"Siempre estaré allí para ti"

Disclaimer: Los personajes de la Saga Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling, yo solo los he tomado prestados para complacer a mi corazoncito Harmony.

Summary: Hermione necesita ayuda y Harry esta allí para ella. Pero lo que parecía un plan perfecto se convierte en algo más cuando los mejores amigos, contra todo pronostico, se enamoran.


Capitulo doce

Nieve en la ventana

Iba a ser la primera navidad que pasarían como un matrimonio. Aun cuando ninguno de los dos había logrado aún adaptarse a la palabra.

Llevaban tres meses casados. Tres meses.

Para no estar solos habían decidido invitar a los padres de Hermione a cenar con ellos la víspera de navidad. Los señores Granger ya sabían como llegar a Godric's Hollow así que no habrían problemas referentes a la dirección, ellos los habían acompañado la semana pasada, luego de que Harry y Hermione decidieran que era un buen momento para comprar un coche. Nada más de apariciones, uno de los libros que Hermione había comprado en el callejón Diagon recomendaba que lo mejor era limitar el uso de la magia, en especial la que implicaba el traslado de un lugar a otro como la aparición y los trasladores, durante el embarazo. Y Hermione iba a cumplir al pie de la regla.

Acababa de cumplir quince semanas de embarazo. Y su vientre parecía crecer día a día, aunque claro, no era lo único que aumentaba de tamaño. Todo su cuerpo estaba sufriendo cambios. Su busto también crecía y sus caderas parecían haber engrosado unos cuantos centímetros. Pronto tendría que comprar todo un nuevo guardarropa pues nada le quedaría con su nueva figura. Sonrió frente a su imagen en el espejo. El vestido, de un profundo azul medianoche, que se había puesto esa noche dejaba en claro su estado de embarazo.

Suspiro, había algo simplemente maravilloso en el hecho de ser capaz de observar los cambios que se suscitaban en su cuerpo mientras su hijo o hija, aun no lo sabía, iba creciendo en su interior. Aun así, las nauseas matinales eran algo que, sin duda, agradecía haber dejado atrás.

Sintiéndose de un mejor estado de ánimo del que se había sentido en semanas, Hermione bajó las escaleras para dirigirse a la cocina. Aun quedaban unos últimos detalles de la cena que quería dejar ultimados antes del arribo de sus padres. La idea de tenerlos a ellos allí, esa noche, era algo que la complacía enormemente. Harry se encontraba en la sala de estar terminando la decoración del árbol que habían comprado para la navidad y estaba instalado en frente del gran ventanal de la sala de estar. Velas encantadas flotaban alrededor del mismo iluminándolo con su luz amarillenta, pequeñas esferas trasparentes brillaban cambiando de color intermitentemente en las puntas de las ramas del árbol. Pequeñas esferas de cristal con escenas navideñas se encontraban sobre la encimera de la chimenea. Los pequeños muñecos de nieve, Santa Claus, renos y osos vestidos de estilo navideño al interior de ellas en verdad se movían producto de un hechizo que Hermione había conjurado esa misma mañana.

Harry sonrió al verla y ella lo hizo también en respuesta antes de encaminarse hacía a la cocina.

El pavo que había cocinado ya estaba en el horno. Las ensaladas y guarniciones estaban listas. Solo faltaba ultimar los detalles del postre. Termino de preparar las cosas y luego, con la ayuda de su varita llevo las bandejas hasta le mesa del comedor, también decorada con ramas de acebo alrededor y en el centro de la misma. Por mucho que le gustara el efecto de las velas flotando alrededor de la mesa, decidió dejarlas estáticas en el centro de la mesa. Si bien sus padres hacía años habían asumido que ella era bruja, un despliegue excesivo de magia todavía lograba conmocionarlos. Sería suficiente con los adornos encantados de la sala. Ubicó los platillos en la mesa, el pavo bañado en salsa de naranja era el plato principal y destacaba en la cabecera de la mesa.

Una vez estuvo todo dispuesto, Hermione volvió a la sala de estar, el fuego en la chimenea estaba encendido y mantenía temperada la estancia, Harry se encontraba sentado en el sillón leyendo un pergamino, a la castaña no le paso desapercibido el hecho de que él guardara lo que fuera que leía en el mismo instante en que la vio aparecer en la sala. Definitivamente, ellos necesitaban hablar. Y pronto. Pero por algún extraño motivo los dos se mantenían retrasando la confrontación.

Ella se recostó a su lado, últimamente hacían mucho eso, apoyarse en el otro cuando estaban sentados, tomarse de la mano cuando salían a caminar, incluso ya no se rehuían a la hora de ir a dormir. Hermione había descubierto lo cómodo que era dormir con su costado apoyado en él. Y si bien en un inicio estas nuevas y constantes muestras de afecto los habían incomodado levemente, poco a poco se volvieron parte de la rutina de ambos. Algo natural…

—Ya deben estar por llegar—comentó Hermione refiriéndose a sus padres.

Harry asintió. Él nunca lo diría pero se sentía nervioso, si bien había conocido de cenas familiares antes en compañía de los Weasley, esta sería la primera festividad que pasaría con su nueva familia. Le sorprendía lo fácilmente que había conseguido adaptarse a todo aquello.

—Gracias por invitarlos—dijo Hermione, acomodándose más a su lado.

—No tienes que agradecerlos. Y sabes que puedes invitar a tus padres aquí cuando quieras.

—Lo sé.

El sonido de unas ruedas en el camino no demoro en hacerse escuchar. A los pocos minutos el timbre sonó anunciando la llegada de los señores Granger.

—Yo abro—dijo Harry incorporándose.

Al abrir la puerta, Harry vio a los sonrientes señores Granger esperando en el umbral totalmente cubiertos por sus abrigos, el frio viento del exterior le provoco un escalofrío. Los padres de Hermione entraron con rapidez al vestíbulo y Harry cerró la puerta tras ellos. Se saludaron y él tomó los abrigos de la pareja para dejarlos en el armario mientras ellos entraban en la sala donde se encontraba Hermione.

Hermione insistió, después de saludar a sus padres, en que todos tomaran algo caliente antes de la cena y fue a preparar un té. La cena se mantenía caliente mediante un sencillo hechizo por lo cual no sería un problema retrasarla por un rato.

—Te vez hermosa, hija—comentó la señora Granger sentada a su lado. Había dejado la taza de té sobre la mesita de centro a fin de poder acariciar el vientre de su hija—. ¿Ya se ha movido? —preguntó.

—No, aun no. Puede que sea demasiado pronto.

La mujer asintió.

—Cada bebé es distinto y tiene sus propios tiempos. Ya lo hará…

Después de unos cuantos temas triviales y habituales de conversación decidieron pasar al comedor para poder disfrutar de la cena.

Todos halagaron a Hermione diciéndole lo hermosa que había quedado la decoración y lo deliciosa que estaba la cena al punto de hacerla sonrojar. Todos comieron sin dejar nada en sus platos y aun así, nadie se negó a comer un trozo de la tarta de frutos rojos que la castaña había horneado como postre.

Cuando volvieron a la sala, junto al fuego, tampoco se negaron a otra ronda de té, chocolate caliente y galletas.

—Debo comentarte Harry, que Hermione no siempre fue tan buena cocinera como ahora—dijo el señor Granger.

—¡Papá! —exclamó la muchacha indignada.

Su marido, por supuesto, se mostraba todo oídos a las palabras que le dirigía su suegro.

—Sus primeros intentos fueron tan desastrosos que una vez casi incendia la cocina.

—No me diga—comentó él dirigiéndole una rápida y burlesca sonrisa a Hermione.

—Se me olvido preguntar, ¿ya tienen nombres en mente? —preguntó la madre de Hermione desviando, afortunadamente, el tema de las habilidades culinarias de su hija.

Harry y Hermione se miraron, ninguno de los dos se había detenido a pensar en ello.

—No, aun no lo hemos pensado. No sabremos que es hasta dentro de un mes y…

—Descuiden, aun les queda tiempo para pensarlo.

—Si, no tienes por qué ser como tu madre que tenía tu nombre pensado antes incluso de quedarse embarazada—dijo el señor Granger provocando las carcajadas de todos los presentes.

Los Granger se quedaron un rato más, pero después decidieron que lo mejor sería partir a su casa antes de que se hiciera más tarde, Hermione insistió en que se quedaran a dormir pero su madre declinó la invitación, no sin antes hacerles prometer que al día siguiente irían a cenar con ellos.

Hermione se quedó sentada, con una manta de punto sobre sus hombros, observando como el árbol iluminaba la estancia, Harry había insistido en que él recogería las cosas de la cena ya que ella debía estar muy cansada. Como siempre ella protestó, pero al final él ganó la batalla. A decir verdad si se sentía cansada. Sus parpados comenzaban a demorarse más de lo acostumbrado en pestañar y un bostezo abandonó sus labios. Ya pronto sería medianoche.

—Hermione…—la llamó Harry, parándose frente al sillón en el que ella descansaba, Hermione abrió los ojos que sin darse cuenta había cerrado—. Ya termine. Será mejor que subamos, estas cansada…

Ella asintió y tomó la mano que él le tendía para ayudarla a incorporarse. No pudo reprimir un bostezo, en verdad estaba cansada. Caminaron juntos hasta el segundo piso de la casa, cuando Hermione estaba a punto de entrar a la habitación que ambos compartían, Harry la detuvo.

—Antes, me gustaría mostrarte algo—le dijo levemente nervioso.

Hermione accedió y dejó que la guiara hasta la habitación de enfrente. Era la habitación que habían decidido sería del bebé. Sintiéndose confusa, se detuvo en el umbral cuando Harry lo hizo.

—Tienes que cerrar los ojos—comentó. Ella los cerró intrigada por saber que era lo que el moreno se traía entre manos.

Escuchó como la puerta se abría y sintió tras sus parpados la claridad de una luz que había sido encendida. Harry posó sus manos sobre sus hombros y la instó a entrar, ella avanzó, confiando en que él no la dejaría tropezar. Después de unos pocos pasos más se detuvieron.

—Ahora, puedes abrir los ojos.

Ella así lo hizo, parpadeo un poco para adaptarse a la claridad y entonces vio lo que había sucedido en la habitación. Las paredes ya no estaban cubiertas de estuco blanco como ella recordaba, ahora mostraban un cielo pintado de un delicado azul celeste cubierto de pequeñas nubes blancas y algodonosas que se movían a voluntad por las paredes de la habitación. Sonrió, era simplemente hermoso. Pero había algo más en la habitación que llamó su atención. En el centro de la misma había una delicada cuna de madera pintada de blanco.

—Oh, Harry…—exclamó, las lagrimas a punto de derramarse por sus ojos. Se volteo para mirarlo, él seguía de espaldas a ella—. Es hermoso…

Él sonrió mientras observaba a la muchacha acercarse hasta la cuna con lentitud, como si esta fuera a desaparecer si ella se movía demasiado rápido. Hermione acarició la suave madera pintada, encantándose con la forma de la cuna. Una colcha bordada, también de color blanco, se encontraba al interior.

—Feliz navidad, Hermione—susurró Harry, mientras ella apreciaba la cuna él se había desplazado hasta llegar a sus espaldas.

—Feliz navidad, Harry—le respondió sonriendo aun con las lágrimas corriendo a través de sus mejillas, acortó la distancia entre ellos para abrazarlo. Él la rodeo con sus brazos y acaricio su cabello.

Fue entonces cuando sucedió.

Allí, envuelta en los brazos de su mejor amigo, Hermione sintió por primera vez como se movía el bebé en su interior. Fue apenas una leve sacudida a lo largo de su vientre y que retumbó en su interior, tan rápido como vino, acabo, pero basto para que ella se separara de Harry levemente y lo mirara sorprendida. Su bebé acababa de moverse. Parecía casi una señal. Aun cuando ella no supiera de qué.

—¿Hermione? —preguntó preocupado, ella lo miraba en silencio.

—Se movió. Harry, se movió—respondió.

Sin darle tiempo a procesar sus palabras, Hermione tomó las manos de Harry entre las suyas y las poso sobre los costados de su vientre. Sus manos cubrieron las de él manteniéndolas en el lugar que las quería. Harry bajó la mirada hasta el lugar en donde sus manos estaban unidas, por unos instantes nada sucedió y él solo sintió la suavidad de la tela del vestido, pero no retiro las manos, esperando y entonces, cuando menos lo esperaba, sucedió. Fue como una leve presión contra su palma izquierda apenas duró unos segundos antes de desaparecer pero no tuvo duda alguna de lo que había sucedido. Sonrió de un modo exageradamente amplio, su mirada aun fija en el vientre de Hermione durante unos instantes. No podía encontrar las palabras para definir como se sintió ese momento. Parecía tan intimo, tan hermoso… sabía lo que ocurría en el interior de su amiga, pero aun así, el bebé parecía más real ahora que acababa de hacerles saber que allí estaba. Un pequeño regalo de navidad.

—¿Lo sentiste? —le susurró la muchacha.

—Si… es… no sé como decirlo, pero…

—Entiendo—le dio un leve apretón a las manos de Harry.

Cuando por fin alzó la vista descubrió que Hermione lo miraba con una expresión anhelante, sus ojos brillantes, sonreía, se veía radiante. Se veía como nunca antes. O tal vez como siempre y él solo lo había notado ahora. Era como si una luz, una tenue luz, la iluminara. Nunca antes la había visto así. Parecía una desconocida que aun así conocía desde siempre.

Y entonces, sin que ninguno de los dos fuera verdaderamente consciente de sus acciones, inevitablemente sus rostros fueron inclinándose hacía el del otro quedando cerca, demasiado cerca, mucho más cercanos de lo que nunca antes habían estado. Hermione pudo sentir el aliento de Harry sobre sus labios levemente entreabiertos, hacían falta solo unos pocos centímetros más para que sus labios se encontraran por primera vez.

Pero entonces, de algún modo, Harry recordó donde se encontraba, con quien estaba y lo que estaba a punto de suceder. Él no podía estar pensando en besar a su mejor amiga, no sería correcto, con demasiada rapidez se apartó antes de darle un suave beso en la frente, ella dejo ir sus manos y él salió de la habitación sin decir la más mínima palabra. Ella simplemente lo miró salir no se sentía capaz de seguirlo, sus piernas parecían de gelatina.

Se quedó allí, de pie en el centro de la habitación, cerró los ojos nuevamente, todavía disfrutando de la sensación que los labios de Harry habían dejado sobre su piel. Ella fue consciente de lo que estuvieron a punto de hacer, de lo que estuvo a punto de pasar. Un extraño sentimiento se apodero de ella al pensar que en realidad deseaba que él la hubiera besado.

Exhalando el aire que no había notado que estaba sosteniendo, Hermione se volteo para observar nuevamente la cuna. No deseaba seguir pensando en lo que no había sucedido. La cuna era preciosa. Nunca habría pensado que Harry tuviera semejante detalle con ella. Si bien él siempre estaba preocupado de ella estuviera bien, él incluso se había casado con ella para protegerla y proteger a ese bebé, se recordó. Hermione sabía muy bien que toda la situación no dejaba de serle ajena e incomoda a momentos al joven mago. Ella estaba esperando un hijo de otro. Y ambos conocían perfectamente a ese otro, habían sido los mejores amigos durante prácticamente toda su vida y ahora… Harry le había dicho que no importaba, que él querría a ese niño o niña como si fuera suyo, que lo protegería, pero Hermione había mantenido sus dudas al respecto, insegura de creer todas sus palabras y sin embargo hoy todas ellas parecían más reales, tangibles, reales.

Sonriente, se acercó a la ventana, antes no había notado las delicadas cortinas de muselina blanca que las cubrían, las entreabrió y observó como los primeros copos de nieve comenzaban a caer esa madrugada de navidad.

—Feliz navidad—susurró acunando su vientre, por algún motivo, estaba segura de su bebé la había oído.


N/A: Bueno, primero que todo quiero disculparme por no haber actualizado la semana anterior pues mi computador se averió y además tenía unos cuantos trabajos que hacer para la Universidad que coparon todo mi tiempo. Segundo, ¿les gustó? Si, lamentablemente se me adelanto en un par de semanas la Navidad... pero para fines prácticos de la historia, debía suceder en este momento.

Ahora, quiero agradecer a todos quienes dejaron sus reviews, algunos los he respondido ya por PM, los otros, los responderé ahora:

den watson: Muchas gracias por leer, aquí esta el nuevo capitulo, espero que lo disfrutaras.

femmy k: Si, la verdad es un tema delicado el decidí tomar como nudo desencadenante de esta historia, pero como bien dices, son muy pocas las que denuncian. Al menos ella se alejo, supo decir basta a tiempo, ojala eso también sucediera en la realidad, pero a veces no es siempre así. Muchas gracias por leer, espero seguir teniéndote por aquí.

Zae: Muchas gracias y ¡bienvenida! Espero seguir leyendo tus comentarios. Saludos.

Zelda Potter: No, no tengo un odio por los pelirrojos en general, solo por Ronald Weasley en particular. Jajajaja, lo siento, nunca lo he soportado a decir verdad. Oh, ya verán como será el o la bebé, paciencia. Muchas gracias por leer.

Para concluir, muchas gracias por leer. Aprovecho de avisar que volvieron las actualizaciones de mi otro fic Harmony "Light in darkness" por si les interesa leerlo. Saludos y nos leemos en una semana más si Dios quiere...