¡FELIZ NAVIDAD!

Hola queridas(os) lectores o lectoras... La vida es algo complicado ¿No lo creen? Es por eso que mi tiempo de escribir es bastante corto. Así que intentaré subir cuanto más pueda antes de entrar a la universidad.

Espero que les agrade el capítulo.

Un abrazo.

Lúa


1.

‹‹Albus, me temo que no podré dar la clase. Ha salido un asunto con el ministerio

PD: Dile a Lily que se abrigue, no queremos saber de otro resfriado

PD2: Espero que los entrenamientos vayan de maravilla, no saben lo orgullosos que estamos

Te quiere. Tu padre

H. Potter ››


2.

Rose pasaba descuidadamente las páginas del diario de sueños que había empezado hacía una semana. Todos diferentes y todos relacionados con una misma persona.

Scorpius Malfoy.

Pasó las páginas rápido. En total había nueve sueños todos escritos y narrados con caligrafía perfecta. Se detuvo en el sueño número cinco. El sueño titulado La Muerte, luego de esto las cosas no hacían sino empeorar y es que ella misma no se explicaba la naturaleza de tan terribles pesadillas.

Los primeros cinco sueños ella había estado allí, sufriendo oleadas de constante dolor, escuchando a su familia y leyendo los periódicos que narraban el ascenso de un terrible mago oscuro. Había llorado y sufrido y el culpable siempre era él. El mismo que en sueños era el padre de su hijo.

Su hijo.

Hasta ese momento ni siquiera había planeado tener hijos ¡Ni siquiera había tenido un novio real! Y ahora tenía extraños sueños. No solo con su hijo que por cierto tenía un horrible nombre y un horrible padre.

Bueno no era horrible, en realidad los últimos días Rose no había podido apartar la mirada de el abdomen de Scorpius cuando este se quitaba la camiseta luego del entrenamiento.

Solo era digamos un repulsivo, idiota y un completo karma en la vida de la pelirroja. ¿Por qué demonios no podía soñar con unicornios rosas aplastando el mundo? Incluso soñar con Voldemort le hubiese resultado más placentero.

En ese justo momento para ella la vida iba genial.

Estaba a dos semanas de que empezara el torneo y para su fortuna a Malfoy no se le había ocurrido hacerlos correr de nuevo. E incluso le dijo que podía liderar el entrenamiento para que el pudiera compartir con Albus técnicas para atrapar la Snitch.

Ahora que lo analizaba en realidad su actitud había sido considerablemente positiva en los últimos días. Los había felicitado a todos y había hecho una increíble actuación como capitán.

Tal vez ella solo se había apresurado a juzgar prematuramente la actitud ridícula del Rubio.

O tal vez él tramaba algo siniestro y macabro. Y como buena reina del drama que era Rose Weasley ella optaba por la segunda opción.

Así que se aseguró de tener su mente totalmente despejada para enfrentar a Malfoy después del entrenamiento.


‹‹Te veo en los vestidores después del entrenamiento

M.Z ››


.

Cuando llegó al campo de forma oval lo primero que vio fue el ardiente color rojo del cabello de ella. Sosteniendo la escoba mientras hablaba con su prima morena y sonreía.

Cada vez que sonreía se le iluminaba la mirada. La mirada azul con la que había soñado más tiempo del que quisiera aceptar, porque para él solo habían sido un par de noches aunque sabía perfectamente que había pasado un mes. Un extraño mes.

Nada de lo que hacía entonces para no soñar. O soñar con algo diferente daba resultado, y los sueños siempre eran acerca de lo mismo:

a. Eran acerca de una feliz vida en que estaban casados

b. Eran de una detestable vida donde él era un mago oscuro.

Y no era para nada raro que Scorpius prefiriera la opción uno, aunque la mayoría de veces que estos sueños raros pasaban él estaba dentro de la piel de un él mayor, que amaba irremediablemente a una ella mayor y con la que tenían un hermoso hijo pequeño que tenía unos adorables ojos azules justo como los de ella.

Y eso no significaba que le encantaran los ojos azules de Rose Weasley.

Obviamente no significaba eso.

Tampoco significaba que no hubiera buscado acercarse un poco más a ella en los entrenamientos, incluso, eso solo era una "táctica" para descifrar de que iban todos esos sueños del demonio que lo confundían terriblemente.

O eso era de lo que trataba de convencerse.

Aún seguía buscando a Mérida siempre.

Aún seguía buscando cada pedazo roto de fotografía que había destruido dos años atrás. Buscaba verla, escucharla e incluso tocar su piel morena "accidentalmente". Sin duda quería olvidarla, pero la chica no hacía más que aparecer en cada cosa que él hacía.

Ni siquiera pensaba tanto en ella.

De eso también trataba de convencerse.

─ ¿Vamos? ─Le dijo Joseph mientras se apoyaba en su hombro

─Claro ─Respondió distraído, mientras apartaba su mirada de un cabello castaño que se había interpuesto entre él y el rojo fuego del cabello de Rose Weasley. ─Joseph, tengo que preguntarte algo

─Yo tengo que decirte algo…

─Adelante. Empieza

─No, no es necesario Scorp

─ ¿Es serio? ─Peguntó y Joseph tragó saliva

─No mucho ─Mintió

─ ¿Qué piensas de los sueños?

─No sé…

─Es decir, piensas que son recuerdos o algo así? ─Dijo y Joseph carraspeó

─Algo así…

Caminaron algunos pasos en silencio y entonces Joseph habló:

─ ¿Crees que será contra Durmstrang? ─Preguntó Joseph mientras caminaban hacia el centro del campo ─Digo, son buenos. ¡Merlín! Son buenísimos, pero ¿Crees que tenemos alguna pequeña probabilidad de ganarles?

─Estoy seguro ─Respondió con una sonrisa en el rostro

─ ¡Wow! ¿Quién eres tú y que has hecho con Scorpius Hyperion Malfoy!?

─ Shhhh ─Le calló Scorpius con un golpe en el brazo ─No digas ese nombre, siento como si mi padre fuera a aparecer en cualquier momento cuando lo dices…

─No enserio ¿Qué tienes?

─Fe. ─Fue todo lo que dijo antes de llegar hasta donde todos estaban reunidos.

..

─Weasley… Todos tuyos ─Dijo luego de su discurso inicial, luego de dar un paso hacia atrás recordando que ese día Rose dirigiría el entrenamiento.

─Gracias, Malfoy ─Repuso ella y dio un paso al frente en el círculo.

No escuchó una palabra de lo que ella dijo. En realidad se dedicó a contemplar sus labios mientras daba las indicaciones de entrenamiento y sonreía.

Sonreía de la manera más natural que podía hallar en una persona.

Y cuando ella dio todas las indicaciones asintió mientras iba a entrenar buscando la Snitch con Potter.

Después de todo nada como quidditch para despejar la mente.


Uno. Dos. Tres.

Respirando despacio Joseph llegó a los vestidores. Junto con el resto del equipo, cansado, sudoroso, con ganas de no hacer más sino llegar a sacar una de las cervezas de mantequilla de su reserva especial con Scorpius y dormir.

Simplemente que esa no era la noche.

Luego de que os rayos anunciaran horrible tormenta, de esas que preceden el invierno azotara el campo, todos corrieron hasta los vestidores. Incluido él. Y es que la nota había sido clara y conocía la caligrafía de la persona que la había escrito porque se había estado mandando notas secretas por más de un año y medio. La lluvia no caía aún, pero los truenos sonaban y la noche se apoderó de Howgarts de una manera tan rápida que creyó por un momento que no era más que un poco del polvo de oscuridad instantáneo que vendían en Sortilegios Weasley. Esperó entonces pacientemente a que todos se hubiesen duchado y vestido, y retrasó su rutina lo más posible y cuando solo fueron Scorpius y él, él rubio tomó su escoba con sus cosas

─ ¿Vienes Jos? ─Dijo Scorpius mientras le daba una palmada en la espalda

─Te alcanzo luego ─Respondió ─Aún me falta arreglar algunas cosas

─Está bien ─Repuso y se despidió con la mirada mientras salía en medio de la tormenta dispuesto a llegar a el castillo.

Tan pronto cómo el rubio se fue no tardó en llegar ella.

Saco verde de lana, guantes verdes, cabello negro, ojos avellana y piel morena y a Joseph se le iluminaron los ojos cómo no lo habían hecho en semanas.

Solo pudo besarla apenas la vio, solo pudo tocar su cabello oscuro con las yemas de sus dedos. Podría parecer desesperado. Y lo estaba. Lo estaba porque ella era su todo, su complemento, su otra mitad, la que lo hacía ver las cosas desde otra perspectiva y la que lo llenaba de aquello que muchos osaban llamar amor. Y si el amor no era la razón por la que giraba el mundo entonces Mérida lo era, porque era brillante, hermosa y encantadora. Siempre con la sonrisa de medio lado que Joseph amaba, siempre son los ojos llenos de vida y de pasión y de todas las cosas que le recordaban a Joseph que no solo era el hijo de un triste mortífago.

Después de todo comprendía perfectamente la razón por la que Scorpius se había enamorado de ella. ¿Quién podría no hacerlo? ¿Quién podría no enamorarse perdidamente (Cómo él lo estaba) de la mujer perfecta?

La besó hasta que sintió el frio llegar hasta su nariz. Solo al sentir que la puerta que ella había cerrado al entrar se había abierto. Mérida se soltó entonces de su agarre para volver a cerrar la puerta. Para volver también a colocar la mirada seria. Esa que decía "Te voy a matar Joseph Nott"

─Sigo molesta contigo ─Sonaba seria. Pero eral tipo de seriedad fingida, el tipo de seriedad que Joseph conocía bien ¿Quién conocía mejor a Mérida si no era él?

─No he encontrado el momento adecuado ─Dijo él y carraspeó ─O las palabras adecuadas para decirlo…

─No hay forma amable de decirlo ─Y entonces fingió su voz ─Hey! Scorp, solo quería decirte… Recuerdas esta chica Mérida? Tu ex MEJOR AMIGA. Digamos que ha sido mi novia digamos por… ¡Un año y once meses! Oh… y de paso siento mucho que lloraras dos años por ella. ─Mérida carraspeó ─ ¡Ves! Solo dilo…

─ ¡No puedo decirle eso! ─Gritó Joseph ─Es terrible, es cómo traición…

─Es traición si sigues escondiéndolo

─No lo entiendes, es traición ¡Prácticamente me tiré a la mujer de su vida! ─Exclamó ─ ¿Cómo dices eso sin dañar una amistad de digamos… ¡TODA LA VIDA!?

─Debiste pensar eso antes…

Y entonces se acercó y la tomó de las manos, cómo lo había hecho cientos de veces. Y fue la primera vez que puso a alguien por sobre todas las cosas.

Incluyendo a su mejor amigo.

6.

Caminó bajo los inminentes rayos, y recalculando simplemente su día no podía ir mejor.

Un buen entrenamiento.

Los mejores dos amigos del mundo.

La mejor nota en la redacción de pociones.

E incluso sobre todas las cosas la presencia de Potter no había resultado tan increíblemente molesta. Incluso habían hecho chistes acerca de la Snitch y toda la cosa.

Y… ¡Mierda! Había olvidado su varita en los vestuarios.

Así que volvió con paso lento, fijándose en cómo los rayos rompían con su luz el cielo oscuro de Escocia y se apresuró al sentir las gotas cayendo del cielo. Abrió la puerta del vestuario con cautela (No se iba a arriesgar a ver a Joseph desnudo otra vez, la primera vez había sido ya muy perturbarte)

Y entonces los vio.

Y no pudo hacer nada más que no fuera mirarlos fijamente. Besándose cómo si se necesitaran desesperadamente. Las manos de ella en su espalda y una de las manos de él en su cabello y la otra… En realidad ni siquiera quería ver donde estaba la otra porque si no estaba en la espalda de ella no quería saber dónde más podría estar. Y entonces lo sintió. El desgarre por dentro, el inminente dolor en el pecho, la falta de aire, la tensión en los músculos y el agua acumulada en sus ojos, sintió el ardor en la sangre y la vista nublada. Su hermano, su mejor amigo, su compañero de todo, allí junto a ella. Después de haberlo visto mirarla de lejos, nombrarla entre sueños, tener aquella foto en la pequeña mesilla. Allí estaba él, haciendo lo que él nunca haría.

Solo pudo correr.


La lluvia empezó a caer a cántaros y Rose salió del vestuario de chicas. Esperó a que todas se fueran para releer a consciencia los sueños y luego de algo más de veinte minutos de lluvia había decidido que esta no iba a cesar jamás o por lo menos no esa noche. Y salió rumbo al castillo. Apenas pudo ver a Joseph saliendo del vestuario de hombres mientras apagaba la luz con su varita y corría hasta el castillo, huyendo de la inminente tormenta que azotaba el campo.

Fue entonces cuando un grito la sacó de sus cavilaciones. Un grito de hombre, que provenía de uno de los árboles que colindaba al bosque prohibido. Y sin pensarlo dos veces, saliéndose de su plan perfecto acerca de cómo llegar al castillo caminó justo en la dirección contraria, pensando que podría ser un chico de primer año, alguien herido o incluso Albus. Y por su pensamiento pasaron las posibles opciones a encontrar, y a cada paso que daba la preocupación en ella crecía un poco más.

Se detuvo en seco cuando llegó al sitio de donde tal grito había provenido y agudizó la mirada hasta divisar algo. O mejor dicho divisar a alguien.

Estaba mojada, lo sabía, la lluvia había hecho de las suyas, pero una vez allí no podía dejar a quien quiera que fuese solo en el bosque, eso era terriblemente cruel y ella era especialista en meterse en asuntos que no le importaban (o eso decía todo el mundo)

Se acercó despacio y entonces lo vio.

Estaba mojado de pies a cabeza y golpeaba las manos contra la tierra mojada, mientras su cabeza estaba recostada en el tronco de uno de los árboles, la camiseta blanca entonces se había vuelto transparente a causa de la lluvia. No necesitó que la mirara para reconocerlo, esa piel enfermizamente blanca se reconocería donde fuese.

Y aun así no podía marcharse, no después de que él había hecho su esfuerzo para tener buena actitud, no después de que la defendiera de los que le dijeron sangresucia, no después de que había soñado con él.

─Emmm ─Carraspeó y recordó su faceta dura ─ ¿Malfoy? ¿Acaso eres tonto? No deberías estar en medio de la lluvia ─Y el solo pudo mirarla con los ojos mercurio inyectados en sangre. Y Rose divisó dos gotas cayendo por la superficie del rostro del rubio y no supo si era lágrimas o la lluvia cayendo por la cara de este.

─ Oye… ¿Estás bien? ─Preguntó con algo más de tranquilidad. Pero este no contestó, siguió allí mirando al infinito mientras fruncía el ceño. ─Si quieres puedo…

─Lárgate ─Le espetó

─Sabes que no puedo dejarte aquí… Te odio pero no quiero que te dé neumonía

─ ¿Por qué haces esto? ¡Merlín!

─Está bien ─Dijo con algo de resignación ─Si no quieres levantarte, me sentaré contigo ─Y se acomodó justo a su lado de manera que sus hombros chocaron.

Scorpius se pasó las manos por el rostro

─Te estás mojando ─Dijo él, casí en un susurro

─Tu igual… ─Respondió ella con una media sonrisa

─Entonces… quieres saber que hago aquí en la mitad de la lluvia ─Dijo con el tono impasible que caracterizaba a Scorpius Malfoy

─Llorando ─Complementó Rose

─Yo no estoy llorando ─Corrigió

─Todos lloramos… algunos como yo, lloran siempre y otros… bueno otros solo explotan ─Rose suspiró ─Pero no, no quiero saber…

─ ¿Por qué haces esto?

─Sé que a veces es necesario estar solo… pero vamos, tu no quieres estar solo. Se te nota ─Ros ese removió para encontrar una posición más cómoda ─No sé, llora si quieres. Por mí no hay problema

─ ¡Merlín! Weasley, te odio tanto… ─Y él la vio de reojo. Con el cabello rojo presionado contra el rostro por efectos de la lluvia.

Pasaron en silencio mucho tiempo hasta que la fuerte lluvia no fue más que una pequeña llovizna.

─ ¿Te sientes mejor? ─Preguntó ella que también había empezado a mirar al infinito, cómo si la espesura del bosque fuese algo completamente increíble

─Algo ─Musitó él ─Y no estaba llorando…

─Oh no ─Rio ─Claro que no…

─ ¿Te estás burlando de mí Weasley? ─preguntó de manera burlona mientras se giraba para mirarla

─Oh no, como podría ─Respondió ella con una sonrisa ─Bueno, tal vez si…

Rose lucía bella. A pesar de estar totalmente mojada, tenía la nariz roja y las orejas rojas a causa del frio, y los labios algo morados, y a Scorpius se le hizo totalmente adorable, hasta que recordó que probablemente la chica al igual que él estaba muriendo de frio.

─ ¿Quieres ir al castillo? ─Preguntó el ─Está helando aquí

─Si ─Respondió ella casi por inercia ─Claro…

Scorpius se levantó del suelo y ayudó a Rose a incorporarse, caminaron en silencio hasta la puerta del castillo y entonces Rose recordó su propósito. Tenía que saber que tramaba Malfoy.

─La verdad no quiero ir adentro… ─Susurró Rose ─ ¿Quieres caminar?

─Seguro ─Y es que lo que menos quería Scorpius en ese momento era tener que ir a verle la cara a Joseph. La verdad quería asesinarlo y después de todo, la última vez que había caminado con Weasley no había estado del todo mal.

Caminaron varios minutos, con sus respiraciones cómo música de fondo. La lluvia había cesado, pero el viento helado seguía allí, haciendo que sus exhalaciones se trasformaran en humo blanco que se disipaba con el aire. Seguían allí, el calor de Rose inundaba el ambiente, y es que ella era eso, fuego. Quemándolo todo, creando ambiente, sensaciones, siendo confort en los tiempos fríos. Rose explosiva, llamas inquitas resurgiendo del color de sus cabellos, las cenizas son sombras pequeñas de las pecas en su rostro. Fuego, diferente a cada segundo, e incluso también estaba el pequeño azul de las llamas en sus ojos.

Y estaba Scorpius. Hielo en su esencia más pura. Frio siempre. Hielo abrasador, congelándolo todo a su paso. Ojos del color del puro marfil, blanco hasta el último de sus cabellos platinados, la intensa frialdad de esa que hela el cuerpo de incluso lo más cálidos y que solo se derrite en las manos correctas.

Hay quien dice que el tiempo para los que aman es solo un segundo. Y cuando el reloj marcó las diez, Rose se detuvo.

─Creo que tenemos que volver ─Musitó. Aunque en realidad no quería. Volver, significaría dormir y dormir significaría soñar y soñar significaría ver a Scorpius y realmente prefería verlo en la vida real.

─Supongo ─Repuso. Aunque tampoco deseaba volver y entonces habló

─ ¿Alguna vez has creído que te sortearon en la casa incorrecta? ─Preguntó la chica mientras caminaba de vuelta al castillo

─La verdad creo que a el sombrero le bastó con escuchar mi apellido para asumir que era Slytherin ─Contestó ─ ¿Y tú?

─Todo el tiempo ─Dijo ella ─No soy ni valiente, ni heroica, mucho menos tengo el coraje de todo Gryffindor, me aterro por todo y la verdad no es que me mate el color rojo ─Scorpius río ─Creo que debería ser Hufflepuff o algo…

─Creo que eres lo suficientemente inteligente cómo para ser Ravenclaw

Rose sonrío. Y Scorpius también lo hizo, mientras seguían caminando en un silencio que se hacía menos tensiónate a medida que el tiempo pasaba. Scorpius la miraba de reojo, ya estaba seca producto de un hechizo (Que Scorpius jamás había escuchado) y que los dejó secos en segundos, el abrigo rojo lucía incluso mejor seco y el cabello de la pelirroja estaba completamente desparramado por sus hombros, su espalda e incluso en su rostro. El frio había causado un efecto en su nariz y sus labios tornándolos de un color rojo haciendo que su piel resultara más blanca. Ella, al contrario de él no había dejado de sonreír, estaba allí con los labios curvados mientras frotaba sus manos para intentar entrar un poco más en calor.

─Si tuviera mi capa te la prestaría ─dijo él.

Y era cierto. Lo único que tenía era una camiseta blanca (Obsequio de Joseph) al mejor estilo muggle, unos pantalones que odiaba y los zapatos con los que jugaba quidditch. Hubiera deseado que ella no pasara tanto frio.

─Estoy bien ─dijo sonriente ─Enserio, me encanta el frio…

Y entonces una imagen mental de Rose en una pelea de nieve con sus primos invade un momento su mente. En segundo año, mientras él los miraba pretencioso desde la lejanía, mientras por dentro moría por no tener un hermano con quien jugar. Era un recuerdo que siempre había odiado y que en ese momento se le hacía algo más especial. Rose con su saco color mostaza con una gran R en el medio, un gorro rojo que combinaba perfectamente con su cabello y la nariz roja mientras tiraba pequeñas bolas de nieve hacia su primo James que iba en cuarto año y que les daba una total batalla. Era obvio que ella amaba el frio, sin querer lo había notado y no es que Scorpius fuera detallista, simplemente… lo había notado.

─Y… tu varita? ─Preguntó ella notando que Scorpius no tenía nada en las manos, ni su escoba, ni su mochila y ciertamente tampoco su varita

─Centro de fénix, madera de arce, veintidós centímetros, semiflexible ─Respondió ─O eso dijo Ollivanders

─Me refería a que no la traes contigo ─Complementó ella entre risas ─Aunque, muy buena descripción de tu varita

─Ja… Ja… Ja… ─Dijo sarcásticamente ─La olvidé en los vestidores…

─Y… ¿Por qué no fuiste por ella? ─Preguntó arrastrando las palabras

─Lo hice, pero cuando llegué, vi a Joseph besando a Mérida ─Contestó. Y Rose quedó perpleja.

Porque en Hogwarts no era un secreto, que en quinto año, Scorpius Malfoy había pasado el ridículo más grande de su vida confesando su loco amor por Mérida Zabini y siendo cruelmente rechazado en el proceso. Para nadie era un secreto que Scorpius estaba perdidamente enamorado de Mérida.

Tampoco era un secreto que Joseph Nott era el secuaz más efectivo de Malfoy. Su compañero, el subcapitán del equipo, además de ser su mejor amigo y parecer incluso hermanos (Cosa que cualquiera creería de no ser por sus evidentes diferencias físicas).

Ahora entendía todo. ¿Cómo se supone que debes tomar el hecho de que la persona que amas esté con la persona en la que más confías?

─Eso… es… terrible ─Dijo ella pasmada por la noticia ─Digo… ¿Qué clase de amigo hace eso? ─Exclamó

─No es como si fuera tan importante

Pero lo era… Por Merlín que los dos sabían que lo era.

─Casi me lanzas un avada kedavra cuando insinué algo malo de Mérida, no deberías restarle importancia ─Rose seguía atónita ─Ahora entiendo porque llorabas…

─No estaba llorando ─Comentó Scorpius de nuevo con la voz impasible ─Y enserio que no es nada…. Bueno, obviamente es algo. Pero… no lo sé…

─ ¿Qué no sabes?

─No lo sé, dentro de todo sé que Mérida no es para mí ─Dijo. Y la verdad no tenía idea de porque le estaba confesando eso a la pelirroja. Pero tal vez fuera el hecho de haber soñado con ella hacia que le produjese una extrema confianza ─Lo siento… sé que no te importa

—Descuida —Dijo mientras soplaba sus manos en un intento de darse calor, y mientras repetía esta acción no notó la mirada intensa de Scorpius sobre ella.

Los silencios se habían vuelto tan comunes que ya no eran incómodos, simplemente eran espacios vacíos llenados por una sonrisa o por la respiración de alguno de los dos. Hacía años que Scorpius no había salido un invierno a caminar en la noche, mucho menos con una chica, con una extraña de la cual apenas sabía el nombre, y que si bien había compartido mínimos instantes de su vida no dejaba de ser eso. Una extraña

— ¿Alguna vez has deseado tener una segunda oportunidad de conocer a alguien? —Preguntó entonces. Ella sonrío

—Claro —Dijo mientras se giraba para mirar a Scorpius —A veces mis juicios son bastante premeditados

—Yo igual —Contestó él mientras la miraba justo a los ojos y entonces dio un paso para acercarse a ella e indagar un poco más en los ojos azules que le observaban cuidadosamente. Un ruido seco de la brisa agitando las ramas hizo que Scorpius estuviera alerta y en un acto reflejo la tomó por la cintura provocando que quedaran frente a frente y sin pensarlo dos veces la besó. El contacto de los fríos labios de Scorpius contra los de ella provocó que un escalofrío le recorriera el cuerpo, mientras sentía la brisa helada reposar sobre sus rostros.

Ella era cálida y aunque el frio intentaba penetrar el pecho de Scorpius, este sentía cómo si la primavera hubiese llegado a él mientras tocaba con sus manos las mejillas rosáceas de Rose. Incluso pudo imaginar en su cabeza el rubor que subía por los blancos pómulos de la chica. La sintió gemir cuando sus cuerpos se chocaron despacio, mientras Scorpius profundizaba el beso y ella enterraba sus manos en el cabello platinado del chico. Y cuando se separaron; los ojos grises de Scorpius se enterraron en los azules de ella

—Yo… lo… —Fue lo único que ella pudo articular mientras su rostro palidecía

—Lo siento —Dijeron al unísono

—Perdona —Dijo Scorpius —No fue mi inten… No debí —Se corrigió y acto seguido dio la vuelta para caminar hacia el castillo con las manos en los bolsillos, dejándola terriblemente confundida y con el principio de un incipiente dolor de cabeza.

8.

Corrió apenas llegó a la sala común. Consciente de que estaba en un estado deplorable y que con mucha suerte no cogería un resfriado.

Cuando llegó a su habitación Joseph estaba sentado en la cama jugando con su varita entre los dedos

— ¿Se puede saber dónde estabas? ¡Por Merlín! —Espetó

—No te importa —Gruñó, mientras le arrancaba la varita de las manos y cerraba el dosel fingiendo estar enfermo.

Una vez acostado, tocó sus labios con las yemas de los dedos. Aún podía sentir la calidez de los labios de la pelirroja en él, la delicadeza que implantaba siempre y la planeación de cada movimiento. Odió entonces tener resentimientos porque de ese modo no había podido disfrutar completamente del sutil sabor a vainilla de los labios de la pelirroja —Uno de los olores de mi amortentia —Pensó —Vainilla.

Esa noche soñó con ella, mientras en el lado opuesto del castillo ella a su vez se recostaba en la cama mientras las lágrimas invadían sus mejillas. No eran lágrimas de tristeza, pero a su vez no eran de felicidad. Eran lágrimas de confusión absoluta. Esa noche al poner la cabeza bajo la almohada soñó con él.


Espero les haya gustado.

Dejen sus reviews (Me alegran demasiado). Muchas gracias a los que me han escrito 3 No saben cómo pueden alegrar mi día.

De nuevo Feliz navidad :)

Lúanne.