Capítulo 11

Capítulo 11

Sangre…

El sonido de la campana, anunciando el final de la clase, sacó a Sakura de sus pensamientos. Mientras los adolescentes guardaban sus cuadernos en sus mochilas y corrían, algunos a sus casas, otros a otras clases, Naoko comenzaba a sentirse preocupada por su amiga que se comportaba muy extraño.

-Sakura ¿estás bien? –Le preguntó la chica-. Te veo muy extraña.

-Hoe… ¿Por qué lo dices? –respondió el cerezo algo insegura.

-Sí, estás algo pálida. Deberías ir a la enfermería.

-No es necesario Naoko, estoy bien.

Pero mientras ambas caminaban por el pasillo, pretendiendo ir a sus últimas clases, vieron cómo una multitud se reunía a los pies de unas escaleras. Ambas chicas se acercaron para ver qué había ocurrido y se encontraron que un muchacho tuvo un accidente, donde había resultado herido.

-¿Qué pasó? –preguntó Naoko intrigada.

-Un chico se cayó por las escaleras y se rompió un brazo –contestó Chiharu, otra de las compañeras de Sakura.

Efectivamente, el joven se había roto uno de sus brazos gravemente. Y mientras era atendido por los profesores que estaban en el lugar, algo en Sakura despertó. Podía oler el aroma de la sangre, que la llamaba, que la incitaba a beberla. Sin que ella lo notara, sus ojos comenzaban a tornarse rojos. Entonces alguien, un hombre, la tomó del brazo.

-¡Vámonos de aquí! –dijo ese sujeto mientras la sacaba del lugar con rapidez.

Aun cuando ese sentimiento extraño no desaparecía por completo, Sakura vio cómo Syaoran se encerraba junto con ella en el laboratorio de química, que en ese entonces estaba completamente vacío. Su mente, aún confundida, no entendía aquella necesidad de sangre y la extraña actitud de su profesor.

-Syaoran… ¿Qué me pasa…? Me siento rara… -preguntó la flor de cerezo, al notar que sus ojos aún eran rojos.

-La sangre, al sentir su aroma despertó la sed de sangre que tiene todo vampiro –le explicó su maestro.

-¿Cómo…? ¿Cómo hago que pase esta sensación? –le dijo Sakura asustada.

-Hay una manera.

El joven Li comenzó a desvestirse, quedando con su dorso desnudo ante los ojos de su alumna, quien ahora estaba roja como un tomate; otra vez sus hormonas la traicionaban. Lentamente, Syaoran acortó la distancia entre ella y él, la rodeó entre sus brazos y le dijo: "bebe de mi sangre"

-¿Hoe…? ¿Tu sangre…? –preguntó la chica confundida.

-La sed de sangre no pasará hasta que bebas –explicó Syaoran-. Toma la mía Sakura.

Era la primera vez que Syaoran llamaba a su alumna por su nombre, indicándole a Sakura que podía confiar en ese vampiro que era su maestro. Con sus comillos, pequeños a comparación de los del joven lobo, mordió el hombro de su maestro y bebió su sangre. La sentía tibia, suave, deliciosa, pero quedaba opacada con el calor que venía del interior del corazón de la chica, al sentir la piel de su profesor. Nunca se había sentido tan cerca de Syaoran como en ese momento.

-Ya… es suficiente Kinomoto. –dijo el lobo separándose de su alumna-. ¿Cómo te sientes ahora?

-Este… mejor, me siento mejor –respondió Sakura mientras sus ojos volvían a la normalidad-. No creí que también se podía beber la sangre de los vampiros.

-Un vampiro solo puede beber la sangre de otro vampiro si es él que lo creo.

-¿Y qué pasa si tomó la sangre de una persona? –preguntó la chica.

-Tu sed de sangre será incontrolable, perderías la poca humanidad que te queda.

-Por eso… no tomaste la sangre de tu esposa… -murmuró la flor de cerezo.

Syaoran se quedó en silencio ante el comentario de su alumna. Por un momento se arrepintió de haberle contado todo lo se su pasado, pero ¿qué podía hacer? Sakura era ahora su presente y debía protegerla de lo que más odiaba en su vida inmortal.

-Lilith asesinó a mi esposa, ella debe pagar por la muerte de Ying Fa –exclamó el lobo mientras salía de la habitación.

La muchacha volvió a sentir esa frialdad que provenía de su profesor; ella por un momento tuvo la esperanza de que por fin Syaoran se abriera con ella pero no fue así. Él sólo tenía una sola cosa en mente: la venganza.