Capítulo 11: Aries
-"Estás despierto."- Milo abrió los ojos lentamente. Aún no podía enfocar sus ojos y sentía como si todo su cuerpo estuviera a punto de romperse. Se atrevió a alzar un poco su cabeza para ver en dónde estaba. Después giró un poco su rostro en dirección a la familiar voz que le había hablado. Pudo ver la silueta de algo que lentamente se convertía en Saga. Supo entonces que se encontraba de vuelta en la cabaña y que estaba sobre la cama de su maestro. La lámpara de aceite del escritorio ante el que Saga estaba sentado le hizo suponer que ya era tarde. Noche, seguramente. ¿Durante cuánto tiempo había dormido? -"Estuviste todo el día así."- Dijo su maestro, como si hubiera adivinado su pregunta. -"Creí que ibas a quedarte así toda la noche."
-'Ganas no me faltan.'- Milo se incorporó tratando de ignorar el intenso dolor que sentía. Después se bajó de la cama sintiéndose ligeramente inmovilizado debido a los varios vendajes que tenía por todo el cuerpo.
-"Hiciste un buen trabajo. Por un momento creí que perderías."
-'Ya somos dos.'- Su maestro se levantó y se colocó frente a él, hincándose. -"¿Maestro?"
-"A partir de ahora seré solo Saga."
Por unos cuantos segundos Milo no entendió lo que pasaba. Se atrevió a mirar lo que antes había sido su cama. A su lado estaba su mochila, tan llena como cuando se la había llevado como recuerdo de su vida en Milos. Notó la falta de luz en la habitación y miró hacia la única lámpara que los iluminaba. Su luz estaba siendo obstruida por los cinco libros que aún le faltaban por devolver a Antoine.
Los ojos de Saga lo veían como si fuera a ser la última vez. Al ver aquel rostro triste entendió qué era lo que estaba ocurriendo. Era hora de que tomara su lugar como el verdadero heredero de Escorpio. Saga ya no sería su maestro.
Un tercer cosmo fue sentido cerca del lugar. El Santo de Géminis se incorporó y regresó al escritorio para alzar la lámpara y colocarla sobre uno de los libros de modo que iluminara un poco más la habitación. Fueron minutos de una espera casi insoportable. Finalmente, el ruido de alguien llamando a la puerta fue escuchado. Saga abrió la puerta
Entrando de la noche, Milo pudo ver al Santo de Escorpio. Era la primera vez que podía verlo con detenimiento. Después de todo, apenas esa misma mañana lo había conocido al verlo sentado al lado de Saga durante la pelea. Entonces su visión había sido fugaz y poco clara así que ahora se atrevía a examinar el rostro de aquél que habría de ser su maestro durante los próximos años.
-'Tu mirada se parece mucho a la de Ewan.'- Repetía las palabras de su maestro anónimo en su mente. Era cierto. Aunque los ojos del Caballero eran mucho más claros que los suyos, podía reconocerse a sí mismo en ellos. Examinó entonces su Armadura. Le pareció que era un poco más cernida al cuerpo que la de Saga, además de que en lugar de ese temible casco con dos caras opuestas a los lados, tenía uno que parecía solo proteger la frente (por no decir que parecía más un adorno que cualquier otra cosa). Además, el 'casco' tenía una larga extensión que terminaba con la punta de un aguijón.
-"Milo, este es Ewan de Escorpio. A partir de este momento él será tu maestro. Obedécelo y algún día serás el guardián de la Octava Casa."
El niño asintió y recogió su mochila con la mayor rapidez que sus múltiples heridas le permitieron. Saga, por su parte, recogió los libros y se los entregó a Ewan.
-"Son de Antoine. Cuando termine de leerlos por favor regrésaselos."- Ewan solo asintió y después salió de la cabaña. El ahora aprendiz de Escorpio caminó lentamente hacia la puerta sin dejar de ver a Saga que tenía la mirada perdida en algún punto del piso.
-'Por usted seré un Santo de Oro, señor Saga.'- Las inusualmente tiernas palabras de Milo que llegaron a su mente hicieron que el gemelo saliera de su trance. Cuando alzó la vista para buscarlo solo pudo ver cómo la puerta era cerrada por una pequeña sombra. Retomó su estudio del suelo de la cabaña.
-'¿Por qué dejas que se vaya? ¿Es tu manera sutil de alejarlo de ti? Eres considerado. Sabes que si él se queda acabará mal.'- Saga alertó su cosmo al escuchar una voz dentro de su cabeza. Buscaba al dueño de aquellas palabras pero no encontró nada. ¿Quién sabe? Tal vez en su delirio había sido él mismo el que las dijera.
Esa noche dormiría en la Tercera Casa. Después de todo hacía mucho tiempo que no la visitaba.
Milo caminó en silencio detrás de Ewan. Después de varios minutos llegaron ante la entrada de las 12 Casas. El niño nunca había estado tan cerca de esos Templos. En una ocasión le preguntó a Saga si podía conocerlos pero su petición fue negada. Al parecer, eran pocos los que entraban a la línea de defensa más poderosa del Santuario. Miró con interés la Casa de Aries. El mármol blanco brillaba en la noche haciéndose notar todavía más. Una larga escalera se extendía entre la Casa y Milo. El Santo de Escorpio comenzó a ascender hacia la Primera Casa. El niño lo siguió.
Con la respiración agitada Milo alcanzó la entrada del primer Templo. Lo examinó con su cosmo. No había nadie.
-"La Casa del Carnero Blanco. Por ahora está vacía pero su aspirante es aprendiz del mismo Patriarca. Tal vez puedas conocerlo después."
El niño finalmente había conocido la voz de su nuevo maestro. Le pareció una grave pero mil veces más suave que la de Saga. Hablaba en inglés. O al menos eso supuso después de haber reconocido una que otra palabra. La verdad era que si ese realmente era inglés, tenía un acento muy diferente al que Saga había mostrado. Hablaba fuerte, cantado y sumamente rápido con entonaciones nunca antes escuchadas por él. No era fácil entenderle.
Siguieron adelante permaneciendo en silencio. Después de algunos minutos llegaron a la Segunda Casa que, a diferencia de la primera, poseía dos cosmos. El más fuerte de ellos provenía justo de la entrada del Templo. Una vez que entraron a éste, una enorme figura dorada apareció. Ese debía de ser el hombre más grande que Milo hubiera visto en toda su corta vida. A pesar de esto, su tamaño no fue lo que le llamó la atención sino el casco que portaba. Éste tenía dos enormes cuernos a cada costado de la cabeza haciéndolo ver, Milo aceptaba, algo ridículo.
-"El Toro Dorado. ¿No crees que es un buen nombre el que le dieron a esta Casa?"- Ewan mostraba su sonrisa de medio lado y alzaba la ceja derecha. Esta vez habló en un tosco griego, no tanto por los cambios de tono en cada fin de las palabras sino por la entonación despectiva que éstas traían. -"¿Qué dices, Tauro? ¿Esta noche me dejarás pasar sin tratar de matarme?"
-"No debería, pero lo haré."- Ignorando al Santo de Escorpio, caminó hacia el niño y amistosamente le puso una mano en la cabeza. -"Mi nombre es Jothan y soy el Santo que vigila la Casa de Tauro, pequeño."
-'Gracias por la aclaración, no lo hubiera imaginado.'
-"¿Cómo te llamas?"
Milo miró en dirección a su maestro como pidiéndole autorización para contestarle al hombre. Un leve movimiento de cabeza le indicó que estaba bien hacerlo.
-"Milo." 'Más le vale que no salga con el chistecito de la isla.'
-"Así que tú serás el próximo Santo de Escorpio. Espero que portes la Armadura con mayor dignidad que otros que conozco."- Habló, refiriéndose a Ewan.
Ewan no dejó su sonrisa burlona pero caminó hacia Jothan, obligándolo, con una simple mirada, a separarse de Milo.
-"Ambas cosas están por verse. Aunque si todo sale bien, nunca te daré el gusto de verme sin el rango de Santo. Morirás o saldrás de Atenas antes que eso."
-"Eso también lo veremos, entonces. Pueden pasar por la Segunda Casa. Pero que no se les haga costumbre regresar después de que se oculte el Sol. La próxima vez no les dejaré pasar."
-"Supongo que Aries siempre podrá ser una opción de en dónde pasar la noche."- Un sugestivo guiño y una ligera inclinación y Ewan siguió adelante en su recorrido a través de las 12 Casas, seguido por un Milo que se despidió de Jothan con una inclinación mucho más acentuada.
Las siguientes cinco Casas fueron atravesadas sin mayor ceremonia. No había nadie en ellas. Milo creía haber entendido del extraño inglés de su maestro que el aspirante de Cáncer estaba entrenando en algún lugar de Italia y que el de Virgo estaba en la India. Le pareció haber escuchado algo sobre Dios, pero no pudo entender más.
Finalmente llegaron Octava Casa. Milo se sintió aliviado por haber llegado. No podía esperar para poder acostarse en donde fuese que tuviera que hacerlo. Vio a su maestro tirar de golpe los libros de Antoine a mitad del pasillo principal.
-"Deja tu mochila."- Confuso, Milo se quedó inmóvil por varios segundos hasta que pudo interpretar las palabras de Ewan. Soltó la mochila con mayor delicadeza con la que los libros lo hicieron. Casi desfalleció al ver cómo el Santo de Escorpio siguió a través del pasillo con intenciones de salir de la Casa. Aparentemente, aún iban a seguir subiendo. Muy probablemente hasta la Cámara del Patriarca. Resignado, Milo tomó un hondo respiro y siguió una vez más a su maestro.
La Casa de Sagitario fue cruzada con rapidez. El niño pudo sentir el cosmo de los hermanos pero no hubo recibimiento alguno. A Ewan esto no pareció molestarle. Siguieron entonces hasta la Decimoprimer Casa.
Camus se asomó por la entrada del Templo de Acuario y después se perdió de vista corriendo al interior del mismo. No fue sino hasta que Ewan y Milo pusieron un pie dentro de ella que Antoine apareció, con Camus a sus espaldas.
-"¿Se puede?"- El Santo de Escorpio habló una vez más en griego mientras se quitaba su casco y lo cargaba en su mano izquierda.
-"¡No sin antes felicitar al pequeño pirómano!"- Sin que Milo pudiera hacer algo, Antoine se le acercó lo suficiente para tomarlo de la pierna izquierda y levantarlo del piso, dejándolo boca abajo. Sintió varias punzadas en los lugares que Aioria más había golpeado pero contuvo cualquier expresión de dolor. Solo se quedó quieto, esperando en silencio a que su maestro le diera el permiso de quemar al Santo de Acuario y pensando en lo divertido que sería si esta vez le quemaba la barba.
-"Desafortunadamente no pudimos ver tu pelea pero seguro que ya nos darás otro espectáculo un día de estos ¿no?"
-"Déjalo, Barbegazi. ¿Qué no ves que está herido?"- A diferencia de lo que Milo esperaba que hiciera, su maestro se limitó a tomarlo por su pierna derecha y cargarlo del mismo modo que Antoine lo había hecho.
-"Lo que me recuerda. Tengo algo qué pedirte."
-"Que sea mañana. Ahora no tengo tiempo."
-"¿Vas con el Patriarca?"
-"Es hora de presentarle a su Ilustrísima al Adh seidh. Si espero un poco más, el Señor se dormirá y no podré acabar con esto de una buena vez."- Pudo ver como Milo le sacaba la lengua a un muy entretenido Camus. -"¿Qué dices, diabhal? ¿Seguimos adelante?"- Después de esto lo dejó lentamente en el piso para que se pudiera incorporar. Una vez que se sintió de vuelta al suelo, Milo asintió y salió a la par de su maestro, esta vez sin inclinarse ante el Santo Dorado pero mostrándole la lengua por segunda vez a su aprendiz.
La Casa de los Dos Peces estaba tan abandonada como las primeras. De lo poco que entendió, dedujo que el aspirante de la Armadura de Piscis estaba en entrenamiento, pero la verdad ya no estaba seguro de nada. Siguieron adelante hasta encontrarse con la Cámara del Patriarca. Caminaron sin prestar atención a los soldados que vigilaban el lugar y finalmente se encontraron con una enorme puerta cuadrada que fue abierta en par en par por el Santo de Escorpio. Entraron a la habitación en donde una figura enmascarada descansaba en un trono en una posición nada humilde. Erguido a su lado tenía a un extraño hombre sin cejas y una larga túnica blanca. Al ver que su maestro se hincaba en el suelo ante semejantes personas, Milo se vio forzado a hacer lo mismo. Finalmente había conocido al Patriarca. O al menos a su máscara.
-"¿Quién es este niño, Ewan?"- El hombre de pie habló.
-"Milo."
-"¿Lo has elegido como el futuro Santo de Escorpio?"- El Patriarca aceptó entrar a la conversación pero no se levantó. Ni siquiera inclinó su rostro para ver a Milo.
-"Lo he elegido para darle la oportunidad de serlo, su Santidad."- Shion rió ante la presunción del Santo, a pesar de que ya estaba acostumbrado a ella. -"Si usted lo permite, por supuesto."
-"¿Estás dispuesto a dar tu vida y muerte a Atena, Milo?"- El Patriarca casi susurró la pregunta obligada a los aspirantes de las Armaduras Doradas. No era como si alguno fuera a decir que no.
-"Si, señor."- A estas alturas, a Milo poco le interesaba Atena. Solo estaba en el Santuario porque le divertía y le gustaba. Además, sentía que no tenía nada mejor qué hacer.
Shion sonrió debajo de su máscara. Era obvio que el niño no tenía mucho interés en la Diosa, al menos no el necesario. Eso era común en los niños de su edad. Sería su maestro el que tendría la responsabilidad de inculcarle el amor que le debían sus Santos a Atena. Un nuevo cosmo en el cuarto llamó su atención.
-"Muéstrate, Mü."
Milo se atrevió a alzar y girar un poco su cabeza, al menos lo suficiente para encontrar a la persona que tenía aquel nombre tan curioso. Se trataba de un aprendiz vestido con ropa común. La normalidad de su ropa contrastaba con la rareza de la persona que la portaba. Largo cabello violeta, ojos azul oscuro, casi negros, y dos puntos color vino en su frente sin cejas eran las extrañas características de aquel niño que no parecía ser menor que él.
-"Buenas noches, maestro."- A Milo no le sorprendió escuchar de aquel niño palabras casi inaudibles de tono sumiso.
-"Este es Milo. Él será el aprendiz de la Octava Casa."- Mü miró en dirección al niño que se hincaba ante su maestro. -"Espero que se lleven bien. Puede que algún día ambos peleen juntos."
-"Sí."- Caminó hacia el trono del Patriarca y tomó a éste de su túnica negra para jalarla un poco. -"Es tarde, maestro."
-"Tienes razón. Es hora de que ambos descansemos."- Se puso de pie utilizando su propio asiento como soporte y después se dirigió al Santo de Escorpio. -"Es fácil ver quién es la constelación guardiana del niño, Ewan. Claro que puedes ser su maestro."
Una inclinación más y un agradecimiento cerraron la corta reunión con el Patriarca. Tanto Milo como su maestro se levantaron y salieron de la habitación.
Arles observó a su hermano ser jalado a su cuarto por Mü. Una vez que se vio solo, se sentó en el trono y cerró sus ojos sintiéndose de repente sumamente cansado.
Ewan y Milo llegaron en cuestión de minutos a la Octava Casa pues esta vez no se toparon con ningún tipo de obstáculos. Aparentemente todos habían optado por dormirse temprano esa noche.
Milo fue guiado a un cuarto con una cama pequeña, un librero, una mesa de noche y un escritorio. Ewan no se molestó en encender ni una sola de las lámparas del lugar. Solo dejó amontonados en los estantes los libros que había recogido del suelo una vez que regresaron a Escorpio, y en una esquina del cuarto la mochila de Milo quien, siguiendo las órdenes mudas de su maestro, se acostó en la cama. Ni siquiera se tomó la molestia de deshacerla. Quedó profundamente dormido.
Ewan no pudo evitar sentir un poco de molestia ante esto.
-'Supongo que uno de los dos tendrá que cambiar sus hábitos de sueño.'- Salió entonces del cuarto, cerrando lentamente la puerta detrás de sí.
Sintiéndose demasiado despierto todavía se dirigió a su cava improvisada. Tal vez si tomaba un poco, le daría un poco de sueño.
Y aunque no lo hiciera, al menos le harían la noche un poco más agradable.
Comentario de la Autora: Ah, que el Ewan... me salió bien vicioso. XD Pero es lindo ¿no? ¡DIGAN QUE SI! ¡DIGAN QUE SI! -.- Bueno, si no quieren no lo digan. ¡Pero yo se que lo piensan! Jajaja! No se crean. Sé que puede ser un poquito exasperante. Pero entiéndanlo. Okey... veamos. Un Barbegazi es algo así como un gnomo de las nieves que vive en Francia y Suiza (viene del francés barbes glacées barbas heladas o algo así). Nombre indicado para el hombrecillo este ¿no lo creen?
¡Ya salió el personaje onomatopéyico (Mü)! .. Total, no creo que salga otra vez hasta dentro de un buen rato. Y Saga... seguro ya notaron que algo está pasándole. XD Pero finjan sorpresa ¿quieren?
Eso es todo por ahora. ¡Sí! ¡Espero que les haya gustado! ¡Domo arigatou minna-sama!
