Disclaimer: Haikyu no me pertenece, ojala, es de Haruichi Furudate. La imagen tampoco es mía.
Me tarde menos esta vez, ah (veinte puntos para Nitta y Ojo parchado —su tripulación— pero en especial a mí). Intento adelantar cosas antes de que... me convierta en un zombie. Muchas gracias a quienes comentaron: Souta-kun, Mayriwi, queen-chiibi, maria, Sugar Fuckin' Diamonds, sugA u-u y nobody. Bueno, con respecto al acertijo, sí alguien desea saber la explicación me dice y yo se lo explicaré por PM ;noproblem; Muchas gracias.
La suerte de los bajos a los altos no les interesa.
XII: L de ´lágrimas´.
A pesar de lo que muchos vieran de un modo externo, calificándolo como una persona tranquila y callada (que lo era) Kozume era un ser humano como todos los demás y al igual que otras personas tenía cosas que le molestaban o le daban esa sensación de malestar cuando aprecias algo que te desagrada. Entre esas cosas estaba: perder un nivel de videojuego cuando estaba a punto de ganar, que "Pokemón" se haya transformado en una serie con más pokemones que seres humanos en la Tierra, los lugares llenos de gente, que lo observaran demasiado, que Kuroo siguiera entrando a su casa como si fuera la suya (en especial en la mañana. Era cosa de todos los días que bajara a tomar desayuno y encontrarse a su amigo hablando altaneramente con su madre, y es que ella adoraba a Kuroo) y también había otra cosa que superaba todas las anteriores, algo que sí fuera por él no existiría en el mundo porque le hacía sentir mal de un modo peor que cualquier otro acontecimiento, y esa cosa era ver llorar a Shoyo.
No podía culparse y tampoco dar una explicación científica para aquello. Solamente podía argumentar a su favor que ver a un chico tan alegre como él (que era simplemente luz en toda la honra) botar lágrimas por esos ojos tan bonitos que tenía, observarlos hacer ese puchero mientras se mordía los labios para no emitir más sonidos que un hipeo ahogado además de entrecortado, observar como su rostro tomaba una coloración rojiza y luego darse cuenta de cómo la piel lechosa de su rostro se transformaba en un prado donde serpenteaba un riachuelo salado. Eso era horrible. Lo suficiente para hacerle partir el corazón y dejarlo más mudo que de costumbre, sintiéndose más torpe que a diario y con las ganas de decir algo pero sin saber exactamente qué.
Realmente odiaba ver como ese pequeño cuerpo que se veía tan delicado temblaba por culpa de los sollozos y como sus ojos chocolate se volvían un aguacero.
Kenma, apretando los puños hasta dejar los nudillos blancos, se muerde los labios y piensa en todas las cosas que puede decir en una situación como esa. Él, quien siempre ha sido un buen observador y por ende tiende a pensar en mejores soluciones a los problemas que los demás, no sabe qué hacer en este momento. Nunca se ha sentido tan extraño y fuera de lugar, como un extraterrestre que en ninguna vida podría poder hacer contacto social con aquella clase de humano que creaba tsunamis por sus ojos.
«¿Por qué lloras? —piensa con frustración mientras se sigue mordiendo el labio y observa como Hinata se encuentra hecho un ovillo en la cuneta de la calle desolada. Éste abraza sus rodillas con fiereza y apoya la barbilla en ella, mientras las lágrimas siguen manchando su rostro y los hipidos no pueden ser ocultados. Su espalda tiembla y con cada sorbido que hace el ruido le parece lo más caótico del universo, lo más ajeno como si fuera una pieza de un rompecabezas que no calzara por mucho que la fuerces a entrar—No llores, Shoyo, por favor. No me gusta verte llorar. Odio verte llorar, me hace sentir… inútil»
Y es que Kozume no puede sentirme más frustrado y un ser terrible al darse cuenta que realmente en situaciones como estas era un completo inútil. ¿Qué podía decir que le hiciera parar de llorar? De verdad haría cualquier cosa porque sus lágrimas se detuvieran, pero realmente sus pensamientos racionales no iban a la misma sintonía de todos los días porque, había que ser justos, y él también se encontraba destruido por dentro. Por fuera, seguramente, sólo se veía como si su calma normal se hubiera trizado por un mínimo segundo para volver a lo que era antes pero en realidad estaba aguantando como podía el comenzar a hiperventilar y sentarse en el suelo. Sentía que sus piernas no soportarían su peso pero tampoco podía darse el lujo de tomar asiento junto a Shoyo.
La destrucción era un efecto domino dentro de sí mismo que atacaba todo lo que podía, haciendo que su corazón se acelerara y su propia temperatura corporal aumentara al tiempo que sentía como un sudor frío le recorría la espalda. Las palmas de las manos le picaban y tenía la garganta seca mientras tragaba saliva en un intento de apaciguar tal sensación. Debió haber escuchado mal. Sí, eso tenía que ser, no podía ser posible que realmente eso estuviera pasando. Tenía que ser mentira, una muy cruel por cierto.
«Cerebro, dime que escuche mal. Escuche mal… esto no puede estar pasando —pensó y su propia mente se escuchaba vacía de cualquier otra cosa, como un eco demasiado solitario para su gusto. Antes se habría sentido acostumbrado porque había muchos momentos en su vida que pasaba solo (exceptuando a Kuroo que era de esos amigos fieles que no te quitabas de encima jamás, y lo agradecía. Además ahora tenía al resto del equipo Nekoma) pero ahora era algo espantoso que significa una cosa horrible—. Shoyo no dijo eso»
Seguramente debería ser Kenma el que estuviera llorando y no Hinata. Todo había comenzado por las palabras del pequeño cuervo señuelo. No fue que soltó la primera cuando sus ojos se cristalizaron y de pronto se encontró aguantando las lágrimas con fiereza (casi, casi valentía) mientras soltaba lo que tenía que decir lo más rápido pero especifico que pudo y cuando terminó de decirlo por completo se largó a llorar. La frase que se encargó de destruirlo:
—Creo que debemos terminar.
«¿Qué?», pensó Kenma mientras el mundo giraba a su alrededor.
—Es lo mejor para ambos.
«No… no puede ser posible».
—No eres tú, soy yo —y con eso las lágrimas ya no podían ser aguantadas mientras soltaba la frase más cliché para terminar una relación. Simplemente podía observar en completo mutismo la forma en que sus facciones de niño se rompían por culpa de las muecas que estaba haciendo—. Bueno, la verdad sí eres tú… no yo.
«¿Qué hice mal, Shoyo?».
—No puedo estar más contigo porque me lastima —Hinata cuando termina de decir se lleva una mano al lado izquierdo del pecho para señalar a lo que se refiere. Kenma puede comprender que le duele el corazón, o que le lastimo los sentimientos (una metáfora casi bien aplicada). Seguía hipando con fiereza y tuvo que apretar su puño para evitar las ganas de estirar el brazo, alcanzar su mejilla y limpiar esas gotas saladas con sus pulgares de la forma más delicada que pudiera. La persona que se encontraba frente a él no podía ser Hinata Shoyo, no tenía lógica, no le cabía en la cabeza, ¿cómo él, que era luz? ¿Por qué él estaba terminando la relación cuando siempre había parecido tan animado? Intentaba dar con la respuesta en su cabeza pero le era imposible, estaba erróneo—. No puedo continuar de esta forma, Kozume —y la voz de Shoyo se escuchaba tan seria cuando dijo su nombre.
«¿De qué forma?», siguió torturándose con sus propios pensamientos y al final se mordió el labio inferior con brutalidad, sintiendo el regusto metálico de la sangre en sus papilas.
Quería abrazar a Hinata para que dejara de llorar. Deseaba salir corriendo y encerrarse en su habitación, tal vez jugar un juego interminable y arcaico (como Candy Crash) para desviar sus pensamientos de aquella situación. Necesitaba gritar, decir algo o simplemente hacer algo pero todavía con todos esos pensamientos se encontraba ahí de pie, sin saber qué hacer o qué decir. Solamente esperando que su corazón no se detuviera de pronto por alguna clase de paro cardiaco pero también aguardando a que la tierra se abriera bajo sus pies para que se lo tragara de una vez.
Y es que Shoyo se veía tan destruido que no comprendía nada. Quien debería encontrarse en un aspecto tan miserable debía ser él mismo, y aunque quisiera decir aquello no podía porque los sollozos del más bajo lo chitaban al instante.
—No quiero estar contigo más —hipó Shoyo desde el suelo, observándolo con esa mirada profunda de café con agua y restregándose la mejilla con su mano.
Kenma despertó envuelto en una capa muy fina de sudor que generaba que su playera se pegara a su cuerpo de una manera molesta e incluso asquerosa, respiraba entre jadeos nerviosos y pensó que su corazón saldría del pecho por la forma en que se hallaba martillando las costillas. Esperó en silencio y aun cuando estuvo varios minutos observando el techo de su habitación (ya completamente seguro de que estaba en su habitación, despertando de una pesadilla) no podía volver a la calma de antes de ir a dormir. Se encontraba hiperactivo, nervioso y sus pensamientos rebotaban entre las paredes interiores de su cráneo sin dejarlo tranquilo.
En el suelo se hallaban disperso tanto el Totoro como el Barón de peluche que Shoyo le había regalado para su cumpleaños. Link seguía durmiendo apaciblemente a sus pies, aunque le lanzó una mirada que seguramente era una orden para que se estuviera quieto porque tenía los pies enredados por las sabanas de su cama.
El cuarto estaba oscuro y la noche en silencio.
Kozume tomó aire y suspiró, repitiendo varias veces en su cabeza que todo estaba bien porque sólo había sido un sueño (pesadilla). Shoyo no había terminado con él y tampoco lo había visto llorar en vivo, era solamente una jugarreta muy pesada de su imaginación. No habían terminado, seguían estando juntos y los dos muy felices como siempre, de hecho ahora que lo pensaba bien; ni si quiera habían tenido una pelea lo suficientemente fuerte como para requerir de un tiempo entre ambos.
Estiró el brazo y alcanzó el celular que había dejado sobre la mesa que había junto a su cama. Cuando lo desbloqueó y entrecerró los ojos se encontró de frente con un mensaje que no había leído de Shoyo, uno que le había enviado varias horas atrás después de que se despidieran porque cada uno se iba a dormir:
"Te amo"
Estaba adornado con muchos emoticones, seguramente porque luego le dio vergüenza lo que había enviado pero eso lo hizo feliz. De forma muy genuina lo estaba. Sin darse cuenta una sonrisa adornó sus facciones mientras un sonrojo aparecía en sus mejillas. Además de esas dos palabras que colocaron su mundo de cabeza e hicieron que un ejército de mariposas revoloteara por su estómago, había otra cosa:
"Duerme bien. Ten dulces sueños"
Sí, definitivamente ya no más pesadillas durante esa noche y mientras tuviera al (mejor) señuelo; Hinata Shoyo junto a él, como su pareja para estar aguantándolo en cada uno de sus berrinches y problemas, no las tendría.
Pregunta: ¿Cuál creen que es la letra ´M´? Pista: Es una palabra muy común utilizada entre las parejas, sinónimo podría ser dar cariño.
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By: Nitta Rawr.
