Por la senda de la oscuridad
XII
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Una semana desaparecido. No eran dos días, no eran dos horas. Era una semana, contante y sonante. ¿Dónde puede meterse un escritor que no sea su casa–refugio–fortaleza? Ni idea. Bien podría estar tomándose una ginebra en cualquier bar de Norteamérica…como podría estar tomándose unas vacaciones soleadas en Anchorage.
No, a él no le gustaban las vacaciones soleadas. Aunque ciertamente Anchorage le habría caído bien. Pensándolo mejor, dónde estaba no era la cuestión. Era cuándo iba a volver lo que le estaba quitando el sueño. ¡Maldito sea, por qué no vuelve!
Debió considerar el ponerle un rastreador en el…en alguna parte de su fisonomía, por amor del cielo. ¿Sería acaso una especie de castigo? Pero ella no había hecho nada malo...excepto quizá el traicionarse a sí misma. Mala Sakura, mala Sakura. Debió habérselo dicho y ahorrarse el caminito del diablo; ahora tenía que sufrir vejaciones que no tenían nombre.
Debió cerciorarse de que le gustaba ese miserable pedazo de porquería. Le gustaba, no dejaba de pensarlo…¡y era una estúpida por tener que besar a otro para averiguarlo!
–¿Doctora?
–¿Sí, Dalila?
–Meiling Li acaba de llamar…
Su mente acababa de celebrar que acababan de descubrir un antídoto contra la muerte.
–¿Qué dijo?
–Shaoran Li vendrá mañana a su última sesión. Dice que está peor que los escribas del Antiguo Egipto.
Ella seguía celebrando. Vendría mañana…A SU ÚLTIMA SESIÓN. Dios nos libre. ¿Qué había dicho?
–¿Qué has dicho?
–Lo siento…la señora Li me pidió que diera el mensaje así.
–No, eso no. ¿Acaso dijiste que venía a su última sesión?
–Oh, sí señorita.
Campanazo total.
–Entiendo. ¿Avisó cuando vendría?
–Mañana, a las 8.
–Bien. Gracias, Dalila.
La chica se retiró, pero Sakura quedó más bien muy inquieta. El tiempo comenzaba a ponerse en su contra.
También.
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Ciertamente, pocas veces había tenido la oportunidad de experimentar una sensación tan increíble.
Tan total.
¿Así se sentía besar a una sombra? No, no era "besar a una sombra". Era "besar SU sombra"; la sombra de aquella mujer en las alturas de lo inalcanzable. Aquella mujer que dibujó en sus sueños, enamoró en sus ilusiones…y que en la realidad no podría tener. Es la historia de siempre. Acababa de beber del Grial, y quizá su vida se hubiese ido al caño.
No importaba. No importaba nada. Sólo importaba –en ese momento– que la besaba. Que la abrazaba. Que por un instante él dejó de ser persona para ser alguien más. Y ella no fue una sombra, sino fue ella, por un instante que duraría para siempre, enmarcada en la amargura de un recuerdo que lo seguiría por el resto de sus días.
Quizá estuviese cegado por la pasión, por el brillo de sus ojos verdes, por la dulce tonalidad de su voz; por cómo habla, por cómo viste, por cómo camina, por cómo escribe. Incluso por cómo respira. Todo eso era posible. Pero no importaba. Sombra o no, él seguiría tributándole, como un esclavo a un dios pagano.
Sombra o no, quizá él seguiría adorando su recuerdo, su voz y sus labios en una letanía que durase por la eternidad.
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Sonrió al leerlo. Diez capítulos.
Era un final de lujo. Rayaba en la tragicomedia de su vida…pero le gustaba. Luego, vino la pregunta fatídica.
¿A quién le tributaba?
¿Tal vez a sí mismo? No, no lo era.
¿Arashi? Quizá tenía otras obras para descargar su rabia y su dolor. Pero no era a ella.
Le tributaba a aquello que deseaba y no podía tener. Le tributaba a su sombra. Tal vez era un poco cobarde por no luchar hasta las últimas consecuencias, pero no podía después de lo que había visto. Comenzaba a admitir que tenía una misteriosa fijación con eso de ver demasiadas cosas.
Eso, y otro tipo de fijaciones relativamente fregadas. Como provocar faltas ortográficas en su reconocida forma de escribir.
–siertamente e podido komprender ke no podre tenerte…–escribió distraídamente, para luego reírse un poco.
Reír. Hace mucho no lo hacía. No de forma sincera, de todas formas. Contempló a la cachorra que dormía a sus anchas en el suelo de su estudio. Sin embargo, se sentía mal. Se sentía incompleto. Con una necesidad imposible de saciar…su soledad, su yo, todo lo que era él. Y tenía que conformarse con un tributo a su sombra…
Era injusto. Era increíblemente injusto. Atrapado en la cárcel de su lógica, no podía sino ver como se consumaba la mayor de las maldiciones. Amar y no ser correspondido. ¿Pero por qué emplear el verbo prohibido? Sólo la conocía, sólo había hablado con ella, sólo había intentado ser su psicóloga. Y sólo se había fijado en su figura, en lo verde de sus ojos, en su crasa estupidez por querer el fuego de los dioses y acabar como Prometeo.
Luego volvió su vista a la laptop. Letanía por toda la eternidad era lo que leían sus pupilas marrones. Y al final, el cursor iba y volvía. No podía escribir un capítulo más; sería como quitarle un año de maduración al mejor Don Perignon.
No podía escribir un capítulo más. Pero sí podría escribirle un epílogo.
–A la eternidad…–concedió él, poniendo manos a la obra una vez más.
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7:50 AM. T menos diez minutos para la hora cero.
¿Y después qué? No podía ser una catástrofe absoluta. No emulaba a los valientes hoplitas de Termópilas contra la horda persa. Pero sinceramente estaba muerta de miedo. No estaba preparada para verlo, ahora, a diez minutos de confrontarlo. Porque después de ahí, lo perdería por el resto de la eternidad.
Eternidad. ¡Qué grande te lees ahora!
7:55. El padre Cronos traía afán hoy.
–Señorita Sakura –irrumpió su secretaria, como el cuervo que trae el mal presagio– el señor Li acaba de llegar.
–Hazlo seguir –dijo ella, como quien va al cadalso– y no me pases llamadas en lo que estoy con él.
Ella se retiró, y su consultorio de pronto se convirtió en una parodia del mausoleo de Halicarnaso. ¡Realmente estaba comenzando a desvariar en grande!
–Buen día, doctora…–saludó él, desde el dintel de la puerta. Pero por alguna razón no entraba.
–Buen día, señor Li…¿bonito día, no?
Pregunta estándar, pensó Shaoran. Pregunta estándar para un día estándar.
–Un poco fría…pero ha estado bien.
Ella le miró entrar, pero algo raro traía. No era el mismo que había estado en su consultorio la última vez. No era otro hombre…sólo habían cambiado algunos detalles. Detalles fundamentales.
–Meiling me ha contado que está peor que los escribas egipcios.
–No me va tan bien, pero algo se hace. Sí…he vuelto a escribir. Ha ayudado el pequeño viaje que hice a Los Angeles.
–¿Los Ángeles?
–No pretendía ser nada del otro mundo. Pero un par de visitas me han abierto los ojos.
Ella temía preguntar…pero igual se jugó la cara. La primera de muchas veces.
–¿La viste?
–Sí, la vi. Se casó, y tuvo un hijo.
–¿Hablaron?
–Sí, hablamos. Saldamos cuentas pendientes. Y entendí por qué no pude seguir escribiendo hace un tiempo.
Sakura tragó plomo. Pero igual siguió.
–¿Y bien?
–Alguna vez –se sentó en el sofá romano– usted me preguntó sobre lo que había sido mi vida. No recuerdo si alguna vez preguntó de dónde obtenía yo mis recursos para escribir.
–Creo haberlo hecho. Tampoco lo recuerdo.
Un suspiro de parte y parte.
–Arashi fue el detonante. Cuando terminamos, mi vida entera se vino abajo. Yo estaba terminando mi carrera, y el no tenerla fue como la encarnación de todas mis pesadillas; odié en silencio mi vida, y condené mi realidad por haberme quitado lo poco que tenía. No hace falta mencionar que, en términos emocionales, yo era un reverendo imbécil.
Ella entornó los ojos y le miró.
–En medio de mi dolor, comencé a escribir. Asumí que mis demonios internos eran los que hacían fluir mis palabras, y reconstruí realidades enteras a partir de mis heridas. Me burlé de la muerte, pisoteé lo bueno que alguna vez creí. Mientras más escribía, más compelido me sentía a seguir, y más fuerte me castigaba, buscando una respuesta que nunca llegaría. Respuesta por mi dolor, por mis preguntas sin respuesta, por mis noches de insomnio…una respuesta era todo lo que quería. Pero nunca llegó. No obstante, terminada mi última novela…algo pasó cuando monologué. Algo extraño pasó.
Un momento de duda por parte de ella. Y se jugó la cara por segunda vez.
–¿Qué pasó?
–Estuve en paz. Y era algo que yo no podía concebir. Yo había hecho la guerra a la gente, a la vida. A mi vida. Pero estar en paz era una revolución copernicana total; no estaba preparado para estarlo, para ver la luz al final de la senda de la oscuridad. Por eso no podía escribir…hasta ahora.
–¿Y qué has escrito?
Ahora él guardó silencio. Se levantó, y se dirigió a la ventana. La mañana parecía poseer el embrujo del viernes santo en Monsalvat.
–Un tributo…
–¿Un tributo?
–Un tributo a su sombra –dijo él, sin mirarle y concentrado en el brillo de una mañana que prometía más de lo que parecía– un tributo a algo que quiero, y sé de sobra que no voy a tener.
–¿A quién le tributas?
–¿Qué?
–Si es un tributo, ha de ser para alguien –infirió ella.
Una sonrisa triste.
–Es para alguien. Tiene usted razón, doctora –respondió, después de eternos instantes de silencio– es para alguien que quiero y no podré tener. Para alguien que puedo querer y que no podré tener. Quizá por eso lo único de mi realidad que tienen mis novelas es que nunca terminan bien. Nunca, nunca. Ahora, nuevamente he recibido un mazazo, sin querer queriendo, y no sé qué voy a hacer. Seguir escribiendo, aunque ya mis demonios se hayan tranquilizado lo suficiente.
Sakura respiró pesadamente. Sintió como si un invisible incensario volviese el aire más denso, como si la atmósfera estuviese desapareciendo en torno a ellos. Él parecía no notarlo, seguía mirando hacia la nada, como si tuviese muchísimo que ofrecerle. Como si el silencio hablase por él en términos ininteligibles, pero de todas formas lo dejaba hacer. Sentía como si, indirectamente, se estuviese despidiendo de ella, y en el proceso se estuviese sacando el corazón para lastimarse menos.
–¿Puedo preguntar para quién es?
Él se volvió a ella, se acercó hasta el escritorio, y haciendo una genuflexión, quedaron sus brazos al ras del escritorio. Con un parpadeo, se sintió en el cadalso…y con el pelotón de fusilamiento listo.
–Es…algo complicado de describir. Es tenerlo cerca y al mismo tiempo lejos. Es verla feliz…pero verla feliz con alguien que no soy yo, y es saberse resignado a dejarla ser feliz –a este punto, sus ojos la escrutaban a tal grado que era imposible apartarlos, parpadear, girar la cabeza o siquiera dejar de pensar en hacer todas esas cosas al mismo tiempo– es el gusto, pero es una certeza que raya en el cretinismo más increíble. Sucede cuando notas que estás encerrado en la cárcel de la lógica. Tú deberías saberlo mejor que nadie.
Un respingo. Algo muy dentro le decía que escuchaba lo que quería escuchar, pero entre líneas. Él se iba, y ella se quedaba como una vestal. Callada. Sentía como el crescendo del Lago de los cisnes se apoderaba del consultorio, que de campo de batalla a mausoleo, se había convertido en cadalso y luego…sólo era un paisaje desolado. ¡Se iba y no podía decirle ni mu! No podía articular nada. Y como todo crescendo, después viene el final. El silencio. Y no quería que el bonito ballet de Tchaikovsky se convirtiese en una rapsodia azul.
Se sentía culpable, porque de cierta forma sabía que le dirigía a ella sus palabras, sabía que su resignación era su despedida, y su despedida significaba no volverlo a ver más allá de sus novelas y en la solapa de sus libros. No sabía si podría soportarlo, y tampoco parecía dispuesta a averiguarlo.
Parecía despedirse con sus ojos, y ella, como una vestal, no reaccionaba. Se quedaba velando el fuego, pero no reaccionaba. Toda ella parecía haber hecho un off total.
–Esa persona pudo haber sido mía para conocer, para comprender, para querer y muy posiblemente para amar también. Pero mi ceguera, y presumiblemente la suya también, me han orillado a tomar esta decisión. Ser como Gabriela Mistral en versión masculina nunca figuró entre mis planes…pero hay algunas señales que definitivamente no se pueden ignorar. ¿No lo crees, Sakura?
Ella pudo jurar que era la primera vez que usaba su nombre, en vez de llamarla con un título o un honorífico. Hijo de buena madre¿cómo se atrevía a hacerle esto, sin tener conocimiento del pequeño infierno y de los caminos con púas y vidrios rotos que los adornaban? Sin saber que había pasado noches enteras pensando en el por qué. Se recriminó, porque este tipo de situaciones no eran apta para disecación y disección. Aquí, quien piensa pierde y lo sabía de sobra.
–Pero, al final, tomaré la salida del cobarde. Diré "mientras ella sea feliz, yo seré feliz". Eso es un insulto a mí mismo, y a las cosas en las que creo y en las que recobré la fe –recalcó, levantándose y sacudiéndose– mas no tengo más opción. Aunque no lo quiera así, no tengo más opción.
Sin despedidas, sin dolor. Él se dirigió a la puerta, la miró un instante como memorizándola. Como memorizando el consultorio entero, como si pudiese delinearla a través de sus pertenencias. Como si pudiese encontrarla en medio de sus cosas, como personas con el don pueden encontrar a otras en medio de sus palabras, mal que bien encadenadas.
Y sólo el clic de la cerradura la trajo de vuelta a la realidad.
Notas: bueno, después de desaparecer por un buen tiempo de la faz de la tierra, me reporto con esto. Espero haya quedado bien, porque traigo un ánimo más bien extraño…muy extraño. Supongo que entenderán algo de lo que quise escribir, y de paso, espero sepan disculpar lo corto del chapter :) Y las gracias en esta oportunidad son para…
Lebel27: Ni loco sería un imitador de Santa. Yo vendería los regalos y ciertamente acabaría con la magia de la navidad…(risa socarrona). El capítulo debía ser agridulce, para que emulase de la mejor forma el encuentro con una ex. Claro que no todos son tan bonitos…
Kassie L.K.: No es justo que adivines mis jugadas. Quise hacerlo peor que Charles Manson, pero me sentí incapaz para la tarea. Además¿para qué regodearme –más– en su dolor, fans de Shaoran Li? Y nada de ositos cute, los comerciales vienen directamente desde la basura hasta la tele. Me sorprende que tu dilecta psique digiera cosas de semejante calibre. Y como te lo dije, con el nombre ni con nada de eso hay coincidencias. Aunque ciertamente, por quien me puso el apodo, es encantador el Bimbo-chan porque YO lo llevo, no por otro motivo, razón o circunstancia. He dicho.
ChOcoLaTe-coN-MenTa: Review x 4. Es complejo agradecer 4 reviews de un solo viaje. Aunque no sé como tomar eso de lo rebuscado del capítulo X…¡si me tomó eternidades hacer esa disertación que dejaría calvo a todos los filósofos desde Kant hasta Girard! Y la idea es que supieran por qué sufría tanto nuestro querido proyecto de escritor cada vez que se acercaba a un par de piernas. Ay, ay, ay…ahora sabes 'algo' de lo que estaba haciendo nudos mi existencia. Y por otra parte, 'the name' ha hecho más que estragos. Fue un asuntito realmente avasallador. ¡Y me alegra, me alegra como no te imaginas el que celes a "muñequito"…! (Nótese la ironía)
Naguchan: Bueno, ahí arriba tienes a una competidora directa en eso de pelearse a Xiaolang Lee. ¿Qué esperan para la pelea en el barro por él? Y mejor sigue imaginando…que así me das más opción a seguir dando sorpresas (risotada maquiavélica).
Bien…eso es todo. Iré a dormir, antes de que mis desvaríos se contagien.
Lohengrin NightWalker.
