CHAPTER XII
El grito de Bella lo llevó directo a la cocina.
-¡Dios, Sue! ¡Eso arde!
Gruñó entre dientes. Jacob rió a su costa.
-Vamos, Bella. No seas una niña.
Lo fulminó con la mirada.
-Oh, cállate.
Edward entró rápidamente y se acercó. Sue estaba de rodillas con la pierna derecha extendida de Bella. Limpiando con líquido antiséptico un corte profundo. Tenía el resto de su extremidad cubierto de sangre y algunos arañazos en su tobillo. Estaba empapada de pies a cabeza.
-¿Qué sucedió?
Ella se encogió un hombro con indiferencia.
-Nada.
-Bella...
Rodó los ojos y luego presionó los dientes, gimiendo con fuerza mientras Sue volvía a pasar la gasa para desinfectar.
-Comenzó a llover, salté sobre un tronco pero estaba húmedo y era hueco. Me hundí. Perdí el equilibrio y terminé en el fango atascada.
Sue limpió con un paño mojado su pierna y vendó la herida. Refunfuñando le tendió un analgésico y le indicó reposo absoluto.
-¿Qué pasó?
-No de nuevo, Jasper.
Jasper le envió una mirada a Jacob, enarcando una ceja.
-¿Estarás bien, Bella? Tengo que volver y...
-Ella estará bien.
Edward se acercó para tomarla en brazos y la levantó en un rápido movimiento.
-No creo que sea necesario, bájame ahora.
-Ya oíste a Sue.
Sin dejarla reprochar la respecto, se dio la vuelta y la llevó escaleras arriba. Bella se removió y gruñó.
-Si vas a cargarme, sin importar lo que diga. Ve más despacio, duele.
Edward ocultó una sonrisa.
-Si tan solo te estuvieras más quieta.
La llevó hasta la habitación principal y la dejó sobre el sillón. Cuando intentó ponerse de pie, Edward la sostuvo de los hombros.
-Reposo.
-No estoy inválida, solo... rasguñada.
-Si, claro. Ese corte y el golpe podrían haber dañado tu músculo. Si te relajas hasta que mejore no tendremos que correr a un hospital.
-Exageras.
Bella rodó los ojos y apartó sus manos.
-Entonces... revisa el segundo cajón del mueble. Un pijama. Estoy muriendo de frío aquí.
Se movió rápido hacia el mueble.
-¡Espera! El segundo, no el primero.
-¿Qué tienen el primero?
-Solo abre el segundo.
Tener a Edward husmeando en su ropa interior no era algo que la hacía feliz. Edward extrajo un conjunto de seda color verde y se lo entregó. Bella frunció el ceño y comenzó a negar.
-No creo que ese...
-Vamos, solo quiero que te quites la ropa mojada.
Se lo arrebató y lo envió fuera. Edward asintió.
-Iré por algo para comer.
Se movió velozmente, pero no creía que ese fuera el pijama adecuado. Era uno de esos regalos de la tienda de ropa interior de Susan. Los había archivado muy bien en ese cajón, pero él tenía que encontrar uno. La pierna le dolía horrores y el mueble estaba realmente lejos. No valía la pena el dolor. Gimió de frustración.
Edward regresó con una bandeja copiosa.
-Debiste esperar a que llegara para llegar a la cama.
-Todavía tengo una pierna.
Que se veía bastante bien en ese pantalón de seda verde, el borde de puntilla acariciaba su piel clara así como la camiseta le enseñara una fina línea de piel de su espalda y el estómago. Sus brazos estaban descubiertos y sus senos casi eran perceptibles a través de la doble tela de encaje.
Bella se dejó caer en la cama y suspiró.
-Estoy realmente cansada.
Edward la cubrió con una sábana.
-Toma, come algo primero.
Bella recogió su húmedo cabello y lo ató en un moño mientras comenzaba a comer. Edward se quedó a un lado de la habitación, pensando en la forma en de decir lo siguiente.
-Pedí que tus cosas fueran traídas aquí de nuevo.
Dejó de masticar y elevó su vista hacía él. Enarcando una ceja.
-Te lo dije. Éste es el lugar en el que corresponde que estés.
-Ese no es el punto.
Hizo la bandeja a un lado y apartó la vista. Edward se acercó hasta el borde de la cama. Ella estaba claramente enojada más que intimidada.
-Se que debería de haberlo tratado contigo, pero si te preguntaba dirías que no.
-¿Cómo debo hacer para que entiendas que no me gusta que tomen decisiones por mí? Soy completamente capaz de hacerlo por mí misma, gracias.
-De acuerdo, lo siento y soy solo yo tratando de que esto funcione.
Bella jadeó con sorpresa. No es que quisiera que "no funcionara". ¿Pero qué había de su temor a dejar a avanzar a Edward?
-¿Qué demonios significa "que esto funcione"?
Edward tragó pesado. ¿De verdad había estado yendo tan rápido? Hacer que aquello funcionara, no era un juego. Era hacer funcionar un matrimonio era como una relación de pareja. ¿Ellos eran eso? Definitivamente no. No era como jugar a la casita y llevarse bien con la otra persona, podría funcionar por un tiempo ¿pero cuánto? ¿Hasta que ambos vieran que no tenía sentido o que se comprometían en el juego? ¿Estaba dispuesto a perder todo por conquistar a Bella? ¿Realmente sentía algo por Bella que valiera la pena "hacer que aquello funcionara"?
Jasper golpeó dos veces y entró. Enfrentó la escena del millón. Bella de brazos cruzados con la mirada perdida sobre la ventana, Edward con el ceño fruncido en dirección a la pared opuestas. Formas de evidenciar el disgusto entre ambos, y esa. Carraspeó y se adentró ya que no oyó una negativa.
-¿Cómo te sientes, Bella?
Ella lo miró brevemente y habló como si comentara acerca del clima.
-Como si una plancha de acero estuviera en mi pierna ahora mismo.
Edward bufó y salió de la habitación sin agregar más nada. Bella suspiró.
-Dios, es inmanejable.
Jasper sonrió de lado, no muy seguro de qué lado ponerse. ¿Sería ético apoyar a Bella sin la presencia de Edward y viceversa?
-Lo sé, bienvenida al mundo Edward.
Rodó los ojos y se acomodó con dolor sobre la cama.
-Hay algo de lo que quiero hablarte, Jas.
Tomó asiento a su lado, no parecía estar bromeando al respecto y la conocía demasiado bien. Algo la preocupaba.
-¿Qué es?
-Es Aro...
Siempre era Aro. Poner a Jasper al corriente de la desesperada situación económica del vecino le llevó solo un par de minutos. Contarle el plan en detalle otros minutos. Tardó demasiado poco como para obtener una respuesta lenta que tardaba en llegar. Él la había oído con atención sin abrir su boca, conocía ese método. Luego de considerarlo él largaba su opinión y era definitiva. Por eso cuando finalmente la miró, casi temió que no iba a ayudarla esa vez.
-¿Edward sabe?
-No.
-¿Por qué no?
-No quiero que lo sepa. Esto es entre Aro y yo. Seth está de acuerdo en manipular el toro, lo ha hecho miles de veces y está seguro de que lo hará bien. Tendrá sus ayudantes, los Atarea. Son geniales ¿los has visto trabajando con él?
-Si, los he visto...
-Además, te necesito con Jacob en la tranquera para poder cerrarla a tiempo una vez que las ovejas queden fuera.
-Eso será un descontrol.
-Esa es la idea.
-¿Qué hay de los caballos?
-Me ocuparé de Sam, Embry vendrá conmigo para sacar a Emily.
Jasper apartó la vista. Bella podía verlo pensando, repasando los detalles del plan, considerando las ventajas y desventajas. No había fallas, ella misma lo había organizado y planeado cuidadosamente. Incluso había pensado en las consecuencias, en si algo salía mal. Tenía un plan B.
-Solo dime lo que realmente piensas.
Se enfrentó a su honesta mirada. Algo que siempre había admirado de él.
-No estoy de acuerdo en no decirle a Edward. No es estúpido, se dará cuenta. Tienes que pensar entre dos, así funcionan las responsabilidades. Ya no estás sola en esto. Pero... si es lo que quieres. Te ayudaré, no diré nada pero no mentiré. Si pregunta, se lo diré todo.
-Seremos discretos y no habrá necesidad de eso.
-De acuerdo.
-Lo haremos el lunes, mi pierna estará como nueva para entonces.
.
Cerró la puerta de su nuevo despacho con fuerza. Aunque la pesada madera iba lento y no había dado el espectáculo que le hubiera gustado para enfatizar su drama. Su fuego interno. Porque si de algo estaba seguro, pelear con Bella era la cosa más malditamente caliente que había. Sobre todo si ella vestía ese sexy conjunto para dormir. Demonios, tenía una ignición interna fuera de control.
Se acercó a sus botellas de vidrio y vertió una medida de whiskey en un vaso. Lo dejó pasar de un solo movimiento y se dejó caer frente al escritorio. Allí estaban los libros de economía de la casa. Bella era un genio. Había llevado todas las cuentas en perfecto orden. Un balance claro que le dejaba saber que eran una familia adinerada y bien posicionada. Los campos eran buenos productores y ella sabía cómo aprovechar cada oportunidad. No había defectos en lo que hacía. Como si todo fuera medido a cuenta gotas. Sabía lo que hacía y lo hacía malditamente bien.
Pero le era demasiado difícil ser gentil con ella. Cuando se permitía bajar sus barreras y ella cedía ante las propias, entonces sentía que su cuerpo actuaba por sí solo. No podía controlarse. Como la noche que la había besado como si se le fuera la vida en ello. Realmente lo había sentido así. Todo lo que podía reconocer era que había perdido la noción del tiempo y el espacio, todo se había convertido en Bella. En lo cerca que estaban sus cuerpos y en lo celestial que era su lengua con la suya.
Sus palabras volvieron a él como un doloroso recordatorio. ¿Qué significaba "hacer funcionar esto"? No tenía ni la puta idea de lo que eso significaba. Era algo loco y descabellado, ambos podrían separarse y mantener un acuerdo justo por lo que había sido. Ella era mayor y capaz, podía manejarse sola y sin necesitarlo. Pero no era una opción. Que ninguno de los dos había aceptado ni considerado. Estaban entre darle una oportunidad a lo incierto y retractarse por quererlo.
Demonios, no era ilegal desear a su propia mujer.
Porque la deseaba. Lo sentía, lo veía y era evidente. Ella también era consiente de ello. ¿Pero qué hacer al respecto?
La clave estaba en dejar en claro qué era lo que quería él. Aunque eso fuera una respuesta fácil. Quería a Bella. ¿En qué sentido? En todos. Quería las noches en sus brazos, los amaneceres con sus sonrisas y el día con su risa. Rogaba porque nunca dejaran las peleas calientes. Porque si no se encontrara herida en una cama, el destino hubiera sido demasiado diferente. La deseaba. Todo su cuerpo clamaba por ella, tanto que su mente no estaba serena ni un instante.
-Esa discusión contigo mismo se ve muy importante.
Levantó al vista hacia Emmet y frunció el ceño. Jamás había estado tan despistado como para no percatarse de que acaban de tocar a su puerta. O abrirla y entrar, si no hubiera llamado su atención bien podrían haberlo matado. Bella estaba quemando una a una sus neuronas y disipando su concentración que siempre había sido enfocada.
-¿Qué quieres?
Su hermano entró para sentarse frente a él. Edward esperó mientras Emmet lo medía desde la distancia.
-¿Sabes que? No he tenido tiempo de pasar tiempo con mi cuñada, como ella se merece.
-¿Eso qué quiere decir?
Emmet medio sonrió.
-Ha sido parte de la familia durante cinco años y aún no nos has presentado.
Bueno punto. Él podía saber parte de su historia familiar, pero Bella apenas lo conocía. Se puso de pie mientras comenzaba a sentir una racha de esperanza.
-Emmet eres un maldito genio.
Palmeó su espalda y salió del cuarto.
Tenía buenas ideas acerca de cómo ganarse a Bella y era comenzar por demostrarle que le importaba. Aunque ella no supiera que había entrado en un ataque cuando la lluvia se largó torrencialmente y ella no regresaba. Se había comportado todo protector y autoritario cuando todo lo que había pensado en hacer era ser atento y dedicado. Cómo sobrellevar a su esposa sería algo que tardaría en aprender pero no desistiría.
-Señor Cullen ¿necesita algo?
-Sue, te he dicho cientos de veces que me llames Edward.
La mujer le sonrió de forma amable.
-De acuerdo... ¿necesita algo, Edward?
-Lo necesito.
.
Bella se removió en la oscuridad de la habitación, deseando conciliar el sueño. Pero estaba mortalmente aburrida. Había pasado la tarde leyendo una novela que había comenzado hacía dos meses. Finalmente ya podía dejarla a un lado con los libros ya leídos. Había hablado con Alice por teléfono y la noche había caído. No había sido molestada y la trataban como una reina con peste. Demasiado corteses y amables. Estaba segura de que Edward estaba detrás de todo aquello, pero para su suerte no lo había visto. Jasper había prometido urdir el plan con Jacob y tampoco lo había visto.
Suspiró y se giró sobre la pierna mala. Gritó con todos sus pulmones amortiguando el sonido contra las almohadas.
-¡Mierda!
Gruñó mientras se ponía de espaldas rápidamente. Edward se acercó corriendo.
-¿Estás bien?
Ella jadeaba del dolor, evitando volver a gritar. Tapaba sus ojos evitando el impacto de las luces de techo.
-Si, una mala maniobra.
Edward se obligó a apartar la vista de su estómago desnudo y tomó una respiración honda para aclarar su mente.
-Vine a buscarte.
Se descubrió el rostro y se enderezó sobre sus codos.
-¿Qué?
-Vamos a cenar, en el comedor.
Frunció el ceño.
-¿Qué hay con eso de invalidez total?
-Quedas exenta, solo por ahora. Vamos a cenar en el comedor.
Ella se dejó caer en la cama y se cubrió hasta el rostro.
-No quiero, me siento mejor aquí.
Llevó los ojos al cielo y casi rió. Casi. Apartó la manta y antes de darle tiempo a protestar, la levantó rápidamente de la cama. Era tan ligera que no hacía nada de fuerza. Eso le daba mayor capacidad de manipular su cuerpo sin dejar que ella se librara.
-¿Qué haces? ¡Al suelo, déjame ahora mismo!
-Te dije que bajamos a comer.
-¡Espera!
Detuvo con su mano antes de que pudiera abrir la puerta.
-No puedo bajar en pijamas.
Edward se volvió de inmediato.
-Tienes razón, no dejaré que andes así por la casa.
La dejó en el sofá y le tendió una bata color azul noche. Bella se la devolvió.
-La blanca.
-No, esa es perfecta.
La diferencia radicaba en que la azul era más gruesa y larga por todos lados. La blanca era más simple, algo más transparente y de fina seda que se adhería al cuerpo. Una inexplicable ración de celos atacó su sistema y la obligó a llevar la azul. Que hacía su piel blanca más cremosa y más deseable.
La dejó en la silla de su derecha y al rato recibió a Jasper, quién le regaló una sonrisa y ocupó su lugar.
-¿Llego tarde?
Bella sonrió.
-Que sorpresa, Emmet. Por favor, siéntate. Estás a tiempo.
Emmet le sonrió mientras se unía a un lado de Jasper. Edward aclaró su garganta y bebió de su copa de vino. La cena estaba servida. Analizó cada gesto de Bella, esa deliciosa sonrisa pintada en sus rosados labios mientras la lasagna casera se servía en abundantes platos. Su favorito.
-Bella...
Ella levantó la mirada hacia él.
-... quiero presentarte alguien.
-¿Qué? ¿Quién?
Alarmada por su cabello algo revuelto y la ropa de cama, dejó los cubiertos a un lado y lo miró casi furiosa.
-No puedes presentarme a alguien en este estado...
Edward ocultó su sonrisa y tomó la oportunidad.
-Te ves hermosa en lo que sea que uses. Además... él entenderá que has estado en reposo antes de acudir a la cena familiar.
Bella frunció el ceño. ¿Edward creía que ella se veía hermosa en lo que sea que usara? Tenía que ser una broma. ¿Hermosa? No bella, ni pasable ni bien. Hermosa. Ella lucía hermosa. Entre abrió sus labios para responder pero no encontró nada a tiempo y decidió pasar el comentario como el aire.
-¿Él?
Edward levantó la copa y la movió hacia Emmet.
-Está aquí. Mi hermano, Emmet Cullen.
Ella miró directamente hacia Emmet, su sonrisa era grande y su mirada descuidada. Sus hoyuelos eran la cosa más adorable que alguien podría admirar en él. Aunque sus anatomías fueran sorprendentemente diferentes, al igual que los ojos azules de Emmet diferían de los verdes de Edward. Eran hermanos. En cierta forma, podía llegar a apreciar el parecido. Pero el hecho de que él llevara más de tres semanas bajo su techo solo como alguien que trabajaba para él la ponía furiosa.
-¿Qué clase de persona dice eso ahora?
Los tres hombres la miraron con sorpresa. Su mirada colérica estaba toda posada sobre su esposo.
-Bueno...
-Ni siquiera trates de encontrar una excusa Edward Cullen.
Arrojó la servilleta sobre la mesa y se puso de pie, ignorando el pesado dolor de su pierna. Le envió una dulce mirada a Emmet.
-Bienvenido Emmet, espero que esto no sea una falta de respeto para tí pero necesito descansar. Lo siento, tendremos tiempo en el futuro para recompensarlo. Disfruten la comida.
Ninguno se atrevió a ayudarla a salir del comedor. Edward estaba helado y furioso. Jasper se mostraba tan neutral y apático como podía, no estaba disfrutando de la comida pero en parte, sí de lo que acaba de pasar. Edward y Bella iban a ser la alegría del hogar durante un tiempo. Hasta que uno de los dos notara lo bien que podrían llevarse si fueran menos testarudos. Emmet estaba mortalmente divertido y la comida demasiado buena como para distraerse.
Bella sufrió cada escalón directo a la biblioteca. Pero valió la pena hacer una salida monumental del comedor. ¿Cómo podía haber tratado a Emmet como si tan solo se tratara de alguien más cuando debería haber estado congeniando con su cuñado? Demonios, se sentía terrible. Edward debería de haberlo aclarado desde el principio, o Jasper. ¿Qué les pasaba a esos hombres? Si bien no lo había visto afectado, con que ella se sintiera mal era suficiente.
Cuando finalmente se dejó caer en el sofá de su lugar privado, se mantuvo quieta durante media hora. Su pierna estaba negada a recuperarse. El golpe debería haber sido más fuerte de lo que ella recordaba. Pero la actividad lo había calentado y estaba molestando menos. Tal vez solo debería ponerlo en práctica para sanarlo. Si sobrevívía a la noche. Porque no pensaba salir de allí mismo.
El puño estrellándose contra la madera la hizo saltar de su asiento.
-¡Bella, abre ahora mismo!
Dejó la portátil a un lado y se enderezó lentamente. Con esfuerzo llegó a la puerta y abrió con pereza.
-Adoro tus modales.
Le regaló una sonrisa cargada de aspereza. Edward estaba furioso.
-Bueno, vas a adorarlos aún más cuando te lleve de regreso a la cama ahora mismo.
-Estás loco...
Intentó cerrar la puerta y él la detuvo en seco.
-Bella...
Amenazó con sequedad. Era la gota que faltaba para que su serenidad colapsara.
-¡Tú no me das órdenes! ¡No te atrevas a tratarme como una niña pequeña porque no eres mi jodido padre!
Esa puerta sí que dejó en claro que estaba enfadada, dejando temblar todas las ventanas de toda la casa. Bella se dio vuelta y volvió al sofá. Detestaba cuando Edward era de esa forma. Era su problema si no podía entender que era su igual, no su protegida. Si aquello iba a pasar cada vez que se ponía en plan de padre, lo sentía. Que tuviera sus propios hijos si quería repartir órdenes a diestra y siniestra. Ella no iba a ceder ante los caprichos de nadie.
En la mañana salió cuidadosamente hasta la habitación del fondo y se cambió por ropas más cómodas. Como un suelto chándal y una camiseta deportiva. Salió de la casa con una manzana y una botella de agua. Jacob era su único escape, ahora y siempre sería de esa forma.
-¿Ocupado?
Jacob le regaló la mayor de las sonrisas.
-Claro que no. Que bueno verte ¿cómo está tu pierna?
-Sigue funcionando.
Se dejó caer a su lado en una larga banca de madera y estiró la pierna mala.
-Arde, pica y molesta. Pero ya no duele.
-Eso es bueno.
-¿Qué haces?
-Es una lista de lo que hay aquí, es más fácil para sabe si falta algo y si necesito comprar algo.
-Genial ¿puedo ayudar?
-Seguro.
Jacob le dejó un cuaderno y una tinta mientras revisaba entre los estantes los utensilios. Hacer un conteo de materiales era la cosa más monótona y aburrida que podía haber. Pero Bella siempre era creativa para conversar. ¿Habría forma en que él pudiera entender que ella estaba fuera de su liga?
-¿Qué pasó con Irina?
Jacob se tensó.
-Ella no tiene información.
Asintió despacio.
-¿Pasó... algo?
Jacob detuvo su tarea y se volteó hacia ella.
-Es un cebo.
Bella enarcó una ceja en desentimiento.
-Su padre la usa. Todo lo que ella ingresa a la casa, lo que hace por él y... no ve nada de lo que sucede a su alrededor.
-Una víctima...
-Lo és.
Jacob podía pensar que Irina era demasiado superficial y sus ideas estaban cubiertas de ciudad. Pero aquello había sido una pantalla que se había obligado a ver, cuando en realidad, la había conocido y opinaba muy distinto. Era una persona sensible y genial, ahora tenía que replantearse la idea de mantenerse alejado de ella. Una cita había sido suficiente para darle un pie a que continuara insistiendo. No estaba seguro de querer negarse, pero estaba seguro que no se sentía atraído hacia ella. Y una amistad iba arruinar los planes de ella.
-Iré al mercado ¿vienes?
-Claro que si.
Saltó sobre su pierna buena y se puso de pie. Ayudó a Jacob a cargar con un pequeño tacho lleno de pinceles que debía comprar de nuevo. Pintar el garage era lo que seguía.
Bella volvió por la lista que olvidó en la banca mientras Jacob la esperaba en la camioneta.
-¡Bella! ¿Dónde vas?
Edward se acercaba a paso apresurado hacia ella, se esforzó por llegar más aprisa a la camioneta.
-¿No puedes dejarme en paz? Tengo cosas que hacer.
La detuvo del brazo y cuando al detuvo, la soltó.
-No, no puedo. Estás herida y...
Ella rió y retrocedió.
-¿Sabes cuántas veces me hecho esto? ¿Y cuántas otras más no he pasado ni una hora seguida en reposo solo porque había cosas que no se harían solas? Centenares de veces, Edward. Contrólate. No voy a quedarme en la casa haciendo nada. Esta soy yo, de un lado hacia otro con tareas no importa cómo esté. Así es como logré todo lo que tenemos hasta ahora.
Trepó a la cabina y Jacob no se tardó en acelerar camino a la tienda.
-Tranquilo, hombre...
Jasper palmeó su hombro pero se apartó.
-Prefiero volver a Londres que tratar de llegar a un acuerdo con Bella.
Sabía que no lo decía en serio. Pero por la forma en la que avanzaban las cosas bien podría terminar con Black en una semana mientras que la relación con su esposa seguiría sin verse estable.
