Esto de tener mucho hype por Gintama está provocando que escriba como una maniática XD Pero bueno, es lo que pasa cuando mis ideas empiezan a conectar y mi oscuro ser decide meter su cuchara. Haciendo eso a un lado, estoy segura de que ustedes estarán felices por leer nueva actualización; aunque me temo que al final se estarán haciendo muchas preguntas sobre lo que realmente está ocurriendo aquí y lo que irá acaeciendo de ahora en adelante :D Bueno, les dejo que se hagan bolas solitas. Lo sé, soy una persona muy mala :D

*I love Okikagu.- Estoy a la expectativa de qué pensarás cuando termines de leer esto. Y también veré si eres capaz de leer entre líneas una clara insinuación que puse para cierta personita XD Miwa es todo un personaje, no te dejes engañar por su suave personalidad jajajaja.n

*Guest.- Ojalá este también sea de tu grado. Tiene mucho misterio.

*Mi-cha.- Abuto es el personaje que seguramente haga y siga haciendo los descubrimientos de la trama XD Vamos, que no se le escapa nada al tío. Y todos cambian de opinión si se les amenaza con un rifle.

*Jugem.- Pues aquí lo tienes XD Creo que causará un poco de impacto en ti y te haga re-evalular la manera poco ortodoxa en que Kamui quiere conseguir sus objetivos.

*Lu89.- Me hace mucha ilusión escuchar/leer que mi historia ha llegado a convertirse en una de tus favoritas :') Deja el entrenamiento, lo que se avecina ahora XD –creando líos en sus historias desde hace ocho años-.

*Anonymous.- Yua es bien padre, Abuto la tendrá difícil si es que quiere conquistarla y más ahora que tendrá tentaciones de por medio :D Y sobre lo de Kamui y la Séptima Familia, todo será respondido en este capítulo. Aunque habrá más dudas.

*Mitsuki.- El único que no ha de estarse divirtiendo con todo ese asunto es Okita XD Pero bueno, el amor a veces duele, ¿no? Soyo es una buena persona y se preocupa por sus dos amigos mafiosos; y claramente tiene toda la razón. Y Miwa, ella es muy particular, ya sabrás por qué lo digo lol

Lección 12

No huyas de la realidad que está frente a ti

Sabía de antemano que pondría un semblante estoico en cuanto tratara con él ese tema tan escabroso. Sin embargo, no había tenido otra elección; tenía que confrontarlo si quería obtener su permiso y así, cumplir con la palabra que ofertó sin pensárselo muy lógicamente. Debía enfrentar las consecuencias de sus desplantes y simultáneamente, negociar con su padre para obtener la respuesta que tanto ansiaba.

—¿A qué debo una petición tan repentina como esta, Tora? —el hombre le observaba, analizando cada uno de sus gestos faciales, desde la comodidad de su asiento. Ella había ido a verle a su despacho privado donde podrían hablar sin interrupciones.

—…Yo he decidido que formen parte de la familia por capricho mío…—las cosas como eran. No sabía mentir bien frente a él cuando se ponía tan severo—. Pero sé que no tengo la autorización necesaria para hacerlo. Y por ello he venido a pedírtelo, padre.

—Te recuerdo que ese muchacho quiere cortarle la cabeza a tu padre —le conmemoró—. ¿Piensas meter a una amenaza como esa a la familia?

—Si lo consideraras como eso, no le hubieras obligado a vigilarme durante todo este tiempo —ella conocía a su padre y lo sobreprotector que podía llegar a ser; aun como era, no le pondría a alguien que representara una amenaza para ella y la familia—. Por lo que no creo que lo veas del todo así.

—Así que has estado analizando a tu padre —sonrió a medias y su mirada parecía haber vibrado por unos cuantos segundos—. Ya vas pensando más como una sucesora que como una niña de preparatoria.

—¿Cuál es tu respuesta entonces?

—Más allá de que estén cualificados para unirse a la familia, ¿tú estás preparada para manejarlos? —interrogó con una seriedad caladora—. Lo que hagan los subordinados, esté ligado o no a las peticiones de hechas por su superior, recaen inmediatamente sobre el jefe… Si ellos llegan a cometer un error o a crear un gran disturbio dentro o fuera de nuestra familia, la responsabilidad caerá sobre ti y tendrás que pagar por ello.

—Lo sé perfectamente —conocía las reglas de la casa, entendía cómo debía jugar para mantenerse con vida y también estaba al tanto de los riesgos que implicaba meter a alguien que se guía por su instinto y hace nula atención a peticiones externas—. Yo daré la cara si ellos llegan a atentar contra alguna de nuestras reglas.

—Me gustaría saber cómo fue que esos muchachos te hicieron cambiar de este modo, pero sé que es inútil preguntártelo —estaba un tanto sorprendido por su cambio de actitud. Ella nunca había mostrado interés por la familia o por agregar nuevos miembros a la misma; Tora estaba actuando de esa manera por ese grupo de salvajes y no sabía si verlo como algo que aplaudir o temer.

—Me convertiré en el próximo cabecilla de la familia, lo quiera o no, así que por lo menos quiero contar con gente de confianza a mi lado cuando ese día llegue —si no podía rehuir de su maldición, ¿por qué no hallar una manera de solventar el amargo camino?

—¿Es que mis actuales subordinados no cumplen tus estándares?

—Yo no dije eso —estipuló sin titubeo alguno—. Pero quiero a gente que esté a mi lado por quien soy y no por el lugar que he sido obligada a ocupar por tradición.

—En verdad estás haciendo que me sienta orgulloso de ti, hija —se carcajeó con estruendo, como quien ha disfrutado del mejor chiste del mundo—. Si tanto deseas a esos chiquillos para que sean tus subordinados, adelante…—se levantó y se encaminó hacia ella. Incluso había colocado sus manos sobre sus pequeños hombros—. De ahora en adelante ya no requerirás mi aprobación para reclutar más miembros… Considéralo como una prueba que tendrás que superar y que ofertará sus resultados con el paso del tiempo.

—Si ese es el caso, les permitiré el acceso en este momento a la casa.

No era la primera vez que entraban a esa lujosa mansión, pero sí era la primera ocasión en que lo hacían de la manera correcta, sin despertar sospechas y como futuros miembros de la Séptima Familia del Harusame. Prácticamente podía respirarse el aire de compañerismo hacia ellos por parte de los que vivían dentro de los humildes aposentos de Housen.

Mientras Ugyu y Abuto se replanteaban seriamente si estaban haciendo lo correcto en no salir corriendo de allí y olvidarse de todo lo referente a esa familia, Kamui sonreía con ahínco, con un entusiasmo desbordante y prácticamente se le veía como pez en el agua. ¿Es que él había nacido para pertenecer a un mundo tan peligroso movido por sus instintos de lucha o simplemente su naturaleza se amoldaba a ese lúgubre mundo?

Los tres se detuvieron en cuanto se encontraron a esa jovencita. Ella se limitó a indicarles que debían seguirle hasta la segunda planta y fue entonces que descubrieron que su plática tendría lugar en la habitación de la castaña.

—¿Este es tu cuarto? Luce más femenino de lo que imaginaba —fue el comentario alentador de Abuto en cuanto vio todo con lujo de detalle—. Tu obsesión por los pandas es hilarante —es que había un peluche gigante sobre la cama de Tora y muchos más de diversos tamaños en la alfombra central del lugar.

—Creo que nadie te respetaría si supieran que duermes en un sitio como este —Kamui se había sentado en la orilla de la cama y mantenía su atención en esa pizarra blanca que estaba junto a la ventana—. Admito que me has sorprendido por haber obtenido la aprobación de tu estricto padre.

—Digamos que estaba feliz por ver que su querida hija actuar como una mafiosa —decía con burla, pero claramente no le daba gracia—. Antes de convertirse en miembros oficiales deben escuchar una aburrida plática sobre las normas de la familia y cosas por el estilo.

—¿Va a ser muy larga esta plática?¿Puedo ir por algo de comer antes de que la clase comience?¿Puedo usar tu panda como asiento?

—Sí, será larga… Mandaré por alguien para que nos traiga de comer… ¡Y no, no puedes usar al Señor Kotaru como puff, Kamaho!

—¿Le has puesto nombre a tu oso gigante? Creo que eres más niña de lo que pensaba que eras —Abuto se reía descaradamente, en su cara. Pero su comentario recibió la Jump en su sien; un bárbaro menos con el cual reñir.

—Como les iba diciendo —tosió para captar la atención de Ugyu y Kamui—. Como bien saben, el Harusame estaba conformado por doce familias originalmente, pero con el paso del tiempo solamente lograron preservarse siete… El resto o se disolvieron o se unieron a las sobrevivientes —empezó a escribir sobre el pizarrón una secuencia numérica que iba del uno al siete—. Las familias se diferencian por su número y color… Es decir, los miembros están obligados a portar una especie de "uniforme" que les identifique ante las demás… La primera familia ocupa el color blanco, la segunda el amarillo, la tercera el morado, la cuarta el verde, la quinta el rojo, la sexta el naranja y la séptima el azul.

—Se puede deducir por norma que cada familia debe identificarse ante las demás en todo momento, ¿no? —Abuto al fin había regresado del inconsciente.

—Una de las normativas del Harusame es identificarse siempre ante las demás familias. Por eso se establecieron números y colores para cada una —ahora había colocado fotografías bajo cada número—. En la Primera Familia tenemos a Shirei, un valiente general y que a la vez es el más veterano de todos los jefes. Para la segunda está Pluto Batou, el espadachín más fuerte de todo el Harusame y que ha sido apodado por todos como el Rey de la Espada de la Estrella…—Kamui parecía ensanchar más su sonrisa ante el nombrar de un hombre tan prometedor—. Uranus Hankai es el líder de la tercera división, considerado como el maestro de las tretas y aunque el número de integrantes de su familia es bastante pequeño comparado con el resto, es un enemigo peligroso —y si las palabras no eran suficientes para advertir, su apariencia dejaba mucho que desear—. En la cuarta familia tenemos a Neptune Shoukaku, un gorila orgulloso de su fuerza e instintos de lucha —aparentemente esos tres resultarían un verdadero reto—. En la Quinta estamos frente a Kujaku Hime Kada, una mujer calculadora y manipuladora que tiene la fama de torturar a quienes le desobedecen —expresó, devolviendo su atención en los miembros restantes—. En la Sexta hay todo un personaje… Su nombre es Elizabeth y lo que hay debajo de ese traje es un verdadero enigma; aunque por algo le han denominado como el "Diablo Blanco"… Y bueno, ya conocen al jefe de la Séptima Familia.

—Mira cómo has dejado de emocionado a este estúpido —le recriminaba el castaño—. Esta que se sale de sí mismo de que ha comprobado que los jefes del Harusame son peces gordos.

—No es mi culpa que se haya caído de chiquito y haya quedado así, Abuto —añadió la castaña en su defensa—. Ahora enfoquémonos en los próximos jefazos…—colocó unas fotografías más, dejando un espacio bajo la primera familia—. Bishamon fue el elegido para liderar a la Segunda Familia y está de más decir que es fuerte —ese rubiecito se había mantenido ecuánime pese a las provocaciones que el pelirrojo le ofertaba constantemente—. Fudo, el mayor de tres hermanos, está por la Tercera Familia y es un sujeto que tiene mala fama entre los sucesores por ser especialmente sádico y poco ortodoxo con sus subordinados y enemigos; él es alguien con quien no se debe jugar.

—Tiene una pinta de psicópata que flipas —disertaba el castaño al mirar cuidadosamente la fotografía de semejante marginado social.

—En la cuarta tenemos a Yoshio… Es un genio para los negocios y al ser tan buen estratega, ha logrado vencer a numerosos enemigos sin malgastar energía y recursos. Sin embargo, aunque lo vean así de tranquilo y bonito, no dudará en sacarles el corazón con su naginata… Y bueno, ya conocen a las locas de la Quinta y Sexta Familia, por lo que no merece que ni las menciones.

—Oye, ¿pero no te has olvidado del sucesor de la Primera Familia? —a Abuto no se le escapaba nada.

—Es que no lo puse porque todavía no se ha decidido quién será el sucesor —informó, provocando confusión en todos—. Al actual jefe no le sobrevive ningún hijo consanguíneo, por lo que durante años él se ha hecho cargo de toda la familia… Mi padre me comentó que tiene dos prospectos para que sean sus sucesores, pero todavía no ha tomado la decisión.

—Podrías participar para el papel —decía cómicamente el castaño.

—Ahora hablaremos sobre las normas que todos los miembros del Harusame deben respetar a rajatabla o serán asesinados —la chica llamó la atención de todos tras el ligero golpe de su mano contra la pizarra—. 1.- La traición es inadmisible. Una vez jurada lealtad a una familia, no puede formar parte de otra a menos que el jefe muera o el grupo se disuelva por completo.

—¿Te das cuenta que en cuanto entremos tendremos un bonito collar en el cuello? Nos cortarán hasta los cojones si llegamos repentinamente con intenciones de claudicar.

—2.-Los miembros de cada familia deberán identificarse con el resto para que no existan los malos entendidos… 3.- La manera en que cada familia se mantenga, crezca, prospere, no deberá chocar o perjudicar a la de las demás.

—Nada de meterse en los negocios de las demás. Ha quedado fuerte y claro —Abuto, el único que era partícipe de la plática. Kamui se encontraba tumbado sobre el Señor Kotaro; si tenía pelotas para adueñarse de la cama de su futura jefecita.

—4.-Las riñas internas entre familias deberán resolverse mediante arreglos que no siembren la violencia excesiva o el deceso de miembros.

—Bastante civilizados y razonables para ser mafiosos —canturreó el mayor de todos.

—Con todo esto solamente me queda claro que no puedo asesinar a ninguno de ellos sin tener a todo el Harusame sobre mí —expresó Kamui un tanto pensativo, como si intentara encontrar un modo para resolver tal predicamento—. Bueno, tendré que conformarme por el momento con derrotarlos a todos.

—¿Estás segura de que lo quieres en tu familia? Ni yo lo recomendaría para eso. Todavía puedes echarlo.

—Bien, ya es demasiado tarde para retractarme…Ya he hecho las reservaciones y la ceremonia tendrá lugar este fin de semana —suspiró cansadamente.

—¿Ceremonia? —los tres parecían tener el mismo cuestionamiento.

—…Y ahora que lo pienso, también tenemos que ir a comprar ropa…

Nunca pensó que el camino del té resultaría ser un sendero demasiado curveado y peligroso, donde se requería más que voluntad y habilidad para lograr recorrerlo. Tampoco se imaginó a sí misma dedicando horas enteras en aprender el uso correcto de los doce utensilios empleados para la ceremonia del té o que tendría como tarea diaria estudiar sobre la historia del mismo y empaparse de toda la sabiduría y aprendizaje que se escondía tras un evento que para muchos no era demasiado significativo.

Y entre todo ese martirio, también tenía que pulir sus habilidades para caminar por los pasillos con ese ostentoso y pesado kimono que apuradamente la dejaba respirar; y que la rubia le hubiera colocado un par de enciclopedias en la cabeza para mejorar su andar, no era muy beneficioso para ella. No cuando la pelinegra era tan torpe que terminaba cayéndose antes de siquiera completar un recorrido.

—¡L-Lo…Lo siento! —ya no sabía cuántas veces llevaba disculpándose, pero no eran las suficientes para redimir su manques.

—Por hoy demos terminado el entrenamiento, Soyo-chan —dijo Miwa, viendo a la joven que yacía botada sobre el piso con esos libros desparramados a sus costados—. Te has esforzado mucho en esta semana.

—Pero no lo suficiente… El té todavía no me queda y se me olvidan los pasos a seguir para servirlo…Mis arreglos asustan a la gente y me tropiezo a cada momento…—empezaba a creer que la decisión de Yua sobre ella estaba errada.

—Dominar esta clase de cosas toma su tiempo, por lo que no deberías sentirte mal por ello —había decidido tomar asiento a su lado. Dentro de ese dojo solamente se encontraban ellas dos y los sonidos de la naturaleza que se filtraban desde el jardín.

—…Me pregunto cómo les estará yendo a las demás…—no es como si no se vieran, pero en la escuela ninguna deseaba hablar sobre los traumas psicológicos que el entrenamiento de Yua les estaba provocando.

—Hasta donde tengo entendido, Kagura-chan ya es capaz de recorrer esa distancia en buen tiempo y en más de una ocasión ha logrado alcanzar al chico-señuelo.

—Eso significa que debe estar muy feliz —Tokugawa sabía que parte de la dicha en la vida de su amiga nacía a través del maltrato psicológico y físico hacia Okita.

—Tora sigue ampliando su gala de platillos, aunque todos sencillos —finalizó su informe.

—Todas están esforzándose mucho —si sus dos amigas continuaban luchando, ella no tenía por qué deprimirse.

—Miwa, ¿dónde demonios has dejado mi colección de botellas de salsa picante?

Soyo no tenía ni la más remota idea de que el blondo se encontraba dentro de la residencia en esos momentos. Aunque eso era insustancial cuando sus pupilas se enfocaron en él de manera semi automática en el instante en que entró y dirigió su voz hacia su hermana mayor.

—¡….! —una chica de su edad no estaba preparada para lo que estaba viendo. ¿Es que no había suficiente ropa limpia como para que le dieran una a ese muchacho que recién había salido de la ducha?¿Es que se sentía cómodo yendo por allí solamente con ese pans y una toalla alrededor del cuello? —. ¡¿Bi…Bisha…Bisha-san?! —ahora le quedaba claro que la ropa no se le veía bien sólo porque sí. Sí, ese chico había aprendido a ejercitarse muy bien porque no existía nada en ese abdomen que no fuera perfección.

—¡Idiota, ponte una maldita camisa! —la rubia le arrojó una de las enciclopedias en su bello rostro. La pelinegra estaba fuera de combate—. ¡Mira lo que le has hecho a la pobre Soyo-chan! —la tenía en brazos totalmente desmayada y con la cara roja.

—Pero si yo no he hecho nada. Solamente vine a preguntar por mi colección —reiteró.

—Claramente tiré toda esa basura y el resto de tus tontas colecciones —ya que trataban el tema.

—Regalaré toda tu ropa, joyas y perfumes a la primera persona que pase por la casa —amenazó.

—¡Pues yo le mostraré tus fotografías vergonzosas de niño a Soyo-chan y le contaré esas anécdotas que no quieres que nadie sepa!

—¿Ah sí? Pues le hablaré a todas tus amigas para que vengan a visitarte y vean que sigues tan solterona como hace tres años atrás, y que no te has casado porque nadie aguanta tu carácter.

—¿Quieres que le hable a Chiaki, no es verdad?¿Quieres que convenza a papá para que te obligue a casarte con ella? —y Bishamon decidió sabiamente no decir nada más.

Nunca antes habían abandonado la ciudad que les vio nacer, pero no se sentían inquietos por su alrededor, por esas miradas y cuchicheos que empezaron a rodearles tras descender de la oscura limusina. No, esos hombres derrochaban seguridad y tenían el suficiente coraje como para no intimidarse con tan poca cosa.

Mientras caminaban, pudieron notar a sus costados, la presencia de exquisitos jardines que eran cuidados con enorme esmero, así como árboles de ciruelo que no volverían a florecer hasta la siguiente primavera. No obstante, lo que captaba la mirada de esos tres, era lo que estaba a unos metros de distancia y que representaba el lugar donde se llevaría a cabo la afamada ceremonia de la que tanto les habló la castaña.

La pagoda de madera que les daba la bienvenida contaba con ocho niveles y una fachada magnifica que conservaba sus glorias pasadas, convirtiéndole en un patrimonio de la humanidad. Era una construcción antigua y aparentemente, muy respetada por el mundo de la mafia, hasta el punto de servir como punto de encuentro entre familias cuando la situación lo requiriera.

—Hemos llegado —Tora permanecía frente a esos tres, mientras los dos sujetos que custodiaban la entrada al lugar abrían las puertas para ella y sus acompañantes—. Sinceramente no imaginaba que esa clase de ropas les fueran a lucir tan bien —ninguno de esos hombres iba con sus atuendos escolares; ahora llevaban ropajes orientales que extrañamente les quedaban como anillo al dedo.

—¿Realmente había necesidad de viajar hasta Osaka para hacer una ceremonia? —es que Abuto no creía en una locura como esa.

—Son excentricidades de los viejos, no te quejes conmigo —entraron si mayor titubeo y encontraron inmediatamente la recepción—. Iré a registrarnos, por lo que no se muevan de aquí, ¿entendido?¿Quedó claro, Kamaho? —la chica se fue rogándole al cielo para que no cometieran ninguna tontería.

—Parece un sitio sumamente concurrido —el castaño miraba con disimulo su alrededor. Gente ascendía y descendía por las escaleras centrales y muchas otras miraban lo que ocurría desde pisos superiores—. Me siento como una rata de laboratorio con la que recién van a experimentar.

—Esto sólo demuestra la influencia del Harusame, Abuto —Kamui deslizó sus celestes pupilas a la entrada. Gente conocida se vislumbró—. Bishamon.

—Al parecer te han ganado en llegar —había alguien más acompañándole—. Mi nombre es Miwa y soy la hermana mayor de este rebelde sin causa.

—Ignoren lo que dice, está loca.

—De modo que ustedes han venido a la ceremonia para afiliarse a la Séptima Familia —expresó con cierta emoción la rubia—. Sigo pensando que es exagerado venir hasta aquí solamente para intercambiar copas de sake y oír un discurso aburrido de un viejo en decadencia.

—Las tradiciones de los ancianos, ya sabes —hablaba Bisha—. Es de ese modo en que la mafia afianza lazos de hermandad.

—Todo ha sido idea de este idiota cabeza de perilla —Abuto señalaba al sonriente pelirrojo que por alguna razón se encontraba intercambiando aún un "suave" apretón de manos con el hermano menor.

—Aunque lo bueno de esa ceremonia, es que después hay una celebración que dura toda la noche —alguien era amante de las fiestas y no tenía miedo por expresárselo al mundo.

—¿Y te sigues preguntando por qué ningún hombre se quiere casar contigo? —el rubio era valiente, pero su hermana mayor sabía usar muy bien las proyecciones de judo para estrellarlo contra el suelo.

—Eso ha sido realmente formidable, señorita. Si no le molesta, haga lo mismo con mi estúpido acompañante —le aplaudía Abuto a Miwa.

—Oh, creo que todavía no nos hemos presentado —al diablo que estuviera pisoteando al futuro jefe de la familia, ella era una tía de modales impecables y estaba platicando muy amenamente con el castaño.

—…Bisha, te sugiero que pidas una habitación para ti mismo. La necesitarás —fue el consejo que Tora le dio en cuanto regresó y miró en el estado en el que se encontraba.

La susodicha ceremonia no tendría lugar hasta dentro de cuatro horas más, por lo que había tiempo de sobra para recorrer el lugar tras haberse instalado en su habitación. Incluso les habían llevado servicio al cuarto para que pudieran llenarse la tripa tanto como quisieran.

—¿Estás seguro de que te quieres quedar ahí botado, Ugyu? —interrogó por última vez el castaño para quien estaba recostado sobre su cama, dándoles la espalda.

—Déjalo, Abuto. Al parecer le ha dado dolor de estómago después de que supo que lo que estaba comiéndose era hígado de pato.

—Sólo a él se le ocurre comerse eso —suspiró y dio media vuelta hacia la puerta y salir. Tanto él como el pelirrojo querían conocer todo el lugar—. Nada de buscar pelea o no la contaremos.

—Sabes Abuto, he estado pensando últimamente en algo.

—Me sorprendo de que hagas algo como eso —sus habitaciones se encontraban en la segunda planta, por lo que se dirigirían hacia las escaleras para continuar ascendiendo—. Y bien, ¿cuál es la estupidez que ha cruzado por tu cabeza ahora?

—…Que no sería mala idea hacerme un día del control de la Séptima Familia —las pupilas de su interlocutor se expandieron ante lo que implicaba un caprichito como ese. Es que sabía que estaba loco pero ya estaba renovándose a sí mismo—. Al ser un simple subordinado nunca tendré oportunidades reales para poder enfrentarme a los demás jefes, porque su autoridad estará sobre la mía… Estaré limitado.

—Oi, oi, oi, ¿te estás escuchando?¿Sabes lo que estás diciendo?¿Entiendes lo que es ser un suicida?¿Y cómo demonios pretendes hacer algo como eso? —ambos se habían detenido en media escalinata, observándose mutuamente, leyéndose entre líneas no dichas—…Corrijo la pregunta… ¿Cómo esperas que él lo considere siquiera? —estaba sudando y no era él quien iba a realizar semejante plan.

—…Lo que a Housen le interesa es el poder. Las personas débiles no le sirven y tampoco las considera siquiera —subió dos escalones, deteniéndose una vez más—. Él está en busca de una persona que entienda su manera de ver las cosas y que cuente con lo necesario para mantener lo que con tanto esmero se esforzó en crear.

—Ey viejo, ¿es que planeas convertirte en el hombre más fuerte de todo el Harusame? Esa es una ambición digna de un maldito suicida.

—Haré lo que sea necesario con tal de obtener mi objetivo, Abuto —sonreía discretamente, pero con ese sabor de ambición saboreándose en sus labios—. Si hago que la Séptima Familia se vuelva la más fuerte y temida, entonces todo lo demás vendrá solo.

No dudo de sus agallas y carencia de escrúpulos para conseguir lo que quiere. Sin embargo, tengo el presentimiento de que su obsesión con el Harusame está dada por algo mucho más que probarse a sí mismo que puede llegar a ser el más fuerte de todos… ¿Qué es lo que realmente está pasando por la cabeza de este chico?

—Pero si es…

—¿Qué se supone que está haciendo por aquí?¿No se supone que solamente aparece cuando alguno de los jefes le llama? —preguntas como esas y exclamaciones de sorpresa, fueron rápidamente multiplicándose por todo el lugar, provocando el desconcierto de quienes apenas estaban familiarizándose con el lugar y las personas que allí se encontraban.

El tacón de sus botas marrón creaba eco sobre cada escalón que iban tocando. El azabache de su uniforme escolar resaltaba la corbata roja que pendía de su cuello, ayudando a resaltar el blanco de su desabrochada gabardina.

No había rostro que admirar porque este se mantenía totalmente resguardado detrás de aquella máscara de zorro de colores negros y carmesí; ni siquiera la tonalidad de sus pupilas podría apreciarse a través de los orificios creados para la visión de su poseedora.

Su cabello, que palidecía a la pureza del algodón, había sido sujeto en una coleta alta, ondeándose de acá para allá conforme su poseedora se movía. Su piel poseía la tonalidad de alguien que jamás se ha expuesto a las inclemencias del sol, y su esbelta figura hacía de ella una criatura particularmente frágil pero llamativa.

—¿Por qué has vuelto a aparecer en nuestro camino…? —¿a quién estaba dirigiendo sus palabras? Porque a simple vista parecía haber iniciado un monólogo interno que nadie llegaría a comprender jamás.

¿Quién era? Eso dejó de interesarle a esos dos en cuanto se percataron de las verdaderas intenciones de esa mujer. De esa que en un simple parpadeo había desenvainado ese par de espadas y no había tenido miramiento alguno en dirigirlas hacia ellos; logrando destruir el piso bajo sus pies en un intento fallido por tajarles en pedacitos.

Aun cuando pensaban que iba por los dos, todo se esclareció cuando se separaron y ella se limitó únicamente a seguir a uno; al mismo que atacaría sin tregua ni descanso hasta ensartar el peligroso filo de sus katana en su endeble cuerpo.

—¿Esta es la bienvenida que recibo tras unirme al Harusame? —Kamui limpió la delgada línea de sangre que corría por su mejilla derecha, esa que fue creada en el instante en que ese objeto filoso estuvo tan próximo a su persona—. Creo que podría acostumbrarme.

—No permitiré que tú te unas al Harusame…—para Kamui el mayor desconcierto que experimentaba con esa mujer eran sus palabras. Esas que le estaban indicando que ella lo conocía y sabía mejor que nadie la razón por la que estaba allí.

—Lamento decirte esto, pero ya me encargué de convencer a las personas correctas para ello —no se dejó perturbar por su palabrería. Si quería pelear, él se la daría.

—…Kamui, si prometes desaparecer de la vida de Tora para siempre, te daré la información que tanto ansías obtener…Esa que te ha traído hasta aquí…