Hola a todos, lamento la Demora. Cosas de la vida... pero aquí les dejo este capítulo... gracias por sus comentarios, todos muy acertados.
Reencontrado el pasado
Capitulo 12
Con el corazón sangrante, Dominic logro finalmente tranquilizar a Candice, que se quedó inmóvil entre sus brazos.
- Nunca imagine que hubieras sufrido tanto mi amor. – comenzó a hablar suavemente Dominc – siempre admire tu fortaleza y valentía, y ahora solo lo confirmo.
- No fue valentía, por el contrario Salí huyendo de aquí, no pude soportar tantas desgracias, creí que me volvería loca y tampoco podía con la desilusión que provoque en esos dos hombres…
- Esa desilusión te aseguro que ya no existe en ellos – le dijo paciente, mirándola a los ojos cariñosamente - ... siguieron con sus vidas, como lo hiciste tú cariño, las cicatrices del pasado se quedan ahí, pero no inmovilizan, las heridas dejan de sangrar, debes perdonarte mi amor.
- … nunca quise lastimar a nadie, por el contrario siempre trate de ser bondadosa y al final le arrebate la vida a las personas que más amaba y lastime a Albert y a… Terry.. – su llanto comenzó de nuevo.
- Tranquilizate mi amor, ya paso todo. – respondió Dominic abrazando a Candice con firmeza, mientras se preguntaba lo que esos dos hombres significaban en su vidas. Como nunca se preguntó, ¿Qué papel jugaba el en la vida de esa hermosa mujer?. Se sintió inseguro y desplazable.
- ¿A dónde habrá ido Serge? – pregunto Candice tras un largo silencio de los dos.
- A buscar a su hermano- respondió Dominic dando indicios de haber escuchado cada conversación. –…a recolectar sus recuerdos…
- Ha sufrido tanto, las cicatrices físicas que le dejo la guerra lo han marcado muy profundamente en el alma.
- No entiendo como no lo reconociste al instante, es cierto que tiene algunas deformaciones, pero su edad, su mirada, no sé, creí que sería más fácil reconocerlo.
- Está muy cambiando y no tenía idea que estaba vivo, yo misma fui a su funeral.
- ¿muerto? Su familia piensa que está muerto!
- Sí, todos lo creímos.
- ¿Y qué piensan de ti?, ¿que también estas muerta?
- Yo simplemente reuní mis cosas y partí, jamás dije a donde o por cuanto tiempo.
- Me sorprende imaginar que nadie te busco.
- El único que hubiera podido hacerlo era Albert y dudo que haya movido un dedo para buscarme, seguramente pensó que no quería estar cerca de él y se dio por vencido.
- ¿Todas estas personas viven en Chicago? Me refiero al hermano de Serge, a Albert y el hijo del duque.
- Me imagino que la familia de Serge aún vive en Chicago, ellos siempre vivieron en este lugar… el hijo del Duque residía en Nueva York, era actor de teatro, supongo que aun lo es.
- Ya veo, entonces existe la posibilidad de encontrar a Albert y al hermano de Serge, aquí en Chicago
- No sé si Archie se quedó a vivir aquí y Albert… él viajaba mucho… no sé qué tanto hayan cambiado las cosas.
- Entiendo, estoy de acuerdo contigo en salir de aquí tan pronto como nos sea posible – dijo Dominic convencido que quería alejarse de ese pasado de Candy tan rápido como ella, habían existido fuertes lazos que podrían arrastrarla a ellos nuevamente, - … el único problema que veo ahora es que no tenemos mucho dinero. Creí que los ahorros que teníamos alcanzarían para más, pero se han ido como agua.
- Aún tenemos suficiente para alejarnos de aquí.
- Quizá sí, pero quiero afianzar un poco más, por eso aceptare tu propuesta de quedarme a intentar trabajar en la ciudad, mientras ustedes se pueden alejar un poco
- Gracias por entender doctor.
- Estoy contigo Candice, tus eres la que decide hasta dónde quieres que entre a tu vida y te siga.
- Estaremos juntos hasta el final, de eso no tengo duda.
- Dominic beso los labios de la rubia, como solía hacerlo en sus visitas al departamento en Paris. Deseando sentir su respuesta y si interés.
- No quiero presionarte, me mantendré a la distancia, pero me gustaría que trabajáramos en todo ese trauma que te ocasionaron los sucesos del pasado.
- Doctor Leblanc yo sacare mi cita a su debido tiempo, no se preocupe.
- Dominic estaba a punto de responder, pero la puerta de la entrada se abrió, dejando entrar a Serge que venía de regreso.
- Buenos días – saludo Dominic, ante la visible palidez del recién llegado.
- Buen día. – respondió apagado
- ¿A dónde estabas? Comenzaba a preocuparme por ti.
- Fui a… recorrer las calles. – respondió un tanto distraído
- Fuiste a la mansión…- inquirió Candy, anticipando donde había ido su querido inventor.
- Si, fui a merodear por ahí, pero …
- …¿Pero qué?, no te quedes callado – lo urgió Candy,
- … está abandonada - respondió mirándola finalmente – no hay nadie allí, tampoco en la de los Legan y… el corporativo desapareció.
- Que extraño, se habrán ido a otra ciudad o quizá a Londres.
- ¿crees que podrían estar en Lakewood? – pregunto Serge sin imaginar lo que provocaban los recuerdos de ese lugar en Candy, pero si noto el cambio de su actitud
- Quizá se cambiaron de ciudad
- Es posible – respondió pensativo – quizá entonces podríamos quedarnos un poco más en Chicago y así poder averiguar más.
- No Serge, no tengo la menor intención de buscarlos y pensé que tú también querías alejarte de ellos, sin embargo veo ahora que estas tras su pista, para encontrarlos …
- Tan solo quiero saber que Archie está bien, ¿acaso a ti no te importa Annie? ¿Archie? O quizá el mismo ¿Albert?
- No Serge no es que no me importe, pero no quiero verlos. No tengo interés en buscarlos y abrir puertas cerradas, ellos tienen sus vidas y yo aún trato de seguir con la mía.
- …. Lo sé y lo entiendo, no pretendo hacerte cambiar de idea y menos aún de que tu y yo nos apartemos, por un momento tuve el impulso de ver a Archie, de lejos, saber un poco de su vida. Pero… tienes razón, ellos siguen con su vida y nosotros debemos hacer lo mismo.
- … sin embargo en todo esto hay una verdad, si el origen de lo que evitan no está aquí, no hay necesidad de que ustedes salgan, podríamos asentarnos por un breve tiempo y seguir nuestro camino a otro lado, lo estuve pensando y sé que en Houston hay muy grandes hospitales, quizá podríamos irnos para allá, está lejos de Nueva York y Chicago, ¿Qué dicen ? – intervino Dominic
- ¿Candy? – pregunto Serge, sabiendo que él apoyaba la moción del doctor,
- No lo sé, yo preferiría irme de aquí.
- Querida, la ciudad es grande, tú sabes que lugares evitar y a que lugares ir, además todo depende del trabajo que encontremos, podríamos irnos pronto.
- … hare un intento por unos días y si no me siento bien, me alejare como habíamos planeado y ustedes pueden quedarse el tiempo que necesiten.
- No te dejare sola – respondió Serge – me iré contigo.
No estaba muy convencida de querer quedarse. A pesar de que se había liberado de alguna manera, tras desahogarse con Dominic, no podía decir que ya podía volver el rostro al pasado.
Un par de días en el hotel fue suficiente tiempo, para que encontraran un departamento pequeño para vivir, la renta era elevada y sus ahorros se desvanecían así que tendrían que encontrar trabajo pronto.
Dominic logro tener éxito en el Hospital Santa Juana, tras la guerra, había habido algunas bajas y también sabían que mandarían algún grupo medico al frente, por lo que tenían que actuar con cautela. El sueldo no era lo que esperaba, pero era más de lo que había ganado, como jornalero.
No enloquecía de emoción, pero se sentía confiado de ahorrar para sacar a Candice de ese lugar que la jalaba a sus recuerdos amargos y a otros que compartió con otros amores.
Serge también había logrado colocarse en una fábrica, el sueldo le permitiría aportar a la casa y ahorrar una mínima parte. Su idea de encontrar a su hermano ya no lo movía como en el momento que volvió a respirar los aires de Chicago y los recuerdos lo abrazaron.
A diferencia de Serge, Candy comenzaba a dejar su rechazo por un lado, para dejar que sus verdaderos sentimientos afloraran. Su corazón estaba dolido, poco a poco dejaba que los recuerdos volvieran, tenía que dosificar lo que debía dejar entrar a su mente y su corazón.
Se había dispuesto a encontrar trabajo, pero dejo que su subconsciente la guiara hasta el que había sido su apartamento. Desde la acera de enfrente miro con recelo lo alto de la ventana.
Había sido tan feliz en ese departamento. La compañía de Albert la había arropado desde el primer día, aun cuando el sufría amnesia. Se había recuperado de la ruptura con Terry y también cambio al amigo vagabundo por el prometido millonario.
Cerró los ojos con fuerza y pudo rememorar ese día en el que Albert llego hasta su puerta con un enorme ramo de flores.
Flash Back
Tras los tallos de las rosas, apareció el sonriente rostro de Albert. Su cabello ya corto y su vestir elegante lo hacía lucir como otra persona, pero era el mismo dulce joven que la llenaba de atenciones.
- Albert! Son hermosas, gracias.
- No tanto como tú – respondió besando la tersa mejilla de Candy, provocando un ligero sonrojo en la rubia - tan solo hacen su labor, adornar a mi novia.
- Albert - respondió mimosa, sonrojándose aún más, provocando una sonrisa pícara en Albert. –pensé que estarías en una importante reunión, como me comentaste ayer
- La reunión es en una hora más, pero no podía acudir sin venir a darte un beso y recordarte que hoy tenemos una cena pendiente.
- No lo he olvidado, aunque…
- ¿Qué sucede?- pregunto con la angustia reflejada en el rostro
- Yo no quiero ir a ningún restaurante de esos que hay que ir de etiqueta, preferiría que nos quedáramos aquí
- Yo terminaría cocinando – bromeo el rubio – además quiero llevarte a todos esos lugares que siempre quise, ahora tengo los medios.
- Sin esperar respuesta beso apenas si en un rose los labios rosas de la rubia que se quedó perpleja. Sabiendo su reacción, Albert aprovecho para salir huyendo.
- Sin escusas, paso por ti a las 7 en punto. –dijo antes de cerrar la puerta.
Fin flash back
Habían pasado muchos años desde aquel entonces. Si tan solo la vida hubiera seguido en ese rumbo.
Con firmeza, apretó los puños y los labios. ¿Por qué había dejado ir aquella felicidad?, ya no había marcha atrás. Siguió su camino y salió de esas calles con rapidez.
Se negó a mirar detrás de ella, no quiso flaquear, por lo que camino a prisa, tratando de dejar que las calles la devoraran en su tráfico matutinal. Sin planearlo llego hasta el corporativo Andley. Como bien le había dicho Serge, el gran escudo de la familia ya no existía, ahora en su lugar, lucia el símbolo de una prestigiosa tienda de ropa.
Curiosa Candice se acercó hasta el ventanal, no encontró ni el recuerdo de la insignia Andley, estaba intrigada pero no se atrevió a entrar. Tan solo siguió de largo.
Había caminado tan solo un par de veces por esos lugares, pero recordó la ubicación de las oficinas de los Britter, tan solo había acompañado a Annie un par de veces por ahí, pero le había sido suficiente.
Con extrañeza pudo ver que en el edificio ya no existían oficinas, el lugar entero parecía abandonado.
- ¿Qué es lo que ha sucedido? – susurro apenas para ella.
Ahora entendía el súbito interés de Serge. No es que quisiera reencontrarlos, pero tenía ansiedad de saber que los Andley y Annie estaban bien.
Siguió caminando, con la mente ocupada en como rastrear a cualquiera de ellos, inclusive a Patty.
Un parque fue su guarida, para sentarse y analizar lo que podía hacer. Ya sabía que en la mansión Andley no había nadie, así que no tenía sentido ir a rondar por ahí, y no tenía intención de ir a Lakewood.
Al menos tenía la certeza de que Terry aún estaba en Nueva York. Solo tendría que rastrear a los Andley. Lo haría con cautela y discreción, por lo pronto tenía que seguir buscando trabajo.
Conforme los días pasaron, Candice fue tranquilizándose y dejando su terror a Chicago a un lado. Igualmente Serge se veía más relajado y de buen humor, después de todo volver a su ciudad de origen le había traído buenos aires.
Dominic se sentía más cómodo trabajando en el hospital, aunque no se sentía completo sin Candice en el hospital, se había acostumbrado demasiado a ella. Había sido su enfermera en cada cirugía, no lograba concentrarse del todo, al echar de menos a su rubia.
Sin embargo la veía más tranquila y resignada a estar en Chicago, por lo que no se le ocurrió siquiera mencionarle el ir a trabajar al hospital con él, por el contrario la alentó a tomar un trabajo como mesera en una cafetería del centro.
Eran muy escasos los momentos en los que tocaban el tema de la gente que repelían, ni Serge ni Candy volvieron a discutir por buscarlos o ignorarlos o huirles, simplemente comenzaron a asentarse poco a poco.
La realidad era que ninguno de los tres había dejado atrás el evento. Serge hizo su rutina, regresar a casa, por los lugares que solía visitar con Archie. La ciudad había cambiado tremendamente desde aquel entonces, pero tenía la ilusión de que su hermano seguía acudiendo a los mismos lugares, miraba los autos que pasaban junto a él y trataba de mantener su atención en todos los rostros.
Dominic, aún tenía la intención de tratar a Candice con sus traumas pasados, no quería que esa herida le siguiera haciendo daño. Era cirujano, sin embargo la psiquiatría no le era desconocida y de hecho había sido una de las ramas que había explorado en su temprano comenzar de la carrera.
En el hospital comenzaba a hacer plática a algunas de las enfermeras más antiguas, no era el tipo de hombre que coqueteaba y sacara provecho de su galanura, pero tampoco ignoraba sus atributos, por lo que con una sonrisa y un trato amable, trataría de averiguar quién recordaba a Candice.
Esa misma mañana había abortado a una de las enfermeras más veteranas del lugar. Para hablar sobre la posibilidad de los voluntarios de guerra.
- Yo no iré mas a una guerra – comentó la mujer, acomodándose la cofia nerviosamente – yo ya fui a una y no volveré.
- ¿Cómo? Estuvo en la primera guerra mundial
- Un grupo grande de este hospital partió en tres grupos a la guerra. Yo fui en el último, y esa ha sido la peor experiencia de mi vida, no pienso volver.
- ¿Muchas enfermeras de aquí fueron a la guerra?
- No recuerdo el número exacto, pero si fuimos por lo menos 10
- Espero que todas hayan regresado con bien
- En una guerra siempre hay pérdidas.
- Lo sé yo las vi también.
- ¿Estuvo en la guerra?
- Mi base fue siempre Paris.
- Yo fui a Italia, otras compañeras cubrieron Paris, de otra manera quizá nos hubiéramos conocido antes.
- ¿De verdad? Quizá conocí a alguna de sus compañeras, ¿recuerda sus nombres? ¿O alguna labora aquí?, quizá podría reconocerla
- Ha pasado mucho tiempo, unas se casaron, otras se trasladaron a otros hospitales, creo que yo soy de las pocas que quedan de aquella época. –sonrió coqueta, sabía que no era una jovencita, pero aun tenia esperanza de encontrar con quien casarse
- Ha sido una plática enriquecedora Luce, habrá que repetirla, por ahora se acabó el descanso.
- Podríamos tomar el lunch junto. Para rememorar aquellos días. – añadió para no sentirse tan descarada.
- Hare lo posible – respondió Dominic incómodo.
- Lo buscare, espero que este disponible doctor Leblanc.
Dominic se sintió mal al saber que podía estar alimentando una ilusión en esa mujer, pero estaba ansioso por descubrir el pasado de Candice, solo así podría figurarse como encontrar el camino a su corazón.
Miro el reloj mil veces hasta que este cedió y le dio la hora que quería ver. Sin un minuto de retraso, Luce apareció, con una sonrisa y un nerviosismo apenas visible.
- Doctor Leblanc, ¿estará disponible para el Lunch?
- Si al parecer nada se atravesó
- Que bien, yo solo dispongo de poco tiempo, hoy no podré tomar mi hora de comida, como de costumbre. Tendré que regresar antes, hoy viene un paciente preferencial y tengo que estar presente.
- Suena a alguien muy importante.
- Lo era, fue un benefactor del hospital hace unos años, pero al parecer perdieron su fortuna en el martes negro y de ahí todo ha salido mal para ellos, vienen a consultas periódicas, el hospital lo sigue favoreciendo a el y su familia como siempre.
- Qué triste, pasar de benefactor ha beneficiado y ¿Qué es lo que tiene?
- El nada, es su esposa la que está enferma, le diagnosticaron una enfermedad en los pulmones y tiene que venir por tratamiento. La pobrecilla está muy debilitada.
- ¿Cómo se llaman? – pregunto queriendo sonar casual.
- … se maneja su identidad con mucha discreción. – respondió mirándolo con suplica, recibiendo una sonrisa cautivadora de parte del doctor Leblanc, logrando que ella cediera – William Andley y su esposa Debora.
- No te preocupes Luce no repetiré lo que me has dicho.
Con las charolas de su refrigerio eligieron una mesa con menos gente a su alrededor. No fue mucho más de lo que hablaron, la enfermera se alejó del tema del benefactor, Dominic había querido insistir un poco más, sin éxito alguno. Recordaba el apellido que había escuchado en las discusiones de Candice y Serge, tenía que averiguar si se trataba de la misma persona.
No necesito más que el nombre del paciente y del ex benefactor para acercarse al expediente del paciente.
Buscó toda la información que necesitaba del archivo y dejó que el debate en su mente comenzara, ¿que debía hacer ahora con esa información? ¿Acercarse a el? ¿Contarle a Candice?
No tenía que decidirlo en ese momento, por lo que guardo silencio y siguió su camino. Mirando a Candice y su mal disimulada búsqueda por su pasado.
Candy había tomado el trabajo de mesera que le habían ofrecido semanas atrás, no era un trabajo que le disgustara, estaba acostumbrada a trabajar con la gente, por lo que nada le parecía nuevo. A su salida caminaba por la calles mirando rostros, buscando señales de la insignia Andley. Fue un día que se atrevió a ir hasta el lugar que una vez había albergado al corporativo Andley.
Siempre pasaba por ahí y se marchaba, sin embargo ese día decidió entrar y preguntar por las oficinas que solían ser dueñas de ese lugar.
Este corporativo pertenece ahora a otras personas, las oficinas que usted busca me parece que desaparecieron, - respondió el hombre que le daba información un poco forzadamente.
- ¿Pero sabe a dónde se movieron? ¿A dónde los puedo encontrar?
- Le estoy diciendo que ese corporativo desapareció. – respondió molesto.
- Ya veo, pero… ¿a los dueños sabe dónde los puedo encontrar?
- No somos una caseta de informes – respondió mas alterado el hombre - lamento no poder ayudarla, pero si no necesita nada más…..
- No tiene por qué ser tan grosero, estoy buscando a alguien y busco cualquier pista.
- Molesta salió del lugar, no tenía idea de dónde buscar, quizá de verdad los Andley habían salido de la ciudad o estarían en Lakewood, pero todavía no estaba lista para volver a ese lugar.
- Un tanto desanimada llego a casa, para reunirse con Serge que regresaba de un largo dia de trabajo, Dominic, tenía salida más tarde del hospital, por lo que tanto Candy como Serge se sentaron en sillón cansados y pensativos de su ansia por encontrar su pasado, después de huir de el de forma tan vehemente.
- Sabes Candy, he estado yendo a los lugares donde Archie y yo solíamos pasear, los restaurantes que nos gustaban y… no he visto una sombra del pasado. Creo que después de todo estamos a salvo en Chicago…
- ¿Estás buscando a tu hermano?
- … quiero localizarlos a ellos, antes de que ellos pudieran localizarnos a nosotros… y también quiero saber que Archie es feliz, siempre fuimos unidos y el fue buen hermano conmigo…
- … yo también he recorrido algunos lugares, de hecho fui a preguntar a las oficinas donde solían estar los Andley, quería saber si sabían a donde habrían ido…
- ¿Conseguiste algo?
- Sí, que me corrieran, dicen no saber nada.
- ¿en dónde se habrán metido? – pregunto Serge pensativo
- Creí que huíamos de ellos.
- Es solo supervivencia, no queremos sorpresas al encontralos de repente, especialmente viviendo en este lugar.
- No sé ni cómo me deje convencer en quedarme en Chicago. – se quejó Candy
- El poder del doctor Leblanc. – respondió Serge sonriendo
- El testarudo doctor Leblanc.
- Si no fuera por él no se en donde estaríamos.
- Lo sé, por eso también accedí a quedarme aquí, era más fácil que se colocara en un hospital y para él es muy importante ser doctor.
- ¿Aun te quieres ir de aquí?
- Sin duda.
- ¿Y también quieres saber de los Andley?
- Deseo que estén bien y sean felices…. – respondió evadiendo.
- Entonces será mejor que los encontremos para cerciorarnos de que están bien, antes de irnos.
- … no tengo idea de donde más buscarlos.
- Yo tampoco.
- La conversación se vio interrumpida por la llegada de Dominic que los vio cansados y pensativos en el sillón.
- hola ¿Cómo están?
Saludo animado, encontrando una respuesta amable, pero falta de entusiasmo.
No imaginaba que su actitud se debía a su frustración por no encontrar la información que él ya tenía en sus manos...
