ADVERTENCIA: Esta historia es SLASH (relación entre dos hombres), si no te gusta este tipo de temas te invito amablemente a salir de aquí. Además, contendrá violación, violencia, y situaciones de angustia, pero no sufran: saben que no soy dada a los finales tristes.
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling. Escribo esto sin ánimo de lucro.
Cap 11. El Partido.
.- ¿A dónde me llevas?
.- Ya lo verás… Tú ponte esa estupenda capa de invisibilidad que tienes y sígueme – susurró Draco.
.- De acuerdo – contestó el moreno. No era conveniente que a los dos jóvenes los vieran juntos si lo que deseaban era mantener su amistad oculta.
Era viernes por la tarde. La promesa del fin de semana llenaba de alegría a ambos muchachos que podrían permanecer juntos durante un periodo más largo tiempo porque, entre las clases y los entrenamientos de quidditch, que se habían incrementado a medida que la fecha del primer partido se acercaba, apenas habían podido verse durante la semana.
.- ¿Pero no me puedes decir, al menos, dónde vamos? – preguntó de nuevo Harry, ya desaparecido bajo su capa.
.- No. Es una especie de… sorpresa – dijo misteriosamente el veela.
Harry no insistió más y continuó caminando al lado del rubio. La confusión del moreno aumentó cuando se percató de que se dirigían hacia las mazmorras. Harry no pudo ocultar su sorpresa cuando pasaron de largo la pared que él recordaba como la entrada a la sala común de Slytherin. Draco finalmente detuvo su avance a unos pocos metros de distancia de la misma, frente a lo que parecía una simple armadura.
.- Dragón Dorado – Harry no pudo evitar dar un pequeño salto cuando, después de que el veela dijera esas palabras, la armadura cobrara vida y se apartara del lugar en el que había estado para dejar tras de sí lo que parecía un pasadizo – vamos – dijo Draco – ya te puedes quitar la capa, si quieres.
Caminaron unos pocos metros hasta que llegaron al final del pasadizo.
.- ¿Pero qué…? – susurró Harry, desconcertado.
.- Bonito ¿Eh? – contestó sonriendo, mirando con un aire de infinito orgullo la expresión del moreno.
Se encontraban en una hermosa habitación. Parecía la Sala Común de Slytherin pero en pequeño. Todo decorado con tonos verdes, negros y plateados. Una enorme cama de matrimonio ocupaba el centro de la sala. A su derecha, un sofá colocado frente la chimenea encendida. A su izquierda, una mesa con dos sillas y una puerta que debía conducir al baño.
.- ¿Qué es esto? – preguntó estúpidamente Harry, sin poder pensar en otras palabras que decir.
.- ¿A caso no es obvio? ¡Este es mi nuevo dormitorio! – contestó con una clara nota de orgullo en su voz.
.- ¿Dormitorio? – lo miró Harry, confuso - ¿Y eso? Que yo sepa, nadie tiene dormitorios propios en Hogwarts.
.- En realidad, los prefectos de todas las casas solían tenerlo, aunque de eso hace ya más de un siglo – explicó Draco – pero resulta que al final los jefes de las casas se dieron cuenta de que si éstos tenían su propia habitación no podrían controlar a los demás alumnos que, al fin y al cabo, es para lo que se eligen a los prefectos.
.- ¿Y tú cómo sabes eso?
.- Me lo contó Dumbledore – dijo caminando hacia la cama para echarse en ella. Colocó sus brazos bajo su cabeza a modo de almohada y miró a Harry – Me dijo que me permitía tener mi propia habitación por mi condición de veela. Dijo que podría ser peligroso para mí estar con mis compañeros en la misma habitación porque pueden perder el control y abalanzarse sobre mí. Pero yo pienso que es su patética forma de pedir perdón porque él sabe perfectamente que, en el caso de que alguno intentara echárseme encima, yo tendría fuerza de sobra como para deshacerme de él.
Harry asintió, dándole la razón y permaneció callado unos minutos admirando el nuevo dormitorio de Draco.
.- Joder… Tu propia habitación… ¡Qué suerte! – dijo el moreno.
.- Bueno… sabes que puedes venir cuando quieras, así que ésta es tu habitación también.
.- Gracias – susurró sonriendo hacia el veela.
Una agradable sensación ya conocida se instaló en el pecho del rubio. Draco se sintió hechizado con su sonrisa. Su pareja era tan hermosa. Estaba perdiendo la cabeza, dejándose llevar por los sentimientos que se arremolinaban en su estómago. No podía apartar los ojos del moreno. De pronto, se encontró así mismo quitándole la ropa con la mirada. Deseaba ver su cuerpo desnudo. Una vez más.
Harry no se había dado cuenta de la mirada lujuriosa del rubio cuando se dio la vuelta con intenciones de mirar el baño. No había dado ni dos pasos. Entonces, sintió unos fuertes brazos que lo rodeaban por detrás.
Ese momento de deseo se vio truncado cuando Draco notó al moreno tensarse bajo su abrazo. Éste miraba hacia la cama fijamente. El veela lo soltó tan bruscamente que parecía que se hubiera quemado. Permanecieron unos minutos de la misma forma. Draco, con el corazón desbocado, mirando sin ver la espalda de su pareja, mientras un desagradable nudo de culpabilidad se formaba en su garganta. Harry continuaba mirando hacia la cama.
Se sentía estúpido. No era más que un cobarde. ¡Draco sólo lo había abrazado, por las barbas de Merlín! Aunque, eso sí, más fuerte que de costumbre. Le había recordado a la noche del castigo en la que el rubio lo había inmovilizado utilizando su propia fuerza, de una manera muy parecida a como lo acababa de hacer. Había sido consciente de que ambos estaban solos, en la habitación del rubio y miró hacia la cama, que le recordó a otra muy parecida en la que había pasado uno de los peores momentos de su vida. Y para rematar, una voz en su cabeza le había dicho que si el veela quisiera repetir lo que había ocurrido en Halloween, podría hacerlo: no había nada ni nadie que se lo pudiera impedir. Estaban solos.
Pero Draco lo había soltado, y ahora lo podía escuchar respirando muy fuerte tras él. Se dio la vuelta. El rubio tenía la mirada perdida en algún punto entre su estómago y su pecho. Se fijó mejor, y se percató de la humedad en los ojos del veela. Sabía que Draco se había dado cuenta de todo lo que el moreno había sentido en el momento en el que lo rodeó con sus brazos, y también sabía que se sentía indudablemente culpable. En medio de aquel remolino de sentimientos, escuchó la débil voz del rubio.
.- Lo siento, Harry.
Sabía que se estaba refiriendo al abuso de la noche del castigo. Fue entonces cuando él mismo comenzó a sentirse culpable. Él había causado que el rostro del rubio estuviera ahora húmedo por las lágrimas. Lágrimas de verdadero, auténtico arrepentimiento. Lágrimas de alguien que había sufrido muchísimo al ser consciente de haber dañado a su amor.
Harry se acercó al veela y lo abrazó con todas sus fuerzas, justo como acababa de hacer el otro, demostrándole que confiaba en él.
.- Lo sé… sé que lo sientes – susurró en su oído – Perdóname por haber reaccionado tan mal.
.- No tengo nada que perdonarte… Es lógico que hayas actuado así… lo que te hice fue monstruoso y nunca, nunca me lo voy a perdonar.
.- Shh… No digas eso – dijo el moreno apretando su abrazo – Tienes que perdonarte, y yo tengo que confiar más en ti… Sé que no vas a volver a repetirlo y sé que te arrepientes… ¡Casi te mueres! Por favor, no sigas torturándote – rozó la frente del veela con sus labios y éste se estremeció.
.- Eres increíble, Harry… eres perfecto, y te quiero – aunque sabía que el moreno no le correspondía de la misma forma, se sintió mejor al haberle dicho esas palabras.
.- Lo sé -susurró el moreno en su oreja.
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Durante la siguiente semana, la tensión que siempre rodeaba al castillo cuando un partido de quidditch estaba próximo iba en aumento, y más cuando era el primero de la temporada en el que era conocida la especial rivalidad de sus contrincantes: Gryffindor y Slytherin.
Teniendo ese sábado el partido de quidditch, Harry y Draco tuvieron que entrenar en esa semana más que en ninguna otra en lo que llevaban de curso, por tanto, a penas se vieron. Y eso, especialmente para el veela, era una auténtica tortura.
El día antes del partido, los dos chicos se reunieron en la habitación de Draco después del entrenamiento de éste. Sólo pudieron estar juntos un rato porque estaban agotados y necesitaban dormir para estar en plena forma al día siguiente, pero el suficiente como para poder bromear un poco.
.- Eres mi pareja… Pero no por eso voy a dejarte ganar… lo tienes claro ¿Verdad? – Dijo Draco en una voz traviesa que invitaba a que el moreno replicara – Mañana voy a vencerte.
.- Ya, ya… - contestó juguetón – Eso es lo que has dicho cada año que nos hemos enfrentado, y te recuerdo que siempre te he ganado.
.- Bah… pura suerte – le dio un suave empujón al moreno – Mañana te demostraré quién es en realidad el mejor en quidditch.
.- Eso lo veremos – de pronto, su rostro se ensombreció – Pero ¿Qué pasaría si te ganara? ¿Te enfadarías conmigo?
.- No, claro que no – contestó el rubio sin vacilación – Yo quiero ganar. Pero si ganas tú claramente no es que me vaya a gustar. Aunque tampoco me voy a enfadar contigo, ni te voy a odiar como otros años. Simplemente me cabrearía conmigo mismo por no haber sido mejor que tú. Oye ¿Y qué hay de ti? ¿Tú te enfadarías si yo te ganara?
.- Por supuesto que no – dijo Harry acariciando los mechones rubios – Aunque dudo que me ganes – dijo en tono burlón, queriendo volver a provocar a Draco.
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Cuando el equipo de quidditch de Gryffindor al completo entró al día siguiente en el Gran Comedor para desayunar, lo primero que escucharon fue aquella horrible canción que Draco Malfoy se había inventado en su quinto curso para poner nervioso a Ron y que jugara de pena. Los cánticos provenían, como era de esperar, de la mesa de los Slytherin, donde el equipo de quidditch de esa casa estaba ya desayunando.
Harry buscó con la mirada a Draco y se alegró de encontrarlo comiéndose una tostada, sin participar en la canción que el moreno odiaba tanto. Aunque le dolía pensar que precisamente él era quien la había inventado un año atrás.
.- Harry, ven a sentarte aquí – le dijo dulcemente Ginny, quien ese año jugaba como cazadora. De hecho, era un excelente cazadora, probablemente, la mejor del equipo. Al moreno le extrañó que no se sentara junto a su novio, Dean, pero no le dio mayor importancia y se sentó con ella - ¿Cómo te encuentras? ¿Listo para darles una paliza a esas serpientes, capitán? – dijo sonriendo.
.- Claro – contestó Harry - ¿Y tú?
.- Desde luego – ella le pasó un brazo por los hombros y apretó cariñosamente. Muy cariñosamente, quizás. Harry rápidamente buscó con la mirada a Draco, recordando los terribles celos que le habían entrado cuando Ron lo había agarrado del brazo. Por suerte, parecía que el veela no había visto nada y Harry respiró aliviado. Tampoco parecía que Parkinson se estuviera excediendo en confianzas con el veela. De hecho, desde su pelea, parecían mucho más distanciados. No tenía ni idea de lo que el rubio le habría dicho, pero fuera lo que fuese, había funcionado.
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.- ¡Y comienza el partido! – Harry levantó la cabeza hacia la zona del comentarista cuando una voz conocida resonó por todo el campo. Era Colin Creevey, un chico de Gryffindor que era su fan número uno y que había pertenecido al Ejército de Dumbledore el año anterior – ¡Weasley en posesión de la quaffle!
Harry se permitió un momento de distracción antes de empezar a buscar la snitch para mirar el juego. Ginny volaba a toda velocidad hacia la portería de Slytherin. Entonces, cuando la pelirroja se vio rodeada de jugadores del equipo contrario, le pasó la quaffle a Katie Bell, pero fue en vano, porque una buggler la golpeó y la dejó caer.
En ese momento fue cuando Harry desvió la mirada y encontró a Draco ya concentrado en buscar la snitch, dando vueltas alrededor del campo. Se habían mirado un momento con complicidad justo antes de empezar el partido y parecía que en mucho rato no volvería a ver los ojos grises y entendía por qué. Draco podía quererlo más que a su propia vida, pero seguía siendo muy orgulloso y no le gustaba nada perder y el hecho de que siempre hubiera perdido frente a Harry no lo atenuaba en absoluto. Estaba claro que Draco quería, deseaba ganar.
.- ¡Gol de Slytherin! – no había empezado ni a buscar la snitch cuando la voz de Colin sonó alrededor del campo, acompañada de los quejidos de las tres cuartas partes del público y de los cánticos de "A Weasley vamos a Coronar" de la zona bañada en verde y plateado. Miró a Ron y se preocupó al notar el color verduzco en su rostro. Se acercó a él.
.- Tranquilo, Ron. No te preocupes. Sólo tienes que relajarte… Sabes que eres un gran jugador – dudó de que sus palabras lo hubieran reconfortado cuando el pelirrojo ni siquiera lo miró a los ojos. Decidió que tenía que encontrar la snitch cuanto antes si Ron iba a jugar tan penosamente como en sus comienzos. De vez en cuando observaba a Draco para saber si había vislumbrado la pelotita dorada, y seguía en su búsqueda frenética.
.- ¡Gol para Gryffindor! – Harry levantó un segundo los ojos. Ginny había sido la autora del gol, quien levantaba el puño eufórica.
Media hora después de que hubiera comenzado el partido, parecía que Ron había recuperado su confianza porque había conseguido parar los últimos intentos de gol por parte de Slytherin. Gracias a eso, Gryffindor iba ganando ochenta a setenta, aunque ambos equipos estaban bastante igualados porque su mejor amigo había tardado mucho en recuperar la confianza.
Harry siguió con su búsqueda alrededor del campo. Entonces, el corazón se le subió a la garganta cuando vio por el rabillo del ojo que Draco descendía a toda velocidad hacia la parte baja de uno de los aros de gol de Slytherin, donde Harry vio por primera vez en ese partido el destello dorado que no podía ser otra cosa que la snitch.
Deseando que no fuera demasiado tarde, se apresuró a descender tras el rubio. Supo que el griterío había aumentado y que Colin ahora hablaba más alto que en lo que llevaban de partido, pero no entendió una sola palabra. Ahora sólo tenía una cosa en mente: ponerse a la misma altura que Draco.
El rubio ya alargaba la mano, a punto de atrapar la snitch, y Harry se encontraba demasiado lejos todavía como para poder impedirlo. Entonces, por suerte para el moreno, la snitch se movió hacia arriba, saliendo del alcance del veela. Harry no desaprovechó esta situación. En un segundo, ya se encontraba tras la pelotita dorada, esperando poder atraparla.
Una buggler lanzada desde el equipo contrario hizo que el moreno se tuviera que desviar de su objetivo el tiempo suficiente como para que Draco lo alcanzara. Ambos, a la misma altura, alargaron sus brazos, intentando alcanzar la snitch dorada. Ésta volvió a cambiar su trayectoria y se precipitó hacia el suelo, seguido por los dos jugadores.
Eso fue la perdición de Draco, porque Harry era muy bueno en ese tipo de maniobras, precipitarse contra el suelo y luego ser capaz de frenar, evitando el impacto, pero al rubio no se le daba tan bien. No le importó. Estaba demasiado concentrado en ganar. Iba a la misma velocidad que su pareja, acercándose a la snitch. En el último momento, Harry logró adelantarse a su rival tan solo unos centímetros, pero los suficientes para alargar la mano y conseguir atrapar la pelotita limpiamente. Logró frenar y aterrizar suavemente.
¡CRACK!
Para Draco había sido demasiado tarde.
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FIN DEL CAPÍTULO
Sí. Sé que he tardado mucho. Lo siento. Lo bueno es que gran parte del siguiente capítulo ya está escrito porque iba a formar parte de éste, pero al final decidí dejarlo ahí.
Gracias por todos sus comentarios, les quiero mucho. Espero que les haya gustado y que me dejen más comentarios.
Un besote manolote
OlgaxTomFelton1
