N/A: Disculpen tanta espera, desde Septiembre que no actualizo. Pero por fin aquí la continuación. Pérdida, "Parte"

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Pérdida

(Parte 2)

Las lágrimas rodaban por sus mejillas, intentaba contenerlas, pero le era realmente imposible. Tampoco era capaz de contener el sollozo que hacia escucharse por toda la sala de espera. No era sólo su llanto el que se escuchaba, lo cual la hacía sentirse peor. Su amiga Sakuno estaba a punto de entrar a cirugía. El pelirrojo se dejo caer en su regazo, si sus brazos no estuvieran ocupados por él, Chiasa Ikina estaría a punto de morderse las uñas de tanto nervio que sentía. Ryosei se encontraba en aquél momento durmiendo profundamente, por lo que se era completamente ajeno a lo que hablaban sus mayores.

—¿Puedes llevarlo a casa? —preguntó la anciana a la joven entregándole las llaves.

—Claro —respondió Ikina limpiándose las lágrimas—. Pero por favor, manténgame al tanto.

—Toma algo para el taxi —continuó la anciana entregándole algo de dinero.

—De acuerdo —la peli-negra dirigió su mirada al joven castaño sentado en la fría silla de hospital—. Lo llevaré a casa.

—Te acompaño —se ofreció el castaño.

—No, quédate —le dijo Chiasa—. Cuando despierte, quiero que la abrases por mí.

—Lo haré —susurró finalmente Kenji mientras abrazaba a la joven—. Ten cuidado.

—Lo tendré —siguió Ikina mientras se ponía de pie con Ryosei en brazos.

Sus pasos eran lentos, a la joven Ikina le entristecía no estar ahí para cuando despertara su amiga. Pero en cambio, tenía una tarea más importante. Sonrió mientras miraba al niño pelirrojo recostado en su pecho. Levantó la mirada al reconocer a la joven peli-lila.

—Haruhi… —susurró.

—Chiasa… —la mirada de Haruhi parecía triste y pérdida.

—Ella estará bien —dijo Ikina una vez que Haruhi se encontraba frente a ella, su voz sonaba cálida y tranquila—. Puede que no lo parezca, pero es fuerte.

—¿En serio lo es? —le cuestionó Haruhi.

La peli-negra sonrió mientras recordaba viejos momentos.

—En estos años en que la he conocido, la he visto proteger y defender a su familia o amigos. Esas dos cualidades no la hacen débil —la joven guardó un silencio momentáneo—. Con el paso del tiempo, logró convertirse en una gran amiga para mí. Con todo esto que ha ocurrido, la verdad no tardará en salir —advirtió Chiasa—. Sólo no la lastimes.

—Yo tampoco quiero que nadie salga lastimado, mucho menos ella —la peli-lila puso atención al niño que llevaba en brazos—. Ryosei… —susurró—. ¿Puedo? —la peli-negra asintió y Haruhi deslizó su mano por los rojizos cabellos.

—¿Tus hermanas están aquí? —le preguntó la peli-negra a lo que Haruhi asintió—. Hay mucha gente. Cuiden de no ser vistas —advirtió la joven nuevamente.

—Somos expertas en eso —dijo Haruhi.

—Esto no es esconderse y verla desde lejos, Haruhi. Aquí esta su abuela, compañeros y amigos del Seigaku. Si alguien nota tan curiosa cercanía, comenzaran a hacerse preguntas —Chiasa comenzó a caminar dispuesta a seguir su camino.

—No te preocupes —la tranquilizó Haruhi mientras la veía irse—. Tendremos cuidado.

OoOoOoOoO

Sakakibara-sensei entró a la sala de operaciones. Sakuno ya se encontraba bajo las Lámparas de Quirófano y sobre la mesa de operaciones. Y completamente bajo el efecto de la anestesia. Suspiró. No había sido difícil convencer a Yamada-sensei para dejarla asistirlo en la operación. En ocasiones era bueno ser la Jefa de Cirugías del Hospital. "Escalpelo" Había pedido Yamada, poco después, la enfermera lo colocó en la mano del Doctor. Llevándolo después hacia la piel de la joven, deslizándolo y dejando un ligero rastro de sangre.

—Escuche que esta chica pertenece al Seigaku —él miró a la rubia—. ¿Puede ser que sea una amiga de su hijo? —guardo un silencio momentáneo—. ¿Acerté?

Sakakibara Mitsuki no dijo ninguna palabra, solamente se limito a mirarlo fijamente.

—Supongo que eso no me incumbe —Yamada volvió a su trabajo—. Algunas venas y arterias dañadas. Sangrado interno debido a la colisión… —murmuró, mirándola a los ojos—. Ella se repondrá.

OoOoOoOoO

Su largo cabello verde se encontraba perfectamente peinado aquella mañana. Aunque quería estar presente en el lugar, el olor a Hospital terminaba por desanimarla. Quería ver a su Padre, de eso no había duda, y aunque lo negará, también le interesaba el estado de Ryuzaki Sakuno. Se detuvo al ver al joven muchacho de bata blanca, una sonrisa traviesa se dibujo en sus labios. A paso lento se acercó a él, quién de pronto dirigió su mirada a ella.

—Ya era hora de que llegarás Hayashi —musitó algo exaltado a la vez que le entregaba una vestimenta azul, además de un cubre bocas—. Toma, póntelo antes de que te vea alguien.

La peli-verde tomo lo que le entregaba el muchacho, el cual no aparentaba más de veinticinco años.

—No es para mí.

—¿Entonces no piensas entrar? —le cuestionó señalando la puerta tras él.

La joven deslizó su mano por la puerta, tocando la fría madera.

—Sí llegan a descubrir que te deje entrar… mi trabajo peligrará —susurraba el muchacho.

Los ojos color rubí de la chica se posaron en él, para después acercarse.

—Tu nombre nunca saldrá de mis labios. Creo que he sido lo suficientemente generosa contigo. Una grata compensación económica por tus servicios, además de mi palabra, de que si algo sale mal, tus servicios como médico serán bien recibidos en otro Hospital. No deberías dudar de mí.

—No lo hago Mayumi, es sólo que a pesar de la relación que tienen tú y mi hermano…

—Silencio… No te atrevas a repetirlo de nuevo —ordenó Hayashi.

—De eso es de lo que hablo —dijo el joven—. Llevan meses como novios, y aún no conocen a la familia del otro. Kasuke te ha insistido en que vayas a conocer a nuestra Madre, pero tú te niegas. Kasuke quiere conocer a tu familia, pero es lo mismo… tú te niegas, ¿Por qué?

—Crear lazos es algo innecesario, más aún cuando existe la posibilidad de que esas personas terminen por irse —susurró la peli-verde—. Conocer más de él, o a las personas que están a su alrededor no es prioridad.

—Pero tú tienes amigos, tienes hermanas, ¿Qué ni siquiera confías en ellas?

—Lo dije una vez y lo diré de nuevo… Silencio. Nada de esto de incumbe.

—¿Dónde está esa chica dulce de la que tanto me ha hablado Kasuke?

—Sigue hablando y haré de tu vida un infierno —el joven la observaba sorprendido—. Por el momento ya no eres necesario… Largo —el otro no hizo ningún movimiento—. ¡Fuera! —la peli-verde sólo lo observó marchar.

Sus ojos rubí se dirigieron a la chica peli-lila que se acercaba.

—Todo listo para que hables con él… —dijo la peli-verde a la joven oji-lila, a la vez que le entregaba la ropa color azul y el cubre bocas—. Todavía se encuentra inconsciente, pero puede que te escuche.

—Bien. ¿Cómo conseguiste esta oportunidad? —preguntó curiosa Haruhi.

—¿Eso importa? Querías hablar con él, ahora lo tienes —decía sonriendo.

—Tienes razón. Gracias Mayumi.

La peli-verde sólo asintió con la cabeza mientras veía a su hermana mayor de ojos lilas entrar a una habitación para cambiarse, salir poco después con la ropa adecuada y entrar a la habitación marcada con el número 218. Haruhi cerró la puerta y se encamino hacía la camilla, se aseguró de que su cubre bocas estuviera bien acomodado. Al llegar ante él, pudo observar las heridas en su rostro, los aparatos a su alrededor y escuchar el sonido del "Bip-Bip-Bip" que no dejaba de sonar. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, pero a pesar de ello se tranquilizo, él seguía vivo. Una sonrisa fugaz se le dibujo tras el cubre bocas.

—Hmp…

La joven abrió sus ojos de par en par, el hombre recostado sobre la cama estaba despertando.

—¡Papá! ¡Papá! —la joven se acerco un poco más hacia él.

El hombre abrió sus ojos y los entrecerró un poco. Se sentía sumamente débil, pero aun así pudo distinguir la voz que lo llamaba.

—¿Haruhi?

—Aquí estoy —la joven le tomo la mano—. Han tenido un accidente —dirigió su mirada al monitor cardiaco—. Por favor, no te esfuerces, debes de descansar.

—¿Cómo… están…? —logró articular el hombre.

Haruhi tragó saliva, para después tratar de responder.

—Ellos están bien. Sakuno está en cirugía. Y Ryosei fue llevado de vuelta a casa.

—¿Sakuno…? ¿Ella…?

—Shhhh —lo calló—. Ya no hables, los doctores dicen que estará bien. Sólo será una operación de rutina —susurró tratando de calmarlo.

—¿Y Sakura…? —preguntó nuevamente Seiya. Sólo vasto con ver que Haruhi volteara la mirada. Entonces lo comprendió, ella no había sobrevivido—. Escucha —pidió—. No eres la mayor —la peli-lila abrió sus ojos debido a tal comentario—. Pero tendré que dejarlas a tu cuidado ¿Está bien? —la muchacha asintió, diría "Sí" a cualquier cosa con tal de que descansara—. Lamento tener que hacerlo sabiendo sobre tu problema. Pero no hay otra opción. Deben de cuidarse entre ustedes. Norino no sería capaz de poder con tal responsabilidad. Es inteligente, pero muy confiada. No desconfía de la gente. En cambio Mayumi, no confía en nadie, sólo en ustedes dos. Esconde su desconfianza, su frialdad, su perversidad y su egoísmo tras ese rostro amigable. Dile a Sakuno que lo lamento, que lamento mucho tener que dejarla así…

—¿Qué cosa dices?, tú no te vas a morir.

—Mírame Haruhi… —pidió el hombre, su respiración era entrecortada, y su mirada se veía cansada, sus ojos estaban a punto de cerrarse—. Me estoy muriendo…

Anami palideció. El simple hecho de que dijera aquéllas cosas no era bueno, ¿Verdad?

—Debes cuidarla… Deben cuidarla —corrigió él, a la vez que cerraba sus ojos y el sonido del monitor anunciaba que su corazón había dejado de latir.

Haruhi se dirigió rápidamente a la salida de la habitación, abrió la puerta y pudo distinguir a Mayumi que intentaba inútilmente limpiar una lágrima de su rostro. Se acerco a la peli-verde a pasos agigantados.

—Haruhi ¿Qué te dijo?

La respuesta de la oji-lila fue interrumpida por una voz en el alta voz "Código Azul*, habitación 218 Código Azul, habitación 218" Ambas voltearon hacia el pasillo, un doctor y una enfermera ya se encontraban entrando a la habitación. Haruhi miro fijamente los ojos rubí de su hermana menor.

—Está muerto… —murmuró.

La peli-verde alzó las cejas. Sujeto el brazo a la otra, al mismo tiempo que susurraba algunas palabras "Debemos irnos, se supone que no deberíamos estar aquí" Haruhi comenzó a desatarse las cintas del cuello y de la cintura con el fin de quitarse la bata azul que portaba. Se alejaron caminando por el pasillo hasta perderse en la distancia. La preocupación de la peli-lila no se hizo esperar, ¿Qué harían ahora? Estaban solas. Mientras tanto, Mayumi no se preocupaba por si misma, su mente se enfocaba en cierta castaña que pronto se enteraría de la verdad que esta a punto de salir a la luz.

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*Código Azul: En la medicina se aplica Se aplica este término, no solo para los pacientes que se encuentran en paro cardio-respiratorio establecido sino también para todos aquellos que por su condición de enfermedad o trauma múltiple tienen un estado crítico que prevé la inminencia de un paro cardio-respiratorio en los minutos siguientes al ingreso.