Capítulo 12
Elena leía el formulario de registro para el concurso de Miss Mystic Falls, mientras lo llenaba sentada en una banca del pasillo de la escuela.
Nombre de la concursante: Elena Marie Gilbert, escribió su nombre en su perfecta caligrafía. Continuo leyendo, edad de la concursante y fecha de nacimiento: 17 años y 22 de Junio de 1992 respondió. Asistente personal: Bonnie Bennett. Y finalmente escolta y acompañante al baile: Jeremy Gilbert.
Listo la aplicación estaba llenada. Se dirigió al comité organizador en la oficina de la maestra de Matemáticas, la señorita Flowers. Antes llegar vio a la chica morena que había visto con Damon y Stefan, decidió que era una buena oportunidad de probar la brújula. Stefan y Lexi no habían asistido a clases el día de hoy por lo que no interferirían en la lectura. Regreso a su salón y saco la brújula de la mochila. La aguja se movía e instantáneamente se posiciono apuntando a la oficina de la maestra de matemáticas donde estaba la chica.
Bueno al parecer la chica era un vampiro.
¡Ellos eran toda una familia de vampiros!
Pero ¿cómo era eso posible?
¿De verdad serian parte de las familias fundadoras del pueblo?
¿Por qué habían regresado?
Y ¿Por qué precisamente ahora?
Elena decidió no acercarse por el momento. Se mantuvo alejada de la oficina hasta que ella se fue. Tenía que averiguar más sobre ellos y hasta entonces permanecer en el anonimato.
XOXOXOXO
Stefan se dejó abrazar por su hermano, aunque no era común que Damon lo consolara por la perdida. De hecho solo lo había hecho tres veces antes, con Rosalyn, con Katherine y con Luisa Ann.
Damon decidió quitar hierro al asunto, con algo que el peso que podría ser una buena broma.
— Pequeño asalta tumbas… ¿ese es anillo de Rosalyn? —dijo con una sonrisa torcida.
— Es el anillo de mi madre. — dijo Stefan con seriedad.
Damon se dio cuenta que su broma no había funcionado. En efecto Stefan tenía el anillo de su madre no una réplica; pero es que Damon pensaba que habían enterrado Rosalyn con él.
Stefan veía a Damon fijamente, y decidió contestar la pregunta no formulada por su hermano. — Sí, desenterré a Rosalyn para darle el anillo a Aimee. Quería que tuviera el real, el que había pertenecido a mi madre. — dijo mientras las lágrimas escurrían por su rostro. — Recuerdas que te llame diciendo que quería organizar una cena para presentárselas a ti y a Anna.
Damon asintió. — Realmente la amabas.
— Le iba a proponer matrimonio, y le iba a proponer ser como nosotros. Quería estar con ella la eternidad.
Damon trago saliva, no sabía que decir. No sabía cómo comenzar. Pero, si Stefan pensaba, casarse con Aimee, eso quería decir que ya había olvidado totalmente su amor por Katherine. Stefan nunca antes había expresado deseos de casarse y de convertir a alguien más en vampiro. Después de unos incomodos minutos de silencio.
— Lo siento, hermano. — Damon abrazo a Stefan con fuerza.
Stefan no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza. Amaba a Aimee, y le dolía haberla perdido.
Damon rompió el abrazo y comenzó a hablar— Hermano te voy a cambiar el tema. — Stefan lo miro intrigado — Anna quiere concursar en Miss Mystic Falls.
Stefan recordaba que ella había querido participar en el concurso en 1864. — ¿y porque me dices a mí?
— Es que esta mañana, ella venía a pedirte que fueras su escolta. Pero cuando se asomó y te vio borracho, me llamo.
— Estuve pensando en Aimee toda la noche, en cómo había aceptado lo que somos, en cómo me había dicho que me amaba y que siempre me iba amar. Pensé en como durante la cena donde los conociera le iba yo a proponer matrimonio. En como Aimee llego a ser una más de mis novias muertas. Te das cuenta hermano, todas las mujeres que han tenido la desgracia de enamorase de mi están muertas.
Damon se puso tenso, realmente no sabía que decir. Stefan realmente estaba enamorado de Aimee. Katherine era historia y aun no estaba listo para pasar página con alguien más. Aun así Damon no se atrevía a decirle lo de Katherine. Porque lo quisiera Damon o no Katherine formaba parte de las mujeres que habían estado enamoradas de Stefan.
XOXOXOXO
Esa tarde después de la escuela, Anna entro al cuarto de Stefan. Stefan dormía la resaca.
— Levántate, dormilón que tenemos mucho que hacer antes de comenzar a ensayar para el concurso de Miss Mystic Falls.
Stefan le aventó una almohada — ¿Qué tanto tenemos que hacer? El baile ya me lo sé, traje tengo uno guardado… no esperaras que te acompañe a comprar el vestido.
— Lexi me acompañara. La he convencido de ser mi asistente y nos va a ayudar.
— ¿Nos va a ayudar? — pregunto Stefan intrigado.
Anna asintió, — necesitamos toda la ayuda disponible.
— Anna es solo un concurso de belleza. — Stefan movió las manos agitado como para decir que no le diera tanta importancia.
— ¿Es que Damon no te dijo para que íbamos a entrar a la mansión Lokwood?
Stefan la miro fijamente, no entendía nada; no sabía nada de algún plan para entrar a la mansión Lockwood. Negó con la cabeza. Sentándose finalmente en su cama, sus ojos verdes penetraban a Anna mirándola intrigado.
La única cosa que salió de la boca de Anna fue un grito estridente — ¡Damon! — que resonó en todos los cuartos de a mansión.
En un instante Damon, Lexi y Brandon estaban en la habitación de Stefan. Zach agitado llego de tras de ellos.
— ¿Qué pasa Anna? — preguntaron todos casi al unísono.
Anna se abalanzo sobre Damon, se paró de puntillas muy cerca de su cara casi gruñendo dijo — No le dijiste — era más una afirmación que una pregunta.
— ¿Decirme que? — pregunto Stefan ya de pie, intrigado.
Damon se pasó la mano el cabello, dio dos vueltas por la habitación para finalmente dejarse caer sobre el sillón, negando con la cabeza.
Anna inhalo y exhalo con fuerza, todos estaban a su alrededor. Zach se acercó a la pequeña barra de bar del cuarto de Stefan saco 6 vasos para bourbon y una botella, lo iban a necesitar. Sirvió el primero y se lo ofreció a Damon, el segundo a Lexi, el tercero a Anna, el cuarto a Stefan, el quinto a Brandon y del sexto tomo un gran trago. Stefan tomo su vaso intrigado.
— Creo que será mejor que te sientes. — comenzó Anna. Realmente no había manera de suavizar la noticia que le tenían que dar a Stefan, Damon era un cobarde, que no se atrevía a enfrentar la reacción de su hermano.
Stefan se sentó — Ya estoy sentado — espeto.
Anna se aclaró la garganta — ¿recuerdas el 25 de septiembre de 1864? — pregunto buscando la manera de suavizar el trago amargo.
— Claro que lo recuerdo fue una pesadilla pero ¿a qué viene tu pregunta? — Stefan no entendía nada. Y se veía cada vez más irritado.
— Stefan creo que necesitas calmarte. — intervino Lexi, poniendo una mano sobre su hombro.
— No me digas que me calme, que suena a que estos dos —señalo a Damon y Anna — me han estado guardando un secreto y la verdad yo ya no sé si quiero saber. — hizo el intento de pararse pero en un segundo Lexi estaba sosteniéndole los hombros para que no se parara.
Anna continuo hablando — Bueno… — hizo una pausa para pasar saliva y continuo — en 1864 comenzó a haber ataques animales en el pueblo, primero fueron animales de las granjas, desangrados. Luego algunos soldados, con el cuello desgarrado…
— No necesito una puta clase de historia, — interrumpió Stefan — se exactamente lo que paso.
Damon se quedó mirando a su hermano. No era posible suavizar esto. Stefan nunca iba a reaccionar de buena manera a lo que tenían que decirle así que… para que dar más rodeos. — Katherine no está muerta. — soltó, la voz de Damon resonó en el cuarto, Anna lo miro como si hubiera oprimido el famoso botón rojo de la guerra fría, sin avisarle a nadie.
Stefan, se quedó mudo de la impresión, boqueaba cual pez fuera del agua tratando de decir algo pero simplemente no podía articular palabra. El silencio en la habitación era sumamente tenso, el aire se sentía tan denso que casi se podía cortar con cuchillo. Todos se miraban unos a otros sin saber quién hablaría primero. El silencio incomodo, fue así por uno minutos. Hasta que como nadie decía nada Damon decidió seguir hablando — También Pearl, el doctor Janes, Henry el de la taberna, y bueno 23 vampiros más.
— ¿Cómo, Damon? — Stefan no daba crédito a sus oídos, de hecho pensó que había oído mal.
— Bueno están tan vivos como puede estar un vampiro con 145 años sin probar sangre.
— ¿Qué quieres decir? —volvió a indagar Stefan.
En ese momento Anna intervino en la plática — Emily protegió a mi mamá y a Katherine del incendio. Emily las salvo encerrándolas en una tumba protegida debajo de la iglesia. — dijo con voz serena y tranquila, pero su cara indicaba todo lo contrario.
Stefan volteo a mirar a Damon, y luego a Anna. Incluso a Lexi y Zach. Lexi le miro, su mirada indicaba compasión.
¡Demonios!
Lexi también lo sabía y estaban todos juntos en esto. Sí… todos… eso incluía a Zach. Brandon… bueno, ese hacia todo lo que Anna decía.
— Lo que Anna quiere decir es que Emily para salvarlas a ellas, tuvo que salvarlos a todos. —Dijo Damon, con serenidad. —27 vampiros en total.
Stefan seguía sin comprender.
¿Quería decir eso que los iban a sacar de ahí?
¡A todos!
¡A 27 vampiros hambrientos!
Pero ¿que planeaba Damon seguir en el pasado?
Y cuál era el pasado, él, Damon y Katherine los tres juntos, en un extraño triángulo amoroso donde todos estaban conformes con la parte que les tocaba. Donde Damon y él hacían lo que Katherine decía con tal de tenerla contenta. ¡No! Él ya no iba a permitir eso. Si Damon quería a Katherine que se la quedara, por más que él la quisiera, que ya no lo hacía, no estaba dispuesto a permitir que jugaran con sus sentimientos otra vez. En el pasado se había engañado a si mismo con los momentos de felicidad en donde Katherine se fingía totalmente humana y frágil, y le hacía creer que él tenía el control. Cuando Katherine le decía que su vida dependía de él. Y cuando le confeso que era un vampiro, le dijo que su vida dependía de él, que él tenía su corazón.
En la mente de Stefan Katherine no era mala, solamente era caprichosa. Ella no sabía cómo amar. Pero no era mala. Emily había dicho que haba matado a Rosalyn, Stefan estaba seguro de que eso no era cierto, sí era un vampiro, pero no era una asesina.
—No necesitas quedarte aquí, conmigo. Quizás deberías acompañar a Damon —. Sugirió Katherine —Me parece que tu padre, es un hombre a quien es mejor agarrarlo entre dos — ella observó. Su mano rozo de Stefan y cogió su muñeca. Entonces ella se acercó a él de puntillas y permitió que sus labios rozaran su mejilla. — Ven a verme esta noche, dulce Stefan. Mi habitación estará abierta—.Y con eso, se escapó en una enérgica carrera.
Tan pronto como el crepúsculo cayó, hizo lo mismo que hacía casi cada noche desde hacía dos semanas, se coló por las escaleras, abrió la puerta de atrás, y salió de puntillas sobre la hierba, ya mojada por el rocío. Aunque no era la primera vez fue extra cauteloso, ya que había antorchas rodeando la finca y sabía que su padre estaría disgustado que él saliera por la noche. Pero la casa de huéspedes estaba a muy cerca de la casa principal —a unos veinte pasos del porche.
Camino a hurtadillas a través del patio, permaneciendo en las sombras, sintiendo su corazón latir en contra de su caja torácica. No estaba preocupado por ataques de animales o criaturas de la noche. Estaba más preocupado de ser encontrado por Alfred o, peor aún, por su padre. Pero la noción de no poder ver a Katherine esa noche lo hizo sentir histérico.
Una vez más, una densa niebla cubrió el suelo y se elevó hacia el cielo, una extraña alteración de la naturaleza que muy probablemente se debía al cambio de las estaciones. Se estremeció y se aseguró de mirar al otro lado del árbol de sauce mientras corría al camino de herradura y hasta los escalones del porche de la casa de huéspedes. Se detuvo en la puerta encalada. Las cortinas en las ventanas estaban totalmente cerradas, como siempre, y no se podía ver ninguna vela filtrándose por la ventana. Sin embargo, golpeo los nudillos con fuerza contra el marco de la puerta de madera.
La puerta se abrió y una mano le agarró de la muñeca.
— ¡Entre! — Oyó un susurro áspero mientras era arrastrado dentro de la casa. Detrás de él, escucho el clic de la cerradura y se dio cuenta que estaba parado cara-a-cara frente a Emily. Siempre la misma rutina.
—Señor, —dijo Emily sonriendo mientras hacia una reverencia.
Ella estaba vestida con un simple vestido azul marino, y su cabello caía en oscuras ondas alrededor de sus hombros.
—Buenas noches, —dijo él inclinándose ligeramente. Echo un vistazo alrededor de la pequeña casa, dejando que mis ojos se adaptaran a la tenue luz. Una linterna roja brillaba en la tosca mesa en el salón, produciendo sombras contra las vigas de madera del techo. La casa de huéspedes había estado en un estado de deterioro desde hace años, desde que su madre había muerto y sus familiares habían dejado de visitarlos. Pero ahora que estaba habitada, había una calidez en las habitaciones la cual estaba ausente en la casa principal.
—Vamos, Katherine lo ha estado esperando, —dijo Emily, con un destello de picardía en sus ojos oscuros. Tomó la linterna de la mesa y lo llevó arriba por las escaleras de madera, parándose en la puerta blanca al final del pasillo. Entrecerro los ojos. Cuando Damon y yo éramos pequeños, siempre estábamos vagamente asustados de la parte de arriba de la casa de huéspedes. Tal vez porque los sirvientes decían que estaba encantada, tal vez porque cada tabla del suelo crujía, pero había algo acerca de ese espacio los había detenido de querer pasar mucho tiempo allí. Ahora que Katherine estaba allí, sin embargo, no había otro lugar en el que él quisiera estar.
Emily se volvió hacia él, con sus nudillos en la puerta. Y como hacia siempre ella golpeó tres veces. Luego giró la puerta abierta.
Stefan camino cautelosamente dentro del cuarto, las tablas del suelo crujían mientras Emily desaparecía por el pasillo. El cuarto por sí mismo tenía una decoración simple: una cama de hierro forjado cubierta con una simple colcha verde, un armario en una esquina, una fuente que hacia las veces de lavabo en otro, y un espejo independiente en un tercer rincón. Katherine sentada en su cama, de cara a la ventana, su espalda hacia Stefan. Sus piernas estaban metidas debajo de su camisón corto blanco y sus rizos caían sobre sus hombros.
Stefan se paró allí, viendo a Katherine, luego finalmente tosió. Aun no se acostumbraba a hacer eso, escabullirse en las habitaciones Katherine. Ella se volteó, una expresión de diversión en sus oscuros ojos de gato.
—Estoy aquí, —dijo, cambiando el peso de un pie al otro.
—Así veo. — Katherine sonrió—. Te observe caminar hasta aquí. ¿Aun estas asustado por salir de noche?
—¡No! —dijo defensivamente, avergonzado de que me hubiese visto lanzándome de árbol en árbol como una ardilla cautelosa.
Katherine arqueó una oscura ceja y tendió los brazos hacia él. — Siempre haces lo mismo, amor. Necesitas dejar de preocuparte. Ven aquí. Te ayudare a sacar esas cosas de tu mente, —dijo, levantando su ceja. Stefan camino hacia ella como si fuese un sueño, se arrodillo en la cama, y la abrazó estrechamente. Tan pronto como sintió su cuerpo en sus manos, se relajó. Solo sentirla era un recordatorio de que ella era real, que cada noche era real, que nada más importaba —ni su padre, ni Rosalyn, ni los espíritus que la gente del pueblo estaban convencidos que vagaban afuera en la oscuridad.
Todo lo que importaba era que sus brazos estaban alrededor de su amor. Las manos de Katherine se abrían camino por los hombros de Stefan, y él se imaginaba a ambos entrando en el Baile de Fundadores, juntos. En cuanto la mano de Katherine paró en el omóplato de Stefan y él sintió sus uñas excavando el delgado algodón de mi camisa, Stefan tuvo una imagen de ellos en una fracción de segundos, diez años en el futuro, con muchos niños quienes llenaban la hacienda con sonidos de risa. Stefan quería que esa vida fuera de ellos, en ese momento y siempre. Gimió con deseo y se inclinó, permitiendo a sus labios rozar los de ella, primero lentamente, como harían delante de todos cuando anunciaran su amor en su boda, y luego más fuerte y con más urgencia, permitiendo a sus labios viajar de su boca a su cuello, avanzando lentamente hacia su pecho blanco como la nieve.
Ella tomo su barbilla y empujó su cara hacia la de ella y lo beso fuertemente. Fue reciproco. Stefan era como si fuese un hombre hambriento quien finalmente había encontrado sustento en la boca de ella. Se besaron, y Stefan cerró sus ojos y se olvidó del futuro. Se despojaron de sus ropas y comenzaron a hacer el amor.
Mientras ella estaba sobre él, repentinamente, sintió un dolor agudo en su cuello, como si estuviese siendo apuñalado. Grito, pero Katherine todavía estaba besándolo. Pero no, no besándolo, mordiendo, chupando la sangre debajo de su piel. Sus ojos se abrieron de golpe, y vio los ojos de Katherine, salvajes e inyectados de sangre, su cara fantasmalmente blanca a la luz de la luna. Tiro su cabeza hacia atrás, y repentinamente no había más dolor, comenzó a sentir un placer tan inmenso que se semejaba un dolor muy grande pero no quería gritar, solo podía ver la luna llena en la ventana, y solo podía sentir la sangre dejando su cuerpo, deseo, calor, ira y terror todo brotando de su interior. Si era así como se sentía la muerte, entonces la deseaba. La deseaba, y fue entonces cuando echo los brazos alrededor de Katherine, entregándose a ella. Luego todo se volvió negro.
El solitario ulular de una lechuza causó que los ojos de Stefan se abrieran. Mientras sus ojos se ajustaban a la oscura luz, sintió un dolor pulsando sobre el lado de su cuello que parecía seguir a tiempo con las exclamaciones de la lechuza. Y de repente recordé todo, Katherine, sus labios en su cuello, sus dientes brillando. Su corazón palpitando mientras pensó que estaba muriendo y naciendo todo el mismo tiempo. El horrible dolor, inicial, el inmenso placer, los ojos rojos, la negra oscuridad de un sueño muerto. Vio su alrededor con pánico.
Katherine, vestida solamente con su collar una simple túnica de muselina, sentada solo a pasos de mi cerca de la fuente, lavando sus antebrazos con una toalla de mano.
— Hola, Stefan dormilón — dijo ella coquetamente.
Stefan balanceo sus piernas fuera de la cama y trato de salir, solo para encontrarse a enredado en las sábanas. — Tu cara — balbuceo sabiendo que sonada loco y poseído, como un borracho de pueblo tropezando fuera de la taberna.
Katherine continuó haciendo correr, la tela de algodón a lo largo de sus brazos. La cara que había visto la noche anterior no era humana. Había sido una cara llena con sed y deseo y emociones que no podría ni siquiera pensar en nombrar.
Pero en esta vista Katherine se veía más hermosa que nunca, parpadeando sus ojos soñolientos como un gatito después de una larga siesta.
— ¿Katherine? — pregunto, forzándose a sí mismo a mirar en sus ojos — ¿Qué eres?— Katherine lentamente cogió el cepillo de su mesa de noche, como si ella tuviera todo el tiempo del mundo. Se giró hacia él y empezó a hacerlo correr a través de sus rizos.
— ¿No estas asustado, verdad?— preguntó ella. Tenía días que deseaba morderlo, y la noche anterior, mientras hacían el amor no había podido contenerse. No había sido el hambre lo que la había hecho hacer eso, sino el deseo de una conexión profunda con él.
Así que ella era un vampiro. La sangre de Stefan se convirtió en hielo. Tomo la sábana y la envolvió contra su cuerpo, luego agarro sus pantalones de un lado de la cama y se los puso. Rápidamente metió sus pies en sus botas y tiro de su camisa, sin importarle ponerse la camiseta, que estaba todavía en el suelo. Rápida como un rayo, Katherine estaba a su lado, su mano agarrando su hombro.
Ella era sorprendentemente fuerte, y él tuvo que jalonear fuerte para zafarse de su agarre.
Una vez que él estuvo libre, Katherine dio un paso atrás.
— Shhh. Shhh— murmuró, como si ella fuera una madre tranquilizando a un niño.
— ¡No!— grito, levantando la mano. Stefan no queria que tratara de hechizarlo — Tu eres un vampiro. Mataste a Rosalyn. Estas matando al pueblo. Eres mala, y necesitas ser detenida — Pero luego ella lo miro fijamente a sus ojos, él se vio atrapado en su mirada, sus largos, luminosos, aparentemente sin fondo ojos, y se detuvo en seco.
— No estas asustado— Katherine repitió. Era evidentemente que estaba asustado, no tenía más remedio que quitarle el miedo. Tenía dos semanas diciéndole que la amaba, que la amaría siempre y ahora decía que debía ser detenida. La acusaba de asesina.
Las palabras resonaron en la mente de Stefan, rebotando alrededor y finalmente tomando residencia ahí. Stefan no supo cómo o por qué eso era así, pero en su corazón de corazones, de repente ya no estaba asustado. Pero todavía...
— Eres un vampiro, sin embargo ¿Cómo puedo tolerar eso?—
—Stefan, dulce, asustado Stefan. Todo va a arreglarse. Ya lo verás—Ella tomó su barbilla en mis manos, luego se elevó sobre sus puntillas por un beso. Cerca a la luz del sol, los dientes de Katherine se veían blanco perla y pequeños, y nada como las dagas miniatura que yo había visto la noche anterior. — Esto soy yo. Todavía soy Katherine— dijo ella, sonriendo.
Stefan se forzó a alejarse. Quiso creer que todo seguía igual, pero...
— ¿Estás pensando en Rosalyn, verdad?— preguntó Katherine. Notó la expresión sobresaltada de Stefan y sacudió su cabeza. — Es natural que tu pienses que yo podría hacer eso, basada en lo que yo soy, pero te lo prometo, yo no la maté. Yo nunca lo habría hecho.
Stefan quería creerle, pero…
— Pero...pero...— empezó a decir Stefan. Katherine llevó sus dedos a sus labios. —Shhh. Yo estaba contigo esa noche. ¿Recuerdas? Yo te quiero, y me importan aquellos que te interesan. Y no sé cómo murió Rosalyn, pero el que hizo eso... — Un destello de ira brilló en sus ojos, que, me di cuenta por primera vez, estaban tenían manchas doradas. — Ellos nos dan un mal nombre. Ellos son los que me asustan. Puede que tú tengas miedo de caminar durante la noche, pero yo tengo miedo de hacerlo durante el día, para que no me confundan con uno de eso monstruos. Quizá yo sea un vampiro, pero tengo corazón. Por favor créeme, dulce Stefan — Stefan dio un paso atrás y se agarró la cabeza en sus manos. Su mente le daba vueltas. El sol apenas estaba saliendo, y era imposible decir si la niebla estaba escondiendo un brillante sol o un día nublado. Era lo mismo con Katherine. Su belleza exterior ocultaba su verdadero espíritu, haciendo imposible determinar si ella era buena o mala. Stefan se hundió pesadamente en la cama, sin querer partir y sin querer quedarse.
— Necesitas confiar en mi— dijo Katherine, sentándose a su lado y ubicando su mano sobre el pecho de Stefan de modo que podía sentir su corazón latir. — Yo soy Katherine Pierce. Nada más, nada menos. Y soy la chica que miraste durante horas después de mi llegada hace dos semanas. Anoche hacíamos el amor y tu dulce olor me embriago y no pude resistirme. Sin embargo de lo que te diste cuenta no es nada. Eso no cambia lo que sientes, lo que siento, lo que podemos ser — dijo ella, moviendo su mano desde el pecho de Stefan hacia su barbilla — ¿De acuerdo? — preguntó ella, con su voz llena de urgencia.
Eché un vistazo a los grandes ojos cafés de Katherine y supe que ella tenía razón. Ella tenía que tenerla. Su corazón todavía la deseaba tanto, y quería hacer cualquier cosa para protegerla. Porque ella no era un vampiro; ella era Katherine. Agarro sus ambas manos, tomándolas en las de él. Las manos de Katherine se veían tan pequeñas y vulnerables. Atrajo sus fríos delicados dedos a su boca y los besó, uno por uno. Katherine lucía tan asustada e insegura. — ¿Tu no mataste a Rosalyn?— dijo Stefan lentamente. Incluso cuando la oración dejó sus labios, supo que era verdad, porque su corazón se rompería si no lo era. Katherine movió su cabeza y miró a la ventana.
— Yo nunca mataría a nadie, a menos que tuviera que hacerlo. A menos que necesitara protegerme a mí misma o a alguien a quien amo. Y cualquier persona mataría en esa situación,¿ no? — preguntó ella indignadamente, su barbilla sobresaliendo y viéndose tan orgullosa y vulnerable que era todo lo que podría hacer para que la tomara en mis brazos en ese momento. — ¿Prometes que guardarás mi secreto, Stefan? ¿Me lo prometes?— pregunto ella, sus ojos oscuros buscando los de él.
— Por supuesto que lo haré— dijo haciéndose la promesa tanto a él mismo como a ella. Amaba a Katherine. Y si, ella era un vampiro. Y sin embargo... la forma en que la palabra salió de su boca era tan diferente de la forma que sonaba cuando su padre lo decía. No había terror. En todo caso, sonaba romántico y misterioso. Tal vez su padre estaba mal. Tal vez Katherine era simplemente incomprendida.
— Tú tienes mi secreto, Stefan. ¿Y sabes lo que significa? — dijo Katherine, tirando sus brazos alrededor de los hombros de Stefan y acariciando su mejilla contra la de él.
—Tu as mon coeur. imash sŭrtseto mi. Tú tienes mi corazón. [1]
— Y tú el mío —murmuro Stefan de vuelta, queriendo decir cada palabra.
Damon mismo lo había dicho ella lo amaba. Sin embargo, lo había traicionado con su propio hermano. Quizá lo amaba, pero no por eso él estaba dispuesto a soportar de nuevo que ella estuviera con los dos. Además él ya no la amaba. Sí, había sido su primer amor, pero ahora ya no sentía nada por ella. Hasta en cierta manera no la quería cerca de él, debido al modo como lo había manipulado, y menos después de que se enteró que Damon también sabía que ella era un vampiro.
[1]Nota de Autor: Katherine no puede resistir usar francés, porque sabe que la madre de Stefan era francesa, y también usa el búlgaro porque ese es su idioma natal. Pero no le dice a Stefan porque piensa que sería demasiada información para un día.
A lo mejor parece que me desvíe del tema de Damon y Elena pero, tenía que dedicarles a estos dos (Stefan y Katherine) un pedacito de este fic.
