-Voy a cambiarte el vendaje –lentamente le quitó la camiseta y fue desenrollando las vendas. Vio la cicatriz de cuando tuvieron que punzarle el pulmón para quitarle los líquidos. Cerró los ojos recordando ese momento y puso una mano en su cicatriz.
-No debí dejarte sola… No lo volveré a hacer… -Delphine se sentó en la cama y colocó las dos manos a ambos lados de la cara de Cosima.
-El pasado es algo que no podemos cambiar, así que no te atormentes con eso. Olvídalo.
-¿Pero cómo voy a olvidarlo? Tú vas a seguir con esa cicatriz.
-Llegará un momento en el que ni siquiera te acuerdes de cómo me la hice.
Un mes fue lo que Delphine necesitó para curarse completamente. La brisa primaveral entraba por la ventana.
Tras tantos momentos de miedo y angustia por el estado de Delphine, Cosima respiró tranquila. Delphine no había sentido los rayos de sol en su piel en ese mes. Una mañana, se le ocurrió una idea excelente.
-Cosima –la despertó con besos en el cuello- Cosima, buenos días, mi amor –Cosima abrió los ojos y Delphine vio un brillo en ellos- Buenos días –la besó en los labios.
-Qué cariñosa estás hoy –sonrió- Buenos días.
-Solo quiero recompensarte por todo lo que has hecho por mí en este último mes –se levantó de un salto. Cosima vio la cicatriz, que ahora tenía un tono rosado, justo debajo del sujetador- Vámonos a la playa.
-¿A la playa? Pero… pero si estamos en Mayo… y todavía hace un poco de frío para bañarse…
-Bueno, yo no he dicho que nos vayamos a bañar… Además, es solo hoy, vendremos por la noche –Delphine se arrodilló en el lado de la cama de Cosima y puso cara de pena- Por favor…
-No me pongas esa cara porque no me puedo resistir… -Cosima miró hacia otro lado, pero Delphine se puso delante.
-Cosima… -Cosima la miró con ternura. ¿Cómo era posible que en tan poco tiempo significara tanto en su vida?
-Venga, vámonos.
-¡Sí! –Delphine la besó.
Metieron en una bolsa dos toallas, algo para comer y crema solar. Se pusieron el bikini, un vestido playero y se montaron en el coche listas para disfrutar de un día en la playa.
Cosima conducía y mientras, Delphine le daba un masaje en el cuello. A Cosima se le erizó la piel y Delphine se desabrochó el cinturón para besarla el cuello mientras que con una mano masajeaba su entrepierna.
-Delphine…
-Mmm… Cosima…
-Luego…
-No sé si voy a poder esperar… -y se volvió a abrochar el cinturón de seguridad.
Llegaron a la playa. Estaba desierta. "Mejor" pensaron ambas. Extendieron las toallas y tomaron un rato el sol.
-Ya he aguantado suficiente –dijo Delphine tirándose a los brazos de Cosima.
Delphine la besaba con ansia. Ansia de sus besos, de sus caricias y de su sexo. Pero Cosima quería hacerlo con la mayor delicadeza posible. No la quería hacer daño.
-Sshhh… Despacio… -susurró Cosima en el oído de Delphine.
Delphine se relajó. Cosima besaba todo su cuerpo y lentamente la desnudó. Delphine, excitada, se dejó hacer.
-Mon dieu… -suspiró Delphine cuando llegó a su entrepierna.
Tumbadas, ya vestidas y hambrientas observaban la marea.
-¿No te parece bonito? –preguntó Cosima.
-Bonita eres tú y bonito lo que acabamos de hacer –Delphine se mordió los labios.
-Eres adorable…
-Y estoy hambrienta –se levantó y comieron.
Pasearon por la orilla agarradas de la mano. El viento las acariciaba la piel y el sol las bronceaba.
-Mira esa casa del acantilado. Es preciosa –dijo Cosima.
-Vamos a acercarnos.
-¿Qué estás loca? –pero Delphine ya estaba corriendo hacia ella.
Subieron las escaleras hacia la casa.
-¿Te imaginas vivir aquí? Con un perro, un gato y nuestra hija –Delphine lo dijo sin querer, pero era lo que realmente quería. Una hija con Cosima. A Cosima se le paró el corazón.
-¿Nuestra hija? –estaba petrificada. Delphine la miró muy seria.
-¿No quieres tener una hija? Sería preciosa. Con tus ojos, tu sonrisa… -Delphine sonrió al imaginárselo, pero Cosima seguía petrificada. No sabía qué decir- No tiene por qué ser ahora, Cosima. Puede ser cuando tú quieras. Cuando estés… preparada. Y puedo quedarme yo embarazada, si lo que te preocupa es el parto –Delphine le acariciaba la cara- No te preocupes por eso ahora. Tendremos tiempo para pensarlo –la abrazó.
Cosima enterró el rostro en su pecho. Nunca había pensado en tener un hijo. Le parecían un problema. De bebés lo único que hacen es comer, llorar y cagar. Luego de niños son un desastre. De adolescentes se meten en problemas y de adultos ya no les hablan y les terminan metiendo en una residencia. Además, seguro que se meterían con él o ella por tener dos madres…
Pero, pensó en todos los buenos momentos que les podría dar. Se imaginó que vivían en esa casa. Que su hija corría por la playa con Delphine, ambas con el mismo pelo, mientras ella escribía y las veía desde la ventana… Sonrió.
Delphine dejó de abrazarla y vio lágrimas de alegría en los ojos de Cosima.
Pasaron el resto de la tarde tumbadas, mirándose la una a la otra y acariciándose. ¿Eran la pareja perfecta? Sí, y ellas lo sabían. Nada las podía separar.
Vieron el atardecer.
-No puedo ser más feliz –dijo Cosima.
-Mientras esté contigo soy feliz –se quedaron mirándose, con la puesta de sol iluminando sus rostros.
"Quiero pasar el resto de mi vida con ella. No necesito nada más para ser feliz. Solo ella." Pensó Cosima mientras la miraba.
En el viaje de vuelta condujo Delphine y Cosima durmió. Delphine la miraba. Estaba soñando y sonreía de vez en cuando.
Delphine supo que estaba soñando con su futura hija… o hijo y sonrió. Sería perfecto comprar esa casa. "Voy a encontrar un buen trabajo y empezaré a ahorrar para nuestro futuro... juntas"
