolo todo perdido. Peter se había puesto el pijama, y Sirius pensó con una mueca de asco que esa noche la cama estaría pringada porque el muchacho ni se había bañado. Se dirigió a su hermano:

-Hey Cornamenta, levanta y deja de darles trabajo a los elfos, amigo. El cuarto de baño es todo tuyo.

-Ya voy… -sentía que le pesaba todo el cuerpo y odiaba sentirse sí. Últimamente siempre se sentía así.

Incluso sentía las gotas que se le escurrían por el rostro y por la nariz tan pesadas como el propio mercurio.

Cuando el sol le daba en plena cara y lo despertaba por las mañana, apenas sentía ganas de levantarse de la cama. Bajaba las escaleras como un autómata, sin prestar atención si alguien más las bajaba, si fuera llovía o no, si la profesora le llamaba la atención o lo castigaba. Como si un vendaval se decidiera a pasar por delante de sus ojos, que ni se inmutaba. Solamente parecía reaccionar cuando una mata de pelo rojo se le atravesaba, cuando escuchaba su sonrisa alegre y franca, cuando la veía concentrada en algún libro, cuando observaba por el rabillo esas dos esmeraldas mirándolo con irritación.

Cerró los ojos y dejó que el agua se llevara toda la espuma.

Tenía que hacer algo ya. No supo como ese pensamiento lo había golpeado tan fuerte justo en ese momento, porque llevaba toda la semana sin hacer nada al respecto, consumiéndose por los celos y enfadándose por todo. Ahora lo reconocía. Sirius se lo había hecho ver apenas dos días atrás, cuando él prácticamente había llegado al cuarto sacando la puerta de sus goznes y casi derrumbando su mesita de noche cuando descargó su puño en ella. Y todo porque Lily le había besado en la mejilla al estúpido aquel.

La necesitaba a ella para reír, para llorar, para respirar, para dejar de ser el zombi malhumorado en el que se había convertido. ¿Cuál sería el mejor momento para abordarla?

LJ

Desde luego ese no era, pensó al entrar en la biblioteca y verla rodeada de todas las chicas. Había estado pensando toda la noche en eso, y se decidió por la biblioteca rogando que tuviera suerte y la encontrara sola.

Era obvio que la suerte no estaba a su favor. Lily estaba sentada junto a la ventana, en el rinconcito apartado, charlando con Janey acerca del trabajo que les había mandado el profesor Flitwich esa mañana. Diana y Gabrielle discutían acaloradamente sobre la secuela de la novela "Sus deseos son órdenes", y Genine pensaba soñadoramente en los momentos más románticos que había pasado con su Remy. Debería de haber mirado en el mapa del Merodeador antes de salir de su habitación, pero Peter se lo había llevado alegando que tenía que hacer algo importante. Seguramente era porque no recordaba el camino para ir a las cocinas.

Suspiró. Le había costado toda la mañana decidirse y ahora no se iba a echar atrás. Un Potter no hacia eso. Delante de sus amigas ella no podía golpearlo, y en la biblioteca no se podía gritar¿verdad?

El bibliotecario le echó una mirada sorprendida cuando lo vio entrar y acercarse a la mesa como si fuera el matadero, pero los Hados le favorecieron cuando la pelirroja se levantó y se metió por el pasillo de la estantería sobre libros de hechizos. La siguió y la observó mientras fruncía el entrecejo buscando el libro que necesitaba y arrugaba su varicilla porque no lo encontraba.

Lily llevaba ese día toda su cabellera roja suelta y una felpa dorada sujetándole el flequillo. Había dejado la túnica en la silla y ahí estaba de nuevo el contoneo de las caderas que tanto le gustaba.

-Lily.

La aludida pegó un bote algo asustada porque no se había esperado que la llamaran y menos aún él, y casi dejó caer el libro azul que había cogido de la estantería. Lo agarró fuerte sujetándolo contra su pecho, como si pusiera una barrera entre ellos haciendo eso, y así poder mantener alejado al muchacho.

James suspiró.

-Escucha, Lily…

-No –lo interrumpió ella.

-No ¿qué? –la miró como desconcertado. ¡Pero si aún no había ni empezado a hablar!

-No quiero escucharte –así que era eso-No te soporto ahora. Así que no creo que soporte lo que tengas que decirme porque no soporto en lo que te has convertido.

James entrecerró los ojos. Aparte de zombi, él no creía haberse convertido en nada. Seguía siendo él. Algo más alto y un poco más musculoso si tenía en cuenta de que antes estaba demasiado delgado. Algo menos bromista y un poco más malhumorado, ocultando los celos en las mujeres. Oh. Seguramente era a eso a lo que se refería. Hombre, si lo pensaba así…

-Yo tampoco me soporto –confesó, y Lily lo miró incrédula- Quizás me estoy comportando como un tonto…

-Como un rematado tonto-volvió a interrumpirle, y se cruzó de brazos.

-Está bien, lo reconozco. Pero nunca había estado en una situación así y me superó. No se si te importará todo lo relacionado con Pamela, Ashley, Melanie, Christine…-le importaba y mucho, pero James no podía saberlo al observar su expresión inescrutable y se deprimió más-pero era porque estaba celoso de…

-¿Celoso porque a alguien le gustan mis estupidas ropas, mi pelo enmarañado y mis horribles pecas?-era increíble que recordara las palabras exactas cuando ni se acordaba del día de su cumpleaños.

-No pienso eso…-intentó defenderse James. No iba a dejar que lo arrastrara por el fango recordando otra vez todo lo que dijo.

-Si lo piensas –le contrarió. ¿Pero es que esa mujer no iba a dejarlo explicarse?

-No, de verdad que no, es solo que no sabía lo que decía…

-Decías la verdad. -¿Pero porqué tenía que ser tan obstinada?-Seguramente fue de las pocas veces que fuiste sincero. Solo esperaba que lo dijeras estando yo presente –le recriminó, acusándolo con la mirada. James tragó saliva. Tomó otra opción.

-¿Te invitaría a Hogsmeade si pensara que tienes estupidas ropas, pelo enmarañado y horribles pecas? –mala combinación de palabras en un intentó de aplacarla, pero por supuesto ella las malinterpretó.

-¿¡De modo que no invitarías a nadie con estúpidas ropas, pelo enmarañado y horribles pecas aunque fuera la persona más maravillosa del mundo!? –le espetó en la cara, e intentó darse la vuelta enfurecida, pero el muchacho se acercó más y le agarró el brazo, haciendo que el libro se cayera con un golpe sordo.

-Lily ¿pasa algo? –les llegaron las voces de Ellie y Janey ante el ruido.

-¡Suelta! Ellie tenía razón, eres un maldito superficial –movió el brazo para soltarse de su agarre, y se agachó para recoger el libro.

-No, no es verdad, no quise decir eso Lily…-intentó calmarla, pero la chica no estaba por la labor de ayudarle.

-Que me da igual lo quisieras decir…-James le tapó la boca con la mano. Lily no tanto se calló por el hecho de que no pudiera hablar, si no por la suave presión de su cálida mano. Tan agradable.

-Deja de interrumpirme-luego suspiró. Por lo visto no conseguiría nada al paso, que iba-.Esta bien, si no quieres escucharme ahora, ven conmigo a Hogsmeade y hablamos, anda. Pero no te traigas a Diggory… ¡auch!-al momento siguiente se chupaba el dedo que ella le había mordido. Ella le miró inocentemente.

-¿Te duele?

-Tengo a mi enfermera con tiritas de flores para que me cure ¿no?-le insinuó James, recordándole la vez que ella subió a su habitación y se besaron.

Lily enrojeció. Volvió a agarrar el libro fuertemente.

-No podía contestarte si no podía hablar-cambió de tema-. Aparte no tienes porque decir que no lleve a Diggory, haré lo que quiera, como si quiero llevarme a Snape –le replicó. Él sintió una esperanza, a pesar de lo que había dicho.

-¿Entonces vendrás?

-No iría con nadie tan superficial, egoísta y…-empezó a enumerar, decidida.

-Está bien, soy todo eso, pero ¿vendrás?-sus ojitos marrones iluminados y suplicándole casi hizo torcer la opinión de Lily. Torció el gesto.

-¿Qué no entendiste de la palabra NO?-Le dio la espalda y se dirigió hacia las chicas. ¿Se podía ser más cabezota? James suspiró y le dijo antes de que se marchara:

-Te esperaré en el vestíbulo a las doce.

La prefecta retornó a su sitio sin haber dado indicios de que lo escuchara. Se volvió a sentar al lado de la ventana, le dio el libro a janey y dirigió su mirada a los terrenos del castillo que se podían ver desde allí, intentando mostrarse interesada en unos chiquillos de segundo año que jugaban con sus mascotas, así que no se dio cuenta de que James abandonaba la biblioteca cabizbajo.

LJ

Los chiquillos ya habían entrado al colegio porque había empezado a caer pequeñas gotitas que pronto se convirtieron en tormenta, pero Lily seguía mirando por la ventana, a pesar de que no veía el cielo gris lleno de grandes nubarrones, ni el agua del lago describiendo círculos en el lugar que caía alguna gota, ni las hojas de los árboles empapadas, ni el sauce Boxeador allá a lo lejos que azotaba sus ramas intentando alejar a un pajarillo asustado.

-¿Lily? Tierra llamando a Pelirroja Despistada, qqjjj, conteste si está escuchando-murmuró Genine con la mano en la boca simulando que tenía un intercomunicador.

Ella dirigió una mirada sorprendida a sus amigas, que la observaban.

-¿Sí? –Diana negó con la cabeza.

-Te pregunté que si me podías dejar la novela de "Tus deseos son órdenes" No puedo discutir como merece con estas –señaló a Genine y Ellie –si aún no la he leído.

-Sí, claro. Mañana te la doy –dirigió su mirada al cristal una vez más, pero Ellie le pasó una mano por delante.

-¿Porqué estás tan distraída?

-No es nada. Solo pensaba. El fin de semana que viene será Halloween ¿no?

-Si no trasladaron la fiesta al 5 de Marzo, sí –se burló Genine, sonriendo.

-¿Y también la salida a Hogsmeade, no?-pero ni sabía porque preguntaba eso. Estaba claro que en Halloween siempre era la primera salida al pueblo.

-Sí. Lily¿estás bien? –preguntó Janey mirándola atentamente, decidiéndose si diagnosticarle simplemente Cuentitis Despistaditis o un caso agudo de TPOGACD (Tortura Psíquica Ocasionada por Gente que Afecta al Cerebro como Diggory).

-Nunca he estado mejor –Aseguró. Ellie la miró suspicazmente.

-Está bien, tengo una idea –rebuscó en su atestada mochila y sacó al cabo de diez minutos (en el que Lily había vuelto a mirar por la ventana, Janey se había ido alegando de que Snape la había citado en el pasillo del séptimo piso porque tenía algo importante que decirle, y Genine y Diana comentaban el nuevo vecino tan guapo que se había mudado a su barrio) un papelito cuidadosamente plegado. Lo desdobló y lo agitó en frente de la pelirroja.

-Quiero que sonrías ahora –era el vale que ella le había regalado para su cumpleaños. Lily sonrió, o hizo el esfuerzo –Quiero que hables con James y arregléis las cosas.

Por supuesto ella no podía saber que ya habían hablado y habían empeorado las cosas, a no ser que les hubiera seguido. Intentó escapar de la situación diciendo:

-Te regalé eso para que hiciera algo por ti. No funciona el encantamiento (sí, tiene un encantamiento) si es por mí –le aclaró, con la esperanza de que desistiera.

-Pero si lo hago por mí –le replicó fingiéndose ofendida Ellie, mientras las demás reían de su gesto de perrito ofendido-Si no estás alegre¿Cómo podrás alegrarme a mí?

A Lily se le empañaron los ojos y la abrazó. Ninguna se dio cuenta de que Genine las miraba con una sonrisa en los labios, mientras su mente trabajaba en un proyecto interesante. Muy interesante.

LJ

-Realmente interesante –concluyó un muchacho de ojos dorados cuando su novia le contó su idea y los puntos para llevarla a cabo en una habitación dejada de la mano de Merlín, toda oscura y desordenada.

-Solo queda esperar que el sujeto P no haga las cosas que vosotros os chicos soléis hacer.

-¿Qué solemos hacer?-susurró el castaño, mientras le acariciaba el brazo y preguntando con la mirada ¿cosas como ésta? La chica a su lado se estremeció ante el dulce contacto, pero no cayó en la trampa.

-Cosas como meter la pata.

LJ

No creía haber metido la pata tanto en su vida. La mirada colérica de la chica de pelo rizado rubio que tenía enfrente se lo confirmaba, pero él lo había sabido nada más esas palabras salieron de su boca en cuanto la vio aproximarse por las escaleras móviles.

-Tus amigas o yo, Rachel –la llamaba así cuando estaban a solas, desde la cita que tuvieron en Hogsmeade en la última visita al pueblo.

Pero estaba claro que no debería haber empezado así, con gente del tipo de Janey lo primero era exponer razones, y luego la conclusión.

-Es que… siempre estás con ellas, y ellas se juntan mucho con los merodeadores -por supuesto exageraba, porque él sabía de sobra que solo Genine era la que se codeaba con ellos, y casi siempre únicamente con Remus-, y no sé que ideas podrían llegar a meterte esos estúpidos, Rachel…

-Lo que es estúpido es creer que ellos pueden influenciarme-le dijo Janey, observando a Severus con los ojos entrecerrados y los brazos cruzados, molesta porque hubiera pensado eso de ella-¡Pero si yo tampoco los soporto! Es Genine la que se junta con ellos. Bueno, con Remus. Pero es su novio, es normal.

-Precisamente Lupin es el peor de todos, y Genine es tu mejor amiga, así que es normal que…-dijo Snape, destilando odio en la primera frase de la oración, cosa que su interlocutora distinguió.

-Pero si Lupin es el mejor de todos, Sevy.-contraatacó-.De todas formas, ya sea el mejor o el peor, no pienso dejar de juntarme con ellas por nuestra… -relación no era la palabra, porque ni ella sabía lo que tenían. Solo se juntaban dos o tres días a la semana cuando menos ocupados estaban, pero nunca habían definido su situación-… lo que sea que tengamos.

-Rachel, no dirías eso si supieras que Genine puede contaminarse con el licántropo.-Esa frase marcó un antes y un después en esa discusión.

-¿Li-licántropo? –dijo la ravenclaw con voz trémula.

Snape no se arrepintió de haber divulgado el secreto a pesar de que Dumbledore le advirtió, quizás de esa forma Janey comprendería porqué quería que se alejara de aquella pandilla.

Procedió a contarle todo el asunto… a su modo.

LJ

Estaba visto y comprobado que su modo de hacer las cosas no daba buenos resultados. Preguntar a todas y cada una de las personas que había encontrado porque su querido (nótese el sarcasmo) amigo Colagusano se había llevado el mapa del Merodeador para encontrar el camino de vuelta a la torre de Gryffindor solo había generado miradas celosas por parte de todas las chicas al saber que él buscaba a Gabrielle Adams y rumores sobre que Ellie había quedado embarazada y negaba que su hijo fuera de él.

Sirius suspiró. Aun así solo Janey, que había subido rápidamente las escaleras, le había gritado (porque ya estaba lejos) que estaba en la biblioteca con las demás chicas.

Bien¿qué era lo primero que le diría? Pensó mientras se dirigía en la dirección que le había dicho la ravenclaw. ¿Que detestaba que no le hablara¿que le encantaba sonrojada cuando él la molestaba¿Qué le entraban ganas de achucharla y besarla cada vez que dirigía sus ojos zafiro hacia su persona?

La encontró saliendo de la biblioteca abrazada a Lily y Genine y Diana detrás. La última le estaba diciendo algo así como que en cuanto empezaran las vacaciones de Navidad daría una fiesta en su casa e invitaría a su guapo vecino, como gesto de bienvenida.

Las siguió en plan misión del agente 007, ocultándose detrás de las columnas, del tapiz de Sir Cadogan…, esperando que se separara siquiera unos milímetros, o se quedara atrás. Ni bien se despidieron de Genine en el pasillo de la izquierda, se les acercó intentando hacer el menor ruido posible, así que se puso de puntillas.

Gracias a Merlín que no nos hemos cruzado con nadie, fijo que les advertirían a la prefecta que un loco les va detrás con cara asesina, pensó. La pelirroja hablaba entonces con Diana, y el sujeto que le interesaba estaba un poco retrasado. Vio su oportunidad cuando se aproximaron a un gran espejo que ocupaba media pared de la izquierda.

Entonces sacó su varita y murmuró ¡silencio! Para que la morena no gritara. Las chicas doblaron la esquina a la derecha… y una de ellas se encontró entonces que una mano le agarraba fuertemente de la muñeca tironeándola hasta meterla en el pasadizo que había detrás del espejo. Todo fue tan rápido que no vio quien la había arrastrado hasta que una luz se coló por una de las pequeñas ventanas que habían en el estrecho túnel mohoso.

-¡Sirius!-pero cuando no salió ningún sonido de su boca comprendió que le había echado un hechizo silenciador. Le empujó fuertemente (pero no lo movió ni un ápice) y se señaló los labios para que le quitara el hechizo. Él la miró con sus ojos grises aterciopelados y suspiró mientras agitaba su varita.

Pero tan pronto como lo hizo se dio la vuelta y se dispuso a salir del pasadizo, sin dirigirle la palabra. ¿Para que entonces me pide que le quite el hechizo? Pensó desesperado el joven animago, si total no está dispuesta a hablarme. Aún.

La abrazó por detrás antes de que ella pusiera un pie fuera, y la estrechó fuerte. Ellie se quedó rígida, sorprendida, pero disfrutando tanto que no quiso moverse siquiera no fuera que él la soltara.

Sirius sonrió y le susurró al oído con una voz sugerente:

-Echo de menos tu dulce voz-le acarició la mejilla-.Vamos Gabrielle, dime que me quieres. Yo se que me quieres.

Estupendo. Una escena tan romántica arruinada por un estúpido arrogante. Se escurrió entre sus brazos al agacharse y luego se dio la vuelta para encararlo:

-Solo porque Lily lo mencionara enfadada no quiere decir sea verdad –mentira, era verdad que lo quería-y aunque lo fuera, no se lo diría a un arrogante como tú. ¿Y si fuera tu hermano, eh¿Y si fuera Regulus el que me gustara y no tú?-imposible, porque ella había conocido a Regulus ese verano, pero él no podía saberlo-Tu hermano al menos no piensa que trae a todo el mundo de cabeza…

Estaba enfadada, Sirius lo notaba más en su sien palpitante, en el fuego de su mirada, en las mejillas sonrosadas que en las hirientes palabras que decía. Por supuesto que Regulus siempre sería mejor que él, como su querida (nótese de nuevo el sarcasmo) madre se lo recordaba cada segundo antes que él decidiera marcharse de casa.

-Creí que tenías las suficientes neuronas como para comprender que si no te hablaba era porque no quería saber nada más de ti, que estaba harta de ser solo tu amiga mientras te revolcabas con ésta y con la otra; harta de que te importara una mierda que una chica pudiera estar enamorada de ti porque solo buscas divertirte; harta de descubrir que no eres como yo creía; de pensar que nunca te fijarías en mí como una persona a la que querer con toda su alma…

No pudo continuar porque Sirius se apoderó de sus labios de una manera que se sintió completamente indefensa. Fue un beso dulce, embriagador, y les azotó los sentidos. Actuaba como una droga. Ellie sentía que comenzaba a faltarle el aire, pero ¿a quien le hacia falta seguir respirando? A ella no, desde luego, si Sirius seguía besándola así, de forma cada vez más apasionada.

-¿Por-porqué has hecho eso? –preguntó tímidamente ella al separarse, toda sonrojada y sonriendo bobamente. Quizás después de todo Sirius sí que la quería…

-Yo… no-no se… creo que solo quería callarte…

Y bam. No era ningún balde de agua fría, porque la sensación se aproximaba más a trocitos de hielo que le desgarraban el alma y le acuchillaban en aquella zona cercana al pulmón izquierdo.

Ni siquiera sabía de donde había sacado las fuerzas después de escuchar esas simples palabras que lo disculpaban del mejor beso que había recibido en su vida, pero ahora Sirius sentía arder su mejilla donde ella lo había abofeteado con todas sus ganas. Sintió que su mundo se derrumbaba cuando se volvió hacia ella y la vio con ojos llorosos.

-Verdaderamente, Sirius, eres único en hacer que una chica te odie.

Apenas Ellie desapareció tras el espejo y echó a correr, Sirius sintió que se le cortaba el aire al tiempo que se apoyaba en la pared y se dejaba arrastrar convertido en el mayor idiota de la Galaxia.

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Finito. Me costó bastante la escena final, la verdad. En el siguiente capi actuaran, entre una cosa y otra, las casamenteras de la historia. Más Minnie-Pince, y se sabrá en que deriva la conversacion de Janey con Snape y la ayuda por parte de Remus y Genine.

Creo que este estuvo un poco más interesante, pero ya saben, ustedes son el jurado. Solo denle al GO: